jueves, 22 de junio de 2006

Pensión básica garantizada


1. Introducción
La teoría económica convencional asume que los individuos son quienes mejor juzgan su propio bienestar. Sin embargo, se producirá una ineficiencia asignativa si estos subevalúan los beneficios personales que derivan del consumo de determinados bienes, vale decir si le atribuyen un mérito insuficiente, y en especial si no ahorran o no se aseguran y mantienen una preferencia sistemática por el consumo presente
[1].
El síndrome del “a mi no me va a ocurrir” se traduce en la insuficiente provisión de seguros personales para propio bien de los consumidores frente a la posibilidad de accidentes inhabilitantes, de enfermedades graves o de insuficiencia de ingresos en la vejez, impidiendo en este caso que se promedie los ingresos a lo largo del ciclo de vida total. Se trata de eventos que pueden ser juzgados como de improbable ocurrencia y/o cuyas consecuencias son demasiado lejanas en el tiempo -como la necesidad de ahorrar hoy para tener ingresos cuando ya no se esté en condiciones de trabajar- y que, sin embargo, de presentarse, pueden tener consecuencias catastróficas para los individuos imprevisores. Existen dos modos, no mutuamente excluyentes, de remover esta ineficiencia asignativa: a través de mecanismos compulsivos o mediante subsidios.
La compulsión implica usar la fuerza de la ley para obligar a las personas a proveerse de seguros contra la inhabilidad que provocan la enfermedad, los accidentes o la vejez. Muchos países establecen seguros obligatorios, a través de cotizaciones asociadas a todo contrato de trabajo como porcentaje de la remuneración, para garantizar ingresos en caso de eventual enfermedad, accidentes, invalidez o desempleo. Frente a eventos de este tipo, la sociedad suele no permanecer indiferente y declara de manera más o menos universal estos bienes como preferentes y de consumo obligatorio, suspendiendo la soberanía del consumidor para su propio bien, no siendo en este sentido una carga pública. Estas decisiones han dado lugar en la historia contemporánea a los llamados Estados de Bienestar o Estados-Providencia, cuyo origen se remonta a la Alemania de Bismarck hacia 1870
[2].
El subsidio se practica para los seguros de salud o las pensiones privadas a través de descuentos tributarios en países como EE.UU y Gran Bretaña.
Adicionalmente, el problema de ineficiencia asignativa se presenta en el caso de una oferta de seguros realizada en condiciones de selección de riesgo que los agentes privados practican en estos mercados: a ellos les interesa obtener el pago de primas de los individuos que tienen menos riesgo y desechar a los de más alto riesgo, o cobrarles primas sustancialmente más altas para maximizar sus utilidades, generando mercados incompletos. Pero se trata justamente de aquellos individuos a los que apunta primordialmente el consumo obligatorio del bien preferente, en este caso el seguro contra el riesgo. Asimismo, el comportamiento llamado de riesgo moral, es aquel que multiplica las conductas de riesgo en la medida en que se está cubierto por un seguro y la selección adversa es el proceso en el que los que tienen riesgos bajos y poca aversión al riesgo se sustraen de contratar pólizas de seguros, incrementando las primas que se cobra a los demás (Stiglitz, 2000). Ello induce a muchos gobiernos a garantizar el acceso universal a la protección frente a los grandes riesgos sociales y a establecer su producción o regulación pública para contener los costos que resultan de este tipo de comportamiento.
Quienes disponen en la vejez de suficientes activos propios con sus respectivos rendimientos no requieren de sistemas públicos de pensiones. Un sistema obligatorio de pensiones tiene el objetivo genérico de asegurar a los demás ciudadanos algún tipo de ingresos en la vejez y de modo específico unos ingresos de reemplazo (salario diferido) a quienes han vivido de su trabajo una vez que dejan de obtener ingresos salariales por retiro de la vida activa. Se obtiene así una redistribución intertemporal de los ingresos en el ciclo de vida y se otorga seguridad frente a la imposibilidad de prever el momento de la muerte. Se programa el uso de ahorros mediante la técnica de la renta vitalicia o se establece un vínculo colectivo entre generaciones, en la que la generación activa paga pensiones a la pasiva (Barr, 2004).
Los sistemas actuales de pensiones suelen incluir, simplificando, tres “pilares”
[3]. El primer pilar, normalmente financiado con recursos tributarios, no necesariamente basado en contribuciones previas, tiene el propósito de asegurar una pensión básica a quienes no tienen otros ingresos en la vejez. El segundo pilar, el sistema contributivo obligatorio, tiene dos objetivos propios: lograr la máxima tasa de cobertura posible del universo de asalariados y trabajadores independientes y lograr una tasa de reemplazo adecuada de los ingresos al momento de terminar la vida activa, suavizando la curva de la capacidad de consumo a lo largo de la vida, redistribuyéndola desde la edad productiva a la vejez. Un tercer pilar, el que incentiva tributariamente el ahorro voluntario, viene a complementar, con el esfuerzo individual adicional, los ingresos en la vejez.

2. Ingresos básicos garantizados
Un reparto más equitativo de los ingresos que aquel que resulta de la posesión y uso de factores de producción (y en especial del capital en ocasiones simplemente adquirido por herencia, o mediante ventajas no económicas) y su rendimiento de mercado, da lugar a diferentes políticas redistributivas. Sus modalidades son especialmente variadas según las sociedades y usualmente se construyen sobre una base agregativa en el tiempo, que le confiere a estas políticas complejidad administrativa y suscita debates periódicos sobre su legitimidad y como eventual factor de distorsiones asignativas y de ineficiencia económica
[4].
Dos fuentes de ingresos públicos tienen, sin embargo, una especial legitimidad económica y ética respecto a la alternativa de su apropiación privada: las “rentas ricardianas”, distintas de la utilidad empresarial propiamente tal, provenientes de la explotación de los recursos naturales (y que tributariamente toman la forma de regalía
[5]), y los recursos generados por ese bien público que es el avance tecnológico y del conocimiento, cuya plena apropiación privada tampoco tiene fundamento racional[6], y que tributariamente se pueden expresar en el impuesto a las utilidades. Es legítimo que estos recursos colectivos sean distribuidos, al menos en parte, a la sociedad. Nótese que no se emplea el concepto de redistribución para estos efectos (el procedimiento de transferir recursos ganados por unos individuos hacia otros individuos) sino el de distribución de recursos que pertenecen en propiedad a la sociedad en su conjunto.
A su vez, las democracias sociales modernas suelen establecer que ciertos bienes sean accesibles para todos, más allá de la provisión de bienes públicos que por definición son de consumo colectivo. Dentro de ellas se encuentra el disponer de algunos ingresos más allá de la inserción en el mercado de trabajo. Esta es, por ejemplo, la inspiración en Chile del sistema de asignación familiar y de subsidio único familiar, o la pensión asistencial, y así sucesivamente. Más recientemente, se estableció en Chile el programa Chile Solidario, concebido para que las familias con menores niveles de ingresos puedan “construir un puente hacia sus derechos” de un modo directo en su relación con el Estado, con un sistema de monitoreo de las situaciones familiares y de sus progresos, con flexibilidad en los instrumentos y prioridad en el acceso a los sistemas de apoyo social
[7]. Sin embargo, el bono de protección familiar que las beneficia está limitado a 24 meses y es decreciente y de escaso monto.
Si la provisión de bienes públicos y la redistribución de ingresos son tareas públicas poco controvertidas (lo es más bien su magnitud), en una sociedad democrática tampoco debiera serlo que los recursos que en origen pertenecen a la colectividad sean distribuidos a la colectividad. El enfoque del ingreso mínimo garantizado originado en un dividendo universal plantea que estos sean distribuidos como recursos de subsistencia no condicionales: “dése a todos los ciudadanos un ingreso modesto, aunque incondicional, y déjenlo completarlo a voluntad con ingresos provenientes de otras fuentes”
[8].
Se propone una simplificación de la actual gama de mecanismos de ayuda social en Chile y definir un piso de política de ingreso básico garantizado con dos mecanismos iniciales: el primero concentrado en los niños (sobre la base de una prioridad valórica, con además alta rentabilidad social) y el segundo orientado a las personas de más de 65 años (sobre la base también de una consideración valórica). Un enfoque de este tipo es especialmente relevante para quienes sufren de exclusión social y bajos ingresos.
Del orden de 230 mil hogares, con más de un millón de personas, pueden considerarse de acuerdo a la encuesta CASEN 2003 como en situación de exclusión severa (con ingresos per cápita menores al 30% del ingreso mediano, un 7% de la población)
[9].
El primer mecanismo consiste en otorgar a cada hijo de las familias de menos ingresos un subsidio a la infancia hasta que se complete la educación media, a ser percibido por la madre y con la condición de asistir a la escuela, y ser de un monto sustancialmente mayor al actual Subsidio Único Familiar, que se propone sea sustituido por este mecanismo. Un subsidio a la infancia de 25 mil pesos mensuales para 600 mil niños de familias en situación de muy bajos ingresos tendría un costo anual del orden de 0,3% del producto de 2005.
El segundo criterio es el de otorgar a las personas de 65 y más años una pensión básica garantizada. Desde el abandono del sistema de pensiones por reparto y su reemplazo por uno de capitalización en 1980, ha permanecido una fuerte interrogante sobre la magnitud de las pensiones futuras en Chile. Estas dependen crucialmente de la densidad o estabilidad en el tiempo de las cotizaciones (siempre amenazadas por la pérdida temporal del empleo o insuficiente constancia de los autoempleados) y de la rentabilidad de los fondos. Según la Encuesta de Protección Social 2002 la relación años cotizados/años de historia laboral es de solo 51% para los trabajadores dependientes. A su vez, hasta ahora los fondos de capitalización han contribuido a reanimar el mercado de capitales y han mantenido una rentabilidad promedio relativamente satisfactoria (del orden de 10%), rentabilidad que disminuye si se considera los fuertes costos administrativos existentes. No parece inverosímil, como lo han calculado los responsables de la Dirección de Presupuestos y de la Superintendencia de AFP, que en el largo plazo del orden de un 50% de los actuales cotizantes no alcance a obtener la pensión mínima, mientras la cobertura no alcanza a un 60% de la fuerza de trabajo, a comparar con el 70% existente en la etapa previa a 1973 (OCDE, 2005).
En la práctica, junto a la nueva capitalización individual se construyó un sistema que mantiene en un largo período de transición (hasta 2030 para las cotizaciones y hasta 2050 para los beneficios) el pago de las pensiones a quienes jubilaron en el sistema antiguo o jubilarán de acuerdos a sus normas y el pago al momento de jubilar de un bono de reconocimiento de las cotizaciones realizadas en dicho sistema para los que se trasladaron al nuevo. Esto ha representado desde 1981 a 2003 un déficit promedio del orden de 5,7% del PIB (un 4,4% para las pensiones civiles)
[10]. A esto se agrega un esquema de “reparto”, no ya de asalariados activos a pasivos sino de contribuyentes a amplias categorías de pasivos que no obtienen la pensión mínima (51 mil personas del sistema de AFP de capitalización en 2005) o que no han contribuido al sistema y obtienen una pensión asistencial (411 mil personas), con un costo fiscal de 0,4% del PIB en 2006.
Existe controversia sobre el peso presupuestario de largo plazo de la combinación de incertidumbres vinculadas al desempeño financiero de los fondos de pensiones, la evolución del mercado de trabajo y la densidad de las cotizaciones individuales a lo largo del ciclo de vida del trabajador, que gatillan las pensiones mínimas (con 20 años de cotizaciones al menos) y asistenciales (para personas sin derechos previsionales y con bajos ingresos). La actual combinación plantea además problemas de incentivos para la formalización del mercado de trabajo, como lo subraya la OCDE (2005).
Si nadie cuestiona en Chile que la vulnerabilidad de las personas de edad que no pueden ya obtener ingresos requiere de algún sistema de pensiones básicas al margen de la contribución en la vida activa, tanto razones de equidad como la incertidumbre fiscal y el incentivo a la subdeclaración de ingresos en el contrato de trabajo o directamente a la informalidad de la relación laboral, justifican un cambio en el sistema actual.

Se propone como primer pilar solidario del sistema de pensiones una pensión básica garantizada no contributiva, uniforme, aplicable a todos los residentes en el país durante el ciclo de vida activa
[11], exceptuando eventualmente a los de muy altos ingresos, y financiada con un impuesto parejo a la renta específico para estos fines, combinado con un sistema contributivo reformado de reparto provisionado en tanto segundo pilar y con un sistema de capitalización individual como complemento de ahorro voluntario con descuento tributario a la renta (cotizaciones voluntarias, depósitos convenidos con empleadores, depósitos de Ahorro Previsional Voluntario) en tanto tercer pilar.
Una pensión básica garantizada uniforme tendría el mérito de:
- ser de muy simple administración y legibilidad colectiva (por el sólo hecho de tener más de 65 años la sociedad me otorga como un derecho un piso modesto de ingresos para la vejez, financiados mediante una contribución proporcional a los ingresos de cada cual);
- asegurar un 100% de cobertura, o la proporción que se desee si no se quiere incorporar en el dispositivo a las personas más ricas
[12];
- incluir automáticamente a las mujeres y a los trabajadores informales, es decir a los más frecuentemente excluidos de los sistemas de pensiones;
- no estigmatizar a los beneficiarios, en virtud del principio del aporte y beneficio universales;
- fortalecer los incentivos para ahorrar para la vejez.
- eliminar la incertidumbre para el fisco respecto a la magnitud del gasto que implica mantener un primer piso solidario con parámetros fijos en vez de, como es hoy, estar sujeto a la evolución de la pobreza y de la cobertura, densidad y rentabilidad de las cotizaciones obligatorias;
- eliminar la incertidumbre para el trabajador sobre el piso de ingresos que dispondrá en la vejez.

Este mecanismo debiera reemplazar a las actuales pensiones asistenciales y mínimas.
Se podrá argumentar que de este modo se desincentivaría el ahorro para la vejez, puesto que existiría un ingreso asegurado. En realidad, este esquema aminoraría los problemas de incentivo: en el margen, para complementar la pensión básica, todos estarían interesados en constituir ahorros adicionales asociados a la formalización contractual de las relaciones laborales o realizar ahorros voluntarios. Hoy, en cambio, para muchos no tiene sentido exigir un contrato al empleador, y de paso disminuir su remuneración líquida, al percibir que su pensión será la mínima legal, si tiene más de 20 años de cotizaciones, o directamente la asistencial, si no los tiene y su condición es de pobreza. Si además el potencial cotizante tiene algo de cultura financiera, constatará que el costo de administración (un sexto de los fondos descontados obligatoriamente del salario bruto) es en extremo elevado, lo que lo alejará también de la formalización contractual de su relación laboral.
Para ilustrar los órdenes de magnitud involucrados, la homogeneización inmediata de las pensiones asistencial y mínima en base a la pensión mínima vigente para los mayores de 75 años (102 494 pesos) tendría un costo fiscal adicional de 0,6% del producto, llevándolo a 2,2% desde el 1,6% que representa actualmente financiar las pensiones asistenciales y el total de las pensiones mínimas.
Se propone establecer un esquema que mantenga en el tiempo la pensión garantizada en un nivel de 30% del PIB por habitante, equivalente a la pensión mínima actual para mayores de 75 años y aplicable al 1,29 millones de personas de más de 65 años que hay hoy en Chile, según el INE. Su costo está dentro de márgenes de gasto público que, sin perjuicio que en el tiempo tendería a incrementarse por el mayor peso de la población de más de 65 años en la población total, son fiscalmente abordables (ver el cuadro 2). Nótese que el esquema actual de AFP llevaría con el envejecimiento de la población inevitablemente a una caída de las pensiones, a un incremento obligado de las cotizaciones o a una edad de jubilación más tardía, como lo demuestra Arenas de Mesa (2004).

Los montos involucrados son en la etapa inicial inferiores, y en régimen de largo plazo equivalentes, al esfuerzo fiscal realizado hasta aquí para financiar la transición del sistema de reparto al de capitalización, reforma de fundamentos puramente ideológicos basados en una radicalidad neoliberal sin precedentes.
No existe otro país en el mundo que haya hecho soportar a una misma generación el financiamiento tributario de las pensiones de sus padres y al mismo tiempo el financiamiento por capitalización de aportes de la propia: todos las naciones que han introducido mecanismos de capitalización individual lo han hecho adicionalmente a los esquemas de reparto o sustituyéndolos sólo en parte. Si Chile se adaptó en sus cuentas fiscales a esta situación (hasta 1990 a costa de romper en una ocasión la indexación por inflación de las pensiones y además con la consecuencia de una grave disminución del gasto en salud y educación), la legitimidad de hacerlo innovando en un esquema de transferencias redistributivo y eficiente es bastante mayor.
Frente al tema del envejecimiento (en el cuadro 2 se reseña la perspectiva hacia el 2050), en este nuevo esquema los ingresos de los no pensionados sólo caerían si cae el ingreso por habitante de modo significativo
[13].
En el caso que nos ocupa, si la pensión básica uniforme es p, el ingreso promedio que queda para el resto de las personas después de contribuir a financiar la pensión básica es w, entonces el ingreso por habitante y es un promedio ponderado de estos dos ingresos promedio, siendo los factores de ponderación la proporción de pensionados r y la proporción resultante de no pensionados (1 - r) en la población total. Así:

y = r p y + (1 – r) w (1)

Despejando, el ingreso promedio de los no pensionados es:

w = y (1 – r p) / (1- r) (2)

Supongamos que el ingreso por habitante y permanece constante, así como la pensión básica, pero que por envejecimiento demográfico crece r, es decir la proporción de la población elegible para la pensión básica, que es lo que nos preocupa.
¿Qué ocurre con w, el ingreso promedio de los no pensionados? La respuesta sorprendente es que de acuerdo a (2) aumenta, con cualquier aplicación numérica que incluya una pensión básica inferior al ingreso por habitante. La variable crucial en este ejercicio no es la tasa de dependencia de inactivos respecto a activos, sino el ingreso por habitante. Mientras la pensión no sea extremadamente generosa (superior al PIB por habitante), el envejecimiento de la población no creará serios problemas, a menos que el PIB caiga de modo importante.
A su vez, si el nivel de gasto sobre PIB se considera excesivo en el futuro, el ajuste puede hacerse disminuyendo la razón pensión básica/PIB por habitante o aumentando la edad a partir de la cual se entrega el beneficio.
Despejado este aspecto de viabilidad, se propone que el esquema de pensión básica garantizada sea financiado mediante un aporte porcentual parejo aplicado sobre los ingresos totales de los contribuyentes (y no solo sobre el ingreso salarial, como es la cotización, que es el más regresivo de los métodos de financiamiento, pues no considera los ingresos del capital), fijado año a año en la declaración de renta de acuerdo al número de beneficiarios y el monto previsto del subsidio
[14]. Ingresos adicionales para la vejez se obtendrían de la cotización obligatoria sobre salarios e ingresos de trabajadores independientes, así como del ahorro voluntario individual o colectivo[15].

3. Disminuir las incertidumbres más allá del ingreso básico
En teoría, para un sistema contributivo obligatorio aplicar un modelo de capitalización individual o uno de reparto intergeneracional se justifica o no si el crecimiento proyectado de la masa salarial es inferior o superior al rendimiento proyectado de las cotizaciones capitalizadas (Blanchet, 1998). En efecto, si la población que trabaja crece a la tasa n y los salarios crecen a la tasa s, entonces por cada peso de contribución obligatoria en edad de trabajar los trabajadores reciben en la vejez:

m = (1+n) (1+s) (3)

El retorno sobre la inversión del sistema de reparto corresponde al crecimiento de la masa de cotizaciones salariales. Si i es la tasa de interés de los activos invertidos en capitalización, representando el retorno sobre la inversión de cada peso depositado en el sistema, entonces para el trabajador es mejor, aunque más riesgosa, la capitalización en caso que i > m, o es más conveniente el sistema de reparto si i <>.
El objetivo para los sistemas de reparto es evitar el riesgo de ajustar el gasto en pensiones derivado del envejecimiento de la población a través del incremento de las cotizaciones obligatorias y para los sistemas de capitalización la incertidumbre sobre la tasa de reemplazo. Fondos de este tipo existen en Suecia desde 1960 y en Canadá y Francia desde la década de 1990 para financiar estructuralmente (se utiliza solo el producto financiero del fondo) parte de las pensiones por reparto. Esto le permite al fondo canadiense proyectar una estabilización de las cotizaciones en 2,5 puntos menos que los necesarios en ausencia de reservas. El fondo noruego alimentado con los ingresos del petróleo, por su parte, busca suavizar las fluctuaciones de ingresos y al mismo tiempo acumular recursos para financiar los gastos futuros vinculados al envejecimiento, con la proyección de alcanzar 120% del PIB en 2020 Fondos de reserva existen también en Japón, EE.UU y otros países, con roles menos delimitados.
Un sistema de reparto provisionado de reserva se constituye, en ausencia de otros ingresos (normalmente provenientes de la venta de activos públicos o de otros ingresos excepcionales) mediante sobrecotización por un período de tiempo o bien programando una disminución de prestaciones con la contrapartida de pensiones complementarias financiadas por capitalización en tanto su rendimiento sea mayor al crecimiento de la masa salarial.
En Chile, la situación es la inversa. Se propone que, sin perjuicio de lo ya acumulado en las cuentas individuales y lo que pudiera seguir acumulándose sobre una base voluntaria, en un contexto de “tercer pilar” no obligatorio, la cotización obligatoria alimente un nuevo “segundo pilar”, un sistema de reparto provisionado que asegure una mejor combinación seguridad-rendimiento. El concepto aplicable sería que los trabajadores intercambien una parte de lo producido por sus activos financieros de alto rendimiento, pero riesgosos, contra derechos previsionales ciertos, o al menos situados en un rango de certeza.
El manejo de la provisión debe incluir reglas estables que permitan un alto grado de mutualización de los riesgos financieros entre diferentes categorías (género y niveles de ingreso) y entre generaciones. Un régimen de pensiones que otorga derechos ciertos y dispone de reservas importantes para garantizarlos concentra las ventajas del reparto (buena mutualización de los riesgos financieros) y los de la capitalización (si el rendimiento es más elevado que el crecimiento de la masa salarial en el largo plazo, con oferta de ahorro elevada). Analíticamente, esta modalidad es la más deseable desde el punto de vista del dilema riesgo-rendimiento.
Un sistema de pensiones contributivas menos incierto que el actual debiera, en plenitud de derechos previsionales adquiridos a lo largo de la vida activa mediante descuentos salariales obligatorios, apuntar a garantizar un porcentaje cierto del ingreso salarial percibido durante la vida activa. Una meta a alcanzar en un nuevo sistema debiera ser alcanzar del orden de 70% de los salarios ganados a lo largo de la vida, haciendo más justos para las mujeres y las personas de menos ingresos el modo de cálculo de las pensiones (recordemos que por construcción el sistema actual lesiona a las mujeres al establecer menos años de cotización obligatoria y permitir una menor pensión dada su mayor esperanza de vida) con formas de perecuación del cálculo actuarial entre géneros y niveles de ingresos, que también permita aproximarse a una tasa de reemplazo de 100% para las pensiones de viudez.
Se ganaría de este modo en un segundo pilar contributivo obligatorio certeza sobre el valor futuro de las pensiones mediante el mecanismo de seguro intergeneracional descrito, a lo que contribuiría hacer obligatoria la cotización de los trabajadores independientes con más recursos, como en EE.UU y Canadá a través del cobro al momento del pago del impuesto a la renta (en 2003, solo un 24% de estos cotizaban esporádicamente en una AFP, mientras un 65% de los independientes declaran ingresos al servicio de impuestos)
[17];
Lo propio ocurriría en el sistema de capitalización individual de tercer pilar:
- disminuyendo los costos de administración (con regulación de los gastos de búsqueda de afiliados, disminución de las barreras a la entrada a la administración de fondos del sistema, separando recolección de inversión y permitiendo la intervención en recolección del INP y BancoEstado, eliminando el giro exclusivo para las AFP y estableciendo un sistema de juntas de vigilancia de los administradores e inversores de los fondos con participación de los cotizantes, sin perjuicio de fortalecer el rol de la Superintendencia de AFP);
- eliminando la incertidumbre de las pensiones por retiro programado, que pueden dejar en precaria situación a los que agoten sus recursos acumulados.

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Notas

[1] Para una descripción de la teoría de los bienes meritorios ver Stephen Bayley (1995).
[2] Ver al respecto Béatrice Majnoni d’Intignano (1993).
[3] Desde la perspectiva de la provisión se ha distinguido entre pensiones públicas, pensiones ocupacionales y pensiones personales. El informe del Banco Mundial Averting the old age crisis (1994) ha distinguido, desde la perspectiva de los beneficiarios, la pensión básica, la pensión basada en contribuciones obligatorias y el ahorro voluntario.
[4] Ver Anthony Atkinson (1981) y Amartya Sen (2001).
[5] David Nellor (1995).
[6] Ver René Passet (2000), sin perjuicio del patentamiento que haga factible el incentivo a la realización de innovaciones y remunere el gasto privado en Investigación y Desarrollo.
[7] Ver Américo Ibarra y Gonzalo D. Martner (2006).
[8] Ver Philippe Van Parijs (2002), texto en el que además se describe el funcionamiento del sistema de ingreso ciudadano en Alaska, financiado por las regalías de acceso a los recursos naturales que dicho estado cobra. En palabras de René Passet: “Hemos comprobado la relación que existe entre la reducción del tiempo de trabajo, para la cual fue concebida la máquina, y la instauración de un ingreso equivalente al mínimo de subsistencia. Pese a su denominación (de ingreso ‘tecnológico’), no está vinculado al capital técnico, sino a la propia organización del proceso de producción, es decir a la inversión intelectual y a la información. Depende pues de este patrimonio universal cuyos frutos, que no son imputables a uno u otro factor productivo, deben distribuirse en realidad entre el conjunto de la colectividad (...). Queda el factor tiempo, con el que el sistema se aliaría para quedar progresivamente instaurado. Porque si el dividendo universal representa el ideal que hay que alcanzar, puede no ser un acierto empezar la casa por el tejado (...). Esta progresividad a lo largo del tiempo, que tanto contribuye a la viabilidad del sistema, relativiza el interés concreto, inmediato del debate –fundamental, por el contrario, en el plano de los principios- que versa sobre el carácter universal o no universal de la renta mínima garantizada. Estamos hablando, insisto, de distribuir y no de redistribuir. Despunta el momento en que, en una sociedad donde la robótica llevará a cabo el trabajo, la renta universal se habrá convertido en la fuente principal de ingresos que cada cual podrá completar con otros ingresos procedentes de una actividad de libre acceso. El contrato de trabajo con plazo fijo, justamente denostado en el contexto de precariedad actual, se convertiría entonces en la modalidad normal que permita a cada parte –empleador o empleado- establecer temporalmente unos lazos profesionales”, op.cit..
[9] Estos cálculos se encuentran en Gonzalo D. Martner (2006).
[10] Según Alberto Arenas de Mesa (2004).
[11] Siguiendo a Larry Willmore (2006), en base al sistema existente en Nueva Zelandia desde 1940, con un costo de 4,1% del PIB), pero también en Bolivia y Ciudad de México más recientemente, y en general los sistemas de pensiones básicas existentes en diversos países.
[12] Aunque dado que su aporte sería mayor que el beneficio no existe necesariamente una justificación para dicha exclusión. Para los mayores de 65 años más ricos la pensión universal podría en todo caso ser deducida ex-post al momento de la declaración de impuestos, evitando las complicaciones y costo administrativo de la elegibilidad de la asignación ex-ante según ingresos demostrados por debajo de un determinado límite.
[13] Ver Larry Willmore, op.cit.
[14] Sobre los fundamentos analíticos de las políticas de impuesto parejo-ingreso básico, ver Anthony B. Atkinson (1997).
[15] Estos planteamientos toman en cuenta la regla que Malinvaud (1998) define en los siguientes términos: “Ciertas prestaciones sociales cubren los riesgos a los cuales están expuestos los asalariados a raiz de su empleo; otros cubren riesgos a los cuales están expuestos todos los residentes y los cubren entonces a casi todos en el mismo grado. En rasgos gruesos, las prestaciones vinculadas al empleo deben abarcar los accidentes del trabajo, las pensiones más arriba del nivel mínimo y las pérdidas de salario por enfermedad o cesantía. La legibilidad del sistema de financiamiento recomendaría que las prestaciones vinculadas al empleo sean financiadas por cotizaciones asentadas en el empleo, es decir sobre la masa salarial, mientras las otras prestaciones serían financiadas por la tributación-paratributación sobre los hogares”.
[16] Olivier Davanne (1998).
[17] Ver Fabio Bertramou y Javiera Vasquez (2006).

REFERENCIAS


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Bayley, S. J. Public Sector Economics, MacMillan Press, Londres, 1995.

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World Bank, Averting the old age crisis, Oxford University Press, New York, 1994.

lunes, 22 de mayo de 2006

Derecho a la muerte asistida y al aborto terapéutico

A propósito del debate generado por el proyecto de ley de iniciativa parlamentaria Bustos-Rossi para permitir la eutanasia (la despenalización de la muerte asistida) y el anuncio de los senadores Girardi y Ominami de proponer una serie de legislaciones, incluyendo la despenalización del aborto terapéutico, se ha evidenciado una vez más la intolerancia de algunos en nuestra sociedad. Hasta estuvo en cuestión la destitución de las autoridades de la Cámara de Diputados, en circunstancias que, como bien lo explica el diputado Montes (ver en www.lecturas-gm.blogspot.com), sólo le cabía dar cuenta de un derecho que les asiste a los representantes del pueblo en nuestro país. A su vez, estuvo en cuestión la supervivencia de la Concertación, para algunos más extremos, y también la relación de parlamentarios con el gobierno.

En un país democrático, a todos les asiste el derecho de plantear debates, especialmente si son elegidos por el pueblo. El argumento según el cual sólo debe debatirse lo que une y no lo que desune es en realidad la voluntad de no debatir acerca de nada, puesto que no tiene mucho sentido hacerlo sobre lo que se está de acuerdo, o en todo caso sería en extremo aburrido. Por definición, el debate es respecto a diferencias. Y, hasta donde se tiene noticia, los partidos políticos y el parlamento están para eso, para debatir y llegado el caso zanjar diferencias respecto, entre otras cosas, a las normas que nos deben regir. El argumento de la prudencia siempre será válido, pero solo hasta el límite en que ahoga la libertad, la creatividad y la dignidad humanas.

La separación de la Iglesia y el Estado se consagró en 1925, pero no aún en las mentes de quienes se sienten con el derecho de imponerles sus respetables creencias religiosas a los demás, o de tolerar las de los otros que no coinciden con las propias sólo en tanto y cuanto estos no las manifiesten. Que las tengan puede ser, pero que las expresen, eso si que no.

Aunque como dijo Carlos Fuentes en una reciente entrevista en el New York Times Magazine “en América Latina incluso los ateos son católicos”, existe en Chile una cultura laica, y dentro de ella habemos quienes somos ateos, es decir nos asiste la convicción de que Dios no existe (gracias a Dios, como decía con buen humor Luis Buñuel), moléstele a quien le moleste y hasta prueba en contrario...

Para muchos de los que somos ateos, la piedad y la compasión, en la tradición filosófica de Rousseau y Schopenhauer, nos parecen ser de las virtudes de mayor importancia. En palabras de Michel Onfray, de quien tomamos los fundamentos de esta reflexión: "la repugnancia de ver sufrir a su semejante me parece el signo de la grandeza de un ser. Su indiferencia, el signo de su bajeza".
Negar el último deseo de un agonizante, desatender el llamado a acortar el sufrimiento de quien va a morir en plazos breves, y para quien los cuidados paliativos no son ya la prolongación de la vida sino de la muerte, es propio de los indiferentes al mal. Esa es la razón de la defensa de la muerte voluntaria asistida como una opción y como un derecho para quienes de motu propio la soliciten en el momento del fin de su existencia. A ese derecho no cabe oponer ningún deber de vivir en condiciones de sufrimiento o indignidad extremos, lo que también es válido para el suicidio.
A su vez, hay quienes se ven en la trágica situación de pérdida irremediable de su conciencia, pudiendo su vida sin vínculo con el mundo prolongarse solo por medios artificiales. Una norma favorable a la atenuación del sufrimiento y respetuosa de la dignidad humana, en contraposición al encarnizamiento terapéutico, es aquella que debiera permitir la muerte asistida mediante voluntad previamente declarada por vía de testamento, y/o transferencia de la decisión a una persona previamente designada para este fin, como prolongación de una relación de amor y afecto.

Los que consideramos que nadie debe estar autorizado a quitarle la vida humana a otro (salvo en situación de defensa propia personal o social -en caso de guerra legítima- que obligue sin otras opciones a recurrir a esa medida extrema o para evitar sufrimiento al moribundo que lo solicita o lo ha solicitado antes de caer en la inconciencia) y que somos contrarios por ello a la pena de muerte y a todo acto tanático respecto de terceros, no creemos sin embargo que pueda obligarse en su libre albedrío a cada cual a considerar que la vida humana propia tiene sentido en cualquier circunstancia. Consideramos que solo la tiene cuando permite la prevalencia de lo humano y de su dignidad en el hombre.

Esta misma ética atea de la compasión, que se opone en este aspecto al dogma del deber de vida de origen cristiano y más generalmente monoteísta (haciéndose notar la contradicción entre este deber de vida en medio del sufrimiento y la aceptación, hasta hace poco, de la pena de muerte y de la tortura, en el pasado, por la Iglesia Católica), es aplicable al tema de la despenalización del aborto, es decir de la interrupción voluntaria del embarazo.
No cabe restringir el problema del aborto terapéutico a situaciones del dilema vida de la madre/vida del niño(a), que la medicina moderna ha podido en buena hora restringir a situaciones ya muy poco frecuentes, sino abordar el problema más ampliamente. Del mismo modo en que el aborto terapéutico en sentido estricto opta por la vida de la madre por consideraciones de compasión por ella, en un dilema terrible, cabe preguntarse: ¿es humano imponer la continuidad de un embarazo no deseado, especialmente cuando se ha originado en actos horribles y profundamente traumáticos como una violación? ¿Qué vida espera a quien nace como fruto de tragedias como esa? ¿Qué sufrimientos síquicos agudos y prolongados esperan a la madre y al hijo(a)? ¿No es de una frialdad inhumana obligarlos a ese sufrimiento por una vida entera, anclado en el origen de su vida y con la probable repetición de violencias? Tampoco se trata de obligar a nadie a lo contrario, en virtud del principio de libertad de opción.

Los que no reconocemos un supuesto deber de vida por imperativo religioso creemos necesaria la despenalización del aborto para la protección física o síquica de la mujer embarazada en situaciones en que esté en juego radicalmente la posibilidad de bienestar de la madre, a petición de ella. Este tipo aceptable de aborto, que ojalá pueda siempre prevenirse en origen, solo lo es cuando se realiza antes que el ser vivo en anidación haya alcanzado el desarrollo neuronal que esboza su condición humana. Este desarrollo neuronal, en su materialidad factual, es el paso del embrión al feto, a las 10 semanas de embarazo. Se trata de despenalizar en circunstancias precisas la interrupción de la gestación de lo vivo, no de lo humano, en donde el deber ineludible del hombre hacia lo vivo en desarrollo empieza, en este enfoque, a los 70 días de la gestación. Es ahí cuando el feto conoce movimientos eléctricos, para que tres semanas más tarde aparezcan los neurotransmisores específicos con cuya ayuda el dolor y el placer (que son los criterios a partir de los cuales puede considerarse emergiendo lo humano como distinto del limbo en que está sumido lo que es aún solo un agregado celular vivo pero primitivo) empiezan materialmente a captarse y cuando los movimientos en el líquido amniótico son perceptibles por la madre. Después de la emergencia de lo humano en lo vivo, una interrupción voluntaria de embarazo es infanticidio, algo muy serio, que si debe ser penalizado.

Entonces, contrariamente a la creencia de la bioética conservadora, y con ella de los que se inspiran en fundamentalismos y dogmas religiosos, lo humano no coincide con las primeras horas del encuentro del espermatozoide y el óvulo, por mucho que algunos consideren que ahí se inicia la potencialidad humana, pero esta se puede retrotraer hasta el infinito en los muchos acontecimientos que concurren a la procreación, sino cuando el cerebro del embrión le permite a este iniciar un esbozo de existencia interactiva con el mundo. Antes de que esas potencialidades surjan, el embrión es del orden de una indeterminación que supone la vida pero que excluye aún lo humano. Del mismo modo, al final de la existencia, la incapacidad neuronal permanente de mantener una relación con el mundo anuncia la entrada en una nada que puede coincidir con la vida pero ya ha dejado de tener anclaje humano.

Los que piensan distinto, muy bien, que no practiquen el aborto terapéutico en el sentido que hemos descrito (aunque sabemos cuanta hipocresía e ilegalidades llegado el momento se esconden tras posturas rígidas de defensa de la moral tradicional) ni la muerte asistida (que también sabemos, dígase lo que se diga, se practica con frecuencia sin control y por razones económicas, lo que es mucho peor que una regulación clara y humana), están en su derecho. Pero no en el de impedir que otros lo hagan, pues en este tema hay quienes piensan de diferentes maneras en la sociedad contemporánea, con tanto o más fundamento ético que los conservadores, y ellos también tienen derechos, con la diferencia que no buscan imponerles sus convicciones a los demás sino hacer valer las propias, dejando que los otros vivan su vida como mejor les parezca.

jueves, 18 de mayo de 2006

Respuesta a un amigo

Me escribió Mario Mandiola sobre mi nota Derrotas económicas de la democracia (ver más abajo):
"Leí tu articulo sobre las "derrotas económicas en democracia", recoges en síntesis muchas de las cosas que nos preocupan como socialistas, falta de políticas regulatorias, saqueo de nuestros recursos naturales etc. Pero te pido que no te agites demasiado, total ninguno de esos temas está en el programa de gobierno, así que mejor no los discutamos so pena de ser "excomulgados". Fraternalmente: Mario Mandiola.
Le contesto a Mario con parte de la introducción de un ensayo que publicaré próximamente, que es un llamado a la no resignación, nunca, y mala suerte con las excomuniones:
"Este ensayo no disimula entonces sus puntos de vista. Es distinto al de quienes pusieron desde 1990 el énfasis en la distinción weberiana entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción, optando resueltamente por la primera, como explícita y legítimamente lo hizo el ex ministro y senador designado Edgardo Boeninger, y con él muchos otros.
Esto requiere de algunas explicaciones. La dialéctica entre el realismo y el sueño, la moderación y la audacia, ha estado siempre presente en los procesos sociales de “alta intensidad”, como ha sido el caso del Chile contemporáneo. La referencia a Max Weber es en este sentido pertinente para la reflexión. Decía el sociólogo alemán en una de sus conferencias de 1919: “Toda actividad orientada según la ética puede ser subordinada a dos máximas totalmente diferentes e irreductiblemente opuestas. Puede orientarse según la ética de la responsabilidad o según la ética de la convicción. Esto no quiere decir que la ética de la convicción es idéntica a la ausencia de responsabilidad y la ética de responsabilidad a la ausencia de convicción. No se trata por supuesto de eso. Sin embargo, hay una oposición abismal entre la actitud del que actúa según las máximas de la ética de convicción- en un lenguaje religioso diríamos : "El cristiano hace su deber y respecto del resultado de la acción se remite a Dios"-, y la actitud del que actúa según la ética de responsabilidad que dice: "Debemos responder de las consecuencias previsibles de nuestros actos"
[1].
La matización intermedia de la distinción weberiana es desmentida inmediatamente después en su texto: todo su argumento procura poner el peso del razonamiento en la balanza del lado de la defensa de la ética de responsabilidad, dando a entender que aquella de convicción sería esencialmente irresponsable al no tomar en cuenta las consecuencias de los actos inspirados en ella y mesiánica (con referencia a Dios incluída: algo así como “después de mi el diluvio”). Y cuando acude a ejemplos más laicos, el lado conservador de Max Weber emerge con toda claridad: “Perderán el tiempo exponiendo, de la manera más persuasiva posible, a un sindicalista convencido de la verdad de la ética de convicción que su acción no tendrá otro efecto que el de aumentar las oportunidades de la reacción, de retardar el ascenso de su clase y de oprimirlo aún más, no les creerá”. Ya saben los sindicalistas: sino no consideran que tal o cual de sus acciones favorece a los reaccionarios y va en contra de sus propios intereses, su ética de la convicción es mera irresponsabilidad...

Pero hay más en Max Weber: “El partidario de la ética de convicción no se sentirá responsable sino de la necesidad de cautelar la llama de la pura doctrina para que no se apague” en lo que puede parecer una razonable invocación en contra de los dogmatismos, aunque injusta en tanto y cuanto no ser irresponsable en sus actos puede ser parte esencial de las convicciones de quienes promueven cambios al orden injusto existente, justamente para no aumentar las injusticias, valga el juego de palabras. Pero acto seguido viene el lapsus, como diría Freud. De entre cien ejemplos posibles escoje nuestro ilustre precursor de la sociología moderna el que revela su actitud eminentemente conservadora, muy cuestionada por la izquierda alemana de la época por lo demás, y afirma: “por ejemplo la llama que anima la protesta contra la injusticia social”. Ya lo saben los izquierdistas, además de los sindicalistas: nada de cautelar la llama de la lucha por la justicia social, serían ustedes unos éticos de la convicción poco responsables...

Continuaba Max Weber en su célebre texto sobre El sabio y el político: “Pero este análisis no agota aún el tema. No existe ninguna ética en el mundo que pueda no considerar lo siguiente: para alcanzar fines "buenos", estamos la mayor parte del tiempo obligados a contar con, por una parte, medios moralmente deshonestos o por lo menos peligrosos y, por otro lado, con la posibilidad o la eventualidad de consecuencias enojosas”. Este “relativismo ético”, ironías aparte, puede explicarse por el curso sulfuroso de la historia en el tiempo en que escribe Max Weber lo que comentamos, pero da un poco de escalofríos a los que hemos tenido ocasión de experimentar “medios moralmente deshonestos” y “consecuencias enojosas” sustentados en justificaciones de este tipo, como desde luego la de los que promovieron el golpe de Estado en 1973 en Chile.

En cambio, la inspiración de este ensayo bien puede resumirse citando a Michel Onfray: “querer una política libertaria es invertir las perspectivas: someter la economía a la política, pero poner la política al servicio de la ética, hacer que prime la ética de la convicción sobre la ética de la responsabilidad, luego reducir las estructuras a la única función de máquinas al servicio de los individuos y no a la inversa”
[2], lo que es ser enormemente responsable con la disminución de los sufrimientos humanos al alcance de los humanos, salvo que se considere que nada se puede hacer respecto de ellos. Los avances civilizatorios de la humanidad no habrían sido posibles con la sola consideración de las dificultades, y vaya que siempre fueron inmensas, para conquistarlos, ya sea que se trate de la emergencia de la democracia, de la eliminación de la esclavitud, de la emancipación nacional respecto de potencias coloniales, de la consagración de derechos civiles y políticos, de derechos sociales, económicos y culturales, de eliminación de las discriminaciones de género, raza y orientación sexual y así sucesivamente.
Apostamos entonces al “pesimismo de la inteligencia”, siempre necesario para no perder la lucidez frente a los hechos a la que debe aspirar el uso de la razón, sin perder el “optimismo de la voluntad”, indispensable para mantener el principio de esperanza propio de la condición humana e inspirar su acción, de que nos hablaba Romain Rolland al iniciarse el siglo 20 y que gustaba de citar Antonio Gramsci, un insigne luchador contra las dificultades de toda índole, incluyendo las del dogmatismo.
O en palabras muy actuales de Fernando Savater: “Dice una milonga que ‘muchas veces la esperanza son ganas de descansar’. Pero también está comprobado que acogerse a la desesperación suele ser una coartada para no mover ni un dedo ante los males del mundo. Puestas así las cosas, soy decididamente de los que prefieren abrigar esperanzas..., aunque siempre tomando la precaución de no considerarlas una especie de piloto automático que nos transportará al paraíso sin esfuerzo alguno por nuestra parte. Es decir, creo que la esperanza puede ser un tónico para los rebeldes y un estupefaciente para los oportunistas y acomodaticios”[3].
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[1] Traducido desde la versión en francés, Max Weber, Le savant et le politique, 10/18, Paris, 2002, que reune conferencias de Max Weber dictadas antes de morir en 1920.
[2] Michel Onfray, Política del rebelde. Tratado de la resistencia y la insumisión, Perfil Libros, Buenos Aires, 1999.
[3] Fernando Savater, “Abrigar la esperanza”, El País, 15 de mayo de 2006.

domingo, 14 de mayo de 2006

Las derrotas económicas de la democracia




La democracia reestablecida en sus rasgos básicos en 1990 ha cosechado éxitos importantes: la convivencia entre los chilenos ha mejorado sustancialmente, las libertades y los derechos esenciales se respetan y, cuando ello no ocurre, la libertad de expresión permite denunciarlo con razonable eficacia. Los tribunales de justicia poco a poco se han transformado en garantes de los derechos de las personas e incluso han avanzado en verdad y justicia en las violaciones a estos derechos cometidos por la dictadura. Más aún, la democracia, aunque con lentitud a veces exasperante, se ha ido reformando a sí misma y hoy alcanza estándares institucionales relativamente decentes. La excepción principal la constituyen el sistema electoral y el poco dinamismo de la descentralización del Estado, y por tanto de la participación ciudadana, así como la lucha contra las discriminaciones. Tareas pendientes para el presente gobierno, que las ha inscrito en su programa. En materia de aspectos institucionales de la democracia, por tanto, sabemos relativamente bien de qué estamos hablando, de donde venimos y hacia donde debemos ir.
En el área económica la situación es más opaca. ¿En qué hemos avanzando, en qué no, porqué? Sugerimos fijarse en tres indicadores macroeconómicos de entre las decenas que la prensa especializada comenta todos los días: crecimiento, inflación y desempleo. Estos indicadores debieran situarse en alrededor de 5% (tasa de incremento para los dos primeros, de prevalencia para el empleo). Este criterio de desempeño, como cualquier otro, es discutible: lo tomamos de Jacques de Larosiere, que lo planteó en una visita a Chile en la década de los '90 como director del FMI, y nos parece pertinente.
También debiéramos considerar periódicamente un indicador microeconómico: las rentabilidades comparadas entre sectores económicos, que nos deben llevar a fijarnos cuando alguna actividad supera un 10% de rentabilidad y si eso depende de tarifas públicas excesivas o de la ausencia de impuestos adecuados o de la habilidad empresarial.
El crecimiento ha sido cíclico pero ha superado desde 1990 el 5% promedio anual, es decir la cifra más alta para un período de tres lustros desde el siglo 19. Esto no ha resuelto el agudo problema distributivo del país, pero esa es harina de otro costal que debe tratarse en su mérito: ninguna política redistributiva sería fluida, en todo caso, en medio del estancamiento económico. Bien, entonces, por el crecimiento. La inflación, por su parte, se ha mantenido por debajo del 5% anual por un período prolongado, rompiendo con la tradición inflacionista de la economía chilena: recordemos que los que más sufren de la inflación son los más modestos, que no pueden defenderse de ella e indexar sus ingresos a la evolución del nivel de precios. Bien por la inflación controlada.
¿Y el desempleo? No sólo no ha estado en ningún año desde 1990 (hablamos del promedio anual, porque bien sabemos que el desempleo es especialmente cíclico en Chile) en o por debajo del 5%, sino que nadie parece inquietarse demasiado con el tema. Esto tiene una explicación clásica: la ausencia de crecimiento es de general percepción, como lo es la inflación, que se constata día a día cuando es elevada. El desempleo lo perciben y lo sufren, en cambio, más bien los directamente involucrados y no el 85-90% de la población activa restante, que se informan de él, le temen, pero no lo experimentan directamente. Y los agentes económicos poderosos, digámoslo claramente, no se incomodan con un “mercado de trabajo distendido”, con una oferta de trabajo superior a la demanda, que les permite contener el nivel general de salarios, despedir personal y mantener altas rotaciones de sus empleados sin perjuicio aparente para su actividad: habrá un reemplazante al que acudir.
El objetivo del pleno empleo ha desaparecido de manera notable en los énfasis programáticos y en el debate público. Y la derecha tiene la solución de Don Otto: si el crecimiento es escaso en generación de empleos, si el ciclo económico es rápido en despedir y lento en recontratar, entonces hay que precarizar (lo llaman flexibilizar) el empleo, para bajar salarios y supuestamente incentivar así a los empleadores para que incrementen su tasa de empleo por unidad producida. Se traslada la lógica del mercado de las papas a este supuesto “mercado del trabajo” cuya demanda sabemos al menos desde Keynes se comporta primordialmente de acuerdo a variables macroeconómicas, además de su estructura específica de oferta.
El objetivo de aumentar la seguridad del empleo desapareció también de nuestro debate público y apenas se discute sobre las políticas de empleo activas (impulso macroeconómico, subsidio a la contratación, programas directos) y pasivas (seguro de cesantía, disminución de la oferta de trabajo). Este debate debe reanimarse, en especial si se tiene en cuenta que las proyecciones de desempleo no están cerca de llegar al 5% en plazos breves. El objetivo del pleno empleo es aquel de la izquierda por esencia en materia macroeconómica y estamos lejos de alcanzarlo en circunstancias que no es para nada una utopía en las condiciones actuales de la economía chilena.
¿Y qué hay de las rentabilidades comparadas? La rentabilidad “normal” de una actividad económica en una economía de mercado es la que resulta de situaciones competitivas, siempre que no esté basada en rentas de escasez (recursos naturales) o de situación (leyes de privilegio). La gran mayoría de las actividades en las economías industriales y de servicios maduras son consideradas rentables y los proyectos dignos de ser emprendidos con tasas de retorno inferiores a 10%.
Si examinamos la rentabilidad operacional de las Sociedades Anónimas en 2005 en Chile, nos encontramos con que para las empresas de ventas al por menor (supermercados y grandes tiendas o “retail” como se dice ahora), por mucho que en esta área se haya concentrado la actividad en pocas cadenas, esta es de 9%, una cifra razonable. Pero ocurre que diversas empresas no operan en mercados competitivos, especialmente en los casos de monopolio natural, de gran importancia cuando proveen servicios básicos a la población. ¿Sus rentabilidades operacionales? Un 37.7% para el agua potable, un 20% para la electricidad. Un rotundo fracaso, pues quiere decir que las tarifas están beneficiando indebidamente a los dueños de las empresas (aunque algunas tengan participación accionaria pública: los impuestos se cobran en otra parte) y no a los consumidores. En cualquier país civilizado esto hubiera sido objeto de correcciones inmediatas. La telefonía, en cambio, muestra una rentabilidad oepracional de 8,7%, lo que se explica pos sus segmentos competitivos.
¿Y en el área de seguridad social gestionada por privados, cuya fuente de negocio son las cotizaciones obligatorias? Simplemente un escándalo mayúsculo. Las Isapres presentaron una rentabilidad sobre capital de 91,9% en 2005. ¡La inversión se recupera en un año! Claro, en detrimento de los bolsillos de los usuarios por causa de una pésima regulación en un mercado especialmente opaco. En el caso de las AFP, la rentabilidad sobre capital fue de 19%, un exceso manifiesto para una actividad de seguridad social. Estamos en presencia de organizaciones lucrativas simplemente parasitarias.
La actividad bancaria, fundamental para canalizar el proceso de ahorro-inversión, se ha transformado crecientemente en un área de sobreutilidades injustificadas, obtenidas especialmente de las tasas y comisiones cobradas en el crédito al consumo a los más pobres. ¿Su rentabilidad sobre capital en 2005? Entre 18 y 40%, incluyendo cerca de ...30% para el Banco del Estado (aviso: los impuestos se cobran en otra ventanilla, no en un banco público que debiera ser rentable pero no maximizador de utilidades a este extremo). Nuevamente una mala regulación en un mercado profundamente asimétrico y de impacto sistémico. No se pida después que la pyme prospere en estas condiciones.
La actividad minera privada tuvo en 2005 un resultado operacional de 49,9%. Los chilenos estamos regalando a transnacionales del área inmensos dividendos que provienen de un recurso natural cuyo precio pasa por un ciclo alto. El royalty que a duras penas se logró el año pasado sólo revertirá sobre los chilenos una mínima parte de esta bonanza, que irá a parar a los bolsillos de los accionistas de las transnacionales mineras. Difícil darles una explicación a los muchachos secundarios que luchan con justa razón por la gratuidad del examen de ingreso a las universidades...
Entonces en materia de derechos económicos de los ciudadanos los chilenos nos estamos pisando la cola de manera flagrante. La derecha política ha actuado en el parlamento e impedido los cambios legales regulatorios y tributarios que permitirían a Chile financiar un mayor bienestar para los desposeídos y un mayor crecimiento futuro a través de más gasto en investigación y desarrollo tecnológico y en educación. Pero desde marzo la Concertación tiene mayoría simple por primera vez para cambiar leyes regulatorias, tributarias y laborales. La palabra la tenemos nosotros, los concertacionistas.
Pero claro, las empresas reguladas actúan sobre todo el espectro político con subsidios electorales abundantes, condicionando cada vez más la capacidad del parlamento de legislar como se debe y del gobierno de regular apropiadamente mediante la potestad reglamentaria. Y crecientemente nombran en sus directorios con entusiasmo a concertacionistas que dejan sus cargos públicos. ¿La conclusión? Una derrota manifiesta de la democracia chilena, que no está cautelando los intereses de los ciudadanos que no tienen poder económico y que son la inmensa mayoría.

viernes, 12 de mayo de 2006

Patio 29, La Segunda

"Lo que se constató fue un conflicto de intereses", indicó el ex subsecretario de la Presidencia, Gonzalo Martner, explicando la investigación interna realizada por el gobierno de Lagos al Servicio Médico Legal. Dicha indagación, aunque estuvo centrada exclusivamente en irregularidades económicas, salió a la luz tras estallar la crisis por la errónea identificación de cuerpos en el Patio 29.
"La asociación de funcionarios del SML hizo una denuncia pública en 2002. Ellos formularon un requerimiento a la Contraloría y la auditoría de gobierno también decidió revisar estas denuncias y realizó un conjunto de averiguaciones, muy concretamente respecto de una serie de sociedades de carácter privado con fines de lucro, del director del SML de la época (el doctor Jorge Luis Rodríguez) que tenían que ver con áreas técnicas", explicó Martner, quien esta semana expuso ante la comisión de Derechos Humanos de la Cámara.
Finalmente, agregó, "dado que el gobierno constató que la Contraloría había tomado constancia del asunto y ya estaba en sus manos y éste era el órgano encargado de ver este tema, ahí quedó".
- ¿Se citó al entonces ministro de Justicia, José Antonio Gómez?
- La auditoría interna de gobierno no cita a ministros. Eso es falso, no ocurrió. Al margen de la auditoría, en más de alguna ocasión me tocó hablar con el ministro Gómez de éste y otros temas.

lunes, 8 de mayo de 2006

Entrevista en El Mostrador


Ex timonel PS Gonzalo Martner:
''Los que querían otra vez un PS homogéneo se equivocaron y perdieron''
por Susana Jaramillo
Quien fue apoderado de la lista de la diputada, Isabel Allende, en los comicios internos, asegura que la idea de la nómina del senador Camilo Escalona, de dividir al partido entre quienes eran leales y no a la conducción de la Presidenta, no tuvo mayor sentido en la campaña porque las bases comprendieron que ningún socialista puede oponerse a un gobierno de los suyos. Pese a que la lista de la diputada del Partido Socialista, Isabel Allende, no logró el 50 por ciento de los votos en los comicios pasados, uno de sus principales adherentes, el ex timonel socialista, Gonzalo Martner, asegura que con el 38 por ciento del apoyo forman un nuevo y potente espacio al interior de la colectividad. Al hacer un balance de la campaña, Martner considera que superaron bien el intento de la lista contrincante, encabezada por el senador Camilo Escalona, de tratar de mostrar que en el PS habían dos posiciones respecto a la incondicionalidad que el partido debe tener con la Presidenta de la República. "Pudimos sortear bien ese episodio", señala el dirigente, quien al mismo tiempo indica que si no es posible integrar la nueva mesa directiva, pues no comparte el ofrecimiento de Escalona de crear dos vicepresidencias para las minorías, harán sus propuestas desde el Comité Central o la comisión política del partido. Además, una vez más, niega que tengan interés es ser oposición a la gestión de Bachelet. "No estamos en ésa", asegura.
"Episodio poco atinado"
-¿Cómo queda el cuadro político en el PS después de estas elecciones que fueron polémicas por los temas que se pudieron en el debate?
-Yo creo que se superó bien el intento poco feliz de generar una reorganización interna de los que supuestamente apoyan a Bachelet y los que no. Pudimos sortear bien ese episodio poco atinado y al final quedó claro que el conjunto del partido no sólo apoya a la Presidenta de la República sino que también tiene la voluntad de seguir siendo un fiel representante de los intereses de los más subordinados de la sociedad chilena. Yo creo que fue un debate bastante áspero y que hay algunas personas a las que no les gusta respetar las reglas ni cumplir los compromisos, sin embargo el balance final es positivo y hay que esperar que se reúna el Comité Central para ver quién será el presidente y su mesa directiva.
-¿Usted comparte lo que dice la diputada Allende en el sentido de que en el CC pueden haber sorpresas y que incluso no sea elegido Escalona como presidente?. ¿Cómo se entiende eso, si el senador tendría casi 70 miembros de esa instancia sobre 108?
-Claro... bueno son las reglas del juego y se elegirá como presidente a quien tenga más votos, y si es Camilo, se le deseará que tenga un gran éxito en la conducción del partido y nosotros también haremos nuestro aporte desde las otras instancias que se den, es decir, desde la comisión política y del propio Comité Central.
Partido polarizado
-En estas elecciones se vio un partido polarizado, ya que si bien habían cinco listas, todo se centró en los dimes y diretes de Escalona y Allende. ¿Cómo ese esquema puede ayudar al gobierno de Bachelet?
-Para mí hay un grupo en el PS al que no se le olvidan las malas costumbres que alguna vez adquirieron, que tienen fanatismo de homogeneidad y que son incondicionales en términos de imponer, y eso es lo contrario de lo que el partido ha sido siempre. Eso lamentablemente se vio en estas elecciones, y esperemos que se borre de la retina de la gente porque no le hace bien al PS. Además, nuestra colectividad ha sido diversa, tiene respeto por las distintas opiniones que hay en su seno, tiene una gran riqueza ideológica y en ese plano hubo un fuerte apoyo para una propuesta de partido no homogéneo, diverso, amplio e integrador. Yo creo que los que quisieron volver a la fantasía del partido homogéneo se equivocaron y no tuvieron el apoyo que pensaban.
"Si quieren seguir aplastando a los demás..."
-Esta semana se debería constituir el Comité Central y se han presentado varios problemas para conformar una mesa, donde estén integrados los diversos grupos. ¿Algunos de su sector culpan a Marcelo Schilling de ello, usted comparte esta visión?
-Marcelo es uno de los que comparte esta fantasía del partido homogéneo y de excluir. Nosotros no somos una minoría sino que un componente que recoge las mejores tradiciones del socialismo chileno y, bueno, se equivoca Marcelo si cree que así se puede apoyar mejor a la Presidenta Michelle Bachelet. Lo que nosotros queremos es un partido vivo, integrador, que apoye... Y si ellos quieren seguir aplastando a los demás, allá ellos...
-Si finalmente no se llega a ningún acuerdo para que ustedes ingresen a la nueva mesa directiva, ¿en qué tipo de oposición se convertirán?
-Nosotros no seremos oposición sino que expresaremos nuestros puntos de vista desde cualquier instancia del PS. No estamos en un afán de torpedear la gestión de nadie, porque lo principal es buscar una conducción que permita que la colectividad pueda subir la votación que obtuvo en las elecciones pasadas. Entonces, nuestro objetivo es ése y el 38 por ciento de militantes que nos apoyó en estas elecciones está muy conciente de eso y comparte nuestro diagnóstico y propuestas para levantar al partido.

viernes, 31 de marzo de 2006

Los valores postmaterialistas

Una manera de apreciar la evolución de las sociedades y sus mentalidades es el papel que en ellas juegan los llamados “valores postmaterialistas”, en contraste con aquellos vinculados a la “vida material”, en la expresión del historiador Fernand Braudel. De hecho, algún analista de las motivaciones respectivas de Felipe González y de Rodríguez Zapatero en España distinguía en el primero, a propósito de cumplirse dos años de la recuperación del gobierno por los socialistas, la preocupación esencial por la “supervivencia”, que se tradujo en la construcción en España de un amplio Estado de Bienestar (con un uno por ciento anual de incremento de la carga tributaria respecto al PIB en 12 años, según datos de la OCDE, para ilustración de los admiradores liberales de Felipe), y de la modernización productiva dolorosa en el marco de la integración a Europa. En el segundo, en cambio, y en la generación que lo acompaña, establecidas las bases del bienestar económico, se encarnaría una motivación esencial en “la búsqueda de la felicidad”, con la consecuente agenda centrada en la paz y el retiro de tropas de Irak, el matrimonio de homosexuales, el rediseño del mapa de las autonomías, por ejemplo.

En Chile, como tantas veces, no vivimos las cosas tan secuencialmente y las realidades son muy distintas, pero algo de eso hay. La llegada a la Presidencia de la República de Michelle Bachelet en sí misma representó una victoria en toda la línea en contra del conservadurismo y de la resignación frente al statu quo que fueron cultivando penosamente las nuevas élites. "En esta vuelta es imposible ganarle a la derecha" y “una mujer no puede ser Presidente de Chile” se escuchó entre los bien pensantes por mucho tiempo, "no seamos ingenuos, el candidato va a ser Frei o Inzulza", hasta que la voluntad de cambio de los chilenos y chilenas dijo contundentemente otra cosa y el sistema de partidos se adaptó con bastante fluidez, más allá de lo que se ha dicho, a esa realidad. Y luego nadie creyó en la firmeza de carácter de la Presidenta, que llevó la paridad hombre-mujer en sus nombramientos más lejos que en los escasos países de occidente que la practican: “el gobierno no va a ser eficiente con tanta mujer sin competencias suficientes en tan altas responsabilidades” fue de nuevo el comentario de los bien pensantes, como si la competencia y la incompetencia no se distribuyeran en mismas proporciones entre hombres y mujeres. No aprovechar la mitad de la inteligencia de una nación es lo verdaderamente poco inteligente. Y la deslegitimación social de la discriminación de la mujer ha avanzado con pasos gigantes. Todo lo cual sin costo presupuestario...

El miércoles 29 de marzo la Presidenta de Chile asistió en persona al acto de recuerdo del asesinato de Guerrero, Nattino y Parada que horrorizó al país hace 21 años por su brutalidad extrema. Y asistió para marcar definitivamente un rumbo al decir con emoción: “la memoria de miles no admite ningún punto final” y ”los tribunales van a continuar estableciendo la verdad y la justicia sin excepción, porque la dignidad de Chile así lo exige”. ¡Qué contraste con los devaneos de algunos de los liderazgos de estos años eternos de transición! ¡Qué tranquilidad saber que nos gobierna una persona que no renuncia a sus valores una vez que llega a la máxima responsabilidad pública! Los valores de la memoria y de la dignidad de un país que no tolera que se asesine, viole, desaparezca sin consecuencias quedan ahí restablecidos con la capacidad de simbolización que la función presidencial tiene. La deslegitimación social de la pretensión de impunidad sigue avanzando a pasos gigantes. Y sin costo presupuestario...

Chile es hoy un país mejor por que se va haciendo cargo de sus valores “postmaterialistas” esenciales, con talento, sin estridencias, con la profundidad que requiere una tarea de tamaña dimensión.

Pero claro, la “vida material” existe y de qué manera, y sigue siendo especialmente angustiante para los más desposeídos. La agenda del bienestar en materia de pensiones (con un inicial pequeño salto para las asistenciales y mínimas), de empleo, de salud (con la corrección de esa iniquidad de limitar el acceso a las mujeres que tienen dinero a la píldora del día después), de vivienda, sigue ahí presente. Y la agenda de futuro de la educación, de la innovación tecnológica, del medio ambiente y el urbanismo, mantienen como nunca su urgencia, porque se juega el destino de las futuras generaciones. Pero abordarlas, porque Chile está lejos de la mínima decencia en la materia y su economía le permite y necesita dar pasos mucho mayores, es tanto más factible con una democracia consolidada y con los valores de la dignidad humana crecientemente compartidos en la sociedad.

sábado, 18 de marzo de 2006

Entrevista a Gonzalo Martner, El Mostrador


''PS necesita una directiva tolerante, democrática y que no excluya''
El jueves de la semana entrante las diversas tendencias deberían inscribir sus respectivas listas de cara al Comité Central del 23 de abril próximo, donde se elegirá a la nueva mesa directiva. Dos son las nóminas más seguras para ir a la competencia: la de Camilo Escalona con Marcelo Schilling, y la de los senadores Jaime Gazmuri y Carlos Ominami.El economista y ex presidente del Partido Socialista (PS) Gonzalo Martner considera contradictorio que los partidos sean un pilar básico de la democracia y, al mismo tiempo, tengan una bajísima estimación ciudadana. "Eso ocurre porque en Chile, producto de los sucesos de 1973, la esfera política y los partidos son vistos como un foco de conflicto, y no un espacio de deliberación", reflexiona.
Martner esta semana expuso esta posición en el Centro de Estudios Para el Desarrollo (CED) al participar, junto a otros dirigentes políticos, en un encuentro de análisis sobre la democracia y el rol de los partidos. Explica que su intervención estuvo basada en lo paradójico que es que las tiendas sean importantes para el sistema social, pero no tengan apoyo de la gente.En la oportunidad también cuestionó el proceso electoral interno en su partido, diciendo que no es conveniente hacerlo cuando recién se instala el gobierno de la Presidenta Bachelet. En su opinión, el apuro de la actual conducción partidaria, de Ricardo Núñez, obedece a convertir la elección en un mero trámite para favorecer el continuismo.Precisamente este jueves las diversas tendencias deberían inscribir sus respectivas listas para el Comité Central, que el 23 de abril próximo tiene que elegir a la nueva mesa directiva. Dos son las nóminas más seguras para ir a la competencia: la de Camilo Escalona con Marcelo Schilling, y la de los senadores Jaime Gazmuri y Carlos Ominami.
-¿Los partidos se han ganado el rechazo de la gente simplemente porque se alejaron de ella?
- Uno de los principales problemas que existe en los partidos es el clientelismo y la solución de esto es seguir avanzando en lograr derechos universales y que el acceso a cargos públicos no dependa de tener un padrino en el mundo político, en cada municipio o región, sino que sean derechos de cada una de las personas de poder postular. Los partidos que vuelvan a ser lo que deben ser, es decir, el espacio de deliberación política. Además, es importante que en las elecciones internas de las colectividades haya un militante y un voto, pero es muy relevante que no haya manipulación de ese proceso.
-¿Usted cree que la necesidad de obtener cargos públicos se ha transformado en una obsesión para los partidos políticos?
- Yo comparto que hay una obsesión por los cargos y eso es muy lamentable, y eso es clientelismo y es un antiguo mal de los partidos tradicionales chilenos, que es indispensable cambiar.
-¿Los partidos han cambiado mucho en los últimos años y uno de los problemas es que las cúpulas no permiten que las bases se pronuncien en toda su magnitud?
-Los partidos han cambiado mucho menos de lo que debieran y lo que cabe ahora es lograr un espacio para la renovación y conseguir la democracia interna. Por eso, me alegro de lo que está pasando en la UDI porque por primera vez dirigentes con apoyo de la ciudadanía, como son los alcaldes, son partidarios de lograr un fuerte cambio en ese partido.
-¿El Nuevo Socialismo va a apoyar la lista del senador Jaime Gazmuri o presentará una nómina independiente en el Comité Central del 23 de abril próximo?
- Los que estamos agrupados en el Nuevo Socialismo queremos formar una lista muy amplia, pues la idea es tener una directiva que exprese un espíritu de apertura, de tolerancia y de inclusión y no de exclusión, como ha sido el tipo de gestión que ha hecho la actual directiva. Estamos en las conversaciones y todo se sabrá el jueves, plazo en que vence la inscripción de las listas.
-¿Pero su tendencia es partidaria de apoyar la candidatura de Gazmuri?
-En el Nuevo Socialismo Jorge Arrate es su líder natural, obviamente que con él estamos abiertos a conversar, pero eso lo veremos después de la elección del Comité Central. Aquí lo que importa es hacer un ejercicio democrático y que busque acompañar un espíritu de trabajo por la ciudadanía, es decir, aplicar el estilo impuesto por nuestra Presidenta Michelle Bachelet.
-¿Cuándo usted dice que el Nuevo Socialismo quiere una mesa donde estén todos los sectores, sería partidario de integrar personas ligadas a Camilo Escalona en una eventual directiva encabezada por su grupo?
-Sí, claro. Nosotros queremos que se exprese la democracia interna del PS, o sea, que se elija el Comité Central y si nuestra lista logra un apoyo mayoritario, evidentemente porque somos democráticos, le vamos a ofrecer a quienes resulten perdedores parte de la dirección, no como lo han hecho los integrantes de la actual directiva.
-¿Usted postulará a alguna vicepresidencia?
- No, porque cualquier postulación mía tendería a personalizar las cosas, en términos de una revancha respecto al último Congreso General de la colectividad, donde no seguí conduciendo el partido.

miércoles, 8 de febrero de 2006

Entrevista a La Tercera: una federacion socialista democratica


El ex presidente del Partido Socialista, Gonzalo Martner, repuso ayer el viejo anhelo de algunos dirigente de la izquierda concertacionista de formar un bloque entre el PS-PPD y el PRSD.
¿Por qué reponer hoy la idea de formar esta federación?
Porque sería dar un salto para constituir una fuerza política de carácter socialista democrático, que sea el instrumento para terminar con la desigualdad en Chile. Y serán las nuevas directivas del PPD y el PS quienes verán si asumen esta tarea.
¿A su juicio, esta federación sería útil para el gobierno de Bachelet?
Sí, porque llegó el momento de estructurar una sólida fuerza socialdemócrata en Chile.
¿Esta "unión" podría transformarse en un "arma de doble filo", pues podría ocurrir un quiebre en la Concertación al marginar a la DC?
La Concertación es algo muy distinto a la derecha, y con la Democracia Cristiana tenemos muchas visiones en común y una gran mayoría de dirigentes de este partido tiene la misma percepción de nosotros en esta materia.
¿Cómo sería la estructura formal de esta federación?
Las directivas de los partidos podrían constituir un consejo que sume, además, a gente de la sociedad civil.
¿Cuál es su evaluación de la actual directiva del PS?
Creo que algunas personas de la directiva tienen una visión centrada en el poder.
¿A quién se refiere?
Hay una elección interna, no tiene sentido descalificar a nadie, pero sí hablar de estilos y hay un estilo claramente, no sólo en el partido socialista, que busca, más allá de proponer o producir cambios en la sociedad, más bien poner a gente en espacios de poder del Estado, es así y no es drama, pero algunos tenemos otra concepción de las cosas.
¿A quién apoyará en las próximas elecciones internas del PS?
Algunos tenemos la idea de que el PS tiene que hacer una gran renovación, para que no haya un estilo -como ha habido- de tener una lucha del poder por el poder. En ese sentido, es bueno que haya una competencia interna, y una lista que reúna a figuras como Jaime Gazmuri, Isabel Allende y rostros del nuevo socialismo, como Jorge Arrate o Sergio Aguiló. Esta es una combinación para ofrecer la conducción del partido que acompañará a Michelle Bachelet.

sábado, 14 de enero de 2006

Entrevista a Gonzalo Martner, El Mostrador


´PS no debe negociar cupos ministeriales porque Bachelet tendrá que decidir' por Susana Jaramillo
Ex timonel socialista no comparte la idea de que los partidos de la Concertación, y en especial el PS, estén formando equipos para negociar los puestos de las reparticiones públicas. En su opinión las presiones y el cuoteo político no corresponden, pues todo debe quedar en manos de la ex ministra. Critica además la 'penosa' actitud de quienes se promueven para ocupar cargos. Gonzalo Martner, ex candidato a senador de la Concertación por la circunscripción de Santiago Oriente y líder del llamado "Nuevo Socialismo", niega en forma rotunda que tenga interés en integrar un equipo negociador al interior del PS para la conformación de un eventual nuevo gobierno concertacionista. A su juicio es impresentable que ello se haga porque Michelle Bachelet conoce muy bien a los hombres y mujeres de su colectividad y por lo mismo esta vez se debe "terminar con el cuoteo político". El ex timonel del PS también considera "penoso" que algunos dirigentes de la Concertación, a través de los medios de comunicación, hagan trascender su interés de postular a tal o cual cargo de gobierno.
Un sello de carácter social
-¿Qué sello debería tener un eventual cuarto gobierno de la Concertación, considerando que esta vez gobernaría una mujer?-
Cada gobierno tiene su sello y yo creo que el de Bachelet seguramente va a tener un carácter social. Esto significa que va a haber un país distinto porque habrá un fuerte rol de la mujer, una reforma al sistema previsional, mayor cobertura preescolar y para el mundo de los trabajadores también habrá cambios significativos. De manera que ese sello social es uno a los que debe aspirar estos cuatro años de gobierno de Bachelet. Además, yo no conozco persona más comprometida contra la desigualdad social que nuestra candidata y eso también dependerá de la creación de condiciones específicas en el ámbito legislativo y político, y la discusión de este tema en los medios de comunicación y en la sociedad en su conjunto.
-Bachelet necesitará un grupo de personas que la acompañe durante los cuatro años de gobierno. ¿Qué cualidades debería tener este nuevo gabinete y quiénes podrían integrarlo?
-Ella tiene el interés y la capacidad de convocar a los mejores y las mejores personas para conducir el Estado. Lo principal que uno quiere de estas mujeres y hombres es el compromiso de impulsar cabalmente el programa de la candidata; que sean capaces de administrar las entidades públicas, que tengan un vínculo fuerte con la sociedad civil y la destreza de entenderse con el Parlamento.
-¿Espera que hayan rostros nuevos en el gobierno?
-Bachelet ha llegado hasta la última parte de este proceso y no ha retrocedido ni un milímetro en sus convicciones y sus compromisos ante el país. Y estoy seguro que establecerá la paridad entre hombres y mujeres, contando con las personas más capaces, y eso lo verá ella una vez que se consolide su victoria este domingo. Esto en un contexto que a veces es un poco penoso porque entra a tallar allí también la promoción de candidaturas para los cargos de gobierno a través de los diarios. Ello no habla bien de quienes los promueven, pues la decisión final la tomará Bachelet.
Rol del PS en el gobierno de Bachelet
-¿Qué rol debe jugar el PS en el eventual gobierno de la socialista?
-Yo vi en la prensa versiones bastante penosas respecto a la conformación de equipos negociadores y en ese sentido tengo una sola posición: si el PS al Presidente Ricardo Lagos le dijo: ‘usted es el que mejor nos conoce y tiene la plena libertad para escoger a quien quiera de nosotros’, lo mismo debe decir nuevamente nuestra tienda y por lo tanto no debe existir ninguna mesa negociadora sino que un mensaje nítido y dejar todo en manos de Bachelet. Esta es la única actitud que debemos tener y nada de mesas negociadoras porque no corresponde.
-Pero tiene que existir alguien al interior del PS que hable con la candidata de esta materia, ya que en un algún momento ella necesitará sugerencias de ciertas personas que puedan cumplir un rol relevante en determinados ministerios o servicios.
-La interlocución para todos los efectos será a través de la institucionalidad del PS. Aquí no corresponde en absoluto ninguna actitud distinta a la que no sea que el PS se ponga a disposición de la candidata y no entre en el juego del cuoteo político. Aquí Michelle conoce muy bien al PS, sus hombres y mujeres competentes para cualquier función a la que ella quisiera convocarlos. No creo que sea prudente entregar ninguna lista de nombres y la interlocución debe hacerse a través de las autoridades del partido.
-¿Espera una posición similar en el resto de los partidos de la Concertación?
-Yo esperaría una actitud semejante, pero es mejor opinar de lo que es propio.
-Al interior de la Concertación se asegura que como la próxima Presidenta es socialista, el PS tendrá que ser más flexible a la hora de negociar y concretar acuerdos con el resto de las colectividades oficialistas. ¿Usted comparte eso?
-A mi juicio este es un gobierno corto y como tal va a tener que gastar muy poca energía en ponerse de acuerdo en su seno y por el contrario deberá focalizar sus prioridades. En ese sentido, el PS deberá tener una sola actitud en orden a entregarle plenos poderes a Bachelet.
-¿Pero no teme a las presiones de los otros partidos?
-No creo que se dé. Lo principal es que todos apoyemos a Bachelet en su gestión porque en Chile existen muchas necesidades. Eso es lo fundamental.

miércoles, 14 de diciembre de 2005

La elección presidencial: partidos y liderazgos


La elección de diciembre de 2005 tiene una característica: se producen importantes distancias en los resultados de los grandes bloques políticos a nivel parlamentario y sus liderazgos presidenciales. Mientras la derecha suma 38,7 % en diputados a nivel nacional, sus candidatos presidenciales suman 48,6 % (25,4% y 23,2% respectivamente). Lavín desborda solo un punto sobre la UDI (fuerza que suma 22,3% del electorado), reduciéndose a representar su partido de origen. En cambio, Piñera agrega 11,3% a los votos de RN (partido que suma 14,1% del electorado). A la inversa, la Concertación logra un 51,8% de los votos a nivel de diputados, mientras Michelle Bachelet obtiene un 46% en la elección presidencial. El pacto Juntos Podemos Más obtiene un 7,4% de los votos y Tomás Hirsch un 5,4% de los mismos.

¿Es esta disparidad una situación nueva? Hay que remitirse a las elecciones de 1989 y 1993, en las que también existió la simultaneidad presidencial y parlamentaria (lo que no ocurrió en 1999). En 1989, la Concertación y la izquierda extraparlamentaria sumadas obtuvieron una votación (56,8%) algo superior a la de Patricio Aylwin (55,2%), candidatura presidencial que ambas fuerzas apoyaron, mientras en la derecha la situación fue de dispersión en dos candidaturas presidenciales (que sumaron 45% de los votos) y 5 listas parlamentarias (que sumaron 42% de los votos). En 1993, en su peor desempeño, la derecha tuvo dos débiles candidatos presidenciales que solo sumaron 30,6% de los votos, mientras su lista parlamentaria ahora unificada sumó un 36,7%. Eduardo Frei obtuvo un 58% y la Concertación una proporción algo inferior (un 55,4%), en su mejor momento histórico. La izquierda extraparlamentaria presentó 3 candidatos presidenciales que sumaron también su mejor registro, con un total de 11,4%, y dos listas parlamentarias que sumaron solo 7,8%. Para completar la descripción, cabe consignar que en primera vuelta en 1989 Ricardo Lagos obtuvo un 48% y en la siguiente elección parlamentaria de 1991 la Concertación obtuvo un 47,8% en diputados.

En suma, estamos frente a un fenómeno bastante novedoso: la distancia de 5,8% entre la Concertación y su candidatura presidencial. Existen en mi opinión dos explicaciones para este fenómeno.
La primera es que en el escenario político actual y futuro una candidatura presidencial DC pierde votos a la izquierda y una progresista pierde votos en parte del electorado moderado y conservador. Ya no es concebible que tan fácilmente una candidatura presidencial de la concertación tenga tantos votos como los que suman los candidatos a parlamentarios de sus partidos.
La segunda razón es que en esta específica elección Sebastián Piñera cosechó en el imaginario colectivo el ensalzamiento que buena parte de las élites hacen hoy de la figura del empresario. Ya no es el intelectual, el artista, el servidor público, el religioso, el dirigente social, el gestor comunitario, el que es valorado por su rol, que incluye una buena dosis de desprendimiento frente a lo material: hoy más de los que debieran no mantienen la necesaria distancia cultural y valórica frente a la codicia y al afán de lucro. No otra cosa es la motivación en la vida de empresarios especuladores como Sebastián Piñera. Que los que hacen de la ENADE el más importante de los escenarios de la vida nacional no se extrañen que por primera vez en Chile un multimillonario rentista obtenga el 25% de los votos.

Para que Michelle Bachelet gane bastaría que en segunda vuelta dos tercios de los que votaron por los candidatos al parlamento de la Concertación lo hagan por Michelle Bachelet. Lo que no es tan fácil de obtener, aunque se puede esgrimir al respecto un sólido argumento: de ganar Piñera, este no tendría sustento parlamentario ni social para gobernar, mientras su propia Alianza está fracturada hace años precisamente a propósito de su controvertida y ambiciosa figura. Y supone que el sistema político concertacionista se cuide de presentar, como con frecuencia algunos han hecho, a los partidos como el resumidero de los desperfectos humanos ni menos contribuir al desprestigio de sus parlamentarios. Con todos sus defectos, que de haberlos los hay, ambos actores han cumplido más que honorablemente sus deberes.
Si además se suma el voto de la izquierda extraparlamentaria, que debiera solicitarse formalmente en nombre de la común lucha antiderechista y del compromiso de hacer todo lo necesario para terminar con el sistema binominal y de gestionar el gobierno con participación y diálogo social, subordinando a la tecnocracia arrogante, entonces solo errores de magnitud debieran impedir el triunfo que lleve por primera vez a una mujer, y a una mujer de gran talento y capacidad, a la Presidencia de la República. Esa es la verdadera innovación y expresión de modernidad y no que gobierne alguien movido por dos de los más antiguos y menos nobles sentimientos humanos: el oportunismo y la codicia.

lunes, 12 de diciembre de 2005

Agradecimientos


Quiero agradecer de manera muy afectuosa a todos los que trabajaron en mi campaña, muchos de ellos con gran sacrificio y con escasos medios, y a todos los que votaron por nuestra opción ayer domingo 11 de diciembre. Es cierto que el resultado es modesto, es decir 74 864 sufragios que equivalen a un 5,7% de los votos, y que algunos a lo mejor se sentirán decepcionados. Por mi parte, expliqué desde el principio que se trataba de una campaña para representar las ideas del mundo progresista y acompañar a Soledad Alvear, que había tenido la generosidad de evitar una confrontación en la Concertación al declinar su precandidatura presidencial. Esa generosidad debía ser correspondida y, no habiendo otros voluntarios, yo me ofrecí para acompañarla.

El objetivo no era obtener el escaño, salvo por la vía del doblaje, lo que a su vez era poco verosímil. El objetivo era no dejar sin representación al mundo progresista y de izquierda en la circunscripción más grande de Chile (en donde además se reeligieron con amplias mayorías los cuatro diputados socialistas y PPD en ejercicio y se eligieron dos más, ampliándose la presencia de 4 a 6 de los 8 distritos) y sobre todo contribuir a la unidad de la Concertación, tan necesaria en estos días. Creo que la tarea está cumplida y estoy contento por eso.

También estoy contento por el hecho que con Soledad Alvear hicimos una campaña muy cordial. Aumentamos la votación de la Concertación del 45,5% obtenido por Alejandro Foxley y Jaime Estévez en 1997 al 49,5% obtenido este domingo, en un contexto en que la derecha mantuvo su votación de 43,7% en una de las circunscripciones que le es sociológicamente más favorable. A su vez, me alegra que haya aumentado el número de votantes, que pasaron de 1.205.857 a 1.314.818 electores.

Participar en esta elección democrática ha sido una gran experiencia. Por eso, reitero mis agradecimientos a todos los que nos apoyaron. Los que deseen mantenerse en contacto podrán hacerlo a través de www.gonzalomartner.blogspot.com y de la futura página www.gonzalomartner.cl.

Ahora a todos nos toca aportar con energía a la tarea de derrotar a la derecha el próximo 15 de enero y elegir Presidenta de Chile a Michelle Bachelet. A eso los invito desde hoy, empezando por estar presentes mañana en el Court Central del Estadio Nacional en Nuñoa. Mientras, un gran abrazo para todos.

miércoles, 7 de diciembre de 2005

Entrevista a Gonzalo Martner, La Segunda


Por Patricia Schüller

¿Cómo está su ánimo a cuatro días de las elecciones?
- Muy bien. Ha sido una gran experiencia.
Gonzalo Martner (48), candidato a senador socialista por Santiago Oriente, y compañero de lista de la DC Soledad Alvear, sonríe ante la pregunta. Remarca que "es primera vez que soy candidato y asumí este desafío para hacer un modesto aporte personal a la unidad de la Concertación". Durante toda su campaña por la circunscripción - la más grande del país, con un millón seiscientos mil electores- el ex timonel del Partido Socialista ha reiterado que, aunque no tenía la voluntad de ser parlamentario, aceptó el desafío de ser compañero de lista de la ex candidata presidencial DC porque "había un deber de responsabilidad política".
Con parsimonia, mientras el sol de la tarde se cuela por la ventana de su oficina en calle Andrews, hace un balance de su campaña y se proyecta al futuro. No le importa demasiado - dice- el resultado que obtenga en los comicios, porque cumplió el objetivo de generar "estabilidad" en la coalición. Claro que el costo ha sido ver menos a sus hijos Antonio (19), Laura (12) y Clara (9).
- Su campaña fue diseñada sobre la base de que asumió el desafío porque nadie más se quería presentar. ¿Eso le restó posibilidad de obtener más votos?
- Sin duda. Si hubiera hecho una campaña competitiva con Soledad Alvear, que es a lo que lleva el sistema binominal, tal vez sacaría bastantes más votos... si reuniera a mi sector y les dijera ¡vamos todos contra los democratacristianos! Pero ello sería contradictorio con el sentido de mi candidatura, que es generar un cuadro de estabilidad y no de complicaciones en la coalición. Y esto no se mide en los votos sino en si se ha contribuido o no a que se fortalezca el conglomerado.
- En 1997 el candidato PS, Jaime Estévez, obtuvo el 21,11% de los votos, a sólo tres puntos del DC Alejandro Foxley. Ahora las encuestas le dan a Ud. un 4,4%...
- Voy a sacar mucho más que eso, pero no nos anticipemos. El tema para mí no es ése. Mi objetivo es que la coalición salga fortalecida en votos. Foxley y Estévez sacaron (juntos) un 45%. Yo aspiro a que con Soledad Alvear logremos en conjunto más que eso.

- En lo personal, ¿fue difícil asumir una candidatura senatorial en estas condiciones?
- Nunca ha estado entre mis objetivos ser candidato a parlamentario ni ser parlamentario. Pero simplemente uno tiene ciertos deberes en política. Fui presidente del PS en momentos en que el partido se jugó por la opción de Bachelet. En consecuencia, me encontré con la sorpresa, bastante inusitada, de que la dirección de mi partido miraba para el techo cuando había una petición expresa por parte de Soledad Alvear de que alguna figura de nuestra organización la acompañara. Dije "bueno, estoy disponible".
-¿Le ha quitado el sueño haber perdido protagonismo político desde que salió de la presidencia del PS?
- Si por protagonismo político se entiende estar en la contingencia cotidiana, no me inquieta en lo absoluto. No soy alguien que se haya sentido cómodo en esa lógica. Lo que me inquietaría es que las ideas que sustentamos retrocedieran en la sociedad.

- ¿Le gustaría integrar un gobierno de Bachelet? ¿Le han ofrecido algo?
- Pienso dedicarme a mi trabajo universitario y militante.

- ¿Pero piensa volver a la dirigencia del PS?
- Mi plan es el trabajo profesional, en la universidad, y el militante. Pero por sobre todo quiero dedicarme a formar a gente joven en las ideas del socialismo.

- ¿Quedó dolido cuando dejó la presidencia del partido?
- Lo que sucedió ahí ya pasó. Lo que hice fue pedir que no se entrase en una etapa de disputa interna por el poder, sino que mantuviésemos la dirección que estaba en ejercicio hasta después de las elecciones presidenciales. Una muy leve mayoría estimó lo contrario. Desgraciadamente, a veces priman las disputas por el poder antes que los grandes desafíos, y eso me dolió, porque ésta fue una inmadurez política y un estilo que no comparto. Pero, bueno, ya ocurrió y hemos seguido para adelante. Hace bastante tiempo, cuando pensaba en la posibilidad de que Michelle Bachelet fuera Presidenta de Chile, reflexionaba que sería difícil. A pocos días de que esto ocurra casi me parece un sueño. Es extremadamente gratificante haber tenido la posibilidad de contribuir con un grano de arena a este proceso.
- ¿Es de los que piensan que Bachelet pasará con Sebastián Piñera a segunda vuelta?
- Aparentemente sí, si es que hay segunda vuelta. Y me parece muy bien, porque el contraste será muy evidente con una persona como Piñera, que tiene una motivación esencial en la vida que es la codicia.
- De lo que ha vivivo en esta campaña, ¿qué lo ha conmovido en lo humano?
- Con la diputada Isabel Allende fuimos invitados a un bingo en La Pintana. Sorteaban un pasaje en un lugar muy modesto para ir en apoyo de un joven que se vio envuelto en una balacera en la que no tenía nada que ver. Fue herido en la médula y quedó parapléjico. Lo conmovedor era la actitud solidaria de los vecinos y constatar la precariedad absoluta que tenían. Este muchacho tiene el grave problema de vivir en un segundo piso y no hay cómo movilizarlo en silla de ruedas. Esto me provocó auténtica congoja. ¿Puede este país atender estas situaciones de una manera humana? Yo digo que es perfectamente posible.

- ¿Y qué le ha ofrecido Ud. a la gente?
- Sólo trabajar por mis valores: libertad e igualdad.

Entrevista El Mercurio

-¿Cuál será su primer proyecto de ley?
El de la creación de la Autoridad Metropolitana de Santiago, para que se encargue de los temas del urbanismo, medio ambiente y transporte. Así, el intendente quedará con las tareas propias del Gobierno central.
-¿El peor momento de la campaña?
Cuando a uno le preguntan por qué está en la actividad política. Me duele profundamente que haya gente que diga que los políticos están para aprovecharse de los ciudadanos, cuando en realidad uno podría estar dedicado a sus asuntos particulares y más tranquilo.
-Sus posibilidades de salir electo son escasas. ¿Fue éste el precio que tuvo que pagar para mantenerse activo en un eventual gobierno de Bachelet?
"En absoluto y para nada. Fui yo el que decidí acompañar a Soledad, porque tuvo la actitud encomiable de deponer su candidatura sin condiciones. Lo mínimo que podía hacer era devolverle la mano. No hay ninguna otra motivación para el futuro. Mis intenciones son dedicarme a fondo a mi condición de profesor universitario y a estar con mi familia".

lunes, 12 de septiembre de 2005

La elección de 2005



La Concertación se presenta ante los ciudadanos con optimismo. Contamos con un Presidente y un gobierno exitosos. Contamos con una coalición que ha renovado su compromiso de ofrecer a los chilenos una candidatura única y un pacto parlamentario que sustente a un nuevo gobierno de progreso para Chile encabezado por primera vez por una mujer, Michelle Bachelet.Se abre una nueva etapa. Superaremos los errores cometidos, porque no debemos ser autocomplacientes. Miraremos el futuro como aquello que todavía no se ha hecho, o no se ha logrado hacer. Y como aquello que debe corregirse cuando no se ha hecho bien.
Los que tenemos convicciones progresistas y de izquierda seguiremos trabajando, por que es nuestra razón de ser, por redistribuir el poder desde los dueños de la riqueza a los trabajadores y los que menos tienen, desde el centro a las comunas, desde los hombres a las mujeres. Y por consagrar para el bicentenario un nuevo Estado Democrático y Social, de participación y de libertades, con una cultura de defensa y promoción de los derechos humanos, con lucha transversal contra las discriminaciones de género, étnicas, de orientación sexual y etáreas, abriendo una nueva etapa de descentralización y terminando con el ilegítimo sistema binominal que no permite como corresponde la representación de todos y los altos quorums en la aprobación de las leyes que protegen los intereses de los privilegiados.
La era de la economía digital y del conocimiento hace posible imaginar el acceso de todos al desarrollo en plazos abordables si se hacen las cosas bien, mediante la extensión de los servicios y bienes públicos, la consagración de nuevos derechos sociales y la redistribución de los ingresos y las oportunidades. La eficiencia en la producción de bienes y servicios debe estar acompañada de la responsabilidad social de las empresas y de la igualdad de oportunidades económicas, especialmente de la micro, pequeña y mediana empresa, con pleno respeto de los derechos de los trabajadores y protegiendo el medio ambiente, con un mayor espacio para la economía social y solidaria. Esto no significa que no haya que cuidar la estabilidad macroeconómica, que entre otras cosas nos permite tener una regla fiscal contracíclica que cautela el gasto social. Una activa estrategia de crecimiento debe fomentar la infraestructura y polos de competitividad con sustentabilidad ambiental y creciente incidencia tecnológica y de innovación, destinada a crear más empleos.Trabajaremos para ampliar la cobertura preescolar, reformar con audacia nuestro sistema educacional para hacerlo más integrado socialmente, con escuelas básicas y medias efectivas y exigentes en base a una mejor convivencia escolar, con pedagogos recapacitados en las disciplinas básicas. Trabajaremos para mejorar la calidad de la educación superior pública, para ampliar el acceso a ella con más créditos y becas y para establecer una certificación rigurosa de la educación privada. Trabajaremos para que en toda familia de bajos ingresos haya al menos un miembro con empleo o beneficiándose de un período de capacitación. Daremos prioridad a la incorporación de la mujer al trabajo (facilitando el acceso a salas cunas y jardines infantiles y al trabajo de tiempo parcial) y a la creación de empleo juvenil. Nuestra afirmación es que el trabajo decente en base a derechos laborales efectivos no es enemigo del empleo, sino que lo fortalece.
Trabajaremos para incrementar la protección social con un fondo solidario en salud, priorizando la salud primaria. Trabajaremos para extender la cobertura de las pensiones, garantizar una tasa de reemplazo apropiada y ampliar la pensión mínima y la asistencial de acuerdo a las posibilidades del país. La reforma a las pensiones deberá introducir un pilar solidario en el sistema. Trabajaremos para incorporar al programa Chile Solidario un sistema de Ingreso Mínimo Familiar que haga realidad que ninguna familia quede al margen de una vida digna.
En el marco de una nueva etapa descentralizadora, trabajaremos por crear una Autoridad Metropolitana para nuestra región y aumentar la calidad de vida y la seguridad, con un urbanismo integrador, con más viviendas sin deuda y nuevos equipamientos colectivos en los barrios, especialmente los de vivienda social, con más cultura, deporte y recreación, extendiendo el plan cuadrante y luchando eficazmente contra la delincuencia y contra las causas de la delincuencia.
En la etapa que viene invitaremos a las chilenas y chilenos a soñar con el futuro más humano, más democrático y más justo que se merecen.

viernes, 9 de septiembre de 2005

Después de la negociación parlamentaria

Terminó la negociación parlamentaria y, por tanto, una de las etapas necesarias del proceso político en curso. No fue bueno lo inutilmente prolongado de un procedimiento enojoso que sustrae decisiones a la soberanía popular y las traslada a las direcciones partidarias, y dicho sea de paso no existiría si nuestro sistema electoral fuera proporcional. No fue bueno el ambiente de división en el campo progresista, tampoco las recriminaciones en la sexta región y la incapacidad demostrada por las directivas partidarias para llegar a acuerdo. Fue bueno que Michelle Bachelet arbitrara la decisión final y demostrara su liderazgo, y sobre todo que esta etapa terminara de una buena vez.
Ahora la tarea es restañar heridas, minimizar roces, terminar de definir la plataforma programática para 2006-2010 y dar una batalla electoral que permita elegir en primera vuelta a Bachelet, y dotar a su gobierno de una mayoría parlamentaria, doblando en el máximo de distritos y circunscripciones.
Las anteriores etapas tampoco fueron fáciles, como la opción por Michelle Bachelet en el Partido Socialista, luego en el bloque progresista, finalmente en la Concertación. La continuidad y sobre todo el cambio que ella representa tuvieron, sin embargo, una invariable adhesión en la sociedad, lo que ha terminado por consagrar su liderazgo no tradicional en la esfera política.En Chile se va abriendo una nueva etapa. No la de Eugenio Tironi, que en una sorprendente entrevista el domingo 11 de septiembre en La Tercera da por terminada una época de la Concertación, que en su imaginación e interés el entendía como supuestamente transversal en tanto articulada por el ...Mapu. Tironi ya termina de confundir sus circunstancias y opciones personales con las realidades de estos años. Creer que la reflexión del PDC y del PS acerca de la crisis de 1973 y la decisión política de ambos partidos de fundar una coalición de gobierno de largo plazo, y que persistan en ello junto a PPDs y radicales más allá de quienes circunstancialmente encabecen sus directivas, no tiene que ver con decisiones históricas capaces de dejar huella prolongada en el tiempo y de reoxigenarse periódicamente, sino con la biografía de 4 o 5 ex militantes del MAPU, es de un narcisismo a estas alturas divertido.Creer que porque en la coalición y en la sociedad son cada vez más mal vistos los ex funcionarios públicos devenidos en lobbystas al servicio de intereses económicos poderosos, entonces la coalición estaría en peligro y el gobierno de Bachelet tendría bases frágiles por ausencia de los mapus que poseen la magia de la transversalidad, es ya risible, a la vez que constituye una ofensa gratuita para los militantes del Mapu que hace ya muchos años se integraron a militar lealmente en otros partidos. Y acusar al bloque progresista de estar envalentonado en sus supuestas reivindicaciones laicas, es simplemente tratar de construir un fantasma para atacar mejor al sector con el que Tironi ya no se identifica...aunque paradojalmente señala que él no tiene problemas en adherir a ambos. En la Concertación hay un centro humanista cristiano y un bloque progresista y de izquierda, cuyo entendimiento es la clave de su existencia y que se construyó desde siempre sin necesidad de intermediarios. Si a Tironi no le fue bien en la precandidatura que apoyó, que saque sus conclusiones sin echarle la culpa al empedrado. Por lo demás no es ningún drama para nadie.
También en este proceso reciente se manifiestan intentos de control aparatista y sectario en el partido de la candidata, episodios como la no renovación de la candidatura parlamentaria de José Antonio Viera-Gallo y otros eventos poco inteligentes, poco serios y destinados al fracaso en cortos plazos, como ya se viene demostrando. Pero eso nada tiene que ver con la siembra de inquietudes que pinta Tironi sobre el futuro de la Concertación.La vocación de poder enfermiza y apolítica de algunos se junta con el individualismo extravagante de otros, pero no son estos árboles que puedan esconder el bosque de un futuro inmediato desafiante y promisorio. Este se basa en el éxito del gobierno del Presidente Lagos, sin perjuicio de sus errores (que, como las brujas, de haberlos los hay). Y también se sustenta en el cambio que poco a poco, pero de manera firme y clara, va desarrollando Michelle Bachelet en los estílos políticos y en las tareas que le plantea a la democracia chilena.
Demos vuelta la página irremediablemente enojosa, mientras no logremos cambiar el sistema electoral, de las negociaciones parlamentarias y trabajemos con entusiasmo para seguir llenando las nuevas páginas de futuro que miles y miles de ciudadanas y ciudadanos están escribiendo, futuro por supuesto innovador pero que rescata y proyecta los valores republicanos de siempre. De ahí su fuerza y consistencia, aunque no falten los pajarillos de mal agüero a los que no hay que permitir instalar malos climas, y menos en primavera.

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