miércoles, 11 de septiembre de 2013

Pasado y presente en Chile

¿Por qué los acontecimientos desencadenados a partir de septiembre de 1973 siguen tan presentes en Chile y tan vivo el dolor que provocan? Los que vivimos en el exilio en Europa no percibimos una situación semejante respecto de la segunda guerra mundial, por ejemplo, cuando llegamos allá unos treinta años después de su término. Los sufrimientos humanos habían sido gigantescos, pero los responsables históricos estaban claros, se había hecho justicia y probablemente eso permitía que la sociedad pudiera mirar adelante en base al ideal democrático y de integración. ¿Será que, en cambio, el tema del Golpe de 1973 funciona en nuestro país como lo que el sicoanálisis denomina un trauma no superado, que se transmite además a las nuevas generaciones? La hipótesis de que en Chile nuestro trauma, grave, pero de una magnitud no comparable con una guerra mundial, no ha sido adecuadamente procesado, en detrimento de la convivencia en el presente, es digna de ser explorada.

Primero, el reconocimiento de los hechos es equívoco y con ribetes perturbadores. Los autores militares del Golpe y los autores civiles y sus herederos suelen minimizar y justificar lo que hicieron, con la notable excepción parcial del Ejército que en 2003 enunció una posición institucional que reafirmó la sujeción al orden democrático y el compromiso de no repetición de violaciones de derechos humanos. Los civiles de derecha no mencionan el hecho histórico bastante bien documentado de que en los planes de personeros como Jorge Prat y Sergio Jarpa, al menos desde los años de la reforma agraria de Frei, como también en la mente de los jóvenes integristas agrupados por Jaime Guzmán, estaba establecer una dictadura de tipo franquista en Chile. Lo propio ocurría con corrientes militaristas al interior de las FF.AA. No nos olvidemos que intentaron realizar un golpe en 1969 contra Frei y luego otro en 1970 para impedir que asumiera Allende.

Estos actores de la vida política vieron realizado en 1973 su proyecto y lo abrazaron con entusiasmo, pues terminar con la democracia era su propósito. Su convicción, en medio de la guerra fría, era que la democracia era débil para confrontar “los avances del comunismo”, con el trasfondo de pérdida de hegemonía social de las oligarquías tradicionales desde los años 20. Jarpa y los del Partido Nacional no han hecho reconocimiento alguno al respecto. La UDI tampoco, aunque sus miembros fueron un soporte principal de la dictadura y de su intento de prolongación a través del diseño de una “democracia protegida”. En 2003 hizo un planteamiento equívoco sobre derechos humanos, proponiendo una medida tan éticamente inaceptable como la indemnización económica a las víctimas a cambio de renunciar a la justicia, que era lo que en definitiva les interesaba. Y han insistido en que ciertos líderes algo intentaron para proteger a conocidos suyos que eran violentados, generando la molestia del jefe de los torturadores, lo que contrasta con la defensa gremialista acérrima del régimen de fuerza y de sus aparatos de represión, según se puede comprobar con una simple revisión de la prensa de la época.

La negación de hechos dolorosos, siempre según el sicoanálisis, permanece en el inconsciente individual y a la larga vuelve a manifestarse y provocar sufrimiento. Eso es parte de lo que pasa socialmente en Chile hasta hoy, con una variante que aumenta el trauma: el exasperante intento de transferir la responsabilidad de los victimarios a las víctimas. Leo el 2 de septiembre de 2013 (sí, cuarenta años después) al senador Espina de RN que declara: “Nosotros debemos ser claros en decir que la izquierda fue culpable de lo que ocurrió el 11”. Esto es trastocar de manera perturbadora la realidad histórica: los responsables del Golpe fueron los golpistas, no el gobierno que fue víctima del Golpe Militar ni sus partidarios. Sin ese punto de partida nunca será posible procesar civilizadamente nada en esta materia.


Que el contexto histórico influyó en la conducta de los actores políticos de la época, que todos fueron parte de la polarización y todo lo demás, por supuesto que es relevante (aunque muchos nos podrían ahorrar ahora sus perdones personales balbuciantes y televisivos que no vienen francamente al caso). La insistencia en el contexto es digna de discusión, incluyendo el análisis de los desórdenes políticos y económicos que el conflicto de la época agudizó al extremo, la fiereza y violencia de la oposición, el boicot norteamericano, las incoherencias de la UP, la expansión inmanejable de la demanda de consumo, la exasperación de las clases medias frente a la escasez, la ausencia de firme acotamiento de los cambios de propiedad, los desbordes de ocupación de pequeñas propiedades por la extrema izquierda, todos temas que el gobierno debiera haber enfrentado con una eficacia que no demostró. Todo esto fue más tarde objeto de interminables debates y autocríticas en la izquierda y ha sido una lección razonablemente aprendida. Pero este debate no debe esconder que quienes quisieron e hicieron el golpe fueron unos y quienes se opusieron a él e intentaron evitarlo fueron otros.Reconozcamos los hechos antes de hacer interpretaciones: a) hubo un Golpe de Estado cuyos autores fueron los golpistas que conspiraron y lograron conformar una Junta Militar e instigadores y cómplices que le prestaron apoyo (la derecha civil, la gran mayoría de la Democracia Cristiana, el gobierno de Nixon y la dictadura brasileña); b) este golpe tuvo como finalidad interrumpir violentamente el régimen de libertades propio de la tradicional democracia chilena, para algunos por tiempo indefinido, para otros temporalmente, y, c) hubo quienes lo apoyaron y hubo quienes lo rechazaron, empezando por el Presidente Allende —que prefirió soportar un bombardeo y finalmente suicidarse antes que rendirse a los golpistas— y por sus partidarios, así como por un Comandante en Jefe y un Director General, todos respetuosos de la Constitución (el Almirante Montero y el General Sepúlveda Galindo), así como por muchos oficiales y soldados que no dudaron en ceñirse a la tradición constitucionalista de las FF.AA en contra del golpismo militar. Los que no lo hicieron no pueden escudarse en que no tenían otra opción, porque sí la tenían, como lo demostraron con coraje parte de sus camaradas de armas.

Segundo, hay quienes combinan la negación o el intento poco ético de querer trastocar las responsabilidades con una variante: la idea de la legítima defensa. Lo más persistente sigue siendo atribuirle al Partido Socialista que preparaba desde 1967 una insurrección. Es cierto que una resolución en un congreso de ese año señaló que “las formas pacíficas o legales de lucha (reivindicativas, ideológicas, electorales, etc.) no conducen por sí mismas al poder. El Partido Socialista las considera como instrumentos limitados de acción, incorporados al proceso político que nos lleva a la lucha armada”. La idea simplista de que el Estado es burgués por esencia, que sus cuerpos armados siempre actúan a favor de los intereses de los privilegiados y de Estados Unidos, que inevitablemente reaccionan con violencia ante procesos de cambio que promovieran los intereses de la mayoría popular, estaba presente en el PS y en parte de la izquierda. La conclusión era procurar acumular una fuerza equivalente o superior a la del Estado para derrotar la fuerza armada de las clases económicamente dominantes. La guerra de Vietnam y el avance de las dictaduras militares en América Latina (Brasil, Argentina, Bolivia, entre muchas) abonaban este análisis que creía que un golpe vendría a la brevedad en Chile.

Pero prevaleció otra respuesta, la de que en Chile tenía sentido que la izquierda recorriera el camino democrático, argumentando que las FF.AA. tenían un componente constitucionalista, que no necesariamente estaban al servicio de la clase burguesa o del imperialismo externo, y que se debía construir mayorías en contextos institucionales para hacer avanzar unos cambios que Eugenio González llamada “revolucionarios en sus fines y democráticos en sus métodos”, básicamente una reforma agraria, una nacionalización del cobre y crear una industria nacional para sustentar mejorías del nivel de vida de la mayoría popular. Se trataba del proyecto del socialismo histórico chileno expresado en el programa de 1947, encarnado por González y Ampuero, y que Allende sintetizó en 1971 en la idea de la “vía chilena al socialismo”. De hecho, en el PS, ya en 1967 no prevalecieron sus sectores “trotskistas” o guevaristas, pues eligió para dirigirlo al experimentado parlamentario Aniceto Rodríguez, cuya tarea no fue organizar la lucha armada sino, con éxito, una política consistente en persistir en la vía legal para alcanzar democráticamente el gobierno, con una amplia alianza con pleno respeto de las normas constitucionales. Desde 1971, el sector reformista fue desplazado, el PS pasó a promover el “avanzar sin transar” y mantuvo una estructura armada de poco alcance que proveía protección al presidente Allende (el GAP) y a algunos de sus dirigentes, bajo control del sector llamado ELN, ajeno a conductas ultraizquierdistas. En un contexto de gran tensión política, esto no significaba promover la lucha armada sino mantener una capacidad de autodefensa, que resultó ser bastante mínima (el MIR por su parte solo tenía una pequeña “fuerza central” con muy pocas armas), aunque abundasen las declaraciones de beligerancia y las expresiones de verbalismo revolucionario en el propio partido del presidente, lo que provocaba su recurrente irritación y le llevó a promover el reemplazo de la dirección en un congreso a realizarse en 1974. Esta retórica contribuyó a generar una percepción de amenaza inexcusable.

Pero no nos equivoquemos en el análisis: los que preparaban el Golpe de Estado no eran los socialistas ni la izquierda. La pretensión de que la responsabilidad de los actos propios es de terceros, es simplemente inaceptable desde el punto de vista de la ética pública. Lo es también en el derecho penal: el que asesina voluntariamente a alguien es objeto de atribución de responsabilidad, por mucho que el contexto explique su acto, incluyendo una eventual insoportable provocación de la víctima. El asesino es el asesino y la víctima, la víctima y la justicia debe actuar en consecuencia. Es la distinción entre justificar y explicar. El Golpe de 1973 tiene muchas explicaciones. Lo que no tiene es justificación, al menos, desde las convicciones democráticas. Distingamos entre ser responsable del Golpe, contribuir a la polarización y dar pretextos a los golpistas, de lo que el PS de la época sí es responsable y ha admitido a la postre formalmente. Una declaración de la Comisión Política en 2003 así lo hizo con claridad: del Golpe son responsables los que lo hicieron.

Estos construyeron en la época —y hay quienes todavía lo sostienen— el mito del Golpe de Praga que el PS y Allende habrían estado preparando. Se aludía no a la invasión soviética a Checoeslovaquia de 1968, como recientemente mencionó Allamand (basta mirar un mapa para darse cuenta de lo absurdo de la idea, no obstante utilizada en la campaña del terror de 1964 cuando se difundía que con Allende llegarían los tanques rusos a Chile, lo que provocó el quiebre de la amistad entre Allende y Frei), sino a la toma del poder por los comunistas checos que dominaban el gobierno en 1948 frente a una elección que iban a perder. En especial, Frei y Aylwin temían que el general Prats se prestara para algo que por lo demás ni el Presidente Allende, ni nadie en la izquierda, jamás le propuso, ni éste hubiera aceptado. Prats sí estaba dispuesto a destituir masivamente a los oficiales golpistas, a lo que Allende se negó porque consideraba que podía llevar a una guerra civil, según testimonio de Jaime Gazmuri en sus memorias, con lo que Prats terminó por renunciar, junto a una reacción frente a la deslealtad de muchos de sus generales.

El presidente Allende no podía estar más lejos de la idea de precipitar una guerra civil o un Golpe de Praga. Se aprestaba a llamar a un plebiscito el 11 de septiembre —lo que incluso llevó a Miguel Enríquez, advertido por Allende, a desmovilizar al MIR en los días previos— a propósito de la promulgación de una ley sobre áreas de propiedad (llamada Hamilton-Fuentealba) sobre la que había ejercido un veto. Hecho a tiempo (hubo una demora en la respuesta del PC, que fue positiva, contrariamente a la del PS), el anuncio hubiera evitado probablemente el Golpe. Éste se adelantó por los conspiradores, a los que se sumó a última hora Pinochet, para evitar una salida política que se hubiera encaminado a partir del discurso de Allende previsto para el martes 11 en un acto en la Universidad Técnica del Estado. Este adelantamiento no se produjo, como lo señala una cierta leyenda, por la irritación provocada por el senador Altamirano al reconocer que había sostenido una reunión con marinos antigolpistas. En caso de derrota en el plebiscito, lo que era probable, esto hubiera llevado al Presidente Allende a renunciar y a convocar a una nueva elección. Allende buscó hasta el final una salida política para evitar el Golpe Militar.

La lógica del Golpe de Praga y el mito de los miles de guerrilleros extranjeros fue, por su parte, la justificación de la mayoría DC para justificar entonces el Golpe: “El gobierno de Allende, movido sobre todo por el afán de conquistar de cualquier modo la totalidad del poder, había agotado en el peor fracaso la llamada vía chilena al socialismo y se preparaba para consumar un autogolpe de fuerza que habría sido terriblemente despiadado y sangriento, para instaurar una dictadura comunista”, según un documento del Consejo Nacional del 27 de septiembre de 1973. Esto fue reconocido más tarde por el Presidente Aylwin en su libro de 1998 como un error de hecho: “Aunque las irresponsables amenazas públicas de algunos líderes izquierdistas, sus simpatías con el régimen cubano, la existencia de brigadas populares armadas y la cercanía de algunos jefes militares al gobierno de entonces daban pábulo a esa opinión, los hechos demostraron que ese temor carecía de todo fundamento”. De paso, mencionemos que los archivos soviéticos dejan en clara evidencia que la URSS no apoyaba que en Chile se constituyera un gobierno satélite y que no podía sostenerlo.

Nadie en la izquierda estaba preparando un Golpe. Nadie. Algunos se prepararon para resistirlo, y me incluyo entre ellos, aunque era un adolescente militante del MIR de 16 años, pero esa es harina de otro costal. Hasta donde conozco, esto ocurrió puntualmente sólo en La Moneda —donde resistieron 27 personas el bombardeo—, en un par de fábricas de los cordones Vicuña Mackenna y Cerrillos, en la población la Legua, en Renca, en Valparaíso y en Macul, donde me encontraba, con medios patéticamente desiguales. A partir de ahí, los golpistas y sus cómplices transformaron a sus adversarios políticos (la izquierda política y social) en enemigos a eliminar por cualquier medio. Construyeron una idea de defensa propia —ellos o nosotros— frente a un supuesto diseño de exterminio, el completamente falso llamado “Plan Zeta”. Generaron el pánico en sus filas y, a partir de él, procedieron metódicamente al exterminio de la izquierda, sin tasa ni medida, brutalmente, asesinando, torturando, violando mujeres, encarcelando, exiliando.

Esos son los hechos. Negarlos o justificarlos no podrá ser nunca la base de una pacificación de los espíritus que dé lugar, poco a poco, a una superación del trauma y a una convivencia civilizada. Cuando las víctimas son designadas como responsables de sus sufrimientos por sus victimarios y por sus cómplices pasivos o activos, los que además los invitan a “reconciliarse”, estamos simplemente frente a una forma de perversión. No nos extrañemos entonces que las heridas no cierren. El camino por recorrer es aún largo para no quedar prisioneros de nuestro pasado. El dicho bíblico “solo la verdad nos hará libres” (Juan 8,32) es tal vez el que mejor resume, incluso para un ateo irremediable como el que escribe estas líneas, la tarea que a todos nos debe seguir convocando.

(Declaro para claridad de las cosas que no soy neutral frente a estos hechos, como ningún chileno que haya vivido esa época. Mi familia formaba parte de los partidarios del Presidente Allende. Por lo demás, mi padre fue su ministro de Planificación durante los tres años de la Unidad Popular, y heredé su testimonio de los esfuerzos incansables del Presidente Allende por evitar el Golpe. Mi padre participó en la redacción del discurso previsto para el martes 11 y fue parte de la discusión de escenarios en caso de perder el gobierno el plebiscito, de lo que también testimonia Joan Garcés. Sobre quien ejercía violencia en Chile en ese momento, puedo decir que la bomba puesta en nuestra casa familiar en la noche del 2 de septiembre, que destrozó una parte en la que me encontraba segundos antes, no fue puesta precisamente por la izquierda sino por los violentistas de derecha. Al rato llegó el Presidente Allende a solidarizar con mi padre y nuestra familia, en una escena para mi impresionante e indeleble. Al día siguiente, en una asamblea de mi colegio en que se discutía llamar a paro indefinido contra el gobierno, mencioné el bombazo y muchos lo aplaudieron. Así actuaban los adolescentes de derecha en esa época, azuzados por sus líderes. En todo caso, en mi colegio nunca lograron una mayoría para paralizar las clases, pequeño triunfo del que me siento hasta hoy orgulloso, aunque después del Golpe no pude volver a clases, claro. ¿Quién podrá convencerme, y como yo a tantos, que la violencia asesina no era de ellos, los golpistas, sino de nosotros, la izquierda?).

jueves, 5 de septiembre de 2013

Hacia un nuevo modelo

Columna publicada en La Tercera

EL SISTEMA político parece cerrarse cada vez más a la sociedad y aumentar la desconfianza en los ciudadanos, lo que éstos le devuelven con creces. No de otra manera se incuban las crisis; es decir, cuando las elites y el sistema político se divorcian de la sociedad. ¿Estaremos en presencia en Chile de un caso de lo que un autor francés del siglo 19 llamó “la traición de las elites”?
Los 16 autores que publicamos el libro Radiografía crítica al modelo chileno tratamos, al menos, de hacernos cargo de los problemas existentes. Ponemos de relieve que enfrentamos una creciente desafección frente a la actividad política tradicional y un amplio cuestionamiento ciudadano a aspectos fundamentales del modelo vigente, como es la grave situación del sistema educacional, la desprotección laboral y social y el deterioro del medioambiente. El ritmo de crecimiento económico pierde dinamismo y no existen políticas para transitar hacia un modelo intensivo en conocimiento que aumente la complejidad de la estructura económica, mientras permanece una distribución del ingreso extremadamente desigual. El destino de Chile sigue sujeto, en buena medida, a la extracción de recursos naturales, y además, se permite que las enormes  rentas obtenidas en esta área desde 2003 -unos US$ 8 mil millones por año en promedio- vayan sólo parcialmente en beneficio del país.
Se necesitan nuevas políticas públicas que configuren una estrategia de desarrollo que ponga en congruencia el proceso económico con los derechos y la calidad de vida de los ciudadanos, y con la responsabilidad con las futuras generaciones. Esto significa “cambiar de modelo”, es decir, cambiar tanto de enfoque analítico sobre el crecimiento y el desarrollo como de prioridades de la acción gubernamental. La profesionalización de las políticas públicas no consiste en la parcelización de la gestión pública en base a recitar verdades supuestamente consagradas de aplicación universal y no sujetas a la evaluación periódica y rigurosa de la evidencia disponible, sino en reforzar las capacidades de aprender de la complejidad de los procesos y de las relaciones causales constatadas en las diversas experiencias de cambio.
El libro propone romper con la ortodoxia que impide una adecuada elaboración de juicios de hecho sobre la evolución de la economía, la sociedad y el Estado, para evitar persistir en cegueras que nos llevan a callejones sin salida. Y también propone construir una democracia económica y social, y un Estado de bienestar adaptado a la sociedad chilena, aunque suene poco acorde con las  ideas dominantes que en todo privilegian la mercantilización de la vida social. 
La búsqueda acrítica de eficiencia y optimización económica no debe tener prioridad por sobre la promoción y consolidación de  los derechos fundamentales de las personas. Por ello, los mercados, es decir, la interacción descentralizada entre agentes económicos a través del sistema de precios, deben ser regulados y guiados, y en algunas esferas, especialmente en la provisión de bienes públicos, directamente sustituidos por la acción colectiva gubernamental y social. Se trata de seguir impulsando un proceso de ruptura intelectual y moral con las visiones interesadas en mantener el statu quo que no ha permitido a Chile crecer suficientemente ni bien.

viernes, 26 de julio de 2013

Programas y crítica al modelo

Disponible en  librerías y LOM
Publicado en El Mostrador, el 26 de julio
La crisis de la derecha no ha permitido subrayar suficientemente que hoy este sector no tiene programa. Andrés Allamand había esbozado en su campaña 16 propuestas no demasiado precisas, pero Longueira no hizo simplemente ninguna, apostando a su personalidad y a la capacidad de movilización de su partido. De Matthei no se conoce mucho qué piensa: ¿ha escrito alguna vez un libro, un artículo, con su visión de país? Solo sabemos que se apresuró en declarar que no propondrá para nada sus ideas en materia de aborto, por ejemplo, pues esas cosas no son para un candidato de la UDI, claro está. Pero en realidad, la derecha no necesita programa.
El suyo es la defensa del modelo económico y social libremercadista extremo vigente en Chile, y la defensa del modelo político que concibió Guzmán en dictadura para que cuando otros gobernaran lo hicieran sin capacidad de alterar las bases del orden neoliberal. Esto se ha cumplido en buena medida por la potencia electoral que ha logrado mantener la derecha y por la falta de eficacia o, en su caso, de convicción, de las fuerzas que se proponían un modelo de “crecimiento con equidad”.
Se supone que esto debiera estar llegando a su fin, con un “nuevo ciclo político”. Pero se observa por el lado de la oposición mayoritaria una conducta en sentido inverso. Nos enteramos que una nueva versión del documento programático que presentarán los partidos de la Nueva Mayoría a Michelle Bachelet excluye ahora dos ideas antes consignadas: “sustituir el actual modelo económico” y “el Estado debe asumir un rol activo”. La “moderación programática” anunciada está en curso, bien reforzada por los nombramientos conocidos en el comando de Bachelet.
El problema es que la sociedad chilena quiere mayoritariamente “sustituir el actual modelo económico” y que “el Estado asuma un rol activo”, a juzgar por las encuestas en las que estas preguntas o similares se hacen adecuadamente. Y desde 2011 lo estamos observando en la calle. Por contraste, el sistema político parece cerrarse cada vez más a la sociedad y a aumentar la desconfianza en los ciudadanos, lo que estos le devuelven con creces. En esta dinámica el destino del país no parece ir muy bien encaminado. No de otra manera se incuban crisis -abiertas o larvadas, graves o muy graves- es decir cuando las élites y el sistema político se divorcian totalmente de la sociedad. ¿Estaremos en presencia en Chile de lo que un autor francés del siglo 19 llamó “la traición de las élites”?
Por lo menos no es, modestamente, el caso de 16 autores que recientemente publicamos el libro “Radiografía crítica al modelo chileno”, en LOM. Allí se insiste en que enfrentamos una situación caracterizada por el deterioro de varias de las instituciones fundamentales del sistema democrático, por la creciente desafección frente a la actividad política tradicional y por un más amplio cuestionamiento ciudadano a aspectos fundamentales del modelo vigente, como es la grave situación del sistema educacional, la desprotección laboral, el deterioro del medioambiente. Se constata que el ritmo de crecimiento económico pierde dinamismo y, además, no ha logrado transitar hacia un modelo intensivo en conocimiento y en mano de obra altamente calificada ni ha aumentado la complejidad necesaria de la estructura económica, junto con una distribución del ingreso extremadamente desigual y sujetos a un modelo sustentado en la explotación de los recursos naturales, tan dependiente del cobre como hace 50 años, y que además permite que las enormes rentas ricardianas obtenidas desde 2003 no vayan sino muy parcialmente en beneficio del país.
Se sostiene que Chile necesita de un nuevo conjunto de políticas públicas que configure una estrategia de desarrollo que ponga en congruencia el proceso económico con los derechos y la calidad de vida de los ciudadanos y con la responsabilidad con las futuras generaciones. Y que esto significa ni más ni menos que efectivamente “cambiar de modelo”, es decir cambiar tanto de enfoque analítico sobre el crecimiento y el desarrollo como de prioridades de la acción gubernamental.
Entre muchas otras materias el libro propone ir dejando atrás diversos mitos que han paralizado una agenda pública más creativa y abierta al cambio. Se postula que parece ir asentándose la idea que de poco sirve aferrarse a doctrinas económicas rígidas y dogmáticas y que lo pertinente es la permanente observación de los hechos y el examen riguroso de la variedad de trayectorias exitosas y fracasadas en el mundo contemporáneo. La profesionalización de las políticas públicas no consiste en la parcialización del análisis y la parcelización de la gestión gubernamental en base a recitar verdades supuestamente consagradas de aplicación universal y no sujetas a la evaluación periódica y rigurosa de la evidencia disponible, sino en reforzar las capacidades de aprender de la complejidad de los procesos y de las relaciones explicativas multifactoriales y no lineales efectivamente constatadas en las diversas experiencias de cambio. Y de actuar en consecuencia.
El libro propone seguir desarrollando un enfoque que inspire un conjunto articulado de políticas en base a romper con la ortodoxia que impide una adecuada elaboración de juicios de hecho sobre la evolución de la economía, la sociedad y el Estado. Pero también se trata de asumir sin ambages ni complejos juicios de valor socialmente compartidos. La búsqueda acrítica de eficiencia y optimización económica no debe tener prioridad por sobre la promoción y consolidación de la democracia y los derechos fundamentales de las personas, ni terminar siendo un factor de destrucción de la cohesión social y territorial y de los ecosistemas. Por ello los mercados, es decir la interacción descentralizada entre agentes económicos a través del sistema de precios, deben ser regulados y guiados y, en algunas esferas, especialmente en la provisión de bienes públicos, directamente sustituidos por la acción colectiva gubernamental y social.
Esto no es contradictorio –sólo lo es para las mentalidades binarias- con concebir las políticas de desarrollo equitativo y sustentable de un modo amigable con la eficiencia productiva y la estabilidad económica. Se trata de seguir impulsando, aunque con frecuencia signifique nadar contra la corriente, un proceso de necesaria ruptura intelectual y moral con visiones interesadas en mantener el statu quo que no han permitido a Chile crecer suficientemente ni bien, es decir disminuyendo las desigualdades de poder y de ingresos, aumentando la autonomía de las trayectorias de vida, estimulando la cooperación y el sentido de comunidad y protegiendo su patrimonio cultural y natural.

jueves, 25 de julio de 2013

Entrevista Diario Financiero


Martner: “Es una decepción y una imprudencia la incorporación de René Cortázar y José De Gregorio al comando de Bachelet”


EX PRESIDENTE DEL PS, GONZALO MARTNER, CRITICA ÚLTIMAS DECISIONES:
Martner: “Es una decepción y una imprudencia la incorporación de René Cortázar y José De Gregorio al comando de Bachelet”. Con ocasión del debut del libro “Radiografía crítica al modelo chileno”, el ex embajador cuestiona también la reforma tributaria de la candidata.
Por Ángela Chávez Molina

A horas de encabezar el lanzamiento del libro “Radiografía crítica al modelo chileno”, que editó junto a Eugenio Rivera, el ex presidente del PS, Gonzalo Martner, recibe a DF para compartir sus razones para encabezar este proyecto y de paso, analizar con una mirada crítica la actualidad política del país.

De ahí que sorprende cuestionando las incorporación de figuras como René Cortazar y José De Gregorio al comando de Michelle Bachelet, así como el contenido de la propuesta tributaria de la candidata y los plazos en que se implentaría. “Cómo voy a estar proponiendo medidas para cuando ya no esté gobernando”, dice aludiendo al hecho que el grueso de la propuesta estaría en plena ejecución al cuarto año de gobierno.

- Pensando en esta visión crítica al modelo, ¿cómo ve la incorporación de René Cortázar y José DeGregorio al comando de la candidata de la Nueva Mayoría?
- Es una decepción y desde luego una imprudencia. Tengo el mayor de los respetos, como persona, a René Cortazar, pero alguien que era miembro del directorio de La Polar, cuando esa empresa abusaba de los consumidores y fue multada por no haber actuado de manera diligente, parece un poco curioso. Luego José De Gregorio como presidente del Banco Central, realizó una política en contra de la crisis económica tardía. En enero de 2009 sostenía que no iba a haber una recesión en Chile y a las pocas semanas, tuvo que hacer de urgencia con Velasco, un programa fiscal de estimulo económico. Esto no es un asunto de personas, sino que de enfoque, porque al final esto se está empezando a traducir en más de lo mismo con los mismos.

- ¿Ve posibilidades de cambiar el modelo que critica con estos personeros?
- Evidentemente estas personas que están en contra de la nueva constitución, que consideran la Asamblea Constituyente como un caos, y ciertamente son contrarios a una reforma tributaria igualitaria, han empujado esta reforma que ha propuesto Alberto Arenas, que en definitiva es una cuestión un poco rara.

- ¿Por qué?
- Las principales medidas en materia tributaria se realizarían cuando la ex presidenta Bachelet esté entregando el cargo, una cosa bastante extraña porque en democracia uno propone cosas para cuando gobierna, no cuando gobiernan otros. Conceptualmente no lo entiendo, además de seguir con esta tesis de rebajar el Impuesto a la Renta y disminuir su progresividad, como una especie de compensación por el fin del FUT y su reemplazo por la depreciación automática, va generando la misma continuidad de siempre: un sistema tributario en donde proporcionalmente los más pobres contribuyen más que los mas ricos. Entonces no se entiende mucho en qué está todo ese equipo. Creo que el fondo del asunto es o se proponen cambios, serios graduales, concordados, pero cambios, o se mantiene el estatus quo que ya demuestra que no está en condiciones de absorber las expectativas de los ciudadanos.

- ¿Está en contra del fondo y la forma de la propuesta tributaria que propone la candidata?
- Con el contenido no estoy de acuerdo y ciertamente los plazos me parecen insólitos. Cómo voy a estar proponiendo medidas para cuando ya no esté gobernando. Se plantea llegar a la gratuidad en la educación superior, pero también en otro gobierno. Lo que veo es que en la propuesta de Bachelet y Arenas lo que hay es una situación insólita, vamos a terminar con la gente de menores ingresos, proporcionalmente, pagando más por la educación gratuita de los demás, no me parece.

Otro rumbo

- ¿En este cuadro cómo ve el liderazgo de Bachelet?
- La ex presidenta es un fenómeno político notable, goza de la confianza de los ciudadanos y no por lo que proponga en específico, sino porque ella expresa en su biografía y actitud, la idea de proteger y apoyar al ciudadano común, parece simple pero es difícil de obtener en política. El punto está en que ella, con ese tremendo poder lo utilice para mejores causas y no para la conservación del estatus quo.

- En el nuevo escenario presidencial, ¿Bachelet debe hacer algún giro en su estrategia?
- Como dijo ella muy bien, diagnosticó los problemas de la sociedad chilena y propuso una solución. Soy muy crítico de algunas de las soluciones que se han planteado y de las personas que está poniendo en su campaña. Soy especialmente crítico de la idea de que no puede ponerse a elaborar políticas publicas a personas vinculadas al sector privado, porque esas personas tienen una alta posibilidad de ser influidas por el poder económico, pero además van a volver a trabajar. Entonces ¿quien trabajó en el grupo Luksic y tiene empresas mineras importantes va a estar dispuesto a dar una pelea por el royalty? Cuando viene de ahí probablemente retornará ahí. Espero y confío que ella tome otro rumbo, a nadie le gusta que le estén diciendo lo que tiene o no que hacer, pero la política consiste en deliberar y opinar.

- ¿A quién más se refiere?
- Alberto Arenas viene del grupo Luksic, era representante del grupo en Canal 13. Cortázar está en Canal 13 por el grupo Luksic. No quiero descalificar a las personas, son criterios.

- A su juicio, ¿Matthei puede desequilibrar la candidatura de Bachelet? Se las compara, son mujeres e hijas de generales...
- Se lo escuché a Patricio Melero y me parece de mal gusto. Aquí lo que está en juego son visiones de país, no tales o cuales asuntos de pequeña historia. Ahora la señora Matthei expresa bien un enfoque, una cierta idea de las cosas y también este estilo, cuando uno se permite garabatear no es una expresión de mucho respeto a los demás, lo que es esencial para poder construir un proyecto de país.

"No es cierto" que se ha crecido más con este modelo
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- ¿Cuál es la motivación para hacer este libro?
- Argumentar con la mayor seriedad y rigor posible que no hay una sola política económica posible, ni en Chile ni en otras partes del mundo. Este es un gran alegato a favor de la heterodoxia. Por eso el libro se inaugura con un artículo de Gabriel Palma que hace un análisis comparado de la experiencia de desarrollo en América Latina y Asia, y la conclusión es que los asiáticos lo han hecho mucho mejor que nosotros y con mucha intervención del Estado. En este libro no hay en absoluto una idea de estatizar la economía, pero sí de hacer intervenir al Estado de una manera mucho más activa.

- ¿Y cuáles son las principales críticas al modelo chileno?
- La primera, es a esta idea de que los resultados económicos chilenos son mucho mejores bajo este modelo que en las etapas previas de la vida económica de este país. Entonces, esta es una crítica a los mitos: el mito de que se ha crecido más que antes con el actual modelo, eso no es cierto. El mito de que se requiere una política fiscal ultraconservadora, somos fuertes defensores de la política fiscal para regular la coyuntura. Luego somos fuertes defensores de lo que se llama la política industrial, es decir, escoger sectores, es la política de cluster que inauguró el ex ministro Eyzaguirre y mantuvo Velasco, pero que fue eliminada por el actual gobierno, y por lo tanto postulamos que ha habido un gravísimo error en el manejo de la política y renta minera.

- ¿Eso significa estatizar la industria minera?
- Somos partidarios, primero, de un royalty significativo, después de revisar estas concesiones eternas porque no tienen ningún sentido. Por ejemplo, si se tomara la política de Australia, que no parece ser un país bolchevique, tendríamos más recursos para hacer investigación y formar a la gente. El sistema político está tan condicionado por la renta minera, que se ha llegado a que haya una invariabilidad tributaria hacia el 2023 eso es totalmente contrario a cualquier lógica democrática.

- Pero cuando se discutió en 2010 el royalty, parlamentarios de su propio sector aprobaron esa invariabilidad tributaria...
- En contra de mi opinión, escribí columnas bastante furibundas en aquella época. Es casi del orden del crimen político lo que hicieron, desgraciadamente hay una tremenda influencia económica de las empresas mineras sobre el Parlamento.

- ¿Se refiere al típico lobby?

- Más que el lobby, es condicionamiento directo. A través del financiamiento de los partidos y de las campañas.

viernes, 28 de junio de 2013

Entrevista en Punto Final

“El Partido Socialista se reformula o muere”
Gonzalo Martner Fanta: “Lo fundamental es la Asamblea Constituyente”.

RUBEN ANDINO MALDONADO
(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 784, 28 de junio, 2013)

Gonzalo Martner Fanta (56), economista y ex presidente del Partido Socialista (PS), afirma que la política en la actual sociedad chilena está caracterizada por el descreimiento y desprestigio de las instituciones. Piensa que los partidos deben reformularse y argumenta que las elecciones primarias son un mecanismo efectivo de legitimación. Militante del MIR en su juventud, fue presidente del PS entre 2003 y 2005 y embajador en España (2008-2010). Actualmente se desempeña en la Universidad de Santiago.
Advierte un cambio en la subjetividad, que impulsa a la ciudadanía a demandar nuevos derechos, y ve a Michelle Bachelet como una figura de transición entre lo viejo, que no termina de morir, y lo nuevo, que aún no se consolida. Reconoce entre los líderes del movimiento estudiantil gran capacidad analítica y sentido ético, y considera legítimo que los movimientos sociales busquen una representación política propia a través de nuevos partidos.
Dice que el dilema del PS y la oposición es reformularse o morir. Como ex presidente del partido, se siente responsable de su estado actual, y afirma que esta organización abandonó su lugar en la Izquierda, para realizar manipulaciones de poder y prácticas no democráticas en beneficio de algunos de sus líderes. Afirma que el PS está enfermo de un clientelismo que lo ha convertido en un canal de acceso a cargos públicos: sin ideas, sin programa y sin proyecto.
Señala que mientras Bachelet intenta conectarse con el movimiento ciudadano, la Concertación, su propio partido y el Partido Comunista (pacto Nueva Mayoría) utilizan métodos opuestos a la demanda social de mayor participación. Mientras ella participa en primarias, Camilo Escalona no quiso someterse al veredicto ciudadano. Al referirse a la carta de apoyo al senador suscrita por personalidades democratacristianas, considera inédito que el líder de un partido que se opone a medirse en primarias con otro candidato de su misma organización, sea considerado una víctima por dirigentes de otro partido.

LA DERECHA SE SABE DERROTADA

¿Qué está pasando en la sociedad chilena?
“La derecha, que es la representación política del poder económico, no ha logrado asegurar su continuidad y ha abandonado anticipadamente la disputa del poder. Más bien está buscando mantener defensivamente sus espacios parlamentarios, como ocurre desde el año 1990. A cualquier gobierno le encantaría haber creado 800 mil empleos, y seguramente transformaría esos indicadores en adhesión política; pero en la sociedad chilena de hoy, no basta con buenos indicadores económicos para lograr adhesión.
No es suficiente conseguir pega o un aumento de salario; porque la carga de gastos de las familias es brutal, especialmente en educación y salud. Estos son temas esenciales para la vida de las personas: angustias cotidianas de los padres que los estudiantes viven como propias, y que constituyen el trasfondo de la crisis social chilena. A mi generación no se le habría pasado por la cabeza ir a una manifestación con nuestro papá o mamá, pero ahora sucede. La gente quiere mejor calidad de vida y la derecha no tiene respuestas para eso, porque es incapaz de discutir con la sociedad. Sólo sabe de individualismo, mercado y ausencia de derechos.
La subjetividad colectiva está cambiando, eso algunos lo interpretan como izquierdización, pero es sobre todo la necesidad de reflexionar colectivamente sobre el tipo de sociedad en que se quiere vivir. Eso siempre será más favorable para la Izquierda”.

¿Los partidos de oposición entendieron el mensaje? 
“La Concertación no hizo siquiera un intento de pensar porqué había perdido el gobierno y se escudó en la popularidad de Michelle Bachelet. El 5 de octubre de 2010 se comprometió en Valparaíso a realizar primarias para elegir a sus candidatos, y lo primero que hace, cuando llega el momento es no realizarlas. Los cuatro partidos de la Concertación se refugiaron tras la figura de Bachelet, y creyeron que retomarían sus vínculos con la sociedad invitando al Partido Comunista (PC) a ser parte de más de lo mismo.
La hipocresía es típica de nuestra sociedad. La Nueva Mayoría es una nueva coalición aquí y en la quebrá del ají. Cuando uno ve cinco presidentes de partidos firmando un documento e inscribiendo primarias, eso es el fin de la Concertación y significa una nueva alianza con bases muy precarias; porque no se ha discutido colectivamente ni qué le pasó a la anterior alianza ni menos qué significa agregar al PC.
Una coalición que murió, otra nueva que no se sabe muy bien qué es y el liderazgo de Bachelet. Junto con eso, no olvidemos que comienza a vislumbrarse una fuerza social poderosa, como un movimiento estudiantil muy pródigo en nuevos liderazgos juveniles y un movimiento sindical que busca nuevos caminos. Es una corriente emergente, que no tiene todavía hegemonía social, pero que va a terminar imponiendo en la sociedad sus demandas y horizontes de futuro.
Bachelet es una figura de transición entre lo que todavía no termina de morir y lo que aún no termina de nacer, dotada de apertura intelectual y política unida a su credibilidad personal y a su sentido del deber. Hay una identificación ciudadana con esta mujer que muestra espíritu de diálogo ante la partidocracia en la que devino la Concertación. En su discurso inicial en la comuna de El Bosque, Bachelet señaló que los grandes problemas de Chile son la desigualdad y la falta de democracia. Eso la conecta con el deseo de transformación de la sociedad chilena. Ella se ha comprometido con una nueva Constitución y no excluye la convocatoria a una Asamblea Constituyente; aunque debe estar recibiendo grandes presiones desde los poderes económicos y políticos”.

LO FUNDAMENTAL: ASAMBLEA CONSTITUYENTE

¿Cuáles son los caminos de salida?
“No tiene sentido sentarnos ahora a hacer programas; porque uno puede tener las mejores intenciones, pero hay instituciones que hacen imposible aplicarlo; contribuyendo así al desprestigio de esas mismas instituciones políticas, los partidos y el mundo intelectual que propone cambios. Lo fundamental es convocar a una Asamblea Constituyente que modifique las reglas del juego; porque podemos discutir 50 años sobre las reformas laborales, sociales, económicas o culturales, y no lograremos nada si las instituciones políticas no reflejan la voluntad de la soberanía popular.
La DC ha dicho que luego de la primaria presidencial, todo debe partir de cero, aunque es probable que su opción llegue segunda o tercera. Los que llegan muy abajo discuten desde cero con el que llegó muy arriba. ¿Entonces, para que se hacen las primarias? De nuevo el engaño al ciudadano; cuando uno apoya a una persona, apoya también lo que esa persona expresa. Ya no hay tolerancia en la sociedad para que una partidocracia, a título de sus propias definiciones, haga lo que le da la gana y se reparta el poder.
Los partidos del siglo XXI deben reformularse en sintonía con los ciudadanos, respetando su voluntad mayoritaria, aunque no coincida totalmente con lo que ellos piensan. El principio de legitimación democrático-participativa llegó a Chile para quedarse, y el que no lo entienda, como parece ser el caso de Escalona, simplemente quedará a la vera del camino. No puede ser parlamentario o presidente quien no esté dispuesto a someterse a una primaria”.

¿Cuál es el papel de los actores sociales en la política?
“Como herencia de la dictadura, al recuperarse la democracia no hubo en Chile un actor social fuerte. En democracia, la política tiene su esfera de acción y lo ideal es que el movimiento social mantenga su autonomía e influencia, y que los dirigentes sociales sean interlocutores respetados, significativos e influyentes en la política; sin ser manipulados o cooptados por los partidos. Sólo habrá más justicia y libertad si existe un poderoso movimiento social y fuerzas políticas capaces de responderle a ese movimiento.
También es legítimo que las nuevas fuerzas sociales busquen representación política propia. Existen ejemplos, como el PT en Brasil, creado por la maduración política de los trabajadores en alianza con la intelectualidad de Izquierda. Si un movimiento social no se siente representado en la esfera política, como ocurre en Chile, tiene el legítimo derecho a buscar su propio canal de expresión.
El PS debiera también dialogar con los nuevos líderes políticos, encarnados en fuerzas como Revolución Democrática o Izquierda Autónoma, para abrir un espacio común de la Izquierda con reglas democráticas. La idea de que yo soy la salvación, como grupo político o como persona, nunca ha sido una idea de Izquierda, tampoco los mesianismos o el espíritu de secta.
Personalmente soy partidario de una salida hacia un Frente Amplio, a la uruguaya, para definir una relación que evite una ruptura; fortaleciendo un proceso de rearticulación de la Izquierda sobre bases amplias y democráticas, con el concurso de nuevos liderazgos jóvenes que vienen desde la sociedad. De los partidos incluidos en esta Nueva Mayoría no va a surgir lo nuevo, pero esos partidos deberían ser parte de esta nueva idea que está desenvolviéndose.
La Concertación se terminó y me resulta atractivo el diseño de un Frente Amplio, que defina sus liderazgos masivamente a partir de sistemáticos procesos de primarias; con instancias para convenir su proyecto de sociedad y sus programas de gobierno, sobre la base de congresos deliberativos”.

PS SE REFORMA O MUERE

¿Tiene vigencia histórica el PS?
“El Partido Socialista se reforma o muere. Renunció a su condición de partido de Izquierda, para buscar simplemente manipulaciones en beneficio de algunos de sus liderazgos. Fue dominado por un grupo que abandonó sus vínculos con la sociedad y un proyecto de transformación. Tiene hoy prácticas no democráticas y está enfermo de clientelismo y despolitización; porque mutó en un canal para obtener cargos, sin ideología ni programa y por lo tanto, inútil para la sociedad.
La base de su vigencia histórica no está dada por su situación actual, sino por lo que representó en su fundación y en el largo periodo de prevalencia del liderazgo colectivo, encarnado en figuras como Salvador Allende, incluyendo el sacrificio personal que él hizo en función de un proyecto colectivo. Pero el partido no puede vivir del pasado y debe ponerse a la cabeza de la refundación de la Izquierda; con métodos democráticos para dirimir sus liderazgos y con deliberación organizada para dirimir sus propuestas programáticas y proyecto de sociedad.
Cuando Bachelet sugiere al partido hacer primarias, le está pidiendo cumplir con las demandas de la sociedad y si alguien dice que debe ser diputado o senador sin preguntar a los ciudadanos, no entiende que esa posibilidad se acabó. Ahora hay que pensar la sociedad que viene y eso supone que el socialismo chileno debe cambiar. Hay una carta de apoyo a Escalona suscrita por dirigentes de otros partidos. Las personalidades públicas que firman esa carta son básicamente democratacristianas. No tengo noticias de que por negarse a participar en primarias internas, el dirigente de un partido sea convertido en víctima por personalidades de otro. Es una situación insólita, patética y hasta risible. ¿Qué tiene que hacer el ex presidente Frei descalificando una petición expresa y pública de Bachelet?”.

¿Cuál debería ser al papel del PS en un próximo gobierno?
“Los partidos de gobierno tienen tres tareas: apoyarlo, hacerle propuestas y criticarlo cuando se equivoca. Los gobiernos no son perfectos y es necesario hacerles ver los errores.
Si para evitar presiones un gobierno nombra un ministro de Hacienda neoliberal, para que los empresarios no protesten, o si para evitar tensiones con la Iglesia nombra en Educación a alguien cercano a la curia, tendremos un gobierno estable; pero incapaz de producir cambios. Antes, los movimientos sociales privilegiaron la estabilidad democrática como un valor esencial; pero eso se acabó y en buena hora. Ahora son un factor de presión más. Tampoco la solución va por poner ahora ministros del movimiento social.
Para realizar un buen gobierno es recomendable la claridad de propósitos, establecer bien las convergencias y divergencias, y un método de resolución de conflictos. Bachelet quiere producir cambios estructurales y ese propósito tendrá que discutirlo con unos y otros. Los grandes empresarios, especialmente, tendrán que entender que un país que no respeta el medioambiente, a los trabajadores y sus responsabilidades tributarias con el Estado, es un país inviable. Si ellos mantuvieran su actitud de imponer siempre sus criterios, la sociedad entera terminará señalándolos como aquellos que no contribuyen al bienestar colectivo”.



lunes, 24 de junio de 2013

De nuevo Milton Friedman en el debate tributario

Publicado en El Mostrador.

En la campaña presidencial en curso las candidaturas plantean diversas proposiciones tributarias. En el caso de las del bloque en el gobierno, se remiten a alivios en el impuesto a los combustibles para las regiones y en un impuesto a las inversiones en regiones para alimentar fondos de desarrollo, descontables del impuesto a la renta, según las propuestas de la candidatura de Andrés Allamand, mientras Pablo Longueira no ha hecho planteamientos en la materia. En suma, no se proponen realizar una reforma tributaria.
La candidatura de Michelle Bachelet, la de mayor adhesión en la oposición, ha planteado una reforma tributaria con una meta de recaudación de 3 % del PIB. Esta meta se descompone en 2,5 % del PIB provenientes de cambios a la estructura tributaria y 0,5 % del PIB de medidas que reducen la evasión y la elusión.
La reforma que propone busca aumentar la carga tributaria para financiar una reforma educacional, otras políticas del ámbito de la protección social y el actual déficit estructural en las cuentas fiscales, planteando que “los ingresos del trabajo y del capital deben tener tratamientos similares”, con nuevos incentivos al ahorro. Propone elevar, en forma gradual, la tasa del impuesto a las empresas de 20 % a 25 % en un plazo de 4 años, que seguirá operando como un anticipo de los impuestos personales, manteniéndose así la integración de impuestos entre empresas y personas. Los dueños de las empresas deberán tributar por la totalidad de las utilidades de sus empresas y no sólo sobre las utilidades que retiran (el sistema operará en base devengada). Esta medida sería implementada a partir del cuarto año de la reforma y terminaría con el actual mecanismo del Fondo de Utilidades Tributables (FUT), y estaría acompañada por la reducción gradual de la tasa máxima de los impuestos personales del 40 % actual a un 35 %, en el plazo de cuatro años.
Respecto del FUT acumulado o histórico, se propone mantener la regla impositiva vigente hoy. La estimación de recaudación producto de estas medidas de impuesto a la renta es de 1,92 % del PIB en régimen. A partir del cuarto año de implementación de la reforma, coincidiendo con el cierre del FUT, la candidatura Bachelet propone además un mecanismo de Depreciación Instantánea: las empresas podrán descontar íntegramente de las utilidades la inversión total del año en curso. Además plantea eximir “de impuestos a las personas por las ganancias percibidas con el ahorro que realicen en instrumentos financieros, hasta un tope correspondiente a rentabilidad de instrumentos sin riesgo. De esta forma, se premia el ahorro al que acceden normalmente las personas de ingresos medios. Se estima que estas medidas para incentivar ahorro e inversión significarán una pérdida de recaudación de 0,21 % del PIB en régimen”.
Resulta curioso, en primer lugar, proponer un cronograma que se empieza a aplicar en lo esencial en el subsiguiente período de gobierno: supongamos que el proyecto se discute y aprueba en 2014, y se pone en práctica a partir de 2015. La eliminación del FUT y demás medidas se pondrían en práctica en 2018, con un nuevo Presidente de la República electo y a punto de asumir…
En segundo lugar, simplemente producir un alza de la tasa de impuesto a las utilidades de las empresas de 20 % a 25 % tendría un efecto incierto en la recaudación. Recordemos que en Chile se cobra mensualmente como anticipo este impuesto en base al flujo de caja de la empresa y luego lo pagado se imputa como crédito al pago anual de impuesto a la renta personal o al impuesto adicional que pagan las empresas extranjeras que repatrian utilidades. Un alza en la tasa a las utilidades de las empresas recauda inicialmente más pero luego descuenta esa diferencia en el impuesto personal y reduce el impuesto que paga el accionista que recibió dividendos (es mayor su crédito tributario correspondiente). Pero la reducción prevista de la tasa marginal del impuesto global complementario de 40 a 35 % reduce la recaudación fiscal, compensando en buena medida el efecto del alza del impuesto de primera categoría. Un incremento en la proporción de utilidades distribuidas que pudiera decidir realizar la empresa (el mínimo es de 30 %) tendería a aumentar la recaudación fiscal y viceversa. Esto se explica por la diferencia de tasas entre el impuesto a las utilidades y el de los ingresos personales más altos que sería menor que antes, pero que se mantendría con signo positivo. La recaudación fiscal total resultante de un alza en la tasa del impuesto a las utilidades de las empresas aumenta si existen utilidades no distribuidas. Si no existen, el alza en la tasa la deja inalterada.
No obstante, existen importantes montos de utilidades no distribuidas en cada año fiscal. Más aún, una de las principales vías de elusión que practican los poseedores de grandes patrimonios e ingresos, es la creación de sociedades de inversión donde se acumulan utilidades no distribuidas pagando así solo impuestos a las utilidades de las empresas y no a la renta de las personas (mediante el Fondo de Utilidades Tributables). Dicho de otro modo, la reducción prevista en la reforma de la tasa marginal del impuesto a la renta de las personas de 40 % a 35 % disminuye en buena parte la recaudación fiscal por el efecto del alza del impuesto de primera categoría, con un efecto neto que va a depender de la política de retiro de dividendos de los dueños de la empresa. Un incremento en la proporción de utilidades distribuidas tendería a aumentar la recaudación fiscal mientras exista una diferencia significativa entre la tasa del impuesto a la renta de las personas y el impuesto a las utilidades de las empresas y exista el crédito por este concepto y viceversa. La eliminación del FUT en el cuarto año aumentaría definitivamente la recaudación desde su puesta en aplicación. Mientras tanto, no se sabe exactamente, pues dependerá de la política de distribución de dividendos de las empresas. Y el 1,92 % del PIB de recursos tributarios adicionales no estaría probablemente disponible para el gobierno de marzo 2014 a marzo 2018 …
En tercer lugar, seguir insistiendo en incentivos al ahorro que no lo estimulan o muy poco, pero ciertamente aumentan la regresividad tributaria, no implica avanzar hacia mayor equidad.
En cuarto lugar, si los parlamentarios de la actual oposición no aprobaron la rebaja de Piñera de 40 % a 36 % del impuesto marginal a la renta en 2012, no resulta muy coherente que debiesen en 2014 aprobar una rebaja todavía mayor de 40 % a 35 %…
Lo que sigue estando detrás de todos estos enfoques de economistas liberales es la idea del “flat tax” de Milton Friedman, es decir de equiparar el impuesto a la renta y a las utilidades de las empresas, terminando con la progresividad de los impuestos, aquella vieja y noble idea de los movimientos sociales y de los economistas progresistas, idea detrás de la cual hay valores más actuales que nunca, como el de la igualdad, por ejemplo. Parece ser que se reincide en aquella práctica de señalizar hacia un lado (discurso contra las desigualdades y a favor de reformas estructurales) y de doblar hacia el otro (reforma tributaria que disminuye la progresividad del impuesto a la renta a niveles nunca vistos en Chile). Con el riesgo de provocar algunos problemas de tránsito por desorientación de los participantes.

jueves, 20 de junio de 2013

El reparto de Martner


Ex presidente del PS, Gonzalo Martner es escéptico al rol de una AFP estatal, como lo ha propuesto Bachelet. A su juicio, el actual modelo incumplió su promesa de rentabilidad y hay que cambiarlo por un sistema de repartos, donde los jóvenes financian a los jubilados.

En los pasillos de la Universidad de Santiago reina el silencio. El plantel está en paro y sus académicos son los únicos que transitan por el terreno de Estación Central. Uno de ellos es el ex presidente del Partido Socialista Gonzalo Martner (56). El economista, hoy profesor de esa casa de estudios, sigue atento el debate sobre el sistema previsional: durante años ha escrito libros y papers sobre las reformas que requiere el modelo de cotizaciones en Chile. A su juicio, éste hizo agua al no asegurar las pensiones que prometió en sus orígenes. 
Al mismo tiempo, el socialista es crítico sobre las promesas hechas por los candidatos a La Moneda. Según él, nadie, ni siquiera la ex presidenta Bachelet, plantea una mejora real al sistema, sino soluciones parche. ¿Su consejo? Instaurar el método de repartos, donde la fuerza laboral financie a los pensionados. En otras palabras, que las cotizaciones dejen de ir a las AFP y sean administradas por una cuenta común, que recoja el comportamiento histórico y asegure una jubilación mínima.

-Los candidatos a La Moneda plantean varias propuestas. ¿Cómo se soluciona el actual sistema?
-El éxito o fracaso de un sistema se mide por dos indicadores: la tasa de cobertura y la tasa de reemplazo de los salarios por pensiones. Lo que hoy está en crisis, y se refleja en el debate político, es la baja tasa de reemplazo del sistema de capitalización individual. Y las soluciones que se dan son más de lo mismo: subir la tasa de cotización al 12% ó 13% y bajar costos de administración. En esto último tiene razón el presidente Piñera, al plantear que hay un asunto pendiente en los costos de administración que cobran las AFP. Entonces, si vemos que se propone aumentar en dos o tres puntos más la cotización personal, sin que se corrija este cobro, esta alza irá a parar a los bolsillos de las AFP. Ahí yo digo no, muchas gracias.

-¿Cómo se soluciona este ítem particular, el costo de administración de cada cuenta?
-El mecanismo establecido en la reforma de 2008 tuvo un avance al licitar la cartera a un nuevo actor (AFP Modelo) que ofreció comisiones de administración más bajas. Eventualmente, esto se podría ampliar al conjunto total de afiliados, instaurando un modelo parecido al seguro de desempleo, donde periódicamente se licita a una sola entidad la administración de las cuentas del sistema. Esto bajaría las tasas y creo que el presidente Piñera lo podría recoger. Pero todo esto es insuficiente para arreglar el modelo.

-En bajar las comisiones es donde emerge la idea de una AFP estatal, como la propuesta de Michelle Bachelet.
-Hasta donde entiendo, ése es el objetivo que tienen en mente: bajar las comisiones con el ingreso de un nuevo actor. Pero con tasas de reemplazo de 30% para las mujeres y 55% para los hombres, que son las que registrará la mayoría de los asalariados, la creación de una AFP estatal no va a hacer por sí sola que las pensiones lleguen al 70% del sueldo, como se prometió. 

-¿Cuál es el fin de introducir al Estado en el sistema?
-Teóricamente se inyectaría más competencia. Pero ahí le pongo el caso del BancoEstado. Está en el sistema, pero los bancos siguen teniendo utilidades del 20% anual. ¿Qué rol de introducir competencia juega entonces el BancoEstado? El hecho de que haya una entidad estatal en un mercado no garantiza una mayor competencia.

-¿Cómo se ataca entonces el mayor problema del sistema, que son las bajas pensiones?
-Atacando la densidad de las cotizaciones. Tenemos un mercado que tiene un historial laboral lleno de interrupciones. ¿Qué hacemos? ¿Esperamos a que todos sean estables, con pocas lagunas previsionales y vemos si ahí funciona? ¿O tratamos de hacer una cosa distinta? Eso implica hacer algo que para muchos en Chile es un crimen de lesa humanidad, un horror, que es el sistema de repartos.

-Sistema que ha sido demonizado por los economistas
-Demonizado por los economistas neoliberales de Chile. Pregúnteles a los últimos cinco premios Nobel de Economía de Estados Unidos qué opinan del sistema vigente en ese país. El 90% de ellos opina que el modelo de repartos, bien gestionado, es una mejor solución al de capitalización individual. 

-Los críticos dicen que al envejecer la población, el sistema de reparto no se sostiene.
-Leamos al premio nobel Peter Diamond. Su conclusión es simple: cuando se da ese escenario, se pueden hacer pequeñas correcciones, como aumentar la productividad, subir la tasa de cotización, bajar la tasa de retorno o aumentar la edad de jubilación. El modelo tiene parámetros que se pueden ir ajustando.

-¿Entonces su propuesta es eliminar las AFP?
-Yo digo que hay que introducir un tercer pilar. Al pilar solidario y las cotizaciones individuales en AFP que existen, agreguemos un sistema de reparto.

-¿Una coexistencia de ambos modelos?
-Que el grueso de la cotización obligatoria sea administrada por una cuenta nacional que asegurará cierta renta de acuerdo al histórico de aporte. Si alguien quiere aumentarla, que complemente con una AFP.

-Pero nuestro modelo ha sido exportado a más de 30 países, tan mala idea no debe ser.
-Eso es un mito, una propaganda. Sólo en Chile no existe un sistema de reparto. En todas partes está presente o combinado con el modelo de cotización individual. Además, esto no es un invento chileno, ya que capitalización individual existe desde el siglo 19. No es una obra de José Piñera. Ni su hermano cree que se está cumpliendo la promesa original.

-Su idea parece radical, que ni siquiera los candidatos de la centroizquierda han recogido
-Todavía.

-¿Cree que alguien podría tomarlo?
-Espero que sí. Las ideas se demoran en avanzar. El incremento al impuesto en las empresas era algo intocable y ya Piñera lo subió al 20% y ahora se habla de llevarlo al 25%. La tendencia es clara.

-¿Es tan clara la tendencia? Más bien parece un tanto errática, porque Bachelet habla de subir impuestos a las empresas, y luego plantea bajar tributos a los ricos.
-Soy partidario de Michelle Bachelet, votaré por ella, pero me parece un gravísimo error lo que propone. Una vez más está señalizando para la izquierda y está doblando a la derecha.

jueves, 6 de junio de 2013

Debates y programas

Publicado en mi blog de La Tercera el 6 de junio
Las primarias presidenciales, que culminarán el próximo 30 de junio, no han suscitado una gran atención pública. Ojalá los ciudadanos desmientan a los observadores y participen activamente en ellas, lo que dependerá del clima político del momento. El oficialismo ha contribuido creando un cierto dramatismo en una competencia de personas, con reemplazo de un candidato y ministros que entran y salen del gobierno, pero ha hecho poco en materia programática, salvo defender la  impopular gestión de Piñera, incluyendo una campaña atemorizante del ministro de Hacienda (lo que habla muy mal de él), como en los viejos tiempos a los que nadie quiere volver. 
En cambio, en la nueva coalición denominada Nueva Mayoría ha habido un importante esfuerzo de los cuatro candidatos por precisar propuestas de gobierno, lo que justifica el nuevo mecanismo de primarias en tanto aporta a una deliberación pública más amplia y más sustantiva. Al observarse los planteamientos de los cuatro candidatos, se constata bastante concordancia en el diagnóstico de los problemas que afronta el país, lo que en algún sentido es una novedad, dada la reducción cada vez mayor de lo políticamente correcto durante las últimas décadas en Chile, en rigor hasta la irrupción de los movimientos sociales de 2011. No olvidemos que el consensualismo conservador que se enquistó en la Concertación se prolongó durante el actual gobierno en temas como la reforma del sistema escolar promovida por el ministro Lavín y la inaceptable ampliación hasta 2023 de la invariabilidad tributaria minera promovida por el ministro Larraín, reformas que hoy difícilmente serían aprobadas por la ex Concertación dado el nuevo clima de mayor exigencia hacia el sistema político y sus representantes. El desplazamiento inevitable de los guardianes autoconsagrados del orden imperante es un síntoma del nuevo ciclo político.
El hecho es que en la Nueva Mayoría todos reconocen que el gran problema de Chile son sus instituciones, basadas en la desconfianza en el ciudadano, y solo uno de los cuatro candidatos no plantea una nueva Constitución. El resto subraya que llegó la hora de decidir si la norma democrática se adopta o no en su componente esencial: en vez del actual sistema tramposo, uno que respete la soberanía popular, es decir la regla de mayoría, con respeto de la minoría, incluyendo su derecho periódico a transformarse en mayoría, y con un núcleo razonado, deliberado y concordado de derechos fundamentales a respetar por todos. La candidata principal no excluye un mecanismo de asamblea constituyente, mientras otro candidato la propicia con convicción. Michelle Bachelet se ha manifestado además partidaria de legislar a favor del aborto terapéutico y en caso de violación y a favor del matrimonio igualitario, acompañada en esto por otros dos candidatos.
Se ha avanzado también en el reconocimiento de al menos cinco aspectos que explican la desigualdad intolerable que persiste en Chile (con excepción de un candidato, el neoliberal ex ministro de Hacienda): la educación segregada sin igualdad de oportunidades ni movilidad social, basada en un subsidio a la demanda que la promueve y que no existe en ninguna otra parte del mundo por inaceptablemente injusta; los tributos regresivos y las transferencias redistributivas de poco monto e impacto; las relaciones laborales que perjudican a los asalariados; la regulación bancaria, de servicios básicos y de cobertura de riesgos que permite sobreutilidades privadas exorbitantes. En  estos temas parece haber bastante consenso en la necesidad de producir un quiebre en la continuidad de décadas, lo que es auspicioso. 
Lo que se menciona poco, y sigue siendo un déficit considerable, que no queremos creer se explica por el poder económico y la capacidad de subsidio político de la industria minera, es el regalo de la mayor parte de la renta minera a dicha industria y la consecuente concentración brutal del ingreso, renta que ha aumentado de modo considerable desde 2003 sin que Chile se beneficie de ella sino en una proporción inexplicablemente baja (las sobreutilidades privadas del cobre se acercan a 50 mil millones de dólares). De estos cinco temas, abordar estructuralmente tres no supone riesgos con el crecimiento (educación, regulación, renta minera) y dos pueden no hacerlo con políticas bien diseñadas (reformas laboral y tributaria).
Se reconoce además tres problemas básicos en productividad y competitividad: la ausencia de esfuerzo suficiente en investigación y desarrollo; la ausencia de política industrial horizontal (formación pertinente de recursos humanos, acceso al crédito) y vertical (con el abandono de la incluso débil opción por “clusters” o distritos de industrialización de recursos naturales) y el costo altísimo de la energía, además sin contraparte alguna en reducción de la huella de carbono. Y también tres problemas básicos en sustentabilidad: la creciente carbonización de la matriz eléctrica, el preocupante deterioro de la biodiversidad y una urbanización criminógena y segregadora. 
Reconocer los problemas es el punto de partida para enfrentarlos, y ese ha sido un mérito del proceso de primarias, al menos en la coalición que todo indica ganará las elecciones de noviembre. Las soluciones propuestas son diversas y se puede escoger de un menú que va desde quien es liberal en los temas culturales y conservador en materia institucional y de desigualdades, Andrés Velasco; de quien es conservador en materias culturales pero más bien progresista en materias institucionales y socioeconómicas, Claudio Orrego; hasta quienes comparten la necesidad de un cambio radical en las instituciones y temas culturales y reformas estructurales en materia de educación y otras de tipo socio-económico y ambiental, José Antonio Gómez y Michelle Bachelet. La ex presidenta mantiene un caudal, claro está, de mucha mayor credibilidad, experiencia...y popularidad, y ha decidido poner sus atributos al servicio de cambios que marquen la diferencia para el futuro del país. En esa voluntad hay un diagnóstico de los problemas de Chile y no una  radicalización abstracta. Lo que en Chile parece ultraizquierdista es simplemente normal en los países democráticos que no han sido arrasados por la ideología libremercadista. Y no olvidemos que las fuerzas que se pueden identificar como de izquierda sumaron en la elección de octubre de 2012 un respetable 43% de los votos (la izquierda moderada que perteneció a la Concertación reúne un 28 % y el PC más la izquierda extraparlamentaria reúnen otro 15%), de lejos la mayor corriente política del país. Esta corriente hasta el momento no está estructurada como tal por un veto DC sin sentido y por quienes le hacen caso a ese veto. La propia DC no debiera complicarse con esto y desplegar su espacio en el centro, que de otro modo será ocupado por Velasco u otros. Lo inteligente sería la estructuración progresiva de un frente amplio de izquierda que dirime sus liderazgos y programas por la vía democrática, sin mesianismos ni dogmatismos, y que se articula y gobierna con el centro mediante compromisos específicos. Esta corriente del futuro se ha agrupado parcialmente tras Michelle Bachelet en las primarias de junio de 2013, con una plataforma mayoritaria y con una candidata mayoritaria. Esta realidad debiera consolidarse para hacer avanzar razonadamente y por la vía democrática las demandas de cambio presentes en la sociedad, y de paso volviendo a prestigiar a las instituciones democráticas.

sábado, 4 de mayo de 2013

Partidos, independientes y malas prácticas



En esta peculiar semana política, se ha vuelto a evidenciar la deprimente conducta de los partidos de la oposición parlamentaria. Han desechado la realización de primarias para elegir a sus candidatos al Congreso, ya sea entre diversas opciones en sus partidos o entre sus partidos, tal como lo permite la nueva ley de primarias y lo demanda una sociedad chilena cansada de la captura de la política por grupos cerrados. Han decidido no realizar ninguna consulta ciudadana, de ninguna especie. Esto es materia de las direcciones de los partidos y de sus arreglos propios. Punto y aparte. Un comportamiento de pandilla (de entre las acepciones de la Real Academia de La Lengua escojo dos para que usted participativamente decida con cual se queda: a) “grupo de amigos que suelen reunirse para divertirse en común” y b)” liga que forman algunos para engañar a otros o hacerles daño”).
Partiendo de la base que los partidos de derecha comparten más bien la defensa de intereses, si ya existía una convicción generalizada de que los demás partidos ya no son portadores sino de los escombros de alguna visión de sociedad o de algún proyecto político (prácticamente no han funcionado en la preparación de esta elección comisiones programáticas permanentes de los partidos que diagnostiquen y propongan políticas, como siempre fue la costumbre desde la década de 1980), este episodio no hace sino confirmar el juicio previo. Este proviene de quienes son críticos de la democracia, y a ese título de todo partido político, y son partidarios de liderazgos personales autoritarios. Desgraciadamente los hay muchos en la sociedad chilena. Pero también proviene de convencidos demócratas que constatan que los partidos políticos en Chile han sufrido un deterioro y se han transformado en meras maquinarias de reclutamiento clientelista, que ya no invitan a ninguna transformación, sino a coaligarse para tratar de ocupar cargos. Ya no se proponen representar a nadie, salvo a sí mismos. En el caso de algunos en la izquierda, y entre otros a los que se les cayó el muro de Berlín, ya no se trata de lucha de clases sino de lucha por los pases …a los puestos públicos. Poco que ver con los históricos movimientos y partidos que concebían la política como lucha por cambios sociales.
Y también han emergido, como cada tanto ocurre en las elecciones chilenas, los individuos independientes que promueven su ambición presidencial personal en base a la condena de los partidos y de la política. Nada más valorable que la independencia de espíritu y de carácter, pero nada puede ser menos valorable que negarse a compartir ideas, valores y proyectos con otros. Esto es ni más ni menos que la esencia de la política democrática. Pero en fin, cada cual es libre de exponer sus ambiciones personales y someterla al juicio de los demás.
En el caso de Andrés Velasco, hemos visto pocos pronunciamientos suyos que no sean el ataque personal y subrayar los defectos de los partidos. Luego de meses para meditar su opción de candidato, se inscribe en las primarias de parte de la oposición y al día siguiente, exactamente al día siguiente, se arrepiente. Se supone que ahora busca la manera de estar en la papeleta de primera vuelta, para lo cual tuvo todo el tiempo del mundo previamente, no sin antes comprometerse a no hacerlo, y antes incluso a no ser candidato contra Michelle Bachelet. ¿Esas son las “buenas prácticas”?. Legítimamente uno puede preguntarse si en realidad no quiere buscar, de una manera un tanto barroca, evitar una derrota flagrante de sus posturas económico-sociales conservadoras y su declarado rechazo a sustituir la actual constitución y el actual modelo económico. Veremos.
Así, la salida no parece venir de independientes, sino del liderazgo político que debe involucrarse y no sustraerse de un gran proceso de reforma democrática de la actividad partidaria y de la continua presión de los ciudadanos para exigir a sus representaciones políticas que…los representen. En eso está la democracia chilena.


miércoles, 1 de mayo de 2013

La crisis de la derecha


La derecha ha logrado reencaminar su diseño presidencial. Una primera lectura, la más inmediata, nos lleva a la conclusión de que este sector político abordó un problema serio y le dio una resolución rápida. El estilo no fue muy elegante, pero minimizó costos futuros. La UDI se deshizo de un candidato con credibilidad afectada, mantuvo el esquema original de primarias previamente acordado y evitó una desgastante confrontación hasta la primera vuelta presidencial de noviembre. La ventaja de un mayor despliegue electoral con dos candidatos resultaba menor, en el análisis de La Moneda finalmente compartido por la UDI,  que el costo de una prolongada confrontación aguda y autodestructiva, de la que la derecha política chilena parece tener el secreto desde antigua data. Y se procedió en consecuencia con prontitud táctica. 
Una segunda lectura nos lleva a preguntarnos por qué el principal partido de la derecha no evaluó seriamente  las vulnerabilidades de un candidato emergido de la gerencia empresarial y catapultado al primer plano por la casualidad de ser ministro del ramo en el momento del dramático rescate de los mineros de Atacamaca. Sin otros títulos. Y cuya gestión gerencial, responsable en su momento del aumento unilateral de comisiones de una tarjeta de crédito, terminó siendo objeto nada menos que de una condena por la Corte Suprema, mientras se termina por descubrir que posee cuantiosos fondos en un paraíso fiscal, lo que ilegal o no ilegal es bastante poco presentable para un aspirante a presidente. Y aquí no cabe más que constatar que la UDI no estuvo a la altura del profesionalismo político del que siempre ha hecho gala y que le ha permitido mantener mucho del “legado de Jaime Guzmán” en materia de constitución no representativa de la soberanía popular y de modelo económico ultraliberal, lo uno explicando en buena medida lo otro. Y sorprende también la explicación de la destitución de Golborne a la que procedió sin contemplaciones: se trataría de una reacción a la crítica de Allamand. Esta fue bastante fuerte pero veraz y realizada en el contexto de una elección primaria consistente precisamente en ganarle al aliado. ¿No era acaso evidente que Golborne ya no era un candidato viable en un país que disminuyó su nivel de tolerancia frente al abuso empresarial? Salvo alguna teoría tortuosa de la conspiración por parte de Longueira, la UDI parece estar desafinando su profesionalismo.
Una tercera lectura nos remite a abordar la equivocada interpretación de la persistente popularidad de Michelle Bachelet, es decir la idea de que es fruto de una supuesta condición de outsider de la política con una buena dosis de empatía, pero sin consistencia, capaz de suscitar la adhesión circunstancial de muchos ciudadanos pero de una manera líquida, en suma transferible a otro candidato con vasos comunicantes. Para enfrentarla, el sector más duro de la UDI privilegió a alguien ajeno a su identidad nuclear, a un independiente con habilidades blandas y popularidad. El equívoco fue total: Michelle Bachelet no es independiente, encarna valores democráticos e igualitarios, es una militante desde muy joven que fue por ello objeto de persecusión grave, y sostiene ideas progresistas que, por lo demás, ha hecho más visibles. Los chilenos se identifican mayoritariamente con ella -y lo hacen adicionalmente, aunque en una proporción bastante menor, con Marco Enríquez-Ominami- porque expresa en su discurso y encarna en su biografía aspiraciones hoy mayoritarias en la sociedad. La distancia de Bachelet no es con la política. Es una distancia, a veces excesivamente prudente, pero distancia al fin, con los intereses creados de los más poderosos, con los abusos, las desigualdades, las discriminaciones, la postergación de las mujeres, la falta de derechos y de igualdad de oportunidades. No son éstos rasgos livianos de una personalidad etérea. Son atributos con los que los chilenos se identifican de más cerca o de más lejos. Si a eso agregamos un estilo llano y la empatía de la autenticidad, la peculiar combinación de valores, ideas y actitudes de Bachelet parece explicar de manera más que razonable su popularidad. Y no hay que olvidar, en una época en que la calidad de la representación partidaria está por los suelos y en que los partidos que la apoyan tienen una fuerte tarea pendiente de renovación de propuestas y prácticas, que Bachelet proviene de ellos y son su parámetro político en la esfera pública. Esta no es aún en Chile tan anómica como para caer en manos de cualquier caudillo inconsistente. Las fuerzas que se pueden identificar nominalmente como de izquierda, aún cuando son absurdamente incapaces de producir articulaciones productivas entre sí, sumaron en octubre pasado un 43% de los votos (la izquierda moderada que pertenece a la Concertación reunió un 28% y la izquierda extraconcertación un 15%). No es poca cosa para nutrirse como punto de partida en una campaña electoral. La popularidad de Bachelet no existe en el aire. Tiene base en la estructura de la esfera pública y ocupa un espacio político y cultural, a partir del cual tiene además el gran mérito de atraer voto oscilante o a abstencionistas. Y está haciendo un trabajo de precisión programática, cuyos alcances están aún por verse, que ha sorprendido a sus contrincantes y que contribuye a darle densidad al debate político. Es de esperar que no se diluya más adelante con las clásicas recomendaciones esquemáticas de que las elecciones se ganan en el centro, lo que en las circunstancias chilenas no harían más que aumentar las fronteras del abstencionismo. Las elecciones se ganan cuando los liderazgos establecen los términos del debate, se identifican con pero también orientan las aspiraciones mayoritarias y lo hacen con credibilidad y capacidad de motivar. Así, en su intento líquido de ampliar sus opciones electorales, la UDI parece haber perdido sus capacidades analíticas y su pulso estratégico.
El problema para la derecha no son sus representantes auténticos, que habría que esconder, sino el hecho de que sus valores, ideas y proyectos son minoritarios en la sociedad chilena. Solo circunstancias particulares como las de 2009 -agotamiento de una coalición que se estrechó y paralizó, permanencia prolongada en el poder, un candidato de otra época, una sensación de descomposición derivada del exceso de pragmatismo y de síntomas de corrupción- le permitieron a la derecha llegar al gobierno. Pero no fue capaz de constituirse en una nueva fuerza conservadora comprometida con la democracia y con al menos algunos intereses de la mayoría, abierta en algo a la modernidad. Se mantuvo a la postre como la derecha de siempre, aferrada a sus ilegítimos privilegios constitucionales, a la defensa a ultranza de la sociedad de mercado, al tradicionalismo retrógrado e incapaz, en particular, de darle un tratamiento innovador a la crisis educacional, defendiendo a toda costa la educación segmentada y de mercado. ¿Podrán ahora Longueira y Allamand proponer un nuevo proyecto? Tal vez. Si no lo hacen, probablemente se estrellarán con la tendencia en alza desde 2011: Chile no está para mantener el poder político en manos de los representantes directos del poder económico. La mayoría ya tiene suficiente con sufrirlo sin contrapeso en las principales esferas de la vida cotidiana, por mucho que la economía y el empleo estén pasando por un buen momento.

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