jueves, 26 de noviembre de 2020
Los partidos, los independientes y Michelle Bachelet
jueves, 19 de noviembre de 2020
“El capitalismo puede salvar el día, pero solo cuando el gobierno ejerce su poder”
domingo, 15 de noviembre de 2020
Nota económica: Bancos Centrales, retiros y vorágines
"Lo más grave es la pérdida de empleos. Es un riesgo sobre el tejido social, el ingreso de los hogares, la demanda y el crecimiento". ¿Es esta otra declaración de algún economista de izquierda azorado por la crisis y sus efectos sobre la ciudadanía de a pie y que insiste en que actuar con apoyos a los afectados por la crisis es una política buena y racional? No, es lo que declaró Christine Lagarde, que proviene de la derecha francesa y hoy es presidenta del Banco Central Europeo, el 19 de octubre. Y agregó: "los gobiernos de la zona euro debieran estar extremadamente atentos al respecto. Nos parece esencial que las redes de seguridad presupuestaria puestas en funcionamiento por los gobiernos en esta crisis no sean retiradas prematuramente".
En momentos en que el gobierno en Chile decidió terminar con el Ingreso Familiar de Emergencia -en nombre de un subsidio al empleo que abarca a 160 mil personas en vez de los 8 millones del IFE- y no se toman medidas de reforzamiento del seguro de desempleo en un contexto de 2,8 millones de cesantes, la voz del Banco Central no se escucha para nada. Cero.
El BCE no solo no propugna contenciones presupuestarias, mientras en Chile el presupuesto 2021 no crecerá en términos reales y el BCCh no dice nada, sino que su presidenta Lagarde, frente a la pregunta sobre la magnitud del apoyo presupuestario a los países que por primera vez se puso en práctica por 750 mil millones de euros en 2020, contestó: "desde abril había insistido sobre la necesidad de un plan consecuente, rápido, flexible, pero también focalizado sobre los países y sectores que más lo necesitaban. Según nuestras cifras, esto correspondía a un gasto entre 1.000 a 1.500 miles de millones de euros". Se agregó a los ya significativos planes nacionales un plan para 2021 de 5% del PIB europeo, que Lagarde defendió se ampliara hasta 10% del mismo.
¿Se imaginan al Banco Central chileno planteándole al gobierno que gaste hasta el doble de un plan presupuestario establecido?
Sería tomado como una humorada. Nuestros economistas oficiales le tienen pánico a que su acción sea acusada de populista y los que tienen un origen en la izquierda se sienten obligados a dar explicaciones y mostrar credenciales neoliberales. Viven en el planeta de los supuestos automatismos de mercado, de los intereses del capital financiero y de la inacción frente a una crisis de producción y empleo que, si no ha sido mayor, se debe al uso de los ahorros de los trabajadores que la sociedad y el parlamento le han impuesto al gobierno. Y a una inyección de liquidez que no ha sido rápida ni suficiente para obligar a la banca a apoyar a las pymes en la magnitud necesaria, pero que algo ha sostenido la situación de empresas en dificultades.
El retiro de fondos de AFP y el agotamiento de las cuentas individuales del seguro de cesantía no son las mejores medidas desde el punto de vista de la eficiencia y la equidad, pues es el gobierno el que está en mejores condiciones de apoyar a los más afectados y sostener la demanda agregada utilizando sus reservas y capacidad de endeudamiento a bajo costo, esfuerzo sin el cual el desempleo se mantendrá por largo tiempo. El parlamento ha forzado autorizar a recurrir a los ahorros de las personas porque los economistas de rutina en Chile no han estado a la altura y no han querido utilizar las fortalezas construidas durante décadas, que siempre apoyé por la naturaleza del ciclo económico en Chile, precisamente para intervenir en estas ocasiones.
El acuerdo entre el ministro de Hacienda y el Senado incluye una cifra de 12 mil millones de dólares de gasto público en dos años, centrada en subsidios a las empresas, que el ministro de Hacienda trata de defender en estos días haciendo comparaciones abusivas para justificar su inacción en el momento en que termina con el IFE. Esta cifra es insuficiente para abordar la magnitud de la crisis, no utiliza todos los recursos disponibles y no prioriza a los más necesitados.
Y además la conducta gubernamental tiene una pretensión insólita: supuestamente el acuerdo se aplicará hasta el primer año del próximo gobierno, para "amarrarlo", con la venia de senadores de la oposición. Evidentemente eso no va a ocurrir, porque habrá un nuevo presidente y un nuevo parlamento, que seguramente aplicarán desde el primer día un plan de estímulo económico liderado por incrementos de salarios y la inversión pública. Pero esa pretensión de poder de una tecnocracia autocentrada e incompetente y de senadores "transversales" que la acompañan que a estas alturas es francamente abusiva, tiene una contrapartida: la creciente irresponsabilidad de parlamentarios que consideran "letra chica" cobrar impuestos a los más ricos en los retiros de AFP. En el primer retiro se podía sostener que la omisión era parte de la vorágine y planteaba problemas de iniciativa parlamentaria inconstitucional. Pero en una segunda ocasión ya constituye un patrón de conducta irresponsable que debe detenerse, pues destruye el principio de progresividad de los impuestos, central para toda política fiscal progresista y eficaz. El país debe volver a recuperar racionalidad y serenidad, y hacerlo al servicio de la mayoría social y de los que sufren la crisis y no del halago a las pasiones del corto plazo.
sábado, 14 de noviembre de 2020
El futuro de las AFP
jueves, 12 de noviembre de 2020
¿Ingobernabilidad?
Nota económica: la discusión sobre el ahorro
En el Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central se sostiene que: "Retirar fondos previsionales significa reducir el ahorro de los trabajadores (...). Una economía para crecer y no depender exclusivamente del financiamiento externo, tiene que tener ahorro doméstico".
Es curioso que el ahorro doméstico prácticamente se reduzca, en el enfoque del Banco Central, al ahorro forzoso previsional de los asalariados. Este también está potencialmente constituido por el ahorro del resto de perceptores de ingresos, especialmente los ingresos del capital, ampliamente sobredimensionados en Chile.
El INE acaba de publicar un informe que revela que la mediana de los ingresos de los ocupados es de 401 mil pesos en 2019. ¿Esos son los llamados a ahorrar para que las empresas hiperconcentradas sigan obteniendo financiamiento barato para seguir acumulando capital y enriqueciendo a un puñado de oligarcas? ¿En medio de una severa crisis de ingresos familiares de millones de personas por una explosión del desempleo? Es evidente que la prioridad hoy es sostener los ingresos de las familias.
El tercer componente del ahorro interno, junto al que proviene de los ingresos del trabajo y del capital, es el que constituye la diferencia entre los ingresos corrientes (impuestos) y los gastos corrientes del Estado, es decir el ahorro público. No hay ninguna razón para que en el futuro el Estado no incremente el ahorro público mediante una reforma tributaria que será inevitable y de la reducción de gastos superfluos, en vez de seguir manteniendo un modelo económico que funciona en base a bajos salarios y a ahorros forzados de esos bajos salarios. El Banco Central parece no haber caído en la cuenta que ese modelo de expansión del capital -que llaman crecimiento sin preguntarse de quién es el crecimiento- se agotó socialmente.
Retirar fondos previsionales significa que mucha gente puede salir de estrecheces económicas importantes, en ausencia de apoyos suficientes en ingresos y créditos de emergencia que el gobierno no ha querido pertinazmente activar a la altura de la crisis, estando en condiciones favorables para hacerlo. Si el gobierno hubiera actuado como corresponde, no habría razones para retiros de fondos previsionales.
¿De dónde vendrá entonces el ahorro doméstico? Mala pregunta. El Banco Central no entiende lo suficiente que estos son tiempos de gasto, de sostenimiento de la demanda agregada para evitar un colapso económico. Solo una vez pasada la emergencia debe restablecerse una senda de incremento del ahorro. Pero no solo el de los trabajadores asalariados, como parece creer el Banco Central. También el de los perceptores de ingresos de capital, a través del estímulo de la reinversión y de ese otro ahorro forzoso que constituyen los impuestos al capital, que contribuyen al ahorro público.
lunes, 9 de noviembre de 2020
Nota económica: las cifras de la concentración
Las cifras declaradas por los contribuyentes al Servicio de Impuestos Internos (SII) en la Operación Renta 2020 con información comercial del 2019, confirmaron la gran concentración en las grandes empresas de las ventas (un total de US$ 913.000 millones) y el empleo dependiente (un total de 9.563.975 trabajadores). Aquí van las cifras.
Las 14.749 grandes empresas en la clasificación del SII (aquellas con ventas superiores a 100.000 UF al momento de la declaración, unos 3,.8 millones de dólares anuales a los valores de hoy) concentraron en 2019 nada menos que el 86,9% de los ingresos por ventas.
Las 29.256 empresas medianas (aquellas con ventas entre 25 y 100 mil UF, entre 1,0 y 3.8 millones de dólares) representaron solo un 5,5% de las ventas.
Las 206.313 pequeñas empresas (aquellas con ventas entre 2,4 y 25 mil UF, entre 92 mil dólares y 1 millón de dólares) representaron algo más, aunque sigue siendo una cifra muy baja, con un 5,9% de las ventas.
Las 769.797 micro empresas (aquellas con ventas hasta 2,4 mil UF, equivalentes a unos 92 mil dólares o bien a 69 millones de pesos anuales) representaron apenas un 1,6% de los ingresos por ventas.
Las grandes empresas declararon al SII que contrataron a 4,6 millones de personas, nada menos que un 48,1% del total. Las medianas emplearon a 1,4 millones de personas, el 14,9%. Las pequeñas empresas declararon 2 millones de dependientes, un 21% del total. Las micro empresas emplearon a 722 mil personas, un 7,5% del total. Un dato curioso es que las empresas que no declaran ventas emplearon a 757 mil personas, el 7,9% del total.
En resumen, las llamadas Mipymes, que se supone son el nervio económico del país y a las que siempre se alude como aquellas que crearían el grueso del empleo, representan solo el 13,1% de las ventas y contratan solo al 43,9% de los trabajadores dependientes, menos de la mitad. Y las grandes empresas la cifra inversa, con no mucho más de tres actores principales en cada mercado sectorial.
viernes, 6 de noviembre de 2020
Un poco de coherencia en materia de 10% y de impuestos progresivos
jueves, 5 de noviembre de 2020
Economía y política en tiempos de crisis
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