domingo, 20 de septiembre de 2009
Winnipeg
lunes, 10 de agosto de 2009
La discusión tributaria
Los países desarrollados tienen cargas tributarias que van desde el 27% del PIB (EE.UU., Japón) hasta más del 50% (Suecia, Dinamarca). Los niveles de tributación se explican más bien por las opciones de sociedad a propósito de más o menos bienes provistos por el Estado como educación, salud, pensiones, ayudas sociales, infraestructura, investigación, cobertura de riesgos y más o menos eficiencia en el gasto. En promedio, eso si, la carga tributaria total de los países de la OCDE ha aumentado sustancialmente en los últimos 40 años, pasando de 26% del PIB en 1965 a 30% en 1975 y a 36% en 2005. Esto ha ocurrido no solo porque se han hecho más desarrollados sino que para hacerse más desarrollados: los países que no invierten en bienes públicos se quedan atrás.
En América Latina, países como Brasil y Argentina, con un PIB por habitante a paridad de poder de compra inferior al de Chile en 2009 (Chile: 14 461; Argentina: 14 188; Brasil: 10 154 dólares por habitante, según el FMI) tienen niveles de tributación bastante más altos que los de Chile (Chile: 18,6%; Argentina: 26,8% y Brasil: 33,4% del PIB). La relación entre estos tres países es la inversa de la que se menciona: mientras más bajo el PIB, más alta la carga tributaria, lo que viene a subrayar que este tipo de relaciones mecánicas carece de sentido. Por tanto el nivel de tributos actual en Chile no es el equivalente mecánico a tal o cual nivel de desarrollo, sino a la opción por tener un Estado aún poco desarrollado, aunque recordemos que la presión tributaria (sin cobre) fue llevada a fines de la dictadura a un nivel bajísimo (13,8% del PIB en 1990), que los sucesivos gobiernos democráticos la fueron aumentando (en promedio con Aylwin esta fue de 15,6% del PIB, con Frei de 16,1% y con Lagos de 16,3%), mientras el actual gobierno la ha incrementado desde el 17.0% de 2006 al 18,6% del PIB registrado en 2008.
¿Qué se debe hacer si la opción es avanzar al desarrollo con más educación, salud, seguridad social y también más infraestructura, desarrollo tecnológico y protección del ambiente? Para no poner a nadie nervioso con metas que nos asemejen a los modelos europeos y sus Estados de bienestar (que sin embargo han probado ser hasta acá la mejor combinación entre eficiencia y equidad), o ni siquiera para ambicionar la menos importante protección social de Estados Unidos, ¿no será razonable que Chile avance a mediano plazo al menos a una tasa como la de Corea (25,5% del PIB), que es un país que gasta masivamente en educación y en nuevas tecnologías? Llegar a ser un país moderno simplemente no se puede hacer con el nivel actual de ingresos permanentes del Estado en Chile. Mantener el actual esfuerzo de gasto público y de tributación es mantener, a pesar de los avances, un sistema aún en ciernes de protección social e insuficientes esfuerzos de innovación productiva y desarrollo tecnológico. Es mantener el subdesarrollo.
Existe un conjunto de impuestos que no sólo no dañan la asignación eficiente de los recursos sino que la incrementan. Este es especialmente el caso de los impuestos correctores de externalidades negativas, que transforman en costo privado el costo social en que incurren en sus actividades algunos entes privados. Los impuestos sobre actividades que provocan daño directo a la salud (tabaco, alcohol) o que son contaminantes e intensivas en emisiones de carbono y los que se aplican a la renta de la extracción de recursos naturales corresponden a esta categoría.
Pero la tributación puede tener costos económicos negativos y provocar eventuales distorsiones en los incentivos a los productores y los consumidores. Se suele sobreestimar, sin embargo, estos efectos y postular que un país que posee un mayor nivel relativo de impuestos tendría un menor crecimiento económico. ¿Cuan importantes son estos costos? Para los economistas liberales que se han hecho tan influyentes en base a afirmaciones infundadas -pero bien recibidas por los poderes económicos- serían muy altos, lo que explica su recomendación recurrente y unívoca: el mejor Estado es el residual, que financia pocas actividades para mantener el orden con pocos impuestos. Pero existe suficiente evidencia para afirmar que las economías con mayor expansión en las últimas décadas son las que tienen tributos menos desincentivadores y más gastos públicos que contribuyen al crecimiento, especialmente en infraestructura y recursos humanos, y no los de Estados de menor peso en la economía y tributos más bajos. De hecho, los casos exitosos de países con bajos impuestos que se citan, como Irlanda y los países bálticos, son pequeños y se encuentran hoy en crisis profunda.
Sin duda, no todo gasto público se justifica ni todo impuesto está exento de efectos desincentivantes sobre la actividad económica. Pero la experiencia indica que estos pueden ser disminuidos y compensados por incrementos de eficiencia provenientes de las externalidades positivas que financian. Además, pueden ser asumidos como los costos razonables a pagar por tener mayores grados de equidad. Y el hecho probado es que el gasto público que incrementa el capital físico y humano y las transferencias que disminuyen las desigualdades de ingresos tienen efectos positivos sobre el crecimiento, o en todo caso no lo impiden. Y está probado que la tributación progresiva no impide el crecimiento. Joel B. Slemrod y Jon Bakija, con datos de 1950 a 2002, demuestran que los períodos de fuerte incremento de la productividad coexistieron con las tasas marginales superiores más altas en el impuesto a la renta en la posguerra y que, en promedio, los países de más altos impuestos son los países más ricos.
La afirmación liberal según la cual los impuestos hieren el desempeño económico no tiene entonces base empírica que la sustente. En palabras de Peter Lindert: “Desde hace algunos años, ha habido una creciente brecha entre el registro empírico y una historia que es contada una y otra vez con insistencia creciente. No solo escuchamos que existe el peligro de que redes de seguridad y programas antipobreza basados en impuestos pueden tener altos costos económicos. Nótese cuan frecuentemente se nos dice que los economistas han “demostrado” y “encontrado” que esto es cierto. Estas afirmaciones son frecuentemente un bluf (...). Antes que demostrar o encontrar este resultado, han escogido imaginarlo".
viernes, 3 de julio de 2009
Embajador responde a críticas
Con extrañeza tomó el embajador de Chile en España, Gonzalo Martner, las críticas surgidas tras acompañar ayer al candidato presidencial de la derecha, Sebastián Piñera, en su visita al Presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.
"Lo cortés no quita lo valiente. No veo porque alguien se pueda extrañar que personas que pensamos distinto no podamos tener relaciones de cortesía. Razón por la cual el presidente Rodríguez Zapatero accedió por cortesía y por amistad con Chile a recibir al líder de la oposición. Creo que aquí hay una cierta incultura democrática en todas estas expresiones", declaró a radio Cooperativa.
El ex presidente del Partido Socialista agregó que "con Sebastián Piñera tenemos ideas completamente diferentes. Estoy seguro de que si llega a gobernar, y espero que eso no ocurra, en materia de DDHH lo más probable es que tengamos a (Manuel) Contreras fuera de la cárcel, por ejemplo. Estoy muy seguro que Piñera privatizaría Codelco y eso a mí no me gustaría. Estoy seguro que tendría una política respecto al medio ambiente no muy cuidadosa. También una política de confusión de los negocios y los asuntos públicos".
Martner aclaró que tuvo con Piñera la misma actitud que tuvo con Eduardo Frei, abanderado de la Concertación, al que acompañó en su visita a Rodríguez Zapatero.
"Un embajador de Chile es un cargo que se tiene mientras se cuente con la confianza de la Presidenta, pero soy un embajador de la República, de la diversidad de Chile, de la persona más sencilla hasta la persona más pudiente, de la gente del Gobierno como de la gente de la oposición", aclaró Martner.
"Mi tarea aquí es proyectar la imagen de Chile en toda su diversidad lo mejor posible y que exista el mejor entendimiento en todos los planos posibles", finalizó.
viernes, 26 de junio de 2009
Sobre la progresividad de los impuestos
Publicado como columna de opinión en el diario La Nación.
Han aparecido en Chile en los últimos tiempos, y desde donde aparentemente no debieran, diversas propuestas para eliminar la progresividad del impuesto a la renta. Mientras, en el Reino Unido el primer ministro Gordon Brown ha decidido el incremento de la tasa más alta de este impuesto desde el 40% al 50%. El gobierno del Presidente Rodríguez Zapatero se ha manifestado dispuesto a aplicar una medida de este tipo en su diálogo con otras fuerzas políticas en el parlamento para la aprobación de la próxima ley de presupuestos. El nuevo presupuesto del Presidente Obama incluye, por su parte, retrotraer las rebajas de impuestos a los más ricos realizadas por la anterior administración. A su vez, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) acudirá a las elecciones generales de septiembre con un programa que incluirá un incremento de la tasa máxima máxima del impuesto a la renta del 45% al 47%. Este gravamen, conocido popularmente como "el impuesto de los ricos", se aplica a todos los ingresos anuales superiores a 125.000 euros.
Y es que es el propio Adam Smith (“no es poco razonable que los ricos deban contribuir al gasto público no solo en proporción a su ingreso, sino en algo más que en esa proporción”) el que fundamentó el principio de la progresividad del impuesto en una fecha tan lejana como 1776. El principio de equidad tributaria establecido desde entonces solo se ha puesto en cuestión, en nombre de la eficiencia, en las economías recientemente reconvertidas al capitalismo en diversos países este-europeos.
Así, los ultraliberales modernos buscan una completa “neutralidad tributaria” y la reducción de la política económica y fiscal a su mínima expresión, para dejar al mercado las decisiones económicas fundamentales. Esto fue expuesto, por ejemplo, por Milton Friedman en el marco de su esquema de impuesto negativo como alternativa al Estado de Bienestar en 1962 en su libro "Capitalism and Freedom". Este tipo de ideas han sido rechazadas tanto en Estados Unidos como en Europa Occidental y América Latina, pues, en palabras de Gordon Brown no cabe que “el millonario pague exactamente la misma tasa que una joven enfermera, una trabajadora del hogar o un obrero remunerado con el salario mínimo”. Abandonar la idea de la tributación progresiva a la renta es abandonar una idea central del progresismo (en este caso la redundancia no es casual): que paguen proporcionalmente más impuestos los que tienen más.
Hagamos un poco de historia. El impuesto a la renta se introdujo en la mayoría de los países en los albores del siglo XX. En Chile esto ocurrió a partir de los años treinta. Los que inventaron las tasas altas fueron los anglosajones. En Estado Unidos, entre 1932 y 1980, la tasa aplicable a los muy altos ingresos tuvo un promedio de 80,2%, con cifras comparables en Gran Bretaña. En Europa continental las tasas no han excedido el 60%, lo mismo que en Chile. La ola neoliberal de la era Pinochet, Reagan, Thatcher rebajó por doquier estas tasas. La mayoría de los economistas sigue considerando un instrumento efectivo, o en todo caso mejor que intervenir empresas o fijar precios, la aplicación de tasas altas a los muy altos ingresos como instrumento base de las políticas redistributivas, junto a la progresividad del gasto. En EE.UU, el 81% de los economistas está a favor de la progresividad del impuesto. El economista Thomas Picketty, reputado experto en el tema, propone gravar con altas tasas los ingresos superiores a 1,4 millones de dólares anuales, lo que excluye al 99,5% de la población, pues sostiene que el mercado de trabajo no está funcionando bien para asignar remuneraciones correspondientes a la productividad en el caso de los altos directivos de empresas. Esto se ha puesto de manifiesto en la reciente crisis mundial y en las remuneraciones y primas desmedidas de cuerpos directivos que llevaron a decenas de entidades financieras a la quiebra.
En Chile se señala con razón que las empresas tributan poco y que sus dueños descuentan esos pagos de sus impuestos personales. La idea de incrementar la tasa del impuesto a las empresas tiene fundamento si se considera las necesidades de financiamiento de nuevos esfuerzos sociales en educación, salud, vivienda, pensiones. Pero tiene más fundamento mantener y eventualmente incrementar los impuestos de los ingresos de las personas que son dueñas de las empresas y no de las empresas propiamente tales, pues estas deben poder invertir, innovar, crear empleo y distribuir mejores salarios. El esquema más apropiado debiera ser más bien el de no permitir a los dueños de las empresas descontar (global complementario) sus pagos de impuesto a las utilidades (primera categoría) si las empresas respectivas no cumplen con obligaciones de gasto en capacitación de los trabajadores, despiden más que el promedio, no cumplen metas de reducción de emisiones de carbono o no realizan gastos en investigación y desarrollo. Así se sustituiría múltiples exenciones tributarias poco eficaces y se promovería activamente conductas empresariales socialmente deseables y al mismo tiempo socialmente rentables, mediante el uso inteligente de la política tributaria. La política tributaria no debe ser neutral ni en términos de equidad – y por tanto debe mantenerse una escala de progresividad de al menos 0 a 40% en el impuesto a la renta personal- ni en términos de eficiencia empresarial y de asignación de recursos. Así lo demuestra la experiencia de los países exitosos.
domingo, 14 de junio de 2009
Ética de la convicción y ética de la responsabilidad
sábado, 16 de mayo de 2009
La agenda progresista y la crisis
En homenaje a Claudio Huepe
sido en una fecha próxima a su retorno del exilio. La diferencia de
edad no nos había hecho encontrarnos antes. El tenía ya una dilatada
trayectoria en la política chilena y yo ninguna. Anudar una amistad y
complicidad con él fue dándose en aquella época en que luchar contra
la dictadura suponía especialmente tender puentes y construir
confianzas para conformar, en la visión de algunos de nosotros, pocos,
un gran frente de oposición política y de promoción de la
desobediencia civil masiva para lograr una salida política a la
situación de dictadura.
Esto suena hoy, tantos años después, como algo
más o menos obvio. Sin embargo, no lo era. Los acercamientos los
hicieron gentes de carne y hueso. El país había vivido una gran
división y el derrocamiento del gobierno democrático con su secuela de
represiones sangrientas. Entre las personas de izquierda y las
pertenecientes a la DC había todavía resquemores y desconfianzas.
Claudio Huepe fue de los que jugó un gran papel para producir los
acercamientos. Se había opuesto al golpe, se había confrontado con los
represores, lo que le valió detenciones y exilio, y sobre todo ganó un
gran respeto de todos por su valentía y corrección.
Pero había en Claudio no solo una consecuencia democrática a toda prueba, que ya es
mucho, sino sobre todo un gran calor humano. Me tocó trabajar con él a
lo largo de los años, en la organización de la oposición, en el primer
parlamento postdictadura, en los centros de estudios y de debate, en
el gobierno de Lagos, cuando fue nombrado Ministro. Y siempre la misma
calidez, la misma sencillez y modestia cuando estaba de ciudadano de a
pie que cuando ocupaba altas funciones públicas. Siempre la misma
consecuencia y firmeza, la misma honestidad, la misma capacidad de
reunir gente diversa a compartir. Enterarse desde la lejanía de la
partida de un amigo como éste es duro, confrontado a la certeza de no
volver ya a verlo.
Queda el consuelo de haber conocido a un ser humano
de excepción y queda el recuerdo imborrable de alguien que dejó una
huella de amistad y de fraternidad.
domingo, 12 de abril de 2009
En honor a la verdad
domingo, 5 de abril de 2009
viernes, 20 de marzo de 2009
miércoles, 18 de marzo de 2009
sábado, 7 de marzo de 2009
Chile frente a un mundo en recesión
Publicado en El Mercurio.
El mundo sigue viviendo grandes convulsiones económicas. Desde septiembre de 2008, con la caída de Lehman Brothers, se aceleraron los derrumbes financieros desencadenados en 2007 con la crisis inmobiliaria norteamericana y se produjo una transmisión a la economía real sorprendentemente rápida en todo el orbe. No hubo desacoplamientos de ninguna área de la economía mundial. Los países industrializados entraron en recesión en el último trimestre del año, especialmente Estados Unidos, a un ritmo que ha dejado atónitos a los especialistas en coyuntura económica de los gobiernos, los organismos multilaterales y las agencias privadas. Las grandes economías emergentes, como China e India, desaceleraron sin más su crecimiento.
Para 2009, ya comienza a preverse no sólo una fuerte recesión en el mundo industrializado, sino una posible disminución del PIB mundial, con su secuela de desempleo y de destrucción del tejido productivo. Como nunca, los economistas convencionales han quedado sin discurso y han tenido que admitir que el retorno del Estado -para algunos de modo coyuntural, para otros de modo estructural- es inevitable.
Las respuestas nacionales frente a las crisis bancarias han sido dispersas y no han logrado restablecer el crédito, aunque hayan detenido brotes de pánico, lo que ya es bastante frente a la magnitud de la debacle financiera vivida. Tampoco la ausencia de gobernanza económica mundial ha permitido coordinar los planes nacionales de estímulo fiscal de la demanda, destacando por su magnitud los de Estados Unidos (con un déficit presupuestario previsto de 12% del PIB para 2009, el más alto desde 1942) así como el de China, y por su timidez los de Europa. Aparecen medidas proteccionistas parciales aquí y allá y una contracción generalizada del comercio mundial, lo que no ayuda precisamente a sostener una actividad fuertemente afectada por la caída del consumo. Esto hace indispensables nuevos planes de estímulo fiscal para evitar el desplome de la demanda, aunque su financiamiento de magnitud colosal distraerá parte del ahorro mundial que alimenta los circuitos financieros. Deberán también los gobiernos tomar medidas más radicales de sostén de los sistemas financieros, ahora afectados por el deterioro de la economía real.
En este contexto, se espera mucho de la cumbre del llamado G 20 que tendrá lugar en abril en Londres. En particular, se espera que se sienten allí las bases de una nueva arquitectura de la economía mundial y que emerja un nuevo optimismo en los agentes económicos, que es hoy día probablemente el bien más escaso de todos. Pero tales expectativas difícilmente podrán cumplirse, pues la cumbre llega para algunas cosas muy tarde y para otras muy temprano. Muy tarde para coordinar los planes de rescate financiero y de estímulo fiscal. Y muy temprano frente al hecho de que se habrán cumplido sólo siete meses desde la debacle de la banca de inversión norteamericana y que muchas preguntas no tienen aún respuesta.
¿Podrá el G 20 ir más allá de la condena genérica de los paraísos fiscales y establecer un control sobre la circulación de instrumentos de alto riesgo basados en activos sobrevalorados? ¿Será posible estructurar una supervisión que evite futuras burbujas financieras potencialmente alimentadas por una liquidez abundante hoy provista por los bancos centrales para evitar la depresión? ¿Decidirán los estados regular el conflicto de interés en las agencias de notación y clasificación de riesgos? ¿Estarán en condiciones de regular los hedge funds especulativos y mantener una operación razonable de los fondos de cobertura de cambio y precios de materias primas? ¿Podrán los planes de gobierno ampliar la demanda mundial y contener la violenta caída de los productos y mercados claves para las economías más pequeñas? ¿Podrán asegurar flujos de financiamiento suficientes para estas economías?
En este contexto, es una gran iniciativa la realización en Chile de la Cumbre de Líderes Progresistas. Esta incluirá, por invitación de la Presidenta Bachelet, a parte de los líderes europeos del G 20 y a dos de los tres miembros latinoamericanos de este grupo, Brasil y Argentina. Un país pequeño como el nuestro tiene que estimular y estar presente al más alto nivel en todos los espacios en que se discuta la situación mundial y el futuro del progreso social. Se trata hoy para nosotros de contribuir a alertar sobre los peligros crecientes que entraña la espiral recesiva en curso, de cuya superación pronta depende evitar sufrimientos sociales considerables.
miércoles, 14 de enero de 2009
Reflexiones distantes sobre la reconstrucción de un progresismo de izquierda en Chile
“La peor locura es ver la vida tal como es y no como debiera ser”
Está en cuestión hoy en Chile, por parte de quienes no debieran, el que tenga sentido agrupar y federar a las fuerzas políticas progresistas y de izquierda, las que por lo demás constituyen una mayoría electoral de casi dos tercios de la coalición gobernante, y cerca de un 30% del electorado nacional. Más aún, los que se agruparon en el seno de la Concertación para apoyar a Ricardo Lagos y luego a Michelle Bachelet parecen hoy ni siquiera tener voluntad de existir como proyecto político, sino más bien se proponen sobrevivir como plataformas particulares de administració
Concertación y progresismo
Más allá del balance de su prolongada gestión de gobierno, tema de ineludible importancia que no se abordará aquí, la Concertación es una coalición que mantiene su vigencia porque tiene comunes denominadores, especialmente en el campo de la reivindicació
Cabe constatar, para ser justos, que el debate sobre la articulación entre políticas de crecimiento, de cohesión social y de sustentabilidad ambiental cruza transversalmente a los diversos componentes de la coalición de gobierno y que las posiciones más progresistas y promotoras del interés general por sobre el del poder económico concentrado no son hoy privativas de alguno de ellos en particular. Esto se explica de modo importante, sin embargo, por la reconversión de parte de la élite proveniente de la izquierda a posiciones neoliberales o a actitudes pragmáticas y de connivencia, incluso rentada, con intereses empresariales que influyen hasta hoy decisivamente en el sistema político y en los medios. Decantada y descartada esa reconversión en los partidos PS-PPD y PR (lo que tendrá que ocurrir tarde o temprano) y reconstruido un más amplio cuerpo de ideas económicas críticas, volverá a manifestarse una opción alternativa sólida al neoliberalismo duro de la derecha y blando de sectores de centro, es decir -simplificando mucho- de tipo socialdemócrata. Esta opción se encuentra hoy acallada por el avance del neoliberalismo en las filas tecnocráticas de la Concertación y sus soportes políticos desde 1990 y también, como consecuencia, sobrepasada por el maniqueismo ruidoso de extrema izquierda y sus consignas fáciles allí donde solo son posibles soluciones complejas, maniqueismo a veces sumido en la nostalgia de los socialismos reales y sus economías centralizadas dejadas atrás por la historia o en aspiraciones legítimas pero que no se condicen con la necesidad de realizar opciones y de atenerse al desafío político de responsabilidad que supone gobernar: no se puede querer todo al mismo tiempo.
Una opción económico-social progresista y de izquierda que reemplace la confusión reinante, repitiendo lo señalado en un comentario anterior, no supone desestimular el emprendimiento o proponer a los ciudadanos que todo lo requieran del Estado, sino de valorar la eficiencia económica siempre que sea puesta al servicio de acrecentar la cohesión social y los equilibrios ecológicos. El crecimiento sí, pero con normas de cooperación y reciprocidad para construir una prosperidad con libertades, seguridades y garantías para los que viven de su trabajo, sentidos colectivos, igualdad de derechos y oportunidades, acceso de todos a bienes públicos, al goce de la naturaleza y a incidir en las decisiones administrativas y políticas. Como estamos lejos de una sociedad deseable de esas características, entonces cabe persistir en obtenerla. A esa actitud algunos la llaman “autoflagelació
Se trata de postular con claridad que el gobierno puede estimular el crecimiento incrementando la inclusión de los marginados y la inversión en las capacidades humanas, que es el principal recurso económico. Esto requiere más y mejor gasto público en educación, salud y bienes urbanos, y no menos como proponen los neoliberales. Una economía moderna también requiere tomar riesgos e innovar, pero debe hacerlo logrando una inserción no asimétrica en los mercados mundiales acompañada de una fuerte protección social frente a los riesgos cíclicos de desempleo y marginación, y no menos protección a los más vulnerables. Esto tiene un costo alto para la sociedad que hay que asumir abiertamente, pues mucho mayor es a la larga el costo de la ruptura de la cohesión social y su secuela de menor seguridad y alto gasto en policías y prisiones.
La promoción del desarrollo requiere más y no menos Estado en infraestructura, formación, innovación tecnológica y coordinación de actividades productivas. Requiere incluso de un importante rol empresarial público y en todo caso de fuertes regulaciones para cautelar la explotación racional de recursos naturales, promover nuevas tecnologías, diversificar las fuentes de generación de energía, mantener el buen funcionamiento de las industrias de red y asegurar el financiamiento de la empresa innovadora.
Por otro lado, es no querer ver la realidad desconocer que existen al menos zonas de divergencia entre lo que representa el progresismo históricamente y la DC respecto a la extensión de la laicidad del Estado y de las políticas públicas en temas esenciales. Se trata nada menos que de la educación, en donde hay quienes en la DC consideran positiva la tesis inaceptable para el progresismo y la izquierda de mantener una segmentación educativa radical y otorgar recursos públicos a escuelas que no reconocen derechos republicanos básicos a alumnos y padres –como pensar como quieran- y mantienen barreras a la entrada y discriminaciones –como no aceptar a hijos de padres separados o niñas embarazadas- financiadas con impuestos, todo esto en nombre de la libertad de enseñanza. Y también se trata de la salud reproductiva: no es aceptable en una lógica republicana que haya quienes quieran imponer sin más sus convicciones particulares –respetables- a todos los ciudadanos por sobre las consideraciones de salud pública y la opinión de otros, y que desconozcan los derechos individuales que hacen aconsejable la contracepción públicamente promovida, la distribución gratuita y extendida de la píldora del día después y la despenalizació
Existen también divergencias en otros planos, como en materia de la identidad latinoamericana de Chile, la que es confrontada desde el alineamiento con EE.UU.
Tampoco puede desconocerse el origen e identidad histórica diversos, que ha llevado a los dos componentes principales de la coalición, por ejemplo, a mantener posiciones no siempre coincidentes respecto al abordaje de las consecuencias de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar.
Existen, por tanto, temas sustanciales que unen a las opiniones mayoritarias de los partidos PPD, PR y PS y que los diferencian de la DC, o de sus corrientes dominantes, cuyo reconocimiento y procesamiento constructivo no es ni ofensivo ni contradictorio con la voluntad de mantener un pacto de gobierno común y un respeto por la historia y las posiciones de cada fuerza aliada. La disolución de la identidad progresista de izquierda, que es la que han practicado las direcciones “pragmáticas” del progresismo, en nombre de no incomodar al conservadurismo DC, en nada contribuye a reanimar y proyectar a la Concertación y sobre todo a hacer retroceder a la derecha, que amenaza ya con gran fuerza con conquistar la adhesión de las mayorías por disolución de la que debiera ser su contraparte más fuerte en el sistema político.
La reivindicació
Las convicciones y sueños de una parte sustancial de los ciudadanos, en este caso de los que votan por las fuerzas progresistas y de izquierda, no deben jamás ser utilizadas para la conquista de espacios de poder estatal mediante el cálculo, la maniobra y el disimulo, sino que, en democracia, ser reconocidos y representados responsablemente como tales. Y la lógica posmoderna de adaptarse a la ola del momento, que produzca los mejores resultados de adhesión mediática momentánea, en nombre de la moderación y el elogio de la prudencia o de la provocación transgresora, sin deliberar sobre las opciones en presencia, solo lleva, como se ha demostrado, a la impotencia política.
La humanidad consagró desde el siglo de las luces la necesidad del pensamiento crítico y en nuestro país desde Arcos y Bilbao incubó una antigua tradición libertaria, que más adelante recogió la izquierda chilena en toda su diversidad. Esa tradición tiene continuadores que no han de dejarse amedrentar por la complacencia frente a un estado de cosas que ha mejorado mucho gracias a nosotros mismos y que contrasta sin lugar a dudas con las paupérrimas condiciones de vida de las mayorías en el pasado, pero que nada propone sobre los medios para alcanzar una sociedad más libertaria, cohesionada e igualitaria.
Existe una razón fundamental para la reivindicació
El capitalismo moderno está inmerso en procesos de cambios constantes, algunos de ellos radicales y otros poco perceptibles en el corto plazo. Y a crisis económicas, sociales, ecológicas, demográficas, culturales de creciente intensidad. Es un sistema que puede ofrecer prosperidad para los sectores dominantes y segmentos medios y populares por ciclos a veces prolongados, pero no estabilidad ni menos distribución igualitaria de la riqueza ni respeto por la tierra en que vivimos. Como superar y construir alternativas a la lógica capitalista y sus crisis desestructuradoras desde la promoción del interés general es el campo privilegiado para la acción política progresista y de izquierda, en tanto esta se defina a sí misma con vocación crítica, transformadora, orientada a expandir las libertades, la igualdad de derechos y oportunidades y la responsabilidad con la nuevas generaciones, en naciones con Estados sociales y democráticos de derecho y con vocación de construcción progresiva de espacios de ciudadanía regional y mundial. Y debe actualmente hacerlo en un contexto en el que, siguiendo a Jurgen Habermas, “el equilibrio conseguido en la modernidad entre los tres grandes medios de integración social está en peligro porque los mercados y el poder administrativo expulsan de cada vez más ámbitos de la vida a la solidaridad social, esto es, a un tipo de coordinación social basada en valores, normas y usos lingüísticos orientados hacia el entendimiento. Resulta también en interés propio del Estado constitucional tratar con cuidado todas las fuentes culturales de las que se nutre la conciencia normativa y la solidaridad de los ciudadanos”. (2)
Por eso para el progresismo de izquierda su acción no es solo político-institucional, es también social y cultural, aunque la democracia es el espacio y límite de su acción y nunca debe desconfiar de ella, sino que promoverla incluso en períodos de convulsión y cambio social radical. Por eso desconfía de las izquierdas autoritarias, que no es fácil calificar como fuerzas progresistas: toda izquierda auténtica defiende primero las libertades, incluso como condición para conquistar derechos igualitarios. La izquierda pluralista cultiva la tolerancia de las ideas ajenas, y por tanto está abierta a coaliciones y pactos con otras fuerzas, incluso con fuerzas moderadas de centro y con la izquierda ortodoxa si es útil al movimiento general de progreso social en democracia –aunque es bastante claro que no se puede derrotar a la derecha hoy en Chile con un pacto minoritario de izquierda- y al mismo tiempo debe admitir el carácter estructurante del conflicto, aunque a priori pudiera aparecer como factor de desestabilizació
En este sentido, la defensa republicana del espacio público desde el punto de vista del interés general frente al individualismo negativo neoliberal, los intereses corporativos ilegítimos y el estatalismo invasivo, así como su defensa de la democracia, suponen afianzar los sistemas de separación de poderes y de representació
Cualquier sociedad en la que prevalezca la constante reversión de normas en nombre del incremento de la libertad individual de elegir se irá sumiendo en una creciente desorganizació
domingo, 21 de diciembre de 2008
"Los mejores y más brillantes"
sábado, 13 de diciembre de 2008
Decisiones frente a la crisis
lunes, 8 de diciembre de 2008
¿Economía de Casino o Políticas de Desarrrollo?
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Entrevista en "El Mostrador"
“El género epistolar no me parece un mal método”
El economista y laguista acérrimo está a punto de partir a España como nuevo embajador de Chile en ese país. En esta entrevista analiza la contingencia y es extremadamente cuidadoso al comentar la posición actual del timonel Camilo Escalona, luego del debilitamiento político que le provocó la casi segura bajada de José Miguel Insulza de la presidencial.
Por Pablo Basadre
A 15 días de iniciar una nueva etapa en su carrera política como embajador de Chile en España, el ex presidente del PS habla con El Mostrador sobre la contingencia política y saca cuentas alegres luego de saber que el ex presidente Lagos está dispuesto a presentarse a las primarias que elegirán al candidato de la Concertación. Martner, quien siempre ha levantado el nombre de Lagos, comenta el momento que atraviesa el timonel de su partido, Camilo Escalona, y justifica las condiciones que puso el ex mandatario en su carta al anunciar su disposición para ser candidato. Sobre la nueva moda del género epistolar en la política, dice que le parece un buen método.
-¿Cree que el PS soportaría en estos momentos una fractura como la que vivió hace poco la Democracia Cristiana con la salida de Soledad Alvear?
-Personalmente no le desearía ninguna crisis al PS. Estamos en un momento en el cual, después de las elecciones municipales, se han ido decantando las opciones presidenciales y lo que se necesita ahora es que el partido discuta con su gente muy a fondo las opciones programáticas para el próximo gobierno. Realizar un balance a fondo de los hechos en los últimos años y que se tome una decisión sobre asuntos importantes como un royalty a la actividad minera; si vamos a apoyar una reforma tributaria; una reforma laboral; si vamos a fortalecer o no la educación pública.
-¿Qué opinión tiene de la “operación política” que denuncia un diario por parte del PPD para desbancar al presidente de su partido?
-Creo que aquí hay un medio de comunicación que se especializa en hacernos pelear entre nosotros. En los años ‘60 ya se dijo: El Mercurio miente.
-¿Concuerda con algunos militantes de su partido en que Camilo Escalona está pasando por un momento político complicado, con Insulza prácticamente afuera de la carrera presidencial y calificado de “delirante” por el presidente del PPD, Pepe Auth?
-Como contribución de mi parte a la creación de un nuevo clima interno en el partido, no voy hacer comentarios sobre eso. Dada mi nueva condición de diplomático, con mayor razón.
-¿Cómo observa el juego político en este periodo, sobre todo luego del cambio de Lagos y su apertura a participar en una primaria?
-La Concertación debe tener claro que la derecha puede ganar en la próxima elección, pero si hacemos las cosas bien y tenemos un acuerdo de inclusión con la izquierda extraparlamentaria, podemos ganar nosotros también. Es decir, hay un escenario abierto. Tenemos que ser capaces de convocar a la gente e incluir en una primaria no sólo nombres sino que también temáticas programáticas. Invitar a los ciudadanos y ciudadanas a participar en ese proceso. A mi juicio ese proceso podría implicar no sólo a un millón 300 mil personas, como lo fue la primaria que se realizó hace una década, sino que podría convocar a mucha más gente, un proceso participativo para dirimir programáticamente una candidatura.
El género epistolar y la operación PPD
-¿A su juicio es un error que los principales nombres del llamado progresismo de la Concertación se manifiesten a través de cartas desde París y Washington?
-No, yo tengo otra opinión. Creo que poner las cosas negro sobre blanco tiene un inmenso mérito, pues se hace participe a la gente. Así uno u otro opina y no queda todo encerrado en una declaración rápida o entre cuatro paredes en una reunión. No me parece un mal método. Evidentemente queda una etapa, que tiene que ver con las clarificaciones. Y después vendrá otra, que será innovar, imaginar nuevos mecanismos para poner en manos de la gente las posiciones.
-¿Qué le pareció la carta de José Miguel Insulza? ¿la interpreta como una bajada de la carrera presidencial?
-Las personas saben lo que pienso. Hace dos años y medio dije públicamente que creo que la mejor carta para representarnos en un próximo gobierno es el ex presidente Lagos. Sin embargo, creo que la carta de José Miguel Insulza es un acto de honestidad política, comparto ciento por ciento su apreciación y creo que es muy clarificadora. De una estatura política que, en este caso, una vez más la está demostrando. Extremadamente interesante lo que plantea.
-¿La carta demuestra el daño que algunos afirman le hizo a la carrera presidencial de Insulza la cercanía con el senador Escalona?
-No me corresponde hacer ese juicio. Pero quienes la leyeron pueden sacar sus propias conclusiones.
-¿Qué le parece el senador Eduardo Frei como candidato?
-Es algo que tienen que apreciar quienes desde el mundo de la DC se sienten representados por una u otra figura. El ex presidente Frei es una persona respetable y su candidatura es legítima, como alguien que está afincado en la Concertación. Pero quienes somos parte de la izquierda democrática chilena, que tiene una historia y una tradición distinta, buscamos ser representados por quien forma parte de esa tradición y de esa cultura política.
-¿El escenario de crisis económica a quién le conviene más desde el punto de vista electoral, a Lagos o a Piñera, presentado por la derecha como un gestor de empresas exitosas?
-En primer lugar, Piñera no es un gestor de empresas, es dueño de un amplio portafolio bursátil. Sería muy útil transparentar ante los ciudadanos, por ejemplo, cuánto dinero ha perdido Piñera desde el mes de septiembre de 2008 hasta ahora. Porque él es un jugador de casino y en los casinos se gana, pero también se pierde. Lagos enfrentó una difícil situación que fue recuperar a Chile de la Crisis Asiática y salió fortalecido.
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