viernes, 28 de junio de 2013

Entrevista en Punto Final

“El Partido Socialista se reformula o muere”
Gonzalo Martner Fanta: “Lo fundamental es la Asamblea Constituyente”.

RUBEN ANDINO MALDONADO
(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 784, 28 de junio, 2013)

Gonzalo Martner Fanta (56), economista y ex presidente del Partido Socialista (PS), afirma que la política en la actual sociedad chilena está caracterizada por el descreimiento y desprestigio de las instituciones. Piensa que los partidos deben reformularse y argumenta que las elecciones primarias son un mecanismo efectivo de legitimación. Militante del MIR en su juventud, fue presidente del PS entre 2003 y 2005 y embajador en España (2008-2010). Actualmente se desempeña en la Universidad de Santiago.
Advierte un cambio en la subjetividad, que impulsa a la ciudadanía a demandar nuevos derechos, y ve a Michelle Bachelet como una figura de transición entre lo viejo, que no termina de morir, y lo nuevo, que aún no se consolida. Reconoce entre los líderes del movimiento estudiantil gran capacidad analítica y sentido ético, y considera legítimo que los movimientos sociales busquen una representación política propia a través de nuevos partidos.
Dice que el dilema del PS y la oposición es reformularse o morir. Como ex presidente del partido, se siente responsable de su estado actual, y afirma que esta organización abandonó su lugar en la Izquierda, para realizar manipulaciones de poder y prácticas no democráticas en beneficio de algunos de sus líderes. Afirma que el PS está enfermo de un clientelismo que lo ha convertido en un canal de acceso a cargos públicos: sin ideas, sin programa y sin proyecto.
Señala que mientras Bachelet intenta conectarse con el movimiento ciudadano, la Concertación, su propio partido y el Partido Comunista (pacto Nueva Mayoría) utilizan métodos opuestos a la demanda social de mayor participación. Mientras ella participa en primarias, Camilo Escalona no quiso someterse al veredicto ciudadano. Al referirse a la carta de apoyo al senador suscrita por personalidades democratacristianas, considera inédito que el líder de un partido que se opone a medirse en primarias con otro candidato de su misma organización, sea considerado una víctima por dirigentes de otro partido.

LA DERECHA SE SABE DERROTADA

¿Qué está pasando en la sociedad chilena?
“La derecha, que es la representación política del poder económico, no ha logrado asegurar su continuidad y ha abandonado anticipadamente la disputa del poder. Más bien está buscando mantener defensivamente sus espacios parlamentarios, como ocurre desde el año 1990. A cualquier gobierno le encantaría haber creado 800 mil empleos, y seguramente transformaría esos indicadores en adhesión política; pero en la sociedad chilena de hoy, no basta con buenos indicadores económicos para lograr adhesión.
No es suficiente conseguir pega o un aumento de salario; porque la carga de gastos de las familias es brutal, especialmente en educación y salud. Estos son temas esenciales para la vida de las personas: angustias cotidianas de los padres que los estudiantes viven como propias, y que constituyen el trasfondo de la crisis social chilena. A mi generación no se le habría pasado por la cabeza ir a una manifestación con nuestro papá o mamá, pero ahora sucede. La gente quiere mejor calidad de vida y la derecha no tiene respuestas para eso, porque es incapaz de discutir con la sociedad. Sólo sabe de individualismo, mercado y ausencia de derechos.
La subjetividad colectiva está cambiando, eso algunos lo interpretan como izquierdización, pero es sobre todo la necesidad de reflexionar colectivamente sobre el tipo de sociedad en que se quiere vivir. Eso siempre será más favorable para la Izquierda”.

¿Los partidos de oposición entendieron el mensaje? 
“La Concertación no hizo siquiera un intento de pensar porqué había perdido el gobierno y se escudó en la popularidad de Michelle Bachelet. El 5 de octubre de 2010 se comprometió en Valparaíso a realizar primarias para elegir a sus candidatos, y lo primero que hace, cuando llega el momento es no realizarlas. Los cuatro partidos de la Concertación se refugiaron tras la figura de Bachelet, y creyeron que retomarían sus vínculos con la sociedad invitando al Partido Comunista (PC) a ser parte de más de lo mismo.
La hipocresía es típica de nuestra sociedad. La Nueva Mayoría es una nueva coalición aquí y en la quebrá del ají. Cuando uno ve cinco presidentes de partidos firmando un documento e inscribiendo primarias, eso es el fin de la Concertación y significa una nueva alianza con bases muy precarias; porque no se ha discutido colectivamente ni qué le pasó a la anterior alianza ni menos qué significa agregar al PC.
Una coalición que murió, otra nueva que no se sabe muy bien qué es y el liderazgo de Bachelet. Junto con eso, no olvidemos que comienza a vislumbrarse una fuerza social poderosa, como un movimiento estudiantil muy pródigo en nuevos liderazgos juveniles y un movimiento sindical que busca nuevos caminos. Es una corriente emergente, que no tiene todavía hegemonía social, pero que va a terminar imponiendo en la sociedad sus demandas y horizontes de futuro.
Bachelet es una figura de transición entre lo que todavía no termina de morir y lo que aún no termina de nacer, dotada de apertura intelectual y política unida a su credibilidad personal y a su sentido del deber. Hay una identificación ciudadana con esta mujer que muestra espíritu de diálogo ante la partidocracia en la que devino la Concertación. En su discurso inicial en la comuna de El Bosque, Bachelet señaló que los grandes problemas de Chile son la desigualdad y la falta de democracia. Eso la conecta con el deseo de transformación de la sociedad chilena. Ella se ha comprometido con una nueva Constitución y no excluye la convocatoria a una Asamblea Constituyente; aunque debe estar recibiendo grandes presiones desde los poderes económicos y políticos”.

LO FUNDAMENTAL: ASAMBLEA CONSTITUYENTE

¿Cuáles son los caminos de salida?
“No tiene sentido sentarnos ahora a hacer programas; porque uno puede tener las mejores intenciones, pero hay instituciones que hacen imposible aplicarlo; contribuyendo así al desprestigio de esas mismas instituciones políticas, los partidos y el mundo intelectual que propone cambios. Lo fundamental es convocar a una Asamblea Constituyente que modifique las reglas del juego; porque podemos discutir 50 años sobre las reformas laborales, sociales, económicas o culturales, y no lograremos nada si las instituciones políticas no reflejan la voluntad de la soberanía popular.
La DC ha dicho que luego de la primaria presidencial, todo debe partir de cero, aunque es probable que su opción llegue segunda o tercera. Los que llegan muy abajo discuten desde cero con el que llegó muy arriba. ¿Entonces, para que se hacen las primarias? De nuevo el engaño al ciudadano; cuando uno apoya a una persona, apoya también lo que esa persona expresa. Ya no hay tolerancia en la sociedad para que una partidocracia, a título de sus propias definiciones, haga lo que le da la gana y se reparta el poder.
Los partidos del siglo XXI deben reformularse en sintonía con los ciudadanos, respetando su voluntad mayoritaria, aunque no coincida totalmente con lo que ellos piensan. El principio de legitimación democrático-participativa llegó a Chile para quedarse, y el que no lo entienda, como parece ser el caso de Escalona, simplemente quedará a la vera del camino. No puede ser parlamentario o presidente quien no esté dispuesto a someterse a una primaria”.

¿Cuál es el papel de los actores sociales en la política?
“Como herencia de la dictadura, al recuperarse la democracia no hubo en Chile un actor social fuerte. En democracia, la política tiene su esfera de acción y lo ideal es que el movimiento social mantenga su autonomía e influencia, y que los dirigentes sociales sean interlocutores respetados, significativos e influyentes en la política; sin ser manipulados o cooptados por los partidos. Sólo habrá más justicia y libertad si existe un poderoso movimiento social y fuerzas políticas capaces de responderle a ese movimiento.
También es legítimo que las nuevas fuerzas sociales busquen representación política propia. Existen ejemplos, como el PT en Brasil, creado por la maduración política de los trabajadores en alianza con la intelectualidad de Izquierda. Si un movimiento social no se siente representado en la esfera política, como ocurre en Chile, tiene el legítimo derecho a buscar su propio canal de expresión.
El PS debiera también dialogar con los nuevos líderes políticos, encarnados en fuerzas como Revolución Democrática o Izquierda Autónoma, para abrir un espacio común de la Izquierda con reglas democráticas. La idea de que yo soy la salvación, como grupo político o como persona, nunca ha sido una idea de Izquierda, tampoco los mesianismos o el espíritu de secta.
Personalmente soy partidario de una salida hacia un Frente Amplio, a la uruguaya, para definir una relación que evite una ruptura; fortaleciendo un proceso de rearticulación de la Izquierda sobre bases amplias y democráticas, con el concurso de nuevos liderazgos jóvenes que vienen desde la sociedad. De los partidos incluidos en esta Nueva Mayoría no va a surgir lo nuevo, pero esos partidos deberían ser parte de esta nueva idea que está desenvolviéndose.
La Concertación se terminó y me resulta atractivo el diseño de un Frente Amplio, que defina sus liderazgos masivamente a partir de sistemáticos procesos de primarias; con instancias para convenir su proyecto de sociedad y sus programas de gobierno, sobre la base de congresos deliberativos”.

PS SE REFORMA O MUERE

¿Tiene vigencia histórica el PS?
“El Partido Socialista se reforma o muere. Renunció a su condición de partido de Izquierda, para buscar simplemente manipulaciones en beneficio de algunos de sus liderazgos. Fue dominado por un grupo que abandonó sus vínculos con la sociedad y un proyecto de transformación. Tiene hoy prácticas no democráticas y está enfermo de clientelismo y despolitización; porque mutó en un canal para obtener cargos, sin ideología ni programa y por lo tanto, inútil para la sociedad.
La base de su vigencia histórica no está dada por su situación actual, sino por lo que representó en su fundación y en el largo periodo de prevalencia del liderazgo colectivo, encarnado en figuras como Salvador Allende, incluyendo el sacrificio personal que él hizo en función de un proyecto colectivo. Pero el partido no puede vivir del pasado y debe ponerse a la cabeza de la refundación de la Izquierda; con métodos democráticos para dirimir sus liderazgos y con deliberación organizada para dirimir sus propuestas programáticas y proyecto de sociedad.
Cuando Bachelet sugiere al partido hacer primarias, le está pidiendo cumplir con las demandas de la sociedad y si alguien dice que debe ser diputado o senador sin preguntar a los ciudadanos, no entiende que esa posibilidad se acabó. Ahora hay que pensar la sociedad que viene y eso supone que el socialismo chileno debe cambiar. Hay una carta de apoyo a Escalona suscrita por dirigentes de otros partidos. Las personalidades públicas que firman esa carta son básicamente democratacristianas. No tengo noticias de que por negarse a participar en primarias internas, el dirigente de un partido sea convertido en víctima por personalidades de otro. Es una situación insólita, patética y hasta risible. ¿Qué tiene que hacer el ex presidente Frei descalificando una petición expresa y pública de Bachelet?”.

¿Cuál debería ser al papel del PS en un próximo gobierno?
“Los partidos de gobierno tienen tres tareas: apoyarlo, hacerle propuestas y criticarlo cuando se equivoca. Los gobiernos no son perfectos y es necesario hacerles ver los errores.
Si para evitar presiones un gobierno nombra un ministro de Hacienda neoliberal, para que los empresarios no protesten, o si para evitar tensiones con la Iglesia nombra en Educación a alguien cercano a la curia, tendremos un gobierno estable; pero incapaz de producir cambios. Antes, los movimientos sociales privilegiaron la estabilidad democrática como un valor esencial; pero eso se acabó y en buena hora. Ahora son un factor de presión más. Tampoco la solución va por poner ahora ministros del movimiento social.
Para realizar un buen gobierno es recomendable la claridad de propósitos, establecer bien las convergencias y divergencias, y un método de resolución de conflictos. Bachelet quiere producir cambios estructurales y ese propósito tendrá que discutirlo con unos y otros. Los grandes empresarios, especialmente, tendrán que entender que un país que no respeta el medioambiente, a los trabajadores y sus responsabilidades tributarias con el Estado, es un país inviable. Si ellos mantuvieran su actitud de imponer siempre sus criterios, la sociedad entera terminará señalándolos como aquellos que no contribuyen al bienestar colectivo”.



lunes, 24 de junio de 2013

De nuevo Milton Friedman en el debate tributario

Publicado en El Mostrador.

En la campaña presidencial en curso las candidaturas plantean diversas proposiciones tributarias. En el caso de las del bloque en el gobierno, se remiten a alivios en el impuesto a los combustibles para las regiones y en un impuesto a las inversiones en regiones para alimentar fondos de desarrollo, descontables del impuesto a la renta, según las propuestas de la candidatura de Andrés Allamand, mientras Pablo Longueira no ha hecho planteamientos en la materia. En suma, no se proponen realizar una reforma tributaria.
La candidatura de Michelle Bachelet, la de mayor adhesión en la oposición, ha planteado una reforma tributaria con una meta de recaudación de 3 % del PIB. Esta meta se descompone en 2,5 % del PIB provenientes de cambios a la estructura tributaria y 0,5 % del PIB de medidas que reducen la evasión y la elusión.
La reforma que propone busca aumentar la carga tributaria para financiar una reforma educacional, otras políticas del ámbito de la protección social y el actual déficit estructural en las cuentas fiscales, planteando que “los ingresos del trabajo y del capital deben tener tratamientos similares”, con nuevos incentivos al ahorro. Propone elevar, en forma gradual, la tasa del impuesto a las empresas de 20 % a 25 % en un plazo de 4 años, que seguirá operando como un anticipo de los impuestos personales, manteniéndose así la integración de impuestos entre empresas y personas. Los dueños de las empresas deberán tributar por la totalidad de las utilidades de sus empresas y no sólo sobre las utilidades que retiran (el sistema operará en base devengada). Esta medida sería implementada a partir del cuarto año de la reforma y terminaría con el actual mecanismo del Fondo de Utilidades Tributables (FUT), y estaría acompañada por la reducción gradual de la tasa máxima de los impuestos personales del 40 % actual a un 35 %, en el plazo de cuatro años.
Respecto del FUT acumulado o histórico, se propone mantener la regla impositiva vigente hoy. La estimación de recaudación producto de estas medidas de impuesto a la renta es de 1,92 % del PIB en régimen. A partir del cuarto año de implementación de la reforma, coincidiendo con el cierre del FUT, la candidatura Bachelet propone además un mecanismo de Depreciación Instantánea: las empresas podrán descontar íntegramente de las utilidades la inversión total del año en curso. Además plantea eximir “de impuestos a las personas por las ganancias percibidas con el ahorro que realicen en instrumentos financieros, hasta un tope correspondiente a rentabilidad de instrumentos sin riesgo. De esta forma, se premia el ahorro al que acceden normalmente las personas de ingresos medios. Se estima que estas medidas para incentivar ahorro e inversión significarán una pérdida de recaudación de 0,21 % del PIB en régimen”.
Resulta curioso, en primer lugar, proponer un cronograma que se empieza a aplicar en lo esencial en el subsiguiente período de gobierno: supongamos que el proyecto se discute y aprueba en 2014, y se pone en práctica a partir de 2015. La eliminación del FUT y demás medidas se pondrían en práctica en 2018, con un nuevo Presidente de la República electo y a punto de asumir…
En segundo lugar, simplemente producir un alza de la tasa de impuesto a las utilidades de las empresas de 20 % a 25 % tendría un efecto incierto en la recaudación. Recordemos que en Chile se cobra mensualmente como anticipo este impuesto en base al flujo de caja de la empresa y luego lo pagado se imputa como crédito al pago anual de impuesto a la renta personal o al impuesto adicional que pagan las empresas extranjeras que repatrian utilidades. Un alza en la tasa a las utilidades de las empresas recauda inicialmente más pero luego descuenta esa diferencia en el impuesto personal y reduce el impuesto que paga el accionista que recibió dividendos (es mayor su crédito tributario correspondiente). Pero la reducción prevista de la tasa marginal del impuesto global complementario de 40 a 35 % reduce la recaudación fiscal, compensando en buena medida el efecto del alza del impuesto de primera categoría. Un incremento en la proporción de utilidades distribuidas que pudiera decidir realizar la empresa (el mínimo es de 30 %) tendería a aumentar la recaudación fiscal y viceversa. Esto se explica por la diferencia de tasas entre el impuesto a las utilidades y el de los ingresos personales más altos que sería menor que antes, pero que se mantendría con signo positivo. La recaudación fiscal total resultante de un alza en la tasa del impuesto a las utilidades de las empresas aumenta si existen utilidades no distribuidas. Si no existen, el alza en la tasa la deja inalterada.
No obstante, existen importantes montos de utilidades no distribuidas en cada año fiscal. Más aún, una de las principales vías de elusión que practican los poseedores de grandes patrimonios e ingresos, es la creación de sociedades de inversión donde se acumulan utilidades no distribuidas pagando así solo impuestos a las utilidades de las empresas y no a la renta de las personas (mediante el Fondo de Utilidades Tributables). Dicho de otro modo, la reducción prevista en la reforma de la tasa marginal del impuesto a la renta de las personas de 40 % a 35 % disminuye en buena parte la recaudación fiscal por el efecto del alza del impuesto de primera categoría, con un efecto neto que va a depender de la política de retiro de dividendos de los dueños de la empresa. Un incremento en la proporción de utilidades distribuidas tendería a aumentar la recaudación fiscal mientras exista una diferencia significativa entre la tasa del impuesto a la renta de las personas y el impuesto a las utilidades de las empresas y exista el crédito por este concepto y viceversa. La eliminación del FUT en el cuarto año aumentaría definitivamente la recaudación desde su puesta en aplicación. Mientras tanto, no se sabe exactamente, pues dependerá de la política de distribución de dividendos de las empresas. Y el 1,92 % del PIB de recursos tributarios adicionales no estaría probablemente disponible para el gobierno de marzo 2014 a marzo 2018 …
En tercer lugar, seguir insistiendo en incentivos al ahorro que no lo estimulan o muy poco, pero ciertamente aumentan la regresividad tributaria, no implica avanzar hacia mayor equidad.
En cuarto lugar, si los parlamentarios de la actual oposición no aprobaron la rebaja de Piñera de 40 % a 36 % del impuesto marginal a la renta en 2012, no resulta muy coherente que debiesen en 2014 aprobar una rebaja todavía mayor de 40 % a 35 %…
Lo que sigue estando detrás de todos estos enfoques de economistas liberales es la idea del “flat tax” de Milton Friedman, es decir de equiparar el impuesto a la renta y a las utilidades de las empresas, terminando con la progresividad de los impuestos, aquella vieja y noble idea de los movimientos sociales y de los economistas progresistas, idea detrás de la cual hay valores más actuales que nunca, como el de la igualdad, por ejemplo. Parece ser que se reincide en aquella práctica de señalizar hacia un lado (discurso contra las desigualdades y a favor de reformas estructurales) y de doblar hacia el otro (reforma tributaria que disminuye la progresividad del impuesto a la renta a niveles nunca vistos en Chile). Con el riesgo de provocar algunos problemas de tránsito por desorientación de los participantes.

jueves, 20 de junio de 2013

El reparto de Martner


Ex presidente del PS, Gonzalo Martner es escéptico al rol de una AFP estatal, como lo ha propuesto Bachelet. A su juicio, el actual modelo incumplió su promesa de rentabilidad y hay que cambiarlo por un sistema de repartos, donde los jóvenes financian a los jubilados.

En los pasillos de la Universidad de Santiago reina el silencio. El plantel está en paro y sus académicos son los únicos que transitan por el terreno de Estación Central. Uno de ellos es el ex presidente del Partido Socialista Gonzalo Martner (56). El economista, hoy profesor de esa casa de estudios, sigue atento el debate sobre el sistema previsional: durante años ha escrito libros y papers sobre las reformas que requiere el modelo de cotizaciones en Chile. A su juicio, éste hizo agua al no asegurar las pensiones que prometió en sus orígenes. 
Al mismo tiempo, el socialista es crítico sobre las promesas hechas por los candidatos a La Moneda. Según él, nadie, ni siquiera la ex presidenta Bachelet, plantea una mejora real al sistema, sino soluciones parche. ¿Su consejo? Instaurar el método de repartos, donde la fuerza laboral financie a los pensionados. En otras palabras, que las cotizaciones dejen de ir a las AFP y sean administradas por una cuenta común, que recoja el comportamiento histórico y asegure una jubilación mínima.

-Los candidatos a La Moneda plantean varias propuestas. ¿Cómo se soluciona el actual sistema?
-El éxito o fracaso de un sistema se mide por dos indicadores: la tasa de cobertura y la tasa de reemplazo de los salarios por pensiones. Lo que hoy está en crisis, y se refleja en el debate político, es la baja tasa de reemplazo del sistema de capitalización individual. Y las soluciones que se dan son más de lo mismo: subir la tasa de cotización al 12% ó 13% y bajar costos de administración. En esto último tiene razón el presidente Piñera, al plantear que hay un asunto pendiente en los costos de administración que cobran las AFP. Entonces, si vemos que se propone aumentar en dos o tres puntos más la cotización personal, sin que se corrija este cobro, esta alza irá a parar a los bolsillos de las AFP. Ahí yo digo no, muchas gracias.

-¿Cómo se soluciona este ítem particular, el costo de administración de cada cuenta?
-El mecanismo establecido en la reforma de 2008 tuvo un avance al licitar la cartera a un nuevo actor (AFP Modelo) que ofreció comisiones de administración más bajas. Eventualmente, esto se podría ampliar al conjunto total de afiliados, instaurando un modelo parecido al seguro de desempleo, donde periódicamente se licita a una sola entidad la administración de las cuentas del sistema. Esto bajaría las tasas y creo que el presidente Piñera lo podría recoger. Pero todo esto es insuficiente para arreglar el modelo.

-En bajar las comisiones es donde emerge la idea de una AFP estatal, como la propuesta de Michelle Bachelet.
-Hasta donde entiendo, ése es el objetivo que tienen en mente: bajar las comisiones con el ingreso de un nuevo actor. Pero con tasas de reemplazo de 30% para las mujeres y 55% para los hombres, que son las que registrará la mayoría de los asalariados, la creación de una AFP estatal no va a hacer por sí sola que las pensiones lleguen al 70% del sueldo, como se prometió. 

-¿Cuál es el fin de introducir al Estado en el sistema?
-Teóricamente se inyectaría más competencia. Pero ahí le pongo el caso del BancoEstado. Está en el sistema, pero los bancos siguen teniendo utilidades del 20% anual. ¿Qué rol de introducir competencia juega entonces el BancoEstado? El hecho de que haya una entidad estatal en un mercado no garantiza una mayor competencia.

-¿Cómo se ataca entonces el mayor problema del sistema, que son las bajas pensiones?
-Atacando la densidad de las cotizaciones. Tenemos un mercado que tiene un historial laboral lleno de interrupciones. ¿Qué hacemos? ¿Esperamos a que todos sean estables, con pocas lagunas previsionales y vemos si ahí funciona? ¿O tratamos de hacer una cosa distinta? Eso implica hacer algo que para muchos en Chile es un crimen de lesa humanidad, un horror, que es el sistema de repartos.

-Sistema que ha sido demonizado por los economistas
-Demonizado por los economistas neoliberales de Chile. Pregúnteles a los últimos cinco premios Nobel de Economía de Estados Unidos qué opinan del sistema vigente en ese país. El 90% de ellos opina que el modelo de repartos, bien gestionado, es una mejor solución al de capitalización individual. 

-Los críticos dicen que al envejecer la población, el sistema de reparto no se sostiene.
-Leamos al premio nobel Peter Diamond. Su conclusión es simple: cuando se da ese escenario, se pueden hacer pequeñas correcciones, como aumentar la productividad, subir la tasa de cotización, bajar la tasa de retorno o aumentar la edad de jubilación. El modelo tiene parámetros que se pueden ir ajustando.

-¿Entonces su propuesta es eliminar las AFP?
-Yo digo que hay que introducir un tercer pilar. Al pilar solidario y las cotizaciones individuales en AFP que existen, agreguemos un sistema de reparto.

-¿Una coexistencia de ambos modelos?
-Que el grueso de la cotización obligatoria sea administrada por una cuenta nacional que asegurará cierta renta de acuerdo al histórico de aporte. Si alguien quiere aumentarla, que complemente con una AFP.

-Pero nuestro modelo ha sido exportado a más de 30 países, tan mala idea no debe ser.
-Eso es un mito, una propaganda. Sólo en Chile no existe un sistema de reparto. En todas partes está presente o combinado con el modelo de cotización individual. Además, esto no es un invento chileno, ya que capitalización individual existe desde el siglo 19. No es una obra de José Piñera. Ni su hermano cree que se está cumpliendo la promesa original.

-Su idea parece radical, que ni siquiera los candidatos de la centroizquierda han recogido
-Todavía.

-¿Cree que alguien podría tomarlo?
-Espero que sí. Las ideas se demoran en avanzar. El incremento al impuesto en las empresas era algo intocable y ya Piñera lo subió al 20% y ahora se habla de llevarlo al 25%. La tendencia es clara.

-¿Es tan clara la tendencia? Más bien parece un tanto errática, porque Bachelet habla de subir impuestos a las empresas, y luego plantea bajar tributos a los ricos.
-Soy partidario de Michelle Bachelet, votaré por ella, pero me parece un gravísimo error lo que propone. Una vez más está señalizando para la izquierda y está doblando a la derecha.

jueves, 6 de junio de 2013

Debates y programas

Publicado en mi blog de La Tercera el 6 de junio
Las primarias presidenciales, que culminarán el próximo 30 de junio, no han suscitado una gran atención pública. Ojalá los ciudadanos desmientan a los observadores y participen activamente en ellas, lo que dependerá del clima político del momento. El oficialismo ha contribuido creando un cierto dramatismo en una competencia de personas, con reemplazo de un candidato y ministros que entran y salen del gobierno, pero ha hecho poco en materia programática, salvo defender la  impopular gestión de Piñera, incluyendo una campaña atemorizante del ministro de Hacienda (lo que habla muy mal de él), como en los viejos tiempos a los que nadie quiere volver. 
En cambio, en la nueva coalición denominada Nueva Mayoría ha habido un importante esfuerzo de los cuatro candidatos por precisar propuestas de gobierno, lo que justifica el nuevo mecanismo de primarias en tanto aporta a una deliberación pública más amplia y más sustantiva. Al observarse los planteamientos de los cuatro candidatos, se constata bastante concordancia en el diagnóstico de los problemas que afronta el país, lo que en algún sentido es una novedad, dada la reducción cada vez mayor de lo políticamente correcto durante las últimas décadas en Chile, en rigor hasta la irrupción de los movimientos sociales de 2011. No olvidemos que el consensualismo conservador que se enquistó en la Concertación se prolongó durante el actual gobierno en temas como la reforma del sistema escolar promovida por el ministro Lavín y la inaceptable ampliación hasta 2023 de la invariabilidad tributaria minera promovida por el ministro Larraín, reformas que hoy difícilmente serían aprobadas por la ex Concertación dado el nuevo clima de mayor exigencia hacia el sistema político y sus representantes. El desplazamiento inevitable de los guardianes autoconsagrados del orden imperante es un síntoma del nuevo ciclo político.
El hecho es que en la Nueva Mayoría todos reconocen que el gran problema de Chile son sus instituciones, basadas en la desconfianza en el ciudadano, y solo uno de los cuatro candidatos no plantea una nueva Constitución. El resto subraya que llegó la hora de decidir si la norma democrática se adopta o no en su componente esencial: en vez del actual sistema tramposo, uno que respete la soberanía popular, es decir la regla de mayoría, con respeto de la minoría, incluyendo su derecho periódico a transformarse en mayoría, y con un núcleo razonado, deliberado y concordado de derechos fundamentales a respetar por todos. La candidata principal no excluye un mecanismo de asamblea constituyente, mientras otro candidato la propicia con convicción. Michelle Bachelet se ha manifestado además partidaria de legislar a favor del aborto terapéutico y en caso de violación y a favor del matrimonio igualitario, acompañada en esto por otros dos candidatos.
Se ha avanzado también en el reconocimiento de al menos cinco aspectos que explican la desigualdad intolerable que persiste en Chile (con excepción de un candidato, el neoliberal ex ministro de Hacienda): la educación segregada sin igualdad de oportunidades ni movilidad social, basada en un subsidio a la demanda que la promueve y que no existe en ninguna otra parte del mundo por inaceptablemente injusta; los tributos regresivos y las transferencias redistributivas de poco monto e impacto; las relaciones laborales que perjudican a los asalariados; la regulación bancaria, de servicios básicos y de cobertura de riesgos que permite sobreutilidades privadas exorbitantes. En  estos temas parece haber bastante consenso en la necesidad de producir un quiebre en la continuidad de décadas, lo que es auspicioso. 
Lo que se menciona poco, y sigue siendo un déficit considerable, que no queremos creer se explica por el poder económico y la capacidad de subsidio político de la industria minera, es el regalo de la mayor parte de la renta minera a dicha industria y la consecuente concentración brutal del ingreso, renta que ha aumentado de modo considerable desde 2003 sin que Chile se beneficie de ella sino en una proporción inexplicablemente baja (las sobreutilidades privadas del cobre se acercan a 50 mil millones de dólares). De estos cinco temas, abordar estructuralmente tres no supone riesgos con el crecimiento (educación, regulación, renta minera) y dos pueden no hacerlo con políticas bien diseñadas (reformas laboral y tributaria).
Se reconoce además tres problemas básicos en productividad y competitividad: la ausencia de esfuerzo suficiente en investigación y desarrollo; la ausencia de política industrial horizontal (formación pertinente de recursos humanos, acceso al crédito) y vertical (con el abandono de la incluso débil opción por “clusters” o distritos de industrialización de recursos naturales) y el costo altísimo de la energía, además sin contraparte alguna en reducción de la huella de carbono. Y también tres problemas básicos en sustentabilidad: la creciente carbonización de la matriz eléctrica, el preocupante deterioro de la biodiversidad y una urbanización criminógena y segregadora. 
Reconocer los problemas es el punto de partida para enfrentarlos, y ese ha sido un mérito del proceso de primarias, al menos en la coalición que todo indica ganará las elecciones de noviembre. Las soluciones propuestas son diversas y se puede escoger de un menú que va desde quien es liberal en los temas culturales y conservador en materia institucional y de desigualdades, Andrés Velasco; de quien es conservador en materias culturales pero más bien progresista en materias institucionales y socioeconómicas, Claudio Orrego; hasta quienes comparten la necesidad de un cambio radical en las instituciones y temas culturales y reformas estructurales en materia de educación y otras de tipo socio-económico y ambiental, José Antonio Gómez y Michelle Bachelet. La ex presidenta mantiene un caudal, claro está, de mucha mayor credibilidad, experiencia...y popularidad, y ha decidido poner sus atributos al servicio de cambios que marquen la diferencia para el futuro del país. En esa voluntad hay un diagnóstico de los problemas de Chile y no una  radicalización abstracta. Lo que en Chile parece ultraizquierdista es simplemente normal en los países democráticos que no han sido arrasados por la ideología libremercadista. Y no olvidemos que las fuerzas que se pueden identificar como de izquierda sumaron en la elección de octubre de 2012 un respetable 43% de los votos (la izquierda moderada que perteneció a la Concertación reúne un 28 % y el PC más la izquierda extraparlamentaria reúnen otro 15%), de lejos la mayor corriente política del país. Esta corriente hasta el momento no está estructurada como tal por un veto DC sin sentido y por quienes le hacen caso a ese veto. La propia DC no debiera complicarse con esto y desplegar su espacio en el centro, que de otro modo será ocupado por Velasco u otros. Lo inteligente sería la estructuración progresiva de un frente amplio de izquierda que dirime sus liderazgos y programas por la vía democrática, sin mesianismos ni dogmatismos, y que se articula y gobierna con el centro mediante compromisos específicos. Esta corriente del futuro se ha agrupado parcialmente tras Michelle Bachelet en las primarias de junio de 2013, con una plataforma mayoritaria y con una candidata mayoritaria. Esta realidad debiera consolidarse para hacer avanzar razonadamente y por la vía democrática las demandas de cambio presentes en la sociedad, y de paso volviendo a prestigiar a las instituciones democráticas.

sábado, 4 de mayo de 2013

Partidos, independientes y malas prácticas



En esta peculiar semana política, se ha vuelto a evidenciar la deprimente conducta de los partidos de la oposición parlamentaria. Han desechado la realización de primarias para elegir a sus candidatos al Congreso, ya sea entre diversas opciones en sus partidos o entre sus partidos, tal como lo permite la nueva ley de primarias y lo demanda una sociedad chilena cansada de la captura de la política por grupos cerrados. Han decidido no realizar ninguna consulta ciudadana, de ninguna especie. Esto es materia de las direcciones de los partidos y de sus arreglos propios. Punto y aparte. Un comportamiento de pandilla (de entre las acepciones de la Real Academia de La Lengua escojo dos para que usted participativamente decida con cual se queda: a) “grupo de amigos que suelen reunirse para divertirse en común” y b)” liga que forman algunos para engañar a otros o hacerles daño”).
Partiendo de la base que los partidos de derecha comparten más bien la defensa de intereses, si ya existía una convicción generalizada de que los demás partidos ya no son portadores sino de los escombros de alguna visión de sociedad o de algún proyecto político (prácticamente no han funcionado en la preparación de esta elección comisiones programáticas permanentes de los partidos que diagnostiquen y propongan políticas, como siempre fue la costumbre desde la década de 1980), este episodio no hace sino confirmar el juicio previo. Este proviene de quienes son críticos de la democracia, y a ese título de todo partido político, y son partidarios de liderazgos personales autoritarios. Desgraciadamente los hay muchos en la sociedad chilena. Pero también proviene de convencidos demócratas que constatan que los partidos políticos en Chile han sufrido un deterioro y se han transformado en meras maquinarias de reclutamiento clientelista, que ya no invitan a ninguna transformación, sino a coaligarse para tratar de ocupar cargos. Ya no se proponen representar a nadie, salvo a sí mismos. En el caso de algunos en la izquierda, y entre otros a los que se les cayó el muro de Berlín, ya no se trata de lucha de clases sino de lucha por los pases …a los puestos públicos. Poco que ver con los históricos movimientos y partidos que concebían la política como lucha por cambios sociales.
Y también han emergido, como cada tanto ocurre en las elecciones chilenas, los individuos independientes que promueven su ambición presidencial personal en base a la condena de los partidos y de la política. Nada más valorable que la independencia de espíritu y de carácter, pero nada puede ser menos valorable que negarse a compartir ideas, valores y proyectos con otros. Esto es ni más ni menos que la esencia de la política democrática. Pero en fin, cada cual es libre de exponer sus ambiciones personales y someterla al juicio de los demás.
En el caso de Andrés Velasco, hemos visto pocos pronunciamientos suyos que no sean el ataque personal y subrayar los defectos de los partidos. Luego de meses para meditar su opción de candidato, se inscribe en las primarias de parte de la oposición y al día siguiente, exactamente al día siguiente, se arrepiente. Se supone que ahora busca la manera de estar en la papeleta de primera vuelta, para lo cual tuvo todo el tiempo del mundo previamente, no sin antes comprometerse a no hacerlo, y antes incluso a no ser candidato contra Michelle Bachelet. ¿Esas son las “buenas prácticas”?. Legítimamente uno puede preguntarse si en realidad no quiere buscar, de una manera un tanto barroca, evitar una derrota flagrante de sus posturas económico-sociales conservadoras y su declarado rechazo a sustituir la actual constitución y el actual modelo económico. Veremos.
Así, la salida no parece venir de independientes, sino del liderazgo político que debe involucrarse y no sustraerse de un gran proceso de reforma democrática de la actividad partidaria y de la continua presión de los ciudadanos para exigir a sus representaciones políticas que…los representen. En eso está la democracia chilena.


miércoles, 1 de mayo de 2013

La crisis de la derecha


La derecha ha logrado reencaminar su diseño presidencial. Una primera lectura, la más inmediata, nos lleva a la conclusión de que este sector político abordó un problema serio y le dio una resolución rápida. El estilo no fue muy elegante, pero minimizó costos futuros. La UDI se deshizo de un candidato con credibilidad afectada, mantuvo el esquema original de primarias previamente acordado y evitó una desgastante confrontación hasta la primera vuelta presidencial de noviembre. La ventaja de un mayor despliegue electoral con dos candidatos resultaba menor, en el análisis de La Moneda finalmente compartido por la UDI,  que el costo de una prolongada confrontación aguda y autodestructiva, de la que la derecha política chilena parece tener el secreto desde antigua data. Y se procedió en consecuencia con prontitud táctica. 
Una segunda lectura nos lleva a preguntarnos por qué el principal partido de la derecha no evaluó seriamente  las vulnerabilidades de un candidato emergido de la gerencia empresarial y catapultado al primer plano por la casualidad de ser ministro del ramo en el momento del dramático rescate de los mineros de Atacamaca. Sin otros títulos. Y cuya gestión gerencial, responsable en su momento del aumento unilateral de comisiones de una tarjeta de crédito, terminó siendo objeto nada menos que de una condena por la Corte Suprema, mientras se termina por descubrir que posee cuantiosos fondos en un paraíso fiscal, lo que ilegal o no ilegal es bastante poco presentable para un aspirante a presidente. Y aquí no cabe más que constatar que la UDI no estuvo a la altura del profesionalismo político del que siempre ha hecho gala y que le ha permitido mantener mucho del “legado de Jaime Guzmán” en materia de constitución no representativa de la soberanía popular y de modelo económico ultraliberal, lo uno explicando en buena medida lo otro. Y sorprende también la explicación de la destitución de Golborne a la que procedió sin contemplaciones: se trataría de una reacción a la crítica de Allamand. Esta fue bastante fuerte pero veraz y realizada en el contexto de una elección primaria consistente precisamente en ganarle al aliado. ¿No era acaso evidente que Golborne ya no era un candidato viable en un país que disminuyó su nivel de tolerancia frente al abuso empresarial? Salvo alguna teoría tortuosa de la conspiración por parte de Longueira, la UDI parece estar desafinando su profesionalismo.
Una tercera lectura nos remite a abordar la equivocada interpretación de la persistente popularidad de Michelle Bachelet, es decir la idea de que es fruto de una supuesta condición de outsider de la política con una buena dosis de empatía, pero sin consistencia, capaz de suscitar la adhesión circunstancial de muchos ciudadanos pero de una manera líquida, en suma transferible a otro candidato con vasos comunicantes. Para enfrentarla, el sector más duro de la UDI privilegió a alguien ajeno a su identidad nuclear, a un independiente con habilidades blandas y popularidad. El equívoco fue total: Michelle Bachelet no es independiente, encarna valores democráticos e igualitarios, es una militante desde muy joven que fue por ello objeto de persecusión grave, y sostiene ideas progresistas que, por lo demás, ha hecho más visibles. Los chilenos se identifican mayoritariamente con ella -y lo hacen adicionalmente, aunque en una proporción bastante menor, con Marco Enríquez-Ominami- porque expresa en su discurso y encarna en su biografía aspiraciones hoy mayoritarias en la sociedad. La distancia de Bachelet no es con la política. Es una distancia, a veces excesivamente prudente, pero distancia al fin, con los intereses creados de los más poderosos, con los abusos, las desigualdades, las discriminaciones, la postergación de las mujeres, la falta de derechos y de igualdad de oportunidades. No son éstos rasgos livianos de una personalidad etérea. Son atributos con los que los chilenos se identifican de más cerca o de más lejos. Si a eso agregamos un estilo llano y la empatía de la autenticidad, la peculiar combinación de valores, ideas y actitudes de Bachelet parece explicar de manera más que razonable su popularidad. Y no hay que olvidar, en una época en que la calidad de la representación partidaria está por los suelos y en que los partidos que la apoyan tienen una fuerte tarea pendiente de renovación de propuestas y prácticas, que Bachelet proviene de ellos y son su parámetro político en la esfera pública. Esta no es aún en Chile tan anómica como para caer en manos de cualquier caudillo inconsistente. Las fuerzas que se pueden identificar nominalmente como de izquierda, aún cuando son absurdamente incapaces de producir articulaciones productivas entre sí, sumaron en octubre pasado un 43% de los votos (la izquierda moderada que pertenece a la Concertación reunió un 28% y la izquierda extraconcertación un 15%). No es poca cosa para nutrirse como punto de partida en una campaña electoral. La popularidad de Bachelet no existe en el aire. Tiene base en la estructura de la esfera pública y ocupa un espacio político y cultural, a partir del cual tiene además el gran mérito de atraer voto oscilante o a abstencionistas. Y está haciendo un trabajo de precisión programática, cuyos alcances están aún por verse, que ha sorprendido a sus contrincantes y que contribuye a darle densidad al debate político. Es de esperar que no se diluya más adelante con las clásicas recomendaciones esquemáticas de que las elecciones se ganan en el centro, lo que en las circunstancias chilenas no harían más que aumentar las fronteras del abstencionismo. Las elecciones se ganan cuando los liderazgos establecen los términos del debate, se identifican con pero también orientan las aspiraciones mayoritarias y lo hacen con credibilidad y capacidad de motivar. Así, en su intento líquido de ampliar sus opciones electorales, la UDI parece haber perdido sus capacidades analíticas y su pulso estratégico.
El problema para la derecha no son sus representantes auténticos, que habría que esconder, sino el hecho de que sus valores, ideas y proyectos son minoritarios en la sociedad chilena. Solo circunstancias particulares como las de 2009 -agotamiento de una coalición que se estrechó y paralizó, permanencia prolongada en el poder, un candidato de otra época, una sensación de descomposición derivada del exceso de pragmatismo y de síntomas de corrupción- le permitieron a la derecha llegar al gobierno. Pero no fue capaz de constituirse en una nueva fuerza conservadora comprometida con la democracia y con al menos algunos intereses de la mayoría, abierta en algo a la modernidad. Se mantuvo a la postre como la derecha de siempre, aferrada a sus ilegítimos privilegios constitucionales, a la defensa a ultranza de la sociedad de mercado, al tradicionalismo retrógrado e incapaz, en particular, de darle un tratamiento innovador a la crisis educacional, defendiendo a toda costa la educación segmentada y de mercado. ¿Podrán ahora Longueira y Allamand proponer un nuevo proyecto? Tal vez. Si no lo hacen, probablemente se estrellarán con la tendencia en alza desde 2011: Chile no está para mantener el poder político en manos de los representantes directos del poder económico. La mayoría ya tiene suficiente con sufrirlo sin contrapeso en las principales esferas de la vida cotidiana, por mucho que la economía y el empleo estén pasando por un buen momento.

jueves, 4 de abril de 2013

Teiller y la rebelión


La reciente entrevista del presidente del Partido Comunista Guillermo Teiller ha vuelto a poner sobre el tapete el tema del derecho de los pueblos a rebelarse frente a las tiranías. Como era de esperar, la derecha no reconoce las fuentes de ese derecho. El candidato presidencial de la UDI, Golborne, declara: "Uno debe tener una sola línea: la violencia, de donde venga, debe ser condenada. Nadie tiene derecho a hacer justicia por su propia mano, ni caer en atentados o asesinatos, sin importar la justificación". Con este razonamiento, Lautaro, Ohiggins y Carrera debieran ser catalogados de violentistas y no de estandartes del derecho a la rebelión contra una situación opresiva. Notable aquello de "una sola línea", en una solemne y farisea frase emitida por el representante de un partido político que justificó durante lustros un golpe de Estado sangriento (bombardeo de La Moneda, caravana de la muerte y un largo etc.), que atentó y asesinó con violencia sin límites, incluso fuera de nuestras fronteras (Prats, Letelier, Leighton), con el apoyo o al menos la complicidad manifiesta de los fundadores de la UDI, de los cuales solo algunos se han arrepentido de haber alentado en el momento crítico, por acción o por omisión, la violación masiva de los derechos humanos en Chile.  
Por otro lado, el confundir la situación de una democracia con la de una tiranía es a estas alturas bastante insólito. Es lo que hace la ministra vocera Pérez al afirmar: "Cuando uno señala que es la democracia el camino por el cual los ciudadanos se expresan, en esta democracia no tiene cabida la lucha armada". Es del todo conocido que el Partido Comunista chileno nunca fue partidario antes de 1973 de la lucha armada ni lo ha sido después de 1990. Teiller es explícito en referirse a principios universales solo aplicables a una tiranía. Estos principios se originan, entre otros, en Santo Tomás de Aquino, que señaló hacia 1270, en su opúsculo De Regimine Principum, que se justifica “combatir de cualquier modo la maldad de la tiranía”, afirmando incluso que “si el exceso de tiranía es intolerable, ha parecido a algunos que toca al valor de los varones fuertes dar muerte al tirano”.  El preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, por su parte, considera “esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.  
¿Estuvo el PC chileno y todos los resistentes en una situación en la que fuera legítimo plantearse la opción de utilizar el supremo recurso de la rebelión armada? Si, si se considera que el período al que hace referencia Teiller es el de una dictadura que, según los informes de la  Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación y de la Corporación Nacional de  Reparación y Reconciliación, ejecutó 3085 asesinatos (1983 muertes violentas en manos de agentes del Estado y 1102 detenciones clandestinas con posterior homicidio y desaparición de los cuerpos, incluyendo su desfiguración con sopletes, según ha establecido la justicia en el caso de dirigentes del Partido Comunista). Otras 1500 denuncias de muertes violentas no pudieron ser aclaradas. Además, decenas de miles de chilenos fueron apresados y sufrieron torturas inhumanas (de acuerdo a la Comisión Valech) y centenares de miles sufrieron el exilio. 
Pero, y era nuestra opinión en aquella época, si bien el principio general de la política comunista de rebelión popular, y de otros movimientos de izquierda desde el primer momento del golpe militar, tenía legitimidad en condiciones de dictadura -aunque no métodos reprobables en toda circunstancia como el secuestro de niños, que condenamos con vehemencia entonces (personalmente redacté la declaración del socialismo renovado dirigido por Ricardo Núñez y Jorge Arrate que consideraba una inmoralidad ese tipo de acciones que en una ocasión realizó el FPMR)- esa política carecía de pertinencia en la situación chilena. Muchos desde la izquierda nos opusimos a ella y compartimos en la época –los ateos no tenemos por qué privarnos de la buena teología- el razonamiento  de Tomás de Aquino: “El régimen tiránico no es justo, porque no se ordena al bien común, sino al bien privado del gobernante (…): y por lo tanto la perturbación de este régimen no tiene razón de sedición, a no ser por acaso cuando el régimen tiránico es perturbado de un modo tan poco ordenado, que la muchedumbre de los súbditos padece más de la perturbación consiguiente, que del régimen tiránico”. Y agrega: “porque puede suceder que los que combaten al tirano no pueden vencerlo, y que el tirano provocado así se haga más cruel”. Es decir, es legítimo rebelarse contra una tiranía, siempre que no agrave los males para los que la sufren. En el caso chileno, muchos pensábamos, y lo mantenemos, que tenía poco sentido enfrentar militarmente a un régimen muy competente en el uso sin límites de la violencia, cuando la fuerza de la oposición a ese régimen estaba en la capacidad de movilización, de desobediencia civil y a la postre de desborde electoral mayoritario en cualquier rendija institucional –independientemente de cómo se concretara ese enfoque, lo que es harina de otro costal- y no en atentados que desmovilizaban, reducían y debilitaban la lucha contra la dictadura, y podían terminar en derivas militaristas y en descomposición política, como le ocurrió a la postre al PC con el Frente Autónomo.
 Pero el hecho contingente fundamental es que el Partido Comunista se ha comportado en democracia respetando sus reglas, infinitamente más en todo caso que sus contendores que hoy rasgan vestiduras y que, en el caso de muchos de ellos, provocaron o fueron cómplices de la mayor violencia institucionalizada que haya conocido la historia de Chile. Lo justificaron, y algunos con pertinacia siguen haciéndolo, por la supuesta amenaza de un "golpe de Praga" izquierdista contra la democracia que solo existía en su imaginación. Recordemos que los archivos revelan que la URSS (véase los trabajos publicados por el CEP en la materia) se oponía entonces a cualquier "nueva Cuba" en Chile. No estaría de más, por supuesto, que el Partido Comunista tomara distancia tajante de Corea del Norte y de cualquier régimen tiránico, incluyendo saldar cuentas con su pasado apoyo al estalinismo y su subordinación a la URSS, lo que provocó una recurrente diferencia con la izquierda socialista. No obstante, que el Partido Comunista sea eventualmente en el futuro próximo parte de una coalición de gobierno no tendría nada de extraño, como no lo fue con el Frente Popular, en un período con González Videla, más tarde con la Unidad Popular. El Partido Comunista siempre contribuyó a la estabilidad democrática. Ignacio Walker debiera recordar el apoyo comunista a Frei Montalva cuando el intento de golpe de Viaux en 1969. Incluso no tiene nada de extraño, contrariamente a lo que dicen algunos, que un partido de izquierda pueda estar en el gobierno y en la calle, siguiendo el principio de la socialdemocracia sueca, que se declara “partido de gobierno en oposición a todas las injusticias”. La buena política de izquierda es la que combina con sabiduría la responsabilidad gubernamental con las aspiraciones de cambio que se expresan en la sociedad. La “nueva mayoría política y social” de la que ha hablado Michelle Bachelet en su retorno al país debiera incluir al conjunto de la izquierda chilena responsable, en alianza con las fuerzas de centro, junto a múltiples fuerzas sociales organizadas, para hacer posibles los cambios urgentes que necesita la estructura política y económico-social de Chile en la perspectiva de lograr más democracia, más libertades y más equidad.

jueves, 28 de marzo de 2013

Carta Abierta a Osvaldo Andrade



Señor Osvaldo Andrade
Presidente del Partido Socialista
Presente

Leo en  la prensa que la Comisión Política del Partido Socialista ha decidido el lunes 25 de marzo proceder a una nominación directa y casuística de candidatos a parlamentarios en una serie de distritos, según la conveniencia y  acuerdos entre los grupos de poder interno. Esto contrasta flagrantemente con la decisión expresada  por la ex presidenta Bachelet de concurrir a una primaria de la oposición sin cortapisas y de ese modo discutir abiertamente las opciones de gobierno y no entre cuatro paredes. La CP incluye en la sustracción del pronunciamiento de militantes y ciudadanos el distrito en el que me he inscrito para participar en una definición democrática, no porque, como bien sabes, tenga ninguna vocación parlamentaria, sino para acoger la petición de sectores de base del partido que me habían pedido ser candidato. Querían que se expresaran voces un tanto más identificadas con los valores de la izquierda en el socialismo chileno actual.

La idea de que debemos entrar en una nueva etapa en la que se recompone el vínculo entre la política de izquierda y la sociedad civil en base a propuestas de cambio y prácticas democráticas rigurosas de generación de liderazgos y representaciones, queda una vez más sepultada bajo tu presidencia (y las inmediatamente anteriores, en honor a la verdad).  Se decide por un órgano que no posee las facultades para hacerlo no respetar los estatutos que nos rigen (y que entiendo nadie ha derogado). El Estatuto vigente (tal como está en la página WEB del PS) establece que “la selección de los candidatos a cargos de representación popular se hará en forma democrática, por el sistema de voto universal, secreto e informado en cada una de las instancias que corresponda representar”. Por tanto, en cada distrito o circunscripción, en el caso de los candidatos a parlamentarios. El más reciente Congreso estableció, además, que debían realizarse primarias ciudadanas donde fuera necesario. Y donde hay más de un candidato ciertamente es necesario realizarlas, si se sigue la lógica más elemental. Precisamente para relevar donde era necesario hacer esas primarias –se entiende que donde no hay más de un candidato/a no es necesario hacerlo- es que se procedió a establecer un mecanismo de inscripción de candidaturas.

Pero nada de esto lo has respetado ni hecho respetar. Como tampoco respetaste el criterio establecido desde la unificación en 1989 de incluir en la Comisión Política a todas las expresiones internas. Dos listas que representamos en la reciente elección interna del orden de un 14% de los votantes fuimos simplemente dejados fuera, no sé con qué afán que no sea el de practicar la exclusión pura y simple. Y lo hiciste en base a una interpretación mañosa de una norma también aprobada por el más reciente Congreso en el sentido de incorporar a las minorías a la dirección, en donde el más elemental sentido común indicaba que el espíritu de lo aprobado se remitía al resultado de la elección nacional y no a la composición final del Comité Central. Esta, como bien sabes, aumenta el control de la mayoría que, en el caso de la Nueva Izquierda que representas con un 25% del partido más diversas alianzas no exactamente asentadas en convicciones que no sean la de practicar intensamente la lucha por los puestos, has logrado conformar en los órganos de dirección. Ese es tu mérito. Pero lo utilizas  cada día con mayor vocación de control absoluto, rememorando las prácticas estalinistas de hacer tabla rasa con las disidencias. Todo este proceso de aplastamiento de las minorías lo conduces, y eso es lo absurdo de tu conducta, como si no se hubiera producido el alejamiento de los Jorge Arrate, Carlos Ominami, Marcos Enríquez-Ominami, Sergio Aguiló y tantos antiguos militantes de menos renombre pero no menos importancia. Como si no fuera urgente volver a darle prestigio a los partidos políticos, especialmente a los de izquierda, denostados por la mayoría de la sociedad precisamente por este tipo de prácticas de intolerancia, inoperancia y control burocrático.

Es evidente que los liderazgos, incluyendo los  que retornan en estos días al primer plano para asumir la tarea de desplazar democráticamente del poder gubernamental a la derecha, terminan por alejarse de partidos que se han tornado cada vez más impresentables, socavando, y eso es lo grave, el prestigio de la democracia y alimentando las tentaciones caudillistas.  Es obvio que lo que quieres es que todos los espíritus libres terminen por irse del PS y sepultar el proyecto de la casa común de la izquierda que tanto nos costó construir desde 1989, con una lamentable ceguera y pequeñez para salvaguardar tu pequeño poder, el de la Nueva Izquierda y el de los grupos que te acompañan, que creo te resultará a la postre, por lo demás, bastante inútil. En mi caso no lo vas a lograr, pues tengo la convicción de que el legado del socialismo chileno en la historia da francamente para mucho más que los espectáculos de mala fe y política pequeña a lo que lo ha llevado la pandilla sin valores ni propósito programático alguno de la que formas parte y cuyo único fin ha terminado siendo tristemente repartirse cargos en el Estado. A ese legado, al de nuestros muertos, al que nos viene de Arcos y Bilbao, de Recabarren, de Allende, pero sobre todo de tantos luchadores sociales anónimos y dignos, permanezco y permaneceré fiel. Volverá algún día a emerger ese legado con la fuerza que se merece y dejará atrás esta etapa poco edificante que terminará siendo rechazada por todos lo que se mantienen fieles, aunque hoy día seamos pocos, a las convicciones socialistas de igualdad, libertad y justicia, más necesarias que nunca para transformar el Chile de hoy dominado por las oligarquías dueñas del poder y la riqueza.



Gonzalo D. Martner
Miembro del Comité Central
Partido Socialista de Chile

viernes, 22 de marzo de 2013

Ponerse creativos


Leo por curiosidad en un periódico de la plaza, en una sección de tipo autoayuda o algo así,  que una “profesora de creatividad empresarial”  que viene llegando nada menos que de Stanford (las especialidades con pergaminos de este tipo están proliferando en Chile, mientras decaen las ciencias sociales, claro) propone seis principios para fomentar la creatividad: “buscar siempre alternativas, probar  lo desconocido, asumir riesgos y estar dispuesto a equivocarse, convertir  problema en desafío', tomar la iniciativa y cuestionar las reglas y supuestos”. Si estas recomendaciones de sentido común para hacer avanzar cualquier cosa estuvieran siendo adoptadas en el mundo de la empresa, excelente. 
  Ciertamente no es el caso de la política. Al menos en el escenario más probable en el futuro próximo. Habrá, eso sí, un cambio de coalición política, pues la actualmente en el gobierno no logró sacar a la derecha de su condición secular de minoría y reafirmó lo que todos en Chile sabían: defienden los intereses de los privilegiados. Una mayoría corta de chilenos, fatigada del decaimiento y en algunos casos descomposición de la coalición que gobernó desde 1990, quiso darle a la derecha a partir de 2010 una oportunidad, que esta última desaprovechó irremediablemente. Esa percepción tal vez la simboliza una reciente actuación del presidente de Chile: va como gobernante a la intronización de un nuevo Papa en Roma, y lo que hace es pedirle en medio de la ceremonia oficial que le bendiga unos rosarios para los nietos y un amigo. Esa no es manera de representar a Chile. Contrasta con el papel jugado por una ex Presidenta que ha trabajado con capacidad, empeño y dignidad en los últimos años por la igualdad entre mujeres y hombres en el mundo, promoviendo valores y políticas, y hoy se apresta a retornar al país. 
  Pero el escenario más probable es que lo haga para hacer más de lo mismo con los mismos y para los mismos de siempre. Aquello de “cuestionar las reglas y supuestos” no está en los libros de la mayoría de los que la apoyan. Estos se aprestan a recuperar puestos en el Estado sin ninguna idea o propósito de cambio particular, manteniendo por supuesto una mínima retórica para mantener las formas. Desgraciadamente el impacto de los movimientos sociales de 2011, la voluntad de hacer emerger nuevas fuerzas y coaliciones y las elaboraciones programáticas desde la sociedad, centros independientes y universidades tendrán probablemente poco eco. Como también el llamado a cambiar las reglas del juego a través de un nuevo proceso constituyente que oxigene la alicaída y a veces maloliente esfera pública nacional. Cuando lo que se necesita como nunca es cuestionar una institucionalidad terriblemente condicionada por el poder económico, que financia las campañas electorales y no está dispuesto a permitir innovación alguna, el saliente presidente del Senado declara: “en Chile no hay riesgos para la institucionalidad”. Con ese tipo de representantes, que privilegian la estabilidad injusta por sobre la transformación y cuya motivación esencial es el reconocimiento por los poderosos,  la remendada y agotada constitución del 80 tiene para rato.
  ¿Y por qué no nos ponemos creativos e imaginamos y construimos otro escenario? Un escenario en que la ex presidenta Bachelet reitera lo que declaró al despedirse de la ONU en Nueva York parafraseando a Eleanor Roosevelt, la inspiradora de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 : “haz lo que tu corazón sienta que es correcto”. Un escenario en que la oposición se une sin personalismos y resuelve los asuntos de liderazgo en las urnas, e incorpora a Marcos Enríquez -Ominami y al PC para conquistar un parlamento con mayoría suficiente para iniciar un nuevo proceso constituyente en 2014. Efectivamente, es prioridad “cuestionar las reglas y supuestos”. Es urgente, cuando un 60% de los ciudadanos se niega a participar en unas instituciones obsoletas,  construir un nuevo régimen de libertades, que incluya el matrimonio igualitario y el aborto terapéutico, que redefina los derechos y deberes de los ciudadanos, que permita la representación paritaria de género y equitativa de las ideas y de los territorios, que descentralice y aumente la participación ciudadana en las decisiones públicas, que otorgue una amplia autonomía a los pueblos indígenas. Es urgente construir un escenario en que un gobierno de ancha base política deja de regalar la renta del cobre a muy pocas grandes empresas e inicia con esos recursos un vasto plan de inversión en  infraestructura económica y social (¿por qué no un tren de alta velocidad Santiago-Valparaíso, Santiago-Puerto Montt y Santiago-La Serena?). Un gobierno que realiza una reforma tributaria progresiva y con ella financia la gratuidad de la educación pública o sin fines de lucro, sin financiamiento escolar compartido y con becas para el 90% de los estudiantes de educación superior, terminando con la educación de mercado. Un gobierno que crea un Fondo Solidario de Salud para extender garantías uniformes a toda la población y termina con la discriminación propia de la salud de mercado. Un gobierno que acaba con el abuso de unas AFP que recogen cotizaciones obligatorias para su propio beneficio y que introduce un nuevo pilar de reparto en el sistema de pensiones para garantizar certezas básicas en la vejez. Un gobierno que protege el ambiente y cambia el modelo energético hacia uno que incorpora masivamente nuevas fuentes renovables no convencionales, con la meta de 40% en 2030. Un gobierno que estimula el empleo con derechos para los trabajadores, que fomenta el ahorro y la sobriedad en el consumo, que iguala el salario de hombres y mujeres, multiplica las salas cunas y el postnatal compartido. Un gobierno que en cuatro años abre una nueva etapa en Chile. ¿Por qué no?  

sábado, 15 de diciembre de 2012

lunes, 1 de octubre de 2012

Nuevos Horizontes


Presentación en el INSTITUTO IGUALDAD, en el encuentro “Pensar a Chile: El desafío de la democracia, del desarrollo y la igualdad en un nuevo ciclo político”, en el panel “Construyendo un nuevo Modelo de Desarrollo: Economía, Empleo y Desigualdad”, el 29 de septiembre 2012.

Frente a los desafíos actuales, de crisis externa y expansión interna desigual, hay diversas respuestas, entre ellas:
 - la neoliberal y conservadora de menos Estado y más mercado, que termina abandonando a su suerte a los sectores sociales con inserción económica precaria, no financia suficientemente a las empresas y personas que innovan y descuida los efectos externos de la acción pública sobre las capacidades humanas, el patrimonio tecnológico, el ambiente y la cohesión social;
- la “blairista” de ayuda pública a individuos autonomizados, con intento blando de mayor igualdad de oportunidades, pero sin diálogo social por considerarlo “corporativista”, sin reformas fiscales ni Estado de bienestar recompuesto,  para prolongar el actual “modelo híbrido” con creciente sello liberal y privatizador, es decir más de lo mismo y de los mismos en un Chile que prolonga la desigualdad;
- la “caudillista y paternalista” de gobierno interventor y clientelista según las necesidades de liderazgos mesiánicos, con chequera estatal para pagar favores y como condición de posibilidad, que algunos llaman “Estado protector”;
- la del proyecto del Estado democrático y social de derecho y modelo de desarrollo integrador y sustentable, con rasgos de la socialdemocracia europea, y especialmente nórdica, que logró construir sociedades igualitarias en condiciones iniciales no radicalmente diferentes de las nuestras, pero asumiendo que la estructura laboral precaria e inestable requiere de una organización más directamente estatal de la solidaridad, y  valorando en América Latina el camino seguido por Brasil y Uruguay hacia una mayor equidad.

El progresismo debe, para estar a la altura de los desafíos del país  y de las demandas de la sociedad, desordenar  (¡horror!) el statu quo obsoleto e improductivo actual  para  rearticular  y  promover sin subordinaciones el  proyecto histórico de una sociedad democrática, socialmente solidaria, ecológicamente sustentable, económicamente eficiente y capaz de ofrecer una calidad de vida digna a todos acorde con el nivel de desarrollo del que logre disponer.
El mero crecimiento no basta. El crecimiento definitivamente no es el desarrollo, como se ha constatado con el actual gobierno. Contribuye al bienestar, pero mantiene una sociedad desarticulada y conflictuada sometida al mal vivir y a la desconfianza. Una de las lecciones cruciales de los últimos 22 años, cruzados por avances y retrocesos, esperanzas y decepciones, es que el instrumento central para construir nuevos horizontes es la interacción de la sociedad civil organizada con un Estado fuerte y reinventado, en base a los siguientes principios:

-  Un Estado que se sustenta en la legitimación democrática permanente, con la decisión ciudadana periódica como el bien social más preciado, que además de garantizar las libertades y derechos fundamentales contribuye al bienestar y el bienvivir mediante políticas públicas activas que combaten frontalmente la corrupción, el clientelismo y la depredación del Estado por intereses particulares  y por el poder económico, y hace de la transparencia, el respeto de la ley legítima y la participación ciudadana su fundamento.
- Un Estado garante del contrato social, que prioriza la disminución de las desigualdades y es catalizador de la concertación socioeconómica, para lo que consagra derechos mediante una tributación justa y eficaz  y dota al gobierno, administrado con la exigencia perentoria de la eficiencia y la transparencia,  de los medios para hacerlos efectivos.
- Un Estado que desarrolla la economía, invierte en innovación, especialmente en educación, políticas industriales y energéticas sustentables, sin subsidiar las actividades y modos de organización obsoletos, y no se subordina al mercado sino que lo gobierna.
Un Estado que mejora la seguridad  y prosperidad todos y especialmente del mundo del trabajo frente a los riesgos sociales de desempleo, enfermedad, vejez sin ingresos  y vida urbana  insegura, y que actúa para integrar en la vida social a los excluidos y marginados,  tarea central en el contexto de una economía periférica que precariza el trabajo y margina a los  grupos sociales sin recursos, en medio de la inestabilidad financiera y económica global, sobre la que Chile no tiene capacidad de control.

De la reafirmación de esos principios y de sus instrumentos de realización podrá desprenderse, junto y en diálogo estrecho con la sociedad civil organizada y los movimientos ciudadanos, un programa de gobierno para el período 2014-2018 que sea una auténtica alternativa mayoritaria a la derecha y al capitalismo neoliberal que ésta defiende. De ese programa podrán desprenderse, a su vez, los planes de acción gubernamental específicos encargados al liderazgo político por mandato de los ciudadanos y mediante diálogo social y político, en el entendido que éste no se sitúa por encima del bien y el mal sin darle cuenta a nadie, sino que debe interactuar con sus representados para ... representarlos, y en su caso hacer valer el interés general, articulando y si es necesario limitando los intereses sectoriales, y arbitrando la necesidades del presente y las del futuro. ¿Por qué no empezar por discutir la pertinencia de las grandes tareas que emergen de las limitaciones y orientaciones de defensa de los intereses de los privilegiados del actual gobierno?

1. Superar el bloqueo institucional. Es ineludible salir del bloqueo institucional contenido en el diseño de la constitución de 1980, que ilegítimamente impide la expresión de la soberanía popular. La nuestra es una democracia crecientemente inútil para representar los intereses mayoritarios, lo que genera un irremediable desprestigio de lo que muchos ciudadanos comunes asumen ya como la "clase política", indiferenciada y con intereses propios repudiables. Relegitimar la democracia es la tarea de hoy, mediante nuevos contenidos de la constitución en materia de valores colectivos,  deberes y derechos y el pronunciamiento ciudadano sobre su orientación. El mejor instrumento conocido para la tarea de legitimación democrática que Chile necesita con urgencia es una asamblea constituyente representativa, autorizada y mandatada para esa tarea por los ciudadanos en un plebiscito convocado por ley. ¿Es inviable? La peor batalla es la que no se da. La acción política está para  ampliar la frontera de lo posible, no para la resignación y la renuncia, ni para conformarse con la coparticipación en la administración del orden desigual existente. Esta tarea emana de una constatación simple y a la vista de todos: no se puede disminuir las desigualdades en el actual marco constitucional. Esquivar este desafío es renunciar a todo cambio de la estructura de poder para eliminar privilegios ilegítimos en la sociedad chilena. Avanzar a una nueva constitución no es provocar el caos ni partir de cero, y no prejuzga sobre la orientación política de los gobiernos futuros, aunque si debe establecer en primer lugar el principio de mayoría, en respeto de las minorías y de su derecho a procurar transformarse en mayoría. Es poner al día las reglas democráticas de convivencia, sin amenazar a nadie e incluyendo a todos: es dejar un legado consistente a las nuevas generaciones que asegure la gobernabilidad democrática, hoy cuestionada por todos lados.        
La nueva constitución debe proponerse consagrar los derechos civiles y políticos fundamentales y las garantías y deberes de los ciudadanos; consagrar la igualdad de género; reconocer y promover los derechos de los pueblos originarios; reafirmar los derechos económicos, sociales y culturales  contemplados en los tratados internacionales firmados por Chile; reafirmar la propiedad pública sobre los bienes comunes para permitir la explotación racional y sustentable de los recursos naturales y el ordenamiento del territorio en beneficio de todos los ciudadanos y de las nuevas generaciones y para permitir el uso del espectro radioeléctrico con obligaciones de desarrollo cultural y de respeto del pluralismo, especialmente en la televisión; establecer la igualdad de oportunidades de acceso a los cargos públicos; avanzar a un régimen político semi-presidencial y la representación proporcional en el parlamento; poner fin a los quorum que dan de derecho a veto ilegítimo a la minoría en las leyes orgánicas; establecer la obligación de consulta a las organizaciones sociales y productivas en la elaboración de leyes sociales, económicas y ambientales; consagrar la iniciativa popular de ley; fortalecer la independencia y profesionalismo del poder judicial; ampliar la descentralización política, incluyendo la elección popular de los gobiernos regionales y la afirmación de la autonomía regional y municipal en las tareas de desarrollo y a avanzar hacia nuevas libertades, en primer lugar hacia la libertad de la mujer para decidir sobre la maternidad en determinadas condiciones; el matrimonio igualitario y el respeto por la diversidad sexual.

2. Avanzar a un nuevo modelo de desarrollo innovador  y sustentable 
Afianzar una transición desde la exclusiva especialización en la explotación de recursos naturales con bajo valor agregado, que genera una economía inestable, desintegrada y desigual, a una economía diversificada basada en el conocimiento innovador, la sustentabilidad y la integración sectorial requiere retomar, pero ahora en gran escala, la tarea de robustecer complejos productivos que desarrollen los encadenamientos hacia adelante y hacia atrás en al menos la actividad minera, pesquera, forestal y alimentaria, mediante programas de innovación, desarrollo y producción limpia, triplicando la inversión actual. Requiere fortalecer una banca pública activa y un sistemas de compras públicas que amplíen la red de pequeñas y medianas empresas creadoras de empleo, con un nuevo sistema de subsidios directos a la capacitación, ampliación sustancial del microcrédito y regulación de los poderes monopsónicos en la distribución.
También supone establecer un nuevo modelo energético basado en una meta de uso de tecnologías renovables no convencionales de 20% en 2020 y 70% en 2040 en la generación eléctrica, desechando la insanía tecnocrática que persiste en introducir la energía nuclear en Chile, el país más sísmico del mundo. Cubrir las necesidades energéticas, incluyendo políticas sustanciales de ahorro, requerirá un ordenamiento territorial riguroso para luchar contra el cambio climático y proteger los ecosistemas y la biodiversidad, ampliando el sistema de zonas protegidas. Se requiere además devolver los derechos de agua al dominio público, y permitir su uso racional mediante concesiones limitadas en el tiempo, con garantías de acceso equitativo y sustentable.
Un nuevo Fondo de Inversión en  Infraestructuras debe permitir un mayor equilibrio regional, consolidar la formación y educación de capacidades humanas y favorecer un urbanismo integrador que aumente la calidad de vida e intervenga los barrios sin equipamiento social y cultural, en una amplia política de reforma urbana. El Fondo Nacional de Desarrollo Regional debe disminuir su condicionalidad para que las decisiones sobre su uso residan en los territorios. El Fondo Común Municipal debe redistribuir mejor los recursos desde las comunas ricas a las pobres y aisladas.

3. Optar por una política económica y laboral para el pleno empleo y la desconcentración
Para financiar el esfuerzo productivo y social del Estado con mayor equidad, la estructura tributaria debe ser progresiva, con una mayor tributación de las empresas y de las personas que tienen más ingresos (eliminando el vínculo entre ambas) y una diferenciación de los impuestos al consumo. La recaudación tributaria debe aumentarse estructuralmente en 1% del PIB al año por una década (y aún así quedaría bajo el promedio OCDE). Se debe estimular el ahorro y la inversión  mediante el reforzamiento de los impuestos al lujo y los males públicos, así como a las rentas especulativas mediante impuestos a las ganancias de capital. Los impuestos permanentes deben permitir el financiamiento de las tareas permanentes del Estado, el que debe combatir el clientelismo y la ineficiencia con una función pública más profesional, reforzando los sistemas de control, transparencia y rendición de cuentas de todas las actividades de gobierno.
Cabe además la ampliación sustancial de la minería estatal y el aumento drástico de la tributación privada por el acceso al subsuelo y a los recursos del mar que pertenecen a todos los chilenos, con licitación periódica y transparente de las concesiones de explotación de recursos naturales que se justifiquen; el cambio en el tratamiento de la renta por uso de los recursos naturales, que hoy se transfiere gratuitamente en proporciones inaceptables a inversores extranjeros y nacionales, deteriorando de paso las cuentas externas de Chile, fruto de un sistema de regalías que debe ser modificado, junto al aumento del impuesto adicional a la repatriación de utilidades. Esta política puede generar nuevos recursos fiscales que deben orientarse al sustancial aumento de la investigación y el desarrollo de productos y procesos innovadores y la ampliación de la infraestructura productiva y social.
La política fiscal y monetaria debe acentuar la capacidad de acción contracíclica y evitar los errores de 1999  y 2009, que  llevaron a la economía chilena a recesiones evitables por actuar poco y tarde.
Las grandes empresas deben estar sujetas a estrictas reglas competitivas y de protección del consumidor, con una regulación financiera que impida los abusos y limite la concentración económica. La fijación de tarifas en los servicios básicos debe evitar las sobreutilidades monopólicas y responder a sus  costos reales.
La negociación colectiva debe realizarse en la empresa y más allá de la empresa, pues la relación laboral no puede estar determinada de manera individual en beneficio exclusivo del empleador. Los trabajadores deben tener organización, voz y poder, factores con los cuales es posible aumentar la confianza y mejorar la cooperación productiva en la empresa, en interés compartido. La ausencia de la negociación colectiva debe terminar, pues no es propia de una economía moderna y civilizada. Esta se debe extender a temas como los despidos colectivos, que deben asociarse a compensaciones y mecanismo de reinserción, la capacitación laboral y la seguridad en el trabajo.
Nuevos aumentos del salario mínimo deberán proteger los ingresos de los trabajadores más pobres, mientras el seguro de desempleo debe ser ampliado en su cobertura, complementado con programas de empleo de inserción juvenil y de reinserción para los desempleados de la larga duración.

4. Desarrollar la educación pública
La educación no es un bien de consumo más llamado a transarse en mercados. Los valores democráticos y humanistas en la sociedad y la igualdad de oportunidades para hacer posible la transición a la economía del conocimiento aprovechando todos los talentos, independientemente de su origen social, es tarea de la educación. Para cumplir ese propósito, el sistema educativo debe ser público por esencia. Esto no es contradictorio con un sistema mixto de provisión, pero solo con el financiamiento público de entidades no estatales sin fines de lucro ni discriminadores. En la medida en que los establecimientos reciban recursos públicos, nada justifica ser un factor caracterizado de segmentación social y cultural y además obtener utilidades privadas con el presupuesto de la Nación. Este debe emplearse en seguir fortaleciendo la cobertura de la educación pre-escolar  y los recursos en la educación básica y media estatal o sin fines de lucro, con escuelas públicas administradas por nuevas corporaciones educacionales regionales con fin único bajo tuición directa del Ministerio de Educación, terminando con el factor de discriminación constituido por el financiamiento compartido y la selección por dinero. Cabe volver a consagrar  la  completa gratuidad escolar y la cabal sujeción a las normas públicas allí donde existan recursos del Estado, incluyendo la prohibición de la selección arbitraria en el acceso, que debe estar vinculado a la vecindad y a políticas de heterogeneidad social y cultural. La formación de profesores debe someterse a altos niveles de exigencia, con exámenes de habilitación obligatorios, junto a una carrera docente fortalecida.
La educación técnica superior deberá asimilarse al régimen de educación universitaria y terminar con su mercantilización generalizada. La educación universitaria debe ser efectivamente sin fines de lucro –cerrando las universidades que burlan la ley y reintegrando a sus alumnos a otras universidades- y su acceso debe ser gratuito para los jóvenes pertenecientes a las familias que integran el 90 por ciento inferior de la distribución de ingresos. La completa gratuidad puede abordarse para la totalidad de los jóvenes con capacidad de seguir estudios superiores si se opta por agregar un nuevo  tramo en el impuesto a la renta con una tasa marginal de  50% (reforzado en 1990 y vigente hasta 1994), por sobre la de 40% actualmente existente, de modo que los más ricos financien su educación con el pago de mayores impuestos.
Las universidades públicas deben garantizar una educación plural y laica y recibir mayores aportes basales para el desarrollo de la cultura y de la ciencia de acuerdo a su nivel de complejidad, junto al fortalecimiento de su rendición de cuentas y sujeción a normas estrictas de calidad y excelencia.

5. Seguir mejorando la protección social.
La experiencia histórica de todas las economías modernas exitosas muestra que la desigualdad se combate de muchas maneras, pero con prioridad mediante estados de bienestar y sistemas de tributación-redistribución directa.  Mencionar cambios de largo plazo en la distribución primaria del ingreso en la empresa como eje de la lucha contra las desigualdades es simplemente esquivar el desafío. Para que estos sistemas de redistribución secundaria del ingreso no se transformen en maquinarias de clientelismo y de desincentivo de la responsabilidad personal, deben basarse en el acceso a prestaciones concebidas como derechos, no como gracia del gobernante de turno ni caridad individualizada. 
Llegó la hora de combatir la individualización, estigmatización y prolongación de la exclusión que se realiza en nombre de la focalización de las políticas hacia los pobres, que debe desaparecer de nuestro lenguaje, y reorientar los subsidios hacia derechos universales, especialmente orientados a la inserción en el trabajo, en la educación y en la participación comunitaria local. Se deja de ser pobre en primer lugar cuando se es responsablemente parte de la sociedad y de sus desafíos colectivos.
Abordar uno de los grandes riesgos de la sociedad futura, el envejecimiento demográfico, requiere dejar de someterse al ideologismo ultraliberal e introducir un pilar de reparto que dé certeza básica a las pensiones junto al pilar solidario y el de capitalización individual, el que debe incluir una entidad pública. A su vez, debe organizarse un pilar solidario que ayude a las familias y comunidades a sustentar la pérdida de autonomía de las personas de edad.
Un Fondo Solidario en Salud debe corregir el mayor riesgo de los cotizantes en el seguro público (los seguros privados discriminan contra las personas afectadas por enfermedades preexistentes, las personas de edad y las con menores recursos) y utilizarlo para aumentar las garantías de atención en la salud pública, que ya abarca el 70% de las patologías, además de reforzar la salud primaria y preventiva, que sigue siendo la mejor inversión posible en salud y también en eficiencia productiva que contribuya al desarrollo.


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