domingo, 14 de mayo de 2006

Las derrotas económicas de la democracia




La democracia reestablecida en sus rasgos básicos en 1990 ha cosechado éxitos importantes: la convivencia entre los chilenos ha mejorado sustancialmente, las libertades y los derechos esenciales se respetan y, cuando ello no ocurre, la libertad de expresión permite denunciarlo con razonable eficacia. Los tribunales de justicia poco a poco se han transformado en garantes de los derechos de las personas e incluso han avanzado en verdad y justicia en las violaciones a estos derechos cometidos por la dictadura. Más aún, la democracia, aunque con lentitud a veces exasperante, se ha ido reformando a sí misma y hoy alcanza estándares institucionales relativamente decentes. La excepción principal la constituyen el sistema electoral y el poco dinamismo de la descentralización del Estado, y por tanto de la participación ciudadana, así como la lucha contra las discriminaciones. Tareas pendientes para el presente gobierno, que las ha inscrito en su programa. En materia de aspectos institucionales de la democracia, por tanto, sabemos relativamente bien de qué estamos hablando, de donde venimos y hacia donde debemos ir.
En el área económica la situación es más opaca. ¿En qué hemos avanzando, en qué no, porqué? Sugerimos fijarse en tres indicadores macroeconómicos de entre las decenas que la prensa especializada comenta todos los días: crecimiento, inflación y desempleo. Estos indicadores debieran situarse en alrededor de 5% (tasa de incremento para los dos primeros, de prevalencia para el empleo). Este criterio de desempeño, como cualquier otro, es discutible: lo tomamos de Jacques de Larosiere, que lo planteó en una visita a Chile en la década de los '90 como director del FMI, y nos parece pertinente.
También debiéramos considerar periódicamente un indicador microeconómico: las rentabilidades comparadas entre sectores económicos, que nos deben llevar a fijarnos cuando alguna actividad supera un 10% de rentabilidad y si eso depende de tarifas públicas excesivas o de la ausencia de impuestos adecuados o de la habilidad empresarial.
El crecimiento ha sido cíclico pero ha superado desde 1990 el 5% promedio anual, es decir la cifra más alta para un período de tres lustros desde el siglo 19. Esto no ha resuelto el agudo problema distributivo del país, pero esa es harina de otro costal que debe tratarse en su mérito: ninguna política redistributiva sería fluida, en todo caso, en medio del estancamiento económico. Bien, entonces, por el crecimiento. La inflación, por su parte, se ha mantenido por debajo del 5% anual por un período prolongado, rompiendo con la tradición inflacionista de la economía chilena: recordemos que los que más sufren de la inflación son los más modestos, que no pueden defenderse de ella e indexar sus ingresos a la evolución del nivel de precios. Bien por la inflación controlada.
¿Y el desempleo? No sólo no ha estado en ningún año desde 1990 (hablamos del promedio anual, porque bien sabemos que el desempleo es especialmente cíclico en Chile) en o por debajo del 5%, sino que nadie parece inquietarse demasiado con el tema. Esto tiene una explicación clásica: la ausencia de crecimiento es de general percepción, como lo es la inflación, que se constata día a día cuando es elevada. El desempleo lo perciben y lo sufren, en cambio, más bien los directamente involucrados y no el 85-90% de la población activa restante, que se informan de él, le temen, pero no lo experimentan directamente. Y los agentes económicos poderosos, digámoslo claramente, no se incomodan con un “mercado de trabajo distendido”, con una oferta de trabajo superior a la demanda, que les permite contener el nivel general de salarios, despedir personal y mantener altas rotaciones de sus empleados sin perjuicio aparente para su actividad: habrá un reemplazante al que acudir.
El objetivo del pleno empleo ha desaparecido de manera notable en los énfasis programáticos y en el debate público. Y la derecha tiene la solución de Don Otto: si el crecimiento es escaso en generación de empleos, si el ciclo económico es rápido en despedir y lento en recontratar, entonces hay que precarizar (lo llaman flexibilizar) el empleo, para bajar salarios y supuestamente incentivar así a los empleadores para que incrementen su tasa de empleo por unidad producida. Se traslada la lógica del mercado de las papas a este supuesto “mercado del trabajo” cuya demanda sabemos al menos desde Keynes se comporta primordialmente de acuerdo a variables macroeconómicas, además de su estructura específica de oferta.
El objetivo de aumentar la seguridad del empleo desapareció también de nuestro debate público y apenas se discute sobre las políticas de empleo activas (impulso macroeconómico, subsidio a la contratación, programas directos) y pasivas (seguro de cesantía, disminución de la oferta de trabajo). Este debate debe reanimarse, en especial si se tiene en cuenta que las proyecciones de desempleo no están cerca de llegar al 5% en plazos breves. El objetivo del pleno empleo es aquel de la izquierda por esencia en materia macroeconómica y estamos lejos de alcanzarlo en circunstancias que no es para nada una utopía en las condiciones actuales de la economía chilena.
¿Y qué hay de las rentabilidades comparadas? La rentabilidad “normal” de una actividad económica en una economía de mercado es la que resulta de situaciones competitivas, siempre que no esté basada en rentas de escasez (recursos naturales) o de situación (leyes de privilegio). La gran mayoría de las actividades en las economías industriales y de servicios maduras son consideradas rentables y los proyectos dignos de ser emprendidos con tasas de retorno inferiores a 10%.
Si examinamos la rentabilidad operacional de las Sociedades Anónimas en 2005 en Chile, nos encontramos con que para las empresas de ventas al por menor (supermercados y grandes tiendas o “retail” como se dice ahora), por mucho que en esta área se haya concentrado la actividad en pocas cadenas, esta es de 9%, una cifra razonable. Pero ocurre que diversas empresas no operan en mercados competitivos, especialmente en los casos de monopolio natural, de gran importancia cuando proveen servicios básicos a la población. ¿Sus rentabilidades operacionales? Un 37.7% para el agua potable, un 20% para la electricidad. Un rotundo fracaso, pues quiere decir que las tarifas están beneficiando indebidamente a los dueños de las empresas (aunque algunas tengan participación accionaria pública: los impuestos se cobran en otra parte) y no a los consumidores. En cualquier país civilizado esto hubiera sido objeto de correcciones inmediatas. La telefonía, en cambio, muestra una rentabilidad oepracional de 8,7%, lo que se explica pos sus segmentos competitivos.
¿Y en el área de seguridad social gestionada por privados, cuya fuente de negocio son las cotizaciones obligatorias? Simplemente un escándalo mayúsculo. Las Isapres presentaron una rentabilidad sobre capital de 91,9% en 2005. ¡La inversión se recupera en un año! Claro, en detrimento de los bolsillos de los usuarios por causa de una pésima regulación en un mercado especialmente opaco. En el caso de las AFP, la rentabilidad sobre capital fue de 19%, un exceso manifiesto para una actividad de seguridad social. Estamos en presencia de organizaciones lucrativas simplemente parasitarias.
La actividad bancaria, fundamental para canalizar el proceso de ahorro-inversión, se ha transformado crecientemente en un área de sobreutilidades injustificadas, obtenidas especialmente de las tasas y comisiones cobradas en el crédito al consumo a los más pobres. ¿Su rentabilidad sobre capital en 2005? Entre 18 y 40%, incluyendo cerca de ...30% para el Banco del Estado (aviso: los impuestos se cobran en otra ventanilla, no en un banco público que debiera ser rentable pero no maximizador de utilidades a este extremo). Nuevamente una mala regulación en un mercado profundamente asimétrico y de impacto sistémico. No se pida después que la pyme prospere en estas condiciones.
La actividad minera privada tuvo en 2005 un resultado operacional de 49,9%. Los chilenos estamos regalando a transnacionales del área inmensos dividendos que provienen de un recurso natural cuyo precio pasa por un ciclo alto. El royalty que a duras penas se logró el año pasado sólo revertirá sobre los chilenos una mínima parte de esta bonanza, que irá a parar a los bolsillos de los accionistas de las transnacionales mineras. Difícil darles una explicación a los muchachos secundarios que luchan con justa razón por la gratuidad del examen de ingreso a las universidades...
Entonces en materia de derechos económicos de los ciudadanos los chilenos nos estamos pisando la cola de manera flagrante. La derecha política ha actuado en el parlamento e impedido los cambios legales regulatorios y tributarios que permitirían a Chile financiar un mayor bienestar para los desposeídos y un mayor crecimiento futuro a través de más gasto en investigación y desarrollo tecnológico y en educación. Pero desde marzo la Concertación tiene mayoría simple por primera vez para cambiar leyes regulatorias, tributarias y laborales. La palabra la tenemos nosotros, los concertacionistas.
Pero claro, las empresas reguladas actúan sobre todo el espectro político con subsidios electorales abundantes, condicionando cada vez más la capacidad del parlamento de legislar como se debe y del gobierno de regular apropiadamente mediante la potestad reglamentaria. Y crecientemente nombran en sus directorios con entusiasmo a concertacionistas que dejan sus cargos públicos. ¿La conclusión? Una derrota manifiesta de la democracia chilena, que no está cautelando los intereses de los ciudadanos que no tienen poder económico y que son la inmensa mayoría.

viernes, 12 de mayo de 2006

Patio 29, La Segunda

"Lo que se constató fue un conflicto de intereses", indicó el ex subsecretario de la Presidencia, Gonzalo Martner, explicando la investigación interna realizada por el gobierno de Lagos al Servicio Médico Legal. Dicha indagación, aunque estuvo centrada exclusivamente en irregularidades económicas, salió a la luz tras estallar la crisis por la errónea identificación de cuerpos en el Patio 29.
"La asociación de funcionarios del SML hizo una denuncia pública en 2002. Ellos formularon un requerimiento a la Contraloría y la auditoría de gobierno también decidió revisar estas denuncias y realizó un conjunto de averiguaciones, muy concretamente respecto de una serie de sociedades de carácter privado con fines de lucro, del director del SML de la época (el doctor Jorge Luis Rodríguez) que tenían que ver con áreas técnicas", explicó Martner, quien esta semana expuso ante la comisión de Derechos Humanos de la Cámara.
Finalmente, agregó, "dado que el gobierno constató que la Contraloría había tomado constancia del asunto y ya estaba en sus manos y éste era el órgano encargado de ver este tema, ahí quedó".
- ¿Se citó al entonces ministro de Justicia, José Antonio Gómez?
- La auditoría interna de gobierno no cita a ministros. Eso es falso, no ocurrió. Al margen de la auditoría, en más de alguna ocasión me tocó hablar con el ministro Gómez de éste y otros temas.

lunes, 8 de mayo de 2006

Entrevista en El Mostrador


Ex timonel PS Gonzalo Martner:
''Los que querían otra vez un PS homogéneo se equivocaron y perdieron''
por Susana Jaramillo
Quien fue apoderado de la lista de la diputada, Isabel Allende, en los comicios internos, asegura que la idea de la nómina del senador Camilo Escalona, de dividir al partido entre quienes eran leales y no a la conducción de la Presidenta, no tuvo mayor sentido en la campaña porque las bases comprendieron que ningún socialista puede oponerse a un gobierno de los suyos. Pese a que la lista de la diputada del Partido Socialista, Isabel Allende, no logró el 50 por ciento de los votos en los comicios pasados, uno de sus principales adherentes, el ex timonel socialista, Gonzalo Martner, asegura que con el 38 por ciento del apoyo forman un nuevo y potente espacio al interior de la colectividad. Al hacer un balance de la campaña, Martner considera que superaron bien el intento de la lista contrincante, encabezada por el senador Camilo Escalona, de tratar de mostrar que en el PS habían dos posiciones respecto a la incondicionalidad que el partido debe tener con la Presidenta de la República. "Pudimos sortear bien ese episodio", señala el dirigente, quien al mismo tiempo indica que si no es posible integrar la nueva mesa directiva, pues no comparte el ofrecimiento de Escalona de crear dos vicepresidencias para las minorías, harán sus propuestas desde el Comité Central o la comisión política del partido. Además, una vez más, niega que tengan interés es ser oposición a la gestión de Bachelet. "No estamos en ésa", asegura.
"Episodio poco atinado"
-¿Cómo queda el cuadro político en el PS después de estas elecciones que fueron polémicas por los temas que se pudieron en el debate?
-Yo creo que se superó bien el intento poco feliz de generar una reorganización interna de los que supuestamente apoyan a Bachelet y los que no. Pudimos sortear bien ese episodio poco atinado y al final quedó claro que el conjunto del partido no sólo apoya a la Presidenta de la República sino que también tiene la voluntad de seguir siendo un fiel representante de los intereses de los más subordinados de la sociedad chilena. Yo creo que fue un debate bastante áspero y que hay algunas personas a las que no les gusta respetar las reglas ni cumplir los compromisos, sin embargo el balance final es positivo y hay que esperar que se reúna el Comité Central para ver quién será el presidente y su mesa directiva.
-¿Usted comparte lo que dice la diputada Allende en el sentido de que en el CC pueden haber sorpresas y que incluso no sea elegido Escalona como presidente?. ¿Cómo se entiende eso, si el senador tendría casi 70 miembros de esa instancia sobre 108?
-Claro... bueno son las reglas del juego y se elegirá como presidente a quien tenga más votos, y si es Camilo, se le deseará que tenga un gran éxito en la conducción del partido y nosotros también haremos nuestro aporte desde las otras instancias que se den, es decir, desde la comisión política y del propio Comité Central.
Partido polarizado
-En estas elecciones se vio un partido polarizado, ya que si bien habían cinco listas, todo se centró en los dimes y diretes de Escalona y Allende. ¿Cómo ese esquema puede ayudar al gobierno de Bachelet?
-Para mí hay un grupo en el PS al que no se le olvidan las malas costumbres que alguna vez adquirieron, que tienen fanatismo de homogeneidad y que son incondicionales en términos de imponer, y eso es lo contrario de lo que el partido ha sido siempre. Eso lamentablemente se vio en estas elecciones, y esperemos que se borre de la retina de la gente porque no le hace bien al PS. Además, nuestra colectividad ha sido diversa, tiene respeto por las distintas opiniones que hay en su seno, tiene una gran riqueza ideológica y en ese plano hubo un fuerte apoyo para una propuesta de partido no homogéneo, diverso, amplio e integrador. Yo creo que los que quisieron volver a la fantasía del partido homogéneo se equivocaron y no tuvieron el apoyo que pensaban.
"Si quieren seguir aplastando a los demás..."
-Esta semana se debería constituir el Comité Central y se han presentado varios problemas para conformar una mesa, donde estén integrados los diversos grupos. ¿Algunos de su sector culpan a Marcelo Schilling de ello, usted comparte esta visión?
-Marcelo es uno de los que comparte esta fantasía del partido homogéneo y de excluir. Nosotros no somos una minoría sino que un componente que recoge las mejores tradiciones del socialismo chileno y, bueno, se equivoca Marcelo si cree que así se puede apoyar mejor a la Presidenta Michelle Bachelet. Lo que nosotros queremos es un partido vivo, integrador, que apoye... Y si ellos quieren seguir aplastando a los demás, allá ellos...
-Si finalmente no se llega a ningún acuerdo para que ustedes ingresen a la nueva mesa directiva, ¿en qué tipo de oposición se convertirán?
-Nosotros no seremos oposición sino que expresaremos nuestros puntos de vista desde cualquier instancia del PS. No estamos en un afán de torpedear la gestión de nadie, porque lo principal es buscar una conducción que permita que la colectividad pueda subir la votación que obtuvo en las elecciones pasadas. Entonces, nuestro objetivo es ése y el 38 por ciento de militantes que nos apoyó en estas elecciones está muy conciente de eso y comparte nuestro diagnóstico y propuestas para levantar al partido.

viernes, 31 de marzo de 2006

Los valores postmaterialistas

Una manera de apreciar la evolución de las sociedades y sus mentalidades es el papel que en ellas juegan los llamados “valores postmaterialistas”, en contraste con aquellos vinculados a la “vida material”, en la expresión del historiador Fernand Braudel. De hecho, algún analista de las motivaciones respectivas de Felipe González y de Rodríguez Zapatero en España distinguía en el primero, a propósito de cumplirse dos años de la recuperación del gobierno por los socialistas, la preocupación esencial por la “supervivencia”, que se tradujo en la construcción en España de un amplio Estado de Bienestar (con un uno por ciento anual de incremento de la carga tributaria respecto al PIB en 12 años, según datos de la OCDE, para ilustración de los admiradores liberales de Felipe), y de la modernización productiva dolorosa en el marco de la integración a Europa. En el segundo, en cambio, y en la generación que lo acompaña, establecidas las bases del bienestar económico, se encarnaría una motivación esencial en “la búsqueda de la felicidad”, con la consecuente agenda centrada en la paz y el retiro de tropas de Irak, el matrimonio de homosexuales, el rediseño del mapa de las autonomías, por ejemplo.

En Chile, como tantas veces, no vivimos las cosas tan secuencialmente y las realidades son muy distintas, pero algo de eso hay. La llegada a la Presidencia de la República de Michelle Bachelet en sí misma representó una victoria en toda la línea en contra del conservadurismo y de la resignación frente al statu quo que fueron cultivando penosamente las nuevas élites. "En esta vuelta es imposible ganarle a la derecha" y “una mujer no puede ser Presidente de Chile” se escuchó entre los bien pensantes por mucho tiempo, "no seamos ingenuos, el candidato va a ser Frei o Inzulza", hasta que la voluntad de cambio de los chilenos y chilenas dijo contundentemente otra cosa y el sistema de partidos se adaptó con bastante fluidez, más allá de lo que se ha dicho, a esa realidad. Y luego nadie creyó en la firmeza de carácter de la Presidenta, que llevó la paridad hombre-mujer en sus nombramientos más lejos que en los escasos países de occidente que la practican: “el gobierno no va a ser eficiente con tanta mujer sin competencias suficientes en tan altas responsabilidades” fue de nuevo el comentario de los bien pensantes, como si la competencia y la incompetencia no se distribuyeran en mismas proporciones entre hombres y mujeres. No aprovechar la mitad de la inteligencia de una nación es lo verdaderamente poco inteligente. Y la deslegitimación social de la discriminación de la mujer ha avanzado con pasos gigantes. Todo lo cual sin costo presupuestario...

El miércoles 29 de marzo la Presidenta de Chile asistió en persona al acto de recuerdo del asesinato de Guerrero, Nattino y Parada que horrorizó al país hace 21 años por su brutalidad extrema. Y asistió para marcar definitivamente un rumbo al decir con emoción: “la memoria de miles no admite ningún punto final” y ”los tribunales van a continuar estableciendo la verdad y la justicia sin excepción, porque la dignidad de Chile así lo exige”. ¡Qué contraste con los devaneos de algunos de los liderazgos de estos años eternos de transición! ¡Qué tranquilidad saber que nos gobierna una persona que no renuncia a sus valores una vez que llega a la máxima responsabilidad pública! Los valores de la memoria y de la dignidad de un país que no tolera que se asesine, viole, desaparezca sin consecuencias quedan ahí restablecidos con la capacidad de simbolización que la función presidencial tiene. La deslegitimación social de la pretensión de impunidad sigue avanzando a pasos gigantes. Y sin costo presupuestario...

Chile es hoy un país mejor por que se va haciendo cargo de sus valores “postmaterialistas” esenciales, con talento, sin estridencias, con la profundidad que requiere una tarea de tamaña dimensión.

Pero claro, la “vida material” existe y de qué manera, y sigue siendo especialmente angustiante para los más desposeídos. La agenda del bienestar en materia de pensiones (con un inicial pequeño salto para las asistenciales y mínimas), de empleo, de salud (con la corrección de esa iniquidad de limitar el acceso a las mujeres que tienen dinero a la píldora del día después), de vivienda, sigue ahí presente. Y la agenda de futuro de la educación, de la innovación tecnológica, del medio ambiente y el urbanismo, mantienen como nunca su urgencia, porque se juega el destino de las futuras generaciones. Pero abordarlas, porque Chile está lejos de la mínima decencia en la materia y su economía le permite y necesita dar pasos mucho mayores, es tanto más factible con una democracia consolidada y con los valores de la dignidad humana crecientemente compartidos en la sociedad.

sábado, 18 de marzo de 2006

Entrevista a Gonzalo Martner, El Mostrador


''PS necesita una directiva tolerante, democrática y que no excluya''
El jueves de la semana entrante las diversas tendencias deberían inscribir sus respectivas listas de cara al Comité Central del 23 de abril próximo, donde se elegirá a la nueva mesa directiva. Dos son las nóminas más seguras para ir a la competencia: la de Camilo Escalona con Marcelo Schilling, y la de los senadores Jaime Gazmuri y Carlos Ominami.El economista y ex presidente del Partido Socialista (PS) Gonzalo Martner considera contradictorio que los partidos sean un pilar básico de la democracia y, al mismo tiempo, tengan una bajísima estimación ciudadana. "Eso ocurre porque en Chile, producto de los sucesos de 1973, la esfera política y los partidos son vistos como un foco de conflicto, y no un espacio de deliberación", reflexiona.
Martner esta semana expuso esta posición en el Centro de Estudios Para el Desarrollo (CED) al participar, junto a otros dirigentes políticos, en un encuentro de análisis sobre la democracia y el rol de los partidos. Explica que su intervención estuvo basada en lo paradójico que es que las tiendas sean importantes para el sistema social, pero no tengan apoyo de la gente.En la oportunidad también cuestionó el proceso electoral interno en su partido, diciendo que no es conveniente hacerlo cuando recién se instala el gobierno de la Presidenta Bachelet. En su opinión, el apuro de la actual conducción partidaria, de Ricardo Núñez, obedece a convertir la elección en un mero trámite para favorecer el continuismo.Precisamente este jueves las diversas tendencias deberían inscribir sus respectivas listas para el Comité Central, que el 23 de abril próximo tiene que elegir a la nueva mesa directiva. Dos son las nóminas más seguras para ir a la competencia: la de Camilo Escalona con Marcelo Schilling, y la de los senadores Jaime Gazmuri y Carlos Ominami.
-¿Los partidos se han ganado el rechazo de la gente simplemente porque se alejaron de ella?
- Uno de los principales problemas que existe en los partidos es el clientelismo y la solución de esto es seguir avanzando en lograr derechos universales y que el acceso a cargos públicos no dependa de tener un padrino en el mundo político, en cada municipio o región, sino que sean derechos de cada una de las personas de poder postular. Los partidos que vuelvan a ser lo que deben ser, es decir, el espacio de deliberación política. Además, es importante que en las elecciones internas de las colectividades haya un militante y un voto, pero es muy relevante que no haya manipulación de ese proceso.
-¿Usted cree que la necesidad de obtener cargos públicos se ha transformado en una obsesión para los partidos políticos?
- Yo comparto que hay una obsesión por los cargos y eso es muy lamentable, y eso es clientelismo y es un antiguo mal de los partidos tradicionales chilenos, que es indispensable cambiar.
-¿Los partidos han cambiado mucho en los últimos años y uno de los problemas es que las cúpulas no permiten que las bases se pronuncien en toda su magnitud?
-Los partidos han cambiado mucho menos de lo que debieran y lo que cabe ahora es lograr un espacio para la renovación y conseguir la democracia interna. Por eso, me alegro de lo que está pasando en la UDI porque por primera vez dirigentes con apoyo de la ciudadanía, como son los alcaldes, son partidarios de lograr un fuerte cambio en ese partido.
-¿El Nuevo Socialismo va a apoyar la lista del senador Jaime Gazmuri o presentará una nómina independiente en el Comité Central del 23 de abril próximo?
- Los que estamos agrupados en el Nuevo Socialismo queremos formar una lista muy amplia, pues la idea es tener una directiva que exprese un espíritu de apertura, de tolerancia y de inclusión y no de exclusión, como ha sido el tipo de gestión que ha hecho la actual directiva. Estamos en las conversaciones y todo se sabrá el jueves, plazo en que vence la inscripción de las listas.
-¿Pero su tendencia es partidaria de apoyar la candidatura de Gazmuri?
-En el Nuevo Socialismo Jorge Arrate es su líder natural, obviamente que con él estamos abiertos a conversar, pero eso lo veremos después de la elección del Comité Central. Aquí lo que importa es hacer un ejercicio democrático y que busque acompañar un espíritu de trabajo por la ciudadanía, es decir, aplicar el estilo impuesto por nuestra Presidenta Michelle Bachelet.
-¿Cuándo usted dice que el Nuevo Socialismo quiere una mesa donde estén todos los sectores, sería partidario de integrar personas ligadas a Camilo Escalona en una eventual directiva encabezada por su grupo?
-Sí, claro. Nosotros queremos que se exprese la democracia interna del PS, o sea, que se elija el Comité Central y si nuestra lista logra un apoyo mayoritario, evidentemente porque somos democráticos, le vamos a ofrecer a quienes resulten perdedores parte de la dirección, no como lo han hecho los integrantes de la actual directiva.
-¿Usted postulará a alguna vicepresidencia?
- No, porque cualquier postulación mía tendería a personalizar las cosas, en términos de una revancha respecto al último Congreso General de la colectividad, donde no seguí conduciendo el partido.

miércoles, 8 de febrero de 2006

Entrevista a La Tercera: una federacion socialista democratica


El ex presidente del Partido Socialista, Gonzalo Martner, repuso ayer el viejo anhelo de algunos dirigente de la izquierda concertacionista de formar un bloque entre el PS-PPD y el PRSD.
¿Por qué reponer hoy la idea de formar esta federación?
Porque sería dar un salto para constituir una fuerza política de carácter socialista democrático, que sea el instrumento para terminar con la desigualdad en Chile. Y serán las nuevas directivas del PPD y el PS quienes verán si asumen esta tarea.
¿A su juicio, esta federación sería útil para el gobierno de Bachelet?
Sí, porque llegó el momento de estructurar una sólida fuerza socialdemócrata en Chile.
¿Esta "unión" podría transformarse en un "arma de doble filo", pues podría ocurrir un quiebre en la Concertación al marginar a la DC?
La Concertación es algo muy distinto a la derecha, y con la Democracia Cristiana tenemos muchas visiones en común y una gran mayoría de dirigentes de este partido tiene la misma percepción de nosotros en esta materia.
¿Cómo sería la estructura formal de esta federación?
Las directivas de los partidos podrían constituir un consejo que sume, además, a gente de la sociedad civil.
¿Cuál es su evaluación de la actual directiva del PS?
Creo que algunas personas de la directiva tienen una visión centrada en el poder.
¿A quién se refiere?
Hay una elección interna, no tiene sentido descalificar a nadie, pero sí hablar de estilos y hay un estilo claramente, no sólo en el partido socialista, que busca, más allá de proponer o producir cambios en la sociedad, más bien poner a gente en espacios de poder del Estado, es así y no es drama, pero algunos tenemos otra concepción de las cosas.
¿A quién apoyará en las próximas elecciones internas del PS?
Algunos tenemos la idea de que el PS tiene que hacer una gran renovación, para que no haya un estilo -como ha habido- de tener una lucha del poder por el poder. En ese sentido, es bueno que haya una competencia interna, y una lista que reúna a figuras como Jaime Gazmuri, Isabel Allende y rostros del nuevo socialismo, como Jorge Arrate o Sergio Aguiló. Esta es una combinación para ofrecer la conducción del partido que acompañará a Michelle Bachelet.

sábado, 14 de enero de 2006

Entrevista a Gonzalo Martner, El Mostrador


´PS no debe negociar cupos ministeriales porque Bachelet tendrá que decidir' por Susana Jaramillo
Ex timonel socialista no comparte la idea de que los partidos de la Concertación, y en especial el PS, estén formando equipos para negociar los puestos de las reparticiones públicas. En su opinión las presiones y el cuoteo político no corresponden, pues todo debe quedar en manos de la ex ministra. Critica además la 'penosa' actitud de quienes se promueven para ocupar cargos. Gonzalo Martner, ex candidato a senador de la Concertación por la circunscripción de Santiago Oriente y líder del llamado "Nuevo Socialismo", niega en forma rotunda que tenga interés en integrar un equipo negociador al interior del PS para la conformación de un eventual nuevo gobierno concertacionista. A su juicio es impresentable que ello se haga porque Michelle Bachelet conoce muy bien a los hombres y mujeres de su colectividad y por lo mismo esta vez se debe "terminar con el cuoteo político". El ex timonel del PS también considera "penoso" que algunos dirigentes de la Concertación, a través de los medios de comunicación, hagan trascender su interés de postular a tal o cual cargo de gobierno.
Un sello de carácter social
-¿Qué sello debería tener un eventual cuarto gobierno de la Concertación, considerando que esta vez gobernaría una mujer?-
Cada gobierno tiene su sello y yo creo que el de Bachelet seguramente va a tener un carácter social. Esto significa que va a haber un país distinto porque habrá un fuerte rol de la mujer, una reforma al sistema previsional, mayor cobertura preescolar y para el mundo de los trabajadores también habrá cambios significativos. De manera que ese sello social es uno a los que debe aspirar estos cuatro años de gobierno de Bachelet. Además, yo no conozco persona más comprometida contra la desigualdad social que nuestra candidata y eso también dependerá de la creación de condiciones específicas en el ámbito legislativo y político, y la discusión de este tema en los medios de comunicación y en la sociedad en su conjunto.
-Bachelet necesitará un grupo de personas que la acompañe durante los cuatro años de gobierno. ¿Qué cualidades debería tener este nuevo gabinete y quiénes podrían integrarlo?
-Ella tiene el interés y la capacidad de convocar a los mejores y las mejores personas para conducir el Estado. Lo principal que uno quiere de estas mujeres y hombres es el compromiso de impulsar cabalmente el programa de la candidata; que sean capaces de administrar las entidades públicas, que tengan un vínculo fuerte con la sociedad civil y la destreza de entenderse con el Parlamento.
-¿Espera que hayan rostros nuevos en el gobierno?
-Bachelet ha llegado hasta la última parte de este proceso y no ha retrocedido ni un milímetro en sus convicciones y sus compromisos ante el país. Y estoy seguro que establecerá la paridad entre hombres y mujeres, contando con las personas más capaces, y eso lo verá ella una vez que se consolide su victoria este domingo. Esto en un contexto que a veces es un poco penoso porque entra a tallar allí también la promoción de candidaturas para los cargos de gobierno a través de los diarios. Ello no habla bien de quienes los promueven, pues la decisión final la tomará Bachelet.
Rol del PS en el gobierno de Bachelet
-¿Qué rol debe jugar el PS en el eventual gobierno de la socialista?
-Yo vi en la prensa versiones bastante penosas respecto a la conformación de equipos negociadores y en ese sentido tengo una sola posición: si el PS al Presidente Ricardo Lagos le dijo: ‘usted es el que mejor nos conoce y tiene la plena libertad para escoger a quien quiera de nosotros’, lo mismo debe decir nuevamente nuestra tienda y por lo tanto no debe existir ninguna mesa negociadora sino que un mensaje nítido y dejar todo en manos de Bachelet. Esta es la única actitud que debemos tener y nada de mesas negociadoras porque no corresponde.
-Pero tiene que existir alguien al interior del PS que hable con la candidata de esta materia, ya que en un algún momento ella necesitará sugerencias de ciertas personas que puedan cumplir un rol relevante en determinados ministerios o servicios.
-La interlocución para todos los efectos será a través de la institucionalidad del PS. Aquí no corresponde en absoluto ninguna actitud distinta a la que no sea que el PS se ponga a disposición de la candidata y no entre en el juego del cuoteo político. Aquí Michelle conoce muy bien al PS, sus hombres y mujeres competentes para cualquier función a la que ella quisiera convocarlos. No creo que sea prudente entregar ninguna lista de nombres y la interlocución debe hacerse a través de las autoridades del partido.
-¿Espera una posición similar en el resto de los partidos de la Concertación?
-Yo esperaría una actitud semejante, pero es mejor opinar de lo que es propio.
-Al interior de la Concertación se asegura que como la próxima Presidenta es socialista, el PS tendrá que ser más flexible a la hora de negociar y concretar acuerdos con el resto de las colectividades oficialistas. ¿Usted comparte eso?
-A mi juicio este es un gobierno corto y como tal va a tener que gastar muy poca energía en ponerse de acuerdo en su seno y por el contrario deberá focalizar sus prioridades. En ese sentido, el PS deberá tener una sola actitud en orden a entregarle plenos poderes a Bachelet.
-¿Pero no teme a las presiones de los otros partidos?
-No creo que se dé. Lo principal es que todos apoyemos a Bachelet en su gestión porque en Chile existen muchas necesidades. Eso es lo fundamental.

miércoles, 14 de diciembre de 2005

La elección presidencial: partidos y liderazgos


La elección de diciembre de 2005 tiene una característica: se producen importantes distancias en los resultados de los grandes bloques políticos a nivel parlamentario y sus liderazgos presidenciales. Mientras la derecha suma 38,7 % en diputados a nivel nacional, sus candidatos presidenciales suman 48,6 % (25,4% y 23,2% respectivamente). Lavín desborda solo un punto sobre la UDI (fuerza que suma 22,3% del electorado), reduciéndose a representar su partido de origen. En cambio, Piñera agrega 11,3% a los votos de RN (partido que suma 14,1% del electorado). A la inversa, la Concertación logra un 51,8% de los votos a nivel de diputados, mientras Michelle Bachelet obtiene un 46% en la elección presidencial. El pacto Juntos Podemos Más obtiene un 7,4% de los votos y Tomás Hirsch un 5,4% de los mismos.

¿Es esta disparidad una situación nueva? Hay que remitirse a las elecciones de 1989 y 1993, en las que también existió la simultaneidad presidencial y parlamentaria (lo que no ocurrió en 1999). En 1989, la Concertación y la izquierda extraparlamentaria sumadas obtuvieron una votación (56,8%) algo superior a la de Patricio Aylwin (55,2%), candidatura presidencial que ambas fuerzas apoyaron, mientras en la derecha la situación fue de dispersión en dos candidaturas presidenciales (que sumaron 45% de los votos) y 5 listas parlamentarias (que sumaron 42% de los votos). En 1993, en su peor desempeño, la derecha tuvo dos débiles candidatos presidenciales que solo sumaron 30,6% de los votos, mientras su lista parlamentaria ahora unificada sumó un 36,7%. Eduardo Frei obtuvo un 58% y la Concertación una proporción algo inferior (un 55,4%), en su mejor momento histórico. La izquierda extraparlamentaria presentó 3 candidatos presidenciales que sumaron también su mejor registro, con un total de 11,4%, y dos listas parlamentarias que sumaron solo 7,8%. Para completar la descripción, cabe consignar que en primera vuelta en 1989 Ricardo Lagos obtuvo un 48% y en la siguiente elección parlamentaria de 1991 la Concertación obtuvo un 47,8% en diputados.

En suma, estamos frente a un fenómeno bastante novedoso: la distancia de 5,8% entre la Concertación y su candidatura presidencial. Existen en mi opinión dos explicaciones para este fenómeno.
La primera es que en el escenario político actual y futuro una candidatura presidencial DC pierde votos a la izquierda y una progresista pierde votos en parte del electorado moderado y conservador. Ya no es concebible que tan fácilmente una candidatura presidencial de la concertación tenga tantos votos como los que suman los candidatos a parlamentarios de sus partidos.
La segunda razón es que en esta específica elección Sebastián Piñera cosechó en el imaginario colectivo el ensalzamiento que buena parte de las élites hacen hoy de la figura del empresario. Ya no es el intelectual, el artista, el servidor público, el religioso, el dirigente social, el gestor comunitario, el que es valorado por su rol, que incluye una buena dosis de desprendimiento frente a lo material: hoy más de los que debieran no mantienen la necesaria distancia cultural y valórica frente a la codicia y al afán de lucro. No otra cosa es la motivación en la vida de empresarios especuladores como Sebastián Piñera. Que los que hacen de la ENADE el más importante de los escenarios de la vida nacional no se extrañen que por primera vez en Chile un multimillonario rentista obtenga el 25% de los votos.

Para que Michelle Bachelet gane bastaría que en segunda vuelta dos tercios de los que votaron por los candidatos al parlamento de la Concertación lo hagan por Michelle Bachelet. Lo que no es tan fácil de obtener, aunque se puede esgrimir al respecto un sólido argumento: de ganar Piñera, este no tendría sustento parlamentario ni social para gobernar, mientras su propia Alianza está fracturada hace años precisamente a propósito de su controvertida y ambiciosa figura. Y supone que el sistema político concertacionista se cuide de presentar, como con frecuencia algunos han hecho, a los partidos como el resumidero de los desperfectos humanos ni menos contribuir al desprestigio de sus parlamentarios. Con todos sus defectos, que de haberlos los hay, ambos actores han cumplido más que honorablemente sus deberes.
Si además se suma el voto de la izquierda extraparlamentaria, que debiera solicitarse formalmente en nombre de la común lucha antiderechista y del compromiso de hacer todo lo necesario para terminar con el sistema binominal y de gestionar el gobierno con participación y diálogo social, subordinando a la tecnocracia arrogante, entonces solo errores de magnitud debieran impedir el triunfo que lleve por primera vez a una mujer, y a una mujer de gran talento y capacidad, a la Presidencia de la República. Esa es la verdadera innovación y expresión de modernidad y no que gobierne alguien movido por dos de los más antiguos y menos nobles sentimientos humanos: el oportunismo y la codicia.

lunes, 12 de diciembre de 2005

Agradecimientos


Quiero agradecer de manera muy afectuosa a todos los que trabajaron en mi campaña, muchos de ellos con gran sacrificio y con escasos medios, y a todos los que votaron por nuestra opción ayer domingo 11 de diciembre. Es cierto que el resultado es modesto, es decir 74 864 sufragios que equivalen a un 5,7% de los votos, y que algunos a lo mejor se sentirán decepcionados. Por mi parte, expliqué desde el principio que se trataba de una campaña para representar las ideas del mundo progresista y acompañar a Soledad Alvear, que había tenido la generosidad de evitar una confrontación en la Concertación al declinar su precandidatura presidencial. Esa generosidad debía ser correspondida y, no habiendo otros voluntarios, yo me ofrecí para acompañarla.

El objetivo no era obtener el escaño, salvo por la vía del doblaje, lo que a su vez era poco verosímil. El objetivo era no dejar sin representación al mundo progresista y de izquierda en la circunscripción más grande de Chile (en donde además se reeligieron con amplias mayorías los cuatro diputados socialistas y PPD en ejercicio y se eligieron dos más, ampliándose la presencia de 4 a 6 de los 8 distritos) y sobre todo contribuir a la unidad de la Concertación, tan necesaria en estos días. Creo que la tarea está cumplida y estoy contento por eso.

También estoy contento por el hecho que con Soledad Alvear hicimos una campaña muy cordial. Aumentamos la votación de la Concertación del 45,5% obtenido por Alejandro Foxley y Jaime Estévez en 1997 al 49,5% obtenido este domingo, en un contexto en que la derecha mantuvo su votación de 43,7% en una de las circunscripciones que le es sociológicamente más favorable. A su vez, me alegra que haya aumentado el número de votantes, que pasaron de 1.205.857 a 1.314.818 electores.

Participar en esta elección democrática ha sido una gran experiencia. Por eso, reitero mis agradecimientos a todos los que nos apoyaron. Los que deseen mantenerse en contacto podrán hacerlo a través de www.gonzalomartner.blogspot.com y de la futura página www.gonzalomartner.cl.

Ahora a todos nos toca aportar con energía a la tarea de derrotar a la derecha el próximo 15 de enero y elegir Presidenta de Chile a Michelle Bachelet. A eso los invito desde hoy, empezando por estar presentes mañana en el Court Central del Estadio Nacional en Nuñoa. Mientras, un gran abrazo para todos.

miércoles, 7 de diciembre de 2005

Entrevista a Gonzalo Martner, La Segunda


Por Patricia Schüller

¿Cómo está su ánimo a cuatro días de las elecciones?
- Muy bien. Ha sido una gran experiencia.
Gonzalo Martner (48), candidato a senador socialista por Santiago Oriente, y compañero de lista de la DC Soledad Alvear, sonríe ante la pregunta. Remarca que "es primera vez que soy candidato y asumí este desafío para hacer un modesto aporte personal a la unidad de la Concertación". Durante toda su campaña por la circunscripción - la más grande del país, con un millón seiscientos mil electores- el ex timonel del Partido Socialista ha reiterado que, aunque no tenía la voluntad de ser parlamentario, aceptó el desafío de ser compañero de lista de la ex candidata presidencial DC porque "había un deber de responsabilidad política".
Con parsimonia, mientras el sol de la tarde se cuela por la ventana de su oficina en calle Andrews, hace un balance de su campaña y se proyecta al futuro. No le importa demasiado - dice- el resultado que obtenga en los comicios, porque cumplió el objetivo de generar "estabilidad" en la coalición. Claro que el costo ha sido ver menos a sus hijos Antonio (19), Laura (12) y Clara (9).
- Su campaña fue diseñada sobre la base de que asumió el desafío porque nadie más se quería presentar. ¿Eso le restó posibilidad de obtener más votos?
- Sin duda. Si hubiera hecho una campaña competitiva con Soledad Alvear, que es a lo que lleva el sistema binominal, tal vez sacaría bastantes más votos... si reuniera a mi sector y les dijera ¡vamos todos contra los democratacristianos! Pero ello sería contradictorio con el sentido de mi candidatura, que es generar un cuadro de estabilidad y no de complicaciones en la coalición. Y esto no se mide en los votos sino en si se ha contribuido o no a que se fortalezca el conglomerado.
- En 1997 el candidato PS, Jaime Estévez, obtuvo el 21,11% de los votos, a sólo tres puntos del DC Alejandro Foxley. Ahora las encuestas le dan a Ud. un 4,4%...
- Voy a sacar mucho más que eso, pero no nos anticipemos. El tema para mí no es ése. Mi objetivo es que la coalición salga fortalecida en votos. Foxley y Estévez sacaron (juntos) un 45%. Yo aspiro a que con Soledad Alvear logremos en conjunto más que eso.

- En lo personal, ¿fue difícil asumir una candidatura senatorial en estas condiciones?
- Nunca ha estado entre mis objetivos ser candidato a parlamentario ni ser parlamentario. Pero simplemente uno tiene ciertos deberes en política. Fui presidente del PS en momentos en que el partido se jugó por la opción de Bachelet. En consecuencia, me encontré con la sorpresa, bastante inusitada, de que la dirección de mi partido miraba para el techo cuando había una petición expresa por parte de Soledad Alvear de que alguna figura de nuestra organización la acompañara. Dije "bueno, estoy disponible".
-¿Le ha quitado el sueño haber perdido protagonismo político desde que salió de la presidencia del PS?
- Si por protagonismo político se entiende estar en la contingencia cotidiana, no me inquieta en lo absoluto. No soy alguien que se haya sentido cómodo en esa lógica. Lo que me inquietaría es que las ideas que sustentamos retrocedieran en la sociedad.

- ¿Le gustaría integrar un gobierno de Bachelet? ¿Le han ofrecido algo?
- Pienso dedicarme a mi trabajo universitario y militante.

- ¿Pero piensa volver a la dirigencia del PS?
- Mi plan es el trabajo profesional, en la universidad, y el militante. Pero por sobre todo quiero dedicarme a formar a gente joven en las ideas del socialismo.

- ¿Quedó dolido cuando dejó la presidencia del partido?
- Lo que sucedió ahí ya pasó. Lo que hice fue pedir que no se entrase en una etapa de disputa interna por el poder, sino que mantuviésemos la dirección que estaba en ejercicio hasta después de las elecciones presidenciales. Una muy leve mayoría estimó lo contrario. Desgraciadamente, a veces priman las disputas por el poder antes que los grandes desafíos, y eso me dolió, porque ésta fue una inmadurez política y un estilo que no comparto. Pero, bueno, ya ocurrió y hemos seguido para adelante. Hace bastante tiempo, cuando pensaba en la posibilidad de que Michelle Bachelet fuera Presidenta de Chile, reflexionaba que sería difícil. A pocos días de que esto ocurra casi me parece un sueño. Es extremadamente gratificante haber tenido la posibilidad de contribuir con un grano de arena a este proceso.
- ¿Es de los que piensan que Bachelet pasará con Sebastián Piñera a segunda vuelta?
- Aparentemente sí, si es que hay segunda vuelta. Y me parece muy bien, porque el contraste será muy evidente con una persona como Piñera, que tiene una motivación esencial en la vida que es la codicia.
- De lo que ha vivivo en esta campaña, ¿qué lo ha conmovido en lo humano?
- Con la diputada Isabel Allende fuimos invitados a un bingo en La Pintana. Sorteaban un pasaje en un lugar muy modesto para ir en apoyo de un joven que se vio envuelto en una balacera en la que no tenía nada que ver. Fue herido en la médula y quedó parapléjico. Lo conmovedor era la actitud solidaria de los vecinos y constatar la precariedad absoluta que tenían. Este muchacho tiene el grave problema de vivir en un segundo piso y no hay cómo movilizarlo en silla de ruedas. Esto me provocó auténtica congoja. ¿Puede este país atender estas situaciones de una manera humana? Yo digo que es perfectamente posible.

- ¿Y qué le ha ofrecido Ud. a la gente?
- Sólo trabajar por mis valores: libertad e igualdad.

Entrevista El Mercurio

-¿Cuál será su primer proyecto de ley?
El de la creación de la Autoridad Metropolitana de Santiago, para que se encargue de los temas del urbanismo, medio ambiente y transporte. Así, el intendente quedará con las tareas propias del Gobierno central.
-¿El peor momento de la campaña?
Cuando a uno le preguntan por qué está en la actividad política. Me duele profundamente que haya gente que diga que los políticos están para aprovecharse de los ciudadanos, cuando en realidad uno podría estar dedicado a sus asuntos particulares y más tranquilo.
-Sus posibilidades de salir electo son escasas. ¿Fue éste el precio que tuvo que pagar para mantenerse activo en un eventual gobierno de Bachelet?
"En absoluto y para nada. Fui yo el que decidí acompañar a Soledad, porque tuvo la actitud encomiable de deponer su candidatura sin condiciones. Lo mínimo que podía hacer era devolverle la mano. No hay ninguna otra motivación para el futuro. Mis intenciones son dedicarme a fondo a mi condición de profesor universitario y a estar con mi familia".

lunes, 12 de septiembre de 2005

La elección de 2005



La Concertación se presenta ante los ciudadanos con optimismo. Contamos con un Presidente y un gobierno exitosos. Contamos con una coalición que ha renovado su compromiso de ofrecer a los chilenos una candidatura única y un pacto parlamentario que sustente a un nuevo gobierno de progreso para Chile encabezado por primera vez por una mujer, Michelle Bachelet.Se abre una nueva etapa. Superaremos los errores cometidos, porque no debemos ser autocomplacientes. Miraremos el futuro como aquello que todavía no se ha hecho, o no se ha logrado hacer. Y como aquello que debe corregirse cuando no se ha hecho bien.
Los que tenemos convicciones progresistas y de izquierda seguiremos trabajando, por que es nuestra razón de ser, por redistribuir el poder desde los dueños de la riqueza a los trabajadores y los que menos tienen, desde el centro a las comunas, desde los hombres a las mujeres. Y por consagrar para el bicentenario un nuevo Estado Democrático y Social, de participación y de libertades, con una cultura de defensa y promoción de los derechos humanos, con lucha transversal contra las discriminaciones de género, étnicas, de orientación sexual y etáreas, abriendo una nueva etapa de descentralización y terminando con el ilegítimo sistema binominal que no permite como corresponde la representación de todos y los altos quorums en la aprobación de las leyes que protegen los intereses de los privilegiados.
La era de la economía digital y del conocimiento hace posible imaginar el acceso de todos al desarrollo en plazos abordables si se hacen las cosas bien, mediante la extensión de los servicios y bienes públicos, la consagración de nuevos derechos sociales y la redistribución de los ingresos y las oportunidades. La eficiencia en la producción de bienes y servicios debe estar acompañada de la responsabilidad social de las empresas y de la igualdad de oportunidades económicas, especialmente de la micro, pequeña y mediana empresa, con pleno respeto de los derechos de los trabajadores y protegiendo el medio ambiente, con un mayor espacio para la economía social y solidaria. Esto no significa que no haya que cuidar la estabilidad macroeconómica, que entre otras cosas nos permite tener una regla fiscal contracíclica que cautela el gasto social. Una activa estrategia de crecimiento debe fomentar la infraestructura y polos de competitividad con sustentabilidad ambiental y creciente incidencia tecnológica y de innovación, destinada a crear más empleos.Trabajaremos para ampliar la cobertura preescolar, reformar con audacia nuestro sistema educacional para hacerlo más integrado socialmente, con escuelas básicas y medias efectivas y exigentes en base a una mejor convivencia escolar, con pedagogos recapacitados en las disciplinas básicas. Trabajaremos para mejorar la calidad de la educación superior pública, para ampliar el acceso a ella con más créditos y becas y para establecer una certificación rigurosa de la educación privada. Trabajaremos para que en toda familia de bajos ingresos haya al menos un miembro con empleo o beneficiándose de un período de capacitación. Daremos prioridad a la incorporación de la mujer al trabajo (facilitando el acceso a salas cunas y jardines infantiles y al trabajo de tiempo parcial) y a la creación de empleo juvenil. Nuestra afirmación es que el trabajo decente en base a derechos laborales efectivos no es enemigo del empleo, sino que lo fortalece.
Trabajaremos para incrementar la protección social con un fondo solidario en salud, priorizando la salud primaria. Trabajaremos para extender la cobertura de las pensiones, garantizar una tasa de reemplazo apropiada y ampliar la pensión mínima y la asistencial de acuerdo a las posibilidades del país. La reforma a las pensiones deberá introducir un pilar solidario en el sistema. Trabajaremos para incorporar al programa Chile Solidario un sistema de Ingreso Mínimo Familiar que haga realidad que ninguna familia quede al margen de una vida digna.
En el marco de una nueva etapa descentralizadora, trabajaremos por crear una Autoridad Metropolitana para nuestra región y aumentar la calidad de vida y la seguridad, con un urbanismo integrador, con más viviendas sin deuda y nuevos equipamientos colectivos en los barrios, especialmente los de vivienda social, con más cultura, deporte y recreación, extendiendo el plan cuadrante y luchando eficazmente contra la delincuencia y contra las causas de la delincuencia.
En la etapa que viene invitaremos a las chilenas y chilenos a soñar con el futuro más humano, más democrático y más justo que se merecen.

viernes, 9 de septiembre de 2005

Después de la negociación parlamentaria

Terminó la negociación parlamentaria y, por tanto, una de las etapas necesarias del proceso político en curso. No fue bueno lo inutilmente prolongado de un procedimiento enojoso que sustrae decisiones a la soberanía popular y las traslada a las direcciones partidarias, y dicho sea de paso no existiría si nuestro sistema electoral fuera proporcional. No fue bueno el ambiente de división en el campo progresista, tampoco las recriminaciones en la sexta región y la incapacidad demostrada por las directivas partidarias para llegar a acuerdo. Fue bueno que Michelle Bachelet arbitrara la decisión final y demostrara su liderazgo, y sobre todo que esta etapa terminara de una buena vez.
Ahora la tarea es restañar heridas, minimizar roces, terminar de definir la plataforma programática para 2006-2010 y dar una batalla electoral que permita elegir en primera vuelta a Bachelet, y dotar a su gobierno de una mayoría parlamentaria, doblando en el máximo de distritos y circunscripciones.
Las anteriores etapas tampoco fueron fáciles, como la opción por Michelle Bachelet en el Partido Socialista, luego en el bloque progresista, finalmente en la Concertación. La continuidad y sobre todo el cambio que ella representa tuvieron, sin embargo, una invariable adhesión en la sociedad, lo que ha terminado por consagrar su liderazgo no tradicional en la esfera política.En Chile se va abriendo una nueva etapa. No la de Eugenio Tironi, que en una sorprendente entrevista el domingo 11 de septiembre en La Tercera da por terminada una época de la Concertación, que en su imaginación e interés el entendía como supuestamente transversal en tanto articulada por el ...Mapu. Tironi ya termina de confundir sus circunstancias y opciones personales con las realidades de estos años. Creer que la reflexión del PDC y del PS acerca de la crisis de 1973 y la decisión política de ambos partidos de fundar una coalición de gobierno de largo plazo, y que persistan en ello junto a PPDs y radicales más allá de quienes circunstancialmente encabecen sus directivas, no tiene que ver con decisiones históricas capaces de dejar huella prolongada en el tiempo y de reoxigenarse periódicamente, sino con la biografía de 4 o 5 ex militantes del MAPU, es de un narcisismo a estas alturas divertido.Creer que porque en la coalición y en la sociedad son cada vez más mal vistos los ex funcionarios públicos devenidos en lobbystas al servicio de intereses económicos poderosos, entonces la coalición estaría en peligro y el gobierno de Bachelet tendría bases frágiles por ausencia de los mapus que poseen la magia de la transversalidad, es ya risible, a la vez que constituye una ofensa gratuita para los militantes del Mapu que hace ya muchos años se integraron a militar lealmente en otros partidos. Y acusar al bloque progresista de estar envalentonado en sus supuestas reivindicaciones laicas, es simplemente tratar de construir un fantasma para atacar mejor al sector con el que Tironi ya no se identifica...aunque paradojalmente señala que él no tiene problemas en adherir a ambos. En la Concertación hay un centro humanista cristiano y un bloque progresista y de izquierda, cuyo entendimiento es la clave de su existencia y que se construyó desde siempre sin necesidad de intermediarios. Si a Tironi no le fue bien en la precandidatura que apoyó, que saque sus conclusiones sin echarle la culpa al empedrado. Por lo demás no es ningún drama para nadie.
También en este proceso reciente se manifiestan intentos de control aparatista y sectario en el partido de la candidata, episodios como la no renovación de la candidatura parlamentaria de José Antonio Viera-Gallo y otros eventos poco inteligentes, poco serios y destinados al fracaso en cortos plazos, como ya se viene demostrando. Pero eso nada tiene que ver con la siembra de inquietudes que pinta Tironi sobre el futuro de la Concertación.La vocación de poder enfermiza y apolítica de algunos se junta con el individualismo extravagante de otros, pero no son estos árboles que puedan esconder el bosque de un futuro inmediato desafiante y promisorio. Este se basa en el éxito del gobierno del Presidente Lagos, sin perjuicio de sus errores (que, como las brujas, de haberlos los hay). Y también se sustenta en el cambio que poco a poco, pero de manera firme y clara, va desarrollando Michelle Bachelet en los estílos políticos y en las tareas que le plantea a la democracia chilena.
Demos vuelta la página irremediablemente enojosa, mientras no logremos cambiar el sistema electoral, de las negociaciones parlamentarias y trabajemos con entusiasmo para seguir llenando las nuevas páginas de futuro que miles y miles de ciudadanas y ciudadanos están escribiendo, futuro por supuesto innovador pero que rescata y proyecta los valores republicanos de siempre. De ahí su fuerza y consistencia, aunque no falten los pajarillos de mal agüero a los que no hay que permitir instalar malos climas, y menos en primavera.

martes, 16 de agosto de 2005

Una nueva Constitución

El Congreso Pleno ha consagrado un conjunto de reformas a la constitución de 1980. Ya no llevará la firma del dictador.
Se termina con la inamovilidad de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y director de Carabineros. El Presidente de la República podrá llamarlos a retiro mediante decreto fundado e informado previamente al Senado. El Consejo de Seguridad Nacional cambia su composición y reduce sus atribuciones. Será un órgano asesor del Presidente y estará integrado por los presidentes del Senado, de la Cámara, de la Corte Suprema, los comandantes en jefe, el director de Carabineros y el contralor general de la República.
Se reduce el período presidencial de 6 a 4 años. Para ser Presidente de la República se rebaja la edad de 40 a 35 años. Se eliminan los senadores designados y vitalicios y se establece que el Senado estará compuesto por 38 miembros (actualmente es de 48). La edad para ser elegido senador disminuye de 40 a 35 años. Las vacantes de diputados y de senadores se proveerán con el ciudadano que señale el partido político al que pertenecía el parlamentario que produjo la vacante.
Se otorga rango constitucional a las comisiones investigadoras y podrán constituirse a petición de, a lo menos, dos quintos de los diputados en ejercicio. Los ministros, funcionarios de la administración y personal de empresas del Estado o donde éste tenga participación mayoritaria estarán obligados a comparecer y proporcionar antecedentes. Se obliga a los ministros de Estado a concurrir personalmente a las sesiones especiales a que sean convocados por la Cámara de Diputados o el Senado. Se permite renunciar a sus cargos a los diputados y senadores cuando una enfermedad grave les impida desempeñarse y así lo califique el Tribunal Constitucional. El Tribunal Constitucional estará integrado por 10 miembros, de los cuales 3 serán elegidos por el Presidente, 4 por el Congreso y 3 por la Corte Suprema. Durarán nueve años en el cargo.
Se establece que el Estado promoverá la solidaridad territorial y la creación, supresión y denominación de regiones, provincias y comunas, así como la modificación de sus límites y fijación de capitales será materia de ley.
Se facilita la adquisición de nacionalidad para los hijos de chilenos nacidos en el exterior.
La aprobación de todas estas materias son avances sustanciales. Pero no constituyen un cierre de la controversia constitucional ni le otorgan la legitimidad suficiente a un instrumento que debiera ser respetado y valorado por todos. No es el caso de la actual constitución. En particular, su sello sigue siendo conservador en una cuestión esencial (y no podría ser de otro modo, dada la composición ilegítima del actual senado): el enunciado de los derechos que la constitución debe cautelar. No se modifica la orientación liberal, y enfocada en la cautela casi exclusiva de la propiedad privada, de los derechos fundamentales descritos en el artículo 19, ni se moderniza de acuerdo a la doctrina contemporánea el enunciado de los derechos civiles y políticos, de exigencia inmediata por los ciudadanos, ni de los derechos sociales, económicos, ambientales y culturales, de exigibilidad progresiva. No es de extrañar que la definición del Estado chileno como un Estado Democrático y Social de Derecho, promovida en su momento por Enrique Silva Cimma, fuera rechazada, como lo fueron la iniciativa popular de ley, el reconocimiento a los pueblos indígenas, el voto de los chilenos en el exterior, la creación del defensor ciudadano y tantas otras propuestas constitucionales progresistas.
Por supuesto, la guinda de la torta está en la tan chilena manera de maquillar las cosas sin resolver nada como el traslado del sistema binominal de la constitución a la ley orgánica, pero... subiendo el quórum como si fuera constitucional. Se requerirá para terminar con este sistema de 23 de los 38 votos del senado, es decir tres quintos, en vez de los ya ilegítimos 22 votos, es decir cuatro séptimos, establecidos para las leyes orgánicas constitucionales desde 1989, y no de 20 votos (para la Cámara de Diputados los requisitos son proporcionalmente los mismos).
En cualquier democracia normal, estos temas se resuelven con la mitad más uno de los parlamentarios en ejercicio, como quórum más exigente (siendo el menos exigente el de la mayoría simple de los presentes en la sala). Por lo demás, no otra cosa señalaba la constitución de 1980 original: en la negociación de 1989 se cometió un inmenso error al aceptarse subirlo a 4/7 de cada cámara en el caso de las leyes orgánicas.
La exigencia progresista de una nueva Constitución democrática se mantiene entonces inalterable, para conformar un nuevo Estado Democrático y Social de derecho y de libertades, de promoción de los derechos humanos y de lucha contra las discriminaciones de género, étnicas y de orientación sexual, de participación amplia en la formación de la ley, abriendo una nueva etapa descentralizadora y terminando con el sistema binominal para abrir curso de una vez al respeto del principio elemental de la democracia: las mayorías determinan (y no las minorías como es el caso de Chile, sin cuyo concurso ninguna ley importante es aprobada, conculcando radicalmente a la democracia), respetando el derecho de las minorías a transformarse en mayoría a través de elecciones periódicas si convencen a los ciudadanos.
El camino a seguir podría ser la nominación por el próximo gobierno de una Comisión Constitucional amplia y pluralista, que redacte un nuevo texto más simple, más comprensible para el ciudadano común, claro en el enunciado de deberes y derechos y en las normas de funcionamiento de nuestras instituciones, en un marco de amplia legitimidad a través de la recolección de las más diversas opiniones ciudadanas y la posterior aprobación por el Congreso Nacional.
Existe hoy en Chile una suerte de consenso pasivo que ha permitido a nuestra democracia funcionar y progresar, pero que ha tenido como contrapartida un creciente desprestigio de la política, de los partidos, de los parlamentarios. En Chile este fenómeno tiene su origen básico en la falta de legitimidad de su proceso constituyente, primero en un contexto de dictadura y luego de una década y media de debates en un Congreso que no pudo darle a este proceso la proyección democratizadora necesaria.
Llegó el momento de dar por terminada la transición no para consagrar una institucionalidad endeble e imperfecta, sino para abordar con renovada energía democrática la tarea de dotar a Chile de una nueva Constitución que a todos nos represente.

El socialismo moderno como alternativa al neoliberalismo



Adam Smith y Friedrich Von Hayek, los dos grandes pensadores del liberalismo y el neoliberalismo, han subrayado que nadie conoce mejor las aspiraciones de cada individuo que los propios individuos y por tanto los proyectos colectivos serían un engaño y un fracaso. El mejor funcionamiento social sería el que emana de la libre interacción entre los individuos.

El error de los autores liberales no reside tanto en constatar la evidencia de que los individuos son los que mejor se conocen a sí mismos, sino en fijarse sólo en este nivel de la realidad, reduciendo la sociedad entera a esta dimensión. El ser humano es también un ser social, que encuentra en la acción colectiva una racionalidad pertinente para alcanzar sus propias aspiraciones individuales.

Si se define al sujeto humano como un ser vivo capaz de decir “yo existo y tengo mi propio mundo”, entonces cada uno de nosotros alberga un principio de exclusión propio de la vida (nadie puede decir “yo” en mi lugar). Al mismo tiempo, todos respondemos a un principio de inclusión, que nos impulsa a ser acogidos y reconocidos en una relación con los demás, de pertenencia a un “nosotros” (familia, amigos, compañeros, ciudadanos de una nación y del mundo) como necesidad vital de tener y mantener lazos de afecto y solidaridad. El ser humano se caracteriza por este doble principio, por una suerte de doble programa: uno que empuja al egocentrismo, a sacrificar a los otros por uno mismo, y el otro que empuja al amor, al altruismo, a la amistad, a respetar al otro. En la sociedad de hoy, muchos factores tienden a favorecer el “programa egocéntrico”, con todo lo que supone de afán muchas veces exasperado de lucro, de consumo, de éxito. Sin embargo, es el “programa fraternal y solidario” el que requiere ser expandido, pues entre otras cosas es el que mejor garantiza el respeto por la individualidad para realizarse en una vida plena que permita desarrollar las múltiples potencialidades humanas
[1]. Ello supone constatar que la realización personal es también sentirse realizado con la felicidad del otro y el estar interesado en el éxito del otro[2].

Tenemos entonces entre el socialismo democrático y el liberalismo una fundamental divergencia acerca de las motivaciones primordiales del ser humano. Pero tenemos con el liberalismo político una zona de confluencia en lo que se refiere a la defensa de las libertades civiles y políticas.

El liberalismo político se define por cuatro principios
[3]. El primero es el rechazo del absolutismo, la limitación de las esferas de intervención del Estado y por tanto el reconocimiento de una autonomía de la sociedad civil respecto de aquel. El segundo principio es la soberanía del pueblo, ejercida por medio de sus representantes, que expresan, mediados por partidos políticos, a los diversos grupos de individuos animados por intereses. El tercer principio deriva del primero y le reconoce a los individuos y grupos de individuos libertades que se transforman en un principio y un valor. El cuarto principio también deriva del primero y es la neutralidad del Estado en relación a las opiniones religiosas y las convicciones particulares, con la consecuente exigencia de tolerancia y laicidad. La exigencia de una Rosa Luxemburgo (“la libertad es siempre la del que piensa distinto”) no encontraría nada que decir y con ella toda la tradición libertaria de la izquierda.

A su vez, convengamos que del liberalismo económico no fluye el liberalismo político. En Chile, sin ir más lejos, los liberales económicos de inspiración hayekiana (los individuos son los que mejor conocen sus intereses, son maximizadores de su utilidad, por lo que de la promoción de su interés egoísta surgirá espontáneamente la armonía social con la ayuda de la mano invisible del mercado) han sido ajenos al liberalismo político y a la democracia (pensemos en Carlos Cáceres, corresponsal de la Sociedad Mont Pélerin inspirada por Von Hayek, que propuso en la discusión al interior del régimen pinochetista sobre la constitución del ´80 no aceptar el sufragio universal).

Convengamos que, como lo observó Trotsky al analizar los estragos del estalinismo
[4], es difícil imaginar que puedan existir libertades políticas y civiles con el monopolio estatal de la economía y del empleo, por lo que el liberalismo político supone grados necesarios de pluralismo económico y de una economía mixta en cuanto a la estructura de propiedad.

Donde emergen las objeciones socialistas al liberalismo es cuando se pretende derivar del cuarto principio, el de la neutralidad respecto de los valores religiosos y morales, un derecho de propiedad absoluto, es decir que los individuos persigan su propio interés económico particular sin otra limitación que la libertad de otros de emprender y de comprar, en la línea de Robert Nozick. Esto no es aceptable para una vida en común justa: las asimetrías en las relaciones económicas (en el contrato de trabajo, en la contratación de servicios, en las condiciones del autoempleo y del emprendimiento, en la apropiación de la naturaleza) y las fallas de mercado (en la provisión de bienes colectivos, en la existencia de externalidades, de monopolios naturales y económicos, de competencia monopolística, de asimetrías de información, de costos de transacción, y la lista es larga) son de tal magnitud que, si bien el derecho privado de propiedad debe existir para los bienes personales, en la visión socialista democrática el derecho de propiedad de los activos económicos no debe suprimirse, pero debe estar sometido al interés público, debe tener un carácter social al ser regulado en su ejercicio por la ley, sin perjuicio de que la sociedad persiga la consecución del derecho a la propiedad –consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos- para los que carecen de ella. En el mundo de la moderna economía de la información y del conocimiento, este acceso a la propiedad cambia de naturaleza y se hace crecientemente factible para el mayor número de ciudadanos.

Para los socialistas cabe introducir una exigencia de justicia social, es decir de igual libertad, de igualdad de oportunidades y de igualdad específica de resultados, es decir “exigencias morales” como límite a la realización por cada uno de sus intereses particulares.
El socialismo moderno rechaza la deriva del liberalismo político hacia el liberalismo económico, pues la neutralidad del Estado en relación a toda concepción moral suele desencadenar procesos de concentración de los recursos de poder de tal magnitud que resultan manifiestamente contrarios al funcionamiento de una sociedad democrática y terminan por negar la realidad de las libertades individuales. No concordamos con el liberalismo que sólo defiende las “libertades negativas”, como independencia del individuo de todo control colectivo y político más allá de lo que es necesario para asegurar la coexistencia de las libertades, replegándose en la defensa de su esfera privada. Los socialistas agregamos la dimensión de la “libertad positiva”: el sistema de libertades no puede funcionar si los individuos no son partícipes de los asuntos colectivos. La sola dinámica de los derechos individuales no basta para fundar un espacio público, hay que agregarle compartir valores colectivos, mínimos comunes denominadores que fundan la vida social, y en especial la solidaridad con el destino de los demás, la fraternidad con los otros seres humanos y especialmente con los que sufren las consecuencias de las desiguales inserciones en la sociedad, lo que se traduce en nuestra exigencia igualitaria.

De ahí nuestra oposición a la sociedad de mercado que promueve el neoliberalismo, representando los intereses de los dueños del poder económico concentrado, aquella donde predomina la acumulación ilimitada de capital y en que el afán de lucro se instala en todos los ámbitos de la vida colectiva...en nombre de la libertad individual, que termina siendo la libertad de unos pocos. Lo que no supone condenar genéricamente los mercados, pues rechazar todo intercambio basado en precios es casi tan extravagante en una sociedad compleja como estar en contra de las conversaciones entre las personas (aunque ciertas conversaciones, como ha observado A.K,Sen, sean claramente infames y causen problemas a terceros, o a los propios interlocutores).

Esto supone ir más allá de la igualdad de oportunidades hacia algún grado de igualdad de resultados en esferas específicas. Lo que requiere que nos detengamos en la noción de qué es, en definitiva, una sociedad justa.

Convengamos con John Rawls que las exigencias de una sociedad justa parten con la identificación de bienes primarios de carácter social (los de carácter natural son en su concepto la salud y los talentos) que reparte en tres categorías: las libertades fundamentales, el acceso a las diversas posiciones sociales y las “bases sociales del respeto de sí mismo”
[5]. Una sociedad justa es una sociedad cuyas instituciones reparten los bienes primarios sociales de manera equitativa entre sus miembros, tomando en cuenta que estos difieren en términos de bienes primarios naturales. Esta distribución equitativa debe, según Rawls, hacerse según tres principios: el de igual libertad (toda persona tiene un derecho igual al conjunto más extendido de libertades fundamentales iguales que sea compatible con un conjunto similar de libertades para todos), el de diferencia (que afirma que las eventuales desigualdades sociales y económicas que emergen en el marco de las instituciones que garantizan la igual libertad se justifican sólo si permiten mejorar la situación de los miembros menos aventajados de la sociedad) y el de igualdad equitativa de las oportunidades (vinculadas a funciones y posiciones a las cuales todos tienen el mismo acceso, a talentos dados). Si los talentos innatos de dos personas son los mismos, las instituciones deben asegurar a uno y otro las mismas posibilidades de acceso a las posiciones sociales que escojan, en particular a través de una limitación de las desigualdades de riqueza, una prohibición del sexismo, del racismo y del nepotismo, y sobre todo una enseñanza eficaz, obligatoria y gratuita. Esta es una buena base para concebir una sociedad justa e igualitaria, con la agregación de la igualdad de resultados específicos en algunas áreas[6].

Walzer, por su parte, avanza en este sentido y defiende una concepción de igualdad compleja, que supone, de modo más exigente que Rawls, que se preserve la separación de las diversas esferas de la vida social y la inconvertibilidad de las categorías de bienes constitutivas de cada una de esas esferas. Así, según Walzer, el peso igual de cada ciudadano en el proceso de decisión política, el derecho igual de cada trabajador a participar en las decisiones de su empresa, el acceso al éxito escolar según el solo criterio del mérito o el acceso a las atenciones de salud en función sólo de las necesidades, son diversos criterios irreductibles el uno al otro. Su campo de aplicación debe estar protegido contra las desigualdades de poder de compra. La justicia, según Walzer, consiste tanto en inmunizar las otras esferas contra los frecuentes desbordes de lo económico como asegurar una distribución equitativa de los bienes económicos.

La completa igualdad de resultados debe ser aplicable al dominio de la igual libertad y debe serlo sólo parcialmente en materia de resultados económicos: el aserto de cada cual según su capacidad a cada uno según su necesidad enunciado por Marx en su Crítica al Programa de Gotha supone “alcanzar el reino de la libertad”, es decir alcanzar una situación en que ya no existe la escasez de recursos disponibles. La regla de que todos reciban según lo que necesitan supone alcanzar una capacidad productiva igual o superior a las necesidades y además resolver inextricables problemas prácticos para determinar las necesidades individuales, lo que plantea fuertes problemas de incentivos y de asignación justa de los recursos disponibles: los comportamientos oportunistas sin castigo retributivo llevan inevitablemente a una disminución del dinamismo productivo en perjuicio de la sociedad en su conjunto. Parece más pertinente plantear la perspectiva de lo que Marx llamaba “la fase 1 del comunismo”, es decir la regla de cada cual según su capacidad a cada uno según su trabajo, corregido por la acción igualitaria de distribución universal de bienes y servicios específicos, es decir a toda la población y/o a parte sustancial de ella, con los mecanismos de aseguramiento de riesgos sociales con mantención de ingresos y distribución de ingresos básicos garantizados que apuntan al a cada cual según su necesidad de la "fase 2" marxiana pero circunscrito a estos aspectos fundamentales.

En este sentido es también pertinente mencionar al economista hindú A. K. Sen
[7], para quien el enfoque rawlsiano de la justicia le parece focalizarse indebidamente en los bienes primarios sociales y no considerar suficientemente la capacidad muy desigual de transformar esos bienes en funcionamientos (mediante nutrición adecuada, salud, movilidad), para lo que propone actuar sobre el conjunto de capacidades que hacen posibles dichos funcionamientos. Sen sostiene que esto no implica igualar todas las capacidades, pero que la justicia requiere al menos que todos dispongan de un cierto número de capacidades fundamentales, según modalidades y medios que pueden variar considerablemente de un contexto sociocultural a otro, y que incluye la capacidad de participar en la vida colectiva, fundando un enfoque basado en atacar la pobreza –entendida como ausencia de capacidades más que de ingresos- no sólo absoluta sino también relativa.

La enseñanza de estos criterios de justicia que fundamentan una visión igualitaria moderna no es por cierto derivar literalmente aplicaciones en la sociedad real, en circunstancias siempre más complejas que las abstracciones que los fundan, sino entenderlos como indicaciones dotadas de coherencia y éticamente fundadas para guiarnos a la hora de decidir qué parte de los recursos de la sociedad es justo que ésta, a través del sistema político, consagre a la redistribución de los ingresos generados y qué transformaciones de la estructura de funcionamiento económico y social son necesarias para superar las desigualdades injustas y especialmente la explotación y subordinación ilegítima de unos seres humanos por otros.

Notas

[1] Edgar Morin, “Quatre axes de réformes pour l’humanité” , en Philippe Merlant, René Passet y Jacques Robin, Sortir de l’économisme. Une alternative au capitalisme néolibéral, Les Editions de l’Atelier, Paris, 2003.
[2] En palabras de Attali, “sin que nadie se dé todavía cuenta, la Fraternidad es ya hoy la fuerza principal que arrastra a la vanguardia del mundo (…). Se anuncia desde ya en la demanda de servicios que apuntan justamente a compensar la soledad valorizando la relación con el otro y más precisamente los servicios de hospitalidad: turismo, restauración, arte de recibir, todo lo que estimula y satisface la curiosidad, invita a la mezcla, enseña a conocer, a dar y a acoger, preserva y promueve el artesanado, los espectáculos vivos, las redes, todo lo que nace del deseo de gozar del placer del otro. Se anuncia igualmente en las situaciones, cada vez más frecuentes en las economías modernas, en que el uno necesita que el otro tenga éxito (…) Así, la fraternidad es el reconocimiento de la importancia del otro para la realización de sus propias aspiraciones”, en Jacques Attali, Fraternités. Une nouvelle utopie, Paris, Fayard, 1999.
[3] Alain Renaut, “Du libéralisme politique au libéralisme économique”, Alternatives Economiques, Hors Série nº 51, 2002. Un análisis más amplio se encuentra en Francisco Vergara, Les fondements philosophiques du libéralisme, La Découverte, Paris, 2002.
[4] En palabras de León Trotsky: “...En un país donde el único empleador es el Estado, hacer oposición significa morir de hambre. El viejo principio de que el que no trabaja no come, es sustituido por uno nuevo: quien no obedece no come...”, citado por Luciano Pellicani, “Tres enfoques sobre socialismo y mercado”, Crítica Social, Santiago, Julio de 1991.
[5] John Rawls, Teoría de la justicia, México, Fondo de Cultura Económica, 1979 (primera edición en inglés: 1971).
[6] Una discusión amplia de estos aspectos se encuentra en Philippe Van Parijs, Ethique économique et sociale, La Découverte, Paris, 2000.
[7] Véase Desarrollo y Libertad,Taurus, 2002.

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