jueves, 2 de octubre de 2008

Temas del presupuesto 2009

En la colección Breves de Política Pública, del Magister en Gestión Pública de la Universidad de Santiago, editada por Gonzalo Martner, se encuentra la nota Antecedentes para el presupuesto 2009.

"Una política fiscal apropiada es aquella que provee y financia eficientemente los bienes públicos y transferencias monetarias que la sociedad determina como necesarias para su buen funcionamiento y cohesión. Además, es la que en el ciclo económico actúa como estabilizador del desempeño económico."
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sábado, 27 de septiembre de 2008

Lecciones de una crisis

Desde 2007 apareció una nueva expresión, la “crisis subprime”, que podría haber quedado para uso de los iniciados en el debate económico nacional, cuya pobreza intelectual desde que predomina el simplismo neoliberal incluye la del lenguaje: ¿se habrá fijado el lector que ya no se dice “materias primas”, sino “commodities” o “distribución” sino “retail”, términos que son sin embargo perfectamente claros en nuestro noble castellano? Pero sobrevino el derrumbe financiero en Estados Unidos y la mentada crisis entró en la historia. No es para menos: fracaso de los mercados financieros desregulados; bancos hipotecarios y compañías de seguro en quiebra y nacionalizados en el paraíso del libremercado; colapso de la banca de inversión de Wall Street; quiebra de un gran banco de depósito y compra pública de “activos tóxicos” de difícil recuperación a razón de 6% del PIB, con el congreso sometido al chantaje de aprobar plenos poderes o asumir la paralización del crédito y la recesión generalizada al estilo de la crisis de 1929.
Después de años de religión de mercado, vuelve a aparecer una evidencia incómoda para el pensamiento dominante: el capitalismo y las crisis financieras periódicas (bursátiles, cambiarias, bancarias) van de la mano. El valor de un activo financiero depende de la evaluación de un flujo de ingresos futuros expuesto a una gran variabilidad e incertidumbre. Y tomar riesgos con recursos propios o de los demás es la esencia del capitalismo motivado por el lucro, que ha demostrado ser el sistema económico más dinámico pero a la vez el más inestable, depredador y concentrador de ingresos. Así lo confirma la historia desde la crisis de las bulbas de tulipas de 1634, la de la South Sea Company de 1720, las ocho creadas por las guerras europeas entre 1713 et 1820 y así sucesivamente. El capitalismo entró en crisis muchas veces, como predijo Marx, pero fue capaz de recuperarse. E incluso de tener épocas de oro, como el de la posguerra, gracias en buena medida a las ideas de Keynes para superar el equilibrio de subempleo. La crisis del sistema de tipos de cambio fijo en 1971 y el estancamiento con inflación de los años setenta fueron superados mediante la globalización acelerada. La eclosión de las nuevas tecnologías de la información le dio una nueva vitalidad al capitalismo, con la innovación y la “destrucción creativa” de Schumpeter trasladando los recursos hacia sus usos más productivos. Pero siempre con una piedra en el zapato: desde 1970, según Caprio y Klingebiel (2003), han ocurrido 117 crisis bancarias sistémicas en 93 países. Los estudios econométricos muestran que la liberalización interna aumenta la probabilidad de una crisis bancaria, la que aumenta todavía más cuando se combina con liberalización financiera externa.
Estados Unidos vivió hasta 2007 un período de prosperidad, acompañado de un ahorro mundial en expansión y energía barata. Pero se preparaba la crisis, con préstamos hipotecarios a millones de hogares de ingresos inestables, una política monetaria expansiva y bancos que ampliaron su endeudamiento respecto al capital propio. La banca diluyó el riesgo en títulos que mezclan activos de distinto riesgo. Además, los fondos especulativos se multiplicaron, incluyendo coberturas de riesgos en la cuerda floja permanente. Esta mezcla explosiva estalló al aumentar los impagos hipotecarios y caer el precio de las viviendas, con un déficit de capitalización bancaria a medida que cayeron los precios de los activos físicos con los que se especuló hasta el infinito.
¿Y cómo estamos por casa? Para empezar, con fuertes pérdidas de los fondos de pensiones y una incertidumbre generalizada sobre el valor de las pensiones futuras. Esto no se quiso corregir en la reforma reciente, que introdujo mayores márgenes de inversión fuera de Chile en vez de mayor seguridad mediante la vieja pero imperturbable receta bismarckiana de basar una parte de las pensiones en el reparto. Se supone que nuestra supervisión bancaria es suficiente: crucemos los dedos. Mientras, una parte de los chilenos se apresta a preferir como presidente a una persona, Sebastián Piñera, que ha hecho su fortuna con los mismos métodos que provocaron la debacle actual y que ha sido multado por obtener ganancias indebidas. Todo un caso de moral pública a disposición de los ciudadanos. Sus eventuales seguidores harían bien en escuchar al presidente francés, Nicolas Sarkozy, que ha llamado a “sacar las conclusiones de la crisis para que no se reproduzca", sobre la base de la “ética del esfuerzo y del trabajo” y “regulando los sistemas de remuneración de los directivos y operadores financieros para acabar con los abusos", pues, concluye, "el laissez-faire se ha terminado, el mercado todopoderoso que siempre tiene razón, se ha terminado”.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Entrevista en El Mostrador

5 de Septiembre de 2008. El Mostrador

Gonzalo Martner y su diagnóstico del oficialismo
''El PS se ha transformado en una maquinaria clientelística''
El ex presidente de la colectividad se toma un tiempo en su oficina de director de la carrera de Gerencia Pública en la Usach para hablar de política. Con la calma de la vida universitaria hace un crudo pronóstico de la Concertación y de su partido. Sobre éste último dice que se ha convertido “en una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado”. Su conclusión es aún más drástica: ‘’el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución’’.

Por Pablo Basadre G.



El ex presidente del Partido Socialista, economista y actual director del magíster en Gerencia Pública de la Universidad de Santiago, Gonzalo Matner, dice estar más cómodo alejado de la política contingente. Y a pesar de que reconoce su gusto por la vida intelectual y universitaria, accedió a conversar con El Mostrador.cl sobre los procesos que ha vivido su partido en el último tiempo y de la gestión política del gobierno de Bachelet. Matner asegura que uno de los peores errores cometidos por la Concertación es haber cerrado las puertas al senador Adolfo Zaldívar y al ex PPD, Fernando Flores, entre otras cosas.

-¿Cómo ve a la Concertación hoy?

-La Concertación ha hecho grandes cosas. Reestableció la convivencia democrática y saldó cuentas con las grandes heridas de Chile de la mejor manera posible que es corregir las violaciones a los DD.HH. Lentamente o imperfectamente, como quieras, pero con mucha consistencia. También hay avances sociales muy importantes. Dicho eso, lo que tiene que venir por delante es la capacidad de que las fuerzas políticas le ofrezcan al país una dirección hacia la cual caminar. El problema es que hoy sólo se ofrece una sola alternativa: sigan votando por nosotros para que sigamos gobernando.

-¿Cuál sería la novedad del último tiempo?

-En el último tiempo, lo único nuevo fue la Presidenta Bachelet, porque ahí ofrecimos una novedad profunda. En el escenario actual, Ricardo Lagos fue Presidente, Frei lo mismo y José Miguel Insulza fue ministro al igual que Soledad Alvear. Los cuatro son muy respetables y capaces, pero no es algo nuevo.

El clientelismo del PS

-¿Qué cree que se agotó en estos años?

-Se agotó la política de los consensos con la derecha y al interior de la Concertación. Entramos en una especie de centrismo blando, neoliberal en lo económico y conservador en lo cultural. Eso es lo que los chilenos ya no tienen ganas de seguir escuchando. Y no hay ánimo de hacer la discusión. Por lo tanto, se ha optado por las vías autoritarias. Y se dice: no son leales los que plantean opciones alternativas.

-¿Cómo ve a los partidos actualmente?

-Veo a una DC mejor que el mundo progresista de la Concertación. Tiene liderazgos claros, una presidenta de partido que todo el mundo sabe a qué atenerse con ella al igual que con el ex presidente Frei. Pero, actualmente, en el progresismo de la Concertación no se cumplen condiciones esenciales para armar una fuerza política: no se ve un proyecto que permita cohesionar a quienes son parte de una corriente política y al mismo tiempo proyectar en el tiempo un nuevo esfuerzo, porque hacer política es hacer un esfuerzo para cambiar las cosas.

-¿Tampoco visualiza a un líder que pueda encarnar algo nuevo ?

-El ex presidente Lagos se plantea asimismo como líder nacional, más allá de las corrientes políticas. Sobre Insulza, que tiene un gran talento y que le ha prestado grandes servicios a Chile, no sabemos a qué atenernos en cuanto a lo que piensa como proyecto de país. A eso se suman unos dirigentes partidarios que han transformado al PS -no quiero referirme al PPD porque no es mi partido, pero creo que hay algo parecido- en una maquinaria clientelística y de federaciones de caciques, sin proyecto y sin voluntad mayor de convocar a nadie.

-¿En qué se ha convertido entonces el PS?

-En una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado, además de ser un partido del que no se sabe lo que piensa sobre el país y su futuro. Por tanto, la impresión que tengo es que el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución.

-¿El clientelismo o la federaciones de caciques de las que habla, las refleja en algún cargo en especial?

-No es un tema de personas, sino que de prácticas políticas. Las instancias deliberativas del PS discuten básicamente sobre el control interno del partido para obtener control o posibilidad de control de tal o cual aspiración de participar en el aparato del Estado. No sé, sinceramente, qué es lo que junta políticamente a los actuales líderes de tendencias que son mayoría en el partido. Y tengo la sospecha que los vincula más que nada la común voluntad de ser parte de la dirección para tener influencias sobre el aparato del Estado. En resumen, lo que fue el PRI mexicano es su minuto.

Manejo político y económico

-¿Cómo ha visto el gobierno en términos de gestión política, sobre todo con el manejo del Transantiago?

-Tengo la mejor opinión de Cortázar, que ha hecho una tarea titánica, pero como todo ser humano tiene límites y esos límites están dados por el contexto político. No sé cómo se produjo la validación de los quiebres de la DC y del PPD conducentes, en ambos casos, a la pérdida de la mayoría en la Cámara y en el Senado. No entiendo cómo se dejó avanzar esa situación hasta esos límites. Me resulta incomprensible que se entienda que fue algo necesario y hasta digno de aplauso.

-¿Cree que se debería haber continuado conversando con Zaldívar y Flores?

-Cuando se ha tenido la voluntad expresa de quebrar las mayorías existentes, de expulsar de la propia coalición a quienes, entre otras cosas, daban las mayorías suficientes, entonces uno no puede venir a quejarse y decir: sabe, no tengo la mayoría en el Parlamento. Creo que se ha actuado con una miopía impresionante. Por supuesto que se debería haber continuado hablando con ellos. Adolfo sigue siendo el mismo que antes y si antes fue posible trabajar con él, por qué no ahora. Flores fue ministro del presidente Allende, fue del MAPU y militante del PPD durante décadas, entonces no entiendo por qué ahora no se puede trabajar con él. Puede ser difícil, pero si estamos en una coalición amplia con un asunto práctico de por medio, donde ellos aseguran una mayoría y no contar con ellos significa perder esa mayoría, no lo entiendo.

¿Cuál es su evaluación del manejo económico del ministro Velasco?

-Velasco es el único de los ministros de Hacienda de la Concertación, incluso contradiciendo lo que está escrito en el programa de gobierno, que ha declarado que no va a hacer reformas tributarias durante su ejercicio. El ministro Foxley realizó una importante reforma tributaria, el ministro Aninat e Eyzaguirre también. Pero Velasco sólo se ha dedicado a eliminar impuestos de las personas más pudientes. Incluso llegó al punto de plantear una fórmula, a propósito de la depreciación acelerada, que iba implicar un incremento extremadamente significativo de los ingresos de las personas más ricas de Chile, un regalo completamente innecesario. Más de cien millones de dólares se dedicaron a disminuir los impuestos a los cheques, algo que no es exactamente el tipo de actividad que involucra a las personas más pobres de Chile. Velasco es Expansiva y todos sabemos que ellos no creen en un Estado que fortalezca la protección social. Velasco se ha caracterizado por no querer escuchar a nadie.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

20 años no es nada

Ayer, mirando La Nación en Internet, me encuentro con el artículo que reproduzco más abajo. Por supuesto, la primera reacción es de nostalgia. Pero tal vez vale la pena agregar algunas precisiones. El asunto del recuento paralelo de los votos nació de la idea que, dado el desgaste de la estrategia de desobediencia civil iniciada en 1983 mediante las protestas, valía la pena intentar ganarle el plebiscito de 1988 a Pinochet. El escenario no era el mejor (posibilidad de fraude, ausencia de garantías) pero muchos pensamos en ese momento que podíamos controlar o por lo menos dificultar fuertemente esa posibilidad de fraude. Después de todo, los filipinos y los uruguayos habían logrado algo parecido. El cuadro político estaba algo confuso, los socialistas "renovados" nos habíamos salido de la Alianza Democrática para buscar una alianza más amplia, y a nuestra izquierda parte del PS, el PC y el FPMR intentaban una estrategia insurreccional (que muchos considerábamos tal vez legítima pero inconducente y errada).
Se armó hacia 1986 el Comité de Elecciones Libres, con gente de la DC y de la izquierda no comunista y en ese contexto un "Comité Técnico", con Genaro Arriagada a la cabeza, que después fue formalizado con apoyo institucional al crearse la Concertación el 2 de febrero de 1988. Nos pusimos a trabajar un grupo más bien reducido sobre los aspectos prácticos del plebiscito y Genaro supo crear un ambiente creativo, despartidizado pero con representatividad partidaria (yo mismo era de la dirección del PS que dirigía Núñez), reuniendo talentos variados para con discreción preparar una estrategia coherente de enfrentamiento de la dictadura en las urnas. Esto sonaba bastante audaz en el contexto de la época y (casi) todos nos miraban con completo escepticismo y algo, en ocasiones, de sorna por lo "iluso" del intento.
Un día, en la Editorial Aconcagua donde Genaro tenía sus oficinas me dice a la pasada: ¿porqué no te haces cargo del control de la votación? Yo lo miré con cara de sorpresa y creo haberle dicho algo así como que no tenía ni la menor idea de como se podía hacer eso, pero me contestó que se necesitaba alguien del equipo que habíamos formado que empujara el tema. Así es que acepté, un tanto inquieto. Con mis 30 años y después de los variados y en ocasiones bastante azarosos avatares vividos desde el año 1972 en que me involucré en política (luchas estudiantiles, golpe, exilio, retorno, protestas, construcción de alianzas amplias) no me pareció tan imposible y en todo caso había que intentarlo. Es cierto que tampoco éramos muchos en la izquierda los que estabámos en la estrategia de comenzar a derrotar a la dictadura en el plebiscito. En mi partido me apoyaron en el tema (dicho sea de paso, después de mi militancia en el MIR y mi posterior etapa de independiente socialista, era al PS dirigido por Núñez y después por Arrate al que yo había entrado en 1985, pues -aunque yo estuve en el origen del PPD y revisé con un equipo una a una las fichas del nuevo partido legal para que no fueran rechazadas y las llevé físicamente al servicio electoral- el PPD era solo para muchos de nosotros instrumental, aunque la historia, esa imprevisible, después dijera otra cosa...) .
Y me instalé en las oficinas de la Editorial Aconcagua y más tarde en las del Comando del NO en Alameda con Lastarria. Me acerqué a los jóvenes de la FECH de entonces, encabezados por Germán Quintana, que era DC, y a gente de todos los colores para armar un equipo a la altura de las circunstancias y la complejidad de la tarea (llegamos a contar en la madrugada del 5 al 6 de octubre el 80% de los votos y más tarde casi la totalidad de los votos, gracias al despliegue de miles de apoderados y enlaces por todo Chile...). Es cierto que la DC quiso armar luego un trabajo propio de partido, y yo mismo propuse que no nos complicáramos e inventamos aquello de la línea N y la línea O, en la idea que se complementaran. En nuestra línea trabajó gente de todos los partidos, con el apoyo tácito de la propia directiva DC, lo que yo siempre agradecí porque fue una expresión de confianza.
En el diseño efectivamente nos ayudó Glenn Cowan y parte del equipo de la consultora Sawyer&Miller, ligados al Partido Demócrata norteamericano, que nos trasladaron su amplia experiencia en estas lides, lo que se agradeció muchísimo, pero básicamente lo hicieron jóvenes ingenieros chilenos encabezados por Germán Quintana, Didier de Saint Pierre, Hernán Saavedra, Maurice Saintard, Carlos Alvarez, Aldo Signorelli, Guillermo Díaz y decenas de profesionales, como Alberto Urquiza, Enrique Dávila, Marcelo Leseigneur, Jorge Navarrete, Joaquín Vial y tantos otros que hicieron un trabajo enorme en un muy breve período de tiempo para recolectar, procesar y analizar millones de votos distribuidos en 22 mil mesas, y a los que la democracia chilena debe mucho en un momento que fue crítico para reencaminar la historia del país por una senda más civilizada.



La Nación, 2 de septiembre de 2008

A 20 AÑOS DEL PLEBISCITO: Cómo se montó la red paralela de cómputos

El control del comando opositor

El economista entonces PPD Gonzalo Martner estuvo a cargo de una de las líneas a través de las cuales la oposición vigiló voto a voto la limpieza del plebiscito de 1988.

El Comando del No informó el modo a través del cual controlaría los resultados del plebiscito de sucesión programado para el 5 de octubre. El diseño considera la movilización de 80 mil personas entre apoderados de mesa, de locales de votación y encargados de transmitir y transportar los datos. El sistema se pondría en operaciones a las 6 de la mañana del 5 y tuvo dos responsables técnicos: el DC Eric Campaña y el PPD Gonzalo Martner. Cada uno de ellos administró una línea de información independiente, una red se conoció como "N" y la otra se identificó como "O".

Campaña estuvo a cargo de la línea de la DC y Martner de la montada por el PPD y el Partido Humanista. Éstos son los tres partidos opositores legalizados y, por tanto, los que tenían derecho a poner veedores en los recintos de votación. La idea básica del comando fue vigilar las cifras en el origen, es decir, mesa a mesa.

Los informes de votos de estas unidades se llevaron a formularios especiales y se recopilaban en oficinas comunales. Cada 40 mesas escrutadas se levantaba un acta que a su vez se trasladaba a un centro de cómputos provincial. Desde este nivel intermedio los datos se transmitían a Santiago a un computador central. Por razones de seguridad, los núcleos de acopio -51 en todo el país- se ubicaron en casas y oficinas secretas. Para transferir las cifras se utilizaron telefax, télex, teléfonos y radios. Una vez que los datos se consolidaron, eran comunicados al secretario ejecutivo del Comando del No, Genaro Arriagada, y al vocero del mismo, el presidente de la DC, Patricio Aylwin.

Después del plebiscito se filtró que la decisión de controlar cada mesa de votación -lo que implicó más de 40 mil voluntarios repartidos por todo el país- derivó de una sugerencia del norteamericano Glenn Cowan, ligado al Nacional Democratic Institute, quien explicó al llamado equipo técnico del No que los fraudes normalmente se cometen en los centros de acopio controlados por la autoridad político-administrativa y no en las unidades mínimas, que son las mesas, y que por tanto son imposibles de manipular debido a que el escrutinio es abierto.

Cowan les dijo a sus oyentes que debían llevar un conteo propio a través de sistematizar la votación de cada una de las mesas, para que este cómputo lo pudieran oponer al Gobierno si éste entregaba resultados fraudulentos. Debido a esta recomendación, el Comando del No optó por la vigilancia rigurosa del proceso a partir de la unidad-mesa.

martes, 2 de septiembre de 2008

Las instituciones y la necesidad de innovar

Las cada vez más complejas sociedades modernas están inmersas en procesos de cambios constantes. Las instituciones políticas son con frecuencia más rígidas que las sociedades, por lo que suelen permanecer en estado de obsolescencia por períodos prolongados. ¿No estará esto ocurriendo hoy en Chile en muchas áreas, obstaculizando su desarrollo, es decir su capacidad de expandir las libertades, la igualdad de derechos y oportunidades y la prosperidad y solidaridad colectivas?
La confusión sobre los proyectos de los unos y los otros, el doble discurso, el pragmatismo sin visión, han ido creando un mal clima en el país, que no tiene claridad sobre cuales son sus opciones y por tanto se desinteresa de la búsqueda del interés general. A este estado de cosas no es ajena la mala calidad de las instituciones.
Un buen funcionamiento global del país necesita, como la respiración humana del oxígeno, de instituciones políticas y administrativas dinámicas. Estas lo son cuando se constituyen en nexos constructivos entre las opciones individuales, la provisión de bienes públicos y la construcción de proyectos colectivos.
Para que una moderna articulación entre poder administrativo, economía y sociedad facilite la innovación y la competitividad y que estas sean soportes sólidos de una mayor prosperidad justamente distribuida, las democracias pluralistas deben admitir el carácter estructurante del conflicto y del debate. Para una visión antigua y traumada esto pudiera aparecer como factor de desestabilización. La estabilidad democrática se obtiene con la legitimación de la representación de intereses particulares o colectivos contradictorios, no con su represión o negación, y con mecanismos fluidos y transparentes de deliberación sobre su pertinencia, seguidos de procedimientos de decisión mayoritaria legítima sobre las opciones en presencia. Por supuesto, esto no excluye cautelar como corresponde los derechos de las minorías, y especialmente su derecho a transformarse en mayoría, razón por la cual períodos de gobierno de cuatro años no son necesariamente malos para la dinámica política.
Los sistemas de representación y de separación de poderes deben proteger el pluralismo, aunque no paralizar la acción colectiva, como es el caso hoy: el “empate binominal” no permite orientar a Chile hacia ningún proyecto colectivo coherente, de uno u otro signo, que no sea una especie de centrismo blando inconducente. En muchos aspectos el ejecutivo se paraliza por la ausencia de mayoría parlamentaria y su programa de gobierno es un papel sin valor, que no compromete a nadie a hacer nada. Para que el parlamento juegue un rol mayor en la orientación de las políticas públicas, además de la fiscalización de su ejecución, no debe ser un factor de entrampamiento para unas u otras opciones políticas, sino estar en sintonía con la voluntad del país. Esto requiere de un sistema electoral coherente con ella. ¿Porqué no avanzar a un sistema electoral mayoritario como el existente en muchas democracias maduras? Esto no debe implicar renunciar a incluir una representación no decisiva de las minorías políticas significativas, sino dejar atrás el actual sistema de empate, fuente de parálisis, de desincentivo a la innovación y de alejamiento de la opinión pública de su principal institución representativa, de la que hoy casi nada nuevo o significativo puede surgir que no sea la obstrucción. No es de extrañar entonces que su prestigio no sea el más alentador, pues la opinión pública se ha hecho una opinión del parlamento como una institución parasitaria y no como el lugar en el que se contribuye a mejorar el presente y se representan, en un contexto de debate, sus proyectos de futuro.
Mejorar las instituciones incluye otros temas. Cabe mencionar al menos dos. En primer lugar, el espacio institucional regional y local debe tener más autonomía en los asuntos que le competen: la crisis del sistema de transporte metropolitano gestionado por el gobierno central es paradigmático al respecto. No se conoce democracia moderna alguna que entregue el manejo del transporte urbano de cada una de sus ciudades, incluyendo la capital, a una autoridad del gobierno central. Es sorprendente como el debate sobre el tema no incluya la creación urgente de los gobiernos metropolitanos (que tuvimos ocasión de proponer en... 1991 y que fue rechazado como tantas otras cosas por la derecha en el parlamento). Las regiones deben poder ocuparse de sus asuntos propios con autoridades propias, eligiéndolas por ejemplo al mismo tiempo que las autoridades municipales, y estas deben tener más facultades y a la par más escrutinio público sobre sus acciones y más cercanía con sus ciudadanos.
A la vez, no existen razones para no establecer –como quedó comprometido por lo demás con la Unión Europea- mecanismos profesionales, periódicos y amplios de concertación entre gobierno, trabajadores, usuarios y empresarios para deliberar sobre las opciones de política pública en materia económico-social, complementando el trabajo del gobierno y el parlamento e institucionalizando la representación razonada de intereses. E
n Chile nos estamos acostumbrando a los estallidos sociales parciales, a los que se otorga respuestas cada vez más clientelares, sin una visión sobre la orientación hacia la cual el país se dirige y sin coherencia de conjunto. Es este tal vez el momento, al iniciarse un período electoral que durará poco más de un año continuo, en el que algunos temas de fondo puedan ser discutidos.

martes, 8 de julio de 2008

Turbulencias económicas

Un funcionamiento económico satisfactorio incluye muchos aspectos, pero en Chile los “tres cincos” -un crecimiento de al menos un 5%, una inflación no superior a 5% y un desempleo no superior a 5%- son buenos indicadores de síntesis. Los tres están “fuera de trayectoria”.

El crecimiento del PIB, que registró un 5,1% en 2007, volverá a estar este año y el próximo por debajo de esa cifra (entre 3 y 4%). La productividad viene creciendo poco y los choques de oferta en materia de energía y sequía no han ayudado. El tipo de cambio sufrió una severa apreciación que afectó la cantidad exportada en lo que va de año y complicó mucho a los que compiten con importaciones. La tardía intervención del Banco Central ha servido para revertir el problema, lo que demuestra una vez más que buenas políticas económicas producen resultados mejores que el mercado librado a su suerte.

La inflación experimentó un salto que no veíamos desde hace mucho tiempo. Recordemos que en 1990 la democracia se inauguró con un ritmo anual de cerca de 30% y desde esa fecha se redujo sistemáticamente. La inflación es regresiva –afecta más a los que viven de un salario o de ingresos esporádicos- y en el largo plazo disminuye la inversión al afectar el horizonte del cálculo económico. Una inflación en ritmo anual de 9% en vez del 3%, que es la meta del Banco Central, es un problema serio. Este repunte es complicado pues se acompaña de una disminución de la actividad.

El desempleo es la variable que viene fuera de marco desde hace más tiempo, es decir desde que en 1998-99 se provocó en Chile -gracias a una mala política monetaria y fiscal- una recesión gratuita. Ha costado mucho desde entonces bajar el desempleo del rango de 8% a 10%, que no es socialmente aceptable. La trayectoria venía lenta pero bien encaminada hasta el año pasado. Se siguen aún creando muchos empleos en la economía, pero el ritmo viene de baja y las tasas de desempleo son mayores que las del año pasado (en parte porque más gente busca trabajo).

Frente a estas turbulencias, el peligro principal está en…los expertos. Los hay de dos tipos que son peligrosos. Algunos engarzan muy bien con la tradición que tiene en el presidente Barros Luco su mejor representante: “los problemas son de dos tipos, los que no tienen solución y los que se arreglan solos”. Es el credo liberal de los ajustes automáticos: no hagamos nada, o lo menos posible, los gobiernos no están para actuar, es mejor que los desequilibrios se absorban solos y se deje a los mercados el máximo de flexibilidad sin intervenciones que solo agravan los problemas. Desde la crisis de 1929 se sabe que esta receta no hace más que dañar a las economías. La otra versión es la del activismo brusco que lleva a cazar moscas con escopeta. Sus recomendaciones suelen ser: si hay inflación, súbase fuertemente la tasa de interés para que el Banco Central “sea creíble” y exíjase al gobierno bajar el gasto. Si el origen de la inflación es importado, mala suerte: el riesgo de difusión de la inflación debe atacarse con medios recesivos rápidos y masivos. Estas políticas de tasas de interés altas y contracciones del gasto público invariablemente terminan deprimiendo la economía y provocando un incremento del desempleo como en 1975, 1982 y 1999.

Lo que cabe hacer es diagnosticar bien el problema:

- la inflación se explica hoy por aumentos de costos originados en fenómenos externos (petróleo y alimentos), no por exceso de demanda.

- El consumo interno viene creciendo menos desde fines de 2007. No hay que contraerlo más, pues puede desplomarse.

- Por tanto, no hay que subir las tasas de interés afectando a los consumidores y a los productores ni disminuir el gasto público (se debe respetar la regla anticíclica en vigencia), pues esto deprime la actividad innecesariamente.

- El propio efecto de la pérdida del poder adquisitivo moderará el consumo.

- Hay que establecer un horizonte de 24 meses para volver a la meta de inflación.

- Hay que actuar conteniendo el alza de combustibles en lo que tiene de temporal modulando no tanto el impuesto específico (que se aplica a las cantidades consumidas) como el IVA, limitando la recaudación a la que resulte del valor del petróleo de largo plazo.

- Hay que restablecer urgentemente los ingresos de los más pobres perdidos con la inflación si no queremos un aumento rápido de la pobreza. Bonos trimestrales compensatorios a las familias de ingresos más débiles mientras dure la emergencia de precios altos de la energía y los alimentos son posibles y justos… si es que no se tiene a los dogmas neoliberales y las instituciones que los defienden como guías de conducta.

Los economistas chilenos de esta corriente han demostrado ser lo suficientemente incompetentes como para que no sea recomendable seguir sus recetas recesivas.

Por último, el país debe asumir que el precio del cobre será por un largo período más alto que lo previsto y que el inmenso caudal de recursos adicionales generados no va a sus dueños, todos los chilenos, sino a quienes tienen la concesión privada de la explotación obtenida en condiciones ilegítimamente ventajosas. Establecer un nuevo trato tributario con las mineras privadas es un deber nacional que si no se cumple nos será reprochado con justicia por las futuras generaciones, que no encontrarán justificación a la increíble ceguera colectiva frente a la dilapidación de recursos que permitirían asegurar el salto al desarrollo que el país necesita. Se debe renunciar con urgencia a la defensa dogmática de “la estabilidad de las reglas del juego” que en este caso son directamente injustificables y privan a los chilenos ni más ni menos que de un mejor futuro.

miércoles, 14 de mayo de 2008

¿Puede ser Chile más equitativo?

Publicado en La Nación el 16 de mayo
El informe de la comisión presidencial sobre Trabajo y Equidad tiene varios méritos. No buscó un consenso artificial, sino que expuso abiertamente divergencias para su resolución por la esfera política, que es donde estos temas deben dirimirse en democracia. Realizó un trabajo de recopilación de opciones y expuso algunos consensos importantes. Estos dejan, sin embargo, una sensación poco sustanciosa para acometer la tarea principal: reducir las desigualdades en Chile. Es de lamentar que una parte de los consejeros, expresando las voces de derecha, no haya aceptado la opinión de otros en el sentido de recomendar metas de reducción de las disparidades sociales, así como umbrales garantizados tipo AUGE.
En Chile, instituciones distorsionadas aceptan metas de inflación, pero no de equidad. Exigen garantías a la propiedad del capital, pero no aceptan garantías de medios mínimos de subsistencia para los que nada tienen. Así va el país del bajo riesgo financiero y de la alta desigualdad. Así va la mayoría de sus elites, que por interés pecuniario y/o convicción neoliberal, a veces de reciente data, han abandonado la búsqueda de grados decentes de justicia social.
Esto se refleja en varias consideraciones del informe. Afirma la comisión que los niveles de desigualdad varían muy poco a través del tiempo (“esto es algo que se repite en todos los países”) y que al mismo tiempo dependen de la intensidad de las políticas sociales: ¿no bastaría entonces con hacerlas más intensas? Más allá de la contradicción, cabe subrayar que las desigualdades pueden variar, incluso dramáticamente, en períodos breves. En las últimas dos décadas, como lo reseña el FMI en su más reciente World Economic Outlook, la desigualdad en las grandes zonas del mundo ha aumentado en el Asia en desarrollo, en la Europa emergente, en América Latina y en las economías avanzadas, pero ha disminuido en el Africa Subsahariana y en Rusia y los ex países del Este. Digno de mencionarse es que la desigualdad se ha morigerado en Brasil y México, aunque desde rangos muy altos, y que en el Sudeste Asiático se ha mantenido en bajos niveles, mientras entre los países industrializados ha disminuido en casos como Francia. La clave sigue estando en las opciones de sociedad que las democracias modernas procesan y no en una imposibilidad que la evidencia disponible no muestra y en la que pertinazmente se nos quiere hacer creer.
Asumir esa clave supone partir por no seguir empleando el lenguaje neoliberal de crítica al “asistencialismo y la dependencia”, como si no fuera legítimo que los niños, los discapacitados, los mayores y aquellos que atraviesan por dificultades sean asistidos como lo merecen. La única dependencia que es intolerable es la de los que deben aceptar cualquier cosa porque no tienen medios para subsistir y dependen de lo que encuentren disponible para no sufrir graves privaciones.
El vuelco conceptual a producir es que debe constatarse que el gasto más rentable es el preventivo, desde la maternidad y la infancia temprana, antes que el paliativo de reinserción desde la marginalidad, cuando no desde la infracción de la ley. Es allí donde deben priorizarse nuevas metas.
Insiste el informe, por otro lado, en validar cálculos de desigualdad que no consideran los ingresos disponibles por habitante, lo que toda la metodología internacional recomienda hacer, y de esa manera la subestima. Pero lo más importante es que bien calculada ha disminuido recientemente (para 2006 el ingreso disponible del 20% más rico es 16,5 veces mayor que el ingreso del 20% más pobre, contra 18,4 veces en 1990), mientras mantiene unos cálculos incompletos de Mideplan sobre la incidencia del gasto e ingresos públicos que no se avienen con estudios más rigurosos sobre el tema (como el de Engel, Galetovic y otros) y que cabría corregir con urgencia.
Lo que cabe ahora es sobre todo apurar el tranco. Usando los datos de la última encuesta CASEN, si por la vía de hacer más amplio y progresivo el sistema de tributación-gasto público (que simplificando mucho es el método más eficiente en el corto plazo para disminuir las desigualdades de ingreso), se redistribuyera un 5% adicional del ingreso disponible del 20% más rico, la relación pasaría a la mitad, es decir a 8,6 veces. Este ya es un nivel parecido a la media de las democracias industriales o de los países del sudeste asiático, aunque todavía muy superior al de 4 veces de las socialdemocracias nórdicas o de Japón. Las propuestas de la comisión en esta materia son tímidas (destaca un subsidio a los salarios bajos) y de aplicarse no incidirían sino marginalmente en la desigualdad de ingresos, pero van en la buena dirección. Tímidas son también las propuestas laborales y las ambiciones desarrollistas, esenciales para reequilibrar la relación capital-trabajo y aumentar la prosperidad colectiva, y que se limitan a buenas proposiciones sobre corrección de las fallas de mercado en el financiamiento de las empresas pequeñas. ¿Porqué no aprovechar el impulso de este informe, plantearse metas de crecimiento y equidad para los próximos 10 años por parte del gobierno, y discutirlas a fondo en vistas a la próxima elección presidencial?

viernes, 18 de abril de 2008

Ética Pública

El Senado ha destituido a una ministra invocando la responsabilidad frente a irregularidades y mala gestión. Este es un buen principio: nunca debe quedar impune el desvío de recursos públicos para fines particulares (definición comúnmente aceptada de la corrupción) ni su mala administración caracterizada. Solo que para lo primero está la justicia y para lo segundo los órganos de control, que nadie cuestiona están haciendo su tarea. Una destitución ministerial seguida de impedimento cívico por cinco años podrían a lo mejor justificarse si la autoridad estuviese interfiriendo gravemente en la labor de estas instituciones e incumpliendo expresamente las normas vigentes. No es ni ha sido el caso, si es que nos atenemos a un mínimo de ecuanimidad. La justicia está actuando, hay personas en la cárcel y otras tantas imputadas por el tema de las subvenciones escolares, mientras la Contraloría investiga de manera independiente.
Juzgar la diligencia y pertinencia de la acción ministerial, siempre opinable, está para el debate político, tal vez para una interpelación, pero no para una tan grave sanción como la que se ha producido. Ha habido por parte de una mayoría circunstancial del Senado un ánimo de utilizar un mecanismo claramente excepcional para hacer daño a la ministra Provoste, al gobierno y a la Presidenta Bachelet. Es una acción injusta que está en línea con lo que la derecha ha sido siempre en Chile: intolerante y vengativa. Es apenas un aperitivo de lo que se puede esperar de ella si vuelve a llegar al gobierno.
Pero también se sumaron dos votos de personeros que fueron electos en las listas de la Concertación y que, más que eso, han compartido de manera destacada las luchas democráticas en el país. Es cierto que fueron expulsados o empujados a irse por las directivas de sus partidos, en un acto de ceguera política que no prestigia a esas directivas. Pero ese hecho, que genera enconos y deteriora el clima político, no puede justificar la conducta de Flores y Zaldivar: han sumado sus votos para una medida de fuerza injusta y desproporcionada.
No se puede tolerar, como hemos visto en estos días, graves interferencias corruptas en licitaciones públicas en el Registro Civil o en municipalidades UDI; no se puede tolerar engaños e inauguraciones fantasmas como las que se ha visto en salud; no se puede tolerar redes para liberar a narcotraficantes en la nueva justicia penal; no se puede aceptar desvíos de recursos públicos para actividades políticas ni nepotismos de ninguna especie; no se puede aceptar tampoco la más o menos desembozada interferencia de las oligarquías económicas en el financiamiento de la actividad política o su búsqueda de influir en el gobierno, con la costumbre que se va instalando de reclutar a autoridades salientes en directorios privados, las que luego vuelven a ocupar cargos públicos de primer plano. Tampoco se puede aceptar el increíble sistema que se adoptó en una negociación apresurada en 2003 por iniciativa de la derecha que permite a las empresas financiar campañas y además, colmo de las ironías, descontarlas de los impuestos. Recordemos que en Estados Unidos, por ejemplo, esto está prohibido y nadie puede aportar a un candidato más de 2 300 dólares por campaña. Nada o muy poco estamos haciendo para evitar el condicionamiento de los representantes públicos por intereses privados.
Todos estos hechos nos hacen constatar que la ética pública está cuestionada en Chile. Es deber de todos ayudar a fortalecerla y contribuir a prestigiar la democracia tan duramente reconquistada. Con debate fuerte, con normas más estrictas, con persecución sin excepción de responsabilidades penales, administrativas y políticas cada vez que sea necesario. Pero proporcionales a las faltas constatadas, sin venganzas ni desalojos. En estos días la supuesta defensa de la ética pública se transformó en un pretexto para una estrategia de la tensión que recibirá una vez más el rechazo de la mayoría de chilenos que valora la firmeza y el compromiso con la probidad, pero al mismo tiempo valora el sentido de justicia y de las proporciones, así como el esfuerzo por mantener una convivencia civilizada.

jueves, 10 de abril de 2008

Cinco razones para un cambio

El PS está llamado a renovar a sus autoridades en todos los niveles el 27 de abril de 2008. Todo evento electoral suscita tensiones y pasiones, pero hemos visto florecer como nunca la descalificación desde las filas de la dirección saliente a quienes hemos sido sus opositores leales. Es el momento de volver a encauzar el debate por la senda de la reflexión y de la crítica política pertinente a las conductas políticas o con efectos políticos. Los que nos hemos opuesto a la actual dirección entendemos que las grandes opciones políticas y programáticas para el próximo período ya fueron definidas por el Congreso de Panimávida, cuyas resoluciones –que dicho sea de paso aún no se publican, como ya ocurrió con las del Congreso de 2005, que nunca fueron dadas a conocer- compartimos en su línea gruesa. Nos comprometemos a contribuir a ponerlas en práctica. Aquí se expondrá, en cambio, lo que, en términos personales, creemos son cinco buenas razones para optar por un cambio en la orientación y en la dirección del Partido Socialista.


1. La dirección actual ha buscado dividir artificialmente al partido
La actual dirección ha reeditado la conocida técnica de identificar buenos y malos e incitar a descalificar y marginalizar a estos últimos en nombre de los primeros. Los buenos son lo que estarían con la Presidenta Michelle Bachelet y los malos los que estarían en contra de ella. El problema es que no hay en el Partido Socialista, hasta donde se puede apreciar, opositores a la persona de la Presidenta Bachelet, a su programa de gobierno o a la orientación general de su gestión. Y eso es un gran activo para la Presidenta, que una dirección responsable debiera buscar valorizar, cuidar, cultivar, extender. Por el contrario, la dirección en ejercicio ha inventado literalmente un conflicto donde no lo hay, con el solo objeto de reforzar la posición de quienes ejercen el poder interno. Dicho sea de paso,
es de una gran deslealtad con la Presidenta no buscar sumarle los apoyos de que dispone de parte de todos los socialistas.
Naturalmente, habrá siempre sobre tal o cual aspecto de la gestión de gobierno valoraciones críticas de mayor o menor amplitud, que una conducción política debe asumir como parte de la vida democrática del partido y del país. Tanto es así que la mesa partidaria ha realizado fuertes críticas, por ejemplo, a la actitud gubernamental de trasladar a los tribunales la aplicación de la ley de subcontratación, a la conducción de la Cancillería o a medidas económicas como rebajas tributarias a la incorporación de tecnología. Incluso un diputado defensor de la mesa directiva le ha pedido públicamente la renuncia a una ministra acosada por la derecha
Cuando el derecho constructivo a la crítica que es propio de la democracia lo ejercen miembros del partido que no son parte de la mayoría actual, entonces son desleales, “no están en las duras y en las maduras”, son opositores, esquizofrénicos y otros epítetos variados que no buscan argumentar, sino descalificar y deslegitimar para mantener en pie la idea de la división del partido entre buenos y malos.
Se podrá discutir el mérito de cada uno de los debates que emergen sobre la política de gobierno, y en ocasiones su franca no pertinencia, pero no es legítimo poner en cuestión el derecho que le asiste al Partido Socialista y a sus miembros, junto al deber primordial de apoyar al gobierno al que contribuyó a dar origen, de proponer políticas y de criticar aspectos puntuales que pudieran merecerle reparos en la gestión pública y en la tarea legislativa. Ese derecho lo hemos ejercido, por lo demás, durante los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos, como a todos consta, incluso mediante rechazo a algunas legislaciones, sin que nadie pueda sostener que el PS no ha sido leal con la coalición y sus gobiernos. Y habrá siempre puntos de vista que emanan de su identidad política misma, que es previa a todo gobierno y se prolongará más allá de ellos.
Ante la apelación apolítica a la disciplina, baste recordar como funcionan las democracias maduras. En EE:UU: el actual candidato republicano a la presidencia, John McCain, recientemente recibido por Bush en la Casa Blanca como su candidato, votó en contra de la rebaja de impuestos a los más ricos, entre otras votaciones contrarias a su gobierno, sin que nadie rasgara vestiduras. En Europa, las coaliciones mayoritarias discuten permanentemente entre sus componentes las opciones gubernamentales. La democracia es el conjunto de instituciones que no solo no reprimen sino que protegen el disenso y lo dirimen mediante la regla de la mayoría de votantes políticamente iguales que participan periódicamente en las decisiones públicas.
El PS no es un órgano de la administración pública ni está sometido al principio de jerarquía estatal, es un organismo vivo y plural que combina la representación de diversas expresiones de la sociedad civil con la acción a favor de un proyecto democrático de transformación social igualitaria. La sabiduría de una dirección es conducir ese organismo vivo, no buscar reprimirlo y alinearlo con un fanático afán de control. La disciplina vacía no puede imponerse a la deliberación razonada y a la libre adhesión propios de un partido democrático. Entre sentido de la autoridad, que siempre debe estar presente en política para lograr cohesión y resultados, y autoritarismo, que debe rechazarse por ser contrario a los valores democráticos, hay un abismo.
El modo autoritario de concebir la política en parte de la izquierda se ha traducido, cuando determinadas circunstancias históricas le han permitido hacerse del monopolio del poder, en el fenómeno de las dictaduras estalinistas. En buena hora, las tradiciones democráticas recuperadas en el país, a un alto costo para todos, y la existencia histórica de una fuerte izquierda libertaria, no lo hacen posible en Chile. Y para que este tipo de política autoritaria nunca se afiance entre nosotros –con la dictadura militar de derecha ya tuvimos suficiente y con las experiencias fallidas del bloque soviético tuvimos más que suficiente- debemos empezar por hacerla retroceder en el Partido Socialista, respetuosa y democráticamente, pero con gran firmeza.


2. La dirección actual ha dado legitimidad y apoyo a opciones liberales contrarias a las definiciones programáticas del Partido Socialista
La Concertación es una coalición plural de partidos y corrientes de opinión de centro e izquierda. Quienes la concebimos y creamos hace 20 años, y la prefiguramos hace 25 años en medio de fuertes críticas de algunos de nuestros descalificadores actuales, entendíamos y entendemos que en ella caben las corrientes liberales que estén por la democracia y no se opongan a las políticas públicas de redistribución de los ingresos. Que no crean mucho en ellas o que las quieran de muy baja intensidad es otra historia.
Como otra historia es que el Partido Socialista renuncie a su misión histórica y a hacer prevalecer en buena lid sus ideas programáticas sobre las opciones liberales y renuncie a su rol promotor de los derechos de los trabajadores, de los servicios públicos, de los sistemas de ingresos mínimos sociales, de los sistemas de cobertura de riesgos en empleo, salud y vejez, de mecanismos extendidos de igualación de oportunidades y de estrategias públicas de desarrollo productivo. Ha sido penoso y doloroso para una generación de socialistas que han hecho importantes esfuerzos por renovar y actualizar nuestras ideas, pero sin jamás renunciar a nuestras convicciones y valores de izquierda, ver como se termina apoyando, por acción y por omisión, en nombre de una supuesta lealtad mal entendida o de la ridícula afirmación de que no se puede gobernar desde fuera, la visión de Estado mínimo que promueven los ministros liberales y sus corporaciones, que reivindican abiertamente desde dentro y desde fuera esa opción y la practican con el apoyo expreso de la actual dirección.
En la Concertación han retrocedido en el tiempo las ideas liberales (véase el Congreso Ideológico del PDC, por ejemplo), mientras han aumentado su poder político y su capacidad de copamiento de funciones públicas cruciales. Es cierto que de esa manera se cosecha aplausos de la prensa de derecha y del poder económico.
Esto se ha traducido crucialmente en la parte final de la gestión del Presidente Lagos en la disminución del peso del gasto público en el PIB, luego de un incremento inicial. En el período de la Presidenta Bachelet se ha traducido en una política de uso de los recursos fiscales excepcionales en extremo conservadora y en un inmovilismo económico sorprendente. Más aún, se ha promovido una reforma a las pensiones que va a implicar que se gastará proporcionalmente menos en esta área al terminar el gobierno de la Presidenta Bachelet que a su inicio, y que en el largo plazo va a llevar a que se gastará menos en pensiones civiles solidarias que en pensiones militares (1% del PIB contra 1,6% del PIB). Desafío a que la actual dirección desmienta estas cifras. Y se ha promovido rebajas a los impuestos de las empresas con el único efecto de enriquecer aún más a los más ricos, que no prosperó por el disenso activo de algunos de los nuestros.
Lo más grave es que el actual es el primer gobierno desde 1990 que ha renunciado a través de su Ministro de Hacienda formalmente a toda reforma tributaria para aumentar los ingresos permanentes del Estado (lo que no estaba ciertamente incluido en el programa de gobierno, pero los programas de gobierno se han transformado en papeles sin valor). El Ministro de Hacienda ha pretendido en estos días en un encuentro blairista en Londres que el progresismo es “el crecimiento, el librecomercio, el rigor fiscal y el rechazo al populismo”, en un planteamiento abiertamente neoliberal que de progresista no tiene nada y es idéntico al de los Chicago Boys. Se ha proclamado además por el Ministro de Relaciones Exteriores que el modelo económico de Chile es de una “economía de mercado globalizada”. Estos ministros contrastan abiertamente con la Presidenta en su planteamiento de hacer de la protección social el eje de su gobierno y de la construcción de un Estado Social de Derecho su perspectiva estratégica.¿Debe el Partido Socialista entonces abstenerse de hacer ver la flagrante contradicción entre los dichos y los hechos a la que asistimos? ¿Es eso ser leal? Si así se hace, como es el caso de la actual dirección, no nos extrañemos después del alejamiento de los ciudadanos de la política y del desprestigio creciente de la democracia ante semejantes demostraciones de doble discurso.
El PS debe situarse de una vez por todas en el centro de la complejidad que implica optar por el gobierno social y ecológico de los mercados a través de las instituciones de un Estado democrático y social de derecho. Hay otra alternativa históricamente consistente y viable al dogma hoy en desuso de la planificación central y al dogma libremercadista hoy adoptado por un cierto número de miembros del PS bien representados o bien defendidos por la actual dirección, que es la de la construcción compleja de economías mixtas en Estados sociales de derecho.
En esa complejidad no hay fronteras fijas en la relación entre Estado y mercado, entre regulación y mercado. Hay redefiniciones permanentes de acuerdo a las luchas sociales, a la evolución del capitalismo globalizado y su impacto en las economías nacionales y en la reproducción o ampliación de las desigualdades. El Estado debiera estar permanentemente reactualizando su capacidad de generar condiciones estructurales de redistribución de ingresos y de recursos productivos si acaso quienes lo dirigen creyesen en la necesidad de lograr niveles decentes de igualdad distributiva, de igualación de las oportunidades y de reducción de la explotación de los trabajadores y de la exclusión social. Con esa tarea manifiestamente no ha estado comprometida la actual dirección.
No se puede renunciar a actuar a favor de políticas públicas fuertes y el afianzamiento de la capacidad de organización y negociación de los trabajadores, como lo ha hecho la actual dirección, y además pretender reprimir con argumentos de disciplina ridícula a quienes disienten de esa renuncia y la consideran un grave error político.
El PS debe abrir los espacios intelectuales y políticos para que los planteamientos que hemos escuchado de la Presidenta en materia de opciones económicas y sociales progresistas –y que compartimos- puedan avanzar. Nadie debiera extrañarse ni ofenderse porque el PS cumpla con su misión histórica de representación de los intereses de los “trabajadores manuales e intelectuales”.
Otra cosa distinta son las relaciones de fuerza parlamentaria y la hegemonía de unos y otros en las luchas sociales en cada coyuntura, que permiten avances, provocan retrocesos o generan empates. Pero las luchas hay que darlas responsablemente de cara a los ciudadanos, para eso estamos los socialistas, no para renunciar a darlas.


3. La dirección actual ha tolerado la confusión entre la política y los negocios
O el mercado gobierna a la democracia o la democracia al mercado. Muchos son los países que enfrentan ese dilema contemporáneo con Estados frágiles y con sistemas de partidos débiles. Chile ha sido una excepción en América Latina en la medida que su sistema de partidos es bastante más estructurado que el promedio. Hasta ahora.
En efecto, el sistema de partidos puede sufrir una disolución progresiva si cede ante la presión mediática que prefiere las emociones a los valores, el histrionismo al razonamiento, la gesticulación por sobre la representación articulada y paciente de intereses colectivos. La esfera política permitirá mejor la convivencia democrática en tanto dé lugar a la contrastación de proyectos con alternativas claramente diferenciadas antes que a la mera lucha por el poder carente de significados y sentidos.
Y esa disolución será tanto más rápida si se acompaña del fin de la frontera entre la política y los negocios. Hemos asistido con estupor a la progresiva cooptación de funcionarios públicos que cumplían funciones de fiscalización o regulación estatal por las empresas privadas antes reguladas o fiscalizadas por ellos directa o indirectamente. Ya se instaló en el horizonte de la función pública el paso al sector privado como perspectiva futura de ingresos y posiciones altamente remuneradas. Se podrá imaginar cada cual que eso no contribuye precisamente al mejor cumplimiento de las funciones públicas respecto a los privados. Hemos visto como incluso un ex Ministro de Hacienda dirige a las ISAPRES y algunos ex dirigentes socialistas pasan a formar parte de los directorios de los conglomerados más poderosos del país o a ser los defensores rentados de sus intereses ante los órganos de la administración. En el límite esas situaciones pudieran tolerarse como parte de las opciones individuales de cada cual de acuerdo al ejercicio de su libertad personal, aunque claramente debilitan a la función pública.
Lo que no es tolerable, y desgraciadamente ocurre, es el paso desde funciones públicas a los directorios y la vuelta a funciones públicas, incluso ministeriales de primer nivel en La Moneda. Esa puerta giratoria es la consagración de la influencia del poder económico sobre las instituciones democráticas. Cuando la actual dirección partidaria no dice ni hace nada al respecto, existe un problema grave. Cuando además el segundo dirigente en la jerarquía partidaria (y esta no es una crítica a la persona sino a una conducta con efectos políticos) permanece por largo tiempo como presidente del directorio de una empresa privada lucrativa regulada por el Estado, sin que pase nada, entonces estamos ante el fin de la separación entre política y negocios que se entendía los socialistas promovíamos. Al menos es lo que una anterior dirección partidaria estableció al consagrar la incompatibilidad entre defender rentadamente a las transnacionales del cobre en su ataque al royalty minero y mantener militancia en el partido cuyo líder histórico nacionalizó el cobre, y por lo que, entre otras conquistas nacionales y sociales por las que luchó, terminó entregando dignamente su vida.
No estamos aquí entrando en el dominio siempre controvertible de la ética personal, de la cual nadie tiene el monopolio. Estamos hablando del funcionamiento de un sistema que entrelaza o bien separa el poder político democrático del poder económico. ¿Cómo podría el Partido Socialista criticar en los meses que vienen al candidato de la derecha, que es el paladín de la confusión entre política y negocios, si tolera que algunos de sus dirigentes connotados practiquen, en otra escala, claro, la misma confusión?


4. La dirección actual ha contribuido a la fragmentación y puesta en minoría parlamentaria de la Concertación
Hemos asistido por primera vez a la destitución por la Cámara de Diputados de una Ministra de Estado, lo que eventualmente también ocurrirá en el Senado. Las rupturas parciales en el PPD y el PDC han puesto en minoría a la Presidenta en el parlamento.
Lo inexplicable es que la dirección actual se asoció con entusiasmo a las directivas de esos partidos en sus expulsiones de parlamentarios. Estas son libres de tomar las decisiones que quieran, pero al provocar consecuencias para todos y especialmente para la Presidenta, no pueden no considerar la opinión de sus aliados de coalición ante una consecuencia tan grave como perder la mayoría obtenida en las urnas. Pero el punto de vista de la actual dirección socialista fue de complicidad expresa y declarada.
Así, cuando aún falta la mitad del período presidencial, la situación del gobierno queda no solo fragilizada para llevar adelante su agenda sino también para mantener en sus cargos a los ministros, abriendo la puerta a una situación de hostigamiento grave y desestabilizador. En vez de jugar un rol de composición y acercamiento, la actual dirección socialista, fiel a su lógica autoritaria, contribuyó al quiebre y alejamiento de parlamentarios que son fuertemente criticables en muchas de sus opciones, pero que son más cercanos a nosotros que la derecha pura y dura. Más aún, la idea de sostener con alborozo “ven, en realidad esta gente era de derecha” puede servir para la autosatisfacción de los miopes. Para quienes entienden que la política democrática es sumar y no restar resulta, en cambio, una actitud de ceguera estratégica con graves consecuencias futuras.


5. La dirección actual ha precipitado el tema de la sucesión en vez de abrirle espacio a la tarea de la Presidenta
Tal vez uno de los errores en principio más inexplicables de la actual dirección es el haber abierto a meses de asumida la Presidenta Bachelet en su cargo la carrera por su sucesión. En efecto, era del todo evidente que en un gobierno de cuatro años la presión por abrir esa carrera se iba a manifestar tempranamente y que el PS debía contribuir a evitarlo. La actitud leal con la Presidenta era en estas circunstancias una sola: dilatar todo lo posible esa carrera por la sucesión, y de ese modo mantener el espacio de acción del gobierno recién instalado y la cohesión de la coalición. Salvo que existiera un evidente consenso en el partido y en la coalición que hiciera posible definir tempranamente la situación sucesoria y generar un horizonte de estabilidad mayor a los cuatro años. Ahora bien, es muy poco frecuente que este tipo de consensos se presente, incluso en regímenes políticos de tanta continuidad como el del PRI en Mëxico por setenta años: el llamado “dedazo” se producía sólo al final de la gestión de gobierno.
En todo caso, el hecho práctico que debía tener en consideración la actual dirección era que ese consenso no existía ni en el PS ni en el resto de la coalición. Debió aprender la lección de lo ocurrido en el gobierno de Patricio Aylwin, que a mitad de período ya tuvo que enfrentar roces, en este caso precipitados por la equivocación de algunos ministros políticos de la época que querían definir en función de sus intereses y pareceres la sucesión presidencial, lo que por lo demás resultó fallido. De paso, las proclamaciones del Secretario General de la OEA tempranas y reiteradas por miembros de la actual dirección, hechas con cierta suficiencia un tanto irrealista (recordemos el “prácticamente todos en el PS están con José Miguel”) no contribuyeron para nada a afianzar las opciones del ex ministro y generaron fuertes problemas al PS, al gobierno y a la Presidenta.
Sin embargo, se puede enunciar una conjetura: lo que buscaba la actual dirección era simplemente consolidar su poder interno con la idea de ofrecer un estrecho vínculo no solo con el actual sino también con el futuro gobierno, teniendo a la vista una práctica clientelística que se ha instalado en el Estado nacional, reproduciendo costumbres originadas en la república tradicional y que no parecen ser dignas de ser combatidas demasiado intensamente por la actual dirección. El deber de actuar responsablemente frente al gobierno de la Presidenta Bachelet en materia de sucesión quedó así relegado a un segundo plano.
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Una nueva dirección tendrá entonces que tomarse en serio los acuerdos del reciente Congreso, unificar al partido buscando el apoyo de todos a la Presidenta Bachelet, defender las opciones programáticas socialistas en contradicción enérgica con el neoliberalismo, establecer en el partido una separación nítida y tajante entre negocios y política, buscar reestablecer una mayoría parlamentaria para la Presidenta y orientar con serenidad, después de las elecciones municipales, la definición de un candidato único de la Concertación mediante el pronunciamiento popular en el caso de que no pueda llegarse a consensos sobre quien debe encabezar la próxima etapa y producir una nueva derrota de la derecha.

lunes, 3 de marzo de 2008

Entrevista sobre candidaturas presidenciales

En La Nación del 3 de marzo se publicó una entrevista-debate entre Gonzalo Martner y Ricardo Solari sobre la pertinencia o no de proclamar candidaturas presidenciales antes de las elecciones muncipales (ver más).

viernes, 29 de febrero de 2008

Nuevas perspectivas

No es ineluctable un triunfo de la derecha en 2009. Es muy probable que su incapacidad de presentar una alternativa cohesionada y no vinculada al poder económico le haga cosechar una nueva derrota. Siempre y cuando la Concertación se ponga en orden de marcha y enfrente racionalmente, como ya lo hizo en otras ocasiones, las gruesas dificultades que se le presentan.

Lo primero es recuperar el sentido del debido resultado. Permítasenos un breve recuento en la materia. La Concertación se formó hace 20 años para luchar por una salida política a la situación de dictadura y constituir un gobierno que asegurara una transición pacífica con vocación de consagrar una democracia plena y realizar una política social activa. Así se hizo. Este fue el norte del gobierno de Patricio Aylwin y así lo entendieron los ciudadanos, que le dieron un inédito respaldo a su sucesor. El gobierno de Eduardo Frei fue ya menos claro en sus propósitos, estallaron las controversias internas sin concluir en un nuevo pacto programático y luego de años de prosperidad se terminó además manejando mal la economía y actuando de manera equívoca frente al caso Pinochet.

La elección de Ricardo Lagos fue difícil, en medio de un fuerte desempleo que se podría haber evitado. Logró hacer un buen gobierno y sortear grandes obstáculos, lo que de paso lo habilitó para encabezar una nueva etapa de la coalición de gobierno que concluya la parte de la tarea aún no realizada. Su gobierno avanzó de manera impecable en las tareas de la transición política y de la subordinación de las FF.AA. al poder civil, sin obtener, sin embargo, el cambio del sistema electoral excluyente. Sus reformas sociales –seguro de desempleo, reforma de la salud, Chile Solidario- abrieron el camino de un nuevo modelo socialdemócrata para Chile. Este, a su vez, no se consolidó con el necesario incremento del gasto fiscal y un claro rol regulador y de servicio público del Estado. Fue progresivamente bloqueado por el peso adquirido por tecnócratas obnubilados por supuestos ideológicos, conversos a las “soluciones privadas de los problemas públicos” y a la omnipresencia del mercado.

En la coalición no tuvimos la fortaleza, al terminar el gobierno de Ricardo Lagos y reactualizar el programa de gobierno, de debatir en serio sobre la nueva etapa. No nos comprometimos a erradicar el clientelismo y la lumpenpolítica, contra los cuales fuimos pocos en pronunciarnos. Esquivamos los temas de fondo. Preferimos los encantos de la videopolítica, que no son base suficiente para gobernar. Y preferimos sofocar el debate y promover la expulsión de partes de la coalición, que nos tiene hoy sin la mayoría parlamentaria que nos dieron las urnas y con un clima enrarecido. Todo un récord. Y con los responsables contentos de la tarea realizada, demostrando sus reflejos de burócratas rendidos antes los poderes existentes, sin visión moderna de cambio ni capacidad de articular la diversidad.

Debía, en cambio, profundizarse un nuevo pacto para un cambio de modelo económico-social, más desarrollista y promotor del crecimiento sustentable y con mayor capacidad de ofrecer resultados redistributivos significativos. Volvieron a ganar fuerza las opciones neoliberales que no disponen de legitimidad ni de mayoría política, pero si de vínculos tranquilizadores con el poder económico y mediático. Ganó así la oferta de minimizar las políticas públicas y los proyectos emblemáticos para disminuir riesgos (el transantiago demostró que este enfoque los aumenta). Se paralizó diversas obras públicas, se optó por una reforma previsional minimalista (reduciendo en vez de ampliando el gasto público en pensiones civiles en proporción al PIB y con menos gasto en los pobres que en las FF.AA.), se llevó a los tribunales las opciones en materia de subcontratación, se intentó incluso disminuir los impuestos a los más ricos y no se actuó para incrementar el royalty minero, regalándole a multinacionales miles de millones de dólares de todos los chilenos en vez de financiar una contundente política de aceleración del crecimiento mediante la innovación.

Se desdibujó con una administración conservadora del statu quo el compromiso con resultados que permitiesen cohesionar a los actores de la coalición de gobierno y afianzar el apoyo de los ciudadanos frente a una derecha que sigue siendo símbolo de autoritarismo y regresión social.

Nada impide corregir el rumbo. La Presidenta de la República tiene la legitimidad y la autoridad para cerrar una etapa y abrir otra nueva, relanzando su gobierno. De la Comisión de Equidad pueden surgir pistas para asegurar ya no solo una pensión básica limitada sino un significativo ingreso básico solidario a las familias en situación de precariedad. Esto podría en 2009 iniciar un cambio de faz de la pobreza en Chile. Se puede disminuir la precariedad en los contratos de trabajo, apoyar a la PYME bajando las tasas de interés y limitando la revaluación del peso. Se puede disminuir más el desempleo. Se puede terminar con la exclusión del PC, crear gobiernos regionales elegidos y fortalecer la descentralización. Se puede construir victorias municipales y luego parlamentarias y presidenciales.

Siempre que valoricemos el liderazgo presidencial actual y los liderazgos capaces de conducirnos a un nuevo gobierno porque tienen los valores y la inteligencia para corregir errores y la experiencia y la capacidad de abrir nuevas esperanzas de progreso después de 2010.

viernes, 11 de enero de 2008

miércoles, 12 de diciembre de 2007

El proyecto chileno

En La Nación del lunes 10 de diciembre se publicó el artículo "El proyecto chileno".

Chile es un país pequeño y alejado de los centros de decisión. Estamos acostumbrados a ver los fenómenos globales como ajenos. Sin embargo, tenemos una influencia que ganar, junto a otros, y que necesitamos precisamente porque somos pequeños y lejanos. Mientras más el mundo se rija por reglas racionales, mejor podremos enfrentar las consecuencias de los desordenes globales. Y la nuestra no puede ser sino una influencia amistosa basada en ideas y trayectorias.

Un ejemplo es el calentamiento global, que tendrá graves consecuencias, y desde luego en Chile. Se está justo a tiempo para impedir que supere el umbral fatal de los dos grados centígrados. Y nuestro país debe tener una voz en la materia, y un fuerte programa propio de reducción de emisiones de gases con efecto invernadero que nos dé autoridad para reclamarla, con otros, a los grandes países que provocan el problema. Al esfuerzo de alcanzar un acuerdo internacional fue convocado por la ONU el ex presidente Lagos. En Chile, en vez de congratularse, muchos no han hecho más que minimizar ese rol por razones de política interna, por mucho que en su gobierno se pudo haber hecho más en materia ambiental -siempre se puede hacer más- y deberá hacerse más en el futuro. Así se equivoca el camino y no se defiende el interés nacional.

La paz en el mundo está amenazada, por otro lado, por los reacomodos hegemónicos y la lucha por los recursos naturales. En octubre, Bush levantaba el espectro de un "holocausto nuclear" y el riesgo de una "tercera guerra mundial" por el programa de enriquecimiento de uranio de Irán. En estos días de diciembre nos informamos que los propios servicios de inteligencia de EE.UU. afirman que Teherán congeló su programa nuclear militar en 2003. Ya sabemos que las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein no eran más que quimeras para justificar la invasión norteamericana de Iraq y acceder a una zona rica en petróleo. Sabemos que la Rusia de Putin se recompone en base a su capacidad energética y reconstituye un poder fuerte con una democracia débil. Sabemos que Europa se amplía, pero debilitando su capacidad de acción. Sabemos que los países emergentes como China e India transformarán su creciente importancia en la economía mundial en influencia política. China ya es el principal mercado de exportación para Chile y lo será crecientemente para el resto de América del Sur, en una dinamización de los intercambios Sur-Sur inimaginable décadas atrás.

Chile necesita en este contexto que se fortalezcan las instituciones y el derecho internacional, y puedan regularse al menos en parte los grandes conflictos en desarrollo. El ejemplo dado por Chile al oponerse a la guerra en Iraq enfrentando las presiones de EE.UU. cuando firmaba un acuerdo comercial, generó admiración y respeto porque no se condecía con su tamaño. Y abrió puertas para una posición de mayor influencia. También Chile hizo lo adecuado al invitar a los países de América Latina a contribuir a la estabilización de Haití y al sumarse al nuevo esquema de Comunidad Sudamericana de Naciones.

Sin embargo, la integración está paralizada por los conflictos de intereses nacionales y una dosis de sobreideologización. Venir, como hizo el presidente Chávez a una cumbre a Chile a contradecir el proyecto de crecimiento con cohesión social representado por la presidenta Bachelet, y generar incidentes verbales mal respondidos, no ayuda a fortalecer un liderazgo de ideas y de proyecto capaz de influir en el contexto global. Para no "arar en el mar", se trata de darle un impulso moderno al proyecto de Simón Bolívar, al que la retórica confrontacional no ayuda. A la postre, el pueblo venezolano, mayoritariamente favorable al avance social promovido por el presidente Chávez, no aceptó validar la personalización del poder, como tampoco el resto del continente acepta el intento de Chávez de transformarlo en zona de influencia para fines de liderazgo personal.

Sería un grave error consagrar en nuestro continente, una vez fracasadas moral y políticamente las dictaduras militares de derecha y dejados de lado los modelos neoliberales del consenso de Washington por ineficaces y promotores de inaceptables desigualdades, la idea que los avances sociales solo son posibles con Estados autoritarios y caudillos a su cabeza. Tampoco hay un modelo chileno libremercadista que vender, como las derechas y algunos organismos internacionales quisieran, pues ese modelo del pasado no convoca a nadie sino a los pocos dueños de la riqueza en el continente. Si hay un proyecto chileno que defender, es el de la democratización con cohesión social basada en fuertes políticas públicas y en una eficacia económica regulada.

En nuestro debate político interno es esencial ver el vaso medio vacío y no dejar el terreno libre a la regresión neoliberal o a la lumpenpolítica dedicada a conquistar posiciones burocráticas en el Estado antes que a avanzar a mayores grados de cohesión social. Ni se debe aceptar la vuelta a la lógica de las "depuraciones", propias de la guerra fría en nuestros partidos políticos progresistas, que creíamos se habían reconstruido respetando la diversidad y la democracia interna para promover con legitimidad la democracia y la tolerancia en la sociedad. Y se debe terminar con la carencia, costosísima para Chile, de control nacional suficiente de nuestros recursos naturales

En la proyección externa de Chile, en cambio, es donde se debe subrayar la parte medio llena del vaso, que por supuesto también existe. La opción de sociedad que combina democracia, progreso social, sustentabilidad y eficacia económica puede y debe ser defendida como un camino en parte recorrido y que debe seguir recorriéndose con una mayor incidencia social y ecológica en la ecuación. La mejor opción no es la sujeción a la potencia dominante sino construir integradamente un mejor bienestar para los pueblos, con libertades y prosperidad compartida, subordinando a los poderes económicos minoritarios, gobernando el mercado desde la democracia. El desafío es hacer de la democracia progresista la gran bandera latinoamericana como la mejor base para la identidad, coordinación y proyección continental. Y decirlo con claridad.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Hasta siempre, Francisco Mouat

Hay noticias que golpean, sobre cuando se reciben desde lejos. Acabo de enterarme del fallecimiento de Pancho Mouat. Finalmente descansó cuando no hubo más que hacer contra la enfermedad. Se me vienen a la memoria de inmediato tantas y tantas largas jornadas compartidas, en las que se podía siempre contar con la presencia y apoyo de Pancho. Su trayectoria viene de muy atrás en la juventud socialista, como sobreviviente de la clandestinidad que enfrentó con valentía, en el exilio, en el retorno. Pero Pancho es de los que encarnó desde 1990 la voluntad incansable de trabajar por reconstruir y fortalecer el Partido Socialista como el mejor homenaje a los caídos. Había en Pancho una tenacidad cotidiana, de las que son indispensables para todo proyecto de gran envergadura. En ese contexto lo conocí hace casi dos décadas. Había en él el caracter más bien silencioso de los que no necesitan vociferar sus convicciones, porque las tienen profundas yconsistentes, y un gran sentido de la amistad. Y había siempre en él, más allá del semblante a veces adusto, una actitud humana en el tratamiento de los asuntos cotidianos de la vida del partido, no siempre pacíficos.Tuve el privilegio de trabajar y convivir con Pancho en las más diversas circunstancias y la oportunidad de sostener largas conversaciones sobre esto y aquello. Tuve el privilegio de que aceptara ser mi colaborador directo como presidente del partido, hasta que luego fuera a acompañar a nuestra Presidenta en su campaña, colaborador al que siempre se podía pedir consejo desinteresado y con el cual se podía no solo trabajar dedicadamente en la tarea común, sino sobre todo compartir humanamente. Tuve el privilegio de haber sido su amigo, de esos que no confunden la amistad con los avatares políticos. No podré estar presente para despedirte, Pancho, pero vayan estas palabras para tu compañera, tus familiares, tus amigos, tus camaradas, para decirles que nos inunda la pena, pero que nos ha dejado un gran ser humano cuyo ejemplo nos compromete aún más a todos sus compañeros a seguir trabajando por el proyecto común de contruir una sociedad más justa.

martes, 13 de noviembre de 2007

Entre el enfriamiento y la recesión

Columna publicada en el diario La Nación el 13 de noviembre de 2007

Desde que estalló en agosto de 2007 la crisis del subprime, el crédito hipotecario de alto riesgo, se reveló no sólo la depresión del mercado inmobiliario residencial en EE.UU., sino también la fragilización de la economia mundial, que hasta aquí había podido absorber una tendencia impresionante de incremento del precio del petróleo. Hacia mediados de agosto, la Federal Reserve (FED, banco central de EE.UU.) constató los efectos negativos de la coyuntura financiera sobre su economía bajando sus tasas, en un contexto en que la actividad y los precios del petróleo y de los alimentos alimentaban un incremento de la inflación, demostrando una conducta pragmática. Esa misma conducta de la que carece nuestro banco central, que sufre del síndrome deflacionista y que va acentuando las diferencias entre las tasas de interés en Chile y en el mundo, presionando a la baja el tipo de cambio y agregando un nuevo factor de desaceleración de una economía chilena que podría crecer mucho más rápido.
Se consolida entonces una perspectiva de crecimiento en 2007 y 2008 solo del orden de 2% al año para EE.UU., la mitad de los desempeños habituales de los últimos años. Incluso los más optimistas admiten que una recesión -dos trimestres consecutivos de disminución del producto- no se puede excluir.
No obstante, los "factores de resiliencia" de la economía norteamericana siguen siendo fuertes. No escasean los argumentos que alimentan la tesis de un simple enfriamiento. El crecimiento de los salarios debiera mantener un ritmo sólido, mientras el poder de compra de los hogares debiera beneficiarse de una inflación más baja. Las instituciones financieras habían acumulado antes de la crisis utilidades sustanciales que debieran permitirles absorber el golpe. Las empresas norteamericanas presentan balances satisfactorios y la depreciación del dólar debiera ayudarles en su capacidad exportadora: el comercio exterior sostendría el crecimiento en un 0,7% en 2008. En fin, permanecen márgenes de maniobra presupuestarios y monetarios para enfrentar un eventual inicio de recesión.
En sentido inverso, la desaceleración del consumo y sobre todo la gravedad de la crisis inmobiliaria alimentan las inquietudes. Y según el Nacional Bureau of Economic Research, la economía norteamericana registró diez recesiones desde 1945 y diez de ellas fueron precedidas de una corrección de la actividad inmobiliaria. Probablemente en base a consideraciones de este tipo la Reserva Federal disminuyó nuevamente a fines de octubre la tasa de los Fed Funds.
La disminución de tasas en EE.UU. agravará la caída del dólar contribuyendo a su empuje comercial, pero afectará a Europa. La subida del petróleo tiene sus propios efectos colaterales sobre el crecimiento económico y sobre los precios. La inflación en los países de la eurozona experimentó un aumento interanual del 2,1% en septiembre, cuatro décimas más que en agosto. La inflación supera así el objetivo del 2% anual que se ha fijado el Banco Central Europeo. Las exportaciones europeas están respondiendo bien hasta ahora porque la industria ha hecho un gran esfuerzo de reconversión en los últimos años, pero el nivel actual del euro planteará problemas de competitividad en diversos mercados. Crece la preocupación por la elevada cotización del euro con respecto al dólar estadounidense, el yuan chino y el yen japonés y los europeos invitan a las autoridades estadounidenses a que sigan manteniendo que están a favor de un dólar fuerte; a las japonesas, para que el yen recoja los fundamentos de su economía; y a las chinas, para que fomenten el aumento del consumo interno y mejoren la flexibilidad del yuan, todos hechos que muy probablemente no ocurrirán.
Por su parte, el crecimiento de la economía china supera el 11% al año, contra poco más de 2% en los países desarrollados previsto para 2007-2008. Los ingresos de los hogares chinos se incrementan fuertemente, y la mayor parte de los nuevos recursos los invierten en la bolsa, generando una burbuja financiera que no debiera estallar antes de 2011 o 2002.
En suma, no debiera terminar aún en crisis el reciente quinquenio de oro, que se ha traducido en una aceleración del precio de las materias primas y en la irrupción de China e India como nuevos motores de la economía mundial, precisamente porque están en situación de compensar con su dinamismo en buena medida los resfríos de EE.UU y las dificultades de Europa.

jueves, 25 de octubre de 2007

Intervención Universidad Santo Tomás

FORO SOCIAL, SEMINARIO “CRISIS NACIONALES EN LA HISTORIA DE CHILE”


Universidad Santo Tomás
Centro Innovación Pública
14 de julio 2007


Panel sobre Aspectos Políticos e Institucionales
- Carlos Larraín P., Presidente Renovación Nacional.
- Gonzalo Martner F., Ex Presidente Partido Socialista de Chile
- Joaquín Lavín I., Ex Candidato a la Presidencia de Chile.
- Adolfo Zaldivar L., Senador PDC Undécima Región.



Presentación de Gonzalo Martner (transcripción corregida)

Me interesó y acepté participar en este panel porque la invitación es a debatir acerca de algo que me parece esencial: no sólo los temas que podríamos llamar propios de “la razón instrumental”, que más o menos están en el debate político cotidiano, sino acerca de si hay o no en el país situaciones de crisis en los valores, en aquello que da lugar a la convivencia colectiva. Creo que las otras intervenciones nos han efectivamente incitado a un debate sobre la pregunta de si estamos o no en situación de construir en Chile unos mínimos valores compartidos.

Y quiero entonces hacer unos comentarios muy breves respecto a las intervenciones que escuché. Respecto al profesor Villalobos, debo decir que no comparto prácticamente nada de lo que dijo pero me encanta su interpelación honesta como un republicano auténtico, de ideas más bien conservadoras, desde mi punto de vista por lo menos; pero me parece estimulante el recorrido que hace de las situaciones que considera que deben ser dignas de alerta y de debate.

Quiero hacer dos defensas. Primero del fútbol, que creo que fue injustamente, por parte del profesor, calificado de manera un poco dura. En un artículo algo antiguo, Vargas Llosa se preguntaba: ¿por qué el fútbol suscita estas pasiones tan fuertes? Y contestaba que probablemente para las personas comunes y corrientes el poder identificarse con una parcialidad sometida a contraste, con unos que juegan para un equipo y otros que juegan para otro y que quieren vencerse, pero en el marco de un conjunto de reglas establecidas, y de arbitrajes, es lo que genera esta adhesión. Se trata de una forma de juego y de competencia humana sujeta a reglas claras, que contrasta con la ley del más fuerte y el abuso que prevalece en muchos aspectos de la vida en nuestras sociedades. Creo que hay allí, más allá de la pasión, más allá de la dimensión subjetiva, una apreciación positiva a la que adhiero de esto que el profesor Villalobos llamó opio moderno.

Pero, además, quiero hacer una defensa que me parece muy necesaria de la figura de la Presidenta de la República. Yo he leído cartas a los diarios previas de parte del profesor Villalobos: su postura no es de ahora, era de la campaña presidencial, y la respeto. Pero creo que hay una equivocación profunda en considerar que la actual Presidenta de la República no tendría la autoridad, la prestancia para ejercer el cargo. Yo quiero decir todo lo contrario, dicho sea de paso desde la posición de no tener vínculos de ninguna especie que no sean los de adhesión política y personal de mi parte con el gobierno. Yo no ocupo cargo gubernamental alguno. Lo que pasa es que la Presidenta tiene un estilo, una prestancia, una autoridad distinta, y que debemos – creo - saber apreciar en lo que vale. Es cierto que posee un modo de gobernar que presenta un cierto contraste respecto de aquel del Presidente Lagos, por ejemplo. Pero convengamos que hay algo allí de crítica conservadora, en el sentido de una cierta resistencia a lo nuevo. Hay un nuevo estilo de representar la política, que de algún modo también promovió en su momento Joaquín Lavín. Yo tengo muchas discrepancias con él pero comparto la búsqueda de innovar que él ha tenido, entre otras cosas porque desafió a mi propio campo político a hacer las cosas mejor.

Pero la Presidenta Bachelet es mucho más que un nuevo estilo, al que hay que estar abiertos. Hay que recalcar lo que créanme existe en nuestra Presidenta de la República, que es su muy fuerte carácter. Una mujer que ha sido capaz de sobrellevar tan positivamente y tan abiertamente las difíciles circunstancias que le tocó vivir le permite hoy día ser alguien que, creo, logra unir a Chile frente a sus heridas profundas antes que desunirlo como nadie ha podido hacerlo, y al mismo tiempo desarrolla un programa de gobierno que rendirá sus frutos. Este es un logro muy importante, y así lo recogerá la historia de Chile, más allá de la relevante cuestión de que esta nación se atrevió por primera vez a confiarle su destino a una mujer, dando un ejemplo en nuestro continente y abriendo el camino a las nuevas generaciones de mujeres, y de hombres, para vivir en un país más igualitario.

Dicho lo cual quisiera referirme también a las otras intervenciones. Decía el profesor Frontaura que había que buscar un diálogo republicano, pero agregaba, si no entendí mal, que con la búsqueda de la verdad objetiva y de la distinción entre lo bueno y lo justo. Desde un terreno cultural y político que no es el que él representa, acepto el desafío. Sólo que con una afirmación: no existe una sola verdad y menos la "verdad objetiva" en los asuntos humanos. Quien así lo pretende es porque, y así lo demuestra la historia con tan abundantes ejemplos, considera necesario dominar y sojuzgar a otros en función de su particular visión de mundo, a los distintos de cualquier índole, que por supuesto le resistirán.

No es este el momento y lugar para hacer un debate de epistemología, pero convengamos que la completa separación entre sujeto y objeto, más o menos factible en ciencias lógico-matemáticas y naturales, no es posible en ciencias humanas, y menos aún en las visiones de mundo y las culturas. Esta separación solo puede ser relativa en este campo, en el que existen distintas verdades, todas ellas muy respetables en tanto y cuanto, y ahí hacemos la conexión con el desafío propuesto, se reconozcan ciertos valores compartidos, sin los cuales dejan de ser tan respetables. Cuando escucho la intervención del catedrático Fermandois, que sigue justificando la dictadura y la persona de Pinochet, y extiende la justificación hacia la dictadura militar brasileña (afirmando algo así como que hubo cosas que no fueron muy simpáticas, pero sin importancia frente al tema de fondo que habría sido sacar al país de una crisis), yo sigo diciendo: aquí hay una barrera ética profunda, que ningún discurso con ropaje académico puede soslayar. Si de algo sirve el que podamos compartir estas reflexiones, es para hacer distinciones pertinentes acerca del bien y el mal, acerca de lo justo y lo injusto. Habrá siempre distintas interpretaciones de la historia, habrá respetables verdades y enfoques de cada cual, pero hay ciertas mínimas verdades que debemos proponernos construir en conjunto en función de valores que nos sean comunes y podamos transmitir como tales a las nuevas generaciones. Ejemplo: los problemas de la democracia -ya lo decía Lincoln- se solucionan con más democracia y las violaciones de los derechos humanos son inaceptables e injustificables en cualquier tiempo y lugar, pues siempre los seres humanos tenemos la posibilidad de optar por respetar y proteger la humanidad de los que piensan distinto de nosotros o incluso de los que actúan contra nosotros. Este es uno de los fundamentos éticos de la democracia moderna. Compartámoslo. Estos son procesos, es un trabajo lento, y yo tomo este diálogo como parte de algo que, me doy cuenta, hay que seguir todavía construyendo con paciencia en el largo camino de la modernidad al servicio de los derechos, las libertades y el bienestar del hombre que, en mi caso, entiendo han ido abriendo las sociedades con avances y retrocesos desde la Ilustración y que debe seguir su curso.

Hablemos ahora de las crisis. Si uno toma la palabra crisis como una cierta acumulación de circunstancias de ruptura e inestabilidad, o en el extremo como una situación en donde lo que existe está cerca de derrumbarse, yo diría que es bastante difícil caracterizar la situación chilena como una situación de crisis. Y creo que ese es el mérito de todas las fuerzas políticas chilenas, incluidas las que han puesto trabas de todo tipo a la construcción de una democracia digna de ese nombre pero al final se han ido resignando a la inevitabilidad de la recuperación democrática como el necesario destino de Chile. Creo hemos sabido conducir al país desde una crisis profunda y rotunda en sus bases morales de convivencia, instalado en la violencia y el abuso desde el vértice del Estado, hacia un Estado de derecho, imperfecto; una democracia, imperfecta; un tipo de convivencia social, imperfecta. Pero con todas las imperfecciones incluidas, la recuperación democrática que hemos protagonizado nos permite decir con la frente en alto: “estamos legando un país en el cual no hay desapariciones, no hay exilios, no hay torturas, hay libertades, progreso social y económico, elecciones periódicas, instituciones funcionando y perfeccionándose, legítimos debates, como este, y eso es un inmenso progreso que, lejos de ser una crisis, habla bien de la capacidad reciente de Chile de evolucionar frente a sus problemas".

Pero para que las cosas evolucionen bien, no hay que perder nunca el espíritu crítico, nunca. Jamás hay que perder la capacidad de indignarse frente a lo injusto. Quien tenga legítimas indignaciones frente a cualquier acto gubernamental, o de cualquier entidad con significación social, de corrupción, de mala gestión, de lenidad, de caminos equivocados, de políticas erróneas, de situaciones inadmisibles, expréselo y dígalo. Y mientras más, mejor, como más o menos ocurre en Chile, menos de lo que debiera en mi opinión. Pero eso no es sinónimo de crisis.

Uno no puede actualmente avizorar una situación de crisis política: hay tensiones políticas, hay escaramuzas naturales propias de la vida política, mi impresión es que lo que tenemos es una evolución en los dos campos principales con unos debates interesantes, positivos, de los cuales muchos de los que estamos acá somos partícipes, pero no una situación de crisis. No hay crisis política en Chile, aunque algunos en la derecha de irreductible espíritu más o menos faccioso quisieran que hubiera. Sabemos los chilenos lo que es una crisis política, y no es el caso en la actualidad.

No hay crisis económica tampoco, estamos creciendo a una tasa este año del orden del 6%. Se están creando 200.000 empleos al año, lo que es una cifra muy importante. En una mirada más larga, recalquemos que hemos logrado crecer desde 1990 a una tasa por habitante de 4% al año, que duplica la del régimen militar y del período democrático previo. Se dispone ahora como país más del doble de bienes y servicios que en 1990. El esfuerzo actual es acelerar ese ritmo. Así y todo, si no se lograse, con las tasas de crecimiento por habitante del 4% al año Chile va a tener el nivel de vida de la España de hoy hacia el 2025. Si aceleramos, será antes. Eso no es una crisis.

Si creo que hay una crisis social y una crisis cultural, eso sí en otra acepción de crisis, de crisis como aquella situación en la cual lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. En ese sentido tenemos una crisis social, se ha descrito en varias de las intervenciones. Yo digo, con mi propio énfasis, una crisis de desigualdad intolerable. El espacio en que convivimos, o convivimos cada vez menos, se fractura. Tenemos unas ciudades - porque Chile ya es un país urbano con más de 20 ciudades con más de 80.000 habitantes - que crecientemente se polarizan territorialmente como expresión de la disparidad entre grupos sociales y de ingresos, en las que se generan problemas severos de convivencia e integración, con una cierta decadencia individualista de las normas sociales y también con violencias urbanas. Tenemos grados mayores de delincuencia, probablemente provocados entre otros factores por el consumo de drogas profundamente destructivas; y podemos seguir armando una lista relativamente larga y preocupante de temas en la materia.

Creo que tenemos, además, una cierta crisis cultural, con factores nacionales y globales, con un culto al presentismo, a lo inmediato, fácil y simple, con miedos al otro, con prejuicios clasistas y racistas, y con algunas formas de lumpenpolítica (el todo vale para razguñar parcelas de poder al margen de toda idea del interés general) y de videopolítica, como diría Giovanni Sartori, en la que solo se transmiten emociones del momento, todo lo cual no permite construir como debiéramos un proyecto nacional o un debate sobre sus componentes que sea a la vez ilustrado y abierto a todos, temas sobre los que el tiempo disponible no nos permite extendernos hoy.

Por mi parte quiero, respetando las verdades de otros, sugerir - en todo caso está ampliamente desarrollado en un libro que está en circulación - lo que pudieran ser algunos de los planteamientos desde el campo de la izquierda en Chile al que con todas sus luces y sus sombras yo pertenezco - a mucha honra - y que pudieran ser parte de los valores compartidos de nuestra sociedad, mientras otros temas y opciones sean parte del legítimo debate democrático y se diriman en virtud del principio de mayoría.

Primero, hagamos un cierto intento y digamos entre todos: “el tema de los Derechos Humanos no debe ser un asunto de polémica política contingente”, sino que debe presidir nuestra convivencia con el compromiso de todos, tal como está formulado en la declaración universal del año 1947 y los pactos posteriores de derechos económicos, sociales y culturales que Chile ha suscrito. Pongamos sus principios formalmente en una nueva Constitución, porque en la actual tan remendada -lo que ya es un mérito si nos fijamos en su insólitamente antidemocrática versión original- no lo están sino en forma indirecta, y solo gracias a la reforma de 1989 que hace alusión a los tratados suscritos por Chile. Hagamos de esos derechos el fundamento de los valores esenciales compartidos por todos en un proceso de refundación republicana. Hagamos un esfuerzo colectivo de pedagogía política que consagre un país pacificado. Y lo digo sin ánimo de polémica, sino para que todos podamos decirles a nuestros hijos: “Chile tuvo crisis muy importantes, muchos fuimos actores y responsables de esas crisis (aunque no es mi caso en lo personal por razones de edad), unos bastante más que otros, pero aprendimos la lección y queremos legar unos valores civilizados de convivencia colectiva”. Nadie debiera por tanto oponerse a que tengamos un día nacional que celebre los derechos humanos, como acaba de ocurrir con la derecha, que parece tener pocas aptitudes para aprender y mirar al futuro…

Segundo, establezcamos solemnemente que la democracia es la expresión institucional de la posibilidad de que esos derechos constitucionalmente establecidos tengan la capacidad de sobrevivir a los conflictos políticos y que sean respetados en toda circunstancia. Hagamos un compromiso colectivo, de todo el espectro político, para que cualquier situación de confrontación, por aguda que fuese, sea resuelta por las vías de la democracia y no con Golpes de Estado en alianza con poderes imperiales, como el promovido contra el Presidente Salvador Allende; ni que la lucha contra las desigualdades incluya inclinaciones insurreccionales como las que equivocadamente nosotros promovimos, más de palabra que de hecho, en los años 1960 y como parte de nuestra voluntad -que mantenemos- de luchar por cambios radicales frente a las injusticias sociales intolerables existentes en nuestro país. A la larga, no ha estado en el alma auténticamente republicana de la izquierda chilena realizar su proyecto libertario y de igualdad social al margen de la democracia.

Tercero, establezcamos defensas comunes de conceptos esenciales para la legitimidad de las instituciones y de la convivencia democrática, y que cada cual lo haga de acuerdo a los criterios que les resulten propios, como en particular: la soberanía popular como base del sistema político y de la representación democrática; la igualdad ante la ley y la ausencia de discriminación arbitraria; la primacía del mérito ante todo privilegio ilegítimo; la igualdad de oportunidades de acceso a los puestos públicos y a las distintas posiciones sociales, complementada por el deber de asistencia a las personas y grupos en estado de necesidad, especialmente cuando se originan en condicionantes sociales que no les son atribuibles, y también complementada por el deber de aminorar las desigualdades ilegítimas; la neutralidad de la función pública; la equitativa repartición de las cargas públicas, incluidos los impuestos; la protección organizada frente a los grandes riesgos.

Cuarto, pongámonos todos de acuerdo para tener un Estado probo y castigar severamente el tráfico de influencias, el clientelismo y la corrupción. A la señora que está diciendo "aquí se están robando esto o aquello", le digo: créame que a mi señora me provoca como el que más un dolor profundo el que haya corrupción en cualquier ámbito de la vida pública, y así lo he dicho con anterioridad. Pero convengamos que no es posible garantizar la conducta de cada uno de los 450.000 funcionarios públicos; sería mentiroso por parte de una autoridad política decir “yo voy a asegurar que no exista ningún acto de corrupción”, o decir "yo voy a asegurar que no habrá ningún acto de delincuencia" porque eso no es posible. Más aún, cuando un Estado logra que no se hable, que no se conozcan hechos de corrupción, que desgraciadamente son consustanciales a las conductas humanas históricamente verificables, es porque se están escondiendo, o porque están institucionalizados. Pongámonos todos de acuerdo para decir, no que vamos a impedir la corrupción, pero sí que la vamos a combatir implacablemente y que en ninguna circunstancia la vamos a justificar. Eso sí podemos hacerlo y debemos hacerlo.

Quinto, también propongo, en el contexto del esfuerzo de construcción de valores mínimos que podamos compartir, que tratemos en la vida pública de no lanzarnos descalificaciones, y reemplacémoslos por juicios y opiniones a lo mejor fuertes, pero que siempre estén razonablemente fundados. Rechacemos la lógica televisiva del debate político actual, en que se busca la fórmula, la cuña (hay a mi lado un maestro en la materia -Joaquín Lavín- se lo digo respetuosamente) que tiende a disminuir la capacidad de realizar diálogos inteligentes e ilustrados, que son esenciales para que la vida democrática se cultive, se profundice y sea efectiva. La cuña que no explica, que no invita a razonar sino que busca manipular la emoción del momento, termina por empobrecer, irritar y alejar a los ciudadanos de la esfera pública.

Y creo que hay algo que debemos proponernos entre todos cultivar, y por eso me gustó la intervención del profesor Villalobos, que es el compromiso con la consideración hacia los demás. En definitiva, muchas de las cosas que él planteó se resumen en este concepto: pérdida de la consideración hacia los demás. Cuando esto ocurre en la televisión, en la calle, en la actitud de unos y otros actores en la vida colectiva, entonces se va perdiendo ese cimiento que nos permite vivir en común.

Poder vivir en común supone, además, mantener y defender convicciones. Desde que se inició la transición, se ha utilizado de vez en cuando la distinción que hizo el gran sociólogo alemán Max Weber a principios del siglo XX entre lo que el llamaba “la ética de la responsabilidad” y la “ética de la convicción”. El sostenía en 1919 que ambas eran dimensiones que consideraba legítimas pero en definitiva señalaba que había que optar por la ética de la responsabilidad, y relegar la ética de la convicción a un segundo plano. Esto se ha escuchado desde 1990 en personas de mi campo político frente a diversas controversias. Yo quiero invertir esa proposición y decir que hay que actuar con la ética de la convicción, porque la responsabilidad efectiva puede nacer sólo de la convicción. La apelación a la responsabilidad que aparentemente busca relegar los desbordes de las convicciones, en realidad no es sino un modo de actuar en política que busca imponer convicciones bien concretas: la defensa del statu quo.

Cuando se dice “usted debe actuar como yo le digo, porque usted tiene que tener un comportamiento responsable y basarse en la ética de la responsabilidad” entonces se está destruyendo aquello que es esencial: en la vida democrática no hay verdades absolutas, hay deliberación sobre posiciones basadas en convicciones e intereses. Reivindiquemos entonces a estas alturas la ética de la convicción: discutamos unos y otros en la sociedad de acuerdo a las convicciones de cada cual, develemos los intereses de cada cual, proceso del que surgirán con mayor probabilidad las conductas responsables que son indispensables para la convivencia social. La ausencia de deliberación en nombre de la responsabilidad no hace sino esconder la voluntad de imponer a los demás las convicciones propias. Eso no es aceptable para la vida democrática. Así, podremos concluir que, si esbozos de crisis pudieran haber en nuestra convivencia en algunos ámbitos, estaremos en mucho mejor situación de darles una solución con la voluntad colectiva de abordarlos que nace de la deliberación democrática y de la expresión de las convicciones. Muchas Gracias.

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