lunes, 8 de agosto de 2005

Razones de una candidatura

Mi candidatura no tiene como objetivo sólo la búsqueda de un escaño. Si se obtiene, bien. Y en este caso a través de duplicar como Concertación, junto a Soledad Alvear, los votos de la derecha, lo que no es fácil pero tampoco imposible. Y además con el desafío de superar los votos de Longueira, expresión de la derecha extrema que bien vale la pena derrotar y así cortar de raíz sus pretensiones presidenciales futuras. Esta campaña no busca solo un resultado, sino que se inscribe en un proceso. Luego de la declinación de la candidatura del diputado Carlos Montes, se generó un vacío que debía ser llenado, salvo que se dejara sin representación en la campaña de 2005 al PS-PPD-PR en el 20% del electorado nacional que vota en la circunscripción senatorial de Santiago Oriente.
Representar en ese lugar, que es por lo demás en el que vivo, los valores, las ideas y el proyecto de la izquierda democrática y progresista chilena es entonces la motivación principal de esta campaña. He tenido la posibilidad de desarrollar en diversos libros, trabajos e intervenciones estos temas. En dos palabras: soy de los que piensa que los seres humanos somos iguales en dignidad y debemos llegar a serlo en derechos (políticos, sociales, económicos, culturales, ambientales) y en oportunidades de realización de nuestros proyectos de vida. En el “debemos llegar a serlo” está el quid del asunto, pues vivimos en una sociedad que está lejos aún, si se me permite la ironía, de consagrar esa igualdad. Acercarse a lograrla, contra viento y marea, es nuestro “optimismo de la voluntad”, lo que dependerá de los grados de transformación de la sociedad y de la economía que vayamos obteniendo los ciudadanos progresistas y de izquierda a través de la acción política democrática en las instituciones y en la sociedad civil. Se trata de jugarse por hacer posible que nuestros valores igualitarios y libertarios se hagan realidad progresivamente, con luchas de largo aliento, que se van extendiendo de generación en generación.Había entonces un vacío y nadie de nuestro campo político, o independientes cercanos a él, estaba dispuesto a llenarlo. El PPD tenía su candidato a Senador en Santiago Poniente, Guido Girardi, con un gran desafío electoral y no se interesaba por llevar dos candidatos a Senador por la Región Metropolitana, mientras el actual secretario general del PS declaró que no llevaríamos candidato a senador por Santiago. Esto me pareció insólito y ocurriría por primera vez en la historia del socialismo. Y habiendo yo dejado el cargo de Presidente del PS en el congreso de enero de 2005, me pareció que podía y debía ofrecerme para esta tarea.
Luego de haber trabajado intensamente para que Michelle Bachelet se transformara en candidata presidencial primero de mi partido, luego del bloque progresista y luego de la Concertación, me pareció que esto no suponía dejar sin acompañamiento a Soledad Alvear en su opción a senadora por Santiago Oriente, luego de la declinación de su precandidatura presidencial a favor de Michelle. Se trataba de al menos una falta de reciprocidad y de amistad cívica concertacionista.
Después de pensarlo un par de días y consultarlo con quien me pareció necesario, decidí ponerme a disposición de mi partido y de la concertación para acompañar a Alvear. A esta le pareció bien, como lo ha declarado públicamente, lo mismo que a los demás partidos de la coalición. Ha sido la excepción la actual dirección del mío, probablemente porque he sido crítico de ella, pues me parece que no ha hecho lo necesario para haber concluido hace ya tiempo la negociación parlamentaria y darle apoyo pleno y prioritario al despliegue de la candidatura de Michelle. Hay que seguir pensando en el interés general, para eso estamos en política, y no habiendo aún quien se ofrezca, parece ser que mi candidatura se concretará y la voy a asumir como corresponde.

miércoles, 15 de junio de 2005

Por una izquierda moderna. El socialismo chileno del siglo 21


El socialismo chileno contemporáneo es una fuerza política inserta en el movimiento social, en variados espacios de la sociedad civil, en el poder local y es desde 1990 un partido de gobierno como parte de una coalición mayoritaria. Por definición, el programa y práctica gubernamental de esa coalición sólo recogen parcialmente el proyecto de sociedad que encarna el socialismo.

Este hecho contribuye a que no siempre aparezca con suficiente nitidez su vigencia como proyecto político de transformación social de largo plazo.

A su vez, el proyecto socialista para el siglo 21, con los respectivos programas de política pública para cada etapa de la vida del país, debe ser objeto de permanente debate y reactualización.

Esta tarea se inserta en una historia y en una trayectoria que cubre ya, en escala universal, cerca de dos siglos. Al retomar y desarrollar junto a los movimientos obreros nacientes el proyecto republicano expresado en la trinidad “libertad, igualdad, fraternidad”, el socialismo propuso una política de civilización encaminada a suprimir la explotación del hombre por el hombre y la arbitrariedad de los poderosos. En nuestro país, la opción socialista tuvo sus primeras expresiones en la creación de la “Sociedad de la Igualdad” fundada por Arcos y Bilbao en 1850, luego en las mancomunales y sociedades de resistencia, y más tarde en los sindicatos y los partidos de izquierda[1].

El proyecto socialista en escala universal ha sido la solidarización de la sociedad, con éxitos parciales expresados por la vía estatal en los llamados socialismos reales y por la vía democrática y social en la conformación de los Estados de bienestar. Pero en el primer caso no pudo evitar el estancamiento y posterior derrumbe de la economía centralizada y burocrática y en el segundo no pudo contener en profundidad la des-solidarización de las relaciones sociales en la civilización urbana industrial.

El socialismo se empeñó también en democratizar la vida social. Su versión “soviética” derivó en un autoritarismo extremo. En la experiencia estalinista del siglo 20, lejos estuvo de realizarse la abolición del Estado como aparato de dominación, ese boa constrictor que aprisiona a la sociedad en palabras de Marx, y por el contrario el comunismo soviético estableció una dictadura burocrática que suprimió toda libertad, sin conseguir igualdad ni prosperidad colectiva suficientes. Esta experiencia dañó la esperanza emancipatoria del proyecto socialista, aunque su propio derrumbe en 1989 dejó atrás la posible identificación del socialismo moderno con el comunismo soviético.

Su versión socialdemócrata, en cambio, tuvo el gran mérito de afianzar la primacía democrática y de construir modalidades extendidas de Estado de bienestar en las sociedades post-industriales.

Convengamos con Perry Anderson que el proyecto socialista decimonónico más desarrollado suponía la existencia de un agente subjetivo: las nuevas relaciones de producción post-capitalistas serían puestas en práctica por el trabajador colectivo generado por la propia industria moderna, es decir la clase obrera que prefiguraba los principios de la sociedad futura. A su vez, la institución clave de tal sociedad sería la planificación concertada de los productores libremente asociados, sin intercambios de mercado, que compartirían en común a través de la abolición de la propiedad privada sus medios fundamentales de existencia, distribuyendo los bienes producidos según la capacidad de cada cual en función de las necesidades de cada uno, en una sociedad sin clases y sin Estado[2].

El primer aspecto (la generalización de la relación salarial y la expansión de la clase obrera hasta el punto de hacerse mayoritaria) no se confirmó en las sociedades periféricas heterogéneas, como las latinoamericanas, mientras en los países capitalistas centrales la tendencia al crecimiento de complejos de integrados de producción, con una articulación sistémica de las condiciones de la producción y el consumo de masas, más o menos se verificó desde la revolución industrial hasta los “30 años gloriosos” del capitalismo posterior a la segunda guerra mundial. Desde entonces, las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones fraccionan los procesos productivos, la clase obrera fabril disminuye en número, aumenta sustancialmente la actividad de suministro de servicios sociales y de servicios de apoyo a la producción, mientras segmentos significativos de asalariados logran también acumular capital a través del ahorro familiar, o al menos acumular “capital humano” transmisible a sus hijos.

La condición asalariada se fragmenta y diversifica, generando nuevas desigualdades. Muchos proveedores de servicios no son ya mecánicamente subordinables por el capital, especialmente cuando tienen funciones de creación y concepción de productos, o de gestión basada en el conocimiento y la información, y en determinadas circunstancias adquieren capacidad de obtener incrementos sistemáticos de su nivel de vida y de su capacidad de ahorro.

Por su parte, los seres humanos ocupados en trabajos asalariados de ejecución, precarios, mal pagados, junto al autoempleo de subsistencia y quienes sobreviven en condiciones de exclusión y marginalidad, aspiran a la integración en empleos estables y no logran constituirse en actores sociales colectivos como los que suponía Marx llevarían inevitablemente a la sustitución del capitalismo.

El segundo aspecto, la planificación central, se hizo cada vez menos posible de aplicar frente a las complejidades de coordinación de precios y cantidades en economías con progreso técnico acelerado. Fueron emergiendo dificultades insuperables para reunir centralizadamente la información pertinente sobre la multiplicación y diversificación generalizada de la producción de bienes y servicios y la dispersión espacial, muchas veces a escala mundial, de sus respectivos procesos de producción. En palabras de Perry Anderson, “la planificación centralizada realizó proezas notables en condiciones de asedio o de guerra, tanto en las sociedades comunistas como en las capitalistas. Pero en tiempos de paz, el sistema administrativo en los países comunistas se demostró totalmente incapaz de controlar el problema de la coordinación de los agentes en economías cada vez más complejas, y engendró niveles de derroche e irracionalidad que superan con creces los de las economías de mercado en el mismo período, para manifestar finalmente un síntoma de crac potencial”.

En este contexto, el desafío socialista no es ya la supresión del mercado y la abolición del Estado, sino construir una nueva articulación del Estado democrático, la sociedad civil y los mercados en escala local, nacional y mundial, para fundar racionalmente la esperanza de crear un sistema social que sea un auténtico avance respecto del capitalismo. En nuestro caso, este desafío se desenvuelve en las peculiares condiciones latinoamericanas y la heterogeneidad estructural y cultural de sus sociedades. Ello se expresa también en la diversidad de las expresiones políticas y sociales de la izquierda en el continente y su variada trayectoria hasta el presente.

Reafirmar los valores civilizatorios del proyecto socialista
Materializar esa esperanza se traduce en una acción de transformación en la que se hacen realidad progresivamente los valores civilizatorios del socialismo.

Ser socialista en el siglo 21 es optar por el valor de la igualdad, es decir por una sociedad de iguales en dignidad, en derechos y en oportunidades, y por el valor de la libertad, es decir por la ausencia de dominación y el respeto de la diferencia. Es por ello que Norberto Bobbio define ser de izquierda como el privilegio del valor de la igualdad, incluyendo la igualdad de la libertad, frente a otros valores[3].

Desde la perspectiva socialista, la libertad –es decir la expresión de la diversidad, de la no uniformidad, de la autonomía, que es la gran promesa de la modernidad- debe poder ser ejercida en plenitud por todos y no sólo por una minoría privilegiada económicamente dominante.

Esto no implica una lógica de prédica moral, sino de despliegue, inspiradas en esos valores, de luchas políticas y sociales de una alianza de los trabajadores, de los excluidos y de las clases medias y emprendedoras, alianza que el socialismo se propone representar. Este bloque transformador tiene por vocación expandir sistemáticamente los derechos políticos, sociales, ambientales y culturales de los ciudadanos. Hacer realidad esos derechos requiere ampliar simultáneamente las condiciones materiales, es decir el desarrollo de las fuerzas productivas, e institucionales capaces de sustentarlos establemente en el tiempo, es decir de sólidas democracias en los Estados-nación y de un orden internacional basado en el derecho y la cooperación, y por tanto de la emergencia progresiva de una ciudadanía mundial.

Los socialistas luchamos por expandir la calidad de vida en su dimensión de incremento de los espacios de convivencia humana (el compartir con otros la vida más allá de lo utilitario y funcional, el vivir por vivir más allá del trabajo para la subsistencia, donde lo prosaico deje espacio a lo poético, en palabras de Edgar Morin) y en su dimensión de respeto y valorización del medioambiente. Luchamos también contra la uniformización cultural empobrecedora y mercantilizada y a favor de la motivación de enraizamiento en la cultura propia con espíritu de apertura a los otros humanos.

El objetivo primordial del socialismo es humanizar la sociedad. El socialismo del siglo XXI se propone retomar con nuevos bríos la aspiración a más comunidad, fraternidad, justicia y libertad, que estuvo en la fuente del socialismo de los siglos XIX y XX, sin desconocer las dificultades que esa aspiración debe enfrentar en la actualidad: la dificultad antropológica, es decir el malestar humano que suele acompañar la individuación y la disolución de las comunidades tradicionales en la civilización moderna; la dificultad sociológica, que emana de la fragmentación de las identidades, del trabajo y de la vida urbana en las sociedades contemporáneas; la dificultad ecológica, provocada por la alteración de los ecosistemas por más de 6 mil millones de humanos que habitan la tierra y que en los próximos decenios se estabilizará en unos 10 mil millones; y la dificultad demográfica derivada del creciente peso relativo de las personas de edad avanzada y muy avanzada.

Hoy la aspiración es, si se quiere, menos ingenua, pero su amplitud incita más que nunca a impulsar con imaginación y espíritu práctico un proyecto histórico civilizatorio de largo aliento, que se confunde con la aventura colectiva de mejorar paso a paso el bienestar de las actuales y futuras generaciones y la convivencia entre los seres humanos a escala local, nacional y planetaria[4].

El segundo objetivo del socialismo, y que es condición para avanzar en el primer objetivo, es el de consagrar la democracia política extendiéndola a la democracia social. Se trata de avanzar desde los indispensables derechos civiles y políticos de los ciudadanos garantizados por un orden institucional democrático, hacia los derechos sociales, económicos, ambientales y culturales de los trabajadores, de las mujeres, de las minorías étnicas, de los niños y ancianos, de los emprendedores. El socialismo lucha por la igualdad social entre los géneros y contra la discriminación de la mujer, contra la xenofobia, contra la discriminación étnica, contra la discriminación de que son objeto las minorías sexuales, discriminaciones producidas por el peso de los oscurantismos culturales y de los impulsos humanos proclives al autoritarismo y a la intolerancia que la sociedad inspirada por los valores socialistas debe confrontar radicalmente. Ser socialista es también en el siglo XXI comprometerse con las futuras generaciones que ven amenazado su acceso al patrimonio ambiental de la humanidad. Como decía Jean Jaurès, “la democracia es el mínimo de socialismo, el socialismo es el máximo de democracia”[5].

El tercer objetivo del socialismo es dominar el futuro colectivo, pues rechazan los socialistas la idea de un orden natural o divino de la sociedad de carácter inmutable y frente al cual sólo cabe resignarse. El socialismo es una de las más caracterizadas expresiones de la modernidad y de reivindicación de la razón para promover el progreso de la condición humana, sin desconocer que el género humano es capaz de lo mejor, pero también de lo peor. Como lo demostraron las tragedias del siglo XX, ese reconocimiento subraya para los socialistas el deber de promover los valores –traducidos en derechos y obligaciones- que permiten defender eficazmente la dignidad de la condición humana en toda circunstancia.

Por eso los socialistas no somos liberales, no somos partidarios del “laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar), en donde lo mejor sería dejar a cada cual perseguir su interés individual, lo que supuestamente garantizaría una autorregulación social armónica. Los socialistas ponemos por delante la voluntad colectiva de orientar y gobernar los destinos de una sociedad crecientemente compleja y fragmentada. La sociedad moderna no sólo enfrenta los clásicos problemas de la desigualdad económica y social, sino riesgos colectivos crecientes en el terreno ambiental, urbano y demográfico, así como más gravemente la pérdida de sentido y la expansión de la droga y la criminalidad. También debe hacerse cargo del enorme cambio cultural que suscitan la mundialización de las comunicaciones, la aceleración de la globalización de las economías y la emergencia de las nuevas tecnologías de la información y de las biotecnologías como motor del cambio tecnológico. Este último aspecto tiene fuertes consecuencias éticas y abre nuevas interrogantes sobre el modo de convivir en sociedad y sobre los límites a establecer en la intervención sobre los genes y los embriones y qué hacer con los productos genéticamente modificados, lo que no puede ser dejado sólo en manos de los científicos y menos de los poderes económicos privados.

Dominar el futuro colectivo, y sustraerlo de la lógica mercantil de corto plazo, es entonces cada día más necesario para que el progreso técnico permita lo mejor (el más amplio bienestar) y no contribuya a agravar lo peor (la explotación y dominación del hombre por el hombre, la deshumanización, la urbanización sin control, las diversas formas de violencia, la degradación ambiental).

¿Es posible alcanzar estas aspiraciones en plenitud? No lo sabemos, pero sí sabemos que plantearse ese horizonte permite mitigar las injusticias y desigualdades de acuerdo a las posibilidades que ofrece cada tiempo de la historia a la acción colectiva, en un proceso civilizatorio que se sustenta en la idea de que el género humano es capaz de mejorar sistemáticamente su modo vivir en sociedad. Lo que supone, a su vez, un exigente respeto por los deberes cívicos y personales que hacen posible una vida en común justa. Esta vida en común justa no es compatible con el capitalismo concentrador y excluyente y la primacía del afán de lucro en la vida social.

Hacia una sociedad post-capitalista

El capitalismo es la dominación sobre la sociedad y la política del poder económico concentrado, es la subordinación del trabajo y la apropiación de los recursos naturales para fines de acumulación privada de utilidades, es el dominio del dinero sobre el sistema político. El capitalismo no es el mercado ni la democracia: el capitalismo tiende a concentrar los mercados y a aumentar sus ineficiencias en la asignación de los recursos y tiende a invalidar el poder de los ciudadanos.

Introduzcamos para esta reflexión el enfoque del historiador Fernand Braudel sobre “los tres pisos” que a su juicio articulan la esfera económica. Para Braudel, el primer piso es el conjunto de prácticas que constituyen la base socio-cultural de la producción, frecuentemente en el marco de una economía informal y no mercantil, con presencia de donaciones y contradonaciones recíprocas; un segundo piso lo conforma la estructura de intercambios de mercado con múltiples oferentes y demandantes en situación competitiva; y el tercer piso lo constituye aquel en que predomina el capital financiero y productivo concentrado, y que Braudel identifica con el capitalismo propiamente tal.

En palabras de Braudel: “Es en el plano político, ante todo, que adquiere plena significación la distinción, para mi fuera de duda, entre el capitalismo en sus diversas formas y la ’economía de mercado’. El gran empuje capitalista del siglo pasado ha sin duda sido descrito incluso por Marx, incluso por Lenin, como eminentemente, sanamente competitivo. (…) En la cumbre están los monopolios, debajo la competencia reservada a las pequeñas y mediocres empresas. (…) Hay un margen inferior, más o menos grueso, de la economía –llámenla como quieran, pero existe y está hecha de unidades independientes. Entonces no digan tan rápido que el capitalismo es el conjunto de lo social, que envuelve a nuestras sociedades enteras (…). Hay hoy día aún, como en el siglo 18, un amplio primer piso que, al decir de economistas, representa hasta 30% y 40% de las actividades en los países industrializados del mundo actual. Este volumen, al margen de los mercados y de los controles del Estado, recientemente estimado y que sorprende por su amplitud, es la suma del fraude, del trueque de bienes y servicios, del “trabajo negro”, de la actividad de los hogares, esta economía de la casa que, para Santo Tomás de Aquino, era la economia pura y que subsiste hasta nuestros días. La “tripartición”, la economía de pisos cuya importancia antigua he reconocido, sigue siendo un modelo, una guía de observación para el tiempo presente (...). No decía acaso Lenin: ’La pequeña producción mercantil da cada día, a cada instante, nacimiento al capitalismo y a la burguesía de manera espontánea…Ahí donde subsiste la pequeña explotación y la libertad de los intercambios, el capitalismo aparece’. Se le atribuye incluso la expresión : `el capitalismo empieza en el mercado del pueblo´. Conclusión: para desembarazarse del capitalismo hay que extirpar, hasta sus raíces, la producción individual y la libertad de intercambio. Estas observaciones de Lenin ¿no son acaso un homenaje a la enorme potencia creadora del mercado, de la zona inferior de los intercambios, del artesanado, e incluso en mi opinión, del arreglín? Una potencia creadora que, para la economía, es no solo una riqueza de base, sino también una posición de repliegue durante los períodos de crisis, las guerras, las panas serias de la economía que exigen cambios estructurales(…). Finalmente, admitir sin reticencia la distinción entre economía de mercado y capitalismo ¿no debería evitarnos el todo o nada que nos proponen inmutablemente los hombres políticos, como si fuera imposible conservar la economía de mercado sin dejar toda libertad a los monopolios, o de desembarazarnos de esos monopolios sin “nacionalizar” todo?” [6].

La transformación socialista moderna debe orientarse entonces a reemplazar el predominio del tercer piso de Braudel en tanto expresión concentrada del impulso ilimitado de acumulación, que produce y reproduce la concentración de la riqueza y del poder y la multiplicación de inaceptables e ilegítimas desigualdades, por una economía plural gobernada por la democracia y orientada a satisfacer las necesidades humanas.

Asumamos que los seres humanos están abiertos a favorecer la cooperación desinteresada o de mutuo interés, especialmente en la esfera propia del primer piso, en donde los lazos familiares y comunitarios son más fuertes[7]. Existen entonces en nuestras sociedades contemporáneas, para la autorrealización y el desarrollo de proyectos autónomos de vida, espacios para la economía social, de carácter cooperativo y sin fines de lucro, o para aquella economía que, teniendo fines de lucro, se organiza sobre la base de redes familiares y sociales. Este primer piso será siempre el soporte de la creación de empleo y del repliegue de sobrevivencia en situaciones de penuria económica.

También asumamos que los seres humanos suelen minimizar su esfuerzo y maximizar los resultados de ese esfuerzo. No cabe, por tanto, ser contrarios a los intercambios que viabilizan esa maximización en el segundo piso de Braudel, en donde la coordinación entre múltiples oferentes y demandantes puede hacerse útilmente a través del sistema descentralizado de precios en mercados competitivos intervenidos social y ecológicamente. Es, en esta perspectiva, necesaria una regulación por los poderes públicos democráticos para, con procedimientos modernos de redefinición de los derechos de propiedad privada (a no confundir con la propiedad de bienes personales), establecer responsabilidades sociales de la empresa con sus trabajadores y respecto del medio ambiente y del espacio en que funciona, lo que en definitiva limita en beneficio de la colectividad y de las futuras generaciones su carácter capitalista y los males sociales que le son consustanciales[8].

Son indispensables las regulaciones para hacer que los mercados sean competitivos y sean social y ecológicamente gobernados, pues el libre mercado es un vehículo de concentración del poder económico y político. La maximización de utilidades librada a su suerte, propia de toda estrategia empresarial racional, conduce a la búsqueda sistemática de rentas (llamadas “intramarginales” en la microeconomía convencional) y no ya de utilidades legítimas, sobre la base de rehuir la competencia y de desarrollar situaciones de monopolio o de competencia monopolística. La política socialista se orienta a impedir las prácticas monopólicas y a promover las capacidades de la producción en pequeña escala, lo que supone intervenciones públicas eficientes para derribar las asimetrías de información y sustituir los mercados incompletos en los sistemas financieros, que se constituyen en instrumentos privilegiados de la dinámica de concentración capitalista[9].

También se orienta a proteger y promover la innovación para que esta sea viable en todo el tejido productivo y no se centralice en la gran empresa, en circunstancias en que el conocimiento tiene el carácter de bien público de apropiación colectiva y que la esencia de una economía próspera es la difusión del conocimiento y del progreso técnico, siendo su rentabilidad social el doble de su rentabilidad privada[10].

En este sentido, cabe subrayar el potencial transformador que abren las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en el terreno económico. El trabajo, el capital y la propiedad se redefinen con la entrada en la era digital y de las redes. El paso a una sociedad en que el conocimiento y el saber se constituyen en fuentes privilegiadas de riqueza tiene consecuencias en cascada: el “trabajador” se transforma en poseedor de su instrumento de producción –su cerebro y sus habilidades- que puede hacer funcionar en los horarios que mejor le acomodan, en el lugar que le acomoda y con modos de remuneración que no son sólo monetarios sino también de reconocimiento por una comunidad y de contribución a un proceso de uso de la inteligencia colectiva. El “trabajador” en esta situación no sólo puede renegociar el marco de su inserción en el trabajo productivo, sino que se encuentra en posición de “poseedor de capital”, en un contexto en que la actividad de creación digital, en su sentido amplio, se desenvuelve con necesidades de capital material –máquinas y herramientas- de cada vez menor costo. Se avizora así la emergencia progresiva de un tejido productivo con gran dinamismo económico y a la vez con mayor capacidad de establecer vínculos económicos simétricos y también de impedir la disolución de la convivencia colectiva y de los espacios familiares y comunitarios.

Promovemos una economía con mercados, pero no de mercado. Promovemos una nueva economía plural, que se beneficie de la capacidad de asignar recursos descentralizadamente que los mercados poseen, con una actividad de empresas privadas con fines de lucro limitada por principios de responsabilidad social e insertas en mercados eficientes y no monopólicos, pero consagrando también otras lógicas económicas: la de los bienes y servicios públicos, proveedores de la vasta gama de bienes de consumo colectivo (seguridad, equipamientos urbanos, cultura), o con fuertes externalidades, (educación, salud, protección social, extracción de recursos naturales estratégicos) que la sociedad necesita, la de la economía social y solidaria, la de la economía doméstica y de pequeña escala, así como la distribución de ingresos básicos para todos, que la renta tecnológica de naturaleza social hace posible y viable en la era de la economía digital. Esta nueva economía plural estará crecientemente sustentada en la difusión del conocimiento, que enriquece las singularidades y la creatividad personal, pero en el marco de redes que utilizan información por naturaleza socializable, redes que enlazan a los unos con los otros en situaciones de cooperación para el aprendizaje y el desempeño productivo eficaz[11].

Para sostener materialmente una sociedad igualitaria y justa, el gobierno social y democrático de los mercados deberá también preservar los incentivos a la innovación y al esfuerzo productivo, pues no se trata de redistribuir la pobreza ni desorganizar la economía, sino de establecer los derechos económicos, sociales, ambientales y culturales que hemos mencionado a partir de una base material que los sustente y amplíe en el tiempo[12].

El proyecto socialista moderno requiere para avanzar a una distribución equitativa del poder, de las capacidades y de los ingresos (especialmente en las economías primario-exportadoras), de la socialización de las rentas de los recursos naturales que pertenecen a la sociedad en su conjunto y no es legítimo ni racional que sean apropiadas privadamente.

Requiere también que, en todas partes, sean socializados los recursos generados por ese bien colectivo que es el avance tecnológico y del conocimiento, cuya apropiación privada tampoco tiene fundamento racional. Estos recursos colectivos deben ser distribuidos a la sociedad por el poder democrático.

En primer lugar, deben ser distribuidos a las nuevas generaciones a través de una educación de calidad de acceso universal y gratuito como recurso que la sociedad pone a disposición de los jóvenes para su inserción en la vida en igualdad de oportunidades. Asimismo, debe ser distribuido bajo la forma de un aporte capitalizado desde el nacimiento para la inserción inicial de los jóvenes en la vida económica activa. Esto ya existe, por ejemplo, en Inglaterra y Suecia.

En segundo lugar, deben ser distribuidos a toda la población, en parte como recursos de subsistencia digna no condicionales (“dése a todos los ciudadanos un ingreso modesto, aunque incondicional, y déjenlo completarlo a voluntad con ingresos provenientes de otras fuentes”) concentrados en los más pobres primero y más tarde universalmente, en lo que se conoce como la idea del ingreso mínimo garantizado[13], y en parte como créditos y/o subsidios de readaptación y reinserción frente a la velocidad del cambio tecnológico y de las condiciones productivas, en un proceso continuo de educación a lo largo de toda la vida. En palabras de René Passet: “Hemos comprobado la relación que existe entre la reducción del tiempo de trabajo, para la cual fue concebida la máquina, y la instauración de un ingreso equivalente al mínimo de subsistencia. Pese a su denominación (de ingreso ‘tecnológico’), no está vinculado al capital técnico, sino a la propia organización del proceso de producción, es decir a la inversión intelectual y a la información. Depende pues de este patrimonio universal cuyos frutos, que no son imputables a uno u otro factor productivo, deben distribuirse en realidad entre el conjunto de la colectividad (...). Queda el factor tiempo, con el que el sistema se aliaría para quedar progresivamente instaurado. Porque si el dividendo universal representa el ideal que hay que alcanzar, puede no ser un acierto empezar la casa por el tejado (...). Esta progresividad a lo largo del tiempo, que tanto contribuye a la viabilidad del sistema, relativiza el interés concreto, inmediato del debate –fundamental, por el contrario, en el plano de los principios- que versa sobre el carácter universal o no universal de la renta mínima garantizada. Estamos hablando, insisto, de distribuir y no de redistribuir. Despunta el momento en que, en una sociedad donde la robótica llevará a cabo el trabajo, la renta universal se habrá convertido en la fuente principal de ingresos que cada cual podrá completar con otros ingresos procedentes de una actividad de libre acceso. El contrato de trabajo con plazo fijo, justamente denostado en el contexto de precariedad actual, se convertiría entonces en la modalidad normal que permita a cada parte –empleador o empleado- establecer temporalmente unos lazos profesionales”[14].

Los dispositivos de igualación inicial de oportunidades y de provisión de ingresos básicos garantizados deben complementarse con políticas de garantía del derecho al trabajo, mediante la creación de un acceso a la capacitación para la inserción en el empleo y, cuando esto sea insuficiente para asegurar esa inserción en el empleo, de un acceso a “empleos cívicos” de interés comunitario para los desempleados de larga duración que la demanda de trabajo deja fuera de la actividad económica[15].

Como se constata, el socialismo moderno debe transformarse en el movimiento que, desde la sociedad civil y su capacidad de darle forma a un Estado democrático fuerte, legítimo y eficaz, pueda regular la esfera económica y dotarla de capacidades emancipadoras, orientándola hacia fines situados más allá de ella: la autorrealización y el desarrollo de los proyectos de vida de cada cual.

El socialismo es la modernidad en vías de construcción –pero esa construcción de la modernidad estará siempre en evolución- en la cual la esfera regida por la racionalidad económica debe ponerse al servicio de la expansión de las otras esferas de actividad que no tienen necesidad ni fin económico, en las que la autonomía de la vida individual se despliega como fin en sí misma. No se trata de condenar sistemáticamente la búsqueda por las empresas de la máxima eficacia para obtener utilidades –que es su fin último- sino de sujetarlas a reglas y límites, incluyendo que no se transformen en rentistas monopólicos que alteran en provecho propio el funcionamiento de un sistema de precios descentralizado, como no ha cesado de hacerlo la lucha sindical, los movimientos ecológicos, los defensores del consumidor, las representaciones de la sociedad local, y, desde luego, el poder democrático representativo, y de ponerla al servicio del desarrollo autónomo y solidario de los individuos y de la sociedad.

El socialismo es entonces la consagración del poder de la sociedad para definir democráticamente las prioridades y los fines, así como las reglas y los límites en los cuales puede desplegarse la racionalidad económica, representando al mundo del trabajo en su vasta gama de expresiones y al mundo de la cultura y de los creadores y emprendedores.

Las democracias deben potenciar la prosperidad económica colectiva. Pero deben limitar el poder económico concentrado en unas pocas manos. Si no lo hacen, éste termina inevitablemente dominando al poder político de manera más o menos encubierta, más o menos desembozada. Sus intereses no son los de la mayoría ni de los de las generaciones futuras. O la democracia gobierna a los poderes económicos o los poderes económicos gobiernan a la democracia.

Hacia una nueva República de Democracia Social en Chile

Ese es el dilema en el que se desenvuelve también el Chile contemporáneo. Luchar contra la derecha es seguir reivindicando la práctica política democrática como el único espacio legítimo para dirimir las opciones de sociedad y procesar los conflictos de interés, sin intervención del poder de las armas y del poder del dinero, sustentando el sistema político en la soberanía popular y en reglas del juego civilizadas.

Nuestro proyecto se traduce programáticamente en la construcción de un Estado Social de Derecho como condición inicial necesaria para la transformación de la sociedad en los próximos años. Esta construcción en diversos aspectos ya está en curso desde 1990 y en ella se ha empeñado especialmente la presidencia de Ricardo Lagos. En especial, la agenda de reformas sociales ha incluido establecer por primera vez en Chile el seguro de desempleo y mejorar la legislación laboral, reforzando el rol de los sindicatos (aunque no en toda la medida necesaria); iniciar una gran reforma de la salud, cuya primera etapa será garantizar el acceso a la atención en los principales problemas de salud; reforzar la reforma de la educación ampliando la cobertura preescolar, el aprendizaje en la educación básica, la retención de los jóvenes en dificultades en la educación media y las ayudas estudiantiles y la acreditación en la educación superior y reforzar la lucha contra la exclusión con el programa Chile Solidario y con el programa Chile Barrio para terminar con los campamentos.

La gran tarea es ahora avanzar a la disminución sistemática de las desigualdades. Esto requiere de un Estado Social de Derecho fuerte y responsable[16], con servicios públicos revalorizados en su orientación hacia las necesidades de los ciudadanos, de aumento de la eficacia, es decir de la priorización y programación de su actividad, y de la eficiencia, es decir de incrementar su capacidad para hacer más con lo que se tiene, con mecanismos generalizados de evaluación del desempeño y de rendición transparente de cuentas a los ciudadanos sobre su gestión.

El Estado Social de Derecho en una nueva República de Democracia Social que prevalezca en Chile fruto de sucesivas reformas –en el horizonte del bicentenario de la república el 2010- debe tener la característica de:

- ser el garante de la democracia y las libertades, de la soberanía nacional, del imperio de la ley, de la seguridad de las familias y de la no discriminación arbitraria, a través de la autoridad gubernamental y sus órganos de la defensa y de la seguridad interior, así como de los poderes judicial y legislativo, en interacción con la sociedad civil;

- organizar solidariamente la cobertura de los riesgos sociales mayores (enfermedad, accidentes, cesantía, catástrofes);

- hacerse cargo de proveer en amplia escala los bienes públicos de consumo colectivo que hagan posible tener una mejor calidad de vida, seguridad y acceso a la cultura en nuestras ciudades y en los espacios rurales;

- transferir ingresos y capacidades de inserción social a los carentes de recursos, para asegurar una existencia digna a todos y cada uno de los ciudadanos;

- fortalecer los derechos sindicales, la negociación colectiva y la participación de los trabajadores en la empresa, incluso en su propiedad a través de fondos colectivos;

- intervenir sobre el futuro para generar una sustancial igualdad de oportunidades y de resultados a través de la protección de la infancia, la educación, la promoción de la salud, el fomento de las actividades productivas y de la innovación en escala nacional, regional y local y la preservación del medio ambiente;

- hacerse cargo solidariamente de las generaciones pasivas, cuya significación en la sociedad se incrementa dada la evolución demográfica, a través de la reorganización solidaria de los regímenes de previsión.


Sin un Estado social, regulador y promotor del crecimiento, no es posible plantearse seriamente un crecimiento sostenido y un desarrollo equitativo, sustentable y socialmente igualitario: queda todavía mucho por hacer. Esa es nuestra convocatoria mirando al futuro.

-----------------
Una primera versión de este artículo, basado en extractos del libro de Gonzalo D. Martner, El socialismo y los tiempos de la historia, Ediciones PLA- CESOC, 2003, fue publicado en la revista Movimientos, n°1, 2004.
NOTAS

[1] Ver Jorge Arrate y Eduardo Rojas, Memoria de la izquierda chilena,Tomo I (1850-1970), Javier Vergara Editor, Santiago, 2003.
[2]Perry Anderson “El capitalismo después del comunismo”, ¿Hay alternativa al capitalismo? Congreso Marx Internacional, K&ai Ediciones, Buenos Aires, 1996.
[3] Norberto Bobbio, Izquierdas y Derechas, Taurus, Madrid, 1989. En otro texto, ha subrayado Bobbio: “Lo que ha distinguido a la izquierda en todas sus formas en el curso de los dos últimos siglos, a la vez de modo “funcionalmente positivo” y de manera “funcionalmente negativa” es lo que me inclino a llamar el “ethos” de la igualdad (que es también un “pathos”). Inspiró a la Revolución rusa como a la socialdemocracia europea. La historia del socialismo es en gran medida la historia de los ideales igualitarios, perseguida ya sea a través de la abolición completa de la propiedad privada –que era considerada por Rousseau como la causa principal “de la desigualdad entre los hombres”- ya sea a través de una gama de políticas públicas destinadas a promover la justicia social mediante diferentes formas de redistribución de los ingresos (...) El ethos de la igualdad que caracteriza a la izquierda encuentra confirmación en su contrario, la defensa fundamental del ethos –si se puede llamar así- de la desigualdad (...). Si entendemos por “izquierda” un compromiso histórico para luchar a favor de un mundo más equitativo y más vivible, la marcha es todavía larga- al menos si ampliamos nuestro horizonte más allá de nuestras fronteras nacionales, como debiéramos hacerlo en esta era de globalización. En lo que concierne al futuro de la izquierda, la humanidad no ha alcanzado en ningún caso el “fin de la historia”. No está tal vez sino en su inicio”, en La izquierda y la derecha, debate entre Perry Anderson y Norberto Bobbio, New Left Review, 1998.
[4] Edgar Morin, Pour une politique de civilisation, Arléa, Paris, 2002.
[5] Citado por Henri Weber, Le bel avenir de la gauche, Seuil, Paris, 2003. Ver también Henri Weber, La izquierda explicada a mis hijas, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000.
[6] Fernand Braudel, Civilisation matérielle, économie et capitalisme, XVè-XVIII è siècle, Gallimard, Paris, 1979.
[7] En palabras de Polanyi: “En los hechos, el hombre nunca fue tan egoísta como lo requería la teoría (…). En vano fue exhortado por economistas y moralistas utilitarios a descontar en los negocios todos los otros motivos distintos que los ‘materiales’. Investigado más de cerca, fue encontrado actuando con motivos notoriamente ‘mixtos’, sin excluir aquellos del deber consigo mismo y con otros – y tal vez, secretamente, incluso disfrutando del trabajo en su propio mérito”, Karl Polanyi, La grande transformation. Aux origines politiques et économiques de notre temps, París, Gallimard, 1983.
[8] Sobre las empresas socialmente responsables, Geoffrey M. Hodgson, en su Economics and Utopia. Why the learning economy is not the end of history, señala que en una sociedad abierta y basada en la información “la firma no tiene que competir simplemente por utilidades sino por nuestra confianza. Para obtenerla, debe abandonar la maximización de utilidades, e incluso la satisfacción del accionista, como los objetivos únicos de la organización. Su misión explícita debe residir en otros aspectos: calidad del producto, satisfacción del consumidor, prácticas de negocios éticas, políticas ambientalmente amigables, por ejemplo”.
[9] Sobre estos aspectos véase Joseph Stiglitz, Wither Socialism?, MIT Press, Cambridge Mass, 1995.
[10] Dominique Guellec, Economie de l’innovation, La Découverte, Paris, 1999.
[11] Jaques Robin y Jean Zin, « Au seuil de l’ère informationnelle », en Philippe Merlant, René Passet y Jacques Robin, Sortir de l’économisme. Une alternative au capitalisme néolibéral, Les Editions de l’Atelier, Paris, 2003.
[12] Estos temas están tratados en Gonzalo D. Martner, Gobernar el mercado. Las nuevas fronteras del Estado en el siglo XXI, LOM, Santiago, 1999. Ver también sobre las políticas para el pleno empleo como soporte del bienestar, Jean Pisany-Ferry, Sur le chemin du plein emploi, Conseil d’Analyse Economique, Paris, 2000.
[13] Philippe Van Parijs, “Renda básica: renda mínima garantida para o século XXI?, en Eduardo Matarazzo Suplicy, Renda de cidadanía, Cortez Editora, San Pablo, 2002, texto en el que además se describe el funcionamiento del sistema de ingreso ciudadano en Alaska, financiado por las regalías de acceso a los recursos naturales que dicho estado cobra. Sobre los fundamentos analíticos de las políticas redistributivas modernas y la propuesta de ingreso básico, Anthony B. Atkinson, Public economics in action. The basic income/Flat tax proposal, Oxford University Press, Oxford, 1997.
[14] René Passet, La ilusión neoliberal, Debate, Madrid, 2000.
[15] Sobre los empleos cívicos, ver Ulrich Beck, Un nuevo mundo feliz, Paidós, 2000.
[16] Para una visión sobre el origen de esta noción ver Wolfgang Abentroh, Ernst Forsthoff y Karl Doehring, El Estado Social, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1986. Sobre el rol de los Estados de Bienestar en el siglo 20 y su desempeño económico y social, ver Evelyne Huber y John D. Stephens, Development and crisis of the welfare state. Parties and policies in global markets, The University of Chicago Press, Chicago, 2001.

viernes, 13 de mayo de 2005

Derechos ciudadanos

La necesidad de fortalecer los Derechos Ciudadanos
Exposición en el ciclo de debates Igualdad y Gobernabilidad Democrática del Instituto Igualdad


Las sociedades civilizadas y democráticas se organizan para garantizar a sus miembros un conjunto de derechos, de modo de lograr el respeto a las personas y a su dignidad. Chile ha vivido una larga transición a la democracia en la que progresivamente se ha consolidado un Estado de Derecho, pero cuyas insuficiencias suponen aún llevar adelante una ardua tarea. En los albores del siglo 21 y cerca del bicentenario de la República, vale la pena hacer una reseña de los derechos que, en nuestra opinión, una sociedad como la chilena debe defender y promover, habida cuenta del avance de su desarrollo material, para construir un moderno Estado social y democrático de derecho
[1].
El primer deber de todo demócrata es respetar y hacer respetar los derechos de la persona humana a la vida, a la integridad personal y a gozar de condiciones básicas que permitan a cada cual desarrollar sus proyectos de vida. Pero una sociedad que profundiza su democracia también requiere promover la creación de nuevos derechos en el ámbito económico, social y cultural. Lo que sigue es un enunciado no exhaustivo de los derechos a consolidar y promover en la próxima etapa de la vida del país, considerando que siempre en la materia es la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas el parámetro a tener en cuenta, así como un planteamiento de la viabilidad económica demostrada por los Estados de bienestar en otros lugares del mundo frente a los que se oponen a la ampliación de la ciudadanía social en nombre de la eficiencia económica.


I. DERECHOS POLÍTICOS Y CIVILES


1. Libertades públicas
1.1 En relación a la libertad de opinión y expresión, cabe hacer efectiva la reciente abolición de toda forma de censura a las creaciones y expresiones artísticas, literarias, científicas y periodísticas, sin perjuicio de los mecanismos de calificación que protejan a la infancia, y promover el ejercicio efectivo de esta libertad por sectores significativos de la ciudadanía aún sin acceso adecuado a los medios de comunicación, mediante la protección en ellos de la pluralidad de las expresiones ciudadanas y el subsidio a los medios de comunicación cuya inviabilidad económica de mercado restringe la diversidad de dichas expresiones en la vida nacional.
1.2 Cabe eliminar y combatir toda forma de discriminación que coarte la libertad de trabajo o que rechace el ofrecimiento del mismo a determinadas personas, como sucede en los hechos particularmente en contra de las mujeres, así como de las personas mayores de cierta edad o de determinadas características físicas o de apariencia.

2. Derechos políticos
2.1 Promover a plenitud la soberanía popular y el derecho a la autodeterminación de la ciudadanía es una tarea a ser completada, mediante la generación por sufragio popular directo de todas las autoridades con atribuciones decisorias de alcance general, es decir no sólo el Presidente de la República, todos los parlamentarios (mediante sistema proporcional), alcaldes y concejales, sino también los presidentes de Consejo Regional y los consejeros regionales.
2.2 Es necesario ampliar la cobertura del derecho a sufragio extendiéndolo a los chilenos residentes en el exterior, quienes deben poder votar al menos en las elecciones de Presidente de la República y en los plebiscitos nacionales.
2.3 Potenciar la participación de la ciudadanía en las decisiones públicas supone la introducción en la Constitución del plebiscito nacional, concebido tanto como mecanismo superior de resolución de conflictos interpoderes (particularmente entre Ejecutivo y Legislativo) como de aprobación legislativa en ciertos casos especiales (por ejemplo, cuando una iniciativa despachada por la Cámara de origen sea desechada en general por la revisora, es decir, cuando ésta rechace la idea de legislar en la materia).
2.4 Fortalecer el derecho a la información del administrado es fundamental, mediante el acceso a la documentación administrativa y a través de mejores oficinas de información en cada servicio público, junto a la respuesta oportuna a las presentaciones que se formulen a las autoridades en ejercicio del derecho de petición., junto a hacer efectivo que al menos una vez al año todos los jefes máximos de organismos y entidades públicas dependientes o relacionados con el Ejecutivo rindan cuenta pública de su gestión, como ya existe en parte, e informar del avance programático más relevante y de los datos principales del ejercicio presupuestario de la correspondiente repartición.
2.5 Establecer la audiencia en consulta obligatoria, en beneficio de las organizaciones sociales, gremiales, profesionales y académicas concernidas, como trámite previo a la expedición de reglamentos o a la adopción de medidas que afecten intereses sociales o sectoriales, estableciendo un plazo para tales efectos.
2.6 Consagrar la iniciativa popular de ley, respaldada por un número de firmas que se estime suficientemente representativo.
2.7 Regular, en una ley de bases generales del procedimiento administrativo, los derechos del ciudadano a un trato deferente y diligente por parte de la administración, estableciendo modalidades expeditas de tramitación y plazos máximos para el despacho de los asuntos no contenciosos.

3. Derechos civiles
Asegurar la igualdad ante la ley sancionando toda forma de discriminación arbitraria en nuestra sociedad es una tarea permanente, que en esta etapa supone:
3.1 Establecer un contrato de Unión Civil entre personas de una misma orientación sexual.
3.2 Tutelar el derecho de las personas a ser informadas cuando terceros manejen datos personales acerca de ellas, pudiendo rectificarlos cuando sean erróneos, actualizarlos en su caso y oponerse a su uso indebido.
3.3 Mejorar el ejercicio del derecho de acceso a la justicia, mediante la potenciación del sistema nacional de asistencia jurídica a quienes carecen de recursos para costearlo y el nuevo sistema de defensoría pública. La reforma y modernización del sistema judicial debe ofrecer también una justicia especializada y expedita en materias familiares, con la creciente creación de los tribunales respectivos, pero también económicas y administrativas.
3.4 Consagrar el derecho de los reclutas a un trato digno por parte de sus superiores.

4. Derechos de los consumidores y usuarios
4.1 Garantizar el derecho a la provisión continua y de calidad de los servicios básicos de utilidad pública (es decir aquellos de carácter socialmente esencial y que presentan fallas de mercado) a precios sin renta monopólica, supone dotar al ejecutivo de facultades regulatorias efectivas y de coordinación especiales para situaciones de emergencia, ampliar las sanciones pecuniarias y contractuales por incumplimiento de la prestación continua y de calidad y garantizar la indemnización sustancial y automática al usuario en tal evento.
4.2 En el marco de la nueva ley del consumidor, cabe hacer efectivos los derechos colectivos de los consumidores y usuarios (situaciones jurídicas en que varios sujetos son titulares de un mismo derecho o interés sobre un objeto común e indivisible), que deben ser objeto de tutela jurisdiccional mediante el ejercicio de una sola acción.

II. DERECHOS SOCIALES Y CULTURALES

1. Los derechos del niño
1.1 Los niños deben ser protegidos del trabajo forzado a través de la vigilancia exhaustiva de la prohibición del trabajo infantil, por razones éticas y por ser el principal competidor de las actividades educativas.
1.2 Reforzar el derecho a la alimentación complementaria y a la alimentación escolar para todos los niños de Chile que lo necesiten.
1.3 Establecer un Código de Derechos del Niño, operacionalizables a través de los nuevos tribunales de familia, un Ministerio Público de la Infancia que asegure los derechos de los niños víctimas de delitos y una Procuraduría de la Infancia que asegure la defensa de los niños en conflicto con la ley, así como de un departamento del Defensor del Pueblo que vigile el respeto de los derechos del niño, pues la protección a la infancia exhibe aún una marcada falencia, anacronismo y descoordinación.
1.4 Avanzar a la cobertura universal de la educación preescolar, ampliando los sistemas de guarderías infantiles y reforzando los jardines infantiles.
2. El derecho universal a la educación
2.1 El derecho a acceder a escuelas pedagógicamente eficientes es una condición elemental para la igualdad de oportunidades, lo que no sólo requiere de la eliminación de toda discriminación educativa por insuficiencia de recursos familiares sino también profundizar el reforzamiento de insumos educativos escolares allí donde los logros son inferiores. Ello debe llevar a revisar y si es necesario terminar con el financiamiento compartido, especialmente si agrava la segmentación social de las escuelas.
2.2 Consagrar el derecho a no ser discriminado arbitrariamente en la escuela por razones de credo, salud, dificultad de aprendizaje, situación de los padres o embarazo, especialmente cuando los establecimientos son públicos o reciben subsidios públicos de cualquier naturaleza.
2.3 Consagrar el derecho a recibir apoyo para evitar la deserción del sistema escolar, generalizando un sistema de becas de educación media para jóvenes de hogares pobres y el estímulo a los jóvenes desocupados para el retorno a formaciones de nivel técnico que validen la educación media, o a formas de capacitación combinada con educación básica y con programas de trabajo comunitario de reinserción.
2.4 Fortalecer el derecho de acceso por mérito a la educación superior, agregando a los mecanismos existentes una beca regional de arancel y de mantención, con cupos por región y comuna que aseguren que ningún joven talentoso quede fuera de la educación superior, incluyendo los Centros de Formación Técnica e Institutos Profesionales debidamente acreditados.

3. El trabajador y sus derechos
3.1 Fortalecer el derecho a no ser discriminado arbitrariamente en el trabajo con diferencias de trato, condiciones de trabajo o remuneración, por razones de género, étnicas, discapacidad o de cualquier naturaleza.
3.2 Fortalecer el derecho a la capacitación y formación permanente para los trabajadores de empresas privadas y de servicios públicos que mejore los recursos humanos del país y las competencias y oportunidades laborales. El sistema de franquicia tributaria a la capacitación, al que tienen acceso las PYMES y los trabajadores de menos calificación con dificultades, debe ser reemplazado por un sistema de subsidio directo a la capacitación, financiado por un impuesto a las utilidades aplicable a las empresas que capacitan menos que el promedio (en términos de proporción de la masa salarial) y administrado por representantes de los empleadores y los trabajadores por ramas para asegurar su pertinencia.
3.3 Introducir el salario de reparto, que ya funciona en algunas empresas públicas chilenas con éxito, sobre la base de agregar a un salario de base fijo una prima calculada sobre una parte de las utilidades por trabajador, lo que en alguna medida contempla la legislación chilena en lo que se denominan las gratificaciónes.
3.4 Hacer efectivo el derecho a organizar libremente asociaciones, garantizado por la aprobación por el parlamento de los más importantes tratados de la Organización Internacional del Trabajo sobre libertad sindical. Las normas deben proteger a los trabajadores que deciden formar o renovar un sindicato a través de fuero para todos quienes concurran a su constitución por un tiempo que cubra desde que se inscriben como patrocinantes hasta la constitución definitiva de la organización.
3.5 Establecer el derecho exclusivo de los asociados a organizaciones sindicales a negociar colectivamente, modificando la legislación actual para ampliar la protección legal de la negociación a los trabajadores de las PYME y temporales, incluyendo la firma del convenio 151 que extiende este derecho a los trabajadores del sector público.
3.6 Ampliar el derecho a protección de los trabajadores cubiertos por una negociación colectiva, sean afiliados o no a un sindicato, para reducir las eventuales represalias posteriores.
3.7 Ampliar el derecho a una mejor protección de parte de los organismos fiscalizadores del trabajo, por medio de ampliar sus atribuciones y medios.
3.8 Ampliar el derecho al pleno acceso a una justicia laboral más eficiente y efectiva, dotada de una mayor cobertura y dedicada a resolver los problemas más graves que afectan la relación laboral, a partir de las leyes recientes que amplían la judicatura laboral.
3.9 Consagrar el derecho al ejercicio de una jornada laboral efectiva que respete el máximo de ocho horas y que permita la ampliación del tiempo libre, con una jornada semanal de 42 horas, manteniendo un camino en el que los aumentos de productividad se reviertan hacia un aumento del bienestar de las familias chilenas.
3.10 Respaldo al desarrollo del sindicalismo aumentando los recursos que destina al Fondo de Capacitación y Desarrollo Sindical y ampliando su cobertura.
3.11 Establecer el derecho sindical para actuar de oficio en materias previsionales, de salud y otras en que se puedan ver afectados derechos básicos de los trabajadores por incumplimiento de obligaciones del empleador.
3.12 Fortalecer el derecho a la capacitación habilitante para reingresar al mercado de trabajo para las personas que han perdido su empleo, ofreciendo a todo desempleado, junto al seguro de desempleo que ya está aplicándose, ya sea el acceso a un programa de formación en empresas o bien el acceso a un “empleo ciudadano” de utilidad pública, de tiempo completo o parcial, de carácter temporal o incluso permanente para los casos de marginalidad social más grave. Uno de los desarrollos del Programa Chile Solidario habrá de ser establecer este mecanismo permanente de inserción social de los desempleados a través de la formación y del “empleo ciudadano”.

4. Los derechos de la mujer
4.1 Alcanzar el fin de la discriminación de género en sus expresiones jurídicas, económicas, sociales y culturales supondrá en primer lugar que muchas más mujeres ocupen espacios de decisión en política, economía, salud, educación, justicia, actividades culturales, policía y defensa. Una ley de paridad debe consagrar la igual participación de hombres y mujeres en los asuntos públicos.
4.2 Fortalecer el derecho de las madres trabajadoras a disponer de salas cunas para niños de 3 meses a dos años y jardines o Centros Abiertos para los de mas de 2 años, con horarios compatibles con su jornada de trabajo, con cuidado, alimentación y educación garantizados, y asi favorecer la incorporación femenina al trabajo.
4.3 Prohibir la discriminación y acoso sexual de las mujeres en el trabajo, en las remuneraciones, en la información, en el aspecto físico, en el acceso al crédito.
4.4 Fortalecer el derecho a un postnatal compartido con el padre.
4.5 Establecer el derecho a la negociación colectiva en el trabajo de temporada. No puede mantenerse la situación de las temporeras por razones éticas y también porque a algún consumidor de nuestra fruta de exportación se le atragantará cuando sepa quiénes y cómo las cosecharon.
4.6 Revisar los mecanismos de aplicación práctica de la ley de violencia intrafamiliar.
4.7 Promover la paridad de las jóvenes en todas las becas que otorga el Estado.
4.8 Establecer el derecho a la información sobre las formas de prevenir los embarazos en los colegios, incluyendo la píldora del día después.
4.9 Establecer el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en casos de violación y de necesidades teraupéuticas médicamente establecidas.
4.10 Frente a los embarazos adolescentes que no se pudieron evitar, se debe asegurar el apoyo de los colegios para que sigan adelante con su educación.
4.11 La dignificación de la maternidad requiere la prohibición de discriminaciones como el test de embarazo para acceder a un empleo, o los costosos programas de salud en las Isapres para las mujeres en edad reproductiva.

5. Los derechos de las minorías étnicas
El futuro de las relaciones entre Pueblos Indígenas y Estado requiere un Plan Integral de Desarrollo de las comunidades indígenas, urbanas y rurales, que incluya al menos:
5.1 Fortalecer el derecho a la Educación Intercultural Bilingüe, particularmente en escuelas rurales mapuches del sur, varias de las cuales fueron incorporadas al Programa de las 900 Escuelas, lo que permitió dotarlas con una mejor infraestructura, alimentos y útiles escolares.
5.2 Ampliar el Programa de Becas Indígenas.
5.3 Ampliar los Programas de Títulos de Aguas a familias aymaras y atacameñas.
5.4 Ampliar las obras de infraestructura en las comunidades, contemplando puentes, proyectos de agua potable rural y de riego y la construcción de embalses y caminos secundarios.
5.5 Fortalecer el derecho a ampliar el patrimonio territorial indígena, acompañado de programas de desarrollo predial y comunitario.
5.6 Fortalecer un tipo de relación política con el mundo indígena en el que las comunidades participen activamente y prevalezca siempre el diálogo y la construcción de consensos políticos, sociales y económicos, lo que debe hacerse con ellos y sus organizaciones y no al margen de ellos.


6. El derecho a la protección frente a la enfermedad
6.1 Afianzar el derecho a la atención primaria de salud, mediante el establecimiento de un sistema de médicos de cabecera o de barrio, que actúe como médico general que pueda derivar y orientar al paciente, a razón de un médico cada dos mil personas, y de Centros de Salud con mayor capacidad de resolución en las comunas.
6.2 Consagrar el derecho a la cobertura universal frente a las enfermedades, especialmente catastróficas, rescate y atención de urgencia, atención del adulto mayor, tratamiento en el ámbito de salud mental y de salud dental y provisión de medicamentos, mediante la ampliación del sistema de Acceso Universal con Garantías Explícitas.
6.3 Consagrar el derecho a la participación de los usuarios en la toma de decisiones médicas y en el ejercicio del control de la calidad de la atención.
6.4 Consagrar el derecho a la transparencia en los seguros privados de salud, eliminando la discriminación contra el adulto mayor y las mujeres, los cambios unilaterales en las licencias médicas y en la calificación de las enfermedades preexistentes y las exclusiones.


7. El derecho a ingresos y prestaciones dignos para el adulto mayor
7.1 El tercer gran riesgo social junto a la enfermedad y el desempleo es el de alcanzar la tercera edad sin derechos previsionales adecuados, que al menos permitan mantener una proporción importante de los ingresos obtenidos por cada cual en la vida activa y el acceso a servicios apropiados. El actual sistema penaliza a las mujeres y a los trabajadores con lagunas previsionales, además de ser caro para todos.
7.2 Establecer el derecho a una pensión que asegure un reemplazo del salario de los últimos 5 años no inferior al 70%, mediante una redistribución intergeneracional de las rentabilidades del sistema de capitalización individual, en la filosofía de los actuales multifondos pero con un carácter solidario entre generaciones.
7.3 Establecer el derecho a costos de administración competitivos que permitan aumentar el valor de las pensiones de vejez del sistema de capitalización individual para maximizar la contribución de cada cual.
7.4 Establecer el derecho de actuar contra la morosidad previsional, dotando a los sindicatos de atribuciones precisas para proceder de oficio en representacion de sus afiliados en materias de morosidad previsional (declaración y no pago de las cotizaciones por el empleador). Ello supone que el sindicato tenga claramente el derecho legal de requerir la informacion necesaria regularmente a la AFP y asimismo el derecho de actuar sobre esta para que cumpla eficazmente con su obligacion legal de iniciar las acciones judiciales de cobro.
7.5 Agregar a los derechos previsionales existentes un derecho de los adultos mayores afectados por pérdida de autonomía a una pensión especial, que permita enfrentar los gastos que derivan de esta situación e impida el abandono por la sociedad, financiada con un seguro cuya prima sea cotizada solidariamente por todos y sea proporcional al ingreso.

8. El derecho a una mejor calidad de vida
El derecho a la calidad de vida se hará efectivo si en el desarrollo y mejoramiento del espacio urbano, sin perjuicio de la autonomía local, predomina una noción de ciudad dotada de servicios que hagan posible que los barrios y comunas se transformen en lugares públicos con identidad, protegidos y amables. Para ello se requiere:
8.1 Fortalecer el derecho al acceso a la vivienda y mejorar la calidad constructiva y de diseño de las viviendas en las cuales se compromete financiamiento estatal, con apego a estándares constructivos de mayor calidad.
8.2 Establecer el derecho al mejoramiento de las viviendas existentes, actuando sobre la obsolescencia en que caen muchas viviendas por falta de mantenimiento, incluyendo crédito y subsidios de recuperación de zonas urbanas.
8.3 Ampliar el derecho a disponer de equipamientos sociales, con la meta de llegar a disponer de al menos un establecimiento educacional por cada 1200 viviendas y con la meta de contar con al menos un centro de salud con capacidad resolutiva por cada 40.000 habitantes.
8.4 Ampliar el derecho a acceder a espacios de recreación, con la meta de disfrutar en cada comuna de los promedios actuales nacionales de 10m2 de área verde por habitante y de disponer de recintos deportivos en una relación de 2m2 por habitante.
8.5 El derecho a acceder al transporte público se hará efectivo con la meta de que las redes de transporte con paraderos y trayectos garanticen la cercanía desde los lugares de habitación a las paradas de los recorridos en un radio máximo a determinar para cada comuna, condiciones que se harán efectivas en las licitaciones del servicio de transporte.
8.6 El derecho a acceder a equipamientos culturales requerirá que todas las comunas de nuestro país dispongan de un centro cultural que ponga a disposición de la comunidad y de los jóvenes de conexión a Internet y de Bibliotecas multimediales y fortalecer el programa Enlaces en las escuelas y la creación de una Gran Biblioteca de Chile que almacene y distribuya material multimedial hacia las comunas permitirá consolidar este derecho.
8.7 El derecho a disponer de infraestructura de seguridad requiere alcanzar una dotación de servicios de prevención y control de la delincuencia con suficientes cuarteles, retenes o comisarías. La meta es alcanzar en cada comuna el promedio nacional actual de 0,05 m2 de equipamiento de seguridad por habitante.
8.8 El derecho a la protección personal requiere de más infraestructura básica de iluminación y acceso seguro al transporte, junto al control de sitios baldíos y vigilancia de parques y áreas verdes. Especial relevancia tiene la vigilancia móvil y los tiempos oportunos de respuesta frente a la acción delictual, que requiere de mayor interaccción en cada barrio de las fuerzas policiales y la comunidad organizada.

9. El derecho a ingresos y prestaciones mínimas garantizadas
9.1 Fortalecer el derecho a un nivel básico de ingresos del trabajo en materia de salarios mínimos, cuyo incremento debe seguir con un componente que refleje la productividad de la economía y un factor de equidad hasta permitir cubrir el costo de una canasta familiar básica de bienes y servicios.
9.2 Establecer el derecho de los adultos mayores con pensiones inferiores al promedio de acceder a un programa especial de alimentación, recreación, salud y transporte subsidiados.
9.3 Fortalecer el derecho de los más pobres a disponer de ingresos familiares complementarios mediante el aumento progresivo del subsidio único familiar y del bono solidario, haciéndolo automático como lo es la asignación familiar, en el marco del Programa Chile Solidario y sus mecanismos de reinserción.
9.4 Ampliar el derecho a una pensión asistencial para los que no tienen derechos previsionales, incluyendo a los discapacitados. Ello supone poner énfasis en terminar con las listas de espera en una fase inicial y luego elevarla progresivamente hasta que alcance una proporción de un 75% de la pensión mínima.


10. El defensor del pueblo
Este conjunto de derechos de ciudadanía social requerirá de su perfeccionamiento constitucional y legal, así como el desarrollo de políticas públicas eficaces y eficientes para sustentarlos, lo que es materia de otros trabajos y no se tratará aquí. Sin embargo, se requiere reforzar su tutela dando lugar al establecimiento del Defensor del Pueblo.
10.1 El Defensor del Pueblo debe tener rango constitucional y estar investido de facultades de interpelación frente a los organismos públicos encargados de proveer las prestaciones que emanan de los derechos que se consideran lesionados o amagados, así como ante los que cumplen funciones de fiscalización de servicios públicos o de utilidad pública.
10.2 Es indispensable que se lo dote de facultades para interponer acciones ante los tribunales cuando se trate de cautelar por esa vía derechos civiles o sociales de naturaleza colectiva o difusa o que, no obstante su titularidad individual, tengan impacto social o entrañen una amenaza para el conjunto de la sociedad si no son sancionados.
10.3 El Defensor del Pueblo deberá constituirse, sin perjuicio de sus funciones generales, con departamentos especializados en la defensa de los derechos del niño, del joven, de la mujer, de los pueblos indígenas y de los adultos mayores, es decir los grupos más vulnerables.


III. ¿Son viables económicamente los Estados de Bienestar que consagran derechos sociales?

Las diversas economías mixtas contemporáneas realizan importantes gastos públicos en la tarea tradicional del Estado gendarme (proveyendo bienes públicos como la seguridad interna y externa, la justicia y la administración), en el desarrollo de infraestructuras, en educación y crecientemente en tareas sociales que constituyen el llamado Estado de Bienestar. Este incluye los seguros públicos de vejez-invalidez, enfermedad, desempleo transitorio y subsidios a las familias y a las personas necesitadas.
Una clasificación de los Estados de Bienestar, distinguiendo los nórdicos, los otros europeos con alto gasto público y los liberales
[2], con gasto público más bajo, indica que los de tipo nórdico y europeo tienen un muy alto gasto público, un desempeño económico en los últimos 25 años que es similar a los demás desarrollados, con una tasa de desempleo comparable, pero con mayor gasto publico en educación, más altas transferencias de seguridad social y diferencias de ingresos sustancialmente menores que aquellos países de capitalismo liberal.
Los Estados de bienestar nórdicos –de sello socialdemócrata clásico- se distinguen de los otros Estados de bienestar europeos y de los de tipo liberal por el mayor peso de la tributación directa, con una alta incidencia de los impuestos a la renta de las personas y a las utilidades de las empresas en su estructura tributaria, y por las menores desigualdades de ingreso que exhiben, sin que se encuentre evidencia de un desempeño económico menos dinámico. La evidencia no demuestra que los Estados de bienestar atenten contra el crecimiento. El PIB crece de modo relativamente similar en los países desarrollados con alto gasto público y en los con menor gasto. Y el bienestar es mayor, especialmente por la disposición de un mayor volumen de bienes públicos y de transferencias de seguridad social a los más necesitados.
La comparación internacional demuestra que no existe un modelo único ganador en la mantención de un alto crecimiento y un elevado bienestar. Diversos países con un gasto público superior al 50% del PIB y muy amplias transferencias de seguridad social, financiados con altas tasas medias y marginales de impuesto a la renta, se cuentan entre las economías más ricas del mundo en términos de PIB por habitante.
Aunque este es un tema de eterna controversia, un estudio reciente en materia de tributos y gastos en las economías industrializadas revela que las con mayor crecimiento son las que tienen tributos menos desincentivadores y más gastos públicos que contribuyen al crecimiento, especialmente en infraestructura y capital humano
[3], y no los de Estados de menor peso en la economía. Es un tema de estructura más que de nivel. Incluso la aplicación de tributos “desincentivadores” (alto impuesto a la renta y al patrimonio) no se traduce en un impacto en menor crecimiento relevante.
Por su parte, los países del sudeste asiático lograron alcanzar un alto nivel de desarrollo económico en los 30 años que siguieron a su despegue a inicios de los años 60, con variadas intervenciones del Estado que acompañaron ese proceso y una buena distribución del ingreso. Un reciente estudio sobre las causas históricas de la divergencia de crecimiento tan significativa en el largo plazo entre América del Norte y del Sur, cuyos puntos de partida al momento de independizarse de los respectivos imperios no eran a priori muy diferentes, concluye que “aunque se han propuesto muchas explicaciones, las diferencias sustanciales en los grados de desigualdad de riqueza, capital humano y poder político, que tuvieron como raíz inicial las dotaciones de factores de las respectivas colonias pero que persistieron en el tiempo, parecen ser altamente relevantes” para explicar el mejor comportamiento económico de América del Norte
[4]. La distribución regresiva del ingreso y la ausencia de inversión pública en capital humano no ayudan al crecimiento, sino que lo desfavorecen.
Diversas mediciones revelan también que las variables institucionales y las regulaciones públicas (protecciones laborales, salario mínimo, centralización de negociaciones) no tienen el rol esencial que algunos les atribuyen respecto al nivel de desempleo en las economías mixtas desarrolladas
[5]. La regulación estatal que protege el empleo tiene poco impacto en el nivel de desempleo, aunque si incide en una menor velocidad de rotación de la mano de obra y una mayor duración promedio del desempleo. La disminución de las prestaciones de los seguros de desempleo tiene un impacto débil sobre el nivel de desempleo. Sistemas generosos han podido cohabitar con niveles de desempleo débiles, particularmente en Europa del Norte. Los resultados empíricos tampoco establecen una relación directa entre sindicalización y desempleo. Los sindicatos juegan en cambio un rol nivelador en materia de dispersión de salarios. En cuanto al salario mínimo, la evidencia tampoco arroja conclusiones definitivas y en diversos casos altos salarios mínimos conviven con bajas tasas de desempleo. Si bien las reglamentaciones estatales pueden jugar un rol en la explicación del nivel y evolución del desempleo, éste parece tan débil que no llega verdaderamente a explicar las diferencias entre países ni las razones de éxito de algunos. En materia de desempleo son en definitiva las dinámicas macroeconómicas y el “reparto social del trabajo” lo que explican su evolución.
La tarea de construir en Chile un Estado Democrático y Social de Derecho, consagrado en una nueva Constitución, permitirá incrementar el bienestar individual y colectivo si se acompaña de una estrategia económica que preserve con eficiencia la competitividad del país y de sus empresas. Pero preservar y aumentar esa competitividad (hoy la más elevada de América Latina y una de las mayores en el mundo, según las comparaciones internacionales) debe ser siempre entendida como un medio al servicio de un fin: garantizar los derechos de los ciudadanos.
--------------
[1] La primera parte de este texto debe mucho a la inspiración de Francisco Fernández. Desarrollos más amplios sobre los derechos sociales y la factibilidad de su financiamiento, así como análisis de otras experiencias de conformación de Estados de Bienestar, se encuentran en el libro El socialismo y los tiempos de la historia. Diálogos exigentes, de Gonzalo Martner y Alfredo Joignant, CESOC-Prensa Latinoamericana, Santiago, 2003.
[2] Sobre el rol de los Estados de Bienestar en el siglo 20 y su desempeño económico y social, ver Evelyne Huber y John D. Stephens, Development and crisis of the welfare state. Parties and policies in global markets, The University of Chicago Press, Chicago, 2001.
[3] Richard Kneller, Michael Bleaney y Norman Gemmel, Journal of Public Economics 74, 1999.
[4] Sokoloff y Engerman, Journal of Economic Perspectives, verano de 2000.
[5] Jean Paul Fitoussi, Olivier Passet y René Fressynet, Rapport du Comité D´Analyse Economique, www.premier-ministre.gov.fr.

viernes, 15 de abril de 2005

Discurso Aniversario PS 15 de abril 2005

Intervención en acto de aniversario del Partido Socialista
15 de abril de 2005

Estamos aquí por el sencillo gusto de confraternizar, de estar juntos, de compartir voluntariamente un proyecto colectivo, de expresar afectos, porque la política socialista es una actividad que debe ser siempre y en primer lugar humana y fraternal. Digamos las cosas como son. El proceso en que estábamos embarcados de cerrar la amplia brecha entre la gran audiencia de nuestros liderazgos nacionales y la escasa audiencia del partido entre los ciudadanos, está sufriendo un retroceso, porque no supimos, no supe hacer frente a los que tenían intereses espurios, aunque estuvimos muy cerca de lograrlo, y porque no supe convencer a los que de buena fe reivindicaron la democracia interna a la ahora de plantear la continuidad del esfuerzo de la anterior dirección. Y aunque hoy estamos fuera de la gestión partidaria, debemos seguir convocando a todos a hacer lo que nos propusimos cuando asumí la presidencia: trabajar para construir un partido institucional, colectivo, abierto, tolerante, fraternal, convocante, sustentado en un proyecto de futuro que represente a cabalidad esos valores y principios. Muchos de buena fe pensaron que no era esa la tarea que nos habíamos propuesto, que veníamos a administrar lo existente, pero constataron que no teníamos otro compromiso que servir la causa del socialismo.

Hace un año estábamos en el Estadio Chile, con 7 mil personas, planteando orgullosamente nuestra historia y nuestro futuro en el camino de cerrar la brecha entre un partido no siempre atractivo y los valores socialistas que encarna un liderazgo que la sociedad hace suyo con cada día más entusiasmo. Hace un año, como presidente del partido, señalé que el PS se ponía a disposición de Michelle Bachelet para las tareas que debía enfrentar por voluntad del pueblo de Chile. Fui criticado, por los mismos que hoy han tomado en el poder en el partido. Se me decía que era imprudente. Pero de ese modo se fue abriendo una perspectiva, que hoy pertenece a todo el pueblo de Chile y que ya no tiene línea de retroceso, pese a quien pese. La política que no hace opciones ni asume riesgos es otra cosa: es administración de intereses creados. Nosotros no estamos para eso.

Nos hubiera gustado estar de nuevo con todo el partido, independientemente de quien lo dirija, celebrando, con jóvenes, con mujeres, con trabajadores, con vecinos que comparten nuestros valores y nuestro proyecto. A falta de convocatoria común, más allá de ir al cementerio o de hacer actividades de esparcimiento, buena sea la nuestra, de los que no necesitamos cargos para ser de izquierda, para ser socialistas. De los que no necesitamos cargos para decir en voz alta y con orgullo que somos personas de izquierda, que siempre lo hemos sido y que siempre lo seremos, porque está en nuestro ADN, estemos cerca o estemos lejos del poder. Pero cuando se tiene una concepción burocrática de la política, no se le encuentra sentido a convocar masivamente a los socialistas y al pueblo. Nosotros si le encontramos sentido.

Y nunca hemos rehuido enfrentar las dificultades. La tarea de hacer avanzar el socialismo en Chile no es una carrera de 100 metros planos, se parece más a correr una maratón. Los que calculan que este año vale más que otros años porque está en juego la participación en el poder del Estado, y están dispuestos a cualquier cosa para dirigir la burocracia partidaria cuando esto ocurre, se equivocan. Hacer avanzar el socialismo es una tarea de largo aliento que se realiza en la familia, en el lugar de trabajo, en el barrio, en el Estado, pero sobre todo en el plano de las ideas que convocan a los ciudadanos, convenciendo, militando, haciendo crecer al partido, sus valores y su proyecto de sociedad, año tras año, de generación en generación. Y siempre nos pondremos al frente para sacar las lecciones que corresponde y seguir tenazmente trabajando por nuestro proyecto común.

Les propongo que saquemos las lecciones de los acontecimientos recientes. Constatemos que han tenido éxito temporal los que sin contemplaciones quieren transformar al PS en un instrumento al servicio de la ilusión de un poder personal o de caudillos. Eso debemos impedirlo. Creo tener autoridad moral para convocarlos a esta tarea. Yo no usé al PS para acceder al gobierno, yo estaba en el gobierno por petición del Presidente Lagos y dejé mi cargo de subsecretario de la presidencia para trabajar por fortalecer el PS. Por eso renuncié a toda ambición parlamentaria personal para defender el interés partidario y no el de personas, por eso el actual proceso de construcción de una corriente partidaria que reivindique la necesidad de un nuevo socialismo es un proceso colectivo, político y de ideas, no la adhesión a caudillos o a un individuo. Y estoy seguro de que los que así pensamos somos mayoría. Me comprometí públicamente a trabajar por la unidad partidaria, así se lo he expresado al actual Presidente del partido y lo seguiré haciendo. La tarea de poner en la presidencia de Chile a la Dra Michelle Bachelet está por sobre cualquier otra consideración. Acepté formar parte del Comité Ejecutivo de su campaña presidencial a partir del próximo Lunes. Pero seguiremos en el empeño de erradicar del partido el irrespeto del “estado de derecho” interno, las violaciones estatutarias, las murmuraciones que debilitan credibilidades, las estrechas motivaciones personales en la actividad partidaria que construyen máquinas electorales carentes de contenido político, y por supuesto, toda censura, como la que hoy se intenta practicar en las redes internas partidarias. Debemos impedir que en el partido reine la intolerancia, que lleva a la persecución del que piensa distinto. Hay quienes no vinieron hoy porque consideraron prudente no exponerse a eventuales represalias. Eso debemos derrotarlo. La reforma del partido, un radical cambio en su organización y métodos, junto a una fuerte renovación de su dirigencia, como empezamos a prefigurarlo durante nuestra gestión, es entonces la tarea que no puede esperar y que esperamos tenga el apoyo de la mayoría de los militantes en marzo de 2006. Junto a la reforma partidaria, es necesario contribuir a la generación de una nueva dirigencia y de nuevos liderazgos, que ofrezcan esperanza a la militancia, que garanticen la continuidad con el legado histórico del PS y que faciliten la discusión de las ideas, de las propuestas y del programa socialista para el futuro próximo del país.

Constatemos también que en ausencia de contenidos políticos, se convocó a cambiar a la anterior dirección sobre la base de aludir de manera más o menos solapada que esta no era “socialista histórica”. Debemos impedir el tribalismo en el partido. Lo que un 19 de abril de 1933 en la casona de Serrano 150, precisamente se propusieron Eugenio Matte, Oscar Schnacke, Marmaduque Grove, Artuto Bianchi, Eugenio Gonzalez y tantos otros fue terminar con la división tribal que era el estado de la izquierda socialista hasta entonces. Debían cesar las disputas entre los ácratas de la FECH y del sindicalismo anarquista, los masones de la Nueva Acción Pública, y las sensibilidades socialistas de diversa proveniencias. Y así lo hicieron nuestros fundadores. Después la tarea fue impedir el faccionalismo, que desgraciadamente por tanto tiempo hizo daño al socialismo chileno. En el PS de hoy nos deben unir valores, nos deben unir principios, nos debe unir un proyecto de izquierda, nos debe unir la común voluntad de recorrer los caminos que conduzcan a concretar ese proyecto de izquierda. Nunca nos debe dividir en que espacio de la izquierda militamos previamente. Nos fundamos como casa común de la izquierda. Defender al Partido Socialista como casa común de la izquierda es ser un auténtico socialista histórico. Los que a falta de ideas y de proyecto que no sea el poder personal aluden al socialismo histórico como no haber militado nunca en otra organización, simplemente faltan a la verdad histórica.

Nuestra afirmación es que los socialistas somos de izquierda, que no estamos para ser acomodaticios con el poder, estamos para impugnar y contradecir y luchar contra el poder que se ejerce en contra de los intereses de las mayorías, de los trabajadores, de los ciudadanos, y cuando accedemos a él, es para usarlo para hacer avanzar los intereses del pueblo y de la Nación. No es ser de izquierda ser genuflexo, y aquí estamos los que tenemos la voluntad de seguir reivindicando siempre y en toda circunstancia el carácter de izquierda del socialismo, los que no estamos dispuestos a poner agua en el vino de nuestros principios igualitarios y libertarios, del valor que le asignamos a la solidaridad y a la fraternidad.

Nuestro desafío es reafirmar nuestro proyecto de transformación de la sociedad y profundizar la capacidad del mensaje socialista de convocar a una amplia mayoría social y política.

La razón de ser del socialismo es luchar por una sociedad justa en la que prevalezca una plena democracia política, social y económica, que garantice a los ciudadanos igualdad en dignidad, oportunidades y derechos. El proyecto socialista es el de construir una sociedad que permita a todos desarrollar fraternalmente sus proyectos de vida, acceder a las diversas expresiones de la cultura y a medios de vida dignos.

Luchamos por el respeto irrestricto de los derechos humanos, por la igualdad social entre los géneros y contra la discriminación de la mujer, contra la xenofobia, contra la discriminación étnica, contra la discriminación de que son objeto las minorías sexuales. Nos comprometemos con las futuras generaciones que ven amenazado su acceso al patrimonio ambiental por la explotación depredadora de los recursos naturales.

Para lograr esas metas, proponermos una nueva alianza de la clase trabajadora y de los sectores medios para luchar democráticamente contra la concentración del poder económico, el predominio del capital y del afán de lucro y la subordinación de los que no tienen otra capacidad económica que la de vivir de su trabajo, que no tienen oportunidades de inserción económica o no tienen como subsistir dignamente, mientras los privilegiados viven en la opulencia apropiándose de lo que otros producen o crean, de los recursos que la naturaleza ha puesto a disposición de todos o de lo que las generaciones anteriores han creado.




Queremos una sociedad más democrática, que extienda la participación de los ciudadanos en todas las esferas de la vida política, social y económica, tras la meta de una nueva Constitución Política que deje atrás el sistema institucional heredado de la dictadura. Un nuevo orden constitucional que tenga como eje los derechos humanos; que asegure la representación proporcional de las minorías; que termine con el excesivo presidencialismo otorgando iniciativa parlamentaria y popular en la gestación de las leyes (y no a través de prohibiciones de reelección que no son sino un miedo a la democracia); que posibilite iniciativas de la sociedad civil; que garantice los derechos de los chilenos que residen en el exterior, que elimine todo rastro de discriminación hacia las mujeres, los jóvenes, las minorías sexuales, los pueblos originarios y otros sectores excluidos, y que establezca el plebiscito como forma de ejercicio de los derechos ciudadanos en temas relevantes para la vida social.


Postulamos la superación del modelo económico neoliberal en la perspectiva de un país más igualitario en todos los planos de la existencia: la economía, la cultura, los derechos ciudadanos, la justicia, la educación, la salud, entre otros muchos aspectos relacionados con una mejor calidad de vida.

No existe un destino manifiesto que obligue, en el marco de una economía de mercado, a una estrategia única para avanzar hacia una sociedad más equitativa. Tampoco en los países industrializados existe una estrategia única de desarrollo. A pesar de la nueva realidad económica mundial hay diferencias entre la economía de bienestar de Europa o del sistema japonés respecto a la economía liberal de los Estados Unidos, que hoy marca la pauta en Chile.

La mundialización de la economía impone restricciones a las políticas nacionales. Sin embargo, siempre hay márgenes de maniobra para los cambios de la política pública. Ello requiere coraje, claridad estratégica, férrea voluntad de la autoridad y mucho liderazgo. Por ello decimos que aún en el difícil contexto actual es posible implementar estrategias de desarrollo y políticas alternativas al modelo de capitalismo salvaje que quieren imponer los neoliberales.

Las micro y pequeñas empresas pueden desempeñar un papel mucho más activo, con mejor inserción internacional y mayor potencial de acumulación interna si existe un decidido apoyo crediticio y tecnológico del Estado, y se aprovechan debidamente las posibilidades que ofrecen los sistemas modernos de información y de comunicaciones para aumentar la productividad.

Los esfuerzos de descentralización y para promover el equilibrio entre las distintas regiones, requieren de más inversión privada y de recursos públicos que vayan más allá de la inercia presupuestaria. Es necesaria también una reestructuración geográfica de los procesos productivos, que permita un desarrollo espacial equilibrado del país y no sólo una descentralización administrativa que sea la mera distribución de una parte del poder de las elites centrales a las regionales.

Estamos comprometidos con la defensa de nuestro patrimonio natural, de nuestra diversidad biológica, de nuestros recursos energéticos, de nuestra flora y fauna, mediante una política nacional de protección del medioambiente, que garantice a los chilenos de hoy de mañana un ecosistema libre de contaminación. Debemos fortalecer la institucionalidad del Estado en materia de protección y conservación de recursos naturales, ecosistemas y biodiversidad.

Insistimos también en gravar la extracción de recursos no renovables, como debiera suceder con el royalty al cobre, impulsar la explotación sustentable del bosque nativo e impedir su reemplazo por especies exóticas. Promover también actividades económicas que agreguen valor a la producción de las comunidades locales. en políticas de protección del medio ambiente.

Para cumplir su programa el nuevo gobierno necesitará una amplia mayoría en el Congreso, lo que significa presentar candidatos y candidatas con perfiles muy bien definidos de apoyo a las propuestas de cambio, para asegurar una numerosa y activa representación en el Poder Legislativo, con doblajes en un número de significativo de distritos y circunscripciones.

El respaldo que la ciudadanía está dando a Michelle Bachelet constituye para nosotros los socialistas una oportunidad, un desafío y una gran responsabilidad, porque el próximo gobierno tendrá que responder a una creciente demanda por una mayor justicia social e igualdad, no solo económica, sino también en el acceso a servicios públicos de calidad en educación, salud, vivienda; mejores condiciones de trabajo; mayor acceso a los bienes culturales y a todos los aspectos que hacen una mejor calidad de vida. Michelle Bachelet es la expresión de una demanda social de redistribución del poder en todos los planos y ella está dispuesta a asumir ese desafío y por eso cuenta con nuestro apoyo.

Para cumplir con estos propósitos resulta indispensable construir un Nuevo Socialismo, capaz de responder con inteligencia y creatividad a los retos que nos plantea el presente y el futuro, que -dada la dinámica de la sociedad contemporánea-- se convierte sin que nos demos cuenta en parte del pasado. Hoy más que nunca cobra vigencia la célebre frase de Heráclito, padre de la dialéctica: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”.

Una reforma ética y democrática del partido, un PS fuerte protagonista de la vida política y cultural del país, y la construcción de un Programa centrado en más democracia y un nuevo modelo de desarrollo económico y social, son, entonces, tareas que demandan un nuevo socialismo para Chile.
Muchos socialistas queremos emprender ese esfuerzo, convencidos de ser coherentes con un partido depositario de ideales y de entrega desinteresada a la acción política.

Hemos afrontado muchas batallas, dedicado esfuerzos y recursos para hacer realidad los principios y objetivos del PS. Hemos combatido a la dictadura y luchado en la democracia para ganar más espacios de desarrollo de los ideales de igualdad, libertad y solidaridad propios del socialismo.
Hoy debemos emprender otro esfuerzo, convocar a la gente noble del partido, más allá de diferencias menores, a recuperar y potenciar el PS, este instrumento precioso de los hombres y mujeres que sólo tienen sus manos, su inteligencia y su trabajo para vivir mejor y hacer más grande y justa la patria de todos.

A esa digna tarea, que hace honor a la mejor tradición del socialismo chileno, convocamos a los militantes y amigos del Partido Socialista de Chile.

Esa tarea los socialistas chilenos la asumimos orgullosamente con Salvador Allende en la memoria, con la inspiración del ejemplo de los que nos precedieron en este esfuerzo y con el especial respeto a los que dieron su vida por el socialismo y a los que nos debemos en nuestros esfuerzos cotidianos de seguir sembrando esperanza. Muchas gracias por su presencia hoy aquí.

¡Viva el socialismo! ¡Viva Chile!










Entrada destacada

92 años de tomar partido

Publica hoy el escritor argentino Martín Caparrós en El País un diagnóstico terrible sobre los partidos políticos: "Se puede tomar part...