viernes, 30 de junio de 2023

Las visiones contrastadas de la historia

 En El Mostrador

Nuestra sociedad sigue inevitablemente procesando los aspectos más difíciles de su historia reciente, especialmente en una fecha tan simbólica como los 50 años del golpe de Estado de 1973. Las nuevas generaciones se preguntan, con toda razón, qué pudo haber causado un crisis de tanta gravedad y con resultados tan violentos. Las respuestas nunca serán obvias y tendrán inevitablemente aspectos controvertidos. Seguir buscándolas será en cada etapa de la vida democrática plenamente pertinente, pues de otro modo no se podrán extraer las lecciones que eviten cualquier repetición de una crisis de esa naturaleza.

Como ha señalado el Presidente Boric, uno de los aportes iniciales que perduran en ese sentido es el libro-testimonio de Joan Garcés, Allende y la experiencia chilena: las armas de la política, de 1976, reeditado por Siglo XXI en 2013. También lo es el libro de Arturo Valenzuela, El quiebre de la democracia en Chile, de 1978, en el que se resalta, como señala la presentación de la edición del libro por la UDP de 2013, “la primacía de los factores políticos por sobre los económicos en el colapso de la institucionalidad en 1973, planteando por primera vez la tesis de que, más allá de la actuación de las fuerzas radicales, fueron la erosión del centro político y la politización de las instituciones supuestamente neutrales los elementos que más influyeron en el derrumbe de la democracia chilena y el largo período dictatorial que le siguió”.

Daniel Mansuy ha publicado recientemente un texto que hace, desde el punto de vista conservador, una aproximación que busca ser intelectualmente honesta a la crisis de 1973. Es debatible tanto en su enfoque general como en diversos aspectos específicos, como no puede ser de otra manera, pero contrasta notoriamente con la falta de perspectiva de la representación política actual de la derecha.

La secretaria general de la Unión Demócrata Independiente (UDI), María José Hoffmann, llegó a sostener hace un tiempo que “hubo mucha gente que sufrió de lado y lado, en eso tenemos que cambiar la actitud. Si yo le empiezo a decir lo que pienso y todas las barbaridades que hizo Salvador Allende, creo que no nos vamos a encontrar”. Fue consultada sobre si son “equiparables las barbaridades de Salvador Allende con las de la dictadura”, y Hoffmann contestó que “son bastante equiparables, diría yo”.

Una persona con responsabilidades públicas está introduciendo una distorsión histórica de grandes proporciones. Una cosa son políticas que atacaron intereses dominantes para procurar dignificar la condición de los trabajadores y campesinos, mejorar la alimentación de los niños, subir los salarios y redistribuir los ingresos, nacionalizar el cobre, culminar la reforma agraria y constituir un área de propiedad social, todo lo cual es muy debatible en sus finalidades y temporalidades e implicaba una polarización de la sociedad, pero se llevó a cabo en democracia, con garantías constitucionales, elecciones libres, separación de poderes y plena libertad de prensa y reunión, las que estaban plenamente vigentes el martes 11 de septiembre de 1973.

En ese día, por lo demás, el Presidente Allende anunciaría un plebiscito para dirimir el conflicto político y evitar un quiebre institucional. Se podrá decir lo que se quiera sobre las supuestas intenciones de la izquierda, el congreso socialista de 1967 y tal cosa u otra en la lógica de las campañas apocalípticas sobre las supuestas intenciones de la Unidad Popular de someter el país a Moscú, con plan Z incluido, pero la estricta e indesmentible realidad es la plena vigencia de las libertades y derechos desde el primer hasta el último día del Gobierno del Presidente Allende. Y todo esto en medio de atentados cotidianos de la extrema derecha, ayudada por miembros de los servicios de inteligencia de la Armada, según se ha documentado posteriormente. Esto incluyó la bomba puesta en la casa de mi familia –mi padre era ministro de Planificación del Presidente Allende– por Patria y Libertad el 2 de septiembre de 1973 y que por segundos no me costó la vida.

Otra cosa muy distinta es un golpe de Estado que partió bombardeando La Moneda, con el Presidente en su interior defendiendo la dignidad republicana de las instituciones hasta dar su vida. Golpe de Estado cuya finalidad expresa fue, en palabras de Gustavo Leigh, “extirpar el cáncer marxista”, es decir, masacrar a la mayor parte de los dirigentes de los partidos de izquierda, reprimir y castigar a los que gobernaban y someter por la violencia y el terror a los chilenos y chilenas que dieron el 44% de los votos a la izquierda en marzo de 1973. Esto incluyó campos de concentración, proscripciones y persecuciones, allanamientos masivos, torturas, violaciones y vejaciones de cuerpos, asesinatos, desapariciones de restos (en diversos casos en dos ocasiones), cárcel, exilio y una dictadura de 17 años con “metas y no plazos”, nada de lo cual existió ni por asomo bajo el Gobierno del Presidente Allende.

Permanece en Chile, desgraciadamente, una derecha con una distorsión de perspectiva sobre la base de una irracional teoría del empate que es ética y factualmente insostenible. Que la señora Hoffmann aluda a sus familiares militares como factor de adhesión obligada a la dictadura es también grave, pues muchos militares no fueron ni golpistas, ni torturadores ni asesinos. Hubo insignes mandos constitucionalistas como los generales Schneider y Prats, mientras dos de los cuatro comandantes en Jefe en ejercicio el 11 de septiembre se opusieron al golpe y fueron destituidos por su consecuencia democrática, el almirante Montero y el general Sepúlveda Galindo.

Otros lo fueron en distintas etapas anteriores y posteriores, como los generales Pickering y Sepúlveda del Ejército, los generales Poblete y Bachelet de la Fuerza Aérea, estos últimos presos y torturados, el capitán Araya de la Marina, asesinado por la extrema derecha, junto a muchos oficiales, soldados y marineros. Su memoria de hombres de armas comprometidos con la democracia y con la subordinación al poder civil solo merece respeto y consideración, en contraste con la felonía de los golpistas y la virulencia de sus aliados civiles, que no dudaron en configurar un régimen de violencia para permanecer indefinidamente en el poder.

El hecho es que una casta militar de oficiales oportunistas se alió a la oligarquía dominante tradicional, a la que sirvieron por casi dos décadas. ¿El resultado? Graves y prolongadas violaciones a los derechos humanos y una enorme concentración de la riqueza. La UDI pasó de protagonista de la dictadura –en tanto alianza del gremialismo y los Chicago Boys– a la representación meticulosa y sin desmayo, ni mayor disimulo, de los intereses oligárquicos.

En efecto, se niega hasta hoy, y también la nueva extrema derecha, a que los más ricos paguen más impuestos, que los trabajadores puedan negociar con instrumentos efectivos los salarios en las empresas o que las isapres, las AFP y las escuelas y universidades privadas dejen de lucrar a costa de la mayoría. Es el sector político heredero de un “modelo” que considera exitoso, pero que otros pensamos fue dictatorial, injusto, desigual e ineficaz. La economía ha sido usada para intentar validar históricamente un régimen que simplemente no tiene justificación para quien tenga alguna convicción democrática. A los que no tengan esas convicciones, cabe decirles que la dictadura tuvo un peor desempeño económico que el obtenido en democracia. Ahí están las cifras para quien quiera consultarlas.

Como se observa, lo que sigue en juego es el gran dilema de la sociedad chilena: el interés general o la ley del más fuerte, la justicia social (y hoy también la justicia ecológica) o el sálvese quien pueda del individualismo negativo que favorece a los poderosos, ese que encarnan la derecha y la extrema derecha. Para sostener sus fines, este sector sigue intentando distorsionar políticamente la historia, cuyo juicio no le es exactamente favorable.

jueves, 22 de junio de 2023

Economía: hacia al sobreajuste

En La Nueva Mirada

En el trimestre febrero-abril, último para el cual hay información, se registró un punto de inflexión, pues la actividad cayó en -0,2% respecto al trimestre previo, en términos desestacionalizados, después de tres trimestres móviles de crecimiento. Las remuneraciones reales se estancaron en el mismo trimestre por segunda vez consecutiva. La nota positiva fue el crecimiento de 1,9% en el empleo, aunque el empleo asalariado formal retrocede desde principio de año. El problema es que con la producción cayendo, el empleo terminará también por caer.

Hemos sido hasta recientemente unos pocos los que hemos sostenido que provocar una recesión en 2023, después de hacer caer la actividad en los tres primeros trimestres de 2022, es inútil y lesivo (ver por ejemplo hace más de un año https://gonzalomartner.blogspot.com/…/es-necesaria-una…). Aunque los datos del primer trimestre permitían albergar alguna esperanza de resiliencia de la economía frente a la política monetaria restrictiva, los datos posteriores ya dejan poco espacio para la duda. Hoy casi todos los economistas de la plaza coinciden con la tesis del sobreajuste. Salvo la mayoría conservadora del Banco Central, que, por tres votos a dos en la sesión de junio, mantuvo la tasa de interés de política monetaria en 11,25% contra viento y marea.

Para el Banco Central, la inflación se ha reducido «conforme a la línea de lo previsto consolidándose hacia la convergencia de la meta de un 3%», pero sin decir que eso se debe de manera significativa a la caída de los precios externos, y no a su política, y que la meta se debe alcanzar en un horizonte de 24 meses y no el próximo mes. La caída prevista incluye “en general, la actividad y la demanda interna«, que es lo que ha querido desde marzo de 2022 para llevar el país a una recesión. La caída sistemática de la inflación no lleva al Banco Central a bajar la tasa de interés.

Una economía en la que una alta proporción de los productos finales que se consumen son directamente importados y los demás tienen un importante componente de insumos importados en su elaboración, está evidentemente expuesta a la evolución de los precios internacionales de esos productos e insumos, además del tipo de cambio peso/dólar. Los más relevantes para los consumidores son los precios de los combustibles y de los alimentos, que llegaron a subir desde 2021 en más de 100% y 50% respectivamente a nivel internacional y luego han bajado. El petróleo WTI pasó de 52 dólares por barril en enero de 2021, al iniciarse la reactivación post pandemia, a 115 en junio de 2022 y a 75 en mayo de 2023, mientras los precios internacionales de los alimentos según la FAO pasaron de un índice de 98 en 2020 a 158 en mayo de 2021 y a 124 en mayo de 2023. Entonces su repercusión interna, al alza y luego a la baja, era inevitable. La inflación en Chile -y en cualquier otra parte- no se iba a mantener en el rango previo de 2-3% con ese nivel de brote inflacionario en productos de amplio consumo, provocado primero por los avatares de la salida de crisis a nivel global y luego por la invasión a Ucrania, un importante productor de alimentos, por parte de Rusia, un importante productor de gas y petróleo, junto a los efectos de la especulación financiera en los mercados de futuro.

Se puede retrasar, o bien controlar aumentos de los márgenes empresariales provocados por colusiones oligopólicas y eventualmente subsidiar algunos bienes básicos, pero desde Chile no se puede evitar los movimientos de precios en el mundo. El Banco Central puede subir la tasa de interés todo lo que quiera, pero no va a evitar sino en el margen que el IPC suba o baje si los precios internacionales clave lo hacen en esas magnitudes. En todo caso, el brote inflacionario ya amaina en Chile, con un IPC de 3,8% semestral a mayo.

Por otro lado, el fuerte aumento de la demanda interna en 2021, que tanto alteró al Banco Central, tuvo una causa llamada a extinguirse por sí misma: los retiros desde las cuentas de fondos de pensiones, muy altos efectivamente, pero que eran por una vez en cada caso y sus efectos iban a cesar al cabo del tiempo. De menor envergadura, pero también significativas, fueron las transferencias gubernamentales de emergencia a las familias, que provocaron un alto déficit fiscal, pero que tampoco estaban llamadas a perdurar. Subir las tasas de interés brutalmente no iba a impedir que aumentara el consumo de las familias por un período dado, para luego declinar. Por estas dos razones principales, la externa y la interna, la pretensión del consejo del Banco Central de bajar la inflación provocando una recesión interna ha sido especialmente absurda, y en mi apreciación políticamente motivada para favorecer a las fuerzas conservadoras a partir de marzo de 2022.

¿El resultado? Según los datos de la encuesta de empleo del INE, el número de personas desempleadas (las que buscan activamente trabajo y no lo encuentran) ha pasado en un año de 742 mil en el trimestre febrero-mayo de 2022 a 854 mil en el mismo período de 2023. Las personas desalentadas (que ya no buscan empleo pero desearían trabajar) pasaron de 794 mil a 855 mil en el mismo lapso de tiempo. La suma de ambos tipos de desempleados pasó de 1,536 millón de personas a 1,708 millón.

En suma, una inflación que ha subido y luego ha tendido a la baja y que es fuertemente influenciada por causas externas, ha sido erróneamente atacada mediante una política monetaria y fiscal recesiva (esta última se ha tornado expansiva desde 2023, después de hacer caer brutalmente el gasto público en 23,1% en 2022). Esta combinación ha terminado por provocar que haya en un año 173 mil personas adicionales sin empleo o que ya no lo buscan, sumando 1,7 millón de personas de carne y hueso que se encuentran en una de las peores situaciones que pueda enfrentar un ser humano, hombre o mujer, joven o de edad madura. Esta es desde luego peor que una baja temporal de los ingresos reales por la inflación, pues es mejor disponer de menos poder adquisitivo por un tiempo que no disponer de ninguno, aunque en la apreciación global se trate de un número inferior de personas que la que percibe ingresos no protegidos de la inflación.

Entre tanto, el crecimiento internacional ha sido más bien favorable en el período. Sin ir más lejos, en Estados Unidos el desempleo es el más bajo desde los años 1960 (3,7% de la fuerza de trabajo), con una política fiscal y monetaria que busca controlar la inflación y también, expresamente, no producir una recesión productiva y del empleo. Exactamente lo contrario que en Chile.

viernes, 9 de junio de 2023

jueves, 8 de junio de 2023

Entre el bloqueo legislativo y la recesión

En La Nueva Mirada

La cuenta presidencial reciente tuvo momentos significativos y apropiados en la defensa de la democracia y de la convivencia basada en valores civilizatorios compartidos. El Presidente Boric habló contra las discriminaciones y actitudes de agresión y violencia verbal inaceptables que se han observado en el escenario político de manera muy valiosa. No obstante, el escenario político y económico permanece borrascoso.

Esta postura de integridad democrática es la que llevó al Presidente Boric a retrucarle horas antes al Presidente Lula que las violaciones a los derechos humanos en Venezuela no son una construcción retórica. Tampoco lo es la crisis migratoria que ha provocado el colapso económico de ese país y su incidencia, entre otros países, en Chile. No obstante, el gobierno chileno debe acompañar, y seguramente lo hará en lo que le toque, la búsqueda de una salida democrática mediante elecciones generales con garantías para la oposición en 2024 en Venezuela. En esa salida está comprometido el Presidente brasileño, que busca tener un vínculo suficiente con Maduro y su régimen, más allá de lo que se pueda opinar sobre ambos, para incidir en un camino que debe incluir el retorno a la normalidad democrática, a la recuperación económica luego del uso rentista y con altas dosis de corrupción por décadas de sus amplios recursos y también terminar con el inútil y absurdo bloqueo norteamericano. Ese esfuerzo requiere ser apoyado.

El presidente postuló, por otro lado, un apoyo al posible resultado del proceso constitucional en curso, aunque se mantiene la incógnita sobre la conducta de la extrema derecha, que ahora lo controla. Su extremismo sectario puede llevar a un nuevo rechazo a la propuesta que resulte de ese proceso, mientras la de los “expertos” incluye un aumento del quórum de reforma constitucional (3/5) respecto a la norma vigente desde agosto pasado (4/7), lo que desde ya justificaría ese rechazo: las reformas de normas insatisfactorias -como es el caso de diversos artículos económicos y ambientales del borrador- serían más fáciles con el texto constitucional vigente que con el futuro. El borrador actual  tampoco permite avanzar en superar la crisis con el mundo mapuche que ha optado por la insurgencia, ante la ausencia de un reconocimiento consistente a su historia y a su autonomía, por lo que la comisión sobre las tierras mapuche nombrada por el presidente tiene limitadas perspectivas de éxito. La retroalimentación entre represión militar generalizada y radicalización insurgente parece ser el escenario más probable, y el que menos resolverá un problema histórico.

El Presidente Boric recalcó en su cuenta los logros de su gobierno en materia de seguridad, como la ley de Reparación de Víctimas de Femicidio, la ley que crea el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil, el plan de Infraestructura para la Seguridad, la Política contra el Crimen Organizado, el plan Calles Sin Violencia y la recuperación de espacios públicos, las leyes que agravan el delito de secuestro y el porte de armas en lugares públicos, persiguen la conspiración para el sicariato y el delito de extorsión, quitan el patrimonio mal habido de quienes cometen delitos y aumentan las penas contra quienes proveen drogas a niñas, niños y adolescentes. Permanece, sin embargo, el interrogante sobre los roles policiales de las Fuerzas Armadas, que se han fortalecido de manera veloz en el último año mediante recurrentes Estados de excepción y reformas legales, pero que no debieran ser parte de la creación de un Estado militar-policial arbitrario y represivo, como siempre ha sido el enfoque de la derecha para defender sus intereses. Para el orden público deberán consolidarse progresivamente, en cambio, unas policías profundamente reformadas y fortalecidas, capaces de vincularse mucho más activamente con la sociedad en los barrios y territorios y ser mucho más eficaces en su tarea de protección de la ciudadanía, respetando sus derechos.

Resaltó el Presidente adecuadamente el aumento del sueldo mínimo de 350 mil a 500 mil pesos en 2024 con acuerdo con la CUT -lo que representa un alza en su valor real del 20%- y el subsidio para apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas; la ley que reduce de manera gradual la jornada laboral a 40 horas; la ley que amplió la cobertura de la Pensión Garantizada Universal; el Copago Cero para que la salud pública sea gratuita para los usuarios de Fonasa de los tramos C y D; el Registro Nacional de Deudores de Pensiones de Alimentos junto a la ley de Responsabilidad Parental y Pago Efectivo de las Pensiones de Alimentos, y así otra serie de logros.

El Presidente realizó, asimismo, una serie de valiosos anuncios como hoja de ruta de su gestión, muchos de los cuales están sujetos a una incierta aprobación de la reforma tributaria, como la compensación por la llamada deuda histórica originada en traspasos de la década de 1980 de los profesores y el cese del pago del crédito estudiantil universitario. También es incierta la capacidad de financiar plenamente compromisos como el aumento de la Pensión Garantizada Universal, la reducción de las listas de espera en las atenciones hospitalarias, más transferencias per cápita a la salud primaria municipal, avanzar a la sala cuna universal y a la creación de un sistema nacional de cuidados, la creación de centros contra la violencia sexual en regiones, el aumento de recursos para la seguridad pública y el establecimiento de incentivos a la productividad.

En este ámbito, permanece sobre todo la interrogante sobre la necesidad de un plan de reactivación económica más vasto frente a los signos de recesión, pérdida de empleos y el aumento de las personas jóvenes que no estudian ni trabajan (llegaron a 400 mil en febrero-abril), que ya se están produciendo.  Evitar que se puedan prolongar y profundizar de manera grave es tarea de una política fiscal que deberá ser más significativa para evitar ese riesgo inútil, provocado por una política monetaria recesiva persistentemente equivocada. El Banco Central considera que se debe comprimir la demanda interna para combatir la inflación, desestimando su fuerte componente importado. Esta se encuentra en vías de normalización: el IPC promedio de los últimos 6 meses es solo un 4,4% superior al de los 6 meses previos. No existe en la actualidad tal cosa como un «exceso de demanda”. Ante el fuerte incremento de la demanda en 2021, la reacción de la oferta de bienes ha sido elástica dado el grado de apertura de la economía (lo que se reflejó en un gran aumento de las importaciones en 2022 y un mayor déficit en cuenta corriente, pero no en incontrolables presiones inflacionarias endógenas, como señala la narrativa oficial). También ha sido el caso de los servicios, que han ampliado su suministro sin provocar mayores presiones inflacionarias, con la excepción de la educación, en que los privados aumentaron sus matrículas y márgenes. En cambio, en los servicios de comunicaciones los precios disminuyeron.

En todo caso, la demanda interna alcanzó su máximo nivel en el cuarto trimestre de 2021, a raíz de una explosión del consumo por la suma de retiros de fondos de pensiones y las transferencias de emergencia a las familias, en plena coyuntura pandémica y electoral. Desde entonces, la demanda interna se sitúa por debajo de ese nivel. El dato más reciente indica que ha caído en -1,5% en enero-marzo de 2023 respecto al trimestre anterior, en términos desestacionalizados, y ha disminuido en -8,0% en doce meses. La caída trimestral se explica tanto por un deterioro de -2,5% del consumo de las familias (como se comprenderá, esto no ayudó demasiado al gobierno en el resultado del 7 de mayo pasado) y de -0,9% de la inversión (formación bruta de capital fijo).

Estas cifras hacen todavía más evidente y más urgente que el Banco Central debe bajar las tasas de interés. El gobierno debiera acelerar, por su parte, su gasto de inversión en vivienda, urbanismo e infraestructura (de preferencia procurando facilitar la transición energética verde y la mitigación del cambio climático) y aumentar las transferencias a los sectores más vulnerables vía suplemento de asignación familiar (bolsillo familiar electrónico).

En febrero-abril de 2023, el índice de actividad económica disminuyó en -0,2% en comparación al trimestre previo, el de enero-marzo (ver el gráfico). Se trata de una caída de -0,7% en ritmo anualizado. El índice mensual desestacionalizado ha caído desde febrero por tercer mes consecutivo, aunque con una muy leve caída en abril, después de un dinámico mes de enero que permitió buenos datos promedio del primer trimestre del año. Pero esto no se ha prolongado en los meses siguientes. La producción de bienes se ha comportado a la baja en el promedio trimestral móvil, pero sobre todo ha sido el comercio el que ha disminuido su actividad, mientras los servicios apenas crecen. Esto refleja una contracción del consumo de los hogares, que constituye el grueso de la demanda.

Que esta tendencia coyuntural se mantenga o no, y se pierda o no producción y empleos en los próximos meses, lo que ya ocurre con el empleo asalariado formal desde enero, dependerá de las decisiones de política que se adopten, para lo cual hay poco tiempo si se quiere impedir consecuencias previsibles y sobre todo evitables.

miércoles, 7 de junio de 2023

Un proceso constitucional que debe ser rechazado

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Hoy se inició el Consejo Constitucional, que en un plazo de 5 meses (primera semana de octubre) deberá aprobar una propuesta de texto de nueva constitución. El 17 de diciembre se realizará un plebiscito que la aprobará o rechazará. El Consejo trabajará sobre la base de un borrador de constitución ya entregado por los “expertos” nombrados por el parlamento (/file:///Users/gonzalomartner/Downloads/anteproyecto-WEB.pdf). Hay normas insatisfactorias de todo tipo en el texto vigente, reformado muchas veces, pero también las hay en materia institucional, económica y ambiental en el borrador de los "expertos", en especial los quórum de reforma y normas de privilegio para el Senado, las FF.AA. y las grandes empresas mineras.  Más las que ahora agregarán muy probablemente los republicanos. 

En efecto, la lista de observaciones negativas sobre el borrador es desde ya larga, como que se mantiene un Senado plenamente colegislador que subrepresenta gravemente a las regiones con más habitantes y distorsiona la voluntad popular,  se mantiene la facultad de asignar directamente impuestos e ingresos a las FF.AA. sin pasar por el parlamento como un privilegio inaceptable, se protege las concesiones mineras actuales y se otorga una autonomía excesiva al Banco Central sin un mandato claro a la política monetaria de equilibrio entre inflación y empleo y de financiamiento de la transición contra el cambio climático, mientras los artículos ambientales son muy deficientes. Pero el tema principal es: ¿con qué quórum futuros parlamentos podrán reformar la constitución? Cabe señalar que el borrador constitucional incluye un aumento del quórum de reforma constitucional a 3/5, por sobre la norma vigente desde agosto pasado de solo 4/7. 

Asumimos que una nueva asamblea constituyente no se ve a la vuelta de la esquina después de la derrota del 4S-2022, que penalizó la radicalidad de visiones particulares y la gestión inicial del nuevo gobierno. Y tampoco se avizora que los republicanos que dominan el Consejo bajen los quórum de reforma y saquen del borrador las normas de privilegio para el Senado, las FF.AA. y las grandes empresas mineras. Se puede argumentar que existirán normas de derogación de ley y de iniciativa popular de ley previstas en el borrador, pero estas no incluyen las normas constitucionales.

Hay entonces normas vigentes que deben ser cambiadas, pero en el borrador también hay normas que no son aceptables para un orden democrático verdaderamente representativo de la voluntad popular y un Estado social propiamente tal. El tema central es el hecho cierto que serán más fáciles de cambiar las normas que se quiera por futuros parlamentos con el texto vigente (4/7) que con el que salga del consejo (3/5). Razón más que suficiente, además de los contenidos del borrador altamente cuestionables que probablemente serán aprobados por el Consejo, para rechazarlo en diciembre próximo.

Si eso ocurre, como todas las encuestas anticipan, no se producirá un congelamiento constitucional. El actual parlamento podrá aprobar por 4/7 desde enero de 2024, por ejemplo el Estado democrático y social de derecho en un formato mejor redactado que el del borrador y otras reformas que ya han sido consensuadas, como las que limitan la dispersión de partidos políticos en el parlamento. Más adelante, los futuros parlamentos podrán seguir perfeccionando las normas constitucionales que lo requieran en tanto se produzcan acuerdos de 4/7 (57% de los miembros del parlamento). Es decir, sería una perspectiva que se aleja de los congelamientos constitucionales de hierro destinados a proteger los intereses de los privilegiados, que son siempre, a larga, un factor de crisis recurrente. 

Después del veredicto del 4S/22, que rechazó un cambio de constitución que apareció, entre otras dimensiones, como uno que consagraba opciones de política por sobre las que se determinaran en las elecciones periódicas de gobierno y parlamento, queda rechazar el camino de los "expertos" y del Consejo y abrir un sistema de "evolución constitucional progresiva". El parlamento debiera ajustar en el corto plazo los principales consensos alcanzados en los debates desde 2020 y nuevos parlamentos debieran acomodar los cambios en la voluntad colectiva a lo largo del tiempo. De ese modo se podrá proveer una estabilidad dinámica del sistema político, que incluya cambios según lo vaya determinando la representación efectiva de la soberanía popular y con la definición básica de que Chile hace funcionar sus instituciones en un Estado democrático y social de derecho.


sábado, 27 de mayo de 2023

El PPD

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Hace ya tiempo que observo con consternación lo que ocurre con el PPD. Formé parte del pequeño grupo que tomó la decisión de impulsarlo en la etapa final de la lucha contra la dictadura, no sin dudas, y se instaló en un vieja casona en Bellavista para ese propósito. Para derrotar a Pinochet en el plebiscito de 1988, junto a llamar a la inscripción masiva en los registros electorales, se debía legalizar un partido instrumental que permitiera controlar los resultados en las mesas de votación, junto al PH que había hecho lo propio con la recordada Laura Rodríguez, y al PDC, que también lo hizo por su cuenta. Nuestra idea original en el PS dirigido por Ricardo Núñez era inscribir un solo partido instrumental de toda la oposición. De ahí el nombre de Partido por la Democracia. El PS no podía legalizarse, pues fue declarado inconstitucional y Clodomiro Almeyda fue proscrito, lo que incluso no le permitió posteriormente ser candidato presidencial o parlamentario. Aunque nuestro diseño original amplio había fracasado, en diciembre de 1987 decidimos inscribir contra viento y manera una opción propia que expresara, con presencia significativa de fuerzas de izquierda, nuestra voluntad de provocar una salida política a la dictadura, pues la opción militar no tenía en nuestra opinión ninguna viabilidad, en el contexto de buscar la más amplia unidad opositora. Un equipo que encabecé con Didier de St Pierre terminó de revisar una por una las miles de fichas de inscripción de ese partido en el verano de 1988 (un 10% venía con problemas), recolectadas en plena dictadura en muy breve tiempo en todo Chile por diversos colectivos, y las llevó al Servicio Electoral. Culminó así su nacimiento en un esfuerzo épico. 

En ese proceso estuvo, junto al Mapu y sectores ex radicales y ex comunistas, el liderazgo creciente de Ricardo Lagos, que nunca se sintió cómodo en partido alguno pero entonces expresaba una voluntad de lucha contra la dictadura de la que algunos siempre le estaremos agradecidos, mientras sus ideas provenían entonces con más frecuencia desde su hemisferio izquierdo. Y el soporte organizado fue el PS dirigido por Núñez y Alvarado, y Arrate en el exterior, y al que también pertenecía Lagos, no sin tensiones.  Ese conjunto estuvo en el origen de la idea de intentar derrotar a la dictadura en el plebiscito de 1988, después que las protestas de 1983-86 y el atentado a Pinochet en 1986 no lo lograron. Como se sabe, esa estrategia rompió la cadena del miedo, movilizó y unificó al pueblo tras la bandera de la democracia y fue exitosa, con un recuento paralelo de votos mesa por mesa que nos habilitó a disputar hasta el último rincón de Chile el triunfo que Pinochet no anticipaba, quiso desconocer y finalmente tuvo que reconocer, pues no hacerlo implicaba para él riesgos aún mayores. Se iniciaba así una azarosa transición, con sus luces y sombras.

En 1989, el PS se reunificó (en diálogos finales muy cordiales entre Clodomiro Almeyda y Jorge Arrate de los que fui testigo) e ingresó de lleno al gobierno, al caer el muro de Berlín e iniciarse la transición democrática, luego de haber estado dividido entre un sector que reivindicaba su carácter nacional-popular y democrático y otro que se alineó con el Partido Comunista, la lucha armada y el bloque soviético, con sede en Berlín Oriental. Ricardo Lagos, Erich Schnake, Victor Barrueto, Jorge Schaulsohn, Carolina Tohá, Guido Girardi, María Antonieta Saa, Sergio Bitar, entre otros, decidieron transformar al PPD de partido instrumental en un partido, digamos, de centro con guiños a la izquierda, que no se hiciera cargo sobre todo de lo que entendían era el peso negativo de la izquierda histórica. Ricardo Lagos propuso que el PS se disolviera en el PPD, lo que éste no aceptó, dada su larga historia y su voluntad de reivindicar al allendismo. Pero se mantuvo una bancada parlamentaria PS-PPD. 

A algunos desde el PS unificado, por el que optamos, nos pareció que este proceso fue mal resuelto y que dividía a una izquierda que debía ser plural pero tenía que actuar en conjunto ante los grandes desafíos de la sociedad chilena, a lo que se agregaba la fractura con el PC de Gladys Marín, que estaba en posiciones rupturistas, a pesar del acuerdo presidencial y parlamentario de 1989. La década DC de 1990 estuvo, entonces, marcada por la ausencia de capacidad de alteración del statu quo, a pesar de muchos esfuerzos diversos. Procuramos una unificación progresiva entre el PS y el PPD, por la vía de una federación, que no resultó, pero que logró elegir a Ricardo Lagos presidente sin romper la coalición con la DC, lo que se hizo ganando una primaria y una estrecha segunda vuelta presidencial frente a la derecha. Después de haber estado inicialmente en el Ministerio de la Presidencia, salí al descampado y bajo mi conducción el PS en 2003-2005 constituyó una comisión política conjunta con el PPD, dirigido por Victor Barrueto. Actuamos de manera estrechamente coordinada (con Schaulsohn y Tarud incluidos), junto a rearmar, lo que no fue nada de fácil, una alianza con el PDC dirigido por Adolfo Zaldívar.  Y procuramos, por otro lado, abrir poco a poco el campo de entendimiento hacia el PC. Un proyecto más a la izquierda no tenía todavía espacio en el escenario político y fui derrotado en el intento de conformar una fuerza coherente e institucional que lo apoyara, saliendo de la lógica de corrientes, de lo que no me arrepiento para nada, pues en la actualidad ese proyecto está, aunque con 25 mil problemas, en desarrollo.

En suma, la dispersión PS-PPD y la fractura con el PC hizo débil a las izquierdas en la larga transición. Esta última recién se logró superar en 2014 y dio lugar al gobierno de Bachelet II, lo que es un mérito de la ex presidenta. Su lucha por reconquistar el principio de mayoría, disminuir la desigualdad, aumentar los derechos sociales y obtener el control nacional de los recursos naturales, no tuvo fuerza suficiente desde 1990 frente a la derecha y la mayoría institucional que forzó por décadas, con un centro dubitativo en sus opciones y cada vez más debilitado en la sociedad. 

Más aún, una parte del PPD y del PS no mantuvo una postura firme en materia de derechos humanos, aunque si lo hizo la mayoría del PS y sus líderes, y otra parte fue cooptada tempranamente por los intereses del gran empresariado, con propuestas como privatizar las empresas sanitarias, entregar Codelco a las AFP y flexibilizar aún más las relaciones laborales. Ambos partidos perdieron todo interés activo por los temas económico-sociales propios de la izquierda, aunque pugnaron por hacer avanzar, con éxito, los derechos civiles. 

La dispersión política, con sus respectivas ambiciones personales,  creció y obtuvo respuestas autoritarias, lo que dio lugar al fenómeno de los díscolos de diversa índole. Con el tiempo, en algunos sectores urbanos, caudillos comunales se asociaron con el narcotráfico local para obtener recursos y aumentar su influencia interna en los partidos, mostrando signos de corrupción, los que también ocurrieron con los financiamientos irregulares de campañas y la gestión de algunos servicios públicos. Esto afectó el ethos del PS y el PPD y su imagen ante la sociedad. La falta de convicción de parte de su dirigencia actual en el combate a estos flagelos nos llevó a muchos a alejarnos, en mi caso del PS en 2016 después de más de 30 años de militancia y de haber sido su presidente. Pero hay momentos en que subjetivamente no se puede más, y se privilegia los valores fundamentales y la independencia de acción. El impacto de estos fenómenos en la sociedad dio lugar al nacimiento del Frente Amplio, que es sociológicamente y en las ideas principales muy similar al PS-PPD, pero de una generación de jóvenes que no quiso sumarse, con razón, a la historia narrada.

El PS ha disminuido a la mitad su influencia electoral, pero ha seguido un camino favorecido por la fuerza de su historia y se ha sumado a la tarea del actual gobierno. El PPD se fue transformando, en cambio, en una organización clientelar meramente adaptativa (una expresión más suave que la de, digamos, orientada por el oportunismo político, que también le sería aplicable) que fue de crisis en crisis por su gestión interna altamente vertical y con un liderazgo clientelar dominante encabezado por el ex senador Girardi. Su líder natural,  Ricardo Lagos, se disoció de su suerte y ha terminado promoviendo partidos  de derecha como Amarillos o haciendo gestos a ex DC de derecha como Jaime Ravinet, en un curioso abandono tardío de su crítica  a los intereses que representa esa parte del espectro político. 

Pero lo peor ha sido la hostilidad de una parte del PPD con la ministra Carolina Tohá, que no tiene otra explicación que una cruda falta de solidaridad entre los miembros de un mismo partido, algunos de los cuales ya solo están en política para disputar espacios de poder descalificando y buscando derribar al resto, por lo demás en espacios cada vez más menguados. Esto se ha traducido en los ataques al gobierno y a la ministra jefa de gabinete del Presidente Boric. La motivación de quienes cuestionan a Tohá carece de lógica: se trata de alejarse del gobierno para "no pagar costos", pero al mismo tiempo ser parte de él (vaya uno a entender), y reivindicar una identidad de "centroizquierda" tal vez más "distinguida", como diría Bourdieu, que la de los "monos peludos" (¿el mundo popular?) y de los que asumen "la agenda de identidad sexogenérica y todas esas leseras" (¿el feminismo y la diversidad sexual?), que nadie sabe muy bien en qué consiste. Salvo, tal vez, en acercarse a los intereses dominantes y a simpatizar con el statu quo institucional vigente. Como si terminar siendo solo el 3% del electorado, sin que nadie se tome la molestia de asumir responsabilidades políticas, no indicara que más vale compartir la suerte del gobierno, de su coalición bastante más amplia y, sobre todo, de sus objetivos de transformación de la sociedad, por los que vale la pena trabajar, aunque sea en medio de grandes dificultades. 

Salvo que se quiera compartir la suerte de la derecha, ahora dominada por la extrema derecha. Pero eso si que ya no tiene nada que ver con lo que inspiró la fundación del PPD, en momentos dramáticos y decisivos de la historia de Chile.


jueves, 18 de mayo de 2023

La actividad del primer trimestre creció en 3,4% anual


Hoy el Banco Central ha publicado las Cuentas Nacionales del primer trimestre, que revelan que la economía creció en 0,8% en términos desestacionalizados respecto al trimestre final de 2022 (ver el primer gráfico). El Producto Interno Bruto (PIB, que registra las transacciones de mercado en consumo, inversión y exportaciones e importaciones y los gastos de gobierno y es la suma del valor bruto de producción de bienes y servicios menos los consumos intermedios en cada rama) registró un crecimiento anualizado de 3,4%, una muy buena cifra. El PIB no registra el bienestar de la población en muchos aspectos ni su distribución, pero es un indicador indispensable del nivel de actividad económica de mercado.
Los datos actualizados confirman que en los tres primeros trimestres de 2022 se produjeron caídas del PIB, así como un leve repunte en el último trimestre del año. Este ahora se consolida.
Desde el lado productivo, la evolución reciente ha sido heterogénea en el caso de los bienes. Se registraron en el primer trimestre de 2023, respecto al trimestre previo y sin efectos estacionales, aumentos en la pesca (9,2%), la producción industrial (3,4%) y la construcción (0,6%), mientras hubo caídas en agricultura (-4,5%), la minería (-1,6%) y la electricidad, gas y agua (-0,1%). En los servicios, también se observaron situaciones contrastadas, pero globalmente con un buen dinamismo. Aumentó la actividad del comercio (0,2%), de modo importante la de restaurantes y hoteles (8,0%) y fuertemente la de transportes (18,3%), junto a los servicios de vivienda (0,9%), los personales -salud y educación- (1%) y la administración pública (0,2%). Solo cayeron los servicios financieros y empresariales (-1,7%) y se mantuvieron los de comunicaciones.
Los datos del primer trimestre alientan la expectativa de que no se produzca una recesión este año y, por tanto, que no se deterioren el empleo y las remuneraciones reales, que es lo que afecta a la mayoría social. Esta recesión ha sido expresamente programada por el Banco Central, pues considera que se debe comprimir la demanda interna para combatir la inflación, desestimando su fuerte componente importado. Esta se encuentra en vías de normalización, dada la evolución reciente de los precios externos que provocaron el brote de 2022: el IPC promedio de los últimos 6 meses es solo un 4,4% superior al de los 6 meses previos.
Es evidente que no existe en la actualidad tal cosa como un "exceso de demanda", como se observa en el segundo gráfico. Hemos subrayado en estos posteos que, ante el fuerte incremento de la demanda en 2021, la reacción de la oferta de bienes ha sido elástica dado el grado de apertura de la economía (lo que se reflejó en un gran aumento de las importaciones en 2022 y un mayor déficit en cuenta corriente, pero no en incontrolables presiones inflacionarias endógenas, como señala la narrativa oficial). También ha sido el caso de los servicios, que han ampliado su suministro sin provocar mayores presiones inflacionarias por incapacidad de aumentar la oferta. En la educación hubo aumentos importantes de precios, pues los privados aumentaron sus matrículas y sus márgenes, pero en comunicaciones los precios disminuyeron.
En todo caso, la demanda interna alcanzó su máximo nivel en el cuarto trimestre de 2021, a raíz de una explosión del consumo por la suma de retiros de fondos de pensiones y las transferencias de emergencia a las familias, en plena coyuntura pandémica y electoral. Desde entonces, la demanda interna se sitúa por debajo de ese nivel. El dato más reciente indica que ha caído en -1,5% en enero-marzo de 2023 respecto al trimestre anterior, en términos desestacionalizados, y ha disminuido en -8,0% en doce meses. La caída trimestral se explica tanto por un deterioro de -2,5% del consumo de las familias (como se comprenderá, esto no ayudó demasiado al gobierno en el resultado del 7 de mayo pasado) y de -0,9% de la inversión (formación bruta de capital fijo).
Estas cifras hacen todavía más evidente y más urgente que el Banco Central debe bajar las tasas de interés. El gobierno debiera acelerar, por su parte, su gasto de inversión en vivienda, urbanismo e infraestructura (de preferencia procurando facilitar la transición energética verde y la mitigación del cambio climático) y aumentar las transferencias a los sectores más vulnerables vía suplemento de asignación familiar (bolsillo familiar electrónico).
Dicho sea de paso, esta es la alternativa racional a los retiros desde cuentas de ahorro previsional cuando las familias enfrentan caídas de sus ingresos reales, siempre que tenga una cobertura más amplia y se explique como una política de compensación por pérdidas de ingresos financiada por la solidaridad nacional y no por cada cual desde sus cuentas de pensiones, si acaso conservan aún recursos en ellas. No haber actuado con más claridad y contundencia en la materia es una de la razones que, al parecer, generó un amplio rechazo al presidente Boric el 4/9 y el 7/5. La mayoría entendía que el diputado y candidato había aprobado sin más los retiros antes de acceder al primer cargo de la nación, y que luego no mantuvo su postura. Esto se interpretó por muchos como una promesa incumplida, la que merecía un castigo en las urnas, junto a una campaña mediática arrasadora que buscó crear la imagen de un desborde en materia de seguridad e inmigración y de falta de capacidad de gobierno.
Volviendo a la economía, subrayemos que ha sido el buen comportamiento de las exportaciones (y de unas importaciones que bajaron considerablemente en 2022 y sobre todo en lo que va de 2023) lo que ha permitido la mencionada recuperación del PIB. Pero se trata de un factor frágil, dada la evolución reciente de la economía china. El FMI proyecta que el crecimiento mundial pasará de 3,4% en 2022 a 2,8% en 2023.
Como se observa, para evaluar la coyuntura económica trimestral a través de las Cuentas Nacionales, nos fijamos en la evolución desestacionalizada del PIB y de los sectores productivos respecto al trimestre anterior, así como en los componentes que en el corto plazo lo determinan por el lado de la demanda, es decir el consumo, la inversión y las exportaciones netas de importaciones.
Nos parece menos pertinente la comparación con un año atrás. La prensa tradicional se empeña en presentar una imagen negativa de los resultados comentados. El aumento del PIB de 0,8% respecto al trimestre previo se transforma en una caída de -0,6% en 12 meses, aunque ha habido un cambio de tendencia desde hace ya dos trimestres. Tiene más sentido, como se hace en Estados Unidos y la Unión Europea, tomar los datos trimestrales respecto al período previo y anualizarlos, lo que hacemos en estos posteos.

sábado, 13 de mayo de 2023

¿Reposicionamiento estratégico o recurrencia de la crítica a los años 1990?

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El debate sobre lo que ha ocurrido en los últimos tiempos es fundamental para el futuro de la democracia y para la izquierda en Chile (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/.../hacia-un...). En ese contexto, vale la pena abordar las siempre estimulantes, pero no por eso menos controversiales, opiniones de Carlos Ruiz, hoy calificado en una entrevista en LT como "ex mentor" del Frente Amplio.
Carlos Ruiz sostiene que "el gobierno está actuando como si fuera el último gobierno de la Concertación, pero de una Concertación agónica” y califica al actual como "un gobierno de fuerzas que se ofrecían como transformadoras y terminan naturalizando la política como administración. Dejaron de atender la construcción de fuerzas sociales, y el propio Frente Amplio, que nació en la universidad, abandonó las universidades. Y para qué hablar de otros sectores de la sociedad. En el gobierno, el problema del diálogo, de la construcción del consenso por otras fuerzas sociales, está absolutamente vacío".
***
Primero, cabe hacer notar que las dos derrotas electorales catastróficas del actual gobierno son básicamente cosecha de sus responsables, pues son los que están al mando, y parecen ser fruto de una incapacidad de acción suficiente frente a la decepción con lo que se percibe como una nueva expresión de una política alejada de los intereses de las personas y familias de ingresos medios y bajos, que viven múltiples precariedades. Y con lo que se percibe como "ausencia de firmeza" con la delincuencia y la inmigración, un típico tema exitoso de la extrema derecha en muchas partes, a pesar de un gobierno que por momentos pareció actuar como sheriff del condado. Todo esto se tradujo en un masivo voto de castigo en septiembre y en mayo. Hay mucho de "injusto" en ese juicio, pues la acción del gobierno ha existido en múltiples planos y en varios de ellos ha sido exitosa, mientras está condicionada, en parte, por circunstancias que escapan a su control y frente a las cuales hace buena o malamente, según los casos, lo que puede.
Pero en todo esto la Concertación francamente no tiene nada que ver. Sus partidos no representan ya sino el 15% del electorado, y cayendo, y el actual gobierno no se parece en gran cosa a lo que fue esa coalición. Llama la atención la relación de las nuevas generaciones con la Concertación. En más de una ocasión he comentado a mis interlocutores que en 1970 los que nos incorporábamos a la política considerábamos al Frente Popular, que gobernó 30 años antes, como parte de los libros de historia. El tiempo que media entre la creación del Frente Amplio y la Concertación es precisamente de 30 años. Esta última coalición de partidos de centro e izquierda se creó en 1989 y dejó de existir en 2006-2010. Ya debe ser considerada como una parte de la historia nacional, con sus luces y sombras (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/.../treinta-anos...), aunque la actual generación de izquierda se construyera subjetivamente en su contra y tal vez necesite referirse a ella una y otra vez.
Convengamos que el tema de hoy es la salud, viabilidad y proyección de la coalición que gobierna. Es la que progresivamente armó el Frente Amplio y que algunos consideramos bastante barroca, al no buscar de partida llevar al gobierno la alianza de la segunda vuelta presidencial (que pactó incluso un programa detallado), para luego enfrascarse en purgas internas, buscar entenderse primero con la disidencia del PS antes que con su directiva, dejar de lado sin más trámite al liderazgo contendor en las primarias presidenciales en vez de integrarlo, con formas que no fueron las mejores, o bien dejar a la DC fuera para más tarde insinuar su integración al gobierno en medio de una crisis partidaria. El caso es que fue poco a poco quedando claro que las fuerzas del Frente Amplio, las de sus aliados de Apruebo Dignidad y las de algunas de sus amistades en el PS y el PPD, no podían ser suficientes ni en el parlamento ni en la sociedad para lograr un buen gobierno. Todo este proceso es, entonces, de cosecha de quienes lo lideran, y de nadie más.
Por lo demás, si el Frente Amplio y Apruebo Dignidad son, con las últimas cifras, el 12% y el 23% del voto, sumar el 6% del PS , así como el 9% de los partidos de centro, tiene mucho sentido. Esto no es aritmética simple, es construir un nuevo entendimiento entre las izquierdas, por una parte, y con el centro democrático, por otra, para gobernar como alternativa a las fuerzas de la derecha y la extrema derecha (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/.../tengo-una-duda...). Estas siguen expresando el proyecto de continuidad del dominio oligárquico en Chile (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/.../las-casitas-del...), trabajan para el rotundo fracaso del actual gobierno y bloquean sus iniciativas en el parlamento. Esto ameritaría, entre tanto, al menos una segunda mirada sobre adoptar un régimen semi-presidencial en el futuro. ¿Qué otra opción tiene, en todo caso, ésta u otra configuración política del arco de las izquierdas y del centro progresista? Pueden existir muchas otras ideas, pero no se observan demasiado en el horizonte. Más vale, entonces, que esa coalición funcione bien y pase de un "estado líquido" a un "estado sólido", en términos de Zygmunt Bauman, o algo más sólido al menos. Y que se proponga idealmente abordar de manera sistemática las transformaciones democráticas y equitativas que requiere Chile, en un marco de buen gobierno, que reclama un amplio espectro de la sociedad (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/2022/10/blog-post.html). Lo que no tiene ningún sentido es interpretar estos datos de la realidad política como repetir la Concertación en versión Y o Z. Esto se combina con que en una parte de la izquierda parece faltar aún una mayor reflexión sobre la realidad de la idea del "gran día" revolucionario, frente al cual todo lo demás es decepcionante, y sobre qué pasaría si, de llegar a producirse, no se enmarca en la lógica democrática de prevalencia de la soberanía popular y se traduce en un régimen autoritario de una supuesta vanguardia autoproclamada (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/.../las-revoluciones...). Y también sobre la preferencia por un Estado democrático y social de derecho (ver https://acrobat.adobe.com/link/review?uri=urn:aaid:scds:US:d5fa9c29-a8a7-3df1-91de-d5ee78f97e12).
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Segundo, la derrota del 7 de mayo se debe, entre múltiples otros factores, a haber desatendido "la política como administración", empezando por la dimensión regaliana -el núcleo básico estatal- de esa administración, respecto de la cual se produjeron divertimentos no muy aceptables y así percibidos por la opinión pública en los inicios del gobierno (en Interior, en Justicia, en Relaciones Exteriores y una lista bastante larga, desgraciadamente, lo que se comentó en https://gonzalomartner.blogspot.com/.../mas-alla-de-la...). Y también en la dimensión económica, con un brote inflacionario que fue abordado técnica y políticamente de manera equivocada e insuficiente, con un seguidismo respecto a un Banco Central que provocó nada menos que una recesión injustificada en medio del más amplio intento de cambio constitucional democrático en un siglo (lo que se comentó desde el inicio de 2022 en https://gonzalomartner.blogspot.com/.../se-confirma-caida...). Mario Marcel y Nicolás Grau hicieron una tarea desde su perspectiva, pero los gobiernos -ni éste ni ninguno previo- son conducidos por los ministros económicos. Sostener lo contrario es una simple leyenda. Un ejemplo: en el enfrentamiento de la crisis asiática de 1999, en plena elección presidencial, prevalecieron razonables criterios políticos con fundamento económico en materia de salario mínimo y de reforma laboral, por sobre los del Ministerio de Hacienda de Aninat-Marfán, que se opusieron a esas medidas y a otras desde el simplismo ortodoxo. De otro modo, Ricardo Lagos difícilmente podría haber sido elegido presidente, dado que lo fue por un margen muy estrecho.
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Tercero, llama la atención aquello de "atender la construcción de fuerzas sociales" y que "en el gobierno, el problema del diálogo, de la construcción del consenso por otras fuerzas sociales, está absolutamente vacío".
¿Cuáles serían esas, aparte de las realmente existentes y constituidas, como las agrupaciones sectoriales y gremiales de intereses, los sindicatos de trabajadores y las representaciones territoriales de diversa índole? Da la impresión de que sigue subyaciendo en estos debates la idea de que el gobierno "construye" o "deconstruye" fuerzas sociales, en alusión a las afirmaciones de Edgardo Boeninger en un libro sobre un supuesto desarme desde arriba de la movilización social en los años 1990. Ahora se trataría de hacer lo inverso. Es cierto que la parte conservadora de la Concertación lo deseó, pero no lo provocó, porque simplemente no estaba al alcance de las meras decisiones gubernamentales, en un sentido u otro. Son afirmaciones equivocadas de Boeninger que estuvieron motivadas por la identificación de una parte de la Concertación con la búsqueda desequilibrada de una alianza con el gran empresariado para, en su visión, sostener el tránsito a la democracia y contener las asonadas militares. Aunque algunos hubieran querido que así fuera, no existió ni existe en La Moneda un botón que active o desactive la construcción de fuerzas sociales o su mayor o menor movilización. Eso responde a una visión maniquea o conspiracionista de las cosas.
La movilización social tiene su propia dinámica y sentido y no mantiene un correa de transmisión desde la política, aunque evidentemente mantiene nexos con la política y también, de modo crucial, con la economía. Hay una interacción entre estas dimensiones, pero no es solo desde la política que, por ejemplo, se desencadenaron las protestas de 1983 (de cuyo inicio se celebran 30 años en estos días) ni sus altibajos y la pérdida de intensidad hacia 1986, ni su reorientación al iniciarse un ciclo con predominio electoral, luego de años de arduos sacrificios colectivos que no lograron por si solos la caída de la dictadura.
Y tampoco es el caso de la movilización estudiantil de 2006 y 2011 y la rebelión social de 2019 y sus ritmos posteriores. No se ajustaron a cánones de activación o desactivación desde el Estado o los partidos de izquierda, aunque éstos influyan y les corresponde en teoría animar la vida democrática en las instituciones y además estar efectivamente presentes en la sociedad, sus organizaciones y territorios. Pero esa presencia tiene mayor o menor suerte y audiencia según las circunstancias y las evoluciones del espacio público y de la sociedad antes que de las decisiones de alguna comisión política y de las dinámicas militantes. Su deterioro actual no es, por lo demás, exclusivo del Frente Amplio, en tiempos de conducta política volátil gobernada por las emociones negativas y por redes sociales que en realidad son más bien conexiones en grupos cerrados que en muchos casos disminuyen el espacio público en vez de ampliarlo. Otra cosa es que el sistema político favorezca la plena libertad de expresión y manifestación. Y que otorgue un rol institucional a los interlocutores sociales en el espacio público democrático y en el diálogo económico-social, especialmente estableciendo negociaciones laborales colectivas con representación sindical. Pero esa es una agenda de otro orden.
***
Tal vez en otra ocasión tendrá sentido profundizar en temas como el análisis sobre la demanda de autonomía individual, que sería según Ruiz una tendencia del siglo XXI, pero que en realidad viene al menos desde las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa y del liberalismo de la constitución de Cádiz de 1812, recorre las independencias latinoamericanas, el siglo XIX europeo y americano y, luego de los traumas de dos guerras mundiales en el siglo XX y la construcción de Estados de bienestar, terminó siendo la gran reivindicación del mayo de 1968 y sus extensiones, en versión moderna y progresista. Y constituye, llevada a extremos, parte de la cultura norteamericana (ver sus dimensiones mediáticas en https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000099675_spa), la que ha extendido su influencia en Chile, aunque aquí la privatización y la "libertad de opción" en la política social se llevó a extremos no conocidos en otras partes del mundo, incluyendo el propio EstadosUnidos (una interesante reflexión sobre el tema a partir de Tocqueville se encuentra en https://www.scielo.cl/scielo.php...).
Y también profundizar más sobre el "nuevo pueblo". Que se califique casi todo de "nuevo" y desestime las tendencias largas de las sociedades y la recurrencia de sus desafíos ¿tendrá que ver con una auto-asignación de un rol de develar lo que los demás no conocerían o no entenderían? (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/.../en-defensa-de-la...?).
Y sobre la tesis de una sociedad actual que contrastaría con un siglo XX que habría contado con una burocracia pública y una clase obrera dominante que habrían estructurado el sistema político. Se puede pensar, en cambio, que después del neocolonial siglo XIX se produjo en el siglo XX una urbanización heterogénea, una industrialización precaria con un Estado relativamente débil (antes que un cierto mito del "Estado de compromiso") y la pérdida de influencia de la hacienda, es decir un cambio de la estructura social que produjo pocas continuidades y muchas disrupciones. Esto explica, y es en parte explicado, por los procesos de reforma de los años 1920, los de 1939 en adelante, el ibañismo y los intentos de cambios estructurales de 1964-73. La restauración oligárquica post 1973 reaccionó con brutalidad y violencia a esos cambios impulsados en democracia desde la sociedad y el sistema político. Buscó reforzar, con éxito, lo esencial de la sociedad tradicional y conservadora chilena: el dominio plutocrático sobre la economía y el Estado, ahora con una nueva base de acumulación y de poder financiero y una institucionalidad a su servicio, que se prolongó después de 1990 y que no aparece mucho en el análisis. Este sigue siendo el problema central de la sociedad chilena, tanto para el "viejo" como para el "nuevo" pueblo: su condición social subordinada a los intereses oligárquicos, sin posiciones institucionales de control del poder económico hiper-concentrado (ver https://gonzalomartner.blogspot.com/.../la-clase-media-y...). Antes eran los dueños de las haciendas, los bancos y las industrias, frecuentemente subsidiados por los gobiernos. Ahora son los conglomerados modernos articulados con el capitalismo globalizado, que se proponen sostener un Estado mínimo centrado en el orden policial y una economía de extracción de materias primas para el mercado mundial y un mercado de servicios internos a las personas y empresas, con educación y seguridad social privada. El fondo estructural sigue siendo el mismo: la sujeción del trabajo y de la cultura al poder económico. Y también las convulsiones políticas y sociales que periódicamente genera esa sujeción, con flujos y reflujos como el actual. Como para otro debate.

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