jueves, 18 de febrero de 2010

Entrevista en El Mercurio

"Se debe entender que ser DC no es lo mismo que ser de izquierda"

Actual embajador en España llama a fundar una Federación Progresista, que incluya al PS, PPD, PRSD y a los seguidores de ME-O, y desde ahí relacionarse con la DC.
Andrea Sierra
A exactos 21 días de dejar su cargo como Embajador en España, Gonzalo Martner ya llegó a Chile. Y aunque está aquí por vacaciones, desde Villarica prepara su retorno: en lo profesional a la Usach como profesor titular y en lo político a su partido, el PS, del que fue presidente, con varias propuestas bajo el brazo.
"A mi generación le va tocar una experiencia nueva: nunca hemos sido oposición en democracia", dice.
-¿Y que rol deberá jugar en este nuevo escenario?
"Lo que esencialmente cabe hacer es reunificar todo aquello que estaba resquebrajado. Desgraciadamente aquí se resquebrajó el partido socialista, el mundo progresista y la Concertación. Desde hace unos años las directivas socialistas dejaron de representar lo que los socialistas somos. Cuando el PS renunció a toda reforma tributaria en el gobierno de Bachelet y a su vez levantara la postulación del Presidente Frei yo dije 'acá tenemos un grave problema: hemos dejado de ser lo que somos'".
-¿A qué se refiere?
"He visto a la actual directiva del PS que ha reaccionado al nuevo gabinete señalando que expresa a un conjunto de personajes que vienen de la actividad privada. A mí me parece que mezclar la política y los negocios es muy negativo, pero si uno tiene un poco de honestidad no se puede menos que constatar que connotados personeros del gobierno de los últimos años también provenían de directorios de grandes empresas. Entonces yo me pregunto: si nosotros criticamos a Sebastián Piñera porque pone a gente del directorio en su gabinete. ¿Esa no es una queja válida para nosotros?"
"Hay que hacer una oposición que se haga cargo también de lo que nosotros hicimos mal"
-¿Es posible seguir con la Concertación?
"Yo creo firmemente en la continuidad de la Concertación, pero de otra manera".
-¿Con los mismos integrantes?
"La agenda progresista en la Concertación, tal como ha existido en los últimos años, ha sido vetada en aspectos valóricos o culturales. Un ejemplo: la entonces diputada PS Fanny Pollarolo a mediado de los 90 trató de buscar un acuerdo para plantear el derecho a abortar en Chile. Yo le dije que eso significaba que se rompía la coalición de inmediato y que no era el momento. 15 años después yo creo que las mujeres en Chile tienen ciertos derechos que les son propios y no tenemos porqué, los que somos progresistas, negárselos porque estamos en una determinada coalición política".
-¿Qué plantea entonces?
"Chile tiene que seguir modernizándose e incluir el derecho al aborto, a un estado de bienestar sustentado por la reforma tributaria y negociación colectiva de manera generalizada. El mundo progresista tiene que luchar por ellos y por lo tanto, tiene que reconstituirse programáticamente. Entre socialistas, PPD y PRSD no hay ninguna diferencia esencial en estos aspectos. Hay que federarse y llevar adelante una agenda política".
-¿A qué se refiere?
"Tiene que armarse una federación progresista al más breve plazo que invite también a quienes han seguido a ME-O y que de ese modo tengamos en Chile una expresión progresista clara, nítida, con oferta al país. Esto no supone romper con la DC ni mucho menos, sino pedirle a la DC que siga con su camino, con sus propios temas, sus propias preocupaciones, que los ciudadanos entiendan que la Concertación no es un partido único de centro, sino que es la reunión de un centro cristiano con una izquierda democrática, y nosotros desde el ámbito de las fuerzas progresistas tenemos que reconstituir nuestra agenda".
-¿Qué significa que la DC siga su camino?
"Se debe entender que ser DC no es lo mismo que ser de izquierda. Ser DC significa tener un vínculo con las normas que la iglesia pretende establecer en la sociedad que para la izquierda no son tolerables. Por tanto, reconozcamos y en ese sentido cada uno debe ser claro en lo suyo. Lo cual no impide colaborar en otras cosas".
-¿Cómo?
"Por ejemplo, que tengamos candidato a presidente común en primera vuelta, que para elegirlo tengamos primarias entre nosotros, entre el PPD, el PS y el PRSD ; y que con la DC tengamos un apoyo mutuo en segunda vuelta. Que en materia programática busquemos tener un programa común en la federación, que tengamos lista común de concejales".
-¿Qué hará el PS para llevar a cabo la Federación Progresista?
"Al interior del PS hay quienes no creen mucho en estas cosas. Hay quienes creen que hay que mantener dispersa a la izquierda, para así buscar una alianza privilegiada con la DC y de esa manera dar vida a la Concertación como una especie de conjunto de acuerdos para la conquista del poder burocrático del Estado. A aquellos es a quienes los chilenos dijeron "no más", dándole el 20% de apoyo en primera vuelta a ME-O y en segunda dándole el triunfo a Piñera. Entonces, hay que hacer un giro, una rectificación, y no a costa de decir que el progresismo no exista en Chile".

lunes, 1 de febrero de 2010

La Crisis y el Estado Activo

Intervención en la presentación de mi nuevo libro La crisis y el Estado activo, que trata sobre la intervención del Estado en la economía a la luz de la crisis actual, junto a Enrique Iglesias y José Luis Gurría, en la sede de la Secretaría General Iberoamericana, en Madrid, el 1 de febrero de 2010.

El siglo XX fue testigo de la Gran Depresión que entre 1929 y 1933 arrojó al desempleo a millones de personas. Los inicios del siglo XXI han conocido, por su parte, la Gran Recesión de 2008-2009, la que ha sido enfrentada con bastante éxito por planes de estímulo de gran envergadura, recogiéndose en parte las enseñanzas de la Gran Crisis. Pero diversos gobiernos, especialmente el de Estados Unidos, cometieron graves errores que originaron la actual situación, especialmente al desregular el sistema financiero, en un contexto en el que durante más de treinta años prevaleció la idea del “retiro del Estado”. Frente a la magnitud de la crisis que se ha vivido, resuena irónica la afirmación de Robert Lucas, de la Universidad de Chicago en 2003, según la cual “el problema central de la prevención de depresiones ha sido resuelto”, afirmación sustentada en la sempiternamente errónea fe -porque se trata de una creencia y no de una hipótesis teórica más o menos sustentada en la evidencia- en la capacidad inherentemente autoregulatoria de los mercados, incluyendo los financieros.

La paradoja es que mientras el enfoque dominante fue generando las condiciones para la crisis financiera más importante que haya conocido la historia de la humanidad y para una crisis económica solo comparable con la de 1929, en la práctica en muchas áreas, y por la fuerza de la realidad de las sociedades modernas, los órganos de gobierno continuaron realizando un importante número de tareas y empleando un volumen considerable de recursos al iniciarse el siglo XXI, en la mayoría de los casos muy superior al de la etapa de construcción inicial de los Estados de bienestar. Así, la crisis actual ha permitido mirar mejor la historia reciente y reforzado la idea de que los gobiernos tienen roles estabilizadores, redistribuidores y de provisión de bienes públicos que son insustituibles, temas que son tratados en detalle en el libro.

En América Latina, el impacto de la crisis de los años treinta y de la segunda guerra mundial fue devastador. Pero dio lugar a una posterior recuperación en base a dejar de lado la ortodoxia y establecer esbozos de política industrial (incluyendo la política de sustitución de importaciones, que en muchos casos no fue una opción sino una obligación frente a la ausencia de alternativas en un mundo fragmentado por la crisis y la guerra) y de política social cuyos resultados no fueron del todo negativos, contrariamente a la narrativa neoliberal tan repetida en las últimos tres décadas. Los años del desarrollismo latinoamericano permitieron sostener tasas de crecimiento relativamente elevadas (de 3,9% al año del PIB por habitante entre 1960 y 1980 para el conjunto de América Latina y el Caribe), inferiores a las del sudeste asiático pero bastante superiores a las de la “década perdida” de 1980-1990 (-0,4%) y las de los años 1990-2004 (1,1%), según los datos del Banco Mundial. El quinquenio de oro 2004-2008, que vio emerger un conjunto variado de políticas no ortodoxas y se benefició de un ciclo al alza en los precios de las materias primas, permitió tasas de crecimiento muy superiores a las período neoliberal y avances en la disminución de la pobreza que se vieron interrumpidos por la crisis en curso.

A su vez, el desempeño de América Latina en la actual crisis ha sido bastante positivo, gracias a una visión más activa del rol gubernamental en la regulación macroecónomica, con políticas fiscales contracíclicas

Con la crisis actual entramos en una nueva fase, imprevista y para muchos imprevisible, la del retorno del Estado. Se ha creado ya un nuevo clima intelectual, que busca dilucidar cuales serán las proporciones, modalidades y profundidad de este retorno del Estado de difícil predicción, pero que en todo caso incluye hechos tan inéditos como que General Motors, símbolo del capitalismo norteamericano de posguerra, está hoy en manos del gobierno. En esta perspectiva, el libro propone revisitar los fundamentos de la intervención del Estado en diversas áreas, y estimular al lector a reabrir pistas de reflexión por largo tiempo relegadas a un segundo plano en el análisis de los avatares de la economía. Se puede inferir de su lectura cinco tesis.

Tesis 1: En economía, cabe mantener el espíritu crítico y el respeto por la evidencia. La crisis actual mostró una vez más que la teoría económica no es una ciencia exacta, que la actual corriente dominante es frágil y se constituyó en una moda –el efecto manada también existe entre los intelectuales- marcada por prejuicios ideológicos. El “main stream” económico terminó por actuar no solo con su tradicional arrogancia sino con franca ceguera frente a los trastornos y burbujas financieras que se desplegaban ante sus ojos, mucho mejor explicadas por las corrientes económicas heteredoxas que constatan que los mercados son inherentemente inestables y que requieren de regulaciones públicas para funcionar y para producir resultados sociales y ecológicos medianamente aceptables.

Tesis 2: Ni el Estado ni los mercados son siempre malos ni siempre buenos. Los gobiernos deben ser el soporte institucional de los intercambios, y ser una factor de coordinación y control de los efectos positivos y negativos de las transacciones privadas sobre terceros (las llamadas externalidades), y a la vez asegurar la provisión de bienes públicos, la estabilización y redistribución de ingresos y activos, la regulación macroeconómica fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos. Existen sólidos argumentos racionales para la intervención del Estado frente a mercados inestables e incompletos que contradicen la tesis del Estado inevitablemente depredador.

Tesis 3: El mejor Estado no es el más pequeño ni el más grande, es el mejor diseñado para cumplir los fines de disminuir la inestabilidad e inequidad de los mercados, y en general las tareas antes descritas y los fines que la sociedad determine –de preferencia con uso intensivo del conocimiento y la investigación especializada en políticas públicas- en base al control de los gobiernos por los ciudadanos y una democracia fuerte y efectiva,. El mejor Estado es el que democráticamente es capaz de gobernar al poder económico y someter los intereses particulares al interés general, especialmente en materia de estabilidad, seguridad y equidad y le preservación de los intereses de las futuras generaciones, evitando la descarga sobre ellas de deudas que financian un exceso de consumo presente y modelos productivos que penalizan y destruyen el ambiente y la biosfera.

Tesis 4: En América Latina, los gobiernos progresistas que han emergido más o menos con el nuevo siglo tuvieron razón en abandonar el consenso de Washington (desregular, privatizar, disminuir el gasto público, liberalizar indiscriminadamente). Se constató una mejoría de las políticas macroeconómicas desde el inicio del siglo XXI y se logró más que en otras etapas mantener niveles consistentes de inversión pública y de gasto social, financiados por impuestos y no mediante un déficit estructural e inflación, y mantener políticas fiscales anticíclicas y cambiarias flexibles. El estudio Panorama Social de América Latina 2009 de la CEPAL "muestra que hemos avanzado en el combate a la desigualdad en la distribución del ingreso en la región, tanto que entre 2002 y 2008 en siete de los 18 países estudiados disminuyó la desigualdad, mientras que aumentó en sólo tres" en contraste con la regresión social generalizada sufrida durante la ola neoliberal.

Tesis 5: Las estrategias de salida de la crisis deberán contemplar un doble desafío: en el corto plazo, mantener el estímulo de la demanda mediante políticas fiscales expansivas y déficits públicos que compensen la caída del consumo y la inversión; en el largo plazo, velar por la sostenibilidad de la deuda pública. Se trata de crear empleo en el corto plazo mediante estímulo fiscal y realizar acciones hoy que reduzcan el déficit más tarde, en particular fortaleciendo los sistemas tributarios y creando condiciones sustentables para los sistemas de pensiones y de salud, y en general para el gasto público. En ese doble desafío se juega el progreso, la estabilidad y el futuro democrático de América Latina, tan duramente conquistado.