miércoles, 14 de enero de 2009

Reflexiones distantes sobre la reconstrucción de un progresismo de izquierda en Chile

“La peor locura es ver la vida tal como es y no como debiera ser”

Miguel de Cervantes


Está en cuestión hoy en Chile, por parte de quienes no debieran, el que tenga sentido agrupar y federar a las fuerzas políticas progresistas y de izquierda, las que por lo demás constituyen una mayoría electoral de casi dos tercios de la coalición gobernante, y cerca de un 30% del electorado nacional. Más aún, los que se agruparon en el seno de la Concertación para apoyar a Ricardo Lagos y luego a Michelle Bachelet parecen hoy ni siquiera tener voluntad de existir como proyecto político, sino más bien se proponen sobrevivir como plataformas particulares de administración de intereses. Diplomáticamente hablando, el denominado progresismo es hoy un campo de ruinas. Y no porque su electorado lo haya abandonado, lo que por lo demás es siempre una posibilidad propia del proceso democrático, sino porque sus dirigentes no quieren representarlo. Extraño caso de disolución política “desde arriba” que necesitará sucesivos análisis.

Concertación y progresismo

Más allá del balance de su prolongada gestión de gobierno, tema de ineludible importancia que no se abordará aquí, la Concertación es una coalición que mantiene su vigencia porque tiene comunes denominadores, especialmente en el campo de la reivindicación de las instituciones democráticas y de los derechos humanos y en la convicción de que es necesario garantizar universalmente mínimos sociales, que ya es mucho y suficiente como para pactar una combinación de gobierno. Pero ya no puede eludir las diferencias en base a la astucia ni establecer vetos sobre ellas.

Cabe constatar, para ser justos, que el debate sobre la articulación entre políticas de crecimiento, de cohesión social y de sustentabilidad ambiental cruza transversalmente a los diversos componentes de la coalición de gobierno y que las posiciones más progresistas y promotoras del interés general por sobre el del poder económico concentrado no son hoy privativas de alguno de ellos en particular. Esto se explica de modo importante, sin embargo, por la reconversión de parte de la élite proveniente de la izquierda a posiciones neoliberales o a actitudes pragmáticas y de connivencia, incluso rentada, con intereses empresariales que influyen hasta hoy decisivamente en el sistema político y en los medios. Decantada y descartada esa reconversión en los partidos PS-PPD y PR (lo que tendrá que ocurrir tarde o temprano) y reconstruido un más amplio cuerpo de ideas económicas críticas, volverá a manifestarse una opción alternativa sólida al neoliberalismo duro de la derecha y blando de sectores de centro, es decir -simplificando mucho- de tipo socialdemócrata. Esta opción se encuentra hoy acallada por el avance del neoliberalismo en las filas tecnocráticas de la Concertación y sus soportes políticos desde 1990 y también, como consecuencia, sobrepasada por el maniqueismo ruidoso de extrema izquierda y sus consignas fáciles allí donde solo son posibles soluciones complejas, maniqueismo a veces sumido en la nostalgia de los socialismos reales y sus economías centralizadas dejadas atrás por la historia o en aspiraciones legítimas pero que no se condicen con la necesidad de realizar opciones y de atenerse al desafío político de responsabilidad que supone gobernar: no se puede querer todo al mismo tiempo.

Una opción económico-social progresista y de izquierda que reemplace la confusión reinante, repitiendo lo señalado en un comentario anterior, no supone desestimular el emprendimiento o proponer a los ciudadanos que todo lo requieran del Estado, sino de valorar la eficiencia económica siempre que sea puesta al servicio de acrecentar la cohesión social y los equilibrios ecológicos. El crecimiento sí, pero con normas de cooperación y reciprocidad para construir una prosperidad con libertades, seguridades y garantías para los que viven de su trabajo, sentidos colectivos, igualdad de derechos y oportunidades, acceso de todos a bienes públicos, al goce de la naturaleza y a incidir en las decisiones administrativas y políticas. Como estamos lejos de una sociedad deseable de esas características, entonces cabe persistir en obtenerla. A esa actitud algunos la llaman “autoflagelación”, cuando se trata simplemente de poseer una necesaria y humana mirada crítica y algo de optimismo histórico, de aquel que lleva a creer que se puede vivir en una sociedad mejor.

Se trata de postular con claridad que el gobierno puede estimular el crecimiento incrementando la inclusión de los marginados y la inversión en las capacidades humanas, que es el principal recurso económico. Esto requiere más y mejor gasto público en educación, salud y bienes urbanos, y no menos como proponen los neoliberales. Una economía moderna también requiere tomar riesgos e innovar, pero debe hacerlo logrando una inserción no asimétrica en los mercados mundiales acompañada de una fuerte protección social frente a los riesgos cíclicos de desempleo y marginación, y no menos protección a los más vulnerables. Esto tiene un costo alto para la sociedad que hay que asumir abiertamente, pues mucho mayor es a la larga el costo de la ruptura de la cohesión social y su secuela de menor seguridad y alto gasto en policías y prisiones.

La promoción del desarrollo requiere más y no menos Estado en infraestructura, formación, innovación tecnológica y coordinación de actividades productivas. Requiere incluso de un importante rol empresarial público y en todo caso de fuertes regulaciones para cautelar la explotación racional de recursos naturales, promover nuevas tecnologías, diversificar las fuentes de generación de energía, mantener el buen funcionamiento de las industrias de red y asegurar el financiamiento de la empresa innovadora.

En contraste con la propuesta económica de libre mercado y su profunda crisis, pues ha quedado demostrado con la catastrofe financiera de 2008 una vez más que los mercados de capital y del trabajo no se autoregulan, el progresismo de izquierda tiene hoy en el mundo una agenda que no solo ofrece una posibilidad de mayor crecimiento sino también una posibilidad de mayor justicia social que la que provee la ley de la selva de los agentes económicos librados a su suerte. ¿Es posible concordar este tipo de postulados con la DC? Probablemente sí, pero en base a un debate claro sobre los enfoques en competencia en la coalición: el socialdemocrata y el neoliberal.

Por otro lado, es no querer ver la realidad desconocer que existen al menos zonas de divergencia entre lo que representa el progresismo históricamente y la DC respecto a la extensión de la laicidad del Estado y de las políticas públicas en temas esenciales. Se trata nada menos que de la educación, en donde hay quienes en la DC consideran positiva la tesis inaceptable para el progresismo y la izquierda de mantener una segmentación educativa radical y otorgar recursos públicos a escuelas que no reconocen derechos republicanos básicos a alumnos y padres –como pensar como quieran- y mantienen barreras a la entrada y discriminaciones –como no aceptar a hijos de padres separados o niñas embarazadas- financiadas con impuestos, todo esto en nombre de la libertad de enseñanza. Y también se trata de la salud reproductiva: no es aceptable en una lógica republicana que haya quienes quieran imponer sin más sus convicciones particulares –respetables- a todos los ciudadanos por sobre las consideraciones de salud pública y la opinión de otros, y que desconozcan los derechos individuales que hacen aconsejable la contracepción públicamente promovida, la distribución gratuita y extendida de la píldora del día después y la despenalización del aborto terapéutico y en caso de violación. Los conservadores en la Concertación se niegan a aceptar que no puede vetarse el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo cuando así lo aconseje la salud física y mental de las mujeres, antes del desarrollo del embrión. Los conservadores en la coalición tampoco aceptan la libertad de preferencia sexual y el respeto que todo ser humano merece, y su derecho, además, a establecer uniones civiles. El derecho a no ser arbitrariamente discriminado en materia sexual, étnica, de género o social es parte de la reivindicación histórica del progresismo y no es ofender a nadie así señalarlo, reivindicarlo y promoverlo, sin aceptar vetos.

Existen también divergencias en otros planos, como en materia de la identidad latinoamericana de Chile, la que es confrontada desde el alineamiento con EE.UU.

Tampoco puede desconocerse el origen e identidad histórica diversos, que ha llevado a los dos componentes principales de la coalición, por ejemplo, a mantener posiciones no siempre coincidentes respecto al abordaje de las consecuencias de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar.

Existen, por tanto, temas sustanciales que unen a las opiniones mayoritarias de los partidos PPD, PR y PS y que los diferencian de la DC, o de sus corrientes dominantes, cuyo reconocimiento y procesamiento constructivo no es ni ofensivo ni contradictorio con la voluntad de mantener un pacto de gobierno común y un respeto por la historia y las posiciones de cada fuerza aliada. La disolución de la identidad progresista de izquierda, que es la que han practicado las direcciones “pragmáticas” del progresismo, en nombre de no incomodar al conservadurismo DC, en nada contribuye a reanimar y proyectar a la Concertación y sobre todo a hacer retroceder a la derecha, que amenaza ya con gran fuerza con conquistar la adhesión de las mayorías por disolución de la que debiera ser su contraparte más fuerte en el sistema político.

La reivindicación de las ideas libertarias, progresistas y de izquierda

Las convicciones y sueños de una parte sustancial de los ciudadanos, en este caso de los que votan por las fuerzas progresistas y de izquierda, no deben jamás ser utilizadas para la conquista de espacios de poder estatal mediante el cálculo, la maniobra y el disimulo, sino que, en democracia, ser reconocidos y representados responsablemente como tales. Y la lógica posmoderna de adaptarse a la ola del momento, que produzca los mejores resultados de adhesión mediática momentánea, en nombre de la moderación y el elogio de la prudencia o de la provocación transgresora, sin deliberar sobre las opciones en presencia, solo lleva, como se ha demostrado, a la impotencia política.

La humanidad consagró desde el siglo de las luces la necesidad del pensamiento crítico y en nuestro país desde Arcos y Bilbao incubó una antigua tradición libertaria, que más adelante recogió la izquierda chilena en toda su diversidad. Esa tradición tiene continuadores que no han de dejarse amedrentar por la complacencia frente a un estado de cosas que ha mejorado mucho gracias a nosotros mismos y que contrasta sin lugar a dudas con las paupérrimas condiciones de vida de las mayorías en el pasado, pero que nada propone sobre los medios para alcanzar una sociedad más libertaria, cohesionada e igualitaria.

Existe una razón fundamental para la reivindicación de las ideas progresistas y de izquierda, que no es otra que la permanencia de la tarea de defensa y promoción de los valores de la libertad y la igualdad de derechos y oportunidades y la construcción de un orden político republicano basado en la no dominación de los ciudadanos con dos principios que nos sirvan de guía, siguiendo a Philip Pettit: "primero, un principio constitucional-democrático según el cual el Estado debe estructurarse de forma que el poder público o imperium no sea dominador; y, segundo, un principio socialdemócrata según el cual el Estado debe plantearse como objetivo la reducción de la dominación que conlleva el poder privado o dominium. El Estado debería actuar para proteger de la dominación privada y debería estructurarse para prevenir la dominación pública. El proyecto neorepublicano debe trasladar dichos principios a diseños institucionales específicos que faciliten el control cívico del poder público, y también a políticas públicas concretas que persigan el establecimiento de un orden social en el que incluso los ciudadanos más pobres puedan exigir el respeto de sus conciudadanos, siendo conscientes de no estar a merced del poder privado en los ámbitos básicos de decisión humana."(1)

El capitalismo moderno está inmerso en procesos de cambios constantes, algunos de ellos radicales y otros poco perceptibles en el corto plazo. Y a crisis económicas, sociales, ecológicas, demográficas, culturales de creciente intensidad. Es un sistema que puede ofrecer prosperidad para los sectores dominantes y segmentos medios y populares por ciclos a veces prolongados, pero no estabilidad ni menos distribución igualitaria de la riqueza ni respeto por la tierra en que vivimos. Como superar y construir alternativas a la lógica capitalista y sus crisis desestructuradoras desde la promoción del interés general es el campo privilegiado para la acción política progresista y de izquierda, en tanto esta se defina a sí misma con vocación crítica, transformadora, orientada a expandir las libertades, la igualdad de derechos y oportunidades y la responsabilidad con la nuevas generaciones, en naciones con Estados sociales y democráticos de derecho y con vocación de construcción progresiva de espacios de ciudadanía regional y mundial. Y debe actualmente hacerlo en un contexto en el que, siguiendo a Jurgen Habermas, “el equilibrio conseguido en la modernidad entre los tres grandes medios de integración social está en peligro porque los mercados y el poder administrativo expulsan de cada vez más ámbitos de la vida a la solidaridad social, esto es, a un tipo de coordinación social basada en valores, normas y usos lingüísticos orientados hacia el entendimiento. Resulta también en interés propio del Estado constitucional tratar con cuidado todas las fuentes culturales de las que se nutre la conciencia normativa y la solidaridad de los ciudadanos”. (2)

Por eso para el progresismo de izquierda su acción no es solo político-institucional, es también social y cultural, aunque la democracia es el espacio y límite de su acción y nunca debe desconfiar de ella, sino que promoverla incluso en períodos de convulsión y cambio social radical. Por eso desconfía de las izquierdas autoritarias, que no es fácil calificar como fuerzas progresistas: toda izquierda auténtica defiende primero las libertades, incluso como condición para conquistar derechos igualitarios. La izquierda pluralista cultiva la tolerancia de las ideas ajenas, y por tanto está abierta a coaliciones y pactos con otras fuerzas, incluso con fuerzas moderadas de centro y con la izquierda ortodoxa si es útil al movimiento general de progreso social en democracia –aunque es bastante claro que no se puede derrotar a la derecha hoy en Chile con un pacto minoritario de izquierda- y al mismo tiempo debe admitir el carácter estructurante del conflicto, aunque a priori pudiera aparecer como factor de desestabilización. La estabilidad democrática se obtiene con la legitimación de la representación de intereses contradictorios, no con su negación, y con mecanismos de deliberación sobre su pertinencia para alcanzar decisiones informadas sobre las opciones en presencia. Los sistemas políticos son más fuertes cuando las opciones existentes se ponen en juego antes que anularse mutuamente, normalmente en beneficio de los privilegios constituidos.

En este sentido, la defensa republicana del espacio público desde el punto de vista del interés general frente al individualismo negativo neoliberal, los intereses corporativos ilegítimos y el estatalismo invasivo, así como su defensa de la democracia, suponen afianzar los sistemas de separación de poderes y de representación para cautelar el pluralismo y evitar la concentración de poder. La visión progresista de lo público es al mismo tiempo una visión de desconcentración del poder y su difusión en diversos órganos estatales, especialmente territoriales, y su control por la sociedad, así como promotor de mecanismos periódicos y amplios de concertación entre gobierno, trabajadores, usuarios y empresarios para deliberar sobre las opciones de política pública en materia económico-social.

Cualquier sociedad en la que prevalezca la constante reversión de normas en nombre del incremento de la libertad individual de elegir se irá sumiendo en una creciente desorganización. Estará cada vez más atomizada y aislada y será en consecuencia incapaz de llevar a cabo tareas conjuntas y de alcanzar objetivos comunes, con el consiguiente incremento de la criminalidad, de las familias desestructuradas, de vecinos no solidarios y de ciudadanos que optan por marginarse de la vida pública.

La sociedad de mercado y el capitalismo como dominación del poder privado deben y pueden ser reemplazados por una sociedad plural, con un espacio público fuerte, con ciudadanos con derechos, en el que la economía y el mercado se subordinen al interés general y a la sustentabilidad democrática, social y ambiental del desarrollo. Ideas como estas u otras semejantes podrían sin dificultad expresarse en una plataforma programática para 2010-2014, con sus respectivos desarrollos políticos y técnicos, si es que los interesados en desarrollar una fuerza progresista y de izquierda en Chile aún existen. Pero ese ya es otro tema.



[1] Philip Pettit, Examen a Zapatero. Balance del gobierno socialista, Ediciones Temas de Hoy, 2008.

[2] Jurgen Habermas, Entre Naturalismo y Religión, Ed. Paidós, 2006.

domingo, 21 de diciembre de 2008

"Los mejores y más brillantes"

Si alguien quisiera listar eventuales méritos del capitalismo, como su propensión a acumular, entre estos con certeza no se encontraría el de su capacidad de autoregulación financiera ni su estabilidad productiva. De acuerdo a Galbraith, los desastres financieros en las economías de mercado se olvidan con rapidez, y la siguiente generación “plena de juventud y siempre con una enorme confianza en sí misma” vuelve a tropezar con la misma piedra. Por ejemplo en los últimos veinte años. Seguir leyendo

sábado, 13 de diciembre de 2008

Decisiones frente a la crisis

Al tiempo que la crisis financiera mantiene grandes incertidumbres y la economía real de los países industrializados ha entrado en recesión en el cuarto trimestre de 2008, se perfilan las diversas respuestas gubernamentales a la crisis de la economía mundial. El gobierno chino anunció un plan de mantención de la actividad para dos años del orden de 8% del PIB por año mediante la realización de grandes obras de infraestructura. El presidente electo Obama prepara su plan a ser puesto en práctica luego de asumir el 20 de enero de 2009. Mientras, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete países de la Unión Europea han aprobado el 11 de diciembre de manera genérica dedicar el 1,5% del Producto Interno Bruto, unos 270.000 millones de dólares, a reactivar la economía, especialmente en apoyo al sistema financiero, al sector automotriz y en inversión en infraestructura y en energías renovables. Seguir leyendo

lunes, 8 de diciembre de 2008

¿Economía de Casino o Políticas de Desarrrollo?

En el mundo se vive una crisis que no es solo financiera y económica, y muy grave, sino también el cuestionamiento de un modo de entender el desarrollo económico y social que se hizo injustificadamente hegemónico en la parte final del siglo pasado. Desde que Pinochet, Thatcher y Reagan hace ya 30 años llevaron a la práctica las ideas hasta entonces relativamente marginales de Von Hayek y Friedman, se ha producido una ola neoliberal en el mundo de vastas consecuencias, con sus políticas de privatización, desregulación y jibarización del gasto en servicios públicos promovidas por diversos gobiernos y los organismos multilaterales de financiamiento.  Seguir leyendo


miércoles, 19 de noviembre de 2008

Entrevista en "El Mostrador"

Gonzalo Martner y las turbulencias en el PS
“El género epistolar no me parece un mal método”

El economista y laguista acérrimo está a punto de partir a España como nuevo embajador de Chile en ese país. En esta entrevista analiza la contingencia y es extremadamente cuidadoso al comentar la posición actual del timonel Camilo Escalona, luego del debilitamiento político que le provocó la casi segura bajada de José Miguel Insulza de la presidencial.

Por Pablo Basadre

A 15 días de iniciar una nueva etapa en su carrera política como embajador de Chile en España, el ex presidente del PS habla con El Mostrador sobre la contingencia política y saca cuentas alegres luego de saber que el ex presidente Lagos está dispuesto a presentarse a las primarias que elegirán al candidato de la Concertación. Martner, quien siempre ha levantado el nombre de Lagos, comenta el momento que atraviesa el timonel de su partido, Camilo Escalona, y justifica las condiciones que puso el ex mandatario en su carta al anunciar su disposición para ser candidato. Sobre la nueva moda del género epistolar en la política, dice que le parece un buen método.

-¿Cree que el PS soportaría en estos momentos una fractura como la que vivió hace poco la Democracia Cristiana con la salida de Soledad Alvear?

-Personalmente no le desearía ninguna crisis al PS. Estamos en un momento en el cual, después de las elecciones municipales, se han ido decantando las opciones presidenciales y lo que se necesita ahora es que el partido discuta con su gente muy a fondo las opciones programáticas para el próximo gobierno. Realizar un balance a fondo de los hechos en los últimos años y que se tome una decisión sobre asuntos importantes como un royalty a la actividad minera; si vamos a apoyar una reforma tributaria; una reforma laboral; si vamos a fortalecer o no la educación pública.

-¿Qué opinión tiene de la “operación política” que denuncia un diario por parte del PPD para desbancar al presidente de su partido?

-Creo que aquí hay un medio de comunicación que se especializa en hacernos pelear entre nosotros. En los años ‘60 ya se dijo: El Mercurio miente.

-¿Concuerda con algunos militantes de su partido en que Camilo Escalona está pasando por un momento político complicado, con Insulza prácticamente afuera de la carrera presidencial y calificado de “delirante” por el presidente del PPD, Pepe Auth?

-Como contribución de mi parte a la creación de un nuevo clima interno en el partido, no voy hacer comentarios sobre eso. Dada mi nueva condición de diplomático, con mayor razón.

-¿Cómo observa el juego político en este periodo, sobre todo luego del cambio de Lagos y su apertura a participar en una primaria?

-La Concertación debe tener claro que la derecha puede ganar en la próxima elección, pero si hacemos las cosas bien y tenemos un acuerdo de inclusión con la izquierda extraparlamentaria, podemos ganar nosotros también. Es decir, hay un escenario abierto. Tenemos que ser capaces de convocar a la gente e incluir en una primaria no sólo nombres sino que también temáticas programáticas. Invitar a los ciudadanos y ciudadanas a participar en ese proceso. A mi juicio ese proceso podría implicar no sólo a un millón 300 mil personas, como lo fue la primaria que se realizó hace una década, sino que podría convocar a mucha más gente, un proceso participativo para dirimir programáticamente una candidatura.

El género epistolar y la operación PPD

-¿A su juicio es un error que los principales nombres del llamado progresismo de la Concertación se manifiesten a través de cartas desde París y Washington?

-No, yo tengo otra opinión. Creo que poner las cosas negro sobre blanco tiene un inmenso mérito, pues se hace participe a la gente. Así uno u otro opina y no queda todo encerrado en una declaración rápida o entre cuatro paredes en una reunión. No me parece un mal método. Evidentemente queda una etapa, que tiene que ver con las clarificaciones. Y después vendrá otra, que será innovar, imaginar nuevos mecanismos para poner en manos de la gente las posiciones.

-¿Qué le pareció la carta de José Miguel Insulza? ¿la interpreta como una bajada de la carrera presidencial?

-Las personas saben lo que pienso. Hace dos años y medio dije públicamente que creo que la mejor carta para representarnos en un próximo gobierno es el ex presidente Lagos. Sin embargo, creo que la carta de José Miguel Insulza es un acto de honestidad política, comparto ciento por ciento su apreciación y creo que es muy clarificadora. De una estatura política que, en este caso, una vez más la está demostrando. Extremadamente interesante lo que plantea.

-¿La carta demuestra el daño que algunos afirman le hizo a la carrera presidencial de Insulza la cercanía con el senador Escalona?

-No me corresponde hacer ese juicio. Pero quienes la leyeron pueden sacar sus propias conclusiones.

-¿Qué le parece el senador Eduardo Frei como candidato?

-Es algo que tienen que apreciar quienes desde el mundo de la DC se sienten representados por una u otra figura. El ex presidente Frei es una persona respetable y su candidatura es legítima, como alguien que está afincado en la Concertación. Pero quienes somos parte de la izquierda democrática chilena, que tiene una historia y una tradición distinta, buscamos ser representados por quien forma parte de esa tradición y de esa cultura política.

-¿El escenario de crisis económica a quién le conviene más desde el punto de vista electoral, a Lagos o a Piñera, presentado por la derecha como un gestor de empresas exitosas?

-En primer lugar, Piñera no es un gestor de empresas, es dueño de un amplio portafolio bursátil. Sería muy útil transparentar ante los ciudadanos, por ejemplo, cuánto dinero ha perdido Piñera desde el mes de septiembre de 2008 hasta ahora. Porque él es un jugador de casino y en los casinos se gana, pero también se pierde. Lagos enfrentó una difícil situación que fue recuperar a Chile de la Crisis Asiática y salió fortalecido.


lunes, 10 de noviembre de 2008

Sobre inscripción automática

En "El Mostrador" se publica el artículo del que se extracta lo que sigue:

"Pese a que en su programa de gobierno 2005 Sebastián Piñera abogaba por la aprobación de un proyecto de inscripción automática y voto voluntario, en agosto pasado su bancada rechazó la iniciativa. En conjunto con la UDI, RN se negó a aprobar el proyecto que establecía la inscripción automática para los mayores de 18 años y los extranjeros avecindados por más de cinco años en Chile, y derogaba la multa que sanciona a quienes no concurran a sufragar.

El argumento de RN para justificar su sorpresiva voltereta fue que el compromiso era aprobar la inscripción automática y el voto voluntario, y el proyecto del gobierno dejaba abierta la posibilidad de que mientras la inscripción era automática se mantenía indirectamente la obligatoriedad de sufragio. Pero la lectura que se hizo en el oficialismo fue que Piñera no quiso arriesgar la unidad de la derecha aprobando la iniciativa gubernamental. Ello, porque en mayo circuló profusamente un documento elaborado por el gurú electoral de la UDI, Andrés Tagle, en el que el experto planteaba que "la propuesta de inscripción automática y por tanto obligatoria, permitiría la inscripción de millones de jóvenes, lo que sería una ventaja para la Concertación, quien contaría así con muchos más electores inscritos, en un grupo que le es más favorable en adhesión".

Ahora que desde Chile el mundo político observa con envidia el efecto que produjo en la ciudadanía estadounidense la candidatura de Obama, surge con más fuerza la idea de rejuvenecer el padrón. Es por ello que Auth sostiene que "nuestra idea es que se envíe el proyecto tal cual lo propone la presidenta Bachelet. La idea de ella, que es algo que hemos hablado, es la inscripción automática y el voto voluntario. Estoy seguro que los 3 millones de jóvenes lo agradecerán".

Ampliar la base democrática

En la misma línea, el diagnóstico del ex timonel del PS, Gonzalo Martner, es que desde hace años "viene cayendo el número absoluto de votantes" en Chile y que en este contexto es imprescindible optar entre "una democracia envejecida y restringida o joven y participativa". A su juicio esa es la disyuntiva que debe resolver la clase política. Para del ex dirigente socialista "expandir el voto es un tema de principios" y no de cálculo electoral.

En este escenario, dice, "es tanto mejor que el próximo año se jueguen la posibilidad de seducir a los jóvenes" y "ampliar la base democrática" , que dejarla tal como está. En relación a las reservas de la oposición frente a este fenómeno, Martner especula que ello se debe a la naturaleza del sector, porque a su juicio la actual "es una derecha hereditaria del voto censitario".

lunes, 27 de octubre de 2008

La Concertación baja, la derecha no supera el 40%

Con los datos del tercer cómputo oficial, los cambios en materia de votos para alcaldes por bloques indican que la diferencia constatada en 2004 de 6,1% entre la Concertación (44,8%) y la Alianza (38,7%), varió ahora a una distancia de 2,1 % a favor de la Alianza. Pero esta aumenta su caudal solo a 40,5% de los votos agregados. El dato principal es que es la Concertación, al caer a 38,4%, la que perdió una votación sustancial en alcaldes. Algo anduvo bastante mal para la coalición de gobierno: se manifestó el peso de las candidaturas “descolgadas” de la Concertación, algunas de las cuales fueron muy exitosas en comunas relevantes ya sea porque desplazaron a las candidaturas concertacionistas o bien impidieron que ganaran. No obstante, la Concertación eligió 148 alcaldes (203 en 2004) y la derecha solo 137 (104 en 2004).

El contraste en materia de votos para concejales por bloques es más grande que nunca con el de alcaldes, pues la diferencia de 2004 de +10,2% entre la Concertación (47,9%) y la Alianza (37,7%) a este nivel prácticamente se mantuvo (varió ahora a una ventaja de +9,2%). Lo notable es que la Concertación cayó a 45,2%, pero sobre todo que la derecha bajó de 37,7% a 36,1%. Piñera no parece exactamente tener el camino presidencial pavimentado. Dado que el Pacto Juntos Podemos pasó solo de 9,2% a 9,1% en concejales, voto en el que se expresan más las preferencias propiamente políticas, en conjunto la Concertación y este Pacto suman 54,3% de las preferencias, lo que les permitiría derrotar ampliamente a Piñera en una segunda vuelta presidencial, incluso si el 7,6% del PRI en concejales se sumara, lo que no es evidente, completamente a la derecha.

Pero esta es sobre todo una elección en la que en lugares muy importantes la Concertación pagó el precio de no haber escogido a los candidatos de mayor raigambre local: diversas decisiones intrapartidarias y las negociaciones en el tablero de ajedrez de las mesas de los partidos se distanciaron sustancialmente en estos casos del sentir popular y pagaron las consecuencias. La sociedad chilena parece estar disminuyendo a pasos agigantados su tolerancia hacia decisiones tomadas para defender intereses de grupos. No existe ya en el electorado la disciplina partidaria o ideológica que se impone verticalmente, como algunos todavía presumen, y han pagado las consecuencias. En la derecha, parece haber habido una mayor flexibilidad para con sus disidentes, como de la Maza en Las Condes. En cambio, en Arica, Antofagasta, Copiapó, Lota, Punta Arenas, todas cabezas de regiones, fueron desplazados por los electores los representantes de la Concertación oficial, y ganaron candidatos que provenían de esta coalición pero que desafiaron con éxito a los que contaron con la venia de las mesas partidarias.

Además, en Santiago Jaime Ravinet no logró repetir sus logros de lustros atrás y la comuna siguió en manos de la derecha. Esta logró además arrebatar a la Concertación gestiones de antigua data en Valparaíso, Cerro Navia, Rancagua, Talca, Temuco, mientras la inversa solo se produjo en La Florida en materia de lugares de mayor connotación.

Estos parecen ser algunos de los datos más relevantes de esta elección municipal. La pregunta es ahora si acaso los diversos actores nacionales sabrán sacar las lecciones que se imponen.

viernes, 17 de octubre de 2008

Paul Krugman y el desarrollo territorial

En mi blog de La Tercera se encuentra el siguiente comentario

El otorgamiento del Premio Nobel de Economía a Paul Krugman es una
noticia que rompe la rutina y que distingue a un economista creativo y
librepensador. El reconocimiento del Banco Central sueco a un
especialista que ha renovado la teoría del comercio internacional y a
un polemista que ha fustigado con dureza las políticas conservadoras de
la actual administración norteamericana, no debe hacernos olvidar que
ha sido un autor que también ha oxigenado las teorías vigentes sobre el
desarrollo de las ciudades y los territorios... Seguir leyendo

Nombran a Gonzalo Martner como nuevo embajador de Chile en España

El ex timonel del PS, quien reemplazará en el cargo al renunciado Osvaldo Puccio, dijo que "cuando a uno lo solicitan servir a su país, es imposible negarse".

Miércoles 15 de Octubre de 2008
19:49
EFE

SANTIAGO.- El ex presidente del Partido Socialista, Gonzalo Martner, fue designado hoy por el Gobierno como el nuevo embajador en España, informaron fuentes diplomáticas.

Martner, que calificó su nombramiento como un “honor”, reemplazará al también socialista Osvaldo Puccio, quien renunció recientemente para asumir un importante cargo en una compañía privada española.

"Estoy muy contento en mi condición de académico, pero cuando a uno lo solicitan servir a su país, es imposible negarse”, dijo Martner al conocer su nombramiento.

Martner, de 51 años, fue ex presidente del partido Socialista entre 2003 y 2005, y actualmente es académico de la Universidad de Santiago de Chile (USACh).

En las próximas dos semanas debería materializarse el beneplácito del Gobierno español para que Gonzalo Martner pueda asumir sus nuevas funciones.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Martner (PS), nuevo embajador en España: “Estoy en una posición muy crítica al partido”

El Mercurio


En los próximos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores iniciará el proceso de solicitud del beneplácito a España para el ex presidente del PS, Gonzalo Martner. El jueves pasado, según se ratificó ayer, la Presidenta le pidió asumir la Embajada en Madrid, que quedó vacante por la renuncia de Osvaldo Puccio.

-¿España podría ser un buen destino para usted por las relaciones que construyó con el PSOE?

“Debe ser una de las razones que tuvo a la vista la Cancillería y la Presidenta. Pero, personalmente, me ‘desayuné’ completamente; casi me caí de la silla cuando me llama la Presidenta y me pide eso”.

-¿No cree que tal vez algunos dirigentes lo recomendaron para sacarlo del escenario político nacional? Usted es laguista…

“Puede que alguien tenga una lectura así. Pero le comento que estoy bastante fuera del escenario político”.

-Incluso algunos dicen que usted está viviendo un “exilio partidista” a partir de algunas decisiones de la directiva del PS…

“Exactamente, y también estoy en una minoría completa. Estoy en una posición económico-social muy crítica al partido. Estoy en una oposición. Pero creo que la Presidenta se encontró con la renuncia de Puccio, y había que tener un reemplazo que tuviera sentido para la contraparte española”.

-¿Salir del país le restará la posibilidad de incorporarse a alguna campaña, como la de José Miguel Insulza?

“Lo he dicho públicamente: no apoyo a José Miguel Insulza”.

<http://diario.elmercurio.com/2008/10/15/nacional/politica/noticias/0A5E1EC4-CA9C-4B73-8DB8-6CF30BB0CD13.htm?id={0A5E1EC4-CA9C-4B73-8DB8-6CF30BB0CD13}>

jueves, 2 de octubre de 2008

Temas del presupuesto 2009

En la colección Breves de Política Pública, del Magister en Gestión Pública de la Universidad de Santiago, editada por Gonzalo Martner, se encuentra la nota Antecedentes para el presupuesto 2009.

"Una política fiscal apropiada es aquella que provee y financia eficientemente los bienes públicos y transferencias monetarias que la sociedad determina como necesarias para su buen funcionamiento y cohesión. Además, es la que en el ciclo económico actúa como estabilizador del desempeño económico."
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sábado, 27 de septiembre de 2008

Lecciones de una crisis

Desde 2007 apareció una nueva expresión, la “crisis subprime”, que podría haber quedado para uso de los iniciados en el debate económico nacional, cuya pobreza intelectual desde que predomina el simplismo neoliberal incluye la del lenguaje: ¿se habrá fijado el lector que ya no se dice “materias primas”, sino “commodities” o “distribución” sino “retail”, términos que son sin embargo perfectamente claros en nuestro noble castellano? Pero sobrevino el derrumbe financiero en Estados Unidos y la mentada crisis entró en la historia. No es para menos: fracaso de los mercados financieros desregulados; bancos hipotecarios y compañías de seguro en quiebra y nacionalizados en el paraíso del libremercado; colapso de la banca de inversión de Wall Street; quiebra de un gran banco de depósito y compra pública de “activos tóxicos” de difícil recuperación a razón de 6% del PIB, con el congreso sometido al chantaje de aprobar plenos poderes o asumir la paralización del crédito y la recesión generalizada al estilo de la crisis de 1929.
Después de años de religión de mercado, vuelve a aparecer una evidencia incómoda para el pensamiento dominante: el capitalismo y las crisis financieras periódicas (bursátiles, cambiarias, bancarias) van de la mano. El valor de un activo financiero depende de la evaluación de un flujo de ingresos futuros expuesto a una gran variabilidad e incertidumbre. Y tomar riesgos con recursos propios o de los demás es la esencia del capitalismo motivado por el lucro, que ha demostrado ser el sistema económico más dinámico pero a la vez el más inestable, depredador y concentrador de ingresos. Así lo confirma la historia desde la crisis de las bulbas de tulipas de 1634, la de la South Sea Company de 1720, las ocho creadas por las guerras europeas entre 1713 et 1820 y así sucesivamente. El capitalismo entró en crisis muchas veces, como predijo Marx, pero fue capaz de recuperarse. E incluso de tener épocas de oro, como el de la posguerra, gracias en buena medida a las ideas de Keynes para superar el equilibrio de subempleo. La crisis del sistema de tipos de cambio fijo en 1971 y el estancamiento con inflación de los años setenta fueron superados mediante la globalización acelerada. La eclosión de las nuevas tecnologías de la información le dio una nueva vitalidad al capitalismo, con la innovación y la “destrucción creativa” de Schumpeter trasladando los recursos hacia sus usos más productivos. Pero siempre con una piedra en el zapato: desde 1970, según Caprio y Klingebiel (2003), han ocurrido 117 crisis bancarias sistémicas en 93 países. Los estudios econométricos muestran que la liberalización interna aumenta la probabilidad de una crisis bancaria, la que aumenta todavía más cuando se combina con liberalización financiera externa.
Estados Unidos vivió hasta 2007 un período de prosperidad, acompañado de un ahorro mundial en expansión y energía barata. Pero se preparaba la crisis, con préstamos hipotecarios a millones de hogares de ingresos inestables, una política monetaria expansiva y bancos que ampliaron su endeudamiento respecto al capital propio. La banca diluyó el riesgo en títulos que mezclan activos de distinto riesgo. Además, los fondos especulativos se multiplicaron, incluyendo coberturas de riesgos en la cuerda floja permanente. Esta mezcla explosiva estalló al aumentar los impagos hipotecarios y caer el precio de las viviendas, con un déficit de capitalización bancaria a medida que cayeron los precios de los activos físicos con los que se especuló hasta el infinito.
¿Y cómo estamos por casa? Para empezar, con fuertes pérdidas de los fondos de pensiones y una incertidumbre generalizada sobre el valor de las pensiones futuras. Esto no se quiso corregir en la reforma reciente, que introdujo mayores márgenes de inversión fuera de Chile en vez de mayor seguridad mediante la vieja pero imperturbable receta bismarckiana de basar una parte de las pensiones en el reparto. Se supone que nuestra supervisión bancaria es suficiente: crucemos los dedos. Mientras, una parte de los chilenos se apresta a preferir como presidente a una persona, Sebastián Piñera, que ha hecho su fortuna con los mismos métodos que provocaron la debacle actual y que ha sido multado por obtener ganancias indebidas. Todo un caso de moral pública a disposición de los ciudadanos. Sus eventuales seguidores harían bien en escuchar al presidente francés, Nicolas Sarkozy, que ha llamado a “sacar las conclusiones de la crisis para que no se reproduzca", sobre la base de la “ética del esfuerzo y del trabajo” y “regulando los sistemas de remuneración de los directivos y operadores financieros para acabar con los abusos", pues, concluye, "el laissez-faire se ha terminado, el mercado todopoderoso que siempre tiene razón, se ha terminado”.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Entrevista en El Mostrador

5 de Septiembre de 2008. El Mostrador

Gonzalo Martner y su diagnóstico del oficialismo
''El PS se ha transformado en una maquinaria clientelística''
El ex presidente de la colectividad se toma un tiempo en su oficina de director de la carrera de Gerencia Pública en la Usach para hablar de política. Con la calma de la vida universitaria hace un crudo pronóstico de la Concertación y de su partido. Sobre éste último dice que se ha convertido “en una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado”. Su conclusión es aún más drástica: ‘’el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución’’.

Por Pablo Basadre G.



El ex presidente del Partido Socialista, economista y actual director del magíster en Gerencia Pública de la Universidad de Santiago, Gonzalo Matner, dice estar más cómodo alejado de la política contingente. Y a pesar de que reconoce su gusto por la vida intelectual y universitaria, accedió a conversar con El Mostrador.cl sobre los procesos que ha vivido su partido en el último tiempo y de la gestión política del gobierno de Bachelet. Matner asegura que uno de los peores errores cometidos por la Concertación es haber cerrado las puertas al senador Adolfo Zaldívar y al ex PPD, Fernando Flores, entre otras cosas.

-¿Cómo ve a la Concertación hoy?

-La Concertación ha hecho grandes cosas. Reestableció la convivencia democrática y saldó cuentas con las grandes heridas de Chile de la mejor manera posible que es corregir las violaciones a los DD.HH. Lentamente o imperfectamente, como quieras, pero con mucha consistencia. También hay avances sociales muy importantes. Dicho eso, lo que tiene que venir por delante es la capacidad de que las fuerzas políticas le ofrezcan al país una dirección hacia la cual caminar. El problema es que hoy sólo se ofrece una sola alternativa: sigan votando por nosotros para que sigamos gobernando.

-¿Cuál sería la novedad del último tiempo?

-En el último tiempo, lo único nuevo fue la Presidenta Bachelet, porque ahí ofrecimos una novedad profunda. En el escenario actual, Ricardo Lagos fue Presidente, Frei lo mismo y José Miguel Insulza fue ministro al igual que Soledad Alvear. Los cuatro son muy respetables y capaces, pero no es algo nuevo.

El clientelismo del PS

-¿Qué cree que se agotó en estos años?

-Se agotó la política de los consensos con la derecha y al interior de la Concertación. Entramos en una especie de centrismo blando, neoliberal en lo económico y conservador en lo cultural. Eso es lo que los chilenos ya no tienen ganas de seguir escuchando. Y no hay ánimo de hacer la discusión. Por lo tanto, se ha optado por las vías autoritarias. Y se dice: no son leales los que plantean opciones alternativas.

-¿Cómo ve a los partidos actualmente?

-Veo a una DC mejor que el mundo progresista de la Concertación. Tiene liderazgos claros, una presidenta de partido que todo el mundo sabe a qué atenerse con ella al igual que con el ex presidente Frei. Pero, actualmente, en el progresismo de la Concertación no se cumplen condiciones esenciales para armar una fuerza política: no se ve un proyecto que permita cohesionar a quienes son parte de una corriente política y al mismo tiempo proyectar en el tiempo un nuevo esfuerzo, porque hacer política es hacer un esfuerzo para cambiar las cosas.

-¿Tampoco visualiza a un líder que pueda encarnar algo nuevo ?

-El ex presidente Lagos se plantea asimismo como líder nacional, más allá de las corrientes políticas. Sobre Insulza, que tiene un gran talento y que le ha prestado grandes servicios a Chile, no sabemos a qué atenernos en cuanto a lo que piensa como proyecto de país. A eso se suman unos dirigentes partidarios que han transformado al PS -no quiero referirme al PPD porque no es mi partido, pero creo que hay algo parecido- en una maquinaria clientelística y de federaciones de caciques, sin proyecto y sin voluntad mayor de convocar a nadie.

-¿En qué se ha convertido entonces el PS?

-En una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado, además de ser un partido del que no se sabe lo que piensa sobre el país y su futuro. Por tanto, la impresión que tengo es que el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución.

-¿El clientelismo o la federaciones de caciques de las que habla, las refleja en algún cargo en especial?

-No es un tema de personas, sino que de prácticas políticas. Las instancias deliberativas del PS discuten básicamente sobre el control interno del partido para obtener control o posibilidad de control de tal o cual aspiración de participar en el aparato del Estado. No sé, sinceramente, qué es lo que junta políticamente a los actuales líderes de tendencias que son mayoría en el partido. Y tengo la sospecha que los vincula más que nada la común voluntad de ser parte de la dirección para tener influencias sobre el aparato del Estado. En resumen, lo que fue el PRI mexicano es su minuto.

Manejo político y económico

-¿Cómo ha visto el gobierno en términos de gestión política, sobre todo con el manejo del Transantiago?

-Tengo la mejor opinión de Cortázar, que ha hecho una tarea titánica, pero como todo ser humano tiene límites y esos límites están dados por el contexto político. No sé cómo se produjo la validación de los quiebres de la DC y del PPD conducentes, en ambos casos, a la pérdida de la mayoría en la Cámara y en el Senado. No entiendo cómo se dejó avanzar esa situación hasta esos límites. Me resulta incomprensible que se entienda que fue algo necesario y hasta digno de aplauso.

-¿Cree que se debería haber continuado conversando con Zaldívar y Flores?

-Cuando se ha tenido la voluntad expresa de quebrar las mayorías existentes, de expulsar de la propia coalición a quienes, entre otras cosas, daban las mayorías suficientes, entonces uno no puede venir a quejarse y decir: sabe, no tengo la mayoría en el Parlamento. Creo que se ha actuado con una miopía impresionante. Por supuesto que se debería haber continuado hablando con ellos. Adolfo sigue siendo el mismo que antes y si antes fue posible trabajar con él, por qué no ahora. Flores fue ministro del presidente Allende, fue del MAPU y militante del PPD durante décadas, entonces no entiendo por qué ahora no se puede trabajar con él. Puede ser difícil, pero si estamos en una coalición amplia con un asunto práctico de por medio, donde ellos aseguran una mayoría y no contar con ellos significa perder esa mayoría, no lo entiendo.

¿Cuál es su evaluación del manejo económico del ministro Velasco?

-Velasco es el único de los ministros de Hacienda de la Concertación, incluso contradiciendo lo que está escrito en el programa de gobierno, que ha declarado que no va a hacer reformas tributarias durante su ejercicio. El ministro Foxley realizó una importante reforma tributaria, el ministro Aninat e Eyzaguirre también. Pero Velasco sólo se ha dedicado a eliminar impuestos de las personas más pudientes. Incluso llegó al punto de plantear una fórmula, a propósito de la depreciación acelerada, que iba implicar un incremento extremadamente significativo de los ingresos de las personas más ricas de Chile, un regalo completamente innecesario. Más de cien millones de dólares se dedicaron a disminuir los impuestos a los cheques, algo que no es exactamente el tipo de actividad que involucra a las personas más pobres de Chile. Velasco es Expansiva y todos sabemos que ellos no creen en un Estado que fortalezca la protección social. Velasco se ha caracterizado por no querer escuchar a nadie.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

20 años no es nada

Ayer, mirando La Nación en Internet, me encuentro con el artículo que reproduzco más abajo. Por supuesto, la primera reacción es de nostalgia. Pero tal vez vale la pena agregar algunas precisiones. El asunto del recuento paralelo de los votos nació de la idea que, dado el desgaste de la estrategia de desobediencia civil iniciada en 1983 mediante las protestas, valía la pena intentar ganarle el plebiscito de 1988 a Pinochet. El escenario no era el mejor (posibilidad de fraude, ausencia de garantías) pero muchos pensamos en ese momento que podíamos controlar o por lo menos dificultar fuertemente esa posibilidad de fraude. Después de todo, los filipinos y los uruguayos habían logrado algo parecido. El cuadro político estaba algo confuso, los socialistas "renovados" nos habíamos salido de la Alianza Democrática para buscar una alianza más amplia, y a nuestra izquierda parte del PS, el PC y el FPMR intentaban una estrategia insurreccional (que muchos considerábamos tal vez legítima pero inconducente y errada).
Se armó hacia 1986 el Comité de Elecciones Libres, con gente de la DC y de la izquierda no comunista y en ese contexto un "Comité Técnico", con Genaro Arriagada a la cabeza, que después fue formalizado con apoyo institucional al crearse la Concertación el 2 de febrero de 1988. Nos pusimos a trabajar un grupo más bien reducido sobre los aspectos prácticos del plebiscito y Genaro supo crear un ambiente creativo, despartidizado pero con representatividad partidaria (yo mismo era de la dirección del PS que dirigía Núñez), reuniendo talentos variados para con discreción preparar una estrategia coherente de enfrentamiento de la dictadura en las urnas. Esto sonaba bastante audaz en el contexto de la época y (casi) todos nos miraban con completo escepticismo y algo, en ocasiones, de sorna por lo "iluso" del intento.
Un día, en la Editorial Aconcagua donde Genaro tenía sus oficinas me dice a la pasada: ¿porqué no te haces cargo del control de la votación? Yo lo miré con cara de sorpresa y creo haberle dicho algo así como que no tenía ni la menor idea de como se podía hacer eso, pero me contestó que se necesitaba alguien del equipo que habíamos formado que empujara el tema. Así es que acepté, un tanto inquieto. Con mis 30 años y después de los variados y en ocasiones bastante azarosos avatares vividos desde el año 1972 en que me involucré en política (luchas estudiantiles, golpe, exilio, retorno, protestas, construcción de alianzas amplias) no me pareció tan imposible y en todo caso había que intentarlo. Es cierto que tampoco éramos muchos en la izquierda los que estabámos en la estrategia de comenzar a derrotar a la dictadura en el plebiscito. En mi partido me apoyaron en el tema (dicho sea de paso, después de mi militancia en el MIR y mi posterior etapa de independiente socialista, era al PS dirigido por Núñez y después por Arrate al que yo había entrado en 1985, pues -aunque yo estuve en el origen del PPD y revisé con un equipo una a una las fichas del nuevo partido legal para que no fueran rechazadas y las llevé físicamente al servicio electoral- el PPD era solo para muchos de nosotros instrumental, aunque la historia, esa imprevisible, después dijera otra cosa...) .
Y me instalé en las oficinas de la Editorial Aconcagua y más tarde en las del Comando del NO en Alameda con Lastarria. Me acerqué a los jóvenes de la FECH de entonces, encabezados por Germán Quintana, que era DC, y a gente de todos los colores para armar un equipo a la altura de las circunstancias y la complejidad de la tarea (llegamos a contar en la madrugada del 5 al 6 de octubre el 80% de los votos y más tarde casi la totalidad de los votos, gracias al despliegue de miles de apoderados y enlaces por todo Chile...). Es cierto que la DC quiso armar luego un trabajo propio de partido, y yo mismo propuse que no nos complicáramos e inventamos aquello de la línea N y la línea O, en la idea que se complementaran. En nuestra línea trabajó gente de todos los partidos, con el apoyo tácito de la propia directiva DC, lo que yo siempre agradecí porque fue una expresión de confianza.
En el diseño efectivamente nos ayudó Glenn Cowan y parte del equipo de la consultora Sawyer&Miller, ligados al Partido Demócrata norteamericano, que nos trasladaron su amplia experiencia en estas lides, lo que se agradeció muchísimo, pero básicamente lo hicieron jóvenes ingenieros chilenos encabezados por Germán Quintana, Didier de Saint Pierre, Hernán Saavedra, Maurice Saintard, Carlos Alvarez, Aldo Signorelli, Guillermo Díaz y decenas de profesionales, como Alberto Urquiza, Enrique Dávila, Marcelo Leseigneur, Jorge Navarrete, Joaquín Vial y tantos otros que hicieron un trabajo enorme en un muy breve período de tiempo para recolectar, procesar y analizar millones de votos distribuidos en 22 mil mesas, y a los que la democracia chilena debe mucho en un momento que fue crítico para reencaminar la historia del país por una senda más civilizada.



La Nación, 2 de septiembre de 2008

A 20 AÑOS DEL PLEBISCITO: Cómo se montó la red paralela de cómputos

El control del comando opositor

El economista entonces PPD Gonzalo Martner estuvo a cargo de una de las líneas a través de las cuales la oposición vigiló voto a voto la limpieza del plebiscito de 1988.

El Comando del No informó el modo a través del cual controlaría los resultados del plebiscito de sucesión programado para el 5 de octubre. El diseño considera la movilización de 80 mil personas entre apoderados de mesa, de locales de votación y encargados de transmitir y transportar los datos. El sistema se pondría en operaciones a las 6 de la mañana del 5 y tuvo dos responsables técnicos: el DC Eric Campaña y el PPD Gonzalo Martner. Cada uno de ellos administró una línea de información independiente, una red se conoció como "N" y la otra se identificó como "O".

Campaña estuvo a cargo de la línea de la DC y Martner de la montada por el PPD y el Partido Humanista. Éstos son los tres partidos opositores legalizados y, por tanto, los que tenían derecho a poner veedores en los recintos de votación. La idea básica del comando fue vigilar las cifras en el origen, es decir, mesa a mesa.

Los informes de votos de estas unidades se llevaron a formularios especiales y se recopilaban en oficinas comunales. Cada 40 mesas escrutadas se levantaba un acta que a su vez se trasladaba a un centro de cómputos provincial. Desde este nivel intermedio los datos se transmitían a Santiago a un computador central. Por razones de seguridad, los núcleos de acopio -51 en todo el país- se ubicaron en casas y oficinas secretas. Para transferir las cifras se utilizaron telefax, télex, teléfonos y radios. Una vez que los datos se consolidaron, eran comunicados al secretario ejecutivo del Comando del No, Genaro Arriagada, y al vocero del mismo, el presidente de la DC, Patricio Aylwin.

Después del plebiscito se filtró que la decisión de controlar cada mesa de votación -lo que implicó más de 40 mil voluntarios repartidos por todo el país- derivó de una sugerencia del norteamericano Glenn Cowan, ligado al Nacional Democratic Institute, quien explicó al llamado equipo técnico del No que los fraudes normalmente se cometen en los centros de acopio controlados por la autoridad político-administrativa y no en las unidades mínimas, que son las mesas, y que por tanto son imposibles de manipular debido a que el escrutinio es abierto.

Cowan les dijo a sus oyentes que debían llevar un conteo propio a través de sistematizar la votación de cada una de las mesas, para que este cómputo lo pudieran oponer al Gobierno si éste entregaba resultados fraudulentos. Debido a esta recomendación, el Comando del No optó por la vigilancia rigurosa del proceso a partir de la unidad-mesa.

martes, 2 de septiembre de 2008

Las instituciones y la necesidad de innovar

Las cada vez más complejas sociedades modernas están inmersas en procesos de cambios constantes. Las instituciones políticas son con frecuencia más rígidas que las sociedades, por lo que suelen permanecer en estado de obsolescencia por períodos prolongados. ¿No estará esto ocurriendo hoy en Chile en muchas áreas, obstaculizando su desarrollo, es decir su capacidad de expandir las libertades, la igualdad de derechos y oportunidades y la prosperidad y solidaridad colectivas?
La confusión sobre los proyectos de los unos y los otros, el doble discurso, el pragmatismo sin visión, han ido creando un mal clima en el país, que no tiene claridad sobre cuales son sus opciones y por tanto se desinteresa de la búsqueda del interés general. A este estado de cosas no es ajena la mala calidad de las instituciones.
Un buen funcionamiento global del país necesita, como la respiración humana del oxígeno, de instituciones políticas y administrativas dinámicas. Estas lo son cuando se constituyen en nexos constructivos entre las opciones individuales, la provisión de bienes públicos y la construcción de proyectos colectivos.
Para que una moderna articulación entre poder administrativo, economía y sociedad facilite la innovación y la competitividad y que estas sean soportes sólidos de una mayor prosperidad justamente distribuida, las democracias pluralistas deben admitir el carácter estructurante del conflicto y del debate. Para una visión antigua y traumada esto pudiera aparecer como factor de desestabilización. La estabilidad democrática se obtiene con la legitimación de la representación de intereses particulares o colectivos contradictorios, no con su represión o negación, y con mecanismos fluidos y transparentes de deliberación sobre su pertinencia, seguidos de procedimientos de decisión mayoritaria legítima sobre las opciones en presencia. Por supuesto, esto no excluye cautelar como corresponde los derechos de las minorías, y especialmente su derecho a transformarse en mayoría, razón por la cual períodos de gobierno de cuatro años no son necesariamente malos para la dinámica política.
Los sistemas de representación y de separación de poderes deben proteger el pluralismo, aunque no paralizar la acción colectiva, como es el caso hoy: el “empate binominal” no permite orientar a Chile hacia ningún proyecto colectivo coherente, de uno u otro signo, que no sea una especie de centrismo blando inconducente. En muchos aspectos el ejecutivo se paraliza por la ausencia de mayoría parlamentaria y su programa de gobierno es un papel sin valor, que no compromete a nadie a hacer nada. Para que el parlamento juegue un rol mayor en la orientación de las políticas públicas, además de la fiscalización de su ejecución, no debe ser un factor de entrampamiento para unas u otras opciones políticas, sino estar en sintonía con la voluntad del país. Esto requiere de un sistema electoral coherente con ella. ¿Porqué no avanzar a un sistema electoral mayoritario como el existente en muchas democracias maduras? Esto no debe implicar renunciar a incluir una representación no decisiva de las minorías políticas significativas, sino dejar atrás el actual sistema de empate, fuente de parálisis, de desincentivo a la innovación y de alejamiento de la opinión pública de su principal institución representativa, de la que hoy casi nada nuevo o significativo puede surgir que no sea la obstrucción. No es de extrañar entonces que su prestigio no sea el más alentador, pues la opinión pública se ha hecho una opinión del parlamento como una institución parasitaria y no como el lugar en el que se contribuye a mejorar el presente y se representan, en un contexto de debate, sus proyectos de futuro.
Mejorar las instituciones incluye otros temas. Cabe mencionar al menos dos. En primer lugar, el espacio institucional regional y local debe tener más autonomía en los asuntos que le competen: la crisis del sistema de transporte metropolitano gestionado por el gobierno central es paradigmático al respecto. No se conoce democracia moderna alguna que entregue el manejo del transporte urbano de cada una de sus ciudades, incluyendo la capital, a una autoridad del gobierno central. Es sorprendente como el debate sobre el tema no incluya la creación urgente de los gobiernos metropolitanos (que tuvimos ocasión de proponer en... 1991 y que fue rechazado como tantas otras cosas por la derecha en el parlamento). Las regiones deben poder ocuparse de sus asuntos propios con autoridades propias, eligiéndolas por ejemplo al mismo tiempo que las autoridades municipales, y estas deben tener más facultades y a la par más escrutinio público sobre sus acciones y más cercanía con sus ciudadanos.
A la vez, no existen razones para no establecer –como quedó comprometido por lo demás con la Unión Europea- mecanismos profesionales, periódicos y amplios de concertación entre gobierno, trabajadores, usuarios y empresarios para deliberar sobre las opciones de política pública en materia económico-social, complementando el trabajo del gobierno y el parlamento e institucionalizando la representación razonada de intereses. E
n Chile nos estamos acostumbrando a los estallidos sociales parciales, a los que se otorga respuestas cada vez más clientelares, sin una visión sobre la orientación hacia la cual el país se dirige y sin coherencia de conjunto. Es este tal vez el momento, al iniciarse un período electoral que durará poco más de un año continuo, en el que algunos temas de fondo puedan ser discutidos.

martes, 8 de julio de 2008

Turbulencias económicas

Un funcionamiento económico satisfactorio incluye muchos aspectos, pero en Chile los “tres cincos” -un crecimiento de al menos un 5%, una inflación no superior a 5% y un desempleo no superior a 5%- son buenos indicadores de síntesis. Los tres están “fuera de trayectoria”.

El crecimiento del PIB, que registró un 5,1% en 2007, volverá a estar este año y el próximo por debajo de esa cifra (entre 3 y 4%). La productividad viene creciendo poco y los choques de oferta en materia de energía y sequía no han ayudado. El tipo de cambio sufrió una severa apreciación que afectó la cantidad exportada en lo que va de año y complicó mucho a los que compiten con importaciones. La tardía intervención del Banco Central ha servido para revertir el problema, lo que demuestra una vez más que buenas políticas económicas producen resultados mejores que el mercado librado a su suerte.

La inflación experimentó un salto que no veíamos desde hace mucho tiempo. Recordemos que en 1990 la democracia se inauguró con un ritmo anual de cerca de 30% y desde esa fecha se redujo sistemáticamente. La inflación es regresiva –afecta más a los que viven de un salario o de ingresos esporádicos- y en el largo plazo disminuye la inversión al afectar el horizonte del cálculo económico. Una inflación en ritmo anual de 9% en vez del 3%, que es la meta del Banco Central, es un problema serio. Este repunte es complicado pues se acompaña de una disminución de la actividad.

El desempleo es la variable que viene fuera de marco desde hace más tiempo, es decir desde que en 1998-99 se provocó en Chile -gracias a una mala política monetaria y fiscal- una recesión gratuita. Ha costado mucho desde entonces bajar el desempleo del rango de 8% a 10%, que no es socialmente aceptable. La trayectoria venía lenta pero bien encaminada hasta el año pasado. Se siguen aún creando muchos empleos en la economía, pero el ritmo viene de baja y las tasas de desempleo son mayores que las del año pasado (en parte porque más gente busca trabajo).

Frente a estas turbulencias, el peligro principal está en…los expertos. Los hay de dos tipos que son peligrosos. Algunos engarzan muy bien con la tradición que tiene en el presidente Barros Luco su mejor representante: “los problemas son de dos tipos, los que no tienen solución y los que se arreglan solos”. Es el credo liberal de los ajustes automáticos: no hagamos nada, o lo menos posible, los gobiernos no están para actuar, es mejor que los desequilibrios se absorban solos y se deje a los mercados el máximo de flexibilidad sin intervenciones que solo agravan los problemas. Desde la crisis de 1929 se sabe que esta receta no hace más que dañar a las economías. La otra versión es la del activismo brusco que lleva a cazar moscas con escopeta. Sus recomendaciones suelen ser: si hay inflación, súbase fuertemente la tasa de interés para que el Banco Central “sea creíble” y exíjase al gobierno bajar el gasto. Si el origen de la inflación es importado, mala suerte: el riesgo de difusión de la inflación debe atacarse con medios recesivos rápidos y masivos. Estas políticas de tasas de interés altas y contracciones del gasto público invariablemente terminan deprimiendo la economía y provocando un incremento del desempleo como en 1975, 1982 y 1999.

Lo que cabe hacer es diagnosticar bien el problema:

- la inflación se explica hoy por aumentos de costos originados en fenómenos externos (petróleo y alimentos), no por exceso de demanda.

- El consumo interno viene creciendo menos desde fines de 2007. No hay que contraerlo más, pues puede desplomarse.

- Por tanto, no hay que subir las tasas de interés afectando a los consumidores y a los productores ni disminuir el gasto público (se debe respetar la regla anticíclica en vigencia), pues esto deprime la actividad innecesariamente.

- El propio efecto de la pérdida del poder adquisitivo moderará el consumo.

- Hay que establecer un horizonte de 24 meses para volver a la meta de inflación.

- Hay que actuar conteniendo el alza de combustibles en lo que tiene de temporal modulando no tanto el impuesto específico (que se aplica a las cantidades consumidas) como el IVA, limitando la recaudación a la que resulte del valor del petróleo de largo plazo.

- Hay que restablecer urgentemente los ingresos de los más pobres perdidos con la inflación si no queremos un aumento rápido de la pobreza. Bonos trimestrales compensatorios a las familias de ingresos más débiles mientras dure la emergencia de precios altos de la energía y los alimentos son posibles y justos… si es que no se tiene a los dogmas neoliberales y las instituciones que los defienden como guías de conducta.

Los economistas chilenos de esta corriente han demostrado ser lo suficientemente incompetentes como para que no sea recomendable seguir sus recetas recesivas.

Por último, el país debe asumir que el precio del cobre será por un largo período más alto que lo previsto y que el inmenso caudal de recursos adicionales generados no va a sus dueños, todos los chilenos, sino a quienes tienen la concesión privada de la explotación obtenida en condiciones ilegítimamente ventajosas. Establecer un nuevo trato tributario con las mineras privadas es un deber nacional que si no se cumple nos será reprochado con justicia por las futuras generaciones, que no encontrarán justificación a la increíble ceguera colectiva frente a la dilapidación de recursos que permitirían asegurar el salto al desarrollo que el país necesita. Se debe renunciar con urgencia a la defensa dogmática de “la estabilidad de las reglas del juego” que en este caso son directamente injustificables y privan a los chilenos ni más ni menos que de un mejor futuro.

miércoles, 14 de mayo de 2008

¿Puede ser Chile más equitativo?

Publicado en La Nación el 16 de mayo
El informe de la comisión presidencial sobre Trabajo y Equidad tiene varios méritos. No buscó un consenso artificial, sino que expuso abiertamente divergencias para su resolución por la esfera política, que es donde estos temas deben dirimirse en democracia. Realizó un trabajo de recopilación de opciones y expuso algunos consensos importantes. Estos dejan, sin embargo, una sensación poco sustanciosa para acometer la tarea principal: reducir las desigualdades en Chile. Es de lamentar que una parte de los consejeros, expresando las voces de derecha, no haya aceptado la opinión de otros en el sentido de recomendar metas de reducción de las disparidades sociales, así como umbrales garantizados tipo AUGE.
En Chile, instituciones distorsionadas aceptan metas de inflación, pero no de equidad. Exigen garantías a la propiedad del capital, pero no aceptan garantías de medios mínimos de subsistencia para los que nada tienen. Así va el país del bajo riesgo financiero y de la alta desigualdad. Así va la mayoría de sus elites, que por interés pecuniario y/o convicción neoliberal, a veces de reciente data, han abandonado la búsqueda de grados decentes de justicia social.
Esto se refleja en varias consideraciones del informe. Afirma la comisión que los niveles de desigualdad varían muy poco a través del tiempo (“esto es algo que se repite en todos los países”) y que al mismo tiempo dependen de la intensidad de las políticas sociales: ¿no bastaría entonces con hacerlas más intensas? Más allá de la contradicción, cabe subrayar que las desigualdades pueden variar, incluso dramáticamente, en períodos breves. En las últimas dos décadas, como lo reseña el FMI en su más reciente World Economic Outlook, la desigualdad en las grandes zonas del mundo ha aumentado en el Asia en desarrollo, en la Europa emergente, en América Latina y en las economías avanzadas, pero ha disminuido en el Africa Subsahariana y en Rusia y los ex países del Este. Digno de mencionarse es que la desigualdad se ha morigerado en Brasil y México, aunque desde rangos muy altos, y que en el Sudeste Asiático se ha mantenido en bajos niveles, mientras entre los países industrializados ha disminuido en casos como Francia. La clave sigue estando en las opciones de sociedad que las democracias modernas procesan y no en una imposibilidad que la evidencia disponible no muestra y en la que pertinazmente se nos quiere hacer creer.
Asumir esa clave supone partir por no seguir empleando el lenguaje neoliberal de crítica al “asistencialismo y la dependencia”, como si no fuera legítimo que los niños, los discapacitados, los mayores y aquellos que atraviesan por dificultades sean asistidos como lo merecen. La única dependencia que es intolerable es la de los que deben aceptar cualquier cosa porque no tienen medios para subsistir y dependen de lo que encuentren disponible para no sufrir graves privaciones.
El vuelco conceptual a producir es que debe constatarse que el gasto más rentable es el preventivo, desde la maternidad y la infancia temprana, antes que el paliativo de reinserción desde la marginalidad, cuando no desde la infracción de la ley. Es allí donde deben priorizarse nuevas metas.
Insiste el informe, por otro lado, en validar cálculos de desigualdad que no consideran los ingresos disponibles por habitante, lo que toda la metodología internacional recomienda hacer, y de esa manera la subestima. Pero lo más importante es que bien calculada ha disminuido recientemente (para 2006 el ingreso disponible del 20% más rico es 16,5 veces mayor que el ingreso del 20% más pobre, contra 18,4 veces en 1990), mientras mantiene unos cálculos incompletos de Mideplan sobre la incidencia del gasto e ingresos públicos que no se avienen con estudios más rigurosos sobre el tema (como el de Engel, Galetovic y otros) y que cabría corregir con urgencia.
Lo que cabe ahora es sobre todo apurar el tranco. Usando los datos de la última encuesta CASEN, si por la vía de hacer más amplio y progresivo el sistema de tributación-gasto público (que simplificando mucho es el método más eficiente en el corto plazo para disminuir las desigualdades de ingreso), se redistribuyera un 5% adicional del ingreso disponible del 20% más rico, la relación pasaría a la mitad, es decir a 8,6 veces. Este ya es un nivel parecido a la media de las democracias industriales o de los países del sudeste asiático, aunque todavía muy superior al de 4 veces de las socialdemocracias nórdicas o de Japón. Las propuestas de la comisión en esta materia son tímidas (destaca un subsidio a los salarios bajos) y de aplicarse no incidirían sino marginalmente en la desigualdad de ingresos, pero van en la buena dirección. Tímidas son también las propuestas laborales y las ambiciones desarrollistas, esenciales para reequilibrar la relación capital-trabajo y aumentar la prosperidad colectiva, y que se limitan a buenas proposiciones sobre corrección de las fallas de mercado en el financiamiento de las empresas pequeñas. ¿Porqué no aprovechar el impulso de este informe, plantearse metas de crecimiento y equidad para los próximos 10 años por parte del gobierno, y discutirlas a fondo en vistas a la próxima elección presidencial?

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