sábado, 26 de mayo de 2001

La medicina económica liberal y los hechos


La medicina económica liberal y los hechos


Al cabo de un año de gobierno del Presidente Lagos la oposición cuestiona el fundamento de sus principales políticas. Desde luego, su postura de que las violaciones a los derechos humanos deben ser tratadas en los tribunales es permanentemente impugnada con la tesis de la "solución política", que procura generar las condiciones para la impunidad generalizada frente a crímenes contra la humanidad, que el moderno derecho internacional considera por lo demás, y con razón, inamnistiables e imprescriptibles. En el terreno económico y social, se insiste en que no existe reactivación económica, se hace abstracción de los hechos internacionales, y se postula que esta se encuentra frenada por un problema de expectativas vinculadas a las legislaciones que el Presidente envió al Parlamento en el año 2000: la lucha contra la evasión tributaria, el seguro de desempleo y la ampliación de la negociación colectiva. Se sostiene que cobrar los impuestos (que no es más que hacer cumplir la ley) y encarecer la contratación (de modo marginal en el caso del seguro de desempleo y como posibilidad virtual si se fortalecen los sindicatos) serían factores de detención de muchas decisiones de inversión, de disminución de la creación de empleos y de contención del consumo frente a la incertidumbre.
Este es un discurso repetitivo, que sólo se adapta a las coyunturas pero que no cambia con ellas. La receta es siempre la misma: liberalizar mercados, vender activos estatales y bajar el gasto público, ajena a toda circunstancia de tiempo y lugar, en expansión o en contracción.
Esta visión, contrastada con los hechos, hace emerger la distancia, por no decir el abismo, que separa la certeza de las afirmaciones y la fragilidad de la base empírica que las funda, tanto en el caso de Chile como de otras experiencias en el mundo.
En Chile, la década de los 90 fue la de mayor crecimiento en su historia contemporánea: entre 1990 y 1998, hasta la crisis asiática, el crecimiento fue superior a un 7% al año. Los impuestos no sólo no bajaron sino que subieron y crecieron más que la producción, pasando de un 14,4% a un 17,8% del PIB. El peso del impuesto a la renta, el más impugnado por la derecha, aumentó su proporción de un 2,6% en 1990 a un 4,3% del PIB en 1998. A la vez, se encareció el despido, aumentándose el tope de pago de indemnizaciones, y se aumentó sustancialmente el salario mínimo y los salarios medios, sin que ello impidiera la creación de 970 mil empleos. Por un lado la ideología liberal, por el otro los hechos.
La comparación internacional, a su vez, demuestra que no existe un modelo único ganador, pues la experiencia de cada país es singular. En materia de nivel de tributos y gasto público, los estudios más recientes revelan que los países con mayor crecimiento son los que tienen tributos menos desincentivadores y gastos públicos que contribuyen al crecimiento, especialmente en infraestructura y capital humano (Kneller, Bleaney y Gemmel, Journal of Public Economics, 1999), y no los de Estados más pequeños. Incluso la aplicación de tributos en teoría desincentivadores tiene un impacto no significativo. En Suecia, con un gasto público superior al 50% del PIB, el más alto del mundo, y muy amplias transferencias de seguridad social, financiadas con una tasa marginal de impuesto a la renta de 60%, es no sólo una de las economías más ricas del mundo en términos de PIB por habitante, sino que creció en los últimos tres años más que el promedio de los países industrializados y que muchos países de gobiernos más pequeños que cobran menos impuestos. Por un lado la ideología liberal, por el otro los hechos.
Diversas mediciones econométricas recientes revelan, a su vez, que las variables institucionales (protecciones laborales, salario mínimo, centralización de negociaciones) no tienen el rol esencial que les atribuye la derecha respecto al nivel de desempleo. Según un reciente informe del Consejo de Asesores del Primer Ministro de Francia (que ha conducido, dicho sea de paso, una de las gestiones económicas más exitosas de los países desarrollados y al mismo tiempo ha reducido a 35 horas la semana laboral):
"Los caminos hacia el pleno empleo aparecen como múltiples y algunos son mucho más solidarios que otros. En los países muy centralizados, los choques pueden no afectar el empleo si las negociaciones imponen una moderación salarial. Es lo que podría llamarse la 'flexibilidad solidaria' o negociada. En los países en que, al contrario, las negociaciones son muy descentralizadas, la adaptación es secuencial: empieza por una fuerte reactividad del empleo seguida de una flexibilidad 'externa' de los salarios de los que terminan cesantes. Es lo que podría llamarse la flexibilidad individualista. Ciertas adaptaciones necesarias, como por ejemplo la moderación salarial, tienen más posibilidades de ser comprendidas y aceptadas si son objeto de discusiones centralizadas entre los interlocutores sociales. Dejadas al mercado, su costo en términos de empleo es generalmente muy elevado".
La propia OCDE, organismo técnico de los países industrializados, afirma en un estudio de 1997 que "los países en donde los sistemas de negociación colectiva son más centralizados/mejor coordinados tienen una cierta tendencia, aunque no es siempre estadísticamente significativa, a registrar tasas de cesantía más débiles y tasas de empleo más elevados que los sistemas menos centralizados/menos coordinados". Esta es la razón por la cual economías con mercados de trabajo aparentemente rígidos han atravesado las turbulencias de los últimos treinta años sin conocer el desempleo masivo.
Ha surgido en los estudios recientes un cierto consenso en el sentido que la regulación que protege el empleo tiene poco impacto en el nivel de desempleo, aunque si incide en una menor velocidad de rotación de la mano de obra y una mayor duración promedio del desempleo. A su vez, la mayoría de los estudios revela que una disminución de las prestaciones de los seguros de desempleo es estadísticamente significativa pero tiene un impacto débil sobre el nivel de desempleo. La experiencia muestra que sistemas generosos incluso han podido cohabitar con niveles de desempleo débiles, particularmente en Europa del Norte. Los resultados empíricos tampoco establecen relación directa entre sindicalización y desempleo. Los sindicatos juegan en cambio un rol nivelador en materia de dispersión de salarios. En cuanto al salario mínimo, la evidencia tampoco arroja conclusiones definitivas, en particular en un sector como es el de los jóvenes (los informes que reseñan los estudios en estas materias de Fitoussi, Passet y Fressynet se pueden obtener en www.premier-ministre.gov.fr). En suma, si bien las instituciones pueden jugar un rol en la explicación del nivel y evolución del desempleo, éste parece tan débil que no llega verdaderamente a explicar las diferencias entre países ni las razones de éxito de algunos. Nuevamente, por una lado la ideología liberal, por el otro los hechos.
Una parte importante de las diferencias en materia de empleo surgen de lo que se podría calificar como "reparto social del trabajo". Numerosos países han puesto en marcha medidas de reparto, algunas vinculadas a una concepción solidaria (apoyo a las personas de baja empleabilidad) y otras más explícitamente vinculadas a los mecanismos de mercado (desregulación para autorizar formas de empleo menos protegidas). El reparto del trabajo puede cobrar distintas formas: generalizada y uniforme, a través de disminución en la duración de la jornada laboral (Francia); dual (Holanda, Dinamarca, Suiza, Inglaterra, Noruega, Irlanda) autorizando el fraccionamiento del empleo en ciertas categorías (tiempo parcial de mujeres o jóvenes); intergeneracional (Holanda, Austria), actuando sobre la edad legal para jubilar; focalizada (Noruega, Suiza, Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Portugal), por ejemplo abriendo espacios a los discapacitados.
Finalmente, los estudios recientes demuestran que en materia de desempleo son en definitiva los shocks macroeconómicos los que explican en mayor grado su evolución. Las instituciones juegan más bien un papel en el tipo de reacción de las economías a los shocks, en vez de explicar un determinado nivel de desempleo, lo que es una buena noticia para las instituciones. Después de todo estas últimas mejoran el bienestar remediando las fallas de mercado, especialmente en la seguridad social y la formación de capital humano y social. Son además el reflejo de un contrato social de largo plazo que fortalece los procesos democráticos.
Tiene por tanto razón el Presidente Lagos cuando sostiene que el cumplimiento de las normas tributarias, una mayor protección a los cesantes y un mayor equilibrio en las relaciones laborales no atentan contra el crecimiento. Al revés, el cumplimiento de la ley y una mayor cohesión y cooperación social serán un factor de disminución de las incertidumbres y de incremento de la confianza, con consecuencias positivas para el crecimiento.

sábado, 26 de agosto de 2000

Liberales y progresistas en la Coalición. Entrevista 2001


GONZALO MARTNER: NO HEMOS GOBERNADO PARA PRESERVAR EL MODELO CHICAGOPor Mónica González, asuntospublicos.cl

Fue el subsecretario (de Desarrollo Regional) más joven del Gobierno de Patricio Aylwin. Y a los 44 años sigue siendo el dirigente más joven entre sus pares en muchas de las carreras o desafíos que emprende. Una marca tan fuerte como la vocación política que heredó de su familia. Su padre fue ministro de Planificación (Odeplan) de Salvador Allende, y su abuelo, Daniel Martner, ministro de Hacienda de Arturo Alessandri. Desde que a los 16 años se fue al exilio y se instaló en París, ha caminado un gran trecho junto a otros protagonistas de la renovación socialista y allí ha instalado su centro de pertenencia, identidad política y afectos motores. Doctor en Economía en la Universidad de París, el actual coordinador interministerial del Gobierno de Ricardo Lagos y potencial candidato a la presidencia del Partido Socialista, responde a la propuesta liberal-progresista con un brío en que se percibe una ira mal sofocada y una gran apuesta por la proyección de la Concertación, a la que sin duda se aferra como pocos.


- José Joaquín Brunner afirma que el socialismo ha muerto, que triunfó el capitalismo y que de éste surgen todas las posibilidades de cambio y progreso. ¿Qué opina usted?
- Que está en un equívoco profundo. ¿De qué socialismo habla? Si se refiere al tipo de sociedad que nace de la revolución rusa de 1917, especialmente después que se consagra el dominio de Stalin, si entiende por socialismo un tipo de sociedad donde hay un dominio estatal sobre todos los medios de producción, un sistema de asignación de los recursos económicos de planificación centralizada, una dictadura de partido único de doctrina marxista leninista y de denominación comunista, la versión de Brunner se acota a la del llamado socialismo real, que no tiene nada que ver con el tipo de sociedad que nosotros queremos construir. Aún así, ese tipo de sociedad sigue existiendo. Allí están Cuba y Corea del Norte, porque la situación de China y Viet Nam es diferente por cuanto tienen algunos rasgos de economía de mercado. De manera que, si se refiere a ese socialismo, éste no ha muerto.

-¿Cuál es el socialismo que sigue vigente y no sólo sobrevive?
- Los de tipo social demócrata, que han gozado de muy buena salud en el Siglo XX y siguen gozando de buena salud en el Siglo XXI, lo que molesta a gente como José Joaquín Brunner, que se niegan a conversar acerca de una vertiente que sigue vigente. Desconocer esa realidad es no entender nada de nada de la historia de los movimientos socialistas en el mundo, especialmente en Europa y América Latina. Sostener que esas vertientes del socialismo democrático han muerto, es falso.

- Este debate en Chile se hace gravitante porque en la Concertación surgen opiniones diversas acerca de qué sociedad se quiere construir. ¿La polémica está acotada a las fuerzas de la Concertación o ya instaló vasos comunicantes con la derecha económica y política?
- Nunca me he podido imaginar ni siquiera por un segundo una Concertación que, precisamente por su diversidad, no esté permanentemente debatiendo acerca de las tareas que tiene por delante, los objetivos que persigue y cómo llevarlos a cabo. Es la coalición más amplia en la historia de Chile, con orígenes históricos, ideológicos, culturales muy distintos y en ella es evidente que el debate debe ser permanente.

- Un debate que enriquece la oferta que su coalición hace al país pero que se transforma en parálisis cuando su intensidad, descalificación o ausencia de diálogo real la entrampa al punto que sus principales actores anuncian que se está ante un vacío de proyecto nacional.

- Entre la constatación de una coalición cuyos miembros son distintos y que para trabajar juntos tienen que ponerse de acuerdo, y la parálisis política, hay un paso que no comparto. La Concertación no está paralizada. El tema es otro. Su tarea fue la reconstrucción de la institucionalidad democrática y está en vías de concluir. La propia derecha ha constatado que no puede aspirar a llegar al poder si no se acoge a las cláusulas democráticas. De allí que es muy posible que esa tarea concluya este año o el próximo y la agenda que viene tiene un fuerte acento económico y cultural.


El Fin de Una Etapa Cambia la Naturaleza de la Coalición

- La aprobación de un proyecto de reformas constitucionales marcaría el fin de la transición política y además, el fin de una etapa de la Concertación. Sin batalla épica ni peligro de regresión autoritaria pareciera que a la coalición se le hace difícil ponerse de acuerdo en un proyecto para la democracia cotidiana. ¿Es así?- El fin de una etapa cambia la naturaleza de la coalición que se construyó esencialmente para terminar con la dictadura y determinar las reglas del juego democrático. Los unos y los otros hicimos siempre concesiones en virtud del objetivo mayor.

- ¿Quiénes son los unos y los otros?
- Está el gran partido cristiano de centro y las fuerzas de izquierda encabezadas por el PS. Está también esta articulación del PS con el PPD y el Partido Radical, que no ha sido siempre fácil. Recordemos que el PR ha tenido alianzas políticas por muchos años con el PDC, salvo en el último tiempo. No creo, francamente, que aquí haya un polo de izquierda. Son relaciones que han ido evolucionando y no sobre la base de códigos tradicionales. Básicamente la Concertación representa la alianza entre la izquierda histórica, encarnada por el PS; y el centro DC, más la articulación que desde allí surge con otras fuerzas.

- Ese es un tipo de concesiones,pero hay otras: las que hizo la coalición a la derecha política y económica y también a las FF.AA para poder dar inicio a la transición. ¿Cómo gravitan en el actual debate de la Concertación?
- Ese es otro gran tema porque determinó ni más ni menos que el camino político por el cual hemos transitado estos últimos 11 años. Lo que ocurrió el '88 y el '89 marcó para bien y para mal estos 11 años. Y eso también es otro debate: lo que se hizo bien y mal, lo que prolongó los enclaves... Pero lo importante hoy es asumir que se termina un ciclo, la tarea de reconstrucción de reglas del juego democrático va terminando y la Concertación debe redefinir su capacidad de actuar, junta o no, en el futuro en función de otras tareas: económicas, sociales y culturales. Eso es lo que subyace en el trasfondo del debate: estamos en otro escenario, otro ciclo político y con tareas distintas. Mi opinión es que la coalición va a proyectarse, a perdurar y sobre la base de redefinirse frente a estos otros grandes temas.

- La misión épica de ayer obligó a los miembros de la coalición a deponer todo interés mezquino en función de la gran tarea: terminar con la dictadura. La tarea cotidiana de hoy carece de heroísmo, obliga a sacar identidades, las que aparecen debilitadas. Un flanco que no permite anunciar tan fácilmente que la coalición perdurará.
- Correcto. Hemos entrado a la democracia cotidiana, sin épica. ¡Menos mal! Ni los países ni los seres humanos pueden vivir al borde del abismo por tiempo prolongado. Y precisamente el objetivo de la Concertación fue pacificar a Chile, sacarlo del abismo, ¡y se logró! En los últimos años se han hecho avances notables en la relación cívico-militar. La discusión y las tareas ahora son otras, y el debate no se da en abstracto. Estamos en el inicio de un nuevo Gobierno de la coalición y ése ha sido un factor adicional de suma importancia y que no se puede pasar por alto. Que la coalición haya resistido el paso del liderazgo del gran partido de centro de cultura social cristiana a otro, encarnado por una persona que proviene de la otra gran vertiente que compone la coalición, y que esto haya ocurrido sin que la Concertación se quiebre, es un hecho político de la mayor importancia y, sin embargo, ¡se da por hecho simplemente! Para el PDC no ha sido fácil adaptarse a una nueva situación en la que no tiene liderazgo presidencial en un sistema en que éste es crucial. En consecuencia, es lógico, creo, que la Concertación atraviese por un período de turbulencias.

- Turbulencias que están en su apogeo y se anuncian aún más álgidas.
- Sí, especialmente porque se ha producido en el campo del debate de ideas un tensionamiento excesivo por la irrupción mediática masiva y sistemática de lo que se ha llamado la visión liberal, que busca imponer en la coalición un determinado modo de proceder en el área económica y social. Imponerlo de un modo que rompe la cultura pactista que habíamos construido. Cuando se dice si no se adoptan estas medidas de la agenda económica liberal -que por lo demás es la misma de Alvaro Bardón- es decir, privatizar, bajar impuestos, desregular, no vamos a llegar al desarrollo en el 2010, se está descalificando en forma total las otras visiones que dicen que justamente para llegar al desarrollo se necesita un Estado más activo, más protección social y una adaptación de la sociedad chilena a las nuevas circunstancias de la economía mundial en un nuevo tipo de combinación entre Estado y Mercado.

- La irrupción de la visión liberal podría obedecer a la percepción de que el Presidente Ricardo Lagos no ha adoptado una decisión y lo que se busca es forzarlo a optar. Un segundo elemento de interés es que esta nueva corriente liberal aparece reemplazando al antiguo partido transversal de la Concertación que diseñó la cultura pactista y aseguró la cohesión interna.- Preservar la coalición - la que tiene fuerza y proyecto para hacerlo y además es la única alternativa frente a la derecha-, supone la renovación o reestructuración de la cultura del compromiso. Y cuando una parte alega que, o se hace lo que ellos proponen o se va a la hecatombe, eso atenta en contra de la cultura pactista y la capacidad de ponerse de acuerdo. Más aún cuando parte importante de la vocería de esta visión liberal son quienes en su momento jugaron un rol muy significativo de articulación transversal y de funcionamiento dentro de la coalición y hoy están en posturas extremadamente cerradas y polarizantes.


"La Transversalidad Entendida Como Búsqueda de Acuerdos Reservados se Acabó"

- ¿A quiénes se refiere?
- Me sorprende, por ejemplo, que Edgardo Boeninger, una persona decisiva en este proceso de articulación, sin perjuicio de haber mantenido siempre su identidad y su visión particular, juegue hoy un rol en el Senado sobre la base de no de haber sido electo sino de haber sido nombrado por el Presidente de la República y muchas veces uno se encuentra con un Boeninger trabajando en contra de los proyectos del Presidente. Me parece bastante delicado. Considero muy importante mantener las formas, los respetos y las lealtades que la historia de esta coalición y la fuerza de los lazos que hemos logrado construir en estos años merece. Lo que corresponde es que se expliciten las posiciones de cada cual porque es la única manera de ponerse de acuerdo. La transversalidad entendida como la búsqueda de acuerdos más o menos reservados, se acabó y ya no tiene sentido. Sí lo tiene abrir el debate pero no como una imposición. Eso lleva a la coalición a la ruptura, en circunstancias que en el terreno económico, social y cultural hay mínimos comunes suficientemente importantes como para proyectarse con nueva fuerza.

- Habla de la existencia de mínimos comunes importantes y, sin embargo, el debate se ha vuelto ácido y descalificador a propósito del proyecto de ley sobre la reforma laboral, la evasión tributaria, la ley de divorcio, por citar los últimos. Tienen mayoría en el Senado y hay leyes que no salen de allí por carencia de acuerdo en la coalición oficialista.
- Pero hubo una votación en general sobre la evasión tributaria y la reforma laboral que no se veía evidente. El Seguro del Desempleo también en su momento dio origen a un debate intenso y allí está la ley. El Gobierno tiene una agenda con un fuerte componente económico-social, orientado a señalar que Chile es una economía abierta pero que eso implica deberes para proteger a los más débiles, y avanza paso a paso con la reforma laboral y de evasión tributaria. Ha habido turbulencias, pero nada dramático, ¡se llega a puerto! Estoy convencido que la coalición va a mostrar logros importantes en temas de gran controversia. Esta discusión ha evidenciado que existen temas de la agenda económico-social en donde no ha habido discusión suficiente y se está realizando sin paralizar ni hacer fracasar los proyectos de ley del Presidente Lagos. Sí creo que hay que hacer un reordenamiento...

- Y éste pasa, según algunos, por forzar al Presidente Lagos a que decida con qué visión económica y social de las que están en el centro del debate va a gobernar.
- El Presidente ha sido elegido por la coalición y quiere gobernar con ella hasta el final, por lo que esta petición de que el Presidente opte y se decida es completamente absurda. Y esa es la crítica que le hago a este grupo liberal: un Presidente tiene que arbitrar sobre la base de mantener la coalición.

- Cuando dice que las propuestas de los liberales en lo económico son las mismas de Alvaro Bardón, ¿está dando por hecho de que hay espacio para arbitrar?, ¿o la propuesta de la corriente liberal ya está traspasado la línea de la Concertación y se ha puesto fuera de la coalición?
- Es que son exactamente las mismas posturas que Bardón... Ahora, ningún miembro de la coalición, si es responsable, tiene derecho a pedirle al Presidente, como jefe natural de la coalición, que arbitre en su favor. Sería romper la coalición y con ello le hacen el juego a la derecha y buscan generar un cuadro con una Concertación debilitada, dividida para imponer sus posiciones. El Presidente tiene que arbitrar pero para mantener la cohesión de la coalición. Intentar que el Presidente imponga una visión es propio de alguien que no quiere que siga la coalición y eso hay que decirlo claramente. Pero hay otro tema de fondo, la visión económica liberal al interior de la coalición es sumamente minoritaria. Es cosa de constatar la opinión al respecto en los cuadros representativos de los cuatro partidos que la integran.

- Los militantes de los partidos son cada vez menos, lo que indica que ese termómetro no es muy decidor. Pero, pareciera, que la coalición se encamina a la necesidad de formular un nuevo pacto en el terreno económico-social, un nuevo diseño de metas y tareas y nuevas reglas de cohabitación interna. De lo contrario, se rompe.
- Un pacto de gobierno y no de gobernabilidad. Y el pacto de gobierno se hizo ya con los representantes legítimos de las fuerzas políticas que componen la coalición. Eso se tradujo en un programa de Gobierno y en una acción de Gobierno. Por eso le insisto: este no es un tema de gobernabilidad, esta es una coalición que gobierna.

- Pero existe discrepancia acerca de cómo gobernar. ¿No es paralizante esa disyuntiva?
- Quienes tienen posturas económicas ultraliberales son muy minoritarios en la coalición. A su vez, no cuentan con el apoyo de las estructuras representativas y legítimas de los cuatro partidos de la coalición con representantes en el Parlamento. En consecuencia, esta visión opera sobre la base de las posiciones de algunos parlamentarios. Desde el momento en que la Concertación cuenta -y veremos qué ocurre en marzo próximo- con una mayoría simple en el Senado, dada por el voto de un senador, cualquier senador de la coalición está en condición de condicionar esa mayoría. En consecuencia, el poder de un senador es muy grande. Y si cada senador entiende que es decisivo para todo y va a condicionar la política del Gobierno, entonces ya entramos en otro cuadro que algunos favorecen y estimulan y que otros claramente quisieran establecer.

- ¿Cómo va a enfrentar su partido esta ofensiva liberal?
- En el plano de las ideas, explicitando lo que se quiere hacer y por qué es bueno para Chile. Y en el plano político este debate debe hacerse en el marco de la mantención de los compromisos de la coalición, de sustento del Gobierno, un debate abierto y franco pero con espíritu de pacto. Y si esas condiciones no se cumplen - y me temo que es lo que está detrás de la acción que hemos visto de estos liberales- el debate se va a transformar en una crisis. Del debate de ideas vamos a pasar a una crisis política. Pero como creo que son demasiado minoritarias esas posiciones, eso no debiera ocurrir. Cuando se hacen afirmaciones tan absurdas como que todos los modelos de tipo social demócrata - y de tipo social cristiano- que implican una combinación entre economía de mercado con fuerte protección social, son un fracaso, uno concluye que es gente que tiene una arrogancia extrema y una completa ignorancia respecto de cómo funciona el mundo progresista hoy y el mundo en general. Cuando se dice que debe haber total y completa flexibilidad en los mercados de trabajo, se está afirmando una postura legítima; pero cuando se agrega que si no se hace aquello la economía se va a derrumbar, ¡estamos frente a un debate clausurado desde el inicio!

- Pero intentémoslo. ¿Qué responde usted?
- Lo competitivo no está dado por quién tiene en el corto plazo los costos más bajos, sino por quién tiene la capacidad de agregar valor más significativo. Y eso significa que la relación de comando y obediencia, relación que por mucho tiempo sustentó el tipo de empresa que opera en el mercado, está enteramente cuestionado. Esta visión ultra liberal sólo transmite la necesaria flexibilidad que interviene en la economía del mundo moderno olvidando completamente que las estructuras rígidas, jerárquicas, carentes de toda colaboración entre quienes son dueños de una empresa y quienes trabajan en ella, son cuestiones decisivas para lograr la competitividad. Lo que se busca, finalmente, es imponer normas duras que se traducen en ausencia de toda negociación colectiva, de toda organización sindical y de pleno predominio de quienes son dueños de esas empresas respecto de quienes trabajan en ellas. Una visión arcaica y no moderna.

- La Concertación desde que inició la reconstrucción democrática en 1990 prometió modificar la legislación laboral creada por la dictadura. El proyecto del Gobierno de reforma laboral persigue avanzar en ese camino pero ha sido cuestionado no sólo por la derecha sino por un sector importante de la Concertación. ¿Se puede seguir diciendo que es una posición minoritaria si paraliza los puntos medulares del programa de Gobierno?
- No tienen razón quienes sostienen que encarecer el costo del despido, aumentar los salarios mínimos, favorecer la negociación colectiva para aumentar los salarios implique menos empleos. ¡No es así! Tampoco ha sido la promesa de la Concertación de que volveríamos a la red de protección social del '70, pero sí mayores equilibrios entre empleadores y trabajadores. Y para ello es básico generar condiciones legislativas que favorezcan su organización y su capacidad de negociar en el contexto de la empresa, lo que incluye temas como la adaptación de los horarios de trabajo. El proyecto de ley que se envió tiende a provocar que disminuya el tiempo de trabajo. Es muy importante que Santiago deje de ser la ciudad en la que más se trabaja y con una productividad por hora trabajada de las más bajas del mundo. Los simplismos liberales como "que no haya sindicatos, que no haya protección social, que se trabaje hasta donde sea necesario para que la empresa produzca, un medio ambiente sin regulación porque eso también atenta contra el empleo", ese discurso a la Bardón, es ignorante y contrario a lo que la coalición ha planteado siempre sobre el tema.

- Bueno, ese es el problema, los acuerdos y consensos de ayer ya no rigen. ¿Cómo se resuelve el problema? Si no existen códigos básicos sobre compromisos adquiridos cualquier miembro de la coalición puede sostener lo que quiera sin que se le atribuya falta de lealtad con una mínima identidad "concertacionista".
- A veces las apariencias engañan. Nosotros tenemos varios pactos que nos atan los unos a los otros en el sentido más positivo. Tenemos un compromiso de sostener un gobierno para realizar un conjunto de reformas lo que no impide que los contenidos de esas reformas a veces sean sujeto de controversias. En el cónclave "Santiago I " acordamos una serie de reglas del juego que están firmadas, lo que se traduce en que el Gobierno plantea sus puntos de vistas y si hay una amplia mayoría en torno a ellos, especialmente de los parlamentarios de la Concertación, se entiende que autoriza a todos a invocar una disciplina de coalición que implica que deben deponerse las opiniones distintas. Esas reglas del juego indican que si uno o dos senadores entienden que ellos se van a imponer por sobre los otros, eso no es correcto ni legítimo. Y hasta aquí no ha ocurrido. No se ha bloqueado ni un solo proyecto de ley del Presidente por obra de uno o dos senadores de la Concertación. Lo que sí cabe advertir es que si llegara a ocurrir, eso significaría una crisis importante, pero en el terreno de la democracia, de una gobernabilidad asegurada. ¡Nada dramático!

- Por lo tanto si nada es dramático, esperemos que ocurra...
- Lo digo porque el mensaje mediático de estos liberales es dramático: si no se hace lo que ellos plantean, el país va a la hecatombe y al subdesarrollo. Un discurso imperativo y descalificador.


"No hemos Gobernado Para Preservar el Modelo de los Chicago"
- Entonces, se abre el espacio para el debate abierto y luego vendrá el terreno de las definiciones y acuerdos. ¿Cómo definiría su visión?
- En esta etapa se harán reformas importantes en el terreno económico, social y cultural que aumentarán los grados de cohesión social del país. He sido toda la vida un antiestalinista convencido, pero si el dilema fuera entre ese modelo versus el capitalismo salvaje, entonces no nos estamos entendiendo. Ellos dicen "hemos adoptado el modelo neoliberal, así es la vida, porque el capitalismo triunfó". Eso lo puede decir alguien que en su momento fue partidario de la planificación centralizada. Doctrinarios ultraortodoxos, marxistas leninistas, hoy día son doctrinarios ultras liberales. Así es la vida. Si por mantener el modelo se entiende no ir a la planificación central y a la estatización de los medios de producción, así es muy fácil decir no hay que cambiar el modelo. Lo que digo es otra cosa: hay modelos múltiples que no son los del capitalismo salvaje ni el modelo stalinista de la economía. Bueno, eso es precisamente lo que ha hecho la coalición en los diez años que ha gobernado. El entonces ministro de Hacienda, Alejandro Foxley, fue al Parlamento a subir los impuestos. No hemos gobernado para preservar el modelo de los Chicago, Sergio de Castro y Bûchi. ¡Hemos gobernado para modificarlo y lo hemos hecho! El costo de despedir es más alto y el salario mínimo todos sabemos que es diametralmente más alto. ¡No entiendo lo que dicen!

- La polémica real es por lo que viene y no por lo que se ha hecho, no confundamos más la discusión. Y lo que viene es muy relevante, hace a la esencia del modelo y tiene que ver con qué modificaciones se pueden llevar a cabo en el sistema de AFP, el sistema de Isapres, a la estructura de propiedad de Codelco, Enami y otras empresas estatales. Eso es lo realmente en juego.
- Si bien lo que hemos hecho ha sido relevante, lo que viene efectivamente es más sustantivo, eso no impide constatar que lo que hicimos fue en acuerdo total. Son otros lo que han cambiado de opinión, no nosotros. Y cuando uno conversa estos temas con la mesa directiva del PDC, constata que tampoco ellos han cambiado de opinión y a veces son más radicales que nosotros en defender estas posturas.

- Cuando afirma "son otros los que han cambiado", ¿se refiere a una fuerza que sigue siendo concertacionista?
- No son parte de la derecha porque siguen siendo democráticos. Y eso es muy importante y crucial. Son de derecha en el plano económico-social, y no lo son en el plano cultural. En materia económico-social hay un debate que ha sido polarizado al interior de la Concertación por quienes han adoptado una agenda liberal. Estamos frente a un grupo muy pequeño y minoritario pero que se ve importante porque cuenta con todos los espacios de comunicación para expresarse. No operan a través de un partido, que no lo tienen, sino a través de los medios de comunicación. Y eso es lo que uno considera ilegítimo.

- Muchos de ellos, así como distintos cientistas políticos, coinciden en que este debate en los partidos políticos es casi imposible por su debilitamiento y decadencia.
- Entonces el cuadro es distinto, porque plantear que los partidos políticos son inconducentes no es democrático. La democracia requiere de partidos políticos. Lo otro es el gobierno del Estado a través de caudillos. En la democracia funciona el respeto a las minorías y el derecho de éstas a transformarse en mayorías y para que haya mayorías y minorías se requiere de expresiones organizadas que son los partidos políticos. ¿O va a mandar "El Mercurio" o "La Tercera"? Si hay una corriente liberal en la coalición sería conveniente que se organizara y se expresara como tal.

- En la última elección presidencial la Concertación estuvo a punto de perder. La gente, pareciera, no querer "más de lo mismo". ¿Cuál es la alternativa?
- El programa está ahí y no es más de lo mismo. Es producto de una lectura que tomó en cuenta el creciente malestar en la población y que gatilló un debate en la coalición. Tironi, gran amigo mío, decía el otro día algo así como que son las elites conservadoras - que seríamos nosotros- las que provocamos el malestar de los sectores populares. ¡Y es al revés! Como tenemos sensibilidad social y política y queremos representar a los sectores populares, nos damos cuenta que ese descontento nos exige no sólo una oferta de tasas de crecimiento.

- ¿Cuál es su oferta?
- Una sociedad más igualitaria y más libertaria. Para eso es indispensable una buena tasa de crecimiento, pero esa tasa es un instrumento y no un medio. Asistimos a una enorme confusión entre fines y medios. Existe un fetichismo de los instrumentos, pero son medios para conseguir determinados fines.

- El malestar no amaina, sigue creciendo. ¿Qué se hace?
- El malestar lo percibíamos el '97 y significó que la Concertación perdiera cerca de un millón de votos, lo que algunos consideraron normal porque era propio de las democracias modernas. ¡Y estuvimos a punto de perder la elección presidencial tres años después! De allí mi enorme desconfianza política en los liberales porque nos pueden llevar a grandes fracasos. Ese malestar que se expresa en un millón de jóvenes que no se inscribe en los Registros Electorales es profundo y se ha agravado con la crisis económica. Nuestra principal tarea es salir de esa situación volcándonos con toda nuestra energía y capacidad en atacar el empleo para obtener niveles de desempleo mucho más bajos. En eso está el Presidente Lagos. Luego la tarea se complementa con mayor protección social, para seguir acompañando el proceso de apertura que haga posible que la prosperidad económica se siga expandiendo y se avance hacia una vida cotidiana de los chilenos infinitamente más grata y satisfactoria. Eso es lo que nos parece importante y no esta exigencia por privatizar, cero protección social, desregular y no proteger el patrimonio, por ejemplo de las aguas, donde el Presidente Lagos decidió concesionar las sanitarias en vez de privatizarlas. Una opción por cautelar el interés público hacia el futuro.

- La Concertación termina una etapa, un ciclo y hay redefiniciones importantes pendientes. ¿Cuándo?
- Una redefinición ya se hizo y el programa reformista del Presidente Lagos lo ilustra. Tenemos cinco años por delante para llevarlo a cabo. Quiero ver lo que sucederá cuando una persona pierda su empleo ahora y tenga un sustento mínimo para salir adelante; cuando la reforma laboral permita que haya una mayor fuerza sindical que proteja salarios y otros beneficios...

- ¿Son ustedes los que piden más de lo mismo ahora?
- El Presidente Lagos acaba de ser elegido con un programa de Gobierno que está además expresado en una agenda legislativa clara y precisa. Si a algunos no les gusta el Presidente o la agenda legislativa, ¡es problema de ellos! Aquí hay un Presidente que tiene el mandato del pueblo y de la Concertación que lo apoyó, si por eso se entiende "más de lo mismo" y no les gusta, ¡mala suerte!

miércoles, 1 de diciembre de 1993

La transición inconclusa y las tareas del socialismo


Diciembre 1993

A pocos meses de finalizar el período constitucional del actual gobierno, puede afirmarse que, a pesar de los éxitos en la normalización del clima democrático, en la vigencia de un estado de  derecho, en el crecimiento económico, en la expansión del gasto social, en algunas reformas laborales, en la democratización y descentralización de la administración territorial, en la reinserción internacional, no ha terminado la transición: no vivimos aún en un régimen plenamente democrático.
Los episodios de resistencia del ejército a subordinarse a la autoridad civil, el bloqueo parlamentario en el senado para terminar con los enclaves autoritarios, las dificultades para ejercer justicia en materia de violaciones a los derechos humanos, la persistencia de episodios de censura cultural, así lo demuestran.
Estos factores hacen indispensable una reflexión sobre los desafíos para el próximo período de la concertación y su futuro como coalición del centro y la izquierda democrática, y para el socialismo,  en particular, como fuerza del cambio y la justicia social.

1. EL PROBLEMA DE LA AMNISTIA
No es posible aceptar la idea de una amnistía general. No ha existido expresión alguna de reconocimiento -siquiera política o moral- de los personeros del régimen de Pinochet de su responsabilidad en el rompimiento de la legalidad democrática, en la mantención de una dictadura de 17 años y en la violación múltiple y grave de derechos de las personas. Por ese sólo hecho resulta impensable apoyar una expresión legal de extinción de responsabilidad.
Aunque muchas de las víctimas sobrevivientes experimenten eventualmente sentimientos individuales de perdón, legítimos, lo que la sociedad no puede perder de vista es que las víctimas lo fueron en su condición de militantes de la izquierda o de la oposición y en manos de una represión organizada, calculada, institucional y estatal. Es esta la gravedad histórica del problema.
La tesis de la guerra es insostenible, pues los agentes del Estado actuaron frente a personas con frecuencia simplemente inermes o con medios de resistencia irrisorios, sin respetar por lo demás las leyes de la guerra en materia de tratamiento de los prisioneros. Lo que existió fue un operativo de exterminio de seres humanos por razones ideológicas, con una amplia gama de métodos crueles, lo que el derecho internacional de la postguerra caracteriza como "crímenes contra la humanidad". Que una sociedad admita para sí misma que esos hechos no deben tener una sanción social, en nombre de una reconciliación que muchos conciben como la política del avestruz, puede tener a la larga los peores efectos para la convivencia y la paz civil, incluyendo la prolongación de una acción terrorista de ultra izquierda que quisiera ver en una renuncia moral semejante una fuente de legitimidad. Paz o justicia es en este sentido un falso dilema.
Otra cosa es enfrentar situaciones de hecho del mejor modo posible. No existen las mayorías institucionales que permitan derogar la amnistía de 1978 y por tanto el objetivo a lograr es avanzar todo lo que se pueda en las investigaciones y obtener la responsabilización de quien corresponda en el caso de los desaparecidos. Mientras tanto, debemos seguir sosteniendo la existencia de un delito que permanece. A su vez, el caso Letelier, excluido de la mencionada amnistía, puede ser aquel que haga efectiva la responsabilidad criminal del aparato de la DINA y tener un valor más allá de su mérito específico, al poner en evidencia todo un sistema de represión. En relación a lo posterior a 1978, los juicios deben culminar en las sanciones  correspondientes previstas por las leyes.
El desnudo lenguaje de la fuerza –ilegítimo ciertamente- puede obtener tales o cuales resultados. Lo que no debe poder obtener jamás es la anuencia de los socialistas para toda operación de reivindicación de un golpe de estado y una obsesión represiva de 17 años que sólo pueden ser calificados de régimen inútil y como el más violento de la historia nacional por las .actuales y las futuras generaciones. Del mismo modo los socialistas, a 20 años de septiembre de 1973, con serenidad reiteraremos el reconocimiento de nuestra propia responsabilidad en la situación que permitió la crisis de la democracia. La historia recogerá los errores de quienes no defendimos suficientemente la convivencia democrática, no creímos a priori en que ésta iba a sobrevivir a la tentación golpista de la derecha frente a nuestro proyecto de cambio e incluso enunciamos la tesis de la inevitabilidad de la lucha armada en ese contexto, errores que pagamos duramente y que somos los primeros en reconocer, pues la defensa de la democracia debe hacerse siempre con los medios de la democracia. Pero la historia recogerá sobre todo los horrores de quienes sepultaron nuestras tradiciones constitucionales y que sólo dejaron el poder una vez que pudieron ser derrotados.

2. LAS REFORMAS POLITICAS
La próxima etapa política de la concertación deberá mantener su voluntad de terminar con los senadores designados, con la actual composición del consejo de seguridad nacional, con la actual forma de generación de la corte suprema, con el rol de la justicia militar, con la inamovilidad de los comandantes en jefe y con la legislación que expresa la no sujeción de las FFAA al poder civil. Se deberá mantener la tesis de disminuir los quorum de reforma de la constitución y de aprobación de las leyes orgánicas constitucionales.
También deberá mantenerse como compromiso programático y político concreto con nuestros socios de coalición avanzar en la creación de condiciones de reforma del sistema electoral para establecer uno de carácter proporcional y en el establecimiento de un régimen semipresidencial.  En efecto, a medida que ha ido pasando el tiempo se hace más obvio el interés para todo partido mayoritario de mantener el sistema actual, al sobrerepresentarlo en el parlamento y al permitirle ponerse en situación inmejorable para obtener el apoyo de la coalición a su propio candidato presidencial, el que, a su vez, más allá de la buena voluntad de las partes, refuerza mecánicamente a los candidatos del partido mayoritario. La mantención del compromiso de cambio del sistema electoral debe ser una condición sine qua non de la proyección de la coalición o en su defecto debe concordarse preparar un sistema de varios candidatos presidenciales y una lista parlamentaria en los eventos electorales posteriores a 1993.
Con fuerza semejante debe plantearse el establecimiento de la responsabilidad de un jefe de gobierno distinto del presidente frente al parlamento, encargado de llevar a cabo un programa que cuente con mayoría en la cámara. Debe el presidente en un esquema semipresidencial ejercer el mando en el carácter de jefe del estado, que tenga potestades compartidas con el jefe de gobierno en materia de reformas institucionales, de defensa nacional y de relaciones exteriores y que tenga la facultad de disolver el parlamento. De este modo será posible lograr un sistema más flexible y con más equilibrios institucionales que faciliten la tarea gubernamental y la proyección de la actual coalición.

3. LOS CONTENIDOS DE LA POLITICA ECONOMICA y SOCIAL
Junto a la tarea de culminar la redemocratización, no es posible soslayar que los socialistas aspiramos a establecer una sociedad en la que prevalezcan niveles de justicia social ampliamente superiores a los ya logrados. Chile debe consolidar una economía solidaria, que combine un rol para el mercado y un rol para el Estado. El mercado, con las debidas regulaciones antimonopólicas y protectoras del medioambiente y de los derechos del consumidor, debe tener un rol activo en la producción de bienes y servicios y ayudar a obtener una asignación eficiente y descentralizada de los recursos con adecuadas señales a los productores y los consumidores.
Es universalmente aceptado que el mercado, sin embargo. no puede producir bienes públicos ni corregir las desigualdades sociales, ni proteger el ambiente y que el Estado debe proveer infraestructuras y servicios y asegurarle ingresos mínimos a la población más pobre, interviniendo en los mercados de trabajo y de capital para redistribuir los ingresos y orientar el crecimiento.
Chile debe seguir avanzando hacia una economía solidaria, en la que el mercado opere donde sea posible asignar descentralizada y eficientemente los recursos y el Estado donde sea necesario actuar solidariamente en beneficio del interés general.
Hechas estas definiciones, es necesario clarificar con nuestros socios de coalición dos afirmaciones cuestionables: "el gasto público no debe crecer como proporción del PIB" y "se debe privatizar todo lo privatizable". Respecto al tema de las privatizaciones, las 26 empresas públicas existentes son de las menos numerosas del mundo, con lo cual insistir en su privatización es rayano en la majadería, máxime cuando se ha seguido en diversos casos políticas de asociación con los privados que les dan flexiblidad y capacidades de adaptación. El gran tema en el fondo es Codelco, empresa que debe modernizarse aceleradamente so pena de transformarse en un lastre pero que debe seguir siendo pública por ubicarse en una actividad en la que no sólo existen utilidades empresariales sino también rentas de un recurso natural que pertenecen a la colectividad y se expresan en un sustancial aporte al presupuesto fiscal, sin considerar que por su tamaño es una empresa que produce efectos externos de tal magnitud en la economía que su control público es recomendable.
Por su parte, el gasto público en Chile representa un 24% del PIB, cifra inferior a la de 1984 y muy inferior a la de los países con políticas de protección social. Cabe considerar que el gasto promedio de la CEE sólo en protección social es de 23% del PIB (15% en EEUU y 12% en Japón), por lo demás con un ingreso por habitante 5 a 8 veces superior al chileno. Parece más sensato proponerse metas realistas de crecimiento de la asistencia social y de la ayuda a la inserción (solventadas por el presupuesto) y del gasto en seguridad social (solventado por cotizaciones obligatorias) según cada coyuntura, antes que normas abstractas que en cualquier caso condenarían al país a no alcanzar jamás criterios mínimos de equidad. Volveríamos así al "crecimiento con chorreo" de triste recuerdo y nos apartaríamos de la política de crecimiento con equidad.
Se ha logrado un crecimiento del gasto social de 30% en 4 años, en un contexto de crecimiento de la inversión pública de 38% y del PIB de 27%: ¿la vocación social de la concertación debe quedar en esos límites? La distribución del ingreso ha permanecido con pocas alteraciones. Una cosa es que seamos definidos partidarios de la disciplina fiscal y que la renegociación de la reforma tributaria haya tenido que hacerse mediante concesiones que establecen un límite a los ingresos tributarios del próximo período, y otra muy distinta es no proponerse aprovechar ninguna holgura futura y plantearse una norma de política fiscal perfectamente cuestionable en sí y particularmente desde la perspectiva de la justicia social de largo aliento.
Ello es tanto más relevante si se piensa que es necesario mantener grados importantes de flexibilidad laboral para hacer posible la mantención y aumento de la competitividad de nuestras empresas. Proteger artificialmente a las empresas puede permitir algunos alivios de corto plazo en algún sector productivo pero no garantizar la prosperidad de nuestra economía como requisito esencial para alcanzar mayor justicia social. Lo que no puede existir es un esquema en el cual no haya mayor grado de protección a los trabajadores ni en el mercado laboral ni en los mecanismos de seguridad social. Debemos afirmar que no renunciamos a construir una estrategia económica orientada a establecer la superioridad social del modelo de crecimiento con equidad respecto del modelo neoliberal en tres aspectos claves:
- el grado de seguridad que se ofrece a los ciudadanos contra los riesgos mayores como la enfermedad y la cesantía;
-la reducción de las desigualdades de ingreso y patrimonio y el modo como se corrigen las exclusiones estructurales de los postergados;
- la existencia de mayor movilidad social, es decir de más igualdad de oportunidades de mejoría de las condiciones de vida personal y familiar y de acceso a los bienes materiales y culturales que ofrece la modernidad.

4. LAS ORIENTACIONES DE LA POLITICA INTERNACIONAL
La normalización global de las relaciones exteriores. los logros históricos en los acuerdos con Argentina y Perú han dejado pendiente una definición más clara del tipo de inserción política y económica internacional a la cual debe encaminarse el país.
Cuando se exporta el 35% del PIB y se tiene por herencia histórica una situación estratégica relativamente incómoda, estos temas no son secundarios.
En el mundo de hoy se requiere estabilizar el acceso a los mercados más relevantes y buscar acuerdos con EEUU puede ser beneficioso. Otra cosa es subordinar a ese objetivo -a todas luces difícil de obtener a corto plazo-toda otra iniciativa comercial y de integración. En este sentido, acentuar la búsqueda de acuerdos bilaterales y multilaterales con los países más importantes de la cuenca del Pacífico, con la CE y sobre todo con América Latina debe seguir siendo un propósito de la política exterior chilena. Lograr crecientes esquemas de integración comercial y política con Argentina y Brasil corresponde además plenamente a los intereses nacionales: una nueva fase exportadora de mayor contenido industrial inevitablemente va a sustentarse en la penetración de esos mercados con nuevos productos de mayor valor agregado (como ya viene ocurriendo), a la vez que la relación con los grandes bloques comerciales va a ser políticamente viable sólo si se refuerza una coordinación latinoamericana, global y/o parcial, de mucho mayor envergadura que la actualmente existente. Chile puede y debe jugar allí un rol de gran relevancia.

5. EL CONSERVADURISMO CULTURAL
Un país logra desarrollarse en la medida que dispone de representaciones colectivas que posibilitan dinámicas internas y externas integradoras. De ello se deriva la necesidad de una cultura asentada en la diversidad y complementariedad de los modos de vida en los cuales se sustenta su sociedad, su economía y sus instituciones. Evitar la fragmentación y el conflicto corporativo permanente supone afirmar una cultura de la libertad, de la pluralidad, de la tolerancia. Esta sólo puede a su vez obtenerse a través de la laicidad del Estado, esto es su neutralidad ideológica y religiosa.
La neutralidad ideológica debe entenderse en el sentido de que su acción esté sometida a las reglas del juego democrático, en el que las mayorías gobiernan con respeto de las minorías y de los derechos humanos universalmente consagrados, de modo tal que todas las representaciones que buscan legitimarse ante la sociedad dispongan de igualdad de oportunidades, incluyendo en los medios de comunicación. La neutralidad religiosa implica que ninguna visión del hombre prevalezca por sobre otra en la acción del Estado democrático. La censura a acciones de política de salud pública o de expresiones artísticas en función de convicciones particulares o la negación de la diversidad que subyace en la existencia de diversas formas de racismo hacia los pueblos indígenas e incluso hacia diversos pueblos latinoamericanos, requieren ser rechazados con una fuerza mayor a la que hoy prevalece. Actuar en contra del conservadurismo cultural es una tarea que no puede dejarse para consideraciones de menor alcance o como prioridad adjetiva.

6. LAS OPCIONES POLITICAS DEL FUTURO
El reivindicar la especificidad de las respuestas socialistas frente a los desafíos que enfrenta nuestra sociedad es tal vez la principal tarea que enfrentamos.

No es dramatizar sostener que transformar al PS en un partido más del poder, crecientemente vergonzante de su historia y sus tradiciones, es precipitar su marginalización política y dejar sin expresión política al mundo de los trabajadores y los sectores sociales postergados que aspiran a una sociedad en la que sus intereses estén mejor representados y mejor defendidos. Ello no implica en absoluto no perseverar en nuestra política de inserción en una coalición democrática y progresista amplia: sólo supone hacerlo desde lo que somos, reivindicando lo que somos y defendiendo lo que somos. Nuestro compromiso con un nuevo gobierno de la concertación debe ser sin ambigüedades, pero sobre la base de la suscripción de un contrato de gobierno con contenidos claros y convenidos, en el que nuestras principales reivindicaciones programáticas estén consideradas. Eso es lo que debemos asegurar en las semanas que vienen y no la negociación de meras cuotas de poder.

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