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El discurso de Guillier del 27 de noviembre



En su discurso anoche Alejandro Guillier avanzó en sus definiciones: nueva constitución con convención constituyente y plebiscito si el Congreso la rechaza; reconocimiento de pueblos indígenas; condonación del CAE a 40% de familias más vulnerables; 80% de gratuidad en educación superior en su gobierno y 100% en educación superior técnica; 3% de cotización de salud para fondo universal en salud primaria (que habrá que articular con las garantías GES-AUGE para las patologías que requieren atención hospitalaria); fin del monopolio de AFP en pensiones y nuevo sistema contributivo solidario, junto a varios otros temas (comentario: no encuentro en internet en ninguna parte el texto del discurso que escuché anoche en el teatro para difundirlo; ¡plop!). Con esto se configura un camino de cambios para cuatro años muy sustancial.

Hay quienes dicen que serán oposición de todas maneras a cualquier gobierno futuro. ¿Como así? ¿También a estas medidas? ¿Renuncian a gobernar o a influir en el gobierno? No puedo creerlo.

Me da la impresión que sigue habiendo más bien una explicable desconfianza con los liderazgos que en el pasado reciente han señalizado para un lado y luego girado para el opuesto. Esa actitud de desconfianza es comprensible.

Solo llamo la atención que abstenerse es todo lo contrario de actuar y avanzar. Y que lo importante es hacer los balances para construir para adelante, en un contexto en que la derrota electoral de los emblemáticos de las posturas de la Concertación más conservadoras y acomodaticias con los poderes fácticos y los privilegios es evidente (Ignacio Walker, Andrés Zaldívar, Camilo Escalona, Osvaldo Andrade), que en la DC están primando posturas progresistas o al menos decantándose posiciones y que el Frente Amplio estuvo a dos puntos de pasar a segunda vuelta y tiene una bancada de parlamentarios más numerosa y sólida que los parlamentarios díscolos del pasado. Estas nuevas condiciones hacen posible -junto al avance en la sociedad de la idea de una nueva etapa de avances tranquilos sin vetos de los poderes fácticos- que las propuestas de Alejandro Guillier no sean palabras que se lleva el viento sino una plataforma de cambios efectivos y factibles. Que se hagan realidad no dependerá del espíritu santo ni de profecías ancestrales sino que requerirá primero ganarle a Piñera y estructurar después una agenda gubernamental y legislativa que avance desde el primer día en la dirección delineada ayer y la que emerja de futuros acuerdos y compromisos de todas las fuerzas progresistas. O sea de todos los que no están con la derecha, cada cual en sus respectivos roles y posiciones, pero cooperando y poniendo por delante en la acción política cotidiana lo principal respecto a lo secundario. Con un mínimo de buena fe y de confianza.

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