jueves, 28 de marzo de 2013

Carta Abierta a Osvaldo Andrade



Señor Osvaldo Andrade
Presidente del Partido Socialista
Presente

Leo en  la prensa que la Comisión Política del Partido Socialista ha decidido el lunes 25 de marzo proceder a una nominación directa y casuística de candidatos a parlamentarios en una serie de distritos, según la conveniencia y  acuerdos entre los grupos de poder interno. Esto contrasta flagrantemente con la decisión expresada  por la ex presidenta Bachelet de concurrir a una primaria de la oposición sin cortapisas y de ese modo discutir abiertamente las opciones de gobierno y no entre cuatro paredes. La CP incluye en la sustracción del pronunciamiento de militantes y ciudadanos el distrito en el que me he inscrito para participar en una definición democrática, no porque, como bien sabes, tenga ninguna vocación parlamentaria, sino para acoger la petición de sectores de base del partido que me habían pedido ser candidato. Querían que se expresaran voces un tanto más identificadas con los valores de la izquierda en el socialismo chileno actual.

La idea de que debemos entrar en una nueva etapa en la que se recompone el vínculo entre la política de izquierda y la sociedad civil en base a propuestas de cambio y prácticas democráticas rigurosas de generación de liderazgos y representaciones, queda una vez más sepultada bajo tu presidencia (y las inmediatamente anteriores, en honor a la verdad).  Se decide por un órgano que no posee las facultades para hacerlo no respetar los estatutos que nos rigen (y que entiendo nadie ha derogado). El Estatuto vigente (tal como está en la página WEB del PS) establece que “la selección de los candidatos a cargos de representación popular se hará en forma democrática, por el sistema de voto universal, secreto e informado en cada una de las instancias que corresponda representar”. Por tanto, en cada distrito o circunscripción, en el caso de los candidatos a parlamentarios. El más reciente Congreso estableció, además, que debían realizarse primarias ciudadanas donde fuera necesario. Y donde hay más de un candidato ciertamente es necesario realizarlas, si se sigue la lógica más elemental. Precisamente para relevar donde era necesario hacer esas primarias –se entiende que donde no hay más de un candidato/a no es necesario hacerlo- es que se procedió a establecer un mecanismo de inscripción de candidaturas.

Pero nada de esto lo has respetado ni hecho respetar. Como tampoco respetaste el criterio establecido desde la unificación en 1989 de incluir en la Comisión Política a todas las expresiones internas. Dos listas que representamos en la reciente elección interna del orden de un 14% de los votantes fuimos simplemente dejados fuera, no sé con qué afán que no sea el de practicar la exclusión pura y simple. Y lo hiciste en base a una interpretación mañosa de una norma también aprobada por el más reciente Congreso en el sentido de incorporar a las minorías a la dirección, en donde el más elemental sentido común indicaba que el espíritu de lo aprobado se remitía al resultado de la elección nacional y no a la composición final del Comité Central. Esta, como bien sabes, aumenta el control de la mayoría que, en el caso de la Nueva Izquierda que representas con un 25% del partido más diversas alianzas no exactamente asentadas en convicciones que no sean la de practicar intensamente la lucha por los puestos, has logrado conformar en los órganos de dirección. Ese es tu mérito. Pero lo utilizas  cada día con mayor vocación de control absoluto, rememorando las prácticas estalinistas de hacer tabla rasa con las disidencias. Todo este proceso de aplastamiento de las minorías lo conduces, y eso es lo absurdo de tu conducta, como si no se hubiera producido el alejamiento de los Jorge Arrate, Carlos Ominami, Marcos Enríquez-Ominami, Sergio Aguiló y tantos antiguos militantes de menos renombre pero no menos importancia. Como si no fuera urgente volver a darle prestigio a los partidos políticos, especialmente a los de izquierda, denostados por la mayoría de la sociedad precisamente por este tipo de prácticas de intolerancia, inoperancia y control burocrático.

Es evidente que los liderazgos, incluyendo los  que retornan en estos días al primer plano para asumir la tarea de desplazar democráticamente del poder gubernamental a la derecha, terminan por alejarse de partidos que se han tornado cada vez más impresentables, socavando, y eso es lo grave, el prestigio de la democracia y alimentando las tentaciones caudillistas.  Es obvio que lo que quieres es que todos los espíritus libres terminen por irse del PS y sepultar el proyecto de la casa común de la izquierda que tanto nos costó construir desde 1989, con una lamentable ceguera y pequeñez para salvaguardar tu pequeño poder, el de la Nueva Izquierda y el de los grupos que te acompañan, que creo te resultará a la postre, por lo demás, bastante inútil. En mi caso no lo vas a lograr, pues tengo la convicción de que el legado del socialismo chileno en la historia da francamente para mucho más que los espectáculos de mala fe y política pequeña a lo que lo ha llevado la pandilla sin valores ni propósito programático alguno de la que formas parte y cuyo único fin ha terminado siendo tristemente repartirse cargos en el Estado. A ese legado, al de nuestros muertos, al que nos viene de Arcos y Bilbao, de Recabarren, de Allende, pero sobre todo de tantos luchadores sociales anónimos y dignos, permanezco y permaneceré fiel. Volverá algún día a emerger ese legado con la fuerza que se merece y dejará atrás esta etapa poco edificante que terminará siendo rechazada por todos lo que se mantienen fieles, aunque hoy día seamos pocos, a las convicciones socialistas de igualdad, libertad y justicia, más necesarias que nunca para transformar el Chile de hoy dominado por las oligarquías dueñas del poder y la riqueza.



Gonzalo D. Martner
Miembro del Comité Central
Partido Socialista de Chile