viernes, 20 de abril de 2012

¿Se reagrupa el progresismo?


En estos días la discusión política gira alrededor de los gastos parlamentarios. Poco se escucha sobre reforma tributaria, educación, Isapres, negociación colectiva, descentralización, medio ambiente: los representantes elegidos están peligrosamente anulados por su desprestigio ante la opinión pública. Mientras, el gobierno mantiene un manejo sin eficacia ni imaginación de la agenda pública y en la oposición se incuba una crisis, cuyo sustrato es la ausencia de coherencia y de propuestas alternativas  (ejemplo: su propuesta tributaria apenas plantea aumentar el royalty, mientras las utilidades de las mineras privadas alcanzan niveles estratosféricos sin que casi nadie diga nada) y cuyo paroxismo parece ser el anuncio del PDC de suspender todo acuerdo amplio de oposición para enfrentar a la derecha en la elección de alcaldes a raíz de un anunciado pacto entre PPD, PR y PC para concejales. 
Aumenta así el marasmo de la esfera política, a mitad de camino del período de gobierno, en que toca ir configurando las opciones de remplazo. En el caso de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, los que promovimos sus candidaturas aliamos en su momento al PS, PPD y  PR y le propusimos al PDC dirimir la legítima disputa de opciones ante los ciudadanos, en primarias abiertas. En el primer caso, Lagos le ganó en 1999 a Zaldívar por 70 a 30% de los 1,4 millones de votantes y ganó la elección presidencial. En el segundo, Alvear se retiró frente a Bachelet antes de concurrir a las urnas de las primarias. En el caso de Frei hubo una aproximación sectaria, especialmente en el PS y la DC, que terminaron supuestamente aliados pero en realidad fracturados, y no hubo primarias reales ni propuestas progresistas (Frei no consideró siquiera una reforma tributaria para disminuir las desigualdades), se levantó  una candidatura  fuera de la Concertación y Frei perdió su opción presidencial, a pesar de la buena valoración del gobierno saliente por la opinión pública. 
En la actualidad, los que dominan el PS han reiterado su lógica conservadora y sectaria y desechan toda alianza de los partidos progresistas, que en la nueva etapa debe incluir  a todas sus expresiones, incluido el PC, y las recientemente creadas a partir de escisiones del socialismo PRO y MAS-MAIZ, con una plataforma que dé cuenta del Chile del siglo 21, empezando por la despenalización del aborto, nuevos derechos sociales y laborales, recuperación del control de los recursos naturales, educación y salud públicas de calidad, lucha contra el cambio climático con una nueva matriz energética y productiva, entre otros temas. El socialismo conservador ha mantenido una actitud interna y externa hostil con las expresiones de izquierda para aliarse en las elecciones municipales y parlamentarias con un PDC dirigido por conservadores, que se niegan siquiera a restablecer en materia de aborto la legislación vigente entre 1931 y 1989 y no están dispuestos a aumentos relevantes del royalty minero, por ejemplo. 
Ha roto así lo realizado exitosamente en lo político en décadas pasadas y renunciado a su identidad y a toda reflexión programática, con el pretexto de promover una nueva candidatura de Bachelet, pero ahora con otra fórmula de alianzas y sin otro contenido que recuperar el poder. El resultado: ningún compromiso DC de apoyo presidencial hasta ahora y la dispersión y división del progresismo en las elecciones municipales, lo que probablemente se prolongará hacia la  elección parlamentaria y presidencial futura. ¿Su único sustento?: la popularidad en la lejanía de la expresidenta Bachelet, que ha roto su silencio solo para  dirigirse a los conservadores de la Concertación, es decir prologar un libro del neoliberal Velasco y para felicitar efusivamente a Escalona, que asume la presidencia del Senado con la bandera de un anacrónico “Estado protector”, que calza bien con las mentalidades autoritarias que se sienten llamadas a “proteger” a los demás, como si la idea del Estado democrático y social de derecho, que en Chile debe ser urgentemente instaurado en base a un nuevo proceso constituyente, no fuera la base necesaria de toda propuesta progresista moderna. 
Los que se sienten fuera de la alianza contranatura y exclusivamente pragmática entre las burocracias partidarias DC y PS, hacen bien en reagruparse y sintonizar con las aspiraciones mayoritarias de la sociedad chilena.

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