domingo, octubre 04, 2009

El Mercurio, Domingo 4 de Octubre de 2009

Gutenberg Martínez (DC), Andrés Allamand (RN) y Gonzalo Martner (PS) dimensionan el nuevo panorama político en Europa:

La crisis de la izquierda europea vista desde Chile

Apenas seis de los 27 estados de la Unión Europea tienen gobiernos de izquierda. La derecha controla países claves como Italia, Francia y Polonia. La victoria de Angela Merkel en Alemania es vista como un nuevo traspié para la socialdemocracia en el Viejo Continente.

Gonzalo Martner:

En las elecciones europeas de junio pasado se produjo un retroceso para los socialdemócratas, aunque no para otras expresiones de izquierda. Este se ha visto agravado por el peor resultado en décadas del SPD alemán el domingo 27 de septiembre, que resultó en su salida del gobierno, aunque aumentó el caudal del Partido de Izquierda. Los socialdemócratas sólo gobiernan hoy en el Reino Unido, España y Portugal, además de Noruega.

Este retroceso parece deberse en primer lugar a que algunos partidos socialdemócratas se diferencian poco del liberalismo social que han asumido los partidos de centro o de derecha en Europa. La socialdemocracia ha sido víctima de su propio éxito: sus propuestas de Estado social, de servicios públicos y de libertades civiles son asumidas por el resto del espectro político, y constituyen el núcleo del "modelo europeo". También lo han sido las políticas fiscales keynesianas frente a la crisis. No obstante, los socialdemócratas no han sabido o podido dar respuesta a los temores que resultan de la precariedad del trabajo en el contexto de la globalización, del envejecimiento demográfico y del aumento de la percepción de inseguridad urbana, que las derechas suelen asociar injustamente a la inmigración. Sus propuestas de más mano dura y rebajas de impuestos rinden frutos.

Pero no es tan cierto que Europa se haya movido a la derecha. Se ha movido a la abstención. La mayoría sigue pensando que las desigualdades son demasiado grandes y debieran aumentarse la progresividad fiscal, los derechos sociales y los laborales. Para Mario Soares, cabe "reformular el socialismo democrático -que en muchos casos se dejó 'colonizar' por el neoliberalismo-, dignificando el trabajo, profundizando en las políticas sociales y luchando con mayor seriedad en defensa del planeta, muy amenazado, y por la solidaridad entre los seres humanos, sin exclusiones". La resistencia del socialismo español, la reciente victoria del portugués y la próxima del griego pueden augurar un nuevo ciclo de expansión de las izquierdas en Europa, que están en plena reformulación frente a los desafíos de la crisis.

Las lecciones para Chile son, tal vez, las de que es necesario sumarse a este debate programático y tomar el toro por las astas: las fuerzas de orientación socialista democrática en Chile no pueden seguir dispersas en parroquias que se suman a agendas ajenas y a intereses de grupos de presión, en nombre de una "transversalidad" cada vez más espuria. Por ese camino, van a la división y al colapso. Debieran, más bien, unificarse en una federación amplia que aspire a representar a no menos de un tercio del país, sin romper su alianza con el centro, en base a su propia agenda de libertades y de gobierno social y ecológico de los mercados, sustentada en un Estado activo y una sociedad civil fuerte y participativa.

Certifica.com

domingo, septiembre 20, 2009

Winnipeg

    Intervención en el homenaje a los españoles del Winnipeg, en Casa América, el 10 de septiembre de 2009

    Chile es un país de poetas y de encuentros suscitados por la poesía. Esto se debe a muchas herencias. Aunque los pueblos originarios no poseían un alfabeto, mantenían, y lo hacen hasta hoy, una rica tradición oral. Agreguemos que a los primeros conquistadores se sumó el joven Alonso de Ercilla, que supo trasladar a una poesía épica trascendente, y cuyo poema La Araucana desarrolló a lo largo de su vida, parte de los episodios que le tocó vivir y conocer de la conquista y de la resistencia mapuche. Se produjo así no solo la presencia de la espada y la cruz y de la resistencia al invasor, sino también de la palabra poética, la que tal vez mejor estaba en condiciones, al tener la vocación de transmitir y articular las pulsaciones más variadas y soterradas del ser humano, de reconocer al distinto y construir poco a poco puentes que pudieran trascender la violencia inicial y abrir cauce a través de un tiempo que aún perdura, y que atravesó por la necesaria independencia republicana, los posibles entendimientos cimentados en el lenguaje, en el mestizaje y en nuevas señas de identidad plurales.

    El siglo XX, lo sabemos, superó los horrores hasta entonces conocidos en la historia, que no fueron pocos. Y si en los albores del siglo XX se encontraron una vez más Chile y España en la palabra poética – con Huidobro primero con las nacientes vanguardias madrileñas y Neruda luego con la impresionante generación del 27- el encuentro hubo de pasar con rapidez de los territorios de la creación poética a la historia viva, luego de la alerta de Rafael Alberti a su amigo chileno, aunque la adhesión poética a la República incluyó las memorables páginas comprometidas de “España en el Corazón” de Neruda y los poemas de César Vallejo, de Rafael Alberti, de Miguel Hernández, de Antonio Machado, y también de Vicente Huidobro, que en el verano de 1936 ponía en sordina su creacionismo sin raigambre y evocaba así la aspiración a la derrota del alzamiento: “Cuando aparezca el sol de los hermanos / Cuando el aire se acerque renovado / Regalando poemas y corazones llenos de hombre / Espíritus sin muro capaces de todo viaje”.

    Y es Neruda el que por antonomasia puso, como otros creadores, por delante las urgencias de la historia. “Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie.” Con esta frase Pablo Neruda resume en sus memorias sus sentimientos respecto a la tarea que, además de la palabra poética, optó por realizar como cónsul especial para la emigración española nombrado por el Presidente Pedro Aguirre Cerda. Este poema hizo posible la llegada de más de dos mil españoles a Chile en un barco, y muchos otros por diversas vías, incluyendo los barcos Formosa y Florida que recalaron en Buenos Aires con españoles con visas otorgadas por Neruda, en busca de paz después de la guerra civil y sin refugio posible en Europa. Que se borre la poseía si se quiere, diría nuestro poeta, pero no los poemas que son historia humana solidaria.

    Para la República de Chile es siempre un honor recordar sus tradiciones de tierra de “asilo contra la opresión”, como reza nuestro himno nacional. En el caso de la España convulsionada por la guerra civil, primero nuestra embajada en Madrid otorgó a cerca de dos mil partidarios del que se instalaría como régimen de facto por décadas un refugio que fue respetado por el Gobierno de la República. En el caso que nos reúne hoy, fue por inspiración de un poeta y decisión de un Presidente democrático que españoles y chilenos pudimos escribir juntos en un contexto muy difícil una nueva página, signada ahora por la solidaridad hacia los derrotados que sufrían el desamparo en tierras de exilio, como lo vivió por lo demás después una parte de los chilenos, más de tres decenios después, y encontramos la mano extendida de la democracia española.

    Neruda recibió, para aminorar la crítica interna, la instrucción de acoger a españoles del exilio en Francia que contaran con oficios que pudieran aportar al desarrollo nacional y escribió así su desafío: “El mar chileno me había pedido pescadores. Las minas me pedían ingenieros. Los campos, tractoristas. Los primeros motores Diesel me habían encargado mecánicos de precisión. Recoger a estos seres desperdigados, escogerlos en los más remotos campamentos y llevarlos hasta aquel día azul, frente al mar de Francia, donde suavemente se mecía el barco Winnipeg, fue cosa grave, fue asunto enredado, fue trabajo de devoción y desesperación”. También había entre nosotros, chilenos, en la prensa y el parlamento, algunos portadores de pequeñez e inhumanidad, a los que el Cónsul Neruda y el Presidente Aguirre Cerda lograron poner en su sitio para dar curso al espíritu de acogida que es ya sello imperecedero del mejor Chile. Muchos refugiados, sin embargo, quedaron sin poder subirse al barco que les ofrecía un destino lejano, especialmente si eran anarquistas o trotskistas, aunque también los hubo en el Winnipeg, pero sobre todo porque su capacidad no permitía hacer más.

    Llegó así a Valparaíso, un 3 de septiembre de 1939, cuando estallaba la segunda guerra mundial luego de la invasión a Polonia, el barco Winnipeg, ex Jacques Cartier, construido en 1918, parte por entonces de la flota de la empresa France Navigation y que ya había prestado servicios diversos de suministro a la República Española. El “barco de la esperanza” había zarpado el 4 de agosto desde Trompeloup-Pauillac, cerca de Toulouse, en el sur de Francia, y su travesía fue financiada con los recursos republicanos y anónimamente por los cuáqueros, defensores de la justicia y el pacifismo a los que Neruda aproximó a su gesta y agradeció de por vida. El barco había sido diseñado para el transporte de carga y admitía solo 97 pasajeros, pero llegó a Chile luego de un viaje azaroso con cerca de 2 400 españoles de toda condición, en el que nació un niño y murió otro y en el que el capitán francés Poupin quiso por momentos volver a Europa ante el inminente estallido de la guerra. El barco fue requisado por la marina nacional francesa cinco días después de llegar a Chile, amarrado como estaba junto a tres vapores alemanes, y parte de su tripulación fue encarcelada antes de ser repatriada en la nave Aconcagua, encontrándose en Bordeaux con un concejo de guerra por “amotinamiento”, del que fueron rápidamente absueltos. El Winnipeg terminó primero en manos de la Francia de Vichy, luego de las fuerzas aliadas, para terminar hundido frente a las costas canadienses, de donde provenía la inspiración de su nombre, por un submarino alemán el 22 de octubre de 1942, poniendo fin a una historia un tanto peculiar para un barco de carga.

    Después de ser recibidos en Valparaíso y en la estación Mapocho de Santiago, la mayoría de los viajeros del Winnipeg se estableció en su nueva patria, otros quisieron y pudieron retornar con el tiempo a su patria de origen. Incluso más de tres décadas más tarde algunos, al caer de nuevo sobre ellos la persecución, tuvieron que vivir en diversos lugares un segundo o tercer exilio, después del de Francia y el de Chile. Mucho para una vida humana, y pocos pudieron sobrevivirlo. También hubo quienes pudieron volver a la España que renacía a la democracia, pero en la paradojal situación de refugiados, si pudiera decirse así, en la madre patria que décadas atrás tuvieron que dejar, porque tocaba ahora salir de la patria de adopción que los expulsaba.

    Todos los que llegaron en el Winnipeg y por otras vías contribuyeron a engrandecer Chile. Mencionemos, aunque siempre toda selección es injusta, al historiador Leopoldo Castedo y su colaboración con Francisco Encina en el resumen de la Historia de Chile más célebre hasta nuestros días; a los escritores catalanes Francesc Trabal, Joan Oliver, Cesar-August Jordana, Xabier Benguerel y Domenec Guansé, a los editores Joaquín Almendrós, Jesús del Prado y Arturo Soria (refugiado en nuestra embajada en Madrid, "discrepante y antimultitudinario" como gustaba autodefinirse, cuyo hermano menor Carmelo fue asesinado por la DINA en 1974); al diseñador gráfico Mauricio Amster, polaco españolizado que fue parte de la fundación de la escuela de periodismo; a los pintores José Balmes y Roser Bru y su aporte decisivo a nuestra plástica; al arquitecto Rodríguez Arias, creador del Café Miraflores; al dramaturgo Luis Fernandez Turbica, al ingeniero Victor Pey y sus hermanos y su labor en la construcción de muchos de nuestros puertos, a Cristián Aguadé y sus emprendimientos; y así tantos y tantos que se insertaron creadoramente en las más diversas actividades, como unos nuevos chilenos que nunca dejaron de representar, eso sí, a mucho de lo mejor de España.

    Setenta exactos años después, la Presidenta Bachelet ha recibido este 3 de septiembre en La Moneda a sobrevivientes y descendientes para expresarles lo que cabe: el agradecimiento de la nación chilena al aporte de los españoles del Winnipeg. También lo hacemos hoy aquí, en la patria que los vio nacer.

lunes, agosto 10, 2009

La discusión tributaria

En los procesos electorales se discute sobre los tributos, pero con alguna frecuencia sin atenerse mucho a los hechos ni a la experiencia internacional. Por ejemplo, ¿será cierto que no es bueno subir la carga tributaria porque "la actual correspondería al nivel de desarrollo de Chile"? Es respetable que haya quienes no quieran aumentar la carga tributaria o quienes quieran disminuirla, o que en general a ningún ciudadano le guste pagar impuestos, sobre todo si percibe que se despilfarran en corruptelas y privilegios. Es parte del debate. Pero el hecho es que no hay una relación causal mecánica entre desarrollo económico de un país y nivel de tributos.

Los países desarrollados tienen cargas tributarias que van desde el 27% del PIB (EE.UU., Japón) hasta más del 50% (Suecia, Dinamarca). Los niveles de tributación se explican más bien por las opciones de sociedad a propósito de más o menos bienes provistos por el Estado como educación, salud, pensiones, ayudas sociales, infraestructura, investigación, cobertura de riesgos y más o menos eficiencia en el gasto. En promedio, eso si, la carga tributaria total de los países de la OCDE ha aumentado sustancialmente en los últimos 40 años, pasando de 26% del PIB en 1965 a 30% en 1975 y a 36% en 2005. Esto ha ocurrido no solo porque se han hecho más desarrollados sino que para hacerse más desarrollados: los países que no invierten en bienes públicos se quedan atrás.

En América Latina, países como Brasil y Argentina, con un PIB por habitante a paridad de poder de compra inferior al de Chile en 2009 (Chile: 14 461; Argentina: 14 188; Brasil: 10 154 dólares por habitante, según el FMI) tienen niveles de tributación bastante más altos que los de Chile (Chile: 18,6%; Argentina: 26,8% y Brasil: 33,4% del PIB). La relación entre estos tres países es la inversa de la que se menciona: mientras más bajo el PIB, más alta la carga tributaria, lo que viene a subrayar que este tipo de relaciones mecánicas carece de sentido. Por tanto el nivel de tributos actual en Chile no es el equivalente mecánico a tal o cual nivel de desarrollo, sino a la opción por tener un Estado aún poco desarrollado, aunque recordemos que la presión tributaria (sin cobre) fue llevada a fines de la dictadura a un nivel bajísimo (13,8% del PIB en 1990), que los sucesivos gobiernos democráticos la fueron aumentando (en promedio con Aylwin esta fue de 15,6% del PIB, con Frei de 16,1% y con Lagos de 16,3%), mientras el actual gobierno la ha incrementado desde el 17.0% de 2006 al 18,6% del PIB registrado en 2008.

¿Qué se debe hacer si la opción es avanzar al desarrollo con más educación, salud, seguridad social y también más infraestructura, desarrollo tecnológico y protección del ambiente? Para no poner a nadie nervioso con metas que nos asemejen a los modelos europeos y sus Estados de bienestar (que sin embargo han probado ser hasta acá la mejor combinación entre eficiencia y equidad), o ni siquiera para ambicionar la menos importante protección social de Estados Unidos, ¿no será razonable que Chile avance a mediano plazo al menos a una tasa como la de Corea (25,5% del PIB), que es un país que gasta masivamente en educación y en nuevas tecnologías? Llegar a ser un país moderno simplemente no se puede hacer con el nivel actual de ingresos permanentes del Estado en Chile. Mantener el actual esfuerzo de gasto público y de tributación es mantener, a pesar de los avances, un sistema aún en ciernes de protección social e insuficientes esfuerzos de innovación productiva y desarrollo tecnológico. Es mantener el subdesarrollo.

Existe un conjunto de impuestos que no sólo no dañan la asignación eficiente de los recursos sino que la incrementan. Este es especialmente el caso de los impuestos correctores de externalidades negativas, que transforman en costo privado el costo social en que incurren en sus actividades algunos entes privados. Los impuestos sobre actividades que provocan daño directo a la salud (tabaco, alcohol) o que son contaminantes e intensivas en emisiones de carbono y los que se aplican a la renta de la extracción de recursos naturales corresponden a esta categoría.

Pero la tributación puede tener costos económicos negativos y provocar eventuales distorsiones en los incentivos a los productores y los consumidores. Se suele sobreestimar, sin embargo, estos efectos y postular que un país que posee un mayor nivel relativo de impuestos tendría un menor crecimiento económico. ¿Cuan importantes son estos costos? Para los economistas liberales que se han hecho tan influyentes en base a afirmaciones infundadas -pero bien recibidas por los poderes económicos- serían muy altos, lo que explica su recomendación recurrente y unívoca: el mejor Estado es el residual, que financia pocas actividades para mantener el orden con pocos impuestos. Pero existe suficiente evidencia para afirmar que las economías con mayor expansión en las últimas décadas son las que tienen tributos menos desincentivadores y más gastos públicos que contribuyen al crecimiento, especialmente en infraestructura y recursos humanos, y no los de Estados de menor peso en la economía y tributos más bajos. De hecho, los casos exitosos de países con bajos impuestos que se citan, como Irlanda y los países bálticos, son pequeños y se encuentran hoy en crisis profunda.

Sin duda, no todo gasto público se justifica ni todo impuesto está exento de efectos desincentivantes sobre la actividad económica. Pero la experiencia indica que estos pueden ser disminuidos y compensados por incrementos de eficiencia provenientes de las externalidades positivas que financian. Además, pueden ser asumidos como los costos razonables a pagar por tener mayores grados de equidad. Y el hecho probado es que el gasto público que incrementa el capital físico y humano y las transferencias que disminuyen las desigualdades de ingresos tienen efectos positivos sobre el crecimiento, o en todo caso no lo impiden. Y está probado que la tributación progresiva no impide el crecimiento. Joel B. Slemrod y Jon Bakija, con datos de 1950 a 2002, demuestran que los períodos de fuerte incremento de la productividad coexistieron con las tasas marginales superiores más altas en el impuesto a la renta en la posguerra y que, en promedio, los países de más altos impuestos son los países más ricos.

La afirmación liberal según la cual los impuestos hieren el desempeño económico no tiene entonces base empírica que la sustente. En palabras de Peter Lindert: “Desde hace algunos años, ha habido una creciente brecha entre el registro empírico y una historia que es contada una y otra vez con insistencia creciente. No solo escuchamos que existe el peligro de que redes de seguridad y programas antipobreza basados en impuestos pueden tener altos costos económicos. Nótese cuan frecuentemente se nos dice que los economistas han “demostrado” y “encontrado” que esto es cierto. Estas afirmaciones son frecuentemente un bluf (...). Antes que demostrar o encontrar este resultado, han escogido imaginarlo".

viernes, julio 03, 2009

Embajador responde a críticas

Con extrañeza tomó el embajador de Chile en España, Gonzalo Martner, las críticas surgidas tras acompañar ayer al candidato presidencial de la derecha, Sebastián Piñera, en su visita al Presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

"Lo cortés no quita lo valiente. No veo porque alguien se pueda extrañar que personas que pensamos distinto no podamos tener relaciones de cortesía. Razón por la cual el presidente Rodríguez Zapatero accedió por cortesía y por amistad con Chile a recibir al líder de la oposición. Creo que aquí hay una cierta incultura democrática en todas estas expresiones", declaró a radio Cooperativa.

El ex presidente del Partido Socialista agregó que "con Sebastián Piñera tenemos ideas completamente diferentes. Estoy seguro de que si llega a gobernar, y espero que eso no ocurra, en materia de DDHH lo más probable es que tengamos a (Manuel) Contreras fuera de la cárcel, por ejemplo. Estoy muy seguro que Piñera privatizaría Codelco y eso a mí no me gustaría. Estoy seguro que tendría una política respecto al medio ambiente no muy cuidadosa. También una política de confusión de los negocios y los asuntos públicos".

Martner aclaró que tuvo con Piñera la misma actitud que tuvo con Eduardo Frei, abanderado de la Concertación, al que acompañó en su visita a Rodríguez Zapatero.

"Un embajador de Chile es un cargo que se tiene mientras se cuente con la confianza de la Presidenta, pero soy un embajador de la República, de la diversidad de Chile, de la persona más sencilla hasta la persona más pudiente, de la gente del Gobierno como de la gente de la oposición", aclaró Martner.

"Mi tarea aquí es proyectar la imagen de Chile en toda su diversidad lo mejor posible y que exista el mejor entendimiento en todos los planos posibles", finalizó.

viernes, junio 26, 2009

Sobre la progresividad de los impuestos

Publicado como columna de opinión en el diario La Nación.

Han aparecido en Chile en los últimos tiempos, y desde donde aparentemente no debieran, diversas propuestas para eliminar la progresividad del impuesto a la renta. Mientras, en el Reino Unido el primer ministro Gordon Brown ha decidido el incremento de la tasa más alta de este impuesto desde el 40% al 50%. El gobierno del Presidente Rodríguez Zapatero se ha manifestado dispuesto a aplicar una medida de este tipo en su diálogo con otras fuerzas políticas en el parlamento para la aprobación de la próxima ley de presupuestos. El nuevo presupuesto del Presidente Obama incluye, por su parte, retrotraer las rebajas de impuestos a los más ricos realizadas por la anterior administración. A su vez, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) acudirá a las elecciones generales de septiembre con un programa que incluirá un incremento de la tasa máxima máxima del impuesto a la renta del 45% al 47%. Este gravamen, conocido popularmente como "el impuesto de los ricos", se aplica a todos los ingresos anuales superiores a 125.000 euros.

Y es que es el propio Adam Smith (“no es poco razonable que los ricos deban contribuir al gasto público no solo en proporción a su ingreso, sino en algo más que en esa proporción”) el que fundamentó el principio de la progresividad del impuesto en una fecha tan lejana como 1776. El principio de equidad tributaria establecido desde entonces solo se ha puesto en cuestión, en nombre de la eficiencia, en las economías recientemente reconvertidas al capitalismo en diversos países este-europeos.

Así, los ultraliberales modernos buscan una completa “neutralidad tributaria” y la reducción de la política económica y fiscal a su mínima expresión, para dejar al mercado las decisiones económicas fundamentales. Esto fue expuesto, por ejemplo, por Milton Friedman en el marco de su esquema de impuesto negativo como alternativa al Estado de Bienestar en 1962 en su libro "Capitalism and Freedom". Este tipo de ideas han sido rechazadas tanto en Estados Unidos como en Europa Occidental y América Latina, pues, en palabras de Gordon Brown no cabe que “el millonario pague exactamente la misma tasa que una joven enfermera, una trabajadora del hogar o un obrero remunerado con el salario mínimo”. Abandonar la idea de la tributación progresiva a la renta es abandonar una idea central del progresismo (en este caso la redundancia no es casual): que paguen proporcionalmente más impuestos los que tienen más.

Hagamos un poco de historia. El impuesto a la renta se introdujo en la mayoría de los países en los albores del siglo XX. En Chile esto ocurrió a partir de los años treinta. Los que inventaron las tasas altas fueron los anglosajones. En Estado Unidos, entre 1932 y 1980, la tasa aplicable a los muy altos ingresos tuvo un promedio de 80,2%, con cifras comparables en Gran Bretaña. En Europa continental las tasas no han excedido el 60%, lo mismo que en Chile. La ola neoliberal de la era Pinochet, Reagan, Thatcher rebajó por doquier estas tasas. La mayoría de los economistas sigue considerando un instrumento efectivo, o en todo caso mejor que intervenir empresas o fijar precios, la aplicación de tasas altas a los muy altos ingresos como instrumento base de las políticas redistributivas, junto a la progresividad del gasto. En EE.UU, el 81% de los economistas está a favor de la progresividad del impuesto. El economista Thomas Picketty, reputado experto en el tema, propone gravar con altas tasas los ingresos superiores a 1,4 millones de dólares anuales, lo que excluye al 99,5% de la población, pues sostiene que el mercado de trabajo no está funcionando bien para asignar remuneraciones correspondientes a la productividad en el caso de los altos directivos de empresas. Esto se ha puesto de manifiesto en la reciente crisis mundial y en las remuneraciones y primas desmedidas de cuerpos directivos que llevaron a decenas de entidades financieras a la quiebra.

En Chile se señala con razón que las empresas tributan poco y que sus dueños descuentan esos pagos de sus impuestos personales. La idea de incrementar la tasa del impuesto a las empresas tiene fundamento si se considera las necesidades de financiamiento de nuevos esfuerzos sociales en educación, salud, vivienda, pensiones. Pero tiene más fundamento mantener y eventualmente incrementar los impuestos de los ingresos de las personas que son dueñas de las empresas y no de las empresas propiamente tales, pues estas deben poder invertir, innovar, crear empleo y distribuir mejores salarios. El esquema más apropiado debiera ser más bien el de no permitir a los dueños de las empresas descontar (global complementario) sus pagos de impuesto a las utilidades (primera categoría) si las empresas respectivas no cumplen con obligaciones de gasto en capacitación de los trabajadores, despiden más que el promedio, no cumplen metas de reducción de emisiones de carbono o no realizan gastos en investigación y desarrollo. Así se sustituiría múltiples exenciones tributarias poco eficaces y se promovería activamente conductas empresariales socialmente deseables y al mismo tiempo socialmente rentables, mediante el uso inteligente de la política tributaria. La política tributaria no debe ser neutral ni en términos de equidad – y por tanto debe mantenerse una escala de progresividad de al menos 0 a 40% en el impuesto a la renta personal- ni en términos de eficiencia empresarial y de asignación de recursos. Así lo demuestra la experiencia de los países exitosos.

domingo, junio 14, 2009

Ética de la convicción y ética de la responsabilidad

En estos días hay quienes han relanzado el debate sobre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad, para descalificar una vez más a la primera en nombre de la segunda. Tal vez puede ser de interés transcribir de mi libro "Remodelar el modelo" de 2007 lo que sigue:

Desde 1990 hay quienes han manifestado su preferencia por la llamada ética de la responsabilidad por sobre la ética de la convicción, siguiendo la distinción weberiana. La primera ha dado justificación a una especie de pragmatismo blando que ha devenido en una práctica política crecientemente conservadora. Sin la segunda, no hay posibilidades de realizar cambios modernizadores que sean un auténtico avance para quienes están en una posición subordinada en la sociedad. El más elemental realismo indica que las posibilidades de modificación de las situaciones de subordinación dependen de convicciones que inspiren acciones colectivas persistentes.

La dialéctica entre el realismo y el sueño, la moderación y la audacia, ha estado siempre presente en los procesos sociales de “alta intensidad”, como han sido los del Chile contemporáneo. Pero la referencia extendida en algunas élites a la distinción weberiana es un síntoma del conformismo que se ha instalado en Chile.

Esto requiere de algunas explicaciones. Decía Max Weber en una de sus conferencias de 1919: “Toda actividad orientada según la ética puede ser subordinada a dos máximas totalmente diferentes e irreductiblemente opuestas. Puede orientarse según la ética de la responsabilidad o según la ética de la convicción. Esto no quiere decir que la ética de convicción es idéntica a la ausencia de responsabilidad y la ética de responsabilidad a la ausencia de convicción. No se trata por supuesto de eso. Sin embargo, hay una oposición abismal entre la actitud del que actúa según las máximas de la ética de convicción- en un lenguaje religioso diríamos : "El cristiano hace su deber y respecto del resultado de la acción se remite a Dios"-, y la actitud del que actúa según la ética de responsabilidad que dice: "Debemos responder de las consecuencias previsibles de nuestros actos".

La pertinencia de la complejidad inicial de este enunciado pierde fuerza a poco andar cuando el argumento se inclina hacia la defensa de la ética de responsabilidad por sobre aquella de convicción cuando a esta última la asimila a la irresponsabilidad de no tomar en cuenta las consecuencias de los actos inspirados en ella. Insinúa además que la ética de convicción tendría un carácter mesiánico. Incluso, al acudir a ejemplos más laicos, argumenta injustamente contra sindicalistas y promotores de la justicia social: “perderán el tiempo exponiendo, de la manera más persuasiva posible, a un sindicalista convencido de la verdad de la ética de convicción que su acción no tendrá otro efecto que el de aumentar las oportunidades de la reacción, de retardar el ascenso de su clase y de oprimirlo aún más, no les creerá”. Y agrega: “el partidario de la ética de convicción no se sentirá responsable sino de la necesidad de cautelar la llama de la pura doctrina para que no se apague”, en lo que puede parecer una razonable invocación en contra de los dogmatismos (aunque no pertinente en tanto no ser irresponsable en sus actos es parte esencial de las convicciones de muchos de los que promueven cambios al orden existente precisamente porque los grupos sociales subordinados tienen mucho que perder en sus fracasos), pero que acto seguido revela su aversión por el cambio social al afirmar: “por ejemplo la llama que anima la protesta contra la injusticia social”.

En suma, la defensa weberiana de la ética de responsabilidad es propia del discurso conservador que siempre ha visto en las convicciones transformadoras un peligro y siempre ha apelado al realismo para defender el statu quo. La ética de la convicción, que defendemos, no excluye la cautela que deben mantener los promotores del cambio social frente a los peligros de involución en la consecución de sus objetivos por conductas maximalistas irreflexivas. Pero la cautela y la flexibilidad en la defensa de una convicción son una cosa, no conducirse con arreglo a convicciones en nombre de la responsabilidad es otra muy distinta. La ética de responsabilidad opuesta a la de convicción se parece mucho a la resignación de los que honesta o interesadamente consideran que poco puede hacerse para alterar “el curso natural de las cosas” o “la jerarquización natural de la sociedad”.

Continuaba Max Weber en su célebre texto sobre El sabio y el político: “Pero este análisis no agota aún el tema. No existe ninguna ética en el mundo que pueda no considerar lo siguiente: para alcanzar fines "buenos", estamos la mayor parte del tiempo obligados a contar con, por una parte, medios moralmente deshonestos o por lo menos peligrosos y, por otro lado, con la posibilidad o la eventualidad de consecuencias enojosas”. Este “relativismo ético”, acompañado de un pesimismo profundo sobre las consecuencias no deseadas de las acciones colectivas, puede explicarse por el curso sulfuroso de la historia en el tiempo en que escribía Max Weber estas consideraciones, pero resulta chocante frente al posterior drama provocado por el nazismo en Alemania y frente a una época y en un país que como Chile ha tenido ocasión de experimentar “medios moralmente deshonestos” y sus “consecuencias enojosas” como los puestos en práctica por la dictadura de 1973-1989.

En cambio, nuestra inspiración puede resumirse en palabras de Michel Onfray: “querer una política libertaria es invertir las perspectivas: someter la economía a la política, pero poner la política al servicio de la ética, hacer que prime la ética de la convicción sobre la ética de la responsabilidad, luego reducir las estructuras a la única función de máquinas al servicio de los individuos y no a la inversa”.

Se trata de una perspectiva que no tiene problemas en convivir con elementos de la tradición socialdemócrata (gradualismo, representación de los intereses de los asalariados en las instituciones democráticas, mantención del mercado a cambio de protección social), pero que reivindica la tradición libertaria de la izquierda y su búsqueda constante de una combinación virtuosa entre libertad e igualdad. Esta perspectiva busca definir una acción que sea éticamente responsable con un objetivo: disminuir los sufrimientos humanos evitables y obtener equitativamente el mayor bienestar posible para el mayor número posible de personas. Esta tarea está al alcance de las sociedades democráticas en que al menos grupos sociales suficientemente decididos son, o logran ser, representativos de la mayoría y se proponen realizarla de manera persistente, construyendo valores compartidos, conductas sociales y normas e instituciones acordes con ella.

¿Será posible caminar en esta dirección en las circunstancias actuales de Chile y el mundo, aprender consistentemente de los aciertos y dramas nacionales y universales del siglo 20 para dejarlos atrás de manera creativa y reconocer en profundidad los cambios en curso? ¿Será posible hacer emerger desde una democracia política en consolidación una democracia social moderna que promueva, además de la consagración de derechos de amplio espectro, la celebración de la vida humana que merecen los chilenos del siglo 21?

Convengamos a este propósito que los avances civilizatorios de la humanidad no habrían existido con la sola consideración de las dificultades para conquistarlos, que siempre fueron inmensas frente a los poderes constituidos, ya sea que se trate de la eliminación de la esclavitud, de la emergencia de la democracia, de la emancipación de las colonias, de la consagración de sistemas de derechos civiles y políticos, de la expansión de derechos sociales, económicos y culturales capaces de evitar las discriminaciones de clase, género, raza y orientación sexual y así sucesivamente.

Optamos entonces por el “pesimismo de la inteligencia”, siempre necesario para no perder la lucidez frente a los hechos y la capacidad de reconocer las dificultades a la que debe aspirar el uso de la razón, pero sin perder el “optimismo de la voluntad”, indispensable para mantener el principio de esperanza propio de la vitalidad de la condición humana. De esta combinación nos hablaba Romain Rolland al iniciarse el siglo 20, la que gustaba de citar Antonio Gramsci, un insigne luchador contra las dificultades de toda índole, incluyendo las del dogmatismo.

O en palabras muy actuales de Fernando Savater: “Dice una milonga que ‘muchas veces la esperanza son ganas de descansar’. Pero también está comprobado que acogerse a la desesperación suele ser una coartada para no mover ni un dedo ante los males del mundo. Puestas así las cosas, soy decididamente de los que prefieren abrigar esperanzas..., aunque siempre tomando la precaución de no considerarlas una especie de piloto automático que nos transportará al paraíso sin esfuerzo alguno por nuestra parte. Es decir, creo que la esperanza puede ser un tónico para los rebeldes y un estupefaciente para los oportunistas y acomodaticios”.

Oportunistas y acomodaticios son un dato de la causa, especialmente en sociedades poco estructuradas y débiles como las latinoamericanas. En Chile, el obstáculo aún decisivo es el peso de los conservadores y del poder económico que mantienen. Estos han cambiado en que tal vez reivindican menos los valores del integrismo religioso, pero se cohesionan en la defensa acérrima de los privilegios económicos de las minorías propietarias de las que forman parte, o de las que son servidores, privilegios de los cuales siguen pensando deben emanar un reconocimiento social y una influencia política decisiva. Procuran capturar el poder político con métodos variados, incluyendo influir con el poder del dinero sobre “oportunistas y acomodaticios” ...y todos los demás.

El neoliberalismo académico ha dado consistencia en Chile desde los años setenta al mundo conservador, parte del cual desarrolla además un programa sistemático de cooptación de una parte de la centroizquierda, entre otras cosas por realismo pues esta gobierna desde 1990. En este proceso ha encontrado relativo éxito en la domesticación de aquella izquierda que confundió renovación con conversión al neoliberalismo y de aquella neoizquierda que sufre del “síndrome esteoriental” (en referencia a la caída del muro de Berlín, que implicó una rápida transición de los dogmas marxista-leninistas a la religión del libre mercado y al atlantismo pro-occidental, en tanto ahí estaban las nuevas fuentes de poder) y que busca estabilizar vínculos con los poderes constituidos, no sin al mismo tiempo mantener un lenguaje y una identidad populistas destinados a mantener su clientela electoral.

En este proceso también se ha promovido con bastante éxito un automatismo intelectualmente equívoco: los que no se inscriben en la lógica neoliberal y que proponen políticas públicas activas y consistentes son tachados de populistas o no modernos, las más de las veces por quienes derrochan ignorancia de las realidades del mundo y de cómo funcionan en él muchas cosas muy bien aunque contradigan su miopía y sus simplistas dogmas decimonónicos. En especial, los economistas ortodoxos de dentro y fuera de la coalición gobernante han logrado en Chile mantener por mucho tiempo la senda de crecimiento efectivo por debajo del crecimiento potencial, lo que debiera llevarlos a más modestia, en vez de seguir exponiendo con arrogancia injustificada una combinación de rechazo irracional a políticas expansivas desde el lado de la demanda como a políticas estimuladoras de la oferta que no sean la clásica desregulación y privatización de todo (que no han demostrado en parte alguna que estimulen establemente el crecimiento y si se ha demostrado que incrementan las desigualdades). El populismo (es decir el halago retórico del sentimiento inmediato de colectivos determinados o el apoyo a una u otra categoría de intereses particulares con efectos contradictorios entre sí) es peligroso porque no permite la articulación de intereses y voluntades en una dirección de manera consistente en el tiempo. Suele además terminar acomodándose frente a los poderes constituidos que dice controvertir o bien en algunos casos deriva a formas dictatoriales de ejercicio del poder. En cambio, lo “socialmente responsable” no es otra cosa que proponer consistentemente una dirección y un horizonte de cambios de las situaciones de poder en la sociedad, en este caso inevitablemente afectando, con los medios de la democracia, intereses ilegítimos de minorías privilegiadas.

El “optimismo de la voluntad” de inspiración libertaria e igualitaria ha tenido y tiene entonces una gama de huesos duros de roer y muchos esfuerzos que realizar.

sábado, mayo 16, 2009

La agenda progresista y la crisis

En la Revista Foro 21, nº84, se encuentra el artículo "Algunas ideas sobre la agenda progresista y la crisis" .

En homenaje a Claudio Huepe

No recuerdo exactamente cuando conocí a Claudio Huepe, pero debe haber
sido en una fecha próxima a su retorno del exilio. La diferencia de
edad no nos había hecho encontrarnos antes. El tenía ya una dilatada
trayectoria en la política chilena y yo ninguna. Anudar una amistad y
complicidad con él fue dándose en aquella época en que luchar contra
la dictadura suponía especialmente tender puentes y construir
confianzas para conformar, en la visión de algunos de nosotros, pocos,
un gran frente de oposición política y de promoción de la
desobediencia civil masiva para lograr una salida política a la
situación de dictadura.
Esto suena hoy, tantos años después, como algo
más o menos obvio. Sin embargo, no lo era. Los acercamientos los
hicieron gentes de carne y hueso. El país había vivido una gran
división y el derrocamiento del gobierno democrático con su secuela de
represiones sangrientas. Entre las personas de izquierda y las
pertenecientes a la DC había todavía resquemores y desconfianzas.
Claudio Huepe fue de los que jugó un gran papel para producir los
acercamientos. Se había opuesto al golpe, se había confrontado con los
represores, lo que le valió detenciones y exilio, y sobre todo ganó un
gran respeto de todos por su valentía y corrección.
Pero había en Claudio no solo una consecuencia democrática a toda prueba, que ya es
mucho, sino sobre todo un gran calor humano. Me tocó trabajar con él a
lo largo de los años, en la organización de la oposición, en el primer
parlamento postdictadura, en los centros de estudios y de debate, en
el gobierno de Lagos, cuando fue nombrado Ministro. Y siempre la misma
calidez, la misma sencillez y modestia cuando estaba de ciudadano de a
pie que cuando ocupaba altas funciones públicas. Siempre la misma
consecuencia y firmeza, la misma honestidad, la misma capacidad de
reunir gente diversa a compartir. Enterarse desde la lejanía de la
partida de un amigo como éste es duro, confrontado a la certeza de no
volver ya a verlo.
Queda el consuelo de haber conocido a un ser humano
de excepción y queda el recuerdo imborrable de alguien que dejó una
huella de amistad y de fraternidad.

domingo, abril 12, 2009

En honor a la verdad

En estos días se han suscitado lamentablemente diversas polémicas en el ámbito de los partidos de la Concertación y en especial del PS, en las que en realidad no me corresponde ni deseo participar. Sin embargo, se han aludido de manera inexacta hechos ocurrido en 2005 y que me involucran y requieren aclaraciones en honor a la verdad y en defensa de mi propio honor. Seguir leyendo.

domingo, abril 05, 2009

La crisis, la inversión y la inmigración

Entrevista con agencia EFE. Ver video

viernes, marzo 20, 2009

Entrevista sobre el G 20 y la crisis

Entrevista en El Periódico de Catalunya. Ver 

miércoles, marzo 18, 2009

Obama y el retorno de Keynes

Columna publicada en La Nación. Leer.

sábado, marzo 07, 2009

Chile frente a un mundo en recesión

Publicado en El Mercurio.

El mundo sigue viviendo grandes convulsiones económicas. Desde septiembre de 2008, con la caída de Lehman Brothers, se aceleraron los derrumbes financieros desencadenados en 2007 con la crisis inmobiliaria norteamericana y se produjo una transmisión a la economía real sorprendentemente rápida en todo el orbe. No hubo desacoplamientos de ninguna área de la economía mundial. Los países industrializados entraron en recesión en el último trimestre del año, especialmente Estados Unidos, a un ritmo que ha dejado atónitos a los especialistas en coyuntura económica de los gobiernos, los organismos multilaterales y las agencias privadas. Las grandes economías emergentes, como China e India, desaceleraron sin más su crecimiento.

Para 2009, ya comienza a preverse no sólo una fuerte recesión en el mundo industrializado, sino una posible disminución del PIB mundial, con su secuela de desempleo y de destrucción del tejido productivo. Como nunca, los economistas convencionales han quedado sin discurso y han tenido que admitir que el retorno del Estado -para algunos de modo coyuntural, para otros de modo estructural- es inevitable.

Las respuestas nacionales frente a las crisis bancarias han sido dispersas y no han logrado restablecer el crédito, aunque hayan detenido brotes de pánico, lo que ya es bastante frente a la magnitud de la debacle financiera vivida. Tampoco la ausencia de gobernanza económica mundial ha permitido coordinar los planes nacionales de estímulo fiscal de la demanda, destacando por su magnitud los de Estados Unidos (con un déficit presupuestario previsto de 12% del PIB para 2009, el más alto desde 1942) así como el de China, y por su timidez los de Europa. Aparecen medidas proteccionistas parciales aquí y allá y una contracción generalizada del comercio mundial, lo que no ayuda precisamente a sostener una actividad fuertemente afectada por la caída del consumo. Esto hace indispensables nuevos planes de estímulo fiscal para evitar el desplome de la demanda, aunque su financiamiento de magnitud colosal distraerá parte del ahorro mundial que alimenta los circuitos financieros. Deberán también los gobiernos tomar medidas más radicales de sostén de los sistemas financieros, ahora afectados por el deterioro de la economía real.

En este contexto, se espera mucho de la cumbre del llamado G 20 que tendrá lugar en abril en Londres. En particular, se espera que se sienten allí las bases de una nueva arquitectura de la economía mundial y que emerja un nuevo optimismo en los agentes económicos, que es hoy día probablemente el bien más escaso de todos. Pero tales expectativas difícilmente podrán cumplirse, pues la cumbre llega para algunas cosas muy tarde y para otras muy temprano. Muy tarde para coordinar los planes de rescate financiero y de estímulo fiscal. Y muy temprano frente al hecho de que se habrán cumplido sólo siete meses desde la debacle de la banca de inversión norteamericana y que muchas preguntas no tienen aún respuesta.

¿Podrá el G 20 ir más allá de la condena genérica de los paraísos fiscales y establecer un control sobre la circulación de instrumentos de alto riesgo basados en activos sobrevalorados? ¿Será posible estructurar una supervisión que evite futuras burbujas financieras potencialmente alimentadas por una liquidez abundante hoy provista por los bancos centrales para evitar la depresión? ¿Decidirán los estados regular el conflicto de interés en las agencias de notación y clasificación de riesgos? ¿Estarán en condiciones de regular los hedge funds especulativos y mantener una operación razonable de los fondos de cobertura de cambio y precios de materias primas? ¿Podrán los planes de gobierno ampliar la demanda mundial y contener la violenta caída de los productos y mercados claves para las economías más pequeñas? ¿Podrán asegurar flujos de financiamiento suficientes para estas economías?

En este contexto, es una gran iniciativa la realización en Chile de la Cumbre de Líderes Progresistas. Esta incluirá, por invitación de la Presidenta Bachelet, a parte de los líderes europeos del G 20 y a dos de los tres miembros latinoamericanos de este grupo, Brasil y Argentina. Un país pequeño como el nuestro tiene que estimular y estar presente al más alto nivel en todos los espacios en que se discuta la situación mundial y el futuro del progreso social. Se trata hoy para nosotros de contribuir a alertar sobre los peligros crecientes que entraña la espiral recesiva en curso, de cuya superación pronta depende evitar sufrimientos sociales considerables.

Es hora de reforzar el diálogo con Estados Unidos y Europa y hacerlo desde una mayor coordinación latinoamericana e iberoamericana, que son los espacios naturales de la proyección exterior de Chile, en un momento especialmente crítico para nuestro futuro.

miércoles, enero 14, 2009

Reflexiones distantes sobre la reconstrucción de un progresismo de izquierda en Chile

“La peor locura es ver la vida tal como es y no como debiera ser”

Miguel de Cervantes


Está en cuestión hoy en Chile, por parte de quienes no debieran, el que tenga sentido agrupar y federar a las fuerzas políticas progresistas y de izquierda, las que por lo demás constituyen una mayoría electoral de casi dos tercios de la coalición gobernante, y cerca de un 30% del electorado nacional. Más aún, los que se agruparon en el seno de la Concertación para apoyar a Ricardo Lagos y luego a Michelle Bachelet parecen hoy ni siquiera tener voluntad de existir como proyecto político, sino más bien se proponen sobrevivir como plataformas particulares de administración de intereses. Diplomáticamente hablando, el denominado progresismo es hoy un campo de ruinas. Y no porque su electorado lo haya abandonado, lo que por lo demás es siempre una posibilidad propia del proceso democrático, sino porque sus dirigentes no quieren representarlo. Extraño caso de disolución política “desde arriba” que necesitará sucesivos análisis.

Concertación y progresismo

Más allá del balance de su prolongada gestión de gobierno, tema de ineludible importancia que no se abordará aquí, la Concertación es una coalición que mantiene su vigencia porque tiene comunes denominadores, especialmente en el campo de la reivindicación de las instituciones democráticas y de los derechos humanos y en la convicción de que es necesario garantizar universalmente mínimos sociales, que ya es mucho y suficiente como para pactar una combinación de gobierno. Pero ya no puede eludir las diferencias en base a la astucia ni establecer vetos sobre ellas.

Cabe constatar, para ser justos, que el debate sobre la articulación entre políticas de crecimiento, de cohesión social y de sustentabilidad ambiental cruza transversalmente a los diversos componentes de la coalición de gobierno y que las posiciones más progresistas y promotoras del interés general por sobre el del poder económico concentrado no son hoy privativas de alguno de ellos en particular. Esto se explica de modo importante, sin embargo, por la reconversión de parte de la élite proveniente de la izquierda a posiciones neoliberales o a actitudes pragmáticas y de connivencia, incluso rentada, con intereses empresariales que influyen hasta hoy decisivamente en el sistema político y en los medios. Decantada y descartada esa reconversión en los partidos PS-PPD y PR (lo que tendrá que ocurrir tarde o temprano) y reconstruido un más amplio cuerpo de ideas económicas críticas, volverá a manifestarse una opción alternativa sólida al neoliberalismo duro de la derecha y blando de sectores de centro, es decir -simplificando mucho- de tipo socialdemócrata. Esta opción se encuentra hoy acallada por el avance del neoliberalismo en las filas tecnocráticas de la Concertación y sus soportes políticos desde 1990 y también, como consecuencia, sobrepasada por el maniqueismo ruidoso de extrema izquierda y sus consignas fáciles allí donde solo son posibles soluciones complejas, maniqueismo a veces sumido en la nostalgia de los socialismos reales y sus economías centralizadas dejadas atrás por la historia o en aspiraciones legítimas pero que no se condicen con la necesidad de realizar opciones y de atenerse al desafío político de responsabilidad que supone gobernar: no se puede querer todo al mismo tiempo.

Una opción económico-social progresista y de izquierda que reemplace la confusión reinante, repitiendo lo señalado en un comentario anterior, no supone desestimular el emprendimiento o proponer a los ciudadanos que todo lo requieran del Estado, sino de valorar la eficiencia económica siempre que sea puesta al servicio de acrecentar la cohesión social y los equilibrios ecológicos. El crecimiento sí, pero con normas de cooperación y reciprocidad para construir una prosperidad con libertades, seguridades y garantías para los que viven de su trabajo, sentidos colectivos, igualdad de derechos y oportunidades, acceso de todos a bienes públicos, al goce de la naturaleza y a incidir en las decisiones administrativas y políticas. Como estamos lejos de una sociedad deseable de esas características, entonces cabe persistir en obtenerla. A esa actitud algunos la llaman “autoflagelación”, cuando se trata simplemente de poseer una necesaria y humana mirada crítica y algo de optimismo histórico, de aquel que lleva a creer que se puede vivir en una sociedad mejor.

Se trata de postular con claridad que el gobierno puede estimular el crecimiento incrementando la inclusión de los marginados y la inversión en las capacidades humanas, que es el principal recurso económico. Esto requiere más y mejor gasto público en educación, salud y bienes urbanos, y no menos como proponen los neoliberales. Una economía moderna también requiere tomar riesgos e innovar, pero debe hacerlo logrando una inserción no asimétrica en los mercados mundiales acompañada de una fuerte protección social frente a los riesgos cíclicos de desempleo y marginación, y no menos protección a los más vulnerables. Esto tiene un costo alto para la sociedad que hay que asumir abiertamente, pues mucho mayor es a la larga el costo de la ruptura de la cohesión social y su secuela de menor seguridad y alto gasto en policías y prisiones.

La promoción del desarrollo requiere más y no menos Estado en infraestructura, formación, innovación tecnológica y coordinación de actividades productivas. Requiere incluso de un importante rol empresarial público y en todo caso de fuertes regulaciones para cautelar la explotación racional de recursos naturales, promover nuevas tecnologías, diversificar las fuentes de generación de energía, mantener el buen funcionamiento de las industrias de red y asegurar el financiamiento de la empresa innovadora.

En contraste con la propuesta económica de libre mercado y su profunda crisis, pues ha quedado demostrado con la catastrofe financiera de 2008 una vez más que los mercados de capital y del trabajo no se autoregulan, el progresismo de izquierda tiene hoy en el mundo una agenda que no solo ofrece una posibilidad de mayor crecimiento sino también una posibilidad de mayor justicia social que la que provee la ley de la selva de los agentes económicos librados a su suerte. ¿Es posible concordar este tipo de postulados con la DC? Probablemente sí, pero en base a un debate claro sobre los enfoques en competencia en la coalición: el socialdemocrata y el neoliberal.

Por otro lado, es no querer ver la realidad desconocer que existen al menos zonas de divergencia entre lo que representa el progresismo históricamente y la DC respecto a la extensión de la laicidad del Estado y de las políticas públicas en temas esenciales. Se trata nada menos que de la educación, en donde hay quienes en la DC consideran positiva la tesis inaceptable para el progresismo y la izquierda de mantener una segmentación educativa radical y otorgar recursos públicos a escuelas que no reconocen derechos republicanos básicos a alumnos y padres –como pensar como quieran- y mantienen barreras a la entrada y discriminaciones –como no aceptar a hijos de padres separados o niñas embarazadas- financiadas con impuestos, todo esto en nombre de la libertad de enseñanza. Y también se trata de la salud reproductiva: no es aceptable en una lógica republicana que haya quienes quieran imponer sin más sus convicciones particulares –respetables- a todos los ciudadanos por sobre las consideraciones de salud pública y la opinión de otros, y que desconozcan los derechos individuales que hacen aconsejable la contracepción públicamente promovida, la distribución gratuita y extendida de la píldora del día después y la despenalización del aborto terapéutico y en caso de violación. Los conservadores en la Concertación se niegan a aceptar que no puede vetarse el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo cuando así lo aconseje la salud física y mental de las mujeres, antes del desarrollo del embrión. Los conservadores en la coalición tampoco aceptan la libertad de preferencia sexual y el respeto que todo ser humano merece, y su derecho, además, a establecer uniones civiles. El derecho a no ser arbitrariamente discriminado en materia sexual, étnica, de género o social es parte de la reivindicación histórica del progresismo y no es ofender a nadie así señalarlo, reivindicarlo y promoverlo, sin aceptar vetos.

Existen también divergencias en otros planos, como en materia de la identidad latinoamericana de Chile, la que es confrontada desde el alineamiento con EE.UU.

Tampoco puede desconocerse el origen e identidad histórica diversos, que ha llevado a los dos componentes principales de la coalición, por ejemplo, a mantener posiciones no siempre coincidentes respecto al abordaje de las consecuencias de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar.

Existen, por tanto, temas sustanciales que unen a las opiniones mayoritarias de los partidos PPD, PR y PS y que los diferencian de la DC, o de sus corrientes dominantes, cuyo reconocimiento y procesamiento constructivo no es ni ofensivo ni contradictorio con la voluntad de mantener un pacto de gobierno común y un respeto por la historia y las posiciones de cada fuerza aliada. La disolución de la identidad progresista de izquierda, que es la que han practicado las direcciones “pragmáticas” del progresismo, en nombre de no incomodar al conservadurismo DC, en nada contribuye a reanimar y proyectar a la Concertación y sobre todo a hacer retroceder a la derecha, que amenaza ya con gran fuerza con conquistar la adhesión de las mayorías por disolución de la que debiera ser su contraparte más fuerte en el sistema político.

La reivindicación de las ideas libertarias, progresistas y de izquierda

Las convicciones y sueños de una parte sustancial de los ciudadanos, en este caso de los que votan por las fuerzas progresistas y de izquierda, no deben jamás ser utilizadas para la conquista de espacios de poder estatal mediante el cálculo, la maniobra y el disimulo, sino que, en democracia, ser reconocidos y representados responsablemente como tales. Y la lógica posmoderna de adaptarse a la ola del momento, que produzca los mejores resultados de adhesión mediática momentánea, en nombre de la moderación y el elogio de la prudencia o de la provocación transgresora, sin deliberar sobre las opciones en presencia, solo lleva, como se ha demostrado, a la impotencia política.

La humanidad consagró desde el siglo de las luces la necesidad del pensamiento crítico y en nuestro país desde Arcos y Bilbao incubó una antigua tradición libertaria, que más adelante recogió la izquierda chilena en toda su diversidad. Esa tradición tiene continuadores que no han de dejarse amedrentar por la complacencia frente a un estado de cosas que ha mejorado mucho gracias a nosotros mismos y que contrasta sin lugar a dudas con las paupérrimas condiciones de vida de las mayorías en el pasado, pero que nada propone sobre los medios para alcanzar una sociedad más libertaria, cohesionada e igualitaria.

Existe una razón fundamental para la reivindicación de las ideas progresistas y de izquierda, que no es otra que la permanencia de la tarea de defensa y promoción de los valores de la libertad y la igualdad de derechos y oportunidades y la construcción de un orden político republicano basado en la no dominación de los ciudadanos con dos principios que nos sirvan de guía, siguiendo a Philip Pettit: "primero, un principio constitucional-democrático según el cual el Estado debe estructurarse de forma que el poder público o imperium no sea dominador; y, segundo, un principio socialdemócrata según el cual el Estado debe plantearse como objetivo la reducción de la dominación que conlleva el poder privado o dominium. El Estado debería actuar para proteger de la dominación privada y debería estructurarse para prevenir la dominación pública. El proyecto neorepublicano debe trasladar dichos principios a diseños institucionales específicos que faciliten el control cívico del poder público, y también a políticas públicas concretas que persigan el establecimiento de un orden social en el que incluso los ciudadanos más pobres puedan exigir el respeto de sus conciudadanos, siendo conscientes de no estar a merced del poder privado en los ámbitos básicos de decisión humana."(1)

El capitalismo moderno está inmerso en procesos de cambios constantes, algunos de ellos radicales y otros poco perceptibles en el corto plazo. Y a crisis económicas, sociales, ecológicas, demográficas, culturales de creciente intensidad. Es un sistema que puede ofrecer prosperidad para los sectores dominantes y segmentos medios y populares por ciclos a veces prolongados, pero no estabilidad ni menos distribución igualitaria de la riqueza ni respeto por la tierra en que vivimos. Como superar y construir alternativas a la lógica capitalista y sus crisis desestructuradoras desde la promoción del interés general es el campo privilegiado para la acción política progresista y de izquierda, en tanto esta se defina a sí misma con vocación crítica, transformadora, orientada a expandir las libertades, la igualdad de derechos y oportunidades y la responsabilidad con la nuevas generaciones, en naciones con Estados sociales y democráticos de derecho y con vocación de construcción progresiva de espacios de ciudadanía regional y mundial. Y debe actualmente hacerlo en un contexto en el que, siguiendo a Jurgen Habermas, “el equilibrio conseguido en la modernidad entre los tres grandes medios de integración social está en peligro porque los mercados y el poder administrativo expulsan de cada vez más ámbitos de la vida a la solidaridad social, esto es, a un tipo de coordinación social basada en valores, normas y usos lingüísticos orientados hacia el entendimiento. Resulta también en interés propio del Estado constitucional tratar con cuidado todas las fuentes culturales de las que se nutre la conciencia normativa y la solidaridad de los ciudadanos”. (2)

Por eso para el progresismo de izquierda su acción no es solo político-institucional, es también social y cultural, aunque la democracia es el espacio y límite de su acción y nunca debe desconfiar de ella, sino que promoverla incluso en períodos de convulsión y cambio social radical. Por eso desconfía de las izquierdas autoritarias, que no es fácil calificar como fuerzas progresistas: toda izquierda auténtica defiende primero las libertades, incluso como condición para conquistar derechos igualitarios. La izquierda pluralista cultiva la tolerancia de las ideas ajenas, y por tanto está abierta a coaliciones y pactos con otras fuerzas, incluso con fuerzas moderadas de centro y con la izquierda ortodoxa si es útil al movimiento general de progreso social en democracia –aunque es bastante claro que no se puede derrotar a la derecha hoy en Chile con un pacto minoritario de izquierda- y al mismo tiempo debe admitir el carácter estructurante del conflicto, aunque a priori pudiera aparecer como factor de desestabilización. La estabilidad democrática se obtiene con la legitimación de la representación de intereses contradictorios, no con su negación, y con mecanismos de deliberación sobre su pertinencia para alcanzar decisiones informadas sobre las opciones en presencia. Los sistemas políticos son más fuertes cuando las opciones existentes se ponen en juego antes que anularse mutuamente, normalmente en beneficio de los privilegios constituidos.

En este sentido, la defensa republicana del espacio público desde el punto de vista del interés general frente al individualismo negativo neoliberal, los intereses corporativos ilegítimos y el estatalismo invasivo, así como su defensa de la democracia, suponen afianzar los sistemas de separación de poderes y de representación para cautelar el pluralismo y evitar la concentración de poder. La visión progresista de lo público es al mismo tiempo una visión de desconcentración del poder y su difusión en diversos órganos estatales, especialmente territoriales, y su control por la sociedad, así como promotor de mecanismos periódicos y amplios de concertación entre gobierno, trabajadores, usuarios y empresarios para deliberar sobre las opciones de política pública en materia económico-social.

Cualquier sociedad en la que prevalezca la constante reversión de normas en nombre del incremento de la libertad individual de elegir se irá sumiendo en una creciente desorganización. Estará cada vez más atomizada y aislada y será en consecuencia incapaz de llevar a cabo tareas conjuntas y de alcanzar objetivos comunes, con el consiguiente incremento de la criminalidad, de las familias desestructuradas, de vecinos no solidarios y de ciudadanos que optan por marginarse de la vida pública.

La sociedad de mercado y el capitalismo como dominación del poder privado deben y pueden ser reemplazados por una sociedad plural, con un espacio público fuerte, con ciudadanos con derechos, en el que la economía y el mercado se subordinen al interés general y a la sustentabilidad democrática, social y ambiental del desarrollo. Ideas como estas u otras semejantes podrían sin dificultad expresarse en una plataforma programática para 2010-2014, con sus respectivos desarrollos políticos y técnicos, si es que los interesados en desarrollar una fuerza progresista y de izquierda en Chile aún existen. Pero ese ya es otro tema.



[1] Philip Pettit, Examen a Zapatero. Balance del gobierno socialista, Ediciones Temas de Hoy, 2008.

[2] Jurgen Habermas, Entre Naturalismo y Religión, Ed. Paidós, 2006.

domingo, diciembre 21, 2008

"Los mejores y más brillantes"

Si alguien quisiera listar eventuales méritos del capitalismo, como su propensión a acumular, entre estos con certeza no se encontraría el de su capacidad de autoregulación financiera ni su estabilidad productiva. De acuerdo a Galbraith, los desastres financieros en las economías de mercado se olvidan con rapidez, y la siguiente generación “plena de juventud y siempre con una enorme confianza en sí misma” vuelve a tropezar con la misma piedra. Por ejemplo en los últimos veinte años. Seguir leyendo

sábado, diciembre 13, 2008

Decisiones frente a la crisis

Al tiempo que la crisis financiera mantiene grandes incertidumbres y la economía real de los países industrializados ha entrado en recesión en el cuarto trimestre de 2008, se perfilan las diversas respuestas gubernamentales a la crisis de la economía mundial. El gobierno chino anunció un plan de mantención de la actividad para dos años del orden de 8% del PIB por año mediante la realización de grandes obras de infraestructura. El presidente electo Obama prepara su plan a ser puesto en práctica luego de asumir el 20 de enero de 2009. Mientras, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete países de la Unión Europea han aprobado el 11 de diciembre de manera genérica dedicar el 1,5% del Producto Interno Bruto, unos 270.000 millones de dólares, a reactivar la economía, especialmente en apoyo al sistema financiero, al sector automotriz y en inversión en infraestructura y en energías renovables. Seguir leyendo

lunes, diciembre 08, 2008

¿Economía de Casino o Políticas de Desarrrollo?

En el mundo se vive una crisis que no es solo financiera y económica, y muy grave, sino también el cuestionamiento de un modo de entender el desarrollo económico y social que se hizo injustificadamente hegemónico en la parte final del siglo pasado. Desde que Pinochet, Thatcher y Reagan hace ya 30 años llevaron a la práctica las ideas hasta entonces relativamente marginales de Von Hayek y Friedman, se ha producido una ola neoliberal en el mundo de vastas consecuencias, con sus políticas de privatización, desregulación y jibarización del gasto en servicios públicos promovidas por diversos gobiernos y los organismos multilaterales de financiamiento.  Seguir leyendo


miércoles, noviembre 19, 2008

Entrevista en "El Mostrador"

Gonzalo Martner y las turbulencias en el PS
“El género epistolar no me parece un mal método”

El economista y laguista acérrimo está a punto de partir a España como nuevo embajador de Chile en ese país. En esta entrevista analiza la contingencia y es extremadamente cuidadoso al comentar la posición actual del timonel Camilo Escalona, luego del debilitamiento político que le provocó la casi segura bajada de José Miguel Insulza de la presidencial.

Por Pablo Basadre

A 15 días de iniciar una nueva etapa en su carrera política como embajador de Chile en España, el ex presidente del PS habla con El Mostrador sobre la contingencia política y saca cuentas alegres luego de saber que el ex presidente Lagos está dispuesto a presentarse a las primarias que elegirán al candidato de la Concertación. Martner, quien siempre ha levantado el nombre de Lagos, comenta el momento que atraviesa el timonel de su partido, Camilo Escalona, y justifica las condiciones que puso el ex mandatario en su carta al anunciar su disposición para ser candidato. Sobre la nueva moda del género epistolar en la política, dice que le parece un buen método.

-¿Cree que el PS soportaría en estos momentos una fractura como la que vivió hace poco la Democracia Cristiana con la salida de Soledad Alvear?

-Personalmente no le desearía ninguna crisis al PS. Estamos en un momento en el cual, después de las elecciones municipales, se han ido decantando las opciones presidenciales y lo que se necesita ahora es que el partido discuta con su gente muy a fondo las opciones programáticas para el próximo gobierno. Realizar un balance a fondo de los hechos en los últimos años y que se tome una decisión sobre asuntos importantes como un royalty a la actividad minera; si vamos a apoyar una reforma tributaria; una reforma laboral; si vamos a fortalecer o no la educación pública.

-¿Qué opinión tiene de la “operación política” que denuncia un diario por parte del PPD para desbancar al presidente de su partido?

-Creo que aquí hay un medio de comunicación que se especializa en hacernos pelear entre nosotros. En los años ‘60 ya se dijo: El Mercurio miente.

-¿Concuerda con algunos militantes de su partido en que Camilo Escalona está pasando por un momento político complicado, con Insulza prácticamente afuera de la carrera presidencial y calificado de “delirante” por el presidente del PPD, Pepe Auth?

-Como contribución de mi parte a la creación de un nuevo clima interno en el partido, no voy hacer comentarios sobre eso. Dada mi nueva condición de diplomático, con mayor razón.

-¿Cómo observa el juego político en este periodo, sobre todo luego del cambio de Lagos y su apertura a participar en una primaria?

-La Concertación debe tener claro que la derecha puede ganar en la próxima elección, pero si hacemos las cosas bien y tenemos un acuerdo de inclusión con la izquierda extraparlamentaria, podemos ganar nosotros también. Es decir, hay un escenario abierto. Tenemos que ser capaces de convocar a la gente e incluir en una primaria no sólo nombres sino que también temáticas programáticas. Invitar a los ciudadanos y ciudadanas a participar en ese proceso. A mi juicio ese proceso podría implicar no sólo a un millón 300 mil personas, como lo fue la primaria que se realizó hace una década, sino que podría convocar a mucha más gente, un proceso participativo para dirimir programáticamente una candidatura.

El género epistolar y la operación PPD

-¿A su juicio es un error que los principales nombres del llamado progresismo de la Concertación se manifiesten a través de cartas desde París y Washington?

-No, yo tengo otra opinión. Creo que poner las cosas negro sobre blanco tiene un inmenso mérito, pues se hace participe a la gente. Así uno u otro opina y no queda todo encerrado en una declaración rápida o entre cuatro paredes en una reunión. No me parece un mal método. Evidentemente queda una etapa, que tiene que ver con las clarificaciones. Y después vendrá otra, que será innovar, imaginar nuevos mecanismos para poner en manos de la gente las posiciones.

-¿Qué le pareció la carta de José Miguel Insulza? ¿la interpreta como una bajada de la carrera presidencial?

-Las personas saben lo que pienso. Hace dos años y medio dije públicamente que creo que la mejor carta para representarnos en un próximo gobierno es el ex presidente Lagos. Sin embargo, creo que la carta de José Miguel Insulza es un acto de honestidad política, comparto ciento por ciento su apreciación y creo que es muy clarificadora. De una estatura política que, en este caso, una vez más la está demostrando. Extremadamente interesante lo que plantea.

-¿La carta demuestra el daño que algunos afirman le hizo a la carrera presidencial de Insulza la cercanía con el senador Escalona?

-No me corresponde hacer ese juicio. Pero quienes la leyeron pueden sacar sus propias conclusiones.

-¿Qué le parece el senador Eduardo Frei como candidato?

-Es algo que tienen que apreciar quienes desde el mundo de la DC se sienten representados por una u otra figura. El ex presidente Frei es una persona respetable y su candidatura es legítima, como alguien que está afincado en la Concertación. Pero quienes somos parte de la izquierda democrática chilena, que tiene una historia y una tradición distinta, buscamos ser representados por quien forma parte de esa tradición y de esa cultura política.

-¿El escenario de crisis económica a quién le conviene más desde el punto de vista electoral, a Lagos o a Piñera, presentado por la derecha como un gestor de empresas exitosas?

-En primer lugar, Piñera no es un gestor de empresas, es dueño de un amplio portafolio bursátil. Sería muy útil transparentar ante los ciudadanos, por ejemplo, cuánto dinero ha perdido Piñera desde el mes de septiembre de 2008 hasta ahora. Porque él es un jugador de casino y en los casinos se gana, pero también se pierde. Lagos enfrentó una difícil situación que fue recuperar a Chile de la Crisis Asiática y salió fortalecido.


lunes, noviembre 10, 2008

Sobre inscripción automática

En "El Mostrador" se publica el artículo del que se extracta lo que sigue:

"Pese a que en su programa de gobierno 2005 Sebastián Piñera abogaba por la aprobación de un proyecto de inscripción automática y voto voluntario, en agosto pasado su bancada rechazó la iniciativa. En conjunto con la UDI, RN se negó a aprobar el proyecto que establecía la inscripción automática para los mayores de 18 años y los extranjeros avecindados por más de cinco años en Chile, y derogaba la multa que sanciona a quienes no concurran a sufragar.

El argumento de RN para justificar su sorpresiva voltereta fue que el compromiso era aprobar la inscripción automática y el voto voluntario, y el proyecto del gobierno dejaba abierta la posibilidad de que mientras la inscripción era automática se mantenía indirectamente la obligatoriedad de sufragio. Pero la lectura que se hizo en el oficialismo fue que Piñera no quiso arriesgar la unidad de la derecha aprobando la iniciativa gubernamental. Ello, porque en mayo circuló profusamente un documento elaborado por el gurú electoral de la UDI, Andrés Tagle, en el que el experto planteaba que "la propuesta de inscripción automática y por tanto obligatoria, permitiría la inscripción de millones de jóvenes, lo que sería una ventaja para la Concertación, quien contaría así con muchos más electores inscritos, en un grupo que le es más favorable en adhesión".

Ahora que desde Chile el mundo político observa con envidia el efecto que produjo en la ciudadanía estadounidense la candidatura de Obama, surge con más fuerza la idea de rejuvenecer el padrón. Es por ello que Auth sostiene que "nuestra idea es que se envíe el proyecto tal cual lo propone la presidenta Bachelet. La idea de ella, que es algo que hemos hablado, es la inscripción automática y el voto voluntario. Estoy seguro que los 3 millones de jóvenes lo agradecerán".

Ampliar la base democrática

En la misma línea, el diagnóstico del ex timonel del PS, Gonzalo Martner, es que desde hace años "viene cayendo el número absoluto de votantes" en Chile y que en este contexto es imprescindible optar entre "una democracia envejecida y restringida o joven y participativa". A su juicio esa es la disyuntiva que debe resolver la clase política. Para del ex dirigente socialista "expandir el voto es un tema de principios" y no de cálculo electoral.

En este escenario, dice, "es tanto mejor que el próximo año se jueguen la posibilidad de seducir a los jóvenes" y "ampliar la base democrática" , que dejarla tal como está. En relación a las reservas de la oposición frente a este fenómeno, Martner especula que ello se debe a la naturaleza del sector, porque a su juicio la actual "es una derecha hereditaria del voto censitario".

lunes, octubre 27, 2008

La Concertación baja, la derecha no supera el 40%

Con los datos del tercer cómputo oficial, los cambios en materia de votos para alcaldes por bloques indican que la diferencia constatada en 2004 de 6,1% entre la Concertación (44,8%) y la Alianza (38,7%), varió ahora a una distancia de 2,1 % a favor de la Alianza. Pero esta aumenta su caudal solo a 40,5% de los votos agregados. El dato principal es que es la Concertación, al caer a 38,4%, la que perdió una votación sustancial en alcaldes. Algo anduvo bastante mal para la coalición de gobierno: se manifestó el peso de las candidaturas “descolgadas” de la Concertación, algunas de las cuales fueron muy exitosas en comunas relevantes ya sea porque desplazaron a las candidaturas concertacionistas o bien impidieron que ganaran. No obstante, la Concertación eligió 148 alcaldes (203 en 2004) y la derecha solo 137 (104 en 2004).

El contraste en materia de votos para concejales por bloques es más grande que nunca con el de alcaldes, pues la diferencia de 2004 de +10,2% entre la Concertación (47,9%) y la Alianza (37,7%) a este nivel prácticamente se mantuvo (varió ahora a una ventaja de +9,2%). Lo notable es que la Concertación cayó a 45,2%, pero sobre todo que la derecha bajó de 37,7% a 36,1%. Piñera no parece exactamente tener el camino presidencial pavimentado. Dado que el Pacto Juntos Podemos pasó solo de 9,2% a 9,1% en concejales, voto en el que se expresan más las preferencias propiamente políticas, en conjunto la Concertación y este Pacto suman 54,3% de las preferencias, lo que les permitiría derrotar ampliamente a Piñera en una segunda vuelta presidencial, incluso si el 7,6% del PRI en concejales se sumara, lo que no es evidente, completamente a la derecha.

Pero esta es sobre todo una elección en la que en lugares muy importantes la Concertación pagó el precio de no haber escogido a los candidatos de mayor raigambre local: diversas decisiones intrapartidarias y las negociaciones en el tablero de ajedrez de las mesas de los partidos se distanciaron sustancialmente en estos casos del sentir popular y pagaron las consecuencias. La sociedad chilena parece estar disminuyendo a pasos agigantados su tolerancia hacia decisiones tomadas para defender intereses de grupos. No existe ya en el electorado la disciplina partidaria o ideológica que se impone verticalmente, como algunos todavía presumen, y han pagado las consecuencias. En la derecha, parece haber habido una mayor flexibilidad para con sus disidentes, como de la Maza en Las Condes. En cambio, en Arica, Antofagasta, Copiapó, Lota, Punta Arenas, todas cabezas de regiones, fueron desplazados por los electores los representantes de la Concertación oficial, y ganaron candidatos que provenían de esta coalición pero que desafiaron con éxito a los que contaron con la venia de las mesas partidarias.

Además, en Santiago Jaime Ravinet no logró repetir sus logros de lustros atrás y la comuna siguió en manos de la derecha. Esta logró además arrebatar a la Concertación gestiones de antigua data en Valparaíso, Cerro Navia, Rancagua, Talca, Temuco, mientras la inversa solo se produjo en La Florida en materia de lugares de mayor connotación.

Estos parecen ser algunos de los datos más relevantes de esta elección municipal. La pregunta es ahora si acaso los diversos actores nacionales sabrán sacar las lecciones que se imponen.

viernes, octubre 17, 2008

Paul Krugman y el desarrollo territorial

En mi blog de La Tercera se encuentra el siguiente comentario

El otorgamiento del Premio Nobel de Economía a Paul Krugman es una
noticia que rompe la rutina y que distingue a un economista creativo y
librepensador. El reconocimiento del Banco Central sueco a un
especialista que ha renovado la teoría del comercio internacional y a
un polemista que ha fustigado con dureza las políticas conservadoras de
la actual administración norteamericana, no debe hacernos olvidar que
ha sido un autor que también ha oxigenado las teorías vigentes sobre el
desarrollo de las ciudades y los territorios... Seguir leyendo

Nombran a Gonzalo Martner como nuevo embajador de Chile en España

El ex timonel del PS, quien reemplazará en el cargo al renunciado Osvaldo Puccio, dijo que "cuando a uno lo solicitan servir a su país, es imposible negarse".

Miércoles 15 de Octubre de 2008
19:49
EFE

SANTIAGO.- El ex presidente del Partido Socialista, Gonzalo Martner, fue designado hoy por el Gobierno como el nuevo embajador en España, informaron fuentes diplomáticas.

Martner, que calificó su nombramiento como un “honor”, reemplazará al también socialista Osvaldo Puccio, quien renunció recientemente para asumir un importante cargo en una compañía privada española.

"Estoy muy contento en mi condición de académico, pero cuando a uno lo solicitan servir a su país, es imposible negarse”, dijo Martner al conocer su nombramiento.

Martner, de 51 años, fue ex presidente del partido Socialista entre 2003 y 2005, y actualmente es académico de la Universidad de Santiago de Chile (USACh).

En las próximas dos semanas debería materializarse el beneplácito del Gobierno español para que Gonzalo Martner pueda asumir sus nuevas funciones.

miércoles, octubre 15, 2008

Martner (PS), nuevo embajador en España: “Estoy en una posición muy crítica al partido”

El Mercurio


En los próximos días, el Ministerio de Relaciones Exteriores iniciará el proceso de solicitud del beneplácito a España para el ex presidente del PS, Gonzalo Martner. El jueves pasado, según se ratificó ayer, la Presidenta le pidió asumir la Embajada en Madrid, que quedó vacante por la renuncia de Osvaldo Puccio.

-¿España podría ser un buen destino para usted por las relaciones que construyó con el PSOE?

“Debe ser una de las razones que tuvo a la vista la Cancillería y la Presidenta. Pero, personalmente, me ‘desayuné’ completamente; casi me caí de la silla cuando me llama la Presidenta y me pide eso”.

-¿No cree que tal vez algunos dirigentes lo recomendaron para sacarlo del escenario político nacional? Usted es laguista…

“Puede que alguien tenga una lectura así. Pero le comento que estoy bastante fuera del escenario político”.

-Incluso algunos dicen que usted está viviendo un “exilio partidista” a partir de algunas decisiones de la directiva del PS…

“Exactamente, y también estoy en una minoría completa. Estoy en una posición económico-social muy crítica al partido. Estoy en una oposición. Pero creo que la Presidenta se encontró con la renuncia de Puccio, y había que tener un reemplazo que tuviera sentido para la contraparte española”.

-¿Salir del país le restará la posibilidad de incorporarse a alguna campaña, como la de José Miguel Insulza?

“Lo he dicho públicamente: no apoyo a José Miguel Insulza”.

<http://diario.elmercurio.com/2008/10/15/nacional/politica/noticias/0A5E1EC4-CA9C-4B73-8DB8-6CF30BB0CD13.htm?id={0A5E1EC4-CA9C-4B73-8DB8-6CF30BB0CD13}>

jueves, octubre 02, 2008

Temas del presupuesto 2009

En la colección Breves de Política Pública, del Magister en Gestión Pública de la Universidad de Santiago, editada por Gonzalo Martner, se encuentra la nota Antecedentes para el presupuesto 2009.

"Una política fiscal apropiada es aquella que provee y financia eficientemente los bienes públicos y transferencias monetarias que la sociedad determina como necesarias para su buen funcionamiento y cohesión. Además, es la que en el ciclo económico actúa como estabilizador del desempeño económico."
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sábado, septiembre 27, 2008

Lecciones de una crisis

Desde 2007 apareció una nueva expresión, la “crisis subprime”, que podría haber quedado para uso de los iniciados en el debate económico nacional, cuya pobreza intelectual desde que predomina el simplismo neoliberal incluye la del lenguaje: ¿se habrá fijado el lector que ya no se dice “materias primas”, sino “commodities” o “distribución” sino “retail”, términos que son sin embargo perfectamente claros en nuestro noble castellano? Pero sobrevino el derrumbe financiero en Estados Unidos y la mentada crisis entró en la historia. No es para menos: fracaso de los mercados financieros desregulados; bancos hipotecarios y compañías de seguro en quiebra y nacionalizados en el paraíso del libremercado; colapso de la banca de inversión de Wall Street; quiebra de un gran banco de depósito y compra pública de “activos tóxicos” de difícil recuperación a razón de 6% del PIB, con el congreso sometido al chantaje de aprobar plenos poderes o asumir la paralización del crédito y la recesión generalizada al estilo de la crisis de 1929.
Después de años de religión de mercado, vuelve a aparecer una evidencia incómoda para el pensamiento dominante: el capitalismo y las crisis financieras periódicas (bursátiles, cambiarias, bancarias) van de la mano. El valor de un activo financiero depende de la evaluación de un flujo de ingresos futuros expuesto a una gran variabilidad e incertidumbre. Y tomar riesgos con recursos propios o de los demás es la esencia del capitalismo motivado por el lucro, que ha demostrado ser el sistema económico más dinámico pero a la vez el más inestable, depredador y concentrador de ingresos. Así lo confirma la historia desde la crisis de las bulbas de tulipas de 1634, la de la South Sea Company de 1720, las ocho creadas por las guerras europeas entre 1713 et 1820 y así sucesivamente. El capitalismo entró en crisis muchas veces, como predijo Marx, pero fue capaz de recuperarse. E incluso de tener épocas de oro, como el de la posguerra, gracias en buena medida a las ideas de Keynes para superar el equilibrio de subempleo. La crisis del sistema de tipos de cambio fijo en 1971 y el estancamiento con inflación de los años setenta fueron superados mediante la globalización acelerada. La eclosión de las nuevas tecnologías de la información le dio una nueva vitalidad al capitalismo, con la innovación y la “destrucción creativa” de Schumpeter trasladando los recursos hacia sus usos más productivos. Pero siempre con una piedra en el zapato: desde 1970, según Caprio y Klingebiel (2003), han ocurrido 117 crisis bancarias sistémicas en 93 países. Los estudios econométricos muestran que la liberalización interna aumenta la probabilidad de una crisis bancaria, la que aumenta todavía más cuando se combina con liberalización financiera externa.
Estados Unidos vivió hasta 2007 un período de prosperidad, acompañado de un ahorro mundial en expansión y energía barata. Pero se preparaba la crisis, con préstamos hipotecarios a millones de hogares de ingresos inestables, una política monetaria expansiva y bancos que ampliaron su endeudamiento respecto al capital propio. La banca diluyó el riesgo en títulos que mezclan activos de distinto riesgo. Además, los fondos especulativos se multiplicaron, incluyendo coberturas de riesgos en la cuerda floja permanente. Esta mezcla explosiva estalló al aumentar los impagos hipotecarios y caer el precio de las viviendas, con un déficit de capitalización bancaria a medida que cayeron los precios de los activos físicos con los que se especuló hasta el infinito.
¿Y cómo estamos por casa? Para empezar, con fuertes pérdidas de los fondos de pensiones y una incertidumbre generalizada sobre el valor de las pensiones futuras. Esto no se quiso corregir en la reforma reciente, que introdujo mayores márgenes de inversión fuera de Chile en vez de mayor seguridad mediante la vieja pero imperturbable receta bismarckiana de basar una parte de las pensiones en el reparto. Se supone que nuestra supervisión bancaria es suficiente: crucemos los dedos. Mientras, una parte de los chilenos se apresta a preferir como presidente a una persona, Sebastián Piñera, que ha hecho su fortuna con los mismos métodos que provocaron la debacle actual y que ha sido multado por obtener ganancias indebidas. Todo un caso de moral pública a disposición de los ciudadanos. Sus eventuales seguidores harían bien en escuchar al presidente francés, Nicolas Sarkozy, que ha llamado a “sacar las conclusiones de la crisis para que no se reproduzca", sobre la base de la “ética del esfuerzo y del trabajo” y “regulando los sistemas de remuneración de los directivos y operadores financieros para acabar con los abusos", pues, concluye, "el laissez-faire se ha terminado, el mercado todopoderoso que siempre tiene razón, se ha terminado”.

sábado, septiembre 06, 2008

Entrevista en El Mostrador

5 de Septiembre de 2008. El Mostrador

Gonzalo Martner y su diagnóstico del oficialismo
''El PS se ha transformado en una maquinaria clientelística''
El ex presidente de la colectividad se toma un tiempo en su oficina de director de la carrera de Gerencia Pública en la Usach para hablar de política. Con la calma de la vida universitaria hace un crudo pronóstico de la Concertación y de su partido. Sobre éste último dice que se ha convertido “en una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado”. Su conclusión es aún más drástica: ‘’el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución’’.

Por Pablo Basadre G.



El ex presidente del Partido Socialista, economista y actual director del magíster en Gerencia Pública de la Universidad de Santiago, Gonzalo Matner, dice estar más cómodo alejado de la política contingente. Y a pesar de que reconoce su gusto por la vida intelectual y universitaria, accedió a conversar con El Mostrador.cl sobre los procesos que ha vivido su partido en el último tiempo y de la gestión política del gobierno de Bachelet. Matner asegura que uno de los peores errores cometidos por la Concertación es haber cerrado las puertas al senador Adolfo Zaldívar y al ex PPD, Fernando Flores, entre otras cosas.

-¿Cómo ve a la Concertación hoy?

-La Concertación ha hecho grandes cosas. Reestableció la convivencia democrática y saldó cuentas con las grandes heridas de Chile de la mejor manera posible que es corregir las violaciones a los DD.HH. Lentamente o imperfectamente, como quieras, pero con mucha consistencia. También hay avances sociales muy importantes. Dicho eso, lo que tiene que venir por delante es la capacidad de que las fuerzas políticas le ofrezcan al país una dirección hacia la cual caminar. El problema es que hoy sólo se ofrece una sola alternativa: sigan votando por nosotros para que sigamos gobernando.

-¿Cuál sería la novedad del último tiempo?

-En el último tiempo, lo único nuevo fue la Presidenta Bachelet, porque ahí ofrecimos una novedad profunda. En el escenario actual, Ricardo Lagos fue Presidente, Frei lo mismo y José Miguel Insulza fue ministro al igual que Soledad Alvear. Los cuatro son muy respetables y capaces, pero no es algo nuevo.

El clientelismo del PS

-¿Qué cree que se agotó en estos años?

-Se agotó la política de los consensos con la derecha y al interior de la Concertación. Entramos en una especie de centrismo blando, neoliberal en lo económico y conservador en lo cultural. Eso es lo que los chilenos ya no tienen ganas de seguir escuchando. Y no hay ánimo de hacer la discusión. Por lo tanto, se ha optado por las vías autoritarias. Y se dice: no son leales los que plantean opciones alternativas.

-¿Cómo ve a los partidos actualmente?

-Veo a una DC mejor que el mundo progresista de la Concertación. Tiene liderazgos claros, una presidenta de partido que todo el mundo sabe a qué atenerse con ella al igual que con el ex presidente Frei. Pero, actualmente, en el progresismo de la Concertación no se cumplen condiciones esenciales para armar una fuerza política: no se ve un proyecto que permita cohesionar a quienes son parte de una corriente política y al mismo tiempo proyectar en el tiempo un nuevo esfuerzo, porque hacer política es hacer un esfuerzo para cambiar las cosas.

-¿Tampoco visualiza a un líder que pueda encarnar algo nuevo ?

-El ex presidente Lagos se plantea asimismo como líder nacional, más allá de las corrientes políticas. Sobre Insulza, que tiene un gran talento y que le ha prestado grandes servicios a Chile, no sabemos a qué atenernos en cuanto a lo que piensa como proyecto de país. A eso se suman unos dirigentes partidarios que han transformado al PS -no quiero referirme al PPD porque no es mi partido, pero creo que hay algo parecido- en una maquinaria clientelística y de federaciones de caciques, sin proyecto y sin voluntad mayor de convocar a nadie.

-¿En qué se ha convertido entonces el PS?

-En una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado, además de ser un partido del que no se sabe lo que piensa sobre el país y su futuro. Por tanto, la impresión que tengo es que el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución.

-¿El clientelismo o la federaciones de caciques de las que habla, las refleja en algún cargo en especial?

-No es un tema de personas, sino que de prácticas políticas. Las instancias deliberativas del PS discuten básicamente sobre el control interno del partido para obtener control o posibilidad de control de tal o cual aspiración de participar en el aparato del Estado. No sé, sinceramente, qué es lo que junta políticamente a los actuales líderes de tendencias que son mayoría en el partido. Y tengo la sospecha que los vincula más que nada la común voluntad de ser parte de la dirección para tener influencias sobre el aparato del Estado. En resumen, lo que fue el PRI mexicano es su minuto.

Manejo político y económico

-¿Cómo ha visto el gobierno en términos de gestión política, sobre todo con el manejo del Transantiago?

-Tengo la mejor opinión de Cortázar, que ha hecho una tarea titánica, pero como todo ser humano tiene límites y esos límites están dados por el contexto político. No sé cómo se produjo la validación de los quiebres de la DC y del PPD conducentes, en ambos casos, a la pérdida de la mayoría en la Cámara y en el Senado. No entiendo cómo se dejó avanzar esa situación hasta esos límites. Me resulta incomprensible que se entienda que fue algo necesario y hasta digno de aplauso.

-¿Cree que se debería haber continuado conversando con Zaldívar y Flores?

-Cuando se ha tenido la voluntad expresa de quebrar las mayorías existentes, de expulsar de la propia coalición a quienes, entre otras cosas, daban las mayorías suficientes, entonces uno no puede venir a quejarse y decir: sabe, no tengo la mayoría en el Parlamento. Creo que se ha actuado con una miopía impresionante. Por supuesto que se debería haber continuado hablando con ellos. Adolfo sigue siendo el mismo que antes y si antes fue posible trabajar con él, por qué no ahora. Flores fue ministro del presidente Allende, fue del MAPU y militante del PPD durante décadas, entonces no entiendo por qué ahora no se puede trabajar con él. Puede ser difícil, pero si estamos en una coalición amplia con un asunto práctico de por medio, donde ellos aseguran una mayoría y no contar con ellos significa perder esa mayoría, no lo entiendo.

¿Cuál es su evaluación del manejo económico del ministro Velasco?

-Velasco es el único de los ministros de Hacienda de la Concertación, incluso contradiciendo lo que está escrito en el programa de gobierno, que ha declarado que no va a hacer reformas tributarias durante su ejercicio. El ministro Foxley realizó una importante reforma tributaria, el ministro Aninat e Eyzaguirre también. Pero Velasco sólo se ha dedicado a eliminar impuestos de las personas más pudientes. Incluso llegó al punto de plantear una fórmula, a propósito de la depreciación acelerada, que iba implicar un incremento extremadamente significativo de los ingresos de las personas más ricas de Chile, un regalo completamente innecesario. Más de cien millones de dólares se dedicaron a disminuir los impuestos a los cheques, algo que no es exactamente el tipo de actividad que involucra a las personas más pobres de Chile. Velasco es Expansiva y todos sabemos que ellos no creen en un Estado que fortalezca la protección social. Velasco se ha caracterizado por no querer escuchar a nadie.

miércoles, septiembre 03, 2008

20 años no es nada

Ayer, mirando La Nación en Internet, me encuentro con el artículo que reproduzco más abajo. Por supuesto, la primera reacción es de nostalgia. Pero tal vez vale la pena agregar algunas precisiones. El asunto del recuento paralelo de los votos nació de la idea que, dado el desgaste de la estrategia de desobediencia civil iniciada en 1983 mediante las protestas, valía la pena intentar ganarle el plebiscito de 1988 a Pinochet. El escenario no era el mejor (posibilidad de fraude, ausencia de garantías) pero muchos pensamos en ese momento que podíamos controlar o por lo menos dificultar fuertemente esa posibilidad de fraude. Después de todo, los filipinos y los uruguayos habían logrado algo parecido. El cuadro político estaba algo confuso, los socialistas "renovados" nos habíamos salido de la Alianza Democrática para buscar una alianza más amplia, y a nuestra izquierda parte del PS, el PC y el FPMR intentaban una estrategia insurreccional (que muchos considerábamos tal vez legítima pero inconducente y errada).
Se armó hacia 1986 el Comité de Elecciones Libres, con gente de la DC y de la izquierda no comunista y en ese contexto un "Comité Técnico", con Genaro Arriagada a la cabeza, que después fue formalizado con apoyo institucional al crearse la Concertación el 2 de febrero de 1988. Nos pusimos a trabajar un grupo más bien reducido sobre los aspectos prácticos del plebiscito y Genaro supo crear un ambiente creativo, despartidizado pero con representatividad partidaria (yo mismo era de la dirección del PS que dirigía Núñez), reuniendo talentos variados para con discreción preparar una estrategia coherente de enfrentamiento de la dictadura en las urnas. Esto sonaba bastante audaz en el contexto de la época y (casi) todos nos miraban con completo escepticismo y algo, en ocasiones, de sorna por lo "iluso" del intento.
Un día, en la Editorial Aconcagua donde Genaro tenía sus oficinas me dice a la pasada: ¿porqué no te haces cargo del control de la votación? Yo lo miré con cara de sorpresa y creo haberle dicho algo así como que no tenía ni la menor idea de como se podía hacer eso, pero me contestó que se necesitaba alguien del equipo que habíamos formado que empujara el tema. Así es que acepté, un tanto inquieto. Con mis 30 años y después de los variados y en ocasiones bastante azarosos avatares vividos desde el año 1972 en que me involucré en política (luchas estudiantiles, golpe, exilio, retorno, protestas, construcción de alianzas amplias) no me pareció tan imposible y en todo caso había que intentarlo. Es cierto que tampoco éramos muchos en la izquierda los que estabámos en la estrategia de comenzar a derrotar a la dictadura en el plebiscito. En mi partido me apoyaron en el tema (dicho sea de paso, después de mi militancia en el MIR y mi posterior etapa de independiente socialista, era al PS dirigido por Núñez y después por Arrate al que yo había entrado en 1985, pues -aunque yo estuve en el origen del PPD y revisé con un equipo una a una las fichas del nuevo partido legal para que no fueran rechazadas y las llevé físicamente al servicio electoral- el PPD era solo para muchos de nosotros instrumental, aunque la historia, esa imprevisible, después dijera otra cosa...) .
Y me instalé en las oficinas de la Editorial Aconcagua y más tarde en las del Comando del NO en Alameda con Lastarria. Me acerqué a los jóvenes de la FECH de entonces, encabezados por Germán Quintana, que era DC, y a gente de todos los colores para armar un equipo a la altura de las circunstancias y la complejidad de la tarea (llegamos a contar en la madrugada del 5 al 6 de octubre el 80% de los votos y más tarde casi la totalidad de los votos, gracias al despliegue de miles de apoderados y enlaces por todo Chile...). Es cierto que la DC quiso armar luego un trabajo propio de partido, y yo mismo propuse que no nos complicáramos e inventamos aquello de la línea N y la línea O, en la idea que se complementaran. En nuestra línea trabajó gente de todos los partidos, con el apoyo tácito de la propia directiva DC, lo que yo siempre agradecí porque fue una expresión de confianza.
En el diseño efectivamente nos ayudó Glenn Cowan y parte del equipo de la consultora Sawyer&Miller, ligados al Partido Demócrata norteamericano, que nos trasladaron su amplia experiencia en estas lides, lo que se agradeció muchísimo, pero básicamente lo hicieron jóvenes ingenieros chilenos encabezados por Germán Quintana, Didier de Saint Pierre, Hernán Saavedra, Maurice Saintard, Carlos Alvarez, Aldo Signorelli, Guillermo Díaz y decenas de profesionales, como Alberto Urquiza, Enrique Dávila, Marcelo Leseigneur, Jorge Navarrete, Joaquín Vial y tantos otros que hicieron un trabajo enorme en un muy breve período de tiempo para recolectar, procesar y analizar millones de votos distribuidos en 22 mil mesas, y a los que la democracia chilena debe mucho en un momento que fue crítico para reencaminar la historia del país por una senda más civilizada.



La Nación, 2 de septiembre de 2008

A 20 AÑOS DEL PLEBISCITO: Cómo se montó la red paralela de cómputos

El control del comando opositor

El economista entonces PPD Gonzalo Martner estuvo a cargo de una de las líneas a través de las cuales la oposición vigiló voto a voto la limpieza del plebiscito de 1988.

El Comando del No informó el modo a través del cual controlaría los resultados del plebiscito de sucesión programado para el 5 de octubre. El diseño considera la movilización de 80 mil personas entre apoderados de mesa, de locales de votación y encargados de transmitir y transportar los datos. El sistema se pondría en operaciones a las 6 de la mañana del 5 y tuvo dos responsables técnicos: el DC Eric Campaña y el PPD Gonzalo Martner. Cada uno de ellos administró una línea de información independiente, una red se conoció como "N" y la otra se identificó como "O".

Campaña estuvo a cargo de la línea de la DC y Martner de la montada por el PPD y el Partido Humanista. Éstos son los tres partidos opositores legalizados y, por tanto, los que tenían derecho a poner veedores en los recintos de votación. La idea básica del comando fue vigilar las cifras en el origen, es decir, mesa a mesa.

Los informes de votos de estas unidades se llevaron a formularios especiales y se recopilaban en oficinas comunales. Cada 40 mesas escrutadas se levantaba un acta que a su vez se trasladaba a un centro de cómputos provincial. Desde este nivel intermedio los datos se transmitían a Santiago a un computador central. Por razones de seguridad, los núcleos de acopio -51 en todo el país- se ubicaron en casas y oficinas secretas. Para transferir las cifras se utilizaron telefax, télex, teléfonos y radios. Una vez que los datos se consolidaron, eran comunicados al secretario ejecutivo del Comando del No, Genaro Arriagada, y al vocero del mismo, el presidente de la DC, Patricio Aylwin.

Después del plebiscito se filtró que la decisión de controlar cada mesa de votación -lo que implicó más de 40 mil voluntarios repartidos por todo el país- derivó de una sugerencia del norteamericano Glenn Cowan, ligado al Nacional Democratic Institute, quien explicó al llamado equipo técnico del No que los fraudes normalmente se cometen en los centros de acopio controlados por la autoridad político-administrativa y no en las unidades mínimas, que son las mesas, y que por tanto son imposibles de manipular debido a que el escrutinio es abierto.

Cowan les dijo a sus oyentes que debían llevar un conteo propio a través de sistematizar la votación de cada una de las mesas, para que este cómputo lo pudieran oponer al Gobierno si éste entregaba resultados fraudulentos. Debido a esta recomendación, el Comando del No optó por la vigilancia rigurosa del proceso a partir de la unidad-mesa.

martes, septiembre 02, 2008

Las instituciones y la necesidad de innovar

Las cada vez más complejas sociedades modernas están inmersas en procesos de cambios constantes. Las instituciones políticas son con frecuencia más rígidas que las sociedades, por lo que suelen permanecer en estado de obsolescencia por períodos prolongados. ¿No estará esto ocurriendo hoy en Chile en muchas áreas, obstaculizando su desarrollo, es decir su capacidad de expandir las libertades, la igualdad de derechos y oportunidades y la prosperidad y solidaridad colectivas?
La confusión sobre los proyectos de los unos y los otros, el doble discurso, el pragmatismo sin visión, han ido creando un mal clima en el país, que no tiene claridad sobre cuales son sus opciones y por tanto se desinteresa de la búsqueda del interés general. A este estado de cosas no es ajena la mala calidad de las instituciones.
Un buen funcionamiento global del país necesita, como la respiración humana del oxígeno, de instituciones políticas y administrativas dinámicas. Estas lo son cuando se constituyen en nexos constructivos entre las opciones individuales, la provisión de bienes públicos y la construcción de proyectos colectivos.
Para que una moderna articulación entre poder administrativo, economía y sociedad facilite la innovación y la competitividad y que estas sean soportes sólidos de una mayor prosperidad justamente distribuida, las democracias pluralistas deben admitir el carácter estructurante del conflicto y del debate. Para una visión antigua y traumada esto pudiera aparecer como factor de desestabilización. La estabilidad democrática se obtiene con la legitimación de la representación de intereses particulares o colectivos contradictorios, no con su represión o negación, y con mecanismos fluidos y transparentes de deliberación sobre su pertinencia, seguidos de procedimientos de decisión mayoritaria legítima sobre las opciones en presencia. Por supuesto, esto no excluye cautelar como corresponde los derechos de las minorías, y especialmente su derecho a transformarse en mayoría, razón por la cual períodos de gobierno de cuatro años no son necesariamente malos para la dinámica política.
Los sistemas de representación y de separación de poderes deben proteger el pluralismo, aunque no paralizar la acción colectiva, como es el caso hoy: el “empate binominal” no permite orientar a Chile hacia ningún proyecto colectivo coherente, de uno u otro signo, que no sea una especie de centrismo blando inconducente. En muchos aspectos el ejecutivo se paraliza por la ausencia de mayoría parlamentaria y su programa de gobierno es un papel sin valor, que no compromete a nadie a hacer nada. Para que el parlamento juegue un rol mayor en la orientación de las políticas públicas, además de la fiscalización de su ejecución, no debe ser un factor de entrampamiento para unas u otras opciones políticas, sino estar en sintonía con la voluntad del país. Esto requiere de un sistema electoral coherente con ella. ¿Porqué no avanzar a un sistema electoral mayoritario como el existente en muchas democracias maduras? Esto no debe implicar renunciar a incluir una representación no decisiva de las minorías políticas significativas, sino dejar atrás el actual sistema de empate, fuente de parálisis, de desincentivo a la innovación y de alejamiento de la opinión pública de su principal institución representativa, de la que hoy casi nada nuevo o significativo puede surgir que no sea la obstrucción. No es de extrañar entonces que su prestigio no sea el más alentador, pues la opinión pública se ha hecho una opinión del parlamento como una institución parasitaria y no como el lugar en el que se contribuye a mejorar el presente y se representan, en un contexto de debate, sus proyectos de futuro.
Mejorar las instituciones incluye otros temas. Cabe mencionar al menos dos. En primer lugar, el espacio institucional regional y local debe tener más autonomía en los asuntos que le competen: la crisis del sistema de transporte metropolitano gestionado por el gobierno central es paradigmático al respecto. No se conoce democracia moderna alguna que entregue el manejo del transporte urbano de cada una de sus ciudades, incluyendo la capital, a una autoridad del gobierno central. Es sorprendente como el debate sobre el tema no incluya la creación urgente de los gobiernos metropolitanos (que tuvimos ocasión de proponer en... 1991 y que fue rechazado como tantas otras cosas por la derecha en el parlamento). Las regiones deben poder ocuparse de sus asuntos propios con autoridades propias, eligiéndolas por ejemplo al mismo tiempo que las autoridades municipales, y estas deben tener más facultades y a la par más escrutinio público sobre sus acciones y más cercanía con sus ciudadanos.
A la vez, no existen razones para no establecer –como quedó comprometido por lo demás con la Unión Europea- mecanismos profesionales, periódicos y amplios de concertación entre gobierno, trabajadores, usuarios y empresarios para deliberar sobre las opciones de política pública en materia económico-social, complementando el trabajo del gobierno y el parlamento e institucionalizando la representación razonada de intereses. E
n Chile nos estamos acostumbrando a los estallidos sociales parciales, a los que se otorga respuestas cada vez más clientelares, sin una visión sobre la orientación hacia la cual el país se dirige y sin coherencia de conjunto. Es este tal vez el momento, al iniciarse un período electoral que durará poco más de un año continuo, en el que algunos temas de fondo puedan ser discutidos.

martes, julio 08, 2008

Turbulencias económicas

Un funcionamiento económico satisfactorio incluye muchos aspectos, pero en Chile los “tres cincos” -un crecimiento de al menos un 5%, una inflación no superior a 5% y un desempleo no superior a 5%- son buenos indicadores de síntesis. Los tres están “fuera de trayectoria”.

El crecimiento del PIB, que registró un 5,1% en 2007, volverá a estar este año y el próximo por debajo de esa cifra (entre 3 y 4%). La productividad viene creciendo poco y los choques de oferta en materia de energía y sequía no han ayudado. El tipo de cambio sufrió una severa apreciación que afectó la cantidad exportada en lo que va de año y complicó mucho a los que compiten con importaciones. La tardía intervención del Banco Central ha servido para revertir el problema, lo que demuestra una vez más que buenas políticas económicas producen resultados mejores que el mercado librado a su suerte.

La inflación experimentó un salto que no veíamos desde hace mucho tiempo. Recordemos que en 1990 la democracia se inauguró con un ritmo anual de cerca de 30% y desde esa fecha se redujo sistemáticamente. La inflación es regresiva –afecta más a los que viven de un salario o de ingresos esporádicos- y en el largo plazo disminuye la inversión al afectar el horizonte del cálculo económico. Una inflación en ritmo anual de 9% en vez del 3%, que es la meta del Banco Central, es un problema serio. Este repunte es complicado pues se acompaña de una disminución de la actividad.

El desempleo es la variable que viene fuera de marco desde hace más tiempo, es decir desde que en 1998-99 se provocó en Chile -gracias a una mala política monetaria y fiscal- una recesión gratuita. Ha costado mucho desde entonces bajar el desempleo del rango de 8% a 10%, que no es socialmente aceptable. La trayectoria venía lenta pero bien encaminada hasta el año pasado. Se siguen aún creando muchos empleos en la economía, pero el ritmo viene de baja y las tasas de desempleo son mayores que las del año pasado (en parte porque más gente busca trabajo).

Frente a estas turbulencias, el peligro principal está en…los expertos. Los hay de dos tipos que son peligrosos. Algunos engarzan muy bien con la tradición que tiene en el presidente Barros Luco su mejor representante: “los problemas son de dos tipos, los que no tienen solución y los que se arreglan solos”. Es el credo liberal de los ajustes automáticos: no hagamos nada, o lo menos posible, los gobiernos no están para actuar, es mejor que los desequilibrios se absorban solos y se deje a los mercados el máximo de flexibilidad sin intervenciones que solo agravan los problemas. Desde la crisis de 1929 se sabe que esta receta no hace más que dañar a las economías. La otra versión es la del activismo brusco que lleva a cazar moscas con escopeta. Sus recomendaciones suelen ser: si hay inflación, súbase fuertemente la tasa de interés para que el Banco Central “sea creíble” y exíjase al gobierno bajar el gasto. Si el origen de la inflación es importado, mala suerte: el riesgo de difusión de la inflación debe atacarse con medios recesivos rápidos y masivos. Estas políticas de tasas de interés altas y contracciones del gasto público invariablemente terminan deprimiendo la economía y provocando un incremento del desempleo como en 1975, 1982 y 1999.

Lo que cabe hacer es diagnosticar bien el problema:

- la inflación se explica hoy por aumentos de costos originados en fenómenos externos (petróleo y alimentos), no por exceso de demanda.

- El consumo interno viene creciendo menos desde fines de 2007. No hay que contraerlo más, pues puede desplomarse.

- Por tanto, no hay que subir las tasas de interés afectando a los consumidores y a los productores ni disminuir el gasto público (se debe respetar la regla anticíclica en vigencia), pues esto deprime la actividad innecesariamente.

- El propio efecto de la pérdida del poder adquisitivo moderará el consumo.

- Hay que establecer un horizonte de 24 meses para volver a la meta de inflación.

- Hay que actuar conteniendo el alza de combustibles en lo que tiene de temporal modulando no tanto el impuesto específico (que se aplica a las cantidades consumidas) como el IVA, limitando la recaudación a la que resulte del valor del petróleo de largo plazo.

- Hay que restablecer urgentemente los ingresos de los más pobres perdidos con la inflación si no queremos un aumento rápido de la pobreza. Bonos trimestrales compensatorios a las familias de ingresos más débiles mientras dure la emergencia de precios altos de la energía y los alimentos son posibles y justos… si es que no se tiene a los dogmas neoliberales y las instituciones que los defienden como guías de conducta.

Los economistas chilenos de esta corriente han demostrado ser lo suficientemente incompetentes como para que no sea recomendable seguir sus recetas recesivas.

Por último, el país debe asumir que el precio del cobre será por un largo período más alto que lo previsto y que el inmenso caudal de recursos adicionales generados no va a sus dueños, todos los chilenos, sino a quienes tienen la concesión privada de la explotación obtenida en condiciones ilegítimamente ventajosas. Establecer un nuevo trato tributario con las mineras privadas es un deber nacional que si no se cumple nos será reprochado con justicia por las futuras generaciones, que no encontrarán justificación a la increíble ceguera colectiva frente a la dilapidación de recursos que permitirían asegurar el salto al desarrollo que el país necesita. Se debe renunciar con urgencia a la defensa dogmática de “la estabilidad de las reglas del juego” que en este caso son directamente injustificables y privan a los chilenos ni más ni menos que de un mejor futuro.

miércoles, mayo 14, 2008

¿Puede ser Chile más equitativo?

Publicado en La Nación el 16 de mayo
El informe de la comisión presidencial sobre Trabajo y Equidad tiene varios méritos. No buscó un consenso artificial, sino que expuso abiertamente divergencias para su resolución por la esfera política, que es donde estos temas deben dirimirse en democracia. Realizó un trabajo de recopilación de opciones y expuso algunos consensos importantes. Estos dejan, sin embargo, una sensación poco sustanciosa para acometer la tarea principal: reducir las desigualdades en Chile. Es de lamentar que una parte de los consejeros, expresando las voces de derecha, no haya aceptado la opinión de otros en el sentido de recomendar metas de reducción de las disparidades sociales, así como umbrales garantizados tipo AUGE.
En Chile, instituciones distorsionadas aceptan metas de inflación, pero no de equidad. Exigen garantías a la propiedad del capital, pero no aceptan garantías de medios mínimos de subsistencia para los que nada tienen. Así va el país del bajo riesgo financiero y de la alta desigualdad. Así va la mayoría de sus elites, que por interés pecuniario y/o convicción neoliberal, a veces de reciente data, han abandonado la búsqueda de grados decentes de justicia social.
Esto se refleja en varias consideraciones del informe. Afirma la comisión que los niveles de desigualdad varían muy poco a través del tiempo (“esto es algo que se repite en todos los países”) y que al mismo tiempo dependen de la intensidad de las políticas sociales: ¿no bastaría entonces con hacerlas más intensas? Más allá de la contradicción, cabe subrayar que las desigualdades pueden variar, incluso dramáticamente, en períodos breves. En las últimas dos décadas, como lo reseña el FMI en su más reciente World Economic Outlook, la desigualdad en las grandes zonas del mundo ha aumentado en el Asia en desarrollo, en la Europa emergente, en América Latina y en las economías avanzadas, pero ha disminuido en el Africa Subsahariana y en Rusia y los ex países del Este. Digno de mencionarse es que la desigualdad se ha morigerado en Brasil y México, aunque desde rangos muy altos, y que en el Sudeste Asiático se ha mantenido en bajos niveles, mientras entre los países industrializados ha disminuido en casos como Francia. La clave sigue estando en las opciones de sociedad que las democracias modernas procesan y no en una imposibilidad que la evidencia disponible no muestra y en la que pertinazmente se nos quiere hacer creer.
Asumir esa clave supone partir por no seguir empleando el lenguaje neoliberal de crítica al “asistencialismo y la dependencia”, como si no fuera legítimo que los niños, los discapacitados, los mayores y aquellos que atraviesan por dificultades sean asistidos como lo merecen. La única dependencia que es intolerable es la de los que deben aceptar cualquier cosa porque no tienen medios para subsistir y dependen de lo que encuentren disponible para no sufrir graves privaciones.
El vuelco conceptual a producir es que debe constatarse que el gasto más rentable es el preventivo, desde la maternidad y la infancia temprana, antes que el paliativo de reinserción desde la marginalidad, cuando no desde la infracción de la ley. Es allí donde deben priorizarse nuevas metas.
Insiste el informe, por otro lado, en validar cálculos de desigualdad que no consideran los ingresos disponibles por habitante, lo que toda la metodología internacional recomienda hacer, y de esa manera la subestima. Pero lo más importante es que bien calculada ha disminuido recientemente (para 2006 el ingreso disponible del 20% más rico es 16,5 veces mayor que el ingreso del 20% más pobre, contra 18,4 veces en 1990), mientras mantiene unos cálculos incompletos de Mideplan sobre la incidencia del gasto e ingresos públicos que no se avienen con estudios más rigurosos sobre el tema (como el de Engel, Galetovic y otros) y que cabría corregir con urgencia.
Lo que cabe ahora es sobre todo apurar el tranco. Usando los datos de la última encuesta CASEN, si por la vía de hacer más amplio y progresivo el sistema de tributación-gasto público (que simplificando mucho es el método más eficiente en el corto plazo para disminuir las desigualdades de ingreso), se redistribuyera un 5% adicional del ingreso disponible del 20% más rico, la relación pasaría a la mitad, es decir a 8,6 veces. Este ya es un nivel parecido a la media de las democracias industriales o de los países del sudeste asiático, aunque todavía muy superior al de 4 veces de las socialdemocracias nórdicas o de Japón. Las propuestas de la comisión en esta materia son tímidas (destaca un subsidio a los salarios bajos) y de aplicarse no incidirían sino marginalmente en la desigualdad de ingresos, pero van en la buena dirección. Tímidas son también las propuestas laborales y las ambiciones desarrollistas, esenciales para reequilibrar la relación capital-trabajo y aumentar la prosperidad colectiva, y que se limitan a buenas proposiciones sobre corrección de las fallas de mercado en el financiamiento de las empresas pequeñas. ¿Porqué no aprovechar el impulso de este informe, plantearse metas de crecimiento y equidad para los próximos 10 años por parte del gobierno, y discutirlas a fondo en vistas a la próxima elección presidencial?

viernes, abril 18, 2008

Ética Pública

El Senado ha destituido a una ministra invocando la responsabilidad frente a irregularidades y mala gestión. Este es un buen principio: nunca debe quedar impune el desvío de recursos públicos para fines particulares (definición comúnmente aceptada de la corrupción) ni su mala administración caracterizada. Solo que para lo primero está la justicia y para lo segundo los órganos de control, que nadie cuestiona están haciendo su tarea. Una destitución ministerial seguida de impedimento cívico por cinco años podrían a lo mejor justificarse si la autoridad estuviese interfiriendo gravemente en la labor de estas instituciones e incumpliendo expresamente las normas vigentes. No es ni ha sido el caso, si es que nos atenemos a un mínimo de ecuanimidad. La justicia está actuando, hay personas en la cárcel y otras tantas imputadas por el tema de las subvenciones escolares, mientras la Contraloría investiga de manera independiente.
Juzgar la diligencia y pertinencia de la acción ministerial, siempre opinable, está para el debate político, tal vez para una interpelación, pero no para una tan grave sanción como la que se ha producido. Ha habido por parte de una mayoría circunstancial del Senado un ánimo de utilizar un mecanismo claramente excepcional para hacer daño a la ministra Provoste, al gobierno y a la Presidenta Bachelet. Es una acción injusta que está en línea con lo que la derecha ha sido siempre en Chile: intolerante y vengativa. Es apenas un aperitivo de lo que se puede esperar de ella si vuelve a llegar al gobierno.
Pero también se sumaron dos votos de personeros que fueron electos en las listas de la Concertación y que, más que eso, han compartido de manera destacada las luchas democráticas en el país. Es cierto que fueron expulsados o empujados a irse por las directivas de sus partidos, en un acto de ceguera política que no prestigia a esas directivas. Pero ese hecho, que genera enconos y deteriora el clima político, no puede justificar la conducta de Flores y Zaldivar: han sumado sus votos para una medida de fuerza injusta y desproporcionada.
No se puede tolerar, como hemos visto en estos días, graves interferencias corruptas en licitaciones públicas en el Registro Civil o en municipalidades UDI; no se puede tolerar engaños e inauguraciones fantasmas como las que se ha visto en salud; no se puede tolerar redes para liberar a narcotraficantes en la nueva justicia penal; no se puede aceptar desvíos de recursos públicos para actividades políticas ni nepotismos de ninguna especie; no se puede aceptar tampoco la más o menos desembozada interferencia de las oligarquías económicas en el financiamiento de la actividad política o su búsqueda de influir en el gobierno, con la costumbre que se va instalando de reclutar a autoridades salientes en directorios privados, las que luego vuelven a ocupar cargos públicos de primer plano. Tampoco se puede aceptar el increíble sistema que se adoptó en una negociación apresurada en 2003 por iniciativa de la derecha que permite a las empresas financiar campañas y además, colmo de las ironías, descontarlas de los impuestos. Recordemos que en Estados Unidos, por ejemplo, esto está prohibido y nadie puede aportar a un candidato más de 2 300 dólares por campaña. Nada o muy poco estamos haciendo para evitar el condicionamiento de los representantes públicos por intereses privados.
Todos estos hechos nos hacen constatar que la ética pública está cuestionada en Chile. Es deber de todos ayudar a fortalecerla y contribuir a prestigiar la democracia tan duramente reconquistada. Con debate fuerte, con normas más estrictas, con persecución sin excepción de responsabilidades penales, administrativas y políticas cada vez que sea necesario. Pero proporcionales a las faltas constatadas, sin venganzas ni desalojos. En estos días la supuesta defensa de la ética pública se transformó en un pretexto para una estrategia de la tensión que recibirá una vez más el rechazo de la mayoría de chilenos que valora la firmeza y el compromiso con la probidad, pero al mismo tiempo valora el sentido de justicia y de las proporciones, así como el esfuerzo por mantener una convivencia civilizada.

jueves, abril 10, 2008

Cinco razones para un cambio

El PS está llamado a renovar a sus autoridades en todos los niveles el 27 de abril de 2008. Todo evento electoral suscita tensiones y pasiones, pero hemos visto florecer como nunca la descalificación desde las filas de la dirección saliente a quienes hemos sido sus opositores leales. Es el momento de volver a encauzar el debate por la senda de la reflexión y de la crítica política pertinente a las conductas políticas o con efectos políticos. Los que nos hemos opuesto a la actual dirección entendemos que las grandes opciones políticas y programáticas para el próximo período ya fueron definidas por el Congreso de Panimávida, cuyas resoluciones –que dicho sea de paso aún no se publican, como ya ocurrió con las del Congreso de 2005, que nunca fueron dadas a conocer- compartimos en su línea gruesa. Nos comprometemos a contribuir a ponerlas en práctica. Aquí se expondrá, en cambio, lo que, en términos personales, creemos son cinco buenas razones para optar por un cambio en la orientación y en la dirección del Partido Socialista.


1. La dirección actual ha buscado dividir artificialmente al partido
La actual dirección ha reeditado la conocida técnica de identificar buenos y malos e incitar a descalificar y marginalizar a estos últimos en nombre de los primeros. Los buenos son lo que estarían con la Presidenta Michelle Bachelet y los malos los que estarían en contra de ella. El problema es que no hay en el Partido Socialista, hasta donde se puede apreciar, opositores a la persona de la Presidenta Bachelet, a su programa de gobierno o a la orientación general de su gestión. Y eso es un gran activo para la Presidenta, que una dirección responsable debiera buscar valorizar, cuidar, cultivar, extender. Por el contrario, la dirección en ejercicio ha inventado literalmente un conflicto donde no lo hay, con el solo objeto de reforzar la posición de quienes ejercen el poder interno. Dicho sea de paso,
es de una gran deslealtad con la Presidenta no buscar sumarle los apoyos de que dispone de parte de todos los socialistas.
Naturalmente, habrá siempre sobre tal o cual aspecto de la gestión de gobierno valoraciones críticas de mayor o menor amplitud, que una conducción política debe asumir como parte de la vida democrática del partido y del país. Tanto es así que la mesa partidaria ha realizado fuertes críticas, por ejemplo, a la actitud gubernamental de trasladar a los tribunales la aplicación de la ley de subcontratación, a la conducción de la Cancillería o a medidas económicas como rebajas tributarias a la incorporación de tecnología. Incluso un diputado defensor de la mesa directiva le ha pedido públicamente la renuncia a una ministra acosada por la derecha
Cuando el derecho constructivo a la crítica que es propio de la democracia lo ejercen miembros del partido que no son parte de la mayoría actual, entonces son desleales, “no están en las duras y en las maduras”, son opositores, esquizofrénicos y otros epítetos variados que no buscan argumentar, sino descalificar y deslegitimar para mantener en pie la idea de la división del partido entre buenos y malos.
Se podrá discutir el mérito de cada uno de los debates que emergen sobre la política de gobierno, y en ocasiones su franca no pertinencia, pero no es legítimo poner en cuestión el derecho que le asiste al Partido Socialista y a sus miembros, junto al deber primordial de apoyar al gobierno al que contribuyó a dar origen, de proponer políticas y de criticar aspectos puntuales que pudieran merecerle reparos en la gestión pública y en la tarea legislativa. Ese derecho lo hemos ejercido, por lo demás, durante los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos, como a todos consta, incluso mediante rechazo a algunas legislaciones, sin que nadie pueda sostener que el PS no ha sido leal con la coalición y sus gobiernos. Y habrá siempre puntos de vista que emanan de su identidad política misma, que es previa a todo gobierno y se prolongará más allá de ellos.
Ante la apelación apolítica a la disciplina, baste recordar como funcionan las democracias maduras. En EE:UU: el actual candidato republicano a la presidencia, John McCain, recientemente recibido por Bush en la Casa Blanca como su candidato, votó en contra de la rebaja de impuestos a los más ricos, entre otras votaciones contrarias a su gobierno, sin que nadie rasgara vestiduras. En Europa, las coaliciones mayoritarias discuten permanentemente entre sus componentes las opciones gubernamentales. La democracia es el conjunto de instituciones que no solo no reprimen sino que protegen el disenso y lo dirimen mediante la regla de la mayoría de votantes políticamente iguales que participan periódicamente en las decisiones públicas.
El PS no es un órgano de la administración pública ni está sometido al principio de jerarquía estatal, es un organismo vivo y plural que combina la representación de diversas expresiones de la sociedad civil con la acción a favor de un proyecto democrático de transformación social igualitaria. La sabiduría de una dirección es conducir ese organismo vivo, no buscar reprimirlo y alinearlo con un fanático afán de control. La disciplina vacía no puede imponerse a la deliberación razonada y a la libre adhesión propios de un partido democrático. Entre sentido de la autoridad, que siempre debe estar presente en política para lograr cohesión y resultados, y autoritarismo, que debe rechazarse por ser contrario a los valores democráticos, hay un abismo.
El modo autoritario de concebir la política en parte de la izquierda se ha traducido, cuando determinadas circunstancias históricas le han permitido hacerse del monopolio del poder, en el fenómeno de las dictaduras estalinistas. En buena hora, las tradiciones democráticas recuperadas en el país, a un alto costo para todos, y la existencia histórica de una fuerte izquierda libertaria, no lo hacen posible en Chile. Y para que este tipo de política autoritaria nunca se afiance entre nosotros –con la dictadura militar de derecha ya tuvimos suficiente y con las experiencias fallidas del bloque soviético tuvimos más que suficiente- debemos empezar por hacerla retroceder en el Partido Socialista, respetuosa y democráticamente, pero con gran firmeza.


2. La dirección actual ha dado legitimidad y apoyo a opciones liberales contrarias a las definiciones programáticas del Partido Socialista
La Concertación es una coalición plural de partidos y corrientes de opinión de centro e izquierda. Quienes la concebimos y creamos hace 20 años, y la prefiguramos hace 25 años en medio de fuertes críticas de algunos de nuestros descalificadores actuales, entendíamos y entendemos que en ella caben las corrientes liberales que estén por la democracia y no se opongan a las políticas públicas de redistribución de los ingresos. Que no crean mucho en ellas o que las quieran de muy baja intensidad es otra historia.
Como otra historia es que el Partido Socialista renuncie a su misión histórica y a hacer prevalecer en buena lid sus ideas programáticas sobre las opciones liberales y renuncie a su rol promotor de los derechos de los trabajadores, de los servicios públicos, de los sistemas de ingresos mínimos sociales, de los sistemas de cobertura de riesgos en empleo, salud y vejez, de mecanismos extendidos de igualación de oportunidades y de estrategias públicas de desarrollo productivo. Ha sido penoso y doloroso para una generación de socialistas que han hecho importantes esfuerzos por renovar y actualizar nuestras ideas, pero sin jamás renunciar a nuestras convicciones y valores de izquierda, ver como se termina apoyando, por acción y por omisión, en nombre de una supuesta lealtad mal entendida o de la ridícula afirmación de que no se puede gobernar desde fuera, la visión de Estado mínimo que promueven los ministros liberales y sus corporaciones, que reivindican abiertamente desde dentro y desde fuera esa opción y la practican con el apoyo expreso de la actual dirección.
En la Concertación han retrocedido en el tiempo las ideas liberales (véase el Congreso Ideológico del PDC, por ejemplo), mientras han aumentado su poder político y su capacidad de copamiento de funciones públicas cruciales. Es cierto que de esa manera se cosecha aplausos de la prensa de derecha y del poder económico.
Esto se ha traducido crucialmente en la parte final de la gestión del Presidente Lagos en la disminución del peso del gasto público en el PIB, luego de un incremento inicial. En el período de la Presidenta Bachelet se ha traducido en una política de uso de los recursos fiscales excepcionales en extremo conservadora y en un inmovilismo económico sorprendente. Más aún, se ha promovido una reforma a las pensiones que va a implicar que se gastará proporcionalmente menos en esta área al terminar el gobierno de la Presidenta Bachelet que a su inicio, y que en el largo plazo va a llevar a que se gastará menos en pensiones civiles solidarias que en pensiones militares (1% del PIB contra 1,6% del PIB). Desafío a que la actual dirección desmienta estas cifras. Y se ha promovido rebajas a los impuestos de las empresas con el único efecto de enriquecer aún más a los más ricos, que no prosperó por el disenso activo de algunos de los nuestros.
Lo más grave es que el actual es el primer gobierno desde 1990 que ha renunciado a través de su Ministro de Hacienda formalmente a toda reforma tributaria para aumentar los ingresos permanentes del Estado (lo que no estaba ciertamente incluido en el programa de gobierno, pero los programas de gobierno se han transformado en papeles sin valor). El Ministro de Hacienda ha pretendido en estos días en un encuentro blairista en Londres que el progresismo es “el crecimiento, el librecomercio, el rigor fiscal y el rechazo al populismo”, en un planteamiento abiertamente neoliberal que de progresista no tiene nada y es idéntico al de los Chicago Boys. Se ha proclamado además por el Ministro de Relaciones Exteriores que el modelo económico de Chile es de una “economía de mercado globalizada”. Estos ministros contrastan abiertamente con la Presidenta en su planteamiento de hacer de la protección social el eje de su gobierno y de la construcción de un Estado Social de Derecho su perspectiva estratégica.¿Debe el Partido Socialista entonces abstenerse de hacer ver la flagrante contradicción entre los dichos y los hechos a la que asistimos? ¿Es eso ser leal? Si así se hace, como es el caso de la actual dirección, no nos extrañemos después del alejamiento de los ciudadanos de la política y del desprestigio creciente de la democracia ante semejantes demostraciones de doble discurso.
El PS debe situarse de una vez por todas en el centro de la complejidad que implica optar por el gobierno social y ecológico de los mercados a través de las instituciones de un Estado democrático y social de derecho. Hay otra alternativa históricamente consistente y viable al dogma hoy en desuso de la planificación central y al dogma libremercadista hoy adoptado por un cierto número de miembros del PS bien representados o bien defendidos por la actual dirección, que es la de la construcción compleja de economías mixtas en Estados sociales de derecho.
En esa complejidad no hay fronteras fijas en la relación entre Estado y mercado, entre regulación y mercado. Hay redefiniciones permanentes de acuerdo a las luchas sociales, a la evolución del capitalismo globalizado y su impacto en las economías nacionales y en la reproducción o ampliación de las desigualdades. El Estado debiera estar permanentemente reactualizando su capacidad de generar condiciones estructurales de redistribución de ingresos y de recursos productivos si acaso quienes lo dirigen creyesen en la necesidad de lograr niveles decentes de igualdad distributiva, de igualación de las oportunidades y de reducción de la explotación de los trabajadores y de la exclusión social. Con esa tarea manifiestamente no ha estado comprometida la actual dirección.
No se puede renunciar a actuar a favor de políticas públicas fuertes y el afianzamiento de la capacidad de organización y negociación de los trabajadores, como lo ha hecho la actual dirección, y además pretender reprimir con argumentos de disciplina ridícula a quienes disienten de esa renuncia y la consideran un grave error político.
El PS debe abrir los espacios intelectuales y políticos para que los planteamientos que hemos escuchado de la Presidenta en materia de opciones económicas y sociales progresistas –y que compartimos- puedan avanzar. Nadie debiera extrañarse ni ofenderse porque el PS cumpla con su misión histórica de representación de los intereses de los “trabajadores manuales e intelectuales”.
Otra cosa distinta son las relaciones de fuerza parlamentaria y la hegemonía de unos y otros en las luchas sociales en cada coyuntura, que permiten avances, provocan retrocesos o generan empates. Pero las luchas hay que darlas responsablemente de cara a los ciudadanos, para eso estamos los socialistas, no para renunciar a darlas.


3. La dirección actual ha tolerado la confusión entre la política y los negocios
O el mercado gobierna a la democracia o la democracia al mercado. Muchos son los países que enfrentan ese dilema contemporáneo con Estados frágiles y con sistemas de partidos débiles. Chile ha sido una excepción en América Latina en la medida que su sistema de partidos es bastante más estructurado que el promedio. Hasta ahora.
En efecto, el sistema de partidos puede sufrir una disolución progresiva si cede ante la presión mediática que prefiere las emociones a los valores, el histrionismo al razonamiento, la gesticulación por sobre la representación articulada y paciente de intereses colectivos. La esfera política permitirá mejor la convivencia democrática en tanto dé lugar a la contrastación de proyectos con alternativas claramente diferenciadas antes que a la mera lucha por el poder carente de significados y sentidos.
Y esa disolución será tanto más rápida si se acompaña del fin de la frontera entre la política y los negocios. Hemos asistido con estupor a la progresiva cooptación de funcionarios públicos que cumplían funciones de fiscalización o regulación estatal por las empresas privadas antes reguladas o fiscalizadas por ellos directa o indirectamente. Ya se instaló en el horizonte de la función pública el paso al sector privado como perspectiva futura de ingresos y posiciones altamente remuneradas. Se podrá imaginar cada cual que eso no contribuye precisamente al mejor cumplimiento de las funciones públicas respecto a los privados. Hemos visto como incluso un ex Ministro de Hacienda dirige a las ISAPRES y algunos ex dirigentes socialistas pasan a formar parte de los directorios de los conglomerados más poderosos del país o a ser los defensores rentados de sus intereses ante los órganos de la administración. En el límite esas situaciones pudieran tolerarse como parte de las opciones individuales de cada cual de acuerdo al ejercicio de su libertad personal, aunque claramente debilitan a la función pública.
Lo que no es tolerable, y desgraciadamente ocurre, es el paso desde funciones públicas a los directorios y la vuelta a funciones públicas, incluso ministeriales de primer nivel en La Moneda. Esa puerta giratoria es la consagración de la influencia del poder económico sobre las instituciones democráticas. Cuando la actual dirección partidaria no dice ni hace nada al respecto, existe un problema grave. Cuando además el segundo dirigente en la jerarquía partidaria (y esta no es una crítica a la persona sino a una conducta con efectos políticos) permanece por largo tiempo como presidente del directorio de una empresa privada lucrativa regulada por el Estado, sin que pase nada, entonces estamos ante el fin de la separación entre política y negocios que se entendía los socialistas promovíamos. Al menos es lo que una anterior dirección partidaria estableció al consagrar la incompatibilidad entre defender rentadamente a las transnacionales del cobre en su ataque al royalty minero y mantener militancia en el partido cuyo líder histórico nacionalizó el cobre, y por lo que, entre otras conquistas nacionales y sociales por las que luchó, terminó entregando dignamente su vida.
No estamos aquí entrando en el dominio siempre controvertible de la ética personal, de la cual nadie tiene el monopolio. Estamos hablando del funcionamiento de un sistema que entrelaza o bien separa el poder político democrático del poder económico. ¿Cómo podría el Partido Socialista criticar en los meses que vienen al candidato de la derecha, que es el paladín de la confusión entre política y negocios, si tolera que algunos de sus dirigentes connotados practiquen, en otra escala, claro, la misma confusión?


4. La dirección actual ha contribuido a la fragmentación y puesta en minoría parlamentaria de la Concertación
Hemos asistido por primera vez a la destitución por la Cámara de Diputados de una Ministra de Estado, lo que eventualmente también ocurrirá en el Senado. Las rupturas parciales en el PPD y el PDC han puesto en minoría a la Presidenta en el parlamento.
Lo inexplicable es que la dirección actual se asoció con entusiasmo a las directivas de esos partidos en sus expulsiones de parlamentarios. Estas son libres de tomar las decisiones que quieran, pero al provocar consecuencias para todos y especialmente para la Presidenta, no pueden no considerar la opinión de sus aliados de coalición ante una consecuencia tan grave como perder la mayoría obtenida en las urnas. Pero el punto de vista de la actual dirección socialista fue de complicidad expresa y declarada.
Así, cuando aún falta la mitad del período presidencial, la situación del gobierno queda no solo fragilizada para llevar adelante su agenda sino también para mantener en sus cargos a los ministros, abriendo la puerta a una situación de hostigamiento grave y desestabilizador. En vez de jugar un rol de composición y acercamiento, la actual dirección socialista, fiel a su lógica autoritaria, contribuyó al quiebre y alejamiento de parlamentarios que son fuertemente criticables en muchas de sus opciones, pero que son más cercanos a nosotros que la derecha pura y dura. Más aún, la idea de sostener con alborozo “ven, en realidad esta gente era de derecha” puede servir para la autosatisfacción de los miopes. Para quienes entienden que la política democrática es sumar y no restar resulta, en cambio, una actitud de ceguera estratégica con graves consecuencias futuras.


5. La dirección actual ha precipitado el tema de la sucesión en vez de abrirle espacio a la tarea de la Presidenta
Tal vez uno de los errores en principio más inexplicables de la actual dirección es el haber abierto a meses de asumida la Presidenta Bachelet en su cargo la carrera por su sucesión. En efecto, era del todo evidente que en un gobierno de cuatro años la presión por abrir esa carrera se iba a manifestar tempranamente y que el PS debía contribuir a evitarlo. La actitud leal con la Presidenta era en estas circunstancias una sola: dilatar todo lo posible esa carrera por la sucesión, y de ese modo mantener el espacio de acción del gobierno recién instalado y la cohesión de la coalición. Salvo que existiera un evidente consenso en el partido y en la coalición que hiciera posible definir tempranamente la situación sucesoria y generar un horizonte de estabilidad mayor a los cuatro años. Ahora bien, es muy poco frecuente que este tipo de consensos se presente, incluso en regímenes políticos de tanta continuidad como el del PRI en Mëxico por setenta años: el llamado “dedazo” se producía sólo al final de la gestión de gobierno.
En todo caso, el hecho práctico que debía tener en consideración la actual dirección era que ese consenso no existía ni en el PS ni en el resto de la coalición. Debió aprender la lección de lo ocurrido en el gobierno de Patricio Aylwin, que a mitad de período ya tuvo que enfrentar roces, en este caso precipitados por la equivocación de algunos ministros políticos de la época que querían definir en función de sus intereses y pareceres la sucesión presidencial, lo que por lo demás resultó fallido. De paso, las proclamaciones del Secretario General de la OEA tempranas y reiteradas por miembros de la actual dirección, hechas con cierta suficiencia un tanto irrealista (recordemos el “prácticamente todos en el PS están con José Miguel”) no contribuyeron para nada a afianzar las opciones del ex ministro y generaron fuertes problemas al PS, al gobierno y a la Presidenta.
Sin embargo, se puede enunciar una conjetura: lo que buscaba la actual dirección era simplemente consolidar su poder interno con la idea de ofrecer un estrecho vínculo no solo con el actual sino también con el futuro gobierno, teniendo a la vista una práctica clientelística que se ha instalado en el Estado nacional, reproduciendo costumbres originadas en la república tradicional y que no parecen ser dignas de ser combatidas demasiado intensamente por la actual dirección. El deber de actuar responsablemente frente al gobierno de la Presidenta Bachelet en materia de sucesión quedó así relegado a un segundo plano.
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Una nueva dirección tendrá entonces que tomarse en serio los acuerdos del reciente Congreso, unificar al partido buscando el apoyo de todos a la Presidenta Bachelet, defender las opciones programáticas socialistas en contradicción enérgica con el neoliberalismo, establecer en el partido una separación nítida y tajante entre negocios y política, buscar reestablecer una mayoría parlamentaria para la Presidenta y orientar con serenidad, después de las elecciones municipales, la definición de un candidato único de la Concertación mediante el pronunciamiento popular en el caso de que no pueda llegarse a consensos sobre quien debe encabezar la próxima etapa y producir una nueva derrota de la derecha.

lunes, marzo 03, 2008

Entrevista sobre candidaturas presidenciales

En La Nación del 3 de marzo se publicó una entrevista-debate entre Gonzalo Martner y Ricardo Solari sobre la pertinencia o no de proclamar candidaturas presidenciales antes de las elecciones muncipales (ver más).

viernes, febrero 29, 2008

Nuevas perspectivas

No es ineluctable un triunfo de la derecha en 2009. Es muy probable que su incapacidad de presentar una alternativa cohesionada y no vinculada al poder económico le haga cosechar una nueva derrota. Siempre y cuando la Concertación se ponga en orden de marcha y enfrente racionalmente, como ya lo hizo en otras ocasiones, las gruesas dificultades que se le presentan.

Lo primero es recuperar el sentido del debido resultado. Permítasenos un breve recuento en la materia. La Concertación se formó hace 20 años para luchar por una salida política a la situación de dictadura y constituir un gobierno que asegurara una transición pacífica con vocación de consagrar una democracia plena y realizar una política social activa. Así se hizo. Este fue el norte del gobierno de Patricio Aylwin y así lo entendieron los ciudadanos, que le dieron un inédito respaldo a su sucesor. El gobierno de Eduardo Frei fue ya menos claro en sus propósitos, estallaron las controversias internas sin concluir en un nuevo pacto programático y luego de años de prosperidad se terminó además manejando mal la economía y actuando de manera equívoca frente al caso Pinochet.

La elección de Ricardo Lagos fue difícil, en medio de un fuerte desempleo que se podría haber evitado. Logró hacer un buen gobierno y sortear grandes obstáculos, lo que de paso lo habilitó para encabezar una nueva etapa de la coalición de gobierno que concluya la parte de la tarea aún no realizada. Su gobierno avanzó de manera impecable en las tareas de la transición política y de la subordinación de las FF.AA. al poder civil, sin obtener, sin embargo, el cambio del sistema electoral excluyente. Sus reformas sociales –seguro de desempleo, reforma de la salud, Chile Solidario- abrieron el camino de un nuevo modelo socialdemócrata para Chile. Este, a su vez, no se consolidó con el necesario incremento del gasto fiscal y un claro rol regulador y de servicio público del Estado. Fue progresivamente bloqueado por el peso adquirido por tecnócratas obnubilados por supuestos ideológicos, conversos a las “soluciones privadas de los problemas públicos” y a la omnipresencia del mercado.

En la coalición no tuvimos la fortaleza, al terminar el gobierno de Ricardo Lagos y reactualizar el programa de gobierno, de debatir en serio sobre la nueva etapa. No nos comprometimos a erradicar el clientelismo y la lumpenpolítica, contra los cuales fuimos pocos en pronunciarnos. Esquivamos los temas de fondo. Preferimos los encantos de la videopolítica, que no son base suficiente para gobernar. Y preferimos sofocar el debate y promover la expulsión de partes de la coalición, que nos tiene hoy sin la mayoría parlamentaria que nos dieron las urnas y con un clima enrarecido. Todo un récord. Y con los responsables contentos de la tarea realizada, demostrando sus reflejos de burócratas rendidos antes los poderes existentes, sin visión moderna de cambio ni capacidad de articular la diversidad.

Debía, en cambio, profundizarse un nuevo pacto para un cambio de modelo económico-social, más desarrollista y promotor del crecimiento sustentable y con mayor capacidad de ofrecer resultados redistributivos significativos. Volvieron a ganar fuerza las opciones neoliberales que no disponen de legitimidad ni de mayoría política, pero si de vínculos tranquilizadores con el poder económico y mediático. Ganó así la oferta de minimizar las políticas públicas y los proyectos emblemáticos para disminuir riesgos (el transantiago demostró que este enfoque los aumenta). Se paralizó diversas obras públicas, se optó por una reforma previsional minimalista (reduciendo en vez de ampliando el gasto público en pensiones civiles en proporción al PIB y con menos gasto en los pobres que en las FF.AA.), se llevó a los tribunales las opciones en materia de subcontratación, se intentó incluso disminuir los impuestos a los más ricos y no se actuó para incrementar el royalty minero, regalándole a multinacionales miles de millones de dólares de todos los chilenos en vez de financiar una contundente política de aceleración del crecimiento mediante la innovación.

Se desdibujó con una administración conservadora del statu quo el compromiso con resultados que permitiesen cohesionar a los actores de la coalición de gobierno y afianzar el apoyo de los ciudadanos frente a una derecha que sigue siendo símbolo de autoritarismo y regresión social.

Nada impide corregir el rumbo. La Presidenta de la República tiene la legitimidad y la autoridad para cerrar una etapa y abrir otra nueva, relanzando su gobierno. De la Comisión de Equidad pueden surgir pistas para asegurar ya no solo una pensión básica limitada sino un significativo ingreso básico solidario a las familias en situación de precariedad. Esto podría en 2009 iniciar un cambio de faz de la pobreza en Chile. Se puede disminuir la precariedad en los contratos de trabajo, apoyar a la PYME bajando las tasas de interés y limitando la revaluación del peso. Se puede disminuir más el desempleo. Se puede terminar con la exclusión del PC, crear gobiernos regionales elegidos y fortalecer la descentralización. Se puede construir victorias municipales y luego parlamentarias y presidenciales.

Siempre que valoricemos el liderazgo presidencial actual y los liderazgos capaces de conducirnos a un nuevo gobierno porque tienen los valores y la inteligencia para corregir errores y la experiencia y la capacidad de abrir nuevas esperanzas de progreso después de 2010.

viernes, enero 11, 2008

Rancagua: Allende hoy

En la Escuela de Verano de la Municipalidad de Rancagua, Gonzalo Martner realizó la presentación Allende Hoy, hacia un consenso postneoliberal.

miércoles, diciembre 12, 2007

El proyecto chileno

En La Nación del lunes 10 de diciembre se publicó el artículo "El proyecto chileno".

Chile es un país pequeño y alejado de los centros de decisión. Estamos acostumbrados a ver los fenómenos globales como ajenos. Sin embargo, tenemos una influencia que ganar, junto a otros, y que necesitamos precisamente porque somos pequeños y lejanos. Mientras más el mundo se rija por reglas racionales, mejor podremos enfrentar las consecuencias de los desordenes globales. Y la nuestra no puede ser sino una influencia amistosa basada en ideas y trayectorias.

Un ejemplo es el calentamiento global, que tendrá graves consecuencias, y desde luego en Chile. Se está justo a tiempo para impedir que supere el umbral fatal de los dos grados centígrados. Y nuestro país debe tener una voz en la materia, y un fuerte programa propio de reducción de emisiones de gases con efecto invernadero que nos dé autoridad para reclamarla, con otros, a los grandes países que provocan el problema. Al esfuerzo de alcanzar un acuerdo internacional fue convocado por la ONU el ex presidente Lagos. En Chile, en vez de congratularse, muchos no han hecho más que minimizar ese rol por razones de política interna, por mucho que en su gobierno se pudo haber hecho más en materia ambiental -siempre se puede hacer más- y deberá hacerse más en el futuro. Así se equivoca el camino y no se defiende el interés nacional.

La paz en el mundo está amenazada, por otro lado, por los reacomodos hegemónicos y la lucha por los recursos naturales. En octubre, Bush levantaba el espectro de un "holocausto nuclear" y el riesgo de una "tercera guerra mundial" por el programa de enriquecimiento de uranio de Irán. En estos días de diciembre nos informamos que los propios servicios de inteligencia de EE.UU. afirman que Teherán congeló su programa nuclear militar en 2003. Ya sabemos que las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein no eran más que quimeras para justificar la invasión norteamericana de Iraq y acceder a una zona rica en petróleo. Sabemos que la Rusia de Putin se recompone en base a su capacidad energética y reconstituye un poder fuerte con una democracia débil. Sabemos que Europa se amplía, pero debilitando su capacidad de acción. Sabemos que los países emergentes como China e India transformarán su creciente importancia en la economía mundial en influencia política. China ya es el principal mercado de exportación para Chile y lo será crecientemente para el resto de América del Sur, en una dinamización de los intercambios Sur-Sur inimaginable décadas atrás.

Chile necesita en este contexto que se fortalezcan las instituciones y el derecho internacional, y puedan regularse al menos en parte los grandes conflictos en desarrollo. El ejemplo dado por Chile al oponerse a la guerra en Iraq enfrentando las presiones de EE.UU. cuando firmaba un acuerdo comercial, generó admiración y respeto porque no se condecía con su tamaño. Y abrió puertas para una posición de mayor influencia. También Chile hizo lo adecuado al invitar a los países de América Latina a contribuir a la estabilización de Haití y al sumarse al nuevo esquema de Comunidad Sudamericana de Naciones.

Sin embargo, la integración está paralizada por los conflictos de intereses nacionales y una dosis de sobreideologización. Venir, como hizo el presidente Chávez a una cumbre a Chile a contradecir el proyecto de crecimiento con cohesión social representado por la presidenta Bachelet, y generar incidentes verbales mal respondidos, no ayuda a fortalecer un liderazgo de ideas y de proyecto capaz de influir en el contexto global. Para no "arar en el mar", se trata de darle un impulso moderno al proyecto de Simón Bolívar, al que la retórica confrontacional no ayuda. A la postre, el pueblo venezolano, mayoritariamente favorable al avance social promovido por el presidente Chávez, no aceptó validar la personalización del poder, como tampoco el resto del continente acepta el intento de Chávez de transformarlo en zona de influencia para fines de liderazgo personal.

Sería un grave error consagrar en nuestro continente, una vez fracasadas moral y políticamente las dictaduras militares de derecha y dejados de lado los modelos neoliberales del consenso de Washington por ineficaces y promotores de inaceptables desigualdades, la idea que los avances sociales solo son posibles con Estados autoritarios y caudillos a su cabeza. Tampoco hay un modelo chileno libremercadista que vender, como las derechas y algunos organismos internacionales quisieran, pues ese modelo del pasado no convoca a nadie sino a los pocos dueños de la riqueza en el continente. Si hay un proyecto chileno que defender, es el de la democratización con cohesión social basada en fuertes políticas públicas y en una eficacia económica regulada.

En nuestro debate político interno es esencial ver el vaso medio vacío y no dejar el terreno libre a la regresión neoliberal o a la lumpenpolítica dedicada a conquistar posiciones burocráticas en el Estado antes que a avanzar a mayores grados de cohesión social. Ni se debe aceptar la vuelta a la lógica de las "depuraciones", propias de la guerra fría en nuestros partidos políticos progresistas, que creíamos se habían reconstruido respetando la diversidad y la democracia interna para promover con legitimidad la democracia y la tolerancia en la sociedad. Y se debe terminar con la carencia, costosísima para Chile, de control nacional suficiente de nuestros recursos naturales

En la proyección externa de Chile, en cambio, es donde se debe subrayar la parte medio llena del vaso, que por supuesto también existe. La opción de sociedad que combina democracia, progreso social, sustentabilidad y eficacia económica puede y debe ser defendida como un camino en parte recorrido y que debe seguir recorriéndose con una mayor incidencia social y ecológica en la ecuación. La mejor opción no es la sujeción a la potencia dominante sino construir integradamente un mejor bienestar para los pueblos, con libertades y prosperidad compartida, subordinando a los poderes económicos minoritarios, gobernando el mercado desde la democracia. El desafío es hacer de la democracia progresista la gran bandera latinoamericana como la mejor base para la identidad, coordinación y proyección continental. Y decirlo con claridad.

domingo, diciembre 09, 2007

Hasta siempre, Francisco Mouat

Hay noticias que golpean, sobre cuando se reciben desde lejos. Acabo de enterarme del fallecimiento de Pancho Mouat. Finalmente descansó cuando no hubo más que hacer contra la enfermedad. Se me vienen a la memoria de inmediato tantas y tantas largas jornadas compartidas, en las que se podía siempre contar con la presencia y apoyo de Pancho. Su trayectoria viene de muy atrás en la juventud socialista, como sobreviviente de la clandestinidad que enfrentó con valentía, en el exilio, en el retorno. Pero Pancho es de los que encarnó desde 1990 la voluntad incansable de trabajar por reconstruir y fortalecer el Partido Socialista como el mejor homenaje a los caídos. Había en Pancho una tenacidad cotidiana, de las que son indispensables para todo proyecto de gran envergadura. En ese contexto lo conocí hace casi dos décadas. Había en él el caracter más bien silencioso de los que no necesitan vociferar sus convicciones, porque las tienen profundas yconsistentes, y un gran sentido de la amistad. Y había siempre en él, más allá del semblante a veces adusto, una actitud humana en el tratamiento de los asuntos cotidianos de la vida del partido, no siempre pacíficos.Tuve el privilegio de trabajar y convivir con Pancho en las más diversas circunstancias y la oportunidad de sostener largas conversaciones sobre esto y aquello. Tuve el privilegio de que aceptara ser mi colaborador directo como presidente del partido, hasta que luego fuera a acompañar a nuestra Presidenta en su campaña, colaborador al que siempre se podía pedir consejo desinteresado y con el cual se podía no solo trabajar dedicadamente en la tarea común, sino sobre todo compartir humanamente. Tuve el privilegio de haber sido su amigo, de esos que no confunden la amistad con los avatares políticos. No podré estar presente para despedirte, Pancho, pero vayan estas palabras para tu compañera, tus familiares, tus amigos, tus camaradas, para decirles que nos inunda la pena, pero que nos ha dejado un gran ser humano cuyo ejemplo nos compromete aún más a todos sus compañeros a seguir trabajando por el proyecto común de contruir una sociedad más justa.

martes, noviembre 13, 2007

Entre el enfriamiento y la recesión

Columna publicada en el diario La Nación el 13 de noviembre de 2007

Desde que estalló en agosto de 2007 la crisis del subprime, el crédito hipotecario de alto riesgo, se reveló no sólo la depresión del mercado inmobiliario residencial en EE.UU., sino también la fragilización de la economia mundial, que hasta aquí había podido absorber una tendencia impresionante de incremento del precio del petróleo. Hacia mediados de agosto, la Federal Reserve (FED, banco central de EE.UU.) constató los efectos negativos de la coyuntura financiera sobre su economía bajando sus tasas, en un contexto en que la actividad y los precios del petróleo y de los alimentos alimentaban un incremento de la inflación, demostrando una conducta pragmática. Esa misma conducta de la que carece nuestro banco central, que sufre del síndrome deflacionista y que va acentuando las diferencias entre las tasas de interés en Chile y en el mundo, presionando a la baja el tipo de cambio y agregando un nuevo factor de desaceleración de una economía chilena que podría crecer mucho más rápido.
Se consolida entonces una perspectiva de crecimiento en 2007 y 2008 solo del orden de 2% al año para EE.UU., la mitad de los desempeños habituales de los últimos años. Incluso los más optimistas admiten que una recesión -dos trimestres consecutivos de disminución del producto- no se puede excluir.
No obstante, los "factores de resiliencia" de la economía norteamericana siguen siendo fuertes. No escasean los argumentos que alimentan la tesis de un simple enfriamiento. El crecimiento de los salarios debiera mantener un ritmo sólido, mientras el poder de compra de los hogares debiera beneficiarse de una inflación más baja. Las instituciones financieras habían acumulado antes de la crisis utilidades sustanciales que debieran permitirles absorber el golpe. Las empresas norteamericanas presentan balances satisfactorios y la depreciación del dólar debiera ayudarles en su capacidad exportadora: el comercio exterior sostendría el crecimiento en un 0,7% en 2008. En fin, permanecen márgenes de maniobra presupuestarios y monetarios para enfrentar un eventual inicio de recesión.
En sentido inverso, la desaceleración del consumo y sobre todo la gravedad de la crisis inmobiliaria alimentan las inquietudes. Y según el Nacional Bureau of Economic Research, la economía norteamericana registró diez recesiones desde 1945 y diez de ellas fueron precedidas de una corrección de la actividad inmobiliaria. Probablemente en base a consideraciones de este tipo la Reserva Federal disminuyó nuevamente a fines de octubre la tasa de los Fed Funds.
La disminución de tasas en EE.UU. agravará la caída del dólar contribuyendo a su empuje comercial, pero afectará a Europa. La subida del petróleo tiene sus propios efectos colaterales sobre el crecimiento económico y sobre los precios. La inflación en los países de la eurozona experimentó un aumento interanual del 2,1% en septiembre, cuatro décimas más que en agosto. La inflación supera así el objetivo del 2% anual que se ha fijado el Banco Central Europeo. Las exportaciones europeas están respondiendo bien hasta ahora porque la industria ha hecho un gran esfuerzo de reconversión en los últimos años, pero el nivel actual del euro planteará problemas de competitividad en diversos mercados. Crece la preocupación por la elevada cotización del euro con respecto al dólar estadounidense, el yuan chino y el yen japonés y los europeos invitan a las autoridades estadounidenses a que sigan manteniendo que están a favor de un dólar fuerte; a las japonesas, para que el yen recoja los fundamentos de su economía; y a las chinas, para que fomenten el aumento del consumo interno y mejoren la flexibilidad del yuan, todos hechos que muy probablemente no ocurrirán.
Por su parte, el crecimiento de la economía china supera el 11% al año, contra poco más de 2% en los países desarrollados previsto para 2007-2008. Los ingresos de los hogares chinos se incrementan fuertemente, y la mayor parte de los nuevos recursos los invierten en la bolsa, generando una burbuja financiera que no debiera estallar antes de 2011 o 2002.
En suma, no debiera terminar aún en crisis el reciente quinquenio de oro, que se ha traducido en una aceleración del precio de las materias primas y en la irrupción de China e India como nuevos motores de la economía mundial, precisamente porque están en situación de compensar con su dinamismo en buena medida los resfríos de EE.UU y las dificultades de Europa.

jueves, octubre 25, 2007

Intervención Universidad Santo Tomás

FORO SOCIAL, SEMINARIO “CRISIS NACIONALES EN LA HISTORIA DE CHILE”


Universidad Santo Tomás
Centro Innovación Pública
14 de julio 2007


Panel sobre Aspectos Políticos e Institucionales
- Carlos Larraín P., Presidente Renovación Nacional.
- Gonzalo Martner F., Ex Presidente Partido Socialista de Chile
- Joaquín Lavín I., Ex Candidato a la Presidencia de Chile.
- Adolfo Zaldivar L., Senador PDC Undécima Región.



Presentación de Gonzalo Martner (transcripción corregida)

Me interesó y acepté participar en este panel porque la invitación es a debatir acerca de algo que me parece esencial: no sólo los temas que podríamos llamar propios de “la razón instrumental”, que más o menos están en el debate político cotidiano, sino acerca de si hay o no en el país situaciones de crisis en los valores, en aquello que da lugar a la convivencia colectiva. Creo que las otras intervenciones nos han efectivamente incitado a un debate sobre la pregunta de si estamos o no en situación de construir en Chile unos mínimos valores compartidos.

Y quiero entonces hacer unos comentarios muy breves respecto a las intervenciones que escuché. Respecto al profesor Villalobos, debo decir que no comparto prácticamente nada de lo que dijo pero me encanta su interpelación honesta como un republicano auténtico, de ideas más bien conservadoras, desde mi punto de vista por lo menos; pero me parece estimulante el recorrido que hace de las situaciones que considera que deben ser dignas de alerta y de debate.

Quiero hacer dos defensas. Primero del fútbol, que creo que fue injustamente, por parte del profesor, calificado de manera un poco dura. En un artículo algo antiguo, Vargas Llosa se preguntaba: ¿por qué el fútbol suscita estas pasiones tan fuertes? Y contestaba que probablemente para las personas comunes y corrientes el poder identificarse con una parcialidad sometida a contraste, con unos que juegan para un equipo y otros que juegan para otro y que quieren vencerse, pero en el marco de un conjunto de reglas establecidas, y de arbitrajes, es lo que genera esta adhesión. Se trata de una forma de juego y de competencia humana sujeta a reglas claras, que contrasta con la ley del más fuerte y el abuso que prevalece en muchos aspectos de la vida en nuestras sociedades. Creo que hay allí, más allá de la pasión, más allá de la dimensión subjetiva, una apreciación positiva a la que adhiero de esto que el profesor Villalobos llamó opio moderno.

Pero, además, quiero hacer una defensa que me parece muy necesaria de la figura de la Presidenta de la República. Yo he leído cartas a los diarios previas de parte del profesor Villalobos: su postura no es de ahora, era de la campaña presidencial, y la respeto. Pero creo que hay una equivocación profunda en considerar que la actual Presidenta de la República no tendría la autoridad, la prestancia para ejercer el cargo. Yo quiero decir todo lo contrario, dicho sea de paso desde la posición de no tener vínculos de ninguna especie que no sean los de adhesión política y personal de mi parte con el gobierno. Yo no ocupo cargo gubernamental alguno. Lo que pasa es que la Presidenta tiene un estilo, una prestancia, una autoridad distinta, y que debemos – creo - saber apreciar en lo que vale. Es cierto que posee un modo de gobernar que presenta un cierto contraste respecto de aquel del Presidente Lagos, por ejemplo. Pero convengamos que hay algo allí de crítica conservadora, en el sentido de una cierta resistencia a lo nuevo. Hay un nuevo estilo de representar la política, que de algún modo también promovió en su momento Joaquín Lavín. Yo tengo muchas discrepancias con él pero comparto la búsqueda de innovar que él ha tenido, entre otras cosas porque desafió a mi propio campo político a hacer las cosas mejor.

Pero la Presidenta Bachelet es mucho más que un nuevo estilo, al que hay que estar abiertos. Hay que recalcar lo que créanme existe en nuestra Presidenta de la República, que es su muy fuerte carácter. Una mujer que ha sido capaz de sobrellevar tan positivamente y tan abiertamente las difíciles circunstancias que le tocó vivir le permite hoy día ser alguien que, creo, logra unir a Chile frente a sus heridas profundas antes que desunirlo como nadie ha podido hacerlo, y al mismo tiempo desarrolla un programa de gobierno que rendirá sus frutos. Este es un logro muy importante, y así lo recogerá la historia de Chile, más allá de la relevante cuestión de que esta nación se atrevió por primera vez a confiarle su destino a una mujer, dando un ejemplo en nuestro continente y abriendo el camino a las nuevas generaciones de mujeres, y de hombres, para vivir en un país más igualitario.

Dicho lo cual quisiera referirme también a las otras intervenciones. Decía el profesor Frontaura que había que buscar un diálogo republicano, pero agregaba, si no entendí mal, que con la búsqueda de la verdad objetiva y de la distinción entre lo bueno y lo justo. Desde un terreno cultural y político que no es el que él representa, acepto el desafío. Sólo que con una afirmación: no existe una sola verdad y menos la "verdad objetiva" en los asuntos humanos. Quien así lo pretende es porque, y así lo demuestra la historia con tan abundantes ejemplos, considera necesario dominar y sojuzgar a otros en función de su particular visión de mundo, a los distintos de cualquier índole, que por supuesto le resistirán.

No es este el momento y lugar para hacer un debate de epistemología, pero convengamos que la completa separación entre sujeto y objeto, más o menos factible en ciencias lógico-matemáticas y naturales, no es posible en ciencias humanas, y menos aún en las visiones de mundo y las culturas. Esta separación solo puede ser relativa en este campo, en el que existen distintas verdades, todas ellas muy respetables en tanto y cuanto, y ahí hacemos la conexión con el desafío propuesto, se reconozcan ciertos valores compartidos, sin los cuales dejan de ser tan respetables. Cuando escucho la intervención del catedrático Fermandois, que sigue justificando la dictadura y la persona de Pinochet, y extiende la justificación hacia la dictadura militar brasileña (afirmando algo así como que hubo cosas que no fueron muy simpáticas, pero sin importancia frente al tema de fondo que habría sido sacar al país de una crisis), yo sigo diciendo: aquí hay una barrera ética profunda, que ningún discurso con ropaje académico puede soslayar. Si de algo sirve el que podamos compartir estas reflexiones, es para hacer distinciones pertinentes acerca del bien y el mal, acerca de lo justo y lo injusto. Habrá siempre distintas interpretaciones de la historia, habrá respetables verdades y enfoques de cada cual, pero hay ciertas mínimas verdades que debemos proponernos construir en conjunto en función de valores que nos sean comunes y podamos transmitir como tales a las nuevas generaciones. Ejemplo: los problemas de la democracia -ya lo decía Lincoln- se solucionan con más democracia y las violaciones de los derechos humanos son inaceptables e injustificables en cualquier tiempo y lugar, pues siempre los seres humanos tenemos la posibilidad de optar por respetar y proteger la humanidad de los que piensan distinto de nosotros o incluso de los que actúan contra nosotros. Este es uno de los fundamentos éticos de la democracia moderna. Compartámoslo. Estos son procesos, es un trabajo lento, y yo tomo este diálogo como parte de algo que, me doy cuenta, hay que seguir todavía construyendo con paciencia en el largo camino de la modernidad al servicio de los derechos, las libertades y el bienestar del hombre que, en mi caso, entiendo han ido abriendo las sociedades con avances y retrocesos desde la Ilustración y que debe seguir su curso.

Hablemos ahora de las crisis. Si uno toma la palabra crisis como una cierta acumulación de circunstancias de ruptura e inestabilidad, o en el extremo como una situación en donde lo que existe está cerca de derrumbarse, yo diría que es bastante difícil caracterizar la situación chilena como una situación de crisis. Y creo que ese es el mérito de todas las fuerzas políticas chilenas, incluidas las que han puesto trabas de todo tipo a la construcción de una democracia digna de ese nombre pero al final se han ido resignando a la inevitabilidad de la recuperación democrática como el necesario destino de Chile. Creo hemos sabido conducir al país desde una crisis profunda y rotunda en sus bases morales de convivencia, instalado en la violencia y el abuso desde el vértice del Estado, hacia un Estado de derecho, imperfecto; una democracia, imperfecta; un tipo de convivencia social, imperfecta. Pero con todas las imperfecciones incluidas, la recuperación democrática que hemos protagonizado nos permite decir con la frente en alto: “estamos legando un país en el cual no hay desapariciones, no hay exilios, no hay torturas, hay libertades, progreso social y económico, elecciones periódicas, instituciones funcionando y perfeccionándose, legítimos debates, como este, y eso es un inmenso progreso que, lejos de ser una crisis, habla bien de la capacidad reciente de Chile de evolucionar frente a sus problemas".

Pero para que las cosas evolucionen bien, no hay que perder nunca el espíritu crítico, nunca. Jamás hay que perder la capacidad de indignarse frente a lo injusto. Quien tenga legítimas indignaciones frente a cualquier acto gubernamental, o de cualquier entidad con significación social, de corrupción, de mala gestión, de lenidad, de caminos equivocados, de políticas erróneas, de situaciones inadmisibles, expréselo y dígalo. Y mientras más, mejor, como más o menos ocurre en Chile, menos de lo que debiera en mi opinión. Pero eso no es sinónimo de crisis.

Uno no puede actualmente avizorar una situación de crisis política: hay tensiones políticas, hay escaramuzas naturales propias de la vida política, mi impresión es que lo que tenemos es una evolución en los dos campos principales con unos debates interesantes, positivos, de los cuales muchos de los que estamos acá somos partícipes, pero no una situación de crisis. No hay crisis política en Chile, aunque algunos en la derecha de irreductible espíritu más o menos faccioso quisieran que hubiera. Sabemos los chilenos lo que es una crisis política, y no es el caso en la actualidad.

No hay crisis económica tampoco, estamos creciendo a una tasa este año del orden del 6%. Se están creando 200.000 empleos al año, lo que es una cifra muy importante. En una mirada más larga, recalquemos que hemos logrado crecer desde 1990 a una tasa por habitante de 4% al año, que duplica la del régimen militar y del período democrático previo. Se dispone ahora como país más del doble de bienes y servicios que en 1990. El esfuerzo actual es acelerar ese ritmo. Así y todo, si no se lograse, con las tasas de crecimiento por habitante del 4% al año Chile va a tener el nivel de vida de la España de hoy hacia el 2025. Si aceleramos, será antes. Eso no es una crisis.

Si creo que hay una crisis social y una crisis cultural, eso sí en otra acepción de crisis, de crisis como aquella situación en la cual lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. En ese sentido tenemos una crisis social, se ha descrito en varias de las intervenciones. Yo digo, con mi propio énfasis, una crisis de desigualdad intolerable. El espacio en que convivimos, o convivimos cada vez menos, se fractura. Tenemos unas ciudades - porque Chile ya es un país urbano con más de 20 ciudades con más de 80.000 habitantes - que crecientemente se polarizan territorialmente como expresión de la disparidad entre grupos sociales y de ingresos, en las que se generan problemas severos de convivencia e integración, con una cierta decadencia individualista de las normas sociales y también con violencias urbanas. Tenemos grados mayores de delincuencia, probablemente provocados entre otros factores por el consumo de drogas profundamente destructivas; y podemos seguir armando una lista relativamente larga y preocupante de temas en la materia.

Creo que tenemos, además, una cierta crisis cultural, con factores nacionales y globales, con un culto al presentismo, a lo inmediato, fácil y simple, con miedos al otro, con prejuicios clasistas y racistas, y con algunas formas de lumpenpolítica (el todo vale para razguñar parcelas de poder al margen de toda idea del interés general) y de videopolítica, como diría Giovanni Sartori, en la que solo se transmiten emociones del momento, todo lo cual no permite construir como debiéramos un proyecto nacional o un debate sobre sus componentes que sea a la vez ilustrado y abierto a todos, temas sobre los que el tiempo disponible no nos permite extendernos hoy.

Por mi parte quiero, respetando las verdades de otros, sugerir - en todo caso está ampliamente desarrollado en un libro que está en circulación - lo que pudieran ser algunos de los planteamientos desde el campo de la izquierda en Chile al que con todas sus luces y sus sombras yo pertenezco - a mucha honra - y que pudieran ser parte de los valores compartidos de nuestra sociedad, mientras otros temas y opciones sean parte del legítimo debate democrático y se diriman en virtud del principio de mayoría.

Primero, hagamos un cierto intento y digamos entre todos: “el tema de los Derechos Humanos no debe ser un asunto de polémica política contingente”, sino que debe presidir nuestra convivencia con el compromiso de todos, tal como está formulado en la declaración universal del año 1947 y los pactos posteriores de derechos económicos, sociales y culturales que Chile ha suscrito. Pongamos sus principios formalmente en una nueva Constitución, porque en la actual tan remendada -lo que ya es un mérito si nos fijamos en su insólitamente antidemocrática versión original- no lo están sino en forma indirecta, y solo gracias a la reforma de 1989 que hace alusión a los tratados suscritos por Chile. Hagamos de esos derechos el fundamento de los valores esenciales compartidos por todos en un proceso de refundación republicana. Hagamos un esfuerzo colectivo de pedagogía política que consagre un país pacificado. Y lo digo sin ánimo de polémica, sino para que todos podamos decirles a nuestros hijos: “Chile tuvo crisis muy importantes, muchos fuimos actores y responsables de esas crisis (aunque no es mi caso en lo personal por razones de edad), unos bastante más que otros, pero aprendimos la lección y queremos legar unos valores civilizados de convivencia colectiva”. Nadie debiera por tanto oponerse a que tengamos un día nacional que celebre los derechos humanos, como acaba de ocurrir con la derecha, que parece tener pocas aptitudes para aprender y mirar al futuro…

Segundo, establezcamos solemnemente que la democracia es la expresión institucional de la posibilidad de que esos derechos constitucionalmente establecidos tengan la capacidad de sobrevivir a los conflictos políticos y que sean respetados en toda circunstancia. Hagamos un compromiso colectivo, de todo el espectro político, para que cualquier situación de confrontación, por aguda que fuese, sea resuelta por las vías de la democracia y no con Golpes de Estado en alianza con poderes imperiales, como el promovido contra el Presidente Salvador Allende; ni que la lucha contra las desigualdades incluya inclinaciones insurreccionales como las que equivocadamente nosotros promovimos, más de palabra que de hecho, en los años 1960 y como parte de nuestra voluntad -que mantenemos- de luchar por cambios radicales frente a las injusticias sociales intolerables existentes en nuestro país. A la larga, no ha estado en el alma auténticamente republicana de la izquierda chilena realizar su proyecto libertario y de igualdad social al margen de la democracia.

Tercero, establezcamos defensas comunes de conceptos esenciales para la legitimidad de las instituciones y de la convivencia democrática, y que cada cual lo haga de acuerdo a los criterios que les resulten propios, como en particular: la soberanía popular como base del sistema político y de la representación democrática; la igualdad ante la ley y la ausencia de discriminación arbitraria; la primacía del mérito ante todo privilegio ilegítimo; la igualdad de oportunidades de acceso a los puestos públicos y a las distintas posiciones sociales, complementada por el deber de asistencia a las personas y grupos en estado de necesidad, especialmente cuando se originan en condicionantes sociales que no les son atribuibles, y también complementada por el deber de aminorar las desigualdades ilegítimas; la neutralidad de la función pública; la equitativa repartición de las cargas públicas, incluidos los impuestos; la protección organizada frente a los grandes riesgos.

Cuarto, pongámonos todos de acuerdo para tener un Estado probo y castigar severamente el tráfico de influencias, el clientelismo y la corrupción. A la señora que está diciendo "aquí se están robando esto o aquello", le digo: créame que a mi señora me provoca como el que más un dolor profundo el que haya corrupción en cualquier ámbito de la vida pública, y así lo he dicho con anterioridad. Pero convengamos que no es posible garantizar la conducta de cada uno de los 450.000 funcionarios públicos; sería mentiroso por parte de una autoridad política decir “yo voy a asegurar que no exista ningún acto de corrupción”, o decir "yo voy a asegurar que no habrá ningún acto de delincuencia" porque eso no es posible. Más aún, cuando un Estado logra que no se hable, que no se conozcan hechos de corrupción, que desgraciadamente son consustanciales a las conductas humanas históricamente verificables, es porque se están escondiendo, o porque están institucionalizados. Pongámonos todos de acuerdo para decir, no que vamos a impedir la corrupción, pero sí que la vamos a combatir implacablemente y que en ninguna circunstancia la vamos a justificar. Eso sí podemos hacerlo y debemos hacerlo.

Quinto, también propongo, en el contexto del esfuerzo de construcción de valores mínimos que podamos compartir, que tratemos en la vida pública de no lanzarnos descalificaciones, y reemplacémoslos por juicios y opiniones a lo mejor fuertes, pero que siempre estén razonablemente fundados. Rechacemos la lógica televisiva del debate político actual, en que se busca la fórmula, la cuña (hay a mi lado un maestro en la materia -Joaquín Lavín- se lo digo respetuosamente) que tiende a disminuir la capacidad de realizar diálogos inteligentes e ilustrados, que son esenciales para que la vida democrática se cultive, se profundice y sea efectiva. La cuña que no explica, que no invita a razonar sino que busca manipular la emoción del momento, termina por empobrecer, irritar y alejar a los ciudadanos de la esfera pública.

Y creo que hay algo que debemos proponernos entre todos cultivar, y por eso me gustó la intervención del profesor Villalobos, que es el compromiso con la consideración hacia los demás. En definitiva, muchas de las cosas que él planteó se resumen en este concepto: pérdida de la consideración hacia los demás. Cuando esto ocurre en la televisión, en la calle, en la actitud de unos y otros actores en la vida colectiva, entonces se va perdiendo ese cimiento que nos permite vivir en común.

Poder vivir en común supone, además, mantener y defender convicciones. Desde que se inició la transición, se ha utilizado de vez en cuando la distinción que hizo el gran sociólogo alemán Max Weber a principios del siglo XX entre lo que el llamaba “la ética de la responsabilidad” y la “ética de la convicción”. El sostenía en 1919 que ambas eran dimensiones que consideraba legítimas pero en definitiva señalaba que había que optar por la ética de la responsabilidad, y relegar la ética de la convicción a un segundo plano. Esto se ha escuchado desde 1990 en personas de mi campo político frente a diversas controversias. Yo quiero invertir esa proposición y decir que hay que actuar con la ética de la convicción, porque la responsabilidad efectiva puede nacer sólo de la convicción. La apelación a la responsabilidad que aparentemente busca relegar los desbordes de las convicciones, en realidad no es sino un modo de actuar en política que busca imponer convicciones bien concretas: la defensa del statu quo.

Cuando se dice “usted debe actuar como yo le digo, porque usted tiene que tener un comportamiento responsable y basarse en la ética de la responsabilidad” entonces se está destruyendo aquello que es esencial: en la vida democrática no hay verdades absolutas, hay deliberación sobre posiciones basadas en convicciones e intereses. Reivindiquemos entonces a estas alturas la ética de la convicción: discutamos unos y otros en la sociedad de acuerdo a las convicciones de cada cual, develemos los intereses de cada cual, proceso del que surgirán con mayor probabilidad las conductas responsables que son indispensables para la convivencia social. La ausencia de deliberación en nombre de la responsabilidad no hace sino esconder la voluntad de imponer a los demás las convicciones propias. Eso no es aceptable para la vida democrática. Así, podremos concluir que, si esbozos de crisis pudieran haber en nuestra convivencia en algunos ámbitos, estaremos en mucho mejor situación de darles una solución con la voluntad colectiva de abordarlos que nace de la deliberación democrática y de la expresión de las convicciones. Muchas Gracias.

martes, octubre 09, 2007

Entrevista en El Mostrador

8 de Octubre de 2007
Presupuestos 2007 y 2008: ''Hay que ver para creer''
por Carlos Alvarez
"Creo que hay ideólogos neoliberales en posiciones importantes en el gobierno que buscan cualquier pretexto para, por un lado, no hacer crecer el gasto de acuerdo a los mayores ingresos permanentes, o bien que lo restringen arbitrariamente en su ejecución. Así es que hay que en esto ver para creer", afirma el economista Gonzalo Martner. Gonzalo Martner dice que aunque los presupuestos- como el del 2007 y 2008- contengan una importante expansión del gasto público, en esta materia hay que aplicar el "ver para creer" de santo Tomás, porque los supuestos establecidos hay que confrontarlos con los desembolsos efectivos.
- ¿La importante expansión de estos dos últimos años podría generar que la tendencia declinante o al menos de estabilidad, que se observaba del gasto público en relación al PIB entre 1990-2006 se revirtiera con el nivel de gasto del 2007-2008?
- Indudablemente, la política fiscal de la Presidenta Bachelet ha sido la de incrementar el gasto público a tasas superiores al crecimiento del PIB, dada la existencia de ingresos permanentes adicionales (por un mayor precio del cobre de largo plazo) y para 2008 en adelante, en virtud de la disminución decidida por la Presidenta del nivel del superávit estructural desde un 1% del PIB a un 0,5% del mismo. A los que la critican por que supuestamente no tomaría decisiones recordémosles ésta, que muchos consideraban "peligrosa", pero que en realidad se justificaba plenamente al desaparecer las causas que la originaron. Ahora, me gustaría ver la ejecución presupuestaria real de 2007 antes de sacar conclusiones, pues creo que hay ideólogos neoliberales en posiciones importantes en el gobierno que buscan cualquier pretexto para, por un lado, no hacer crecer el gasto de acuerdo a los mayores ingresos permanentes, o bien que lo restringen arbitrariamente en su ejecución. Así es que hay que "ver para creer".
-¿El hecho de que el gasto fiscal se haya mantenido e incluso bajado en relación al PIB en los últimos años implica una política deliberada de reducción, en definitiva, del tamaño del Estado de la economía?
- No quiero juzgar intenciones. Mientras fui subsecretario de la Presidencia con el Presidente Lagos no observé esa actitud, pero hay que constatar que en 2003-2005 se produjo un crecimiento del gasto público inferior al PIB, lo que nada justificaba desde el punto de vista económico y es lamentable desde el punto de vista de las necesidades sociales y productivas que el gobierno debe cubrir atendido nuestro actual nivel de desarrollo. Por ejemplo, con un buen financiamiento inicial al Transantiago y sus infraestructuras, otro gallo hubiera cantado para una política pública tan importante como la del transporte público. Pero los ortodoxos del libre mercado a ultranza y sus medios hubieran puesto el grito en el cielo. Una vez más, los ideólogos neoliberales -los que antes estaban al servicio de la dictadura y los que hoy, aunque distintos, forman parte del arco iris de la Concertación- le han hecho daño al país.
-La política actual de "gastar los ingresos permanentes y ahorrar los transitorios" es consistente con esa tendencia, o dado los altos recursos fiscales y la reducción de la meta de superávit estructural al 0,5%, puede producirse un cierto quiebre en la tendencia antes descrita?
-Creo muy importante subrayar la distinción entre ingresos permanentes y efectivos. El nivel permanente o estructural (o promedio en el tiempo, si se quiere) de los ingresos públicos, que es el que se considera para la formulación prespuestaria en Chile desde 2001, permite mantener o hacer crecer el gasto público en períodos de bajos ingresos en base al ahorro de los ingresos extraordinarios previos. Los ingresos efectivos de cada año, en cambio, fluctúan según sea la actividad económica o el precio del cobre: con la regla actual, si son bajos, pueden dar lugar a un déficit fiscal temporal, compensado más adelante con superávits fiscales, cuando llegan las vacas gordas de nuevo. Con esta política fiscal anticíclica, que distingue ingresos permanentes de ingresos corrientes, se puede tener un Estado muy grande o muy chico. Eso depende del nivel promedio permanente de ingresos públicos (básicamente impuestos) que la sociedad decide tener para financiar los bienes públicos a los que desea acceder. Si queremos una buena salud, educación, pensiones y transporte público, por ejemplo, entonces tenemos que tener impuestos suficientes que los financien establemente. En economía no hay milagros. No se puede querer servicios públicos suecos con impuestos haitianos o sin financiamiento y por tanto, inflaciones elevadas que penalizan a todo el mundo y preferentemente a los más pobres. Esa discusión sobre el nivel y estructura permanentes del gasto público no tiene nada que ver con la regla fiscal actual. Eso no obsta a que deba seguir siendo perfeccionada en el aspecto del superávit estructural que, insisto, pudo tener una justificación en el 2000 cuando teníamos un déficit fiscal efectivo y había que darle credibilidad a la política fiscal anticíclica ante los mercados internacionales, pero que hoy no tiene ninguna, cuando el Estado ha pasado a ser un acreedor neto y no tiene ninguna necesidad de acumular más excedentes fiscales.
-¿Qué debiera hacerse con la regla de superávit estructural?
- El 0,5% de superávit estructural debiera eliminarse para 2009 y mantenerse una política de largo plazo de balance estructural, como se practica en la Unión Europea. De más está subrayar que grandes déficits fiscales permanentes no son aconsejables, pues hacen recaer su financiamiento sobre las generaciones siguientes o bien, como en el caso del enorme y persistente déficit fiscal norteamericano, financiado con los excedentes comerciales asiáticos y no sujeto a ninguna regla, se constituyen en un factor de perturbación de la economía mundial.
- ¿La reducción del peso del gasto público en la económica que usted cita tiene que ver con el tipo de estructura tributaria que se ha ido desarrollando en Chile, que como dice Mario Marcel, también ha implicado algunas perforaciones tributarias importantes, más los efectos de los TLC, de las franquicias tributarias?
- En efecto. Y no olvidemos la equivocada rebaja tributaria a los tramos más altos del impuesto a la renta promovida por el entonces senador Foxley y aceptada por el entonces ministro Eyzaguirre, como si no tuviéramos en Chile un enorme problema de desigualdad. Todas esas perforaciones, sin embargo, tuvieron en la disminución de la evasión promovida por el Presidente Lagos y más tarde en el royalty promovido por los partidos de la Concertación y luego por el gobierno (por mucho que su versión final, luego del rechazo de la primera versión por la derecha, haya salido bastante descafeinada) un contrapeso importante, aunque no suficiente.
- Al finalizar el artículo usted postula una relación gasto publico PIB de un 35%. ¿Esto implica necesariamente una reforma tributaria y qué sentido debería tener? ¿Aumento a las empresas y reducción a las personas?
- La tarea es ahora eliminar la mayor parte de las franquicias tributarias manteniendo la progresividad del impuesto a la renta -que algunos quieren eliminar a título de la simplificación del sistema, con la grave consecuencia de incrementar aún más las desigualdades respecto de los que tienen menos ingresos. Las personas en Chile, especialmente las más ricas, pero también las de ingresos medios altos, pagan comparativamente muy pocos impuestos, aunque siempre, claro, todo el mundo considera que los impuestos que paga son enormes y la aspiración de muchos es recibir bienes públicos de todo tipo sin pagar por ellos. No me parece justo ni eficiente disminuir los impuestos a las personas, sino que se debe hacer que todos los paguen en efectiva proporción a sus ingresos, con el tope de 40% actual para el tramo más alto. Mantengo esta postura aunque suene políticamente atractivo ir a un "flat tax", un impuesto parejo a las empresas y a las personas, para terminar con los mecanismos de elusión que persisten en utilizar muchos (vía sociedades de papel y otras yerbas). Una sociedad más segura, próspera e igualitaria tiene un precio: impuestos progresivos que todos debemos pagar. Lo otro es sumarse a los mecanismos de impuesto bajo y plano que han adoptado algunos países ex-comunistas, hoy reconvertidos al capitalismo salvaje (con muchos ex comunistas o asociados incluidos en esa reconversión, como a veces vemos también en Chile). Por otro lado, se debe aumentar el royalty de inmediato -como lo han hecho diversos países recientemente para beneficiarse como corresponde del incremento de los precios de las materias primas-, pues las utilidades de las empresas mineras privadas son escandalosas, habida cuenta que no se originan en su actividad, sino en el uso de un recurso que se ha encarecido gracias a China e India, que pertenece a todos los chilenos y que estamos regalando a los accionistas de las empresas mineras transnacionales. En 2006, estas estuvieron entre las empresas más rentables del mundo, con tasas de utilidad increíbles. Yo personalmente no entiendo la ausencia de debate público en Chile en la materia. Cuando uno plantea estos temas, propios del intercambio democrático, con frecuencia es descalificado con argumentos inverosímiles y emocionales. Y las desigualdades de las que tanto se habla y respecto de las que poco o nada se avanza -en Chile somos expertos en dobles discursos- siguen tranquilamente reproduciéndose día a día.

lunes, octubre 08, 2007

La reducción de la desigualdad

En La Nación de hoy se encuentra artículo "La reducción de la desigualdad".


TRIBUNA

La reducción de la desigualdad

Si nada se quiere hacer, es porque nada se quiere hacer para disminuir la desigualdad. Terminemos con los dobles discursos, declarémoslo con claridad y entonces que cada cual asuma su responsabilidad.


Desde la reciente campaña presidencial se ha hablado mucho sobre la necesidad de redistribuir los ingresos. Incluso un ex candidato perdedor forma hoy parte de la comisión que fue creada por la Presidenta Michelle Bachelet para hacer proposiciones en esta materia. Venimos arrastrando una persistente desigualdad de ingresos desde que en la década de 1970 se produjeron gigantescas transferencias de activos (contrarreforma agraria, privatizaciones) en beneficio de una minoría poderosa vinculada con la dictadura militar. La globalización de los mercados y varias crisis hicieron lo suyo, más tarde, para acentuar la concentración del capital productivo y financiero.
La más reciente encuesta Casen, cuya presentación oficial resulta algo confusa en sus criterios, revela una mejoría en la desmedrada situación chilena que es digna de destacarse. La distribución del ingreso autónomo por habitante entre el 20% más rico y el 20% más pobre -es decir, medida sin las transferencias públicas distintas de las pensiones- era de 19,7 veces en 1990 y de 21,3 veces en 2003. Se reflejó a esa fecha un deterioro en la distribución del ingreso primario (el que emana de la actividad económica) fruto del mal manejo de la crisis asiática y de sus efectos prolongados en el desempleo en nuestro país. Pero la buena noticia es que esta relación disminuyó a 19,3 veces en 2006.
La distribución del ingreso monetario o disponible entre el 20% más rico y el 20% más pobre -es decir, el ingreso que en definitiva está en manos de los chilenos- era de 18,4 veces en 1990 y de 18,9 veces en 2003. Estas cifras muy similares contrastaron con las del ingreso autónomo y reflejaron el buen impacto de una cierta focalización y expansión de los programas de transferencias monetarias. Aquí, de nuevo, la buena noticia es que esta relación disminuyó de manera importante a 16,5 veces en 2006, reflejando, probablemente, la mejoría en el empleo y en las transferencias a los más desfavorecidos.
No obstante, esta cifra sigue dejando al desnudo la enorme brecha de ingresos que todavía persiste (para no hablar de aquella en la posesión de activos productivos, que es aún mucho mayor). Cuando las cifras oficiales morigeran este dato sin considerar los ingresos por habitante (que es la variable pertinente, pues las familias más pobres son más numerosas y el mismo ingreso tiene que alimentar más bocas) o bien introduciendo de modo sólo parcial algunos gastos y recaudaciones públicas, equivocan el camino. La realidad hay que enfrentarla desnuda para poder actuar sobre ella y modificarla.
Hagamos un ejercicio simple con los datos de la Casen 2006: si por la vía tributaria y mediante subsidio directo se redistribuyera adicionalmente 5% del ingreso monetario disponible por habitante de los que pertenecen al 20% más rico hacia los que pertenecen al 20% más pobre, la relación entre sus ingresos promedio pasaría de las 16,5 veces mencionadas a 8,6 veces, es decir una cifra como la de EEUU (aunque este país no es de los más igualitarios si consideramos las 3,8 veces de Finlandia y Japón y las cuatro veces de Noruega y de Suecia).
En dinámica, este tipo de redistribución (que debiera organizarse desde los muy ricos a los que no tienen capacidad de ganarse la vida -niños, ancianos, discapacitados- o posibilidades de hacerlo debido a que están desempleados o enfermos) según los liberales plantearía un problema de incentivos que disminuiría el crecimiento. Esto no está probado en absoluto más que en sus dogmas, y debe dejar de ser un obstáculo mental, que es el que básicamente nos impide avanzar a una sociedad más igualitaria. La resignación es el mal nacional por excelencia de esta época de pragmatismos y dogmatismos mediocres.
Lo que nadie objetaría, pues no admite ningún problema de incentivos, es crear un fondo de redistribución de una parte de los excedentes del cobre que gastara sus intereses sólo para este fin, simplemente porque se declara prioridad nacional atacar directamente la desigualdad. A los fondos de estabilización y de reservas de pensiones ya creados por la Ley de Responsabilidad Fiscal, se podría agregar este fondo de redistribución en una ley de responsabilidad social, voluntad política mediante. El precio del cobre todavía más alto a lo previsto podría alimentarlo de modo significativo, en especial si se modifica el royalty que resultó ínfimo ante las increíbles ganancias que acumulan las mineras privadas con un recurso que es de todos los chilenos.
Si nada se quiere hacer en esta materia, es porque nada se quiere hacer para disminuir la desigualdad. Y, en ese caso, terminemos con los dobles discursos, declarémoslo con claridad y entonces que cada cual asuma su responsabilidad frente a la oportunidad histórica que se nos presenta con la prolongación de la bonanza del cobre.

domingo, agosto 26, 2007

Entrevista con La Nación Domingo



“No creo que Lavín esté comprometido con la equidad”


En La Nación Domingo aparece una entrevista sobre tópicos variados. Haga click aquí.

lunes, agosto 06, 2007

Invitación a presentación de libro

Viernes 10 de agosto a las 12.30 hrs Biblioteca de Santiago

domingo, julio 15, 2007

Paradojas

En el diario La Nación del 15 de julio se publica la columna Paradojas que comenta que siendo este el peor momento de opinión pública para el gobierno, es también aquel en el que se constata el fracaso de la estrategia opositora. Y también se toma nota de la paradoja que significa que en un momento económico espectante, la opinión sobre la conducción económica es especialmente negativa.

martes, julio 03, 2007

La Segunda

"Me pareció necesario solidarizar con él". Con esas palabras, el ex timonel PS Gonzalo Martner explicó su decisión de reunirse el viernes pasado -junto a un grupo de socialistas entre los que también estaba Alejandro Navarro- con Zaldívar para manifestarle su apoyo.
A juicio de Martner, en el oficialismo "no se puede perseguir a nadie... Y aquí hay gente que está dedicada a perseguir". Añadió que "los asuntos políticos se tratan políticamente y no con medidas disciplinarias", pues en la Concertación "nos debemos respetos mutuos".
En ese sentido, si bien afirmó no compartir las críticas del senador colorín hacia Ricardo Lagos, el ex timonel PS aseguró que "Adolfo es parte del apisaje concertacionista desde sus inicios y no se le puede ahora pasar al Tribunal Supremo por ejercer su derecho a opinar".
Advirtió que "es un mal síntoma para la Concertación" el que se pase a alguien al Tribunal Supremo por tener opiniones distintas. "Si gente muy distinta fuimos capaces de juntarnos en la Concertación, en sus inicios, no veo porqué hoy no podemos respetar esa diversidad", aseguró.
Consultado si no se expone a críticas en su propio partido por defender a Zaldívar, Martner fue enfático en que "soy una persona libre, que piensa y dice lo que quiere".

domingo, julio 01, 2007

La Nación Domingo

Gonzalo Martner, ex timonel PS

"Lagos no debiera dejarse afectar por las expresiones bastante agresivas de la derecha contra su figura y su gobierno, y debe seguir sirviendo a Chile como lo ha hecho toda su vida, manteniendo una cierta prescindencia para no interrumpir el gobierno de Michelle Bachelet. Debe prepararse para las siguientes etapas políticas y lo que viene en el post Bicentenario, donde él tiene mucho que decir".

- ¿Qué le parece que se le haya criticado por hacer pataletas al defender su gobierno?
Mire, a la gente que tiene carácter la acusan de tener pataletas, pero son episodios sin importancia. A mí me gusta la gente con carácter.

domingo, mayo 13, 2007

El debate sobre la reforma a las pensiones



En los próximos días el debate sobre la reforma provisional entrará en tierra derecha. Las autoridades del ministerio de hacienda informan que la reforma al sistema de pensiones, que constituye conceptualmente un gran avance y que incluye la nueva pensión básica garantizada y subsidios especiales a las mujeres y a los jóvenes, tendría un costo del orden de 1% del PIB en régimen de pleno funcionamiento.
Debe hacerse notar en primer lugar que esta reforma va a implicar que movilizará menos recursos que el gasto en pensiones militares, que es de 1,3% del PIB.
En segundo lugar, cabe también hacer notar que esta reforma va a movilizar mucho menos recursos que los que en promedio se vienen gastando en pensiones desde 1981. Según los propios datos de la Dirección de Presupuestos, el déficit previsional del sector civil financiado por el Estado entre 1981 y 2004 representó en promedio un 4,3% del PIB. El gasto en 2006 en pensiones (déficit operacional del sistema civil y bonos de reconocimiento) es de 3,7% del PIB y en 2010 sería de 3,2% del PIB, evidenciando una caída. En el período reciente empieza a notarse el efecto que provoca el que vaya disminuyendo el número de pensionados en el sistema antiguo. Se viene generando desde mediados de esta década una cada vez mayor holgura fiscal en materia de pensiones.
¿Se usarán estos recursos para el nuevo sistema de pilar solidario? No está previsto que sea así. En efecto, según el Informe Financiero del proyecto de ley de reforma su costo sería en 2010 de US $ 500 millones, menos del 0,3% del PIB, prolongando además la entrada en vigencia del beneficio hasta el 2017. Se trata de una novedad en las prácticas financieras del Estado: se fija un beneficio para siete años después de terminado el actual gobierno, en circunstancias que en Chile el gasto público se establece año a año y no corresponde anticipar decisiones de otros gobiernos.
Resultado: al final del gobierno de la Presidenta Bachelet se gastaría menos (3,5% del PIB) en pensiones que a su inicio (3,7% del PIB), lo que resultaría curioso para una prioridad presidencial. Recordemos que las reformas de educación y de salud involucraron en su momento un aumento de 1% del IVA en cada caso.
De imponerse el particular criterio enunciado por las autoridades del ministerio de hacienda, la sociedad chilena, en medio de una fuerte transición demográfica, va a disminuir sustancialmente el esfuerzo en gasto en pensiones civiles, lo que resulta francamente inexplicable.
Existen indudables dificultades de implementación que hacen comprensible una transición para llegar al 60% de la población con la pensión básica garantizada. Pero un calendario anual de incremento de la cobertura hasta 2010 (y no el 2017, como está previsto) por tramos es factible y con montos mayores al anunciado, pues los recursos están disponibles. En cambio, la reforma prevé una sustancial reducción del esfuerzo público en pensiones en largo plazo, lo que parece al menos incongruente con la promesa presidencial y con la necesidad de mejorar la distribución del ingreso.
Una reorientación de la reforma al sistema de pensiones debiera al menos incluir un acortamiento del calendario de entrada en vigencia al 2010, una pensión solidaria más alta (un criterio posible es que sea equivalente a un 80% del ingreso mínimo), el inicio del beneficio a los 60 años y no a los 65 para las mujeres, una participación de los empleadores en el sistema haciéndose cargo del pago de la prima de invalidez y sobrevivencia y una disminución de la incertidumbre en las pensiones contributivas, eliminando el sistema de retiro programado y estableciendo tasas de reemplazo con rangos mínimos y máximos, además de asegurar a través de licitaciones de cartera y una regulación de las cotizaciones la caída drástica de los cobros de administración de las AFP, que las tienen entre los negocios más rentables de Chile y el mundo a costa de los trabajadores chilenos.


Más antecedentes en usach
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Ilustración de Cecilia Martner

lunes, abril 30, 2007

El desafío del largo plazo



El Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (GICC), creado en 1988 por Naciones Unidas, hará público esta semana en Bangkok un informe que precisará los medios que pueden emplearse para mitigar el efecto invernadero.
Esta reunión es la tercera del año. De las dos primeras emergieron las siguientes conclusiones : en primer lugar, está prácticamente establecido (con una probabilidad de 90% contra 66% en el informe de 2001) que el ser humano está directamente en el origen del recalentamiento del planeta; en segundo lugar, esta evolución podría generar hambrunas, sequías, olas de calor y aumento del nivel del mar (entre 18 y 59 centímetros de aquí a fin de siglo).
La previsión es alarmante, según los científicos, que advierten que un aumento por encima de los 2 grados llevará a la desaparición de aproximadamente el 30% de las especies. De aquí a 2080, hasta 3,2 mil millones de personas estarán expuestas a la escasez de agua severa y 600 millones al hambre en razón de las sequías y de la degradación y salinización de los suelos. Cada año, de dos a siete millones de personas adicionales podrían verse expuestas a inundaciones en las costas y en los grandes deltas de Africa del Oeste, de Asia o del Mississipi. En nuestro país, disminuiría el régimen de lluvias y cambiarían fuertemente nuestra agricultura y nuestros bosques del sur.
Si no se toman medidas de control, las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta habrán aumentado entre un 25% y un 90% en 2030 respecto al nivel de 2000. El sector energético, el agrícola y los bosques destacan como idóneos para tomar medidas, mientras que el transporte presenta más dificultades.
Según algunos escenarios, el crecimiento del PIB mundial podría beneficiarse con el manejo de las emisiones, pues se trata de una actividad que podría tener un fuerte potencial económico en las próximas décadas. El economista británico Nicholas Stern, afirmaba en un estudio de 2006 que actuar desde ya tendría un costo de 1% del PIB mundial. El informe Stern compara los costos de no actuar contra el cambio climático a los asociados con las dos grandes guerras y la crisis económica del 29 y los cuantifica en una reducción del bienestar equivalente a una rebaja del consumo medio por persona de entre el 5% y el 20%.
Una gran lección del informe Stern es que, por un lado, la lucha contra el cambio climático puede derivar en grandes oportunidades económicas y que, por otro lado, es factible descarbonizar la economía mundial para hacerla compatible con la estabilización del clima, manteniendo el crecimiento. En el caso del cambio climático, Stern recomienda: (1) el establecimiento de un precio al carbono para que los agentes se enfrenten a los costos sociales totales de sus acciones; (2) la puesta en marcha de políticas de apoyo al desarrollo urgente de tecnologías bajas en carbono; (3) la eliminación de barreras a los cambios, motivando a todos para que aprovechen las oportunidades en el marco de la eficiencia energética y, (4) la puesta en marcha de políticas de adaptación para aquellos impactos que no podrán ser evitados. Finalmente, ofrece una valoración económica de la actuación pública, elemento crucial para saber si es mejor el remedio que la enfermedad. Y aquí está otro de los grandes mensajes de Stern: los beneficios de la toma de fuertes y urgentes medidas contra el cambio climático superan ampliamente los costos de no hacerlo.
Nuestro país debe mirar más al largo plazo. Los debates del día a día, las restricciones del aquí y ahora y la ausencia de instituciones que se ocupen del futuro, no han permitido elaborar una agenda del 2020 y del 2050 que aborde los desafíos, entre tantos otros, energéticos y ambientales. La excepción ha sido el tema previsional, que aborda por definición el largo plazo y considera el dramático cambio demográfico que estamos viviendo en Chile y nos obligará a un esfuerzo mucho mayor que el previsto si queremos permitirle una vida decente a los adultos mayores en este siglo 21. Llegó tal vez el momento de volver a preocuparse también de la prospectiva, de la planificación y del legado que dejaremos a nuestros hijos, incluyendo nuestra contribución como chilenos a la contención del cambio climático.
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Ilustración: Vitral de Cecilia Martner

jueves, abril 05, 2007

Un regalo innecesario



El tercer paquete de medidas del actual Ministro de Hacienda incluye la depreciación instantánea de activos por dos años. Esta modificación resultará en una menor recaudación tributaria durante los años 2008-2010 de 540 millones de dólares. En comparación, el costo del reajuste de las pensiones más bajas realizado en 2006 fue de 181 millones de dólares al año y el gasto previsto en el proyecto de ley de reforma previsional es de 81 millones en 2008, 302 millones en 2009 y 492 millones de dólares en 2010, mientras el de la ley de subvención preferencial es de 305 millones al año. Este empujón tributario a las empresas que invierten es entonces de alto costo en el corto plazo en comparación a las principales iniciativas sociales del gobierno. Las presiones para la mantención del mecanismo más allá de lo previsto serán probablemente muy altas.
El efecto de la depreciación instantánea dependerá de cuánto incida el menor pago de tributos en la rentabilidad global de los proyectos de inversión de las empresas. Si incide poco, como es lo más probable, las empresas seguirán con el cronograma inicial y con un incremento de rentabilidad en el corto plazo. Una observación somera a las utilidades de las sociedades anónimas en 2005 y 2006 revela que este no es precisamente un problema para la economía chilena.
El problema que enfrenta la autoridad económica es una brusca desaceleración de la inversión en 2006, la que venía sosteniendo tasas de crecimiento especialmente elevadas y contribuyendo al crecimiento agregado de modo decisivo en 2004 y 2005. A la inversa, el freno brusco de la inversión –pasando de tasas de dos dígitos a tasas de un dígito- incidió en el débil crecimiento de 2006. Lo más probable es que ese proceso se haya debido a una renovación generalizada de maquinarias y capital fijo por el grueso de las actividades productivas, luego de un largo período de recuperación de sus ventas y producción. La inversión tiene un ciclo que le es propio y que no se verá alterado de modo importante por la mecánica de la depreciación inmediata.
El argumento de un eventual efecto multiplicador de la aceleración de las inversiones en la economía (que se argumenta en este caso compensaría entre 70% y 80% de su efecto neto), se parece mucho al de los adeptos de la llamada “curva de Laffer” (las rebajas de impuestos reactivan la economía permitiendo recaudar más impuestos) que ha inspirado a diversas administraciones conservadoras en EE.UU. Su resultado ha sido un estruendoso fracaso y el más alto déficit fiscal de la historia.
Será la inversión minera y energética la principal beneficiada por este mecanismo fiscal. Esto se ve refrendado por la información sobre los principales proyectos de inversión en curso: los proyectos mineros El Morro (US$ 1.380 MM); Pascua (US$ 1.301 MM); Desarrollo Los Bronces (US$ 761); Proyecto Gaby (US$ 706 MM) y Mina Esperanza (US$ 695 MM); las centrales hidroeléctricas Energía Austral (US$ 700MM) y Río Puelo (US$ 650 MM); las líneas de transmisión de XI región a la Zona Central (US$ 614 MM), entre los más importantes.
En el caso de la actividad minera, lo más probable es que no se modifiquen mucho los calendarios de inversión, pues están sujetos a restricciones técnicas, y que la depreciación instantánea constituya un regalo en el corto plazo a unas pocas grandes empresas y en el largo un crédito subsidiado sin justificación económica. Este beneficio fiscal va directamente en la orientación contraria a la aplicación del royalty desde el punto de vista recaudatorio. En el caso energético, es también muy poco probable que haya modificaciones en el calendario de inversiones.
Se trata de un regalo tributario que apunta a apurar los proyectos en carpeta para 2007 y 2008, con poca probabilidad de lograrlo, y no a mejorar el desempeño de la inversión en el largo plazo, dada la duración de la medida, ni pretende transformar en rentables proyectos que no lo eran. Se trata de una medida muy cara e inútil, que contrasta con la ausencia de financiamiento de tantas otras prioridades.
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Ilustración: Trabajo en vidrio de Cecilia Martner

martes, marzo 27, 2007

¿Porqué ardió París?


En los tiempos recientes ha ido ampliándose el debate sobre el tipo de sociedad que los chilenos queremos construir hacia el futuro. La Presidenta Bachelet ha planteado caminar hacia un Estado de bienestar moderno, lo que ha sido rebatido por nuestros neoliberales con los argumentos libremercadistas ya demasiado conocidos. En estos días ha aportado lo suyo el diputado de derecha sueco de origen chileno Mauricio Rojas. Dice que ha venido a explicarle a la Presidenta Bachelet porqué ardieron los suburbios de Paris hace poco tiempo atrás: el Estado de Bienestar constituiría una pesada carga para el crecimiento y el empleo.
En primer lugar, el estallido en los suburbios franceses se explica básicamente porque un gobierno de derecha disminuyó los sistemas de apoyo y los subsidios al trabajo de acción social de organismos gubernamentales y no gubernamentales en los lugares en que se concentra la inmigración. Países con impuestos tan o más altos que los de Francia, no han visto emerger ningún estallido social recientemente, entre otras cosas porque han contado con gobiernos que llevan adelante una exitosa política económico-social de integración.
En segundo lugar, no basta con mostrar un par de gráficos para demostrar que impuestos altos generarían poco crecimiento y empleo. Es importante precisar algunas relaciones de causalidad: si un país crece aumentando menos el empleo que otros, no quiere decir que está en decadencia sino todo lo contrario: está aumentando su productividad. Así, Francia es el país de mayor productividad por hora trabajada en el mundo, superior a EE.UU., país que sin embargo genera más riqueza agregada porque se trabaja más días en el año por trabajador. ¿Qué es preferible, trabajar más por menos dinero con menos derechos o tener ingresos algo inferiores porque se trabaja menos, con amplios derechos sustentados en una alta productividad? Las democracias de los respectivos países han ido dando su respuesta en el tiempo, con un “modelo norteamericano” y un “modelo francés” igualmente, grosso modo, eficientes pero uno mucho más desigual que el otro. Los chilenos mientras tanto estamos entre los que más trabajamos en el mundo, pero con baja productividad y bajos ingresos para los que tienen menos y muy altos para unos pocos, injustificadamente.
Joel B. Slemrod y Jon Bakija, con datos de 1950 a 2002, demostraron que los períodos de fuerte incremento de la productividad ocurrieron cuando las tasas marginales del impuesto a la renta superiores eran más altas y que, en promedio, los países de más altos impuestos son los más ricos, contrariamente a lo que sostienen los neoliberales como el diputado Rojas
[1]. Y escuchemos a Vito Tanzi y Howell Zee, del FMI: “la evidencia empírica sobre la relación entre tributación y crecimiento es mucho más débil que lo que la teoría hubiera llevado a uno a esperar”[2]. La noción de que los impuestos hieren el desempeño económico es sólo eso: una noción sin evidencia que la sustente. Y el costo de ignorar la experiencia a favor de postulados de fe puede ser alto: déficit fiscal, decaimiento de la infraestructura, inadecuada inversión en investigación, educación y salud. Y por tanto a la larga menor crecimiento. Y mucho menor equidad. Tiene razón entonces la Presidenta Bachelet al invitarnos a tener más y no menos protección social.
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[1] Joel B. Slemrod y Jon Bakija, Taxing Ourselves: A Citizen's Guide to the Great Debate over Tax Reform, The MIT Press, 2004.
[2] Vito Tanzi y Howell H. Zee, “Política fiscal y crecimiento a largo plazo”, Revista Internacional de Presupuesto Público, nº 38, 1998.


* Acuarela de Carlos Martner

martes, marzo 20, 2007

¿Qué pasó con el modelo económico neoliberal?

En buena hora se va ampliando entre nosotros el debate sobre la política económica seguida desde 1990 y su capacidad de revertir el modelo neoliberal de Estado mínimo, mercado máximo, desregulaciones y privatizaciones heredado de la dictadura. Para que se entienda mejor el texto anterior publicado en este blog, entrego este texto que es parte también de mi libro Remodelar el modelo de próxima publicación.
En el campo económico y social la situación es más opaca. ¿En qué hemos avanzando, en qué no, porqué? ¿En qué medida ha habido cambios en el “modelo neoliberal chileno” heredado de la gestión autoritaria de 1973-1989[1]?
El tránsito a la democracia debía dar lugar, en el diseño original de sus promotores, a una nueva estrategia de crecimiento con equidad alternativa al modelo neoliberal sustentada al menos por la amplia mayoría de la coalición de centroizquierda constituida por la Concertación de Partidos por la Democracia, expresada en su oferta programática. Esto ha sido controvertido por los neoliberales chilenos y por diversos autores que se sitúan a la izquierda de esta coalición, que sostienen la tesis de la continuidad con el modelo neoliberal de la dictadura.
Modelo neoliberal chileno hubo desde luego entre 1973-1989, que para solaz de los Chicago boys nacionales fue precursor de la aplicación de las ideas de sus inspiradores Milton Friedman y Friedrich Von Hayeck, y que provocó graves perjuicios para Chile, su Estado y su sociedad civil, así como para la situación socioeconómica de los desposeídos, de gran parte de los sectores medios y de no pocos empresarios. Sostendremos por nuestra parte que temas como la apertura al exterior (que se puede hacer de muchas maneras pero se realizó hasta 1989 con daño innecesario al tejido productivo) o los equilibrios macroeconómicos (que durante el período de dictadura se buscaron con políticas de choque recesivas o con enfoques equivocados como la fijación del tipo de cambio) no necesariamente tienen que ver con el modelo neoliberal y si con estrategias económicas basadas en el interés general. Y sostendremos que las políticas redistributivas seguidas no han tenido la fuerza suficiente para superar la situación de exclusión en que vive una cuarta parte de la población chilena, razón por la cual la estrategia económica puesta en práctica ha logrado crecimiento pero no la equidad necesaria, manteniendo un modelo de desarrollo híbrido.

¿Validación del modelo neoliberal?
Es de destacar, no obstante la mayor lentitud desde 1998, el éxito en materia de crecimiento. El crecimiento del período 1990-2006 ha sido el mayor de la historia económica reciente, al punto que Chile es, según las estimaciones del FMI para 2006, el país de América Latina de más alto ingreso por habitante (con 8 570 dólares, a comparar con los 2 409 dólares de 1990, año en el que Chile se situaba en sexta posición, detrás de Argentina, Uruguay, Brasil, México y Venezuela) y el único del continente que ha acortado distancias con los países industriales en el período reciente.
La postura de varios de los creadores del modelo neoliberal chileno ha sido la de intentar apropiarse, sin mucha elegancia, de los éxitos económicos posteriores a 1990. En palabras del ex ministro de economía de Pinochet Pablo Baraona, no ha habido cambios ni podría haberlos: “los socialistas de todos los colores han aprendido que en el mundo no se puede hacer otra cosa, sino seguir estas líneas centrales de apertura comercial, equilibrio fiscal, libertad de precios y ojalá pocas empresas públicas(...) Con todo lo que a Aylwin no le gustaba este sistema, se lo tuvo que tragar completo”[2].
Pablo Baraona desarrolla la tesis de la victoria en toda la línea del enfoque neoliberal: “es cierto que subieron los impuestos en 4% del PIB en estos 15 años, pero esos son gajes del oficio, mañana puede llegar otro que los baje. Yo opino que las regulaciones son excesivas y la más importante de todas es la inflexibilidad en el mercado laboral, pero estamos discutiendo en otro peldaño, no en la base del modelo”[3].
De modo similar, pero más defensivamente, se han expresado los grandes empresarios, por ejemplo a través de Hernán Somerville: “aprendiendo lecciones del pasado, logramos en los ’90 hacer un compromiso constructivo para mirarnos al futuro con moderación, incluso de mucha gente renunciando a sus legítimas posiciones. Logramos aceptar (sic) las reformas del gobierno militar y perfeccionarlas con un hilo de continuidad a través de un diálogo público y privado ejemplar. Hay que ir ajustando el modelo, pero si se me habla de cambiar los fundamentos, el no es tajante”[4].
Sergio de Castro, ex ministro de hacienda y responsable de una de las recesiones más profundas de la historia económica chilena (la de 1982-83, catástrofe solo comparable a la que provocaron sus colegas Chicago-boys en 1975 y a la de Argentina 20 años después), mantiene la línea de la apropiación pero revelando más claramente su convicción real: “siempre he dicho y seguiré diciendo que el gran mérito del gobierno de Aylwin fue precisamente validar el modelo, porque al leer todo lo que publicaba CIEPLAN, eran incendios contra la política económica”, para luego añadir que “se ha perdido el culto a la eficiencia, lo que para un economista es crucial (…), se han aprobado una serie de leyes por motivos políticos más que técnicos, específicamente en el campo laboral, donde me parece una cosa casi perversa. Todos saben que esas cosas le hacen mal a los trabajadores y sobre todo a los más pobres y, sin embargo, se aprueban, como la ley que reajustó excesivamente el salario mínimo en 1998. Con todo esto se va perdiendo la competitividad chilena”[5]. Y agrega a mayor abundamiento: “debieran haberlo (el salario mínimo) eliminado hace mucho tiempo (...) y con flexibilidad laboral absoluta”[6]. Todo esto dicho por quien tiene seguramente ingresos no una sino varias decenas de veces superior al ingreso mínimo, y que propone que este sea aún inferior a su nivel actual, no precisamente demasiado elevado, para “aumentar la competitividad”...
Los defensores de las ideas neoliberales parecen intentar en realidad “validar” su propia reivindicación ante la sociedad, después de no haber sido aceptadas por la mayoría de los ciudadanos (véase las candidaturas presidenciales de Hernán Buchi en 1989, de José Piñera en 1993 y Joaquín Lavín en 1999-2000 y 2005, todos ellos economistas neoliberales colaboradores de la dictadura militar), sobre la base de oponer a su enfoque el fantasma de la planificación centralizada y la estatización de los medios de producción. Todo lo que no sea reinvidicar, en términos actuales, algo así como el “modelo norcoreano”, los neoliberales chilenos lo consideran una victoria de sus ideas, como si no hubiera en el mundo, y en Chile, una vasta gama de idea económicas distintas de las de los coreanos del norte y las de ellos, y de modelos de desarrollo económico que combinan Estado, mercado y sociedad de variadas formas, con resultados considerablemente más exitosos que los que se empeñaron en imponer mediante los procedimientos criminales de una dictadura. Y al mismo tiempo que se atribuyen los éxitos desde 1990 en materia de materia de crecimiento, rechazan las regulaciones laborales y tributarias establecidas, como si estas no fueran parte de la política que condujo a los resultados que reivindican para sí.
Desde el otro lado del espectro ideológico, se ha enunciado la tesis del transformismo. De acuerdo a Tomás Moulián, las políticas seguidas desde 1990 serían una especie de engaño premeditado de los que han gobernado el país en democracia para mantener la continuidad de lo que llama la “fase constitucional” de la dictadura después de 1980: “la actual coalición no ha creado un proyecto, más bien administra con expertise el diseño de modernización del Gobierno militar, marcado por el sello neoliberal”[7]. En la misma vena, Gabriel Salazar y Julio Pinto señalan de manera perentoria: “es un hecho que en materia de estrategias de desarrollo, los gobiernos de la Concertación han optado por mantener el curso adoptado por la dictadura”, excepción hecha de “una mayor sensibilidad frente a las inequidades sociales[8]”.
Guillermo Larraín, en un análisis más complejo y desde la coalición de gobierno, tiende a darle razón a esta interpretación. En efecto, caracteriza a lo que denomina genéricamente el modelo chileno como una síntesis que entiende en definitiva armónica y satisfactoria de tres componentes: 1) la herencia del régimen militar, que considera mucho más reducida que la que se autoadjudican sus autores [“en el plano conceptual su aporte fue la reforma de la seguridad social, las privatizaciones y la desregulación (...) y en el plano práctico (...) llevó a cabo no sólo aquellas reformas que conceptualmente creó, sino otras cuya necesidad era clara desde hace un par de décadas”, agregando que “el paradigma de esto es la apertura de la economía, la cual se pretendió hacer sucesivamente en los gobiernos de Ibáñez, Alessandri y Frei, pero todos fracasaron”]; 2) las políticas de los gobiernos democráticos desde 1990 y 3) las ideas de Aníbal Pinto y Jorge Ahumada, que entiende inspiraron tempranamente “la apertura comercial, la tecnificación de la política económica, el control presupuestario y la estabilización inflacionaria y financiera” [9]. Se trata de una suerte de ecumenismo de amplio espectro que, puede conjeturarse, no necesariamente identificaría a unos y otros de los convocados a semejante síntesis, lo que nunca sabremos pues Ahumada y Pinto fallecieron hace ya mucho tiempo. Pero sobre todo ¿quien con un poco de criterio profesional se va a oponer a la intención de tecnificar la política económica o de controlar el presupuesto o la inflación? Son pocos los economistas chilenos, o de cualquier parte del mundo, que se opondrían a algo así, con lo que pierde especificidad toda discusión sobre modelos económicos. En suma, la inespecificidad inconducente de las tesis de la gran complicidad o de la gran síntesis ecuménica no nos hace avanzar mucho en la respuesta a la pregunta sobre la continuidad y cambio en materia económico-social en Chile desde 1990.
Una tesis en este sentido es la que desarrolla Manuel Castells al establecer la distinción entre lo que denomina el paso de un modelo liberal autoritario excluyente a un modelo liberal democrático incluyente[10]. Sin embargo, como veremos, la dimensión de inclusión ha encontrado límites importantes, por lo que esta descripción no refleja, o al menos no aún, las realidades prevalecientes en Chile. Por lo demás, es propio de los modelos económicos liberales no ser incluyentes, pues se oponen al Estado Social, aunque el entorno político en el que se desenvuelvan haya mutado del autoritarismo a la democracia. Recordemos a Bobbio: aunque el liberalismo conciba al Estado tanto como Estado de derecho como al mismo tiempo Estado mínimo, existen Estados de derecho que no son mínimos (por ejemplo el Estado Social contemporáneo) y también existen los Estados mínimos que no son Estados de derecho.
Ernesto Ottone y Carlos Vergara, por su parte, prefieren referirse no ya a modelos antitéticos de desarrollo presentes en la historia económica chilena reciente, sino a la “experiencia chilena” desde 1990, con sus componentes de política pública orientadas al crecimiento y a la equidad[11], lo que de alguna manera elude el debate.
En la economía académica actual se emplea la noción de “modelo” como algo distinto de un ideal a alcanzar o un conjunto sistemático de políticas económicas orientadas en una dirección, que son las acepciones del lenguaje cotidiano en la materia. La “corriente central” de la economía convencional recurre con frecuencia a modelos en tanto estilizaciones altamente abstractas, en que a partir de supuestos conductuales básicos de los agentes económicos (maximizadores de utilidad, en particular) se realiza una o varias construcciones de encadenamientos lógicos. Estas construcciones están basadas necesariamente en simplificaciones, las que con frecuencia son sin embargo poco realistas, pues suponen que las prácticas efectivas de los agentes económicos resultan de un cálculo racional orientado a optimizar resultados. Y esto es harina de otro costal, aunque subrayemos que las conductas socioeconómicas suelen ser más complejas que estas simplificaciones, que denotan juicios de valor no fundados, mientras las estimaciones econométricas que a veces las acompañan no validan con demasiada frecuencia sus predicciones. Este es el caso de muchos modelos de estimación del crecimiento, de modelos de impacto del gasto público y la tributación, de modelos de impacto de las regulaciones salariales y así sucesivamente, como se hará notar en diversas partes de este texto.
Siguiendo un método histórico-analítico, el más recomendable en economía, Robert Boyer y Michel Freyssenet, nos guían por el derrotero de la especificidad en materia de desarrollo económico. Distinguen en el siglo XX no menos que unos ocho modos de crecimiento de la economía. Lo hacen considerando que el ingreso nacional puede ser principalmente dinamizado: 1) por la inversión, 2) por el consumo interno 3) por las exportaciones, y además consideran 4) la forma de distribución de ese ingreso, 5) las maneras de manejar las incertidumbres en el mercado de bienes y de capitales y 6) el uso de la fuerza de trabajo. Distinguen también modelos productivos a nivel de la empresa según 1) la política de producto, 2) la organización productiva y 3) la relación salarial[12].
A pesar de la amplitud de las distinciones ofrecidas por estos autores, que nos llevaría un largo trecho describir aquí en su totalidad, ninguna permite encasillar cabalmente nuestro actual “modo de crecimiento”, aunque el modo de crecimiento desigual y rentista que identifican describe bastante bien aquel prevaleciente en Chile durante 1974-1989, pero no así la evolución posterior[13].
Pero si seguimos la filosofía de estas distinciones, definiremos para nuestros propósitos un modelo de desarrollo como una modalidad de interacción estable entre las estructuras políticas y un modo de crecimiento económico, asociado éste a un modo de asignación de recursos y a un modelo productivo de organización predominante de las empresas y las relaciones salariales. Nuestra noción de modelo de desarrollo incluye entonces el entorno institucional (democrático o autoritario y sus variantes), el modo de crecimiento (con sus diversas combinaciones posibles en las fuentes dinamizadoras del ingreso y en su distribución), el modo de asignación de recursos (en el mercado de bienes y en el mercado de factores) y el modelo de empresa prevaleciente.
Esto nos lleva a diferenciar “estrategia” de “modelo”, en tanto la primera (conjunto de políticas orientadas en una dirección determinada) puede ser congruente para mantener un modelo desarrollo, o proponerse modificarlo, lo que solo es posible si tiene la extensión en el tiempo requerida y la intensidad suficiente, o bien, alternativamente, puede no lograr alterar el modelo vigente si su extensión es limitada y su intensidad es baja.
La estrategia neoliberal consagró en Chile con los medios de una dictadura un modelo de desarrollo autoritario y desigual en el período 1973-89, que incluyó un modo de crecimiento basado en las exportaciones, que deprimió el consumo promedio y el gasto público, que deterioró la distribución del ingreso y el consumo, que desreguló el mercado de bienes y estableció una relación salarial desregulada y un modelo de empresa hiperconcentrado.
Este dejó de existir no porque terminó el autoritarismo, mudando simplemente a un modelo de desarrollo democrático-neoliberal, sino porque una estrategia de crecimiento con equidad de baja intensidad cambió el modo de crecimiento a nivel de las fuentes de dinamización del ingreso (inversión y consumo), aunque no su distribución, reguló algo más el mercado de bienes y modificó solo en parte el modelo productivo a nivel de la empresa. Por ello no es posible considerar, a su vez, que esté en vigencia un modelo de desarrollo democrático igualitario (con mejor distribución del ingreso, mayor regulación del mercado de bienes, de capitales y del trabajo conducente a más cohesión social) como el que desearía la mayoría de los componentes de la coalición que ha gobernado desde 1990, sino un modelo de desarrollo democrático híbrido.
En efecto, Chile ha podido obtener un crecimiento de su economía del orden de 5% anual en promedio desde 1990, sin graves recesiones (con excepción de la de 1999), lo que le ha permitido más que duplicar el ingreso por habitante, contrastando con toda la historia económica de Chile en el siglo XX. Esto no puede atribuirse al modelo autoritario-neoliberal, pues aunque evidentemente no se ha adoptado un sistema de planificación central de precios y cantidades, ironías aparte, la política macroeconómica se ha alejado de los ajustes automáticos y las políticas que inciden en los mercados de factores han alterado sus parámetros previos, como lo subrayan los economistas ortodoxos de la Universidad de Chicago antes citados. Subrayemos que el crecimiento en el período en que estuvieron a cargo de la economía no fue ningún milagro, contrariamente a lo que sostienen sus propagandistas y que los impulsa a intentar apropiarse de lo que vino después: alcanzó en promedio solo cerca de 3% anual, es decir una cifra inferior a la del período democrático previo a 1973 (3,8% entre 1940 y 1970), y sustancialmente inferior a la etapa democrática actual (cercano al 6%). Si milagro hay, aunque en economía no hay milagros, es el del crecimiento desde 1990, que es casi el doble del obtenido por el régimen militar en un período similar de tiempo.
Respecto a como se descomponen las fuentes de ese crecimiento por el lado de la demanda, la evidencia se resume en el cuadro 1, la que muestra que el modo de crecimiento ha sufrido alteraciones significativas. Entre 1973 y 1990 el crecimiento fue dinamizado por las exportaciones y la inversión, mientras en promedio el consumo de los hogares y del gobierno permaneció estancado, especialmente desde 1982, con consecuencias negativas para el bienestar de una mayoría de la población que vio caer su nivel de vida de manera dramática en las crisis de 1975 y de 1982-83.

Cuadro 1
Variación anual del Gasto del PIB (%), 1974-2005
Componentes del gasto del PIB
1974-1981
1982-1989
1990-1999
2000-2005
Gasto en Consumo Final de Hogares
3,3
-0,1
5,6
4,6
Gasto en Consumo Final de Gobierno
1,7
0,1
3,2
3,7
Formación Bruta de Capital Fijo
9,6
6,2
5,6
9,5
Exportaciones de Bienes y Servicios
12,7
8
9,3
6,4
Fuente: Banco Central de Chile, valores a precios constantes en base 1977 hasta 1985, base 1986 en 1985-2000 y base 1996 en 2000-2005.

En cambio, a partir de 1990, el crecimiento empezó a ser dinamizado también por el consumo de los hogares, que ha experimentado una mejoría considerable al crecer a una tasa incluso levemente superior a la del PIB, en contraste con su estancamiento previo (promedio que escondía una regresión en el consumo de los hogares más pobres durante la severa crisis de 1982-83), generando un patrón de comportamiento más equilibrado entre los grandes componentes de la demanda agregada. El consumo de gobierno también se recuperó en democracia, pero con tasas de expansión promedio modestas e inferiores al crecimiento del gasto global.
Mientras la inversión crecía menos, a precios constantes, que las exportaciones entre 1973 y 1990, y también en la década de 1990, desde el año 2000 la formación de capital se incrementa a un alto ritmo anual promedio, superior al de las exportaciones, manteniendo el consumo de los hogares un buen ritmo de crecimiento. La salida de la crisis de 1999, lenta y dificultosa, se ha encaminado a reforzar el peso de la demanda interna en la dinámica económica, aunque se mantenga un buen ritmo de expansión exportadora.
En sus trazos gruesos la estrategia de crecimiento con equidad ha tenido como resultado un importante crecimiento promedio acompañado de un mejoramiento de la magnitud y del impacto de las políticas sociales, imposibilitadas sin embargo hasta ahora de alterar los parámetros distributivos lo que, como veremos, mantiene a una proporción significativa de la población en una condición de exclusión social severa[14]. No obstante, esta estrategia logró contener en Chile la regresión distributiva que se ha observado en América Latina de manera generalizada en la década de 1990. Este es un logro que contrasta además con el sistemático deterioro distributivo ocurrido en 1973-1989.
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[1] Amén de una abundante literatura al respecto, el tema de los cambios impuestos después de 1973 está tratado en Gonzalo D. Martner, Gobernar el mercado. Las nuevas fronteras del Estado en el siglo 21, LOM Ediciones, Santiago, 1999.
[2] Pablo Baraona, entrevista en La Tercera, 23 de octubre de 2005.
[3] Pablo Baraona, ibid. El cambio a la base 1996 de las Cuentas Nacionales y el cambio de metolodolgía de las cuentas presupuestarias implicó un recálculo del peso de los ingresos y gastos públicos, por lo que los datos de un incremento de 4% de la carga tributaria se redujeron a 2%, como se menciona más adelante.
[4] Entrevista a Hernán Somerville, presidente de la asociación empresarial Confederación de la Producción y el Comercio, El Mercurio, 23 de octubre de 2005.
[5] Sergio de Castro, entrevista en La Tercera, 23 de octubre de 2005.
[6] Sergio de Castro, entrevista en La Segunda, 21 de octubre de 2005.
[7] Tomás Moulián, op.cit., p.75.
[8] Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporánea de Chile¡ Volumen III, op.cit., p.61.
[9] Guillermo Larraín Ríos,Chile Fértil Provincia. Hacia un Estado liberador y un mercado revolucionario, Random House Mondadori, pp 38-43.
[10] Manuel Castells, Globalización, desarrollo y democracia, Fondo de Cultura Económica, Santiago, 2005.
[11] Ernesto Ottone y Carlos Vergara, Ampliando Horizontes. Siete Claves Estrátegicas del Gobierno de Lagos, Editorial Debate, Santiago, 2006.
[12] Robert Boyer y Michel Freyssenet, Les modèles productifs, Editions La Découverte, Paris, 2000.
[13] Describamos dos de estos ocho modos de crecimiento para tenerlos como referencia negativa y positiva. En primer lugar, el modo de crecimiento desigual y rentista sería, de acuerdo a nuestros autores, el que corresponde a muchas economías periféricas y se caracteriza por un crecimiento dinamizado por las exportaciones de materias primas o de productos agrícolas y por una distribución de los incrementos de renta fuertemente desigual y con tendencia al clientelismo, con una evolución del mercado interno fuertemente cíclico y con condiciones legales de producción sometidas a cambios frecuentes. En segundo lugar, el modo de crecimiento coordinado y exportador organizado, que corresponde al de Alemania y Suecia desde los años cincuenta, sería aquel que se apoya en la exportación de bienes y servicios suficientemente especializados como para no poder ser objeto de competencia vía precios. La distribución del ingreso nacional se realiza en este caso en función de las ganancias de este tipo de competitividad, de manera nacionalmente coordinada y poco jerarquizada, con predominio de los segmentos medios y superiores a raiz de sus altos salarios. El trabajo, por su parte, estaría caracterizado por una gran estabilidad en el empleo, una importante proporción de asalariados calificados, sindicatos poderosos y cooperativos y una protección social desarrollada.

[14] Respecto de la sustentabilidad ambiental de este esfuerzo, cabe señalar que, sin perjuicio de los fundamentos de política ambiental creados desde 1990 frente al absoluto vacío existente previamente en la materia, ha prevalecido en buena medida el aserto equivocado según el cual un mayor crecimiento permitiría más tarde abordar políticas efectivas de conservación, lo que constituye esta área en una tarea pendiente, especialmente en la creación de normas de uso de recursos naturales y de emisión y sobre todo la vigilancia de su cumplimiento, muchas veces inexistente o precario.

lunes, marzo 19, 2007

El modelo

Próximamente será editado por LOM mi libro Remodelar el Modelo. De ahí extraigo estas líneas.
Afirmar que en Chile se lleva adelante una continuidad neoliberal, con un Estado que ha cambiado sustancialmente su tamaño absoluto y en una proporción modesta su peso relativo desde la recuperación democrática en 1990, que ha pasado desde el signo de la disminución al del incremento de su rol, no refleja la realidad de los hechos. Las grandes inversiones sociales y en infraestructura (con una no ortodoxa cooperación público-privada) no se habrían realizado con gobiernos neoliberales, y eso marca una diferencia sustancial con la trayectoria anterior a 1990.
Valga una observación: no porque una opción no tenga la intensidad y velocidad suficientes de aplicación de acuerdo a parámetros exigentes, entonces estaríamos en presencia de la opción contraria. Estamos simplemente en presencia de una opción que va en una dirección con una intensidad y/o velocidad que no permite avanzar sino con lentitud respecto a metas distributivas de alta exigencia. No es lo mismo tomar la carretera al norte que la carretera al sur, no obstante se vaya lento. Aunque quien se encamina al sur a paso de tortuga terminará preguntándose cual es el sentido de ir al sur...
En efecto, más allá de las intenciones de sus responsables, la estrategia de crecimiento con equidad o con igualdad, según las versiones de 1990 o de 2000, no logró constituirse en un modelo de desarrollo establemente integrador (que cumpla entre otras con la condición de no ser fácilmente desmontable por un cambio de coalición gobernante: un modelo de desarrollo es tal cuando, entre otras cosas su reversibilidad es costosa), en tanto no ha logrado disminuir suficientemente los niveles de exclusión social y no cuenta aún con los contrapesos suficientes al predominio avasallador del capital concentrado en pocos conglomerados dominantes en los principales mercados, logrado con considerable éxito por las reformas posteriores a 1974. La estrategia seguida, como conjunto más o menos ordenado de políticas que se orientan en una misma dirección, no ha consolidado aún un nuevo modelo de desarrollo entre otras cosas porque, así como se han desarrollado políticas orientadas a la equidad, no se han modificado lo suficiente otras que se orientan en un sentido contrario. En efecto, el desarrollo reciente no es caracterizable, de acuerdo a lo argumentado, como la “continuidad neoliberal”, sino como el resultado de una reconfiguración que combina una pesada herencia, especialmente en materia de exclusión social, (que induce una suerte de path dependency, de dependencia de la trayectoria) con modificaciones de esa herencia en variados aspectos que dan lugar, si de modelística se trata y simplificando el argumento, a un “modelo híbrido”, con simultáneamente componentes de capitalismo salvaje y de Estado social.
¿Cual de esos componentes prevalece y sobre todo prevalecerá sobre el otro en el futuro? Materia de discusión, llamada a perdurar si se prolonga el empate político en el país, o a evolucionar, si ese empate se desanuda, hacia una trayectoria de transición a un modelo crecientemente incluyente de desarrollo o a sufrir una regresión hacia el modelo neoliberal de Estado mínimo, mercado máximo y sociedad civil dispersa, socialmente polarizador, como el que conocimos hasta 1990. Esta segunda transición, además de la político-institucional, a un “modelo de desarrollo democrático igualitario”, supondrá una mixtura de más alta intensidad entre mayores grados de ciudadanía social y políticas públicas explícitamente igualitarias. Mientras, convengamos que la sociedad chilena es hoy heterogénea y fragmentada y está en muchos sentidos todavía desconcertada frente a un incremento de expectativas de bienestar, especialmente de las nuevas generaciones, y frente a la carencia de sentidos fuertes que acompañen los procesos de cambio que experimenta. Mantener la actual “configuración híbrida” consagraría un fuerte déficit de cohesión social, en un país persistentemente dominado por oligarquías económicas concentradas y poderosas y que funcionaría de modo cada vez más desigual y polarizado, fruto de las múltiples velocidades entre ganadores y perdedores de la dinámica económica que el mercado librado a su suerte inevitablemente trae consigo.

lunes, enero 08, 2007

Insistencia: La nueva agenda de modernización del Estado

La derecha, siempre igual a sí misma, no encontró nada mejor que, por voz de Cristián Larroulet y varios de sus personeros, proponer, a propósito del tema de la corrupción, que se coloque "en el mercado un 30% de las acciones de empresas públicas", empezando por CODELCO. En 2006, el excedente fiscal de CODELCO es del orden de 7 000 millones de dólares. Con la receta de Larroulet hubieran ido a parar a manos privadas 2 100 de esos millones, y no a todos los chilenos. Sigue estando claro que la derecha y el interés general no van juntas. Y los chilenos, sabiamente, siguen rechanzándola encuesta tras encuesta.

Pero de nuestro lado no todo anda bien.

La constatación por la Contraloría General de la República del uso incorrecto e ilegal de recursos en un organismo público de alto impacto social como es Chiledeportes y de irregularidades en las rendiciones de cuentas de algunos candidatos en las elecciones del año 2005, incluyendo un ex postulante al cargo de Presidente de la República, crearon, al sumarse a episodios anteriores, un fuerte y en muchos sentido deprimente impacto mediático. Por momentos pareció que el país se derrumbaba bajo el peso de una corrupción generalizada. Sin embargo, por los mismos días, Chile aparecía en el listado de Transparencia Internacional en la mejor posición de América Latina en materia de probidad y la número veinte en el mundo. ¿Con cual de las dos imágenes quedarse?

Existe un lamentable pero explicable interés de utilización partidista de los temas de corrupción. Esto genera una profusión de acusaciones que no ayudan a separar la paja del trigo. A ello se suma la hipersensibilidad ciudadana sobre el tema, lo que habla de la persistencia de un rechazo genérico a la política, pero sobre todo habla muy bien de los valores cívicos imperantes en el país, que no tolera que sus autoridades públicas desvíen los recursos colectivos para fines particulares (personales o partidistas), ni el tráfico de influencias, ni el clientelismo. Es muy probable que la arbitrariedad reinante en el mundo de las actividades privadas, los abusos de poder que se originan en los privilegios que provienen del dinero, acrecienten, con justa razón, la demanda del ciudadano común por honestidad intachable en el uso de los recursos públicos. Pero siendo la lucha contra la corrupción como andar en bicicleta (si no se pedalea, la caída es inevitable), hay que pasar del justo alegato a la acción permanente, persistente y pertinente, dejando atrás la tentación de tomar medidas histriónicas que duran tanto como su anuncio mediático o la descalificación al voleo que tanto daño le hace a las instituciones públicas y quienes muchas veces con gran sacrificio se desempeñan en ellas.

Nadie puede garantizar que entre centenares de miles de funcionarios públicos, miles de directivos y centenares de responsables del uso de recursos fiscales o de la aplicación de regulaciones, no haya quienes realicen actos corruptos, cediendo a la codicia. Tampoco algo así se puede garantizar que no ocurra en el sector privado, o en las organizaciones sin fines de lucro de variada índole. Lo que si el gobierno –y los responsables de cualquier organización que administra recursos de otros- puede y debe hacer es garantizar una actitud: perseguir sin demora y con todo el peso de las normas internas y de la ley todo acto de desvío para fines particulares de los recursos de los demás. A ello debe agregarse, porque entre otras cosas suele involucrar recursos muy cuantiosos, el castigo de todo trato de privilegio respecto de intereses privados a cambio de dinero o de favores presentes o futuros, grandes o pequeños, y cualquiera sea su motivación. Nunca debe haber excusa para conductas reñidas con el interés público.
El gobierno desde el primer momento puso todos los antecedentes en manos de los tribunales y de los fiscales que investigan los hechos cuestionados. La Presidenta declaró su auténtica indignación. Pero sobre todo, las medidas propuestas por el grupo de asesores de la Presidenta Bachelet y los anuncios aún más audaces realizados por ella el 23 de noviembre de 2006 van en la adecuada dirección de dar un salto en la calidad de nuestra democracia.

Más transparencia

Si el parlamento aprueba lo planteado por la Presidenta, se avanzará en asegurar mejor la publicidad de los actos públicos de toda índole, con énfasis en las compras estatales y en las asignaciones directas. Junto a revalorizar la virtud cívica, reemplazada en las últimas décadas por el desembozado predominio del afán de lucro, el mejor remedio es y seguirá siendo que muchos ojos miren la actividad pública, aunque haya quienes consideren que se rigidiza la gestión de gobierno, o que se abren espacios para la antigua costumbre nacional de acusar sin fundamento, de la que pocos se privan. Sin embargo, a la larga se gana más de lo que se pierde.
De esta manera, si todo avanza bien, se logrará disminuir las “oportunidades de corrupción” y, en especial, terminar con la asignación discrecional de recursos (sin reglas de asignación, sin concursos, sin decisiones colegiadas, sin rendición de cuentas, sin expresión de causa). Se requiere vigilar con extremo celo las licitaciones, lo que se fortalecerá con el mejoramiento de los sistemas de control anunciado por la Presidenta, aunque falta precisión respecto del área municipal, donde las licitaciones de recolección de basura y otros servicios urbanos dejan mucho que desear, por decir lo menos. A esto cabe agregar la amplia publicidad que debe darse de aquí en adelante a las autorizaciones de actividad privada y a las fijaciones tarifarias, que tienen enfrascadas al Estado chileno en múltiples juicios por cientos de millones de dólares con algunas empresas reguladas que buscan todos los resquicios posibles para incrementar sus utilidades a costa del consumidor.

Se trata de terminar con el clientelismo, de pasar de la discrecionalidad a las reglas ¿Porqué no acudir además a la sociedad civil, estableciendo, junto a la mayor transparencia de las decisiones públicas anunciada, Comités de Usuarios que sean habilitados, además de los organismos oficiales de control, para revisar procedimientos y decisiones en cada órgano público, especialmente los que gestionan fondos concursables o directamente asignables? Ya existen experiencias de Comités de Usuarios, como en el nuevo mecanismo del Seguro de Desempleo aprobado en 2002.

Reemplazar el favoritismo por el mérito en el nombramiento de cargos públicos

La igualdad de acceso a los cargos públicos es un principio democrático que ha perdido fuerza en Chile, o que más bien nunca tuvo mucha fuerza en un Estado tradicionalmente prebendario. No olvidemos que ya formaba parte de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa de 1789. Permítasenos citar parte de su artículo 6, respecto del cual hay poco que agregar para fundar la sana doctrina democrática en la materia: “La ley es la expresión de la voluntad general. Todos los ciudadanos tienen derecho a concurrir a su formación personalmente o a través de sus representantes. Debe ser la misma para todos, ya sea que proteja o que castigue. Todos los ciudadanos, siendo iguales a sus ojos, son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según su capacidad y sin otra distinción que la de sus virtudes y de sus talentos”.

La violación del principio de igualdad ante la ley, que incluye la igualdad de acceso a los empleos públicos, provoca universalmente en el mundo moderno la mayor de las irritaciones ciudadanas contra los gobernantes y es el factor principal de su deslegitimación, que en determinadas circunstancias arrastra la de la democracia en su conjunto (“que se vayan todos”).

En democracia, los gobernantes son elegidos, o debieran serlo, para llevar a cabo un programa de acción. Para ello deben poder trabajar en los puestos de liderazgo del gobierno con colaboradores de su confianza, en el sentido que comparten el mandato popular de realizar un programa y están exclusivamente motivados por su realización, nombrados discrecionalmente (y siendo en todo momento removibles) por el jefe de gobierno de cara al público. Estos deben poder disponer de pequeños equipos de apoyo técnico y político que expresamente entren y salgan con ellos de los gabinetes de los ministerios. El informe de los expertos convocados por la Presidenta hace proposiciones muy pertinentes en este sentido.

El resto de los empleos públicos, en una democracia moderna, debe ser de carácter profesional, no sujeto a discrecionalidad y menos a persecución política. Para ello se inventó el sistema de plantas, en el que los funcionarios no pueden ser removidos sino por mal desempeño, y en ningún caso por sus opiniones o convicciones. Y el ingreso y los ascensos deben realizarse mediante evaluaciones objetivas, anónimas, basadas exclusivamente en el mérito y no en el pago de favores o la constitución de clientelas. Este último es el camino más directo al desvío de recursos públicos, a la ineficiencia y la mediocridad en detrimento del mandato de servir a los ciudadanos.

Asegurar normas objetivas de acceso y promoción interna, con una cultura de la evaluación permanente de los recursos humanos, debe hacerse además sin la arbitrariedad constituida por los miles de cargos a contrata y honorarios, que son una de las fuentes principales del clientelismo que se ha instalado en nuestra administración. Los planteamientos de la Presidenta van en el buen sentido, al redefinir de manera drástica el uso de personal a honorarios, pero no avanza lo suficiente en materia de contratas. Debe recalcarse que el Estatuto Administrativo señala como norma general que en cada servicio público no más del 20% de los recursos humanos debe ser a contrata, lo que es materia de modificación cada año en la Ley de Presupuestos en muchos casos. ¿Porqué no obligar en lo sucesivo a cada responsable público a una justificación anual exhaustiva frente al parlamento de la derogación de la regla general? Ahí hay una tarea para el parlamento, que debiera atreverse a rechazar la actitud cómoda de los responsables de las finanzas públicas que no se hacen cargo de esta dimensión de la profesionalización de la función pública bajo el falso principio de la flexibilidad y de la economía, que suele transformarse a larga en despilfarro por el exceso de discrecionalidad que lleva al abuso y al pago de favores.

El cuerpo de funcionarios debe ser reclutado mediante estricto concurso de oposición, anónimamente, con movilidad horizontal. Su función debe ser ejecutar eficazmente las políticas impulsadas por la autoridad que responde ante los ciudadanos y contribuir técnicamente a su diseño. Por tanto su carrera no debe llegar hasta la cima de la jerarquía estatal, salvo que cuente con la confianza presidencial, cima que debe ser ocupada por las razones expuestas por personas mandatadas directa o indirectamente por la soberanía popular. Los funcionarios de carrera deben poder trabajar con gobiernos de un signo u otro, siempre que sean competentes (en este sentido el alegato por aumentar los embajadores de carrera realizado por funcionarios mediocres del Ministerio de Relaciones Exteriores ingresados en medio de la arbitrariedad militar no tiene fundamento).

La consecuencia de esta afirmación es que se debe restringir drásticamente en Chile los cargos de confianza política y limitarlos a no más de unas 300 posiciones directivas (con sus respectivos colaboradores directos). Y en esto el informe de los expertos avanza positivamente en algunos criterios.

Hagamos un poco de historia. Hasta diciembre de 1989, y desde 1973, todos, léase bien, todos los cargos de la administración del Estado eran de exclusiva confianza de la autoridad presidencial. Bastaba un decreto del Ministro del Interior para la cesación en el cargo de cualquier funcionario. Los mismos que hoy son adalides de la profesionalización pública (duele un poco el estómago ver en una foto del periódico del 4 de diciembre de 2006 al ex Ministro del Interior Cáceres junto al Ministro Ferreiro discutiendo sobre administración pública) practicaron cuando eran funcionarios de la dictadura las mayores arbitrariedades…hasta que dictaron al terminar su gestión ilegítima un estatuto que después de 17 años le daba a los funcionarios la más completa inamovilidad, con excepción del primer (ministros y subsecretarios) y segundo (unos 700 jefes de división y equivalentes) niveles de la administración. Se dejó además en suspenso todo mecanismo de calificación, lo que hubo que corregir en el primer gobierno democrático, con excepción de los profesores, lo que se hizo solo recientemente.

Por esta razón, el entonces Presidente electo Patricio Aylwin solicitó a la feneciente junta militar, y obtuvo de ella, una modificación de la ley del Estatuto Administrativo para que el tercer nivel (los del orden de tres mil jefes de departamentos) fueran también de exclusiva confianza presidencial, con garantías de continuidad funcionaria (“plantas paralelas”) para los desplazados del cargo. Lo que tuvo una justificación circunstancial, pues en realidad muchos de esos jefes de departamento no tenían las competencias necesarias y habían llegado ahí arbitrariamente, se transformó en un problema en el largo plazo: un espacio de oro para el clientelismo y para el sistema de pase partidario informal a la hora de nombrar a personas que debían cumplir funciones profesionales al servicio de los ciudadanos.

La Presidenta anuncia, en una buena decisión, que se ampliará los servicios con director reclutado por concurso y que un proyecto de ley distinguirá entre servicios cuya jerarquía máxima será concursable y otros en que lo será solo un segundo nivel. Esto va en la buena dirección, aunque es bastante discutible poner en un mismo plano por ejemplo la Casa de Moneda (cuyo compromiso con el programa presidencial no parece ser un requisito de buen desempeño) con la Dirección de Relaciones Económicas, que si requiere que su responsable no tenga una política exterior contradictoria con la del Jefe de Estado. O que los representantes de la pluralidad de Chile en el Consejo de Televisión se nombren por concurso…

Habrá que distinguir acuciosamente y con fundamento entre los servicios que definen políticas y los que ejecutan políticas cuyo directivo debe tener un compromiso con el programa de gobierno, que deben seguir siendo de confianza presidencial (y periódica rendición de cuenta ante el parlamento), y los de ejecución técnica. Allí habrá un papel para la deliberación parlamentaria.

Terminar con la intervención de la política por el dinero

Aunque a muchos ciudadanos de buena fe no siempre les guste reconocerlo, porque consideran ilegítimo el uso de recursos de todos para la actividad política, esta tiene un costo. De manera austera, ese costo debe ser cubierto por recursos públicos, y así evitar la influencia de los intereses económicos entre los legisladores, el pretexto para el desvío de recursos fiscales o el trato de favor a privados para financiar campañas. En esto se ha avanzado, pero debía prohibirse el inexplicable aporte legal de empresas a la actividad política y consagrarse que el incumplimiento de estas normas debe llevar a la pérdida inmediata del cargo para el que se ha sido elegido. Esto lo ha anunciado la presidenta como parte de sus medidas, lo que no estaba contemplado por los asesores, y revela su decidido liderazgo en la materia (que uno de ellos vinculado a la oposición impugnara a la Presidenta por hacerlo revela que hay quienes aún no respetan como se debe a la autoridad que emana de la soberanía popular). Veremos en el parlamento qué actitud toma la derecha en esta cuestión medular de su poder político: la representación del dinero en las instituciones, y un amplio subsidio para hacerlo. Ahí veremos si es sincera su actitud de mejoramiento de la democracia.

La oposición debiera entender que estos son temas a situar por encima del debate contingente, entregar ideas y prestar su apoyo para preservar lo que sigue siendo cierto: en Chile hay corrupción, pero esta es perseguida, socialmente castigada y constituye la excepción, no la regla. Y la Presidenta ha señalado con pertinencia una dirección hacia la cual caminar.

lunes, diciembre 25, 2006

Crónica de una manipulación

El domingo 17 de diciembre de 2006 apareció en el diario “El Mercurio” una entrevista mía, a solicitud del periodista Mauricio Carvallo, quien había tenido a lo largo del tiempo una actitud correcta en sus diálogos conmigo, basada en una larga conversación. Esta fue presentada mediante una gran titular en primera página, que en realidad era lo único que interesaba a ese medio, señalando:

“Martner: “Los partidos de la Concertación recibían recursos de gastos reservados”.

El Lunes 18 de diciembre “El Mercurio” titula, de nuevo en primera página:

“Martner remece a partidos de la Concertación al revelar que recibían gastos reservados”.

Y agrega: “El ex presidente del Partido Socialista (PS) Gonzalo Martner reafirmó ayer sus dichos expresados en una entrevista publicada el domingo en "El Mercurio", donde reconoció abiertamente el desvío de recursos fiscales, en particular gastos reservados, hacia los partidos de la Concertación”.

¿Cuáles fueron mis dichos, de acuerdo a la transcripción que amablemente me facilitó el periodista Carvallo?:
“P: Boeninger y Schaulsohn condenaron el desvío de fondos fiscales hacia el aprovechamiento político ¿Cómo lo ve usted, como PS?
—R: Aspiro a que el tema esté por sobre la contingencia, que las autoridades desarrollen conductas de plena probidad, que se respeten las normas y las leyes y que todos condenemos unánimemente la corrupción, es decir el desvío para fines particulares de los recursos del país.
—P: ¿En qué les da razón o discrepa?
—R: Comparto con Boeninger que de alguna manera se creó (porque nadie lo dijo explícitamente y reivindicó como tal) el estado de ánimo que, habida cuenta de que el poder del dinero estaba en la derecha, era muy difícil competir en las vías democráticas con un mínimo de igualdad. Y que entonces se justificó usar recursos públicos para financiar la actividad política de nuestras fuerzas. Esto sigue siendo en muchos sentidos efectivamente cierto, y no puede autorizarse ¡nunca! porque deslegitima la democracia.
“Pero no puedo estar de acuerdo cuando, al apoyar este argumento, Schaulsohn (a quien veo en un proyecto distinto a la Concertación) agrega que se creó una “ideología de la corrupción”. Ahí cruza una frontera. Una cosa es que condenemos no ser estrictos en el uso de los recursos fiscales, pero otra asegurar esto.
Ahora, cuando Jorge indica que los partidos de la Concertación recibían recursos de los gastos reservados está aludiendo a hechos ciertos. Éstos tuvieron una corrección en el tiempo: entre el 2003-04 gobierno y oposición reconocieron que restaba legitimidad al proceso democrático que, por una parte, sólo hubiera recursos financieros de los grandes empresarios y, por el otro — el nuestro— que se usaran, aunque fuera legalmente, los recursos reservados para los partidos de gobierno”.

Esto se transformó en la entrevista publicada por El Mercurio en una pregunta que no fue hecha y en un acomodo de la frase anterior:
“-P: Y usted corrobora que los partidos de la Concertación recibían recursos de los gastos reservados de los ministerios?”:
R: Sí, él aludió a hechos ciertos, etc”.

Por tanto, aparezco corroborando algo que ¡no me fue preguntado! De motu propio en la respuesta anterior, efectivamente condené el uso partidista de gastos reservados, lo que mantengo, no en base a la revelación de nada, sino en base a hechos de público conocimiento. Tenía en mente al hacer esta afirmación la denuncia, que en su momento me pareció verosímil, aunque no me consta ni podría constarme, y la investigación posterior por un juez en 2003, del uso de gastos reservados en una campaña interna del PPD en 1994, que generó gran debate público. Este hecho dio lugar en aquel momento político a una reforma de la ley en materia de gastos reservados, prohibiendo su uso en actividades partidistas, lo que no habrá escapado, supongo, a tanto parlamentario que en estos días me ha atacado en forma artera rasgando vestiduras con una hipocresía muy nacional, en circunstancias que ellos legislaron sobre un tema que estaba en debate para corregir, en buena hora, una regulación insuficiente.
En la entrevista hago una serie de consideraciones adicionales en cuanto a mi opinión sobre la legalidad del uso de gastos reservados para fines “entre otras cosas, de estabilidad social” y que “no deben financiar actividades político-partidistas, como se hizo”, “en montos francamente modestos, lo digo con conocimiento de causa”, aludiendo a mi observación directa por muchos años de las penurias del funcionamiento de los partidos democráticos, que con frecuencia han tenido dificultades “para pagar la luz”.
Reproduzco lo siguiente, también aparecido en la entrevista:
“P: ¿Eran los presidentes de los partidos de la Concertación quienes recibían este dinero?
R: No puedo responder por otros, sí por mí. Los presidentes del PS han sido o parlamentarios o, como en mi caso, personas que nunca recibieron un peso ni del partido ni del Estado (…).
Yo no he hablado en ningún momento de dineros públicos que hayan llegado al Partido Socialista.

Y mi opinión política sobre el tema, que mantengo plenamente, la señalé del siguiente modo: “Pero no nos confundamos: hubo prácticas que tuvieron cierta legitimidad en un momento, las que debían ser cambiadas y fueron cambiadas. Todavía tenemos en Chile personas corruptas, algunas de las cuales están en la actividad política, y la idea es que estemos vigilantes y con los mecanismos para echarlos de inmediato apenas los pillemos. Con el paso del tiempo y en ausencia de una política clara, sistemática, dura en la lucha contra el tráfico de influencias, el clientelismo y la corrupción, todo esto fue ganando terreno”. Estoy aludiendo, por supuesto, a los diferentes juicios en tribunales en la materia, que nadie en su sano juicio puede negar ni debería minimizar. Mis alusiones fueron siempre políticas y a hechos de público conocimiento, y no supuestas “revelaciones”. A los que han hablado de declaraciones “confusas” les pido que las lean y constrasten exactamente mis dichos con los titulares de diario, que parecen ser lo único que en realidad leen.
Mantengo también mi crítica a la derecha y a los empresarios (de los que mis contradictores no han hablado una palabra), al exceso de cargos no profesionales en la administración y la falta de regulación del lobby y de los conflictos de intereses. Todo esto lo hago desde mi condición de simple ciudadano que no habla a nombre de nadie y no ocupa cargo partidario ni público alguno y que se desempeña en el ámbito académico. A los que les molesten mis opiniones, no tengo nada que señalarles salvo que lo siento mucho, pero que vivimos en una democracia que nos costó enormes sacrificios reconquistar y que garantiza la libertad de opinión. Y las descalificaciones (desde el “tonto útil” de un senador al “gusano” de otro senador, entre tantas otras afirmaciones odiosas) las tomo como de quien vienen, simplemente. Por mi parte creo que lo válido es trabajar por una democracia que funcione mejor en Chile, para que le podamos legar a las nuevas generaciones un sistema político éticamente sólido, de convivencia civilizada y progresista, en el que crean y que valoren.
Pero es evidente que a “El Mercurio” le interesaba, como siempre, la manipulación de la información –créanme que me reprocho haber creído en la buena fe de un periodista de ese medio, olvidando en un momento de inadvertencia que El Mercurio en definitiva es lo que es- y en este caso abonar el triste y penoso intento de tapar su impotencia política actual con un desfile de figuras de la Concertación ante los tribunales. Debo confesar mi equivocada creencia de que ya es posible ir visualizando en Chile un debate público abierto y honesto, pues en realidad seguimos en el mundo de la manipulación, de la descalificación y del intento de castigar judicialmente a los que opinan. La buena fe no tiene lugar en el Chile de hoy. La política primitiva y arcaica tiene para mucho rato.
Y El Mercurio sigue con su rol nefasto de creación de un clima de intrigas y descalificaciones.
Y para muestra un botón, de El Mercurio del día de hoy 25 de diciembre: “El reconocimiento del ex Presidente de la República Patricio Aylwin en entrevista con "El Mercurio" de que durante su gestión autorizó el pago de sobresueldos a ministros con cargo a gastos reservados causó ayer impacto en el mundo político. Dirigentes de oposición sostuvieron que sus declaraciones confirman la existencia de irregularidades en el uso de dineros fiscales hacia fines electorales. Pero eso fue categóricamente negado por Aylwin. En la Alianza también señalaron que las palabras del ex Mandatario confirman los recientes juicios emitidos por otros personeros oficialistas, como Gonzalo Martner, Jorge Schaulsohn y Edgardo Boeninger”. De nuevo las verdades a medias y la eterna trama de la manipulación para tratar de generar en la opinión pública una idea falsa sobre supuestos “reconocimientos y revelaciones” de temas conocidos, abordados y corregidos legislativamente hace ya tiempo.
Como se ve, para la derecha y sus medios, no hay clima navideño que valga. Y habrá que hacer de tripas corazón y seguir cabalgando para poco a poco construir un país mejor, cada uno desde lo suyo y su propia manera de apearse.

viernes, diciembre 15, 2006

Viaje de estudios, columna La Nación

En la columna "Viaje de estudios" se hace un comentario sobre el tema de la flexibilidad laboral y otras yerbas.


Francisco Velasco Martner-Fragmentos

http://www.tell.cl/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=534&amp;amp;mode=thread&order=0&thold=0

viernes, diciembre 08, 2006

Entrevista en El Mostrador

Disidencia PS molesta con eventual pacto Escalona-DC por presidenciable por Susana Jaramillo, El Mostrador.
Hace algunos días, el timonel socialista habría tenido conversaciones con altos personeros de la falange para comprometer respaldo a una candidatura presidencial de ese partido para el 2009 y así mantener la unidad de la Concertación y permitir que la Presidenta Bachelet gobierne tranquila. Detractores internos del parlamentario cuestionan estos supuestos contactos. Después de que la actual senadora y líder de la Democracia Cristiana (DC), Soledad Alvear, bajara su candidatura presidencial hace más de un año debido a que su competidora, la socialista Michelle Bachelet, la aventajara en el porcentaje de apoyo popular, quedó establecido en diversos sectores de la falange que el próximo postulante único de la Concertación para el 2009 tenía que ser alguien de esas filas o de lo contrario sería complicado seguir en el mismo pacto. Más aún, tras dos gobiernos encabezados por figuras del bloque progresista de la coalición.
A nueve meses del gobierno de Bachelet esta postura no ha variado ni un ápice por parte de los democratacristianos e incluso cada vez que se tensiona la coalición, especialmente como ha ocurrido en el último tiempo por los escándalos de corrupción en diversas reparticiones públicas, aparece algún dirigente o parlamentario del partido de la flecha roja señalando la necesidad de que el próximo presidenciable del bloque debe ser de esa tienda por el bien y la permanencia de la Concertación. En el mundo PS, PPD y PRSD están muy conscientes de esta firme postura falangista.
Sin embargo, hay varios dirigentes que no comparten que se llegue a un acuerdo antes de tiempo cuando de aquí la 2009 puede cambiar el escenario político y quizás la ciudadanía se incline por tercera vez por un presidenciable de sus filas. Pese a esto, hay otros personeros del subpacto concertacionista que coinciden con sus socios falangistas y creen que para mantener vigente el conglomerado y preservar los equilibrios políticos es necesario que el próximo gobierno esté encabezado por un DC. Uno de ellos es el timonel socialista, Camilo Escalona, quien en las últimas entrevistas ha insinuado dicha postura política, al señalar, por ejemplo, que sería importante ir despejando desde ahora el tema de los presidenciables para eliminar posibles nubes negras en el horizonte de la coalición. En ese sentido, de acuerdo a fuentes bien confiables, hace un par de días, el senador por la Décima Sur habría tenido conversaciones con altos personeros de la falange, entre ellos con la propia ex canciller Alvear, una de las eventuales aspirantes presidenciales de dicha tienda, para manifestar que comparte la posición de esa colectividad. Incluso las mismas fuentes concertacionistas dijeron que Escalona ya habría comprometido el apoyo del PS para un candidato decé, pues la idea también es que se bajen las tensiones al interior del bloque de modo de asegurar que la Presidenta Bachelet pueda gobernar tranquila, ya que hasta el momento no solamente ha tenido problemas en la instalación de su administración sino que tampoco ha recibido un real respaldo del mundo parlamentario del oficialismo en temas claves (el caso de la nominación del contralor es el mejor ejemplo), y en especial de los decé. El Mostrador.cl trató de obtener una reacción frente a esta información de parte de Escalona, sin embargo el parlamentario socialista optó por no pronunciarse.
Mientras tanto, en el PS hay inquietud por el tema, pues sectores de la disidencia del partido, al ser consultados al respecto, expresaron temores y reservas. Uno de sus representantes, Gonzalo Martner, (quien encabeza la tendencia Nuevo Socialismo) dijo que hasta el momento el timonel no ha entregado información sobre estos supuestos contactos con los socios de pacto y, en caso de que esto fuera efectivamente así, esto sería muy negativo para la unidad de la Concertación.
Martner: “No se puede sustituir el pronunciamiento de la ciudadanía”
-¿Su sector tenía información de estas conversaciones y si es así, qué le parece?
-En primer lugar, no me consta si han existido o no esos contactos; sin embargo, si ello es así no ha sido tratado en ninguna instancia colectiva del PS y por ello no involucra en absoluto la opinión institucional. Además, es importante señalar que este tema ronda por varios años en orden a que para que la Concertación supere sus problemas haga una especie de reparto anticipado de periodos presidenciales, lo cual ha encontrado de parte de varios personeros del PS y del PPD un fuerte rechazo porque no se puede sustituir a los ciudadanos de una decisión tan importante respecto a quién quiere que gobierne desde el 2010.
-¿Pero si este compromiso significa mejorar las relaciones al interior del bloque y asegurar una mayor gobernabilidad, ello no tendría su cuota de validez?
-Yo creo que lo que no es válido es estar planteando prácticamente desde el primer momento de la gestión de la Presidenta la sucesión de ésta, eso es un grave error. Seguir insistiendo en ese tema me parece que no corresponde simplemente porque ésas no son las prioridades de los chilenos, sino que el país lo que quiere es que la mandataria pueda gobernar tranquila y que cumpla su programa. Por lo tanto, cualquier alteración respecto a candidaturas presidenciales lo que hace es generar tensiones innecesarias.
-¿El Presidente del PS debería dar a conocer estas supuestas conversaciones?
-En una entrevista reciente Escalona insinúa este punto de vista y habría que tratarlo en las instancias correspondientes y tomar una posición.
-¿Usted cree que el partido no estará de acuerdo con ello?
-Establecer este tipo de mecanismo al estilo colombiano, como se dio en el año '58, respecto a repartirse periodos presidenciales entre fuerzas políticas, significa que a lo menos se debería convocar al Congreso del PS para discutirlo, porque significa en el fondo sustituir el pronunciamiento de la ciudadanía y en definitiva ahí si que la Concertación perdería, porque la gente no tendría por qué acompañarnos en lógicas de acuerdos concertados entre cuatro paredes.
-¿El PS tendrá un candidato presidencial para el 2009?
-No lo sé. Eso se verá en su momento, pero lo que no puede impedir el PS es que la ciudadanía elija de manera democrática a quienes van a ser los candidatos a la Presidencia de la República. Eso se ve de acuerdo a las dinámicas políticas y esto se puede discutir después de las elecciones municipales de octubre del 2008, y para eso falta mucho. Mi postura es que nada de esto debe discutirse ahora, ya que no tiene sentido alguno. _____________________________________________

jueves, noviembre 30, 2006

Entrevista a Gonzalo Martner, El Mostrador

Durante reunión privada Disidencia PS pide a Escalona comprometerse a luchar contra la corrupción,
por El Mostrador.cl
Gonzalo Martner, ex presidente y representante de la tendencia Nuevo Socialismo, dijo que la idea es lograr que la directiva del partido se comprometa a combatir las prácticas irregulares en el servicio público. Además, negó que el sector opositor a la conducción haya pedido ingresar a la mesa. Una reunión para analizar el conflicto que hay en la Concertación por el escándalo de Chiledeportes y el caso del Programa de Generación de Empleos (PGE) de la Quinta Región, donde la Fiscalía de Valparaíso acusó a tres personeros de esa colectividad respecto al desvío de fondos públicos a campañas políticas, tuvieron el viernes pasado parte de la mesa directiva del Partido Socialista (PS) y dirigentes de la disidencia, encabezados por la diputada Isabel Allende. En la ocasión, según contó uno de los asistentes, Gonzalo Martner, del "lote" de Allende, quienes en las últimas elecciones internas sacaron casi un 40 por ciento de los votos, planteó la necesidad de que haya un compromiso real de la mesa directiva del PS contra la corrupción, considerando que las investigaciones en ambos casos siguen su curso y hay temor a que más personeros socialistas puedan ser involucrados en eventuales irregularidades próximamente.
“Nosotros planteamos con mucha fuerza y franqueza que aquí se requiere hacer una ruptura y establecer un antes y un después en cuanto al compromiso de una lucha común contra la corrupción y el clientelismo...", dijo Martner, recordando que en la ocasión se le entregó a la directiva de Camilo Escalona un código de conducta para los funcionarios socialistas. Consultado si durante el encuentro se planteó la necesidad de que la disidencia pueda ingresar a la mesa, Martner lo negó tajantemente, indicando que la voluntad de la tendencia “Las Grandes Alamedas” no es tener cargos en la conducción sino que lograr un compromiso real del presidente del partido para combatir la corrupción.
-¿Cuáles fueron las visiones que su sector planteó durante este encuentro, que fue un día después que el PS realizara su pleno del Comité Central el sábado recién pasado?
-Bajo la idea de que siempre es bueno dialogar, en especial, cuando hay una situación que es tan difícil, porque las bases políticas mismas de la coalición están en entredicho por una cuestión muy esencial que es la pérdida de legitimidad que tiene que ver con que se han incubado en estos años prácticas de clientelismo, tuvimos este encuentro. Ahora bien, consideramos que existe un cuadro muy crítico al interior de la Concertación, como es el caso del PPD, que es un partido cercano al PS, y también las tensiones que hay en la Democracia Cristiana. Ante eso nos pareció muy útil tener una conversación de evaluación de la situación y al mismo plantear con mucha franqueza y fuerza que aquí se requiere hacer una ruptura y establecer un antes y un después en cuanto a concretar un compromiso común de la lucha contra la corrupción y el clientelismo.
Código de conducta
-¿En ese sentido, entregaron una propuesta a la mesa?
-Entregamos una propuesta sobre un código de conducta que deben tener funcionarios socialistas, considerando también lo que pasó en la comisión política pasada, donde hubo un duro debate sobre el tema y se gestó un fuerte compromiso de todos en cuanto a las posibles sanciones que puedan recibir los eventuales involucrados.
-¿En esa conversación se vio la posibilidad de que el sector liderado por la diputada Allende pueda ingresar a la mesa del PS, considerando que también surgió el tema en el comité central pasado?
-Nosotros no estamos pidiendo nada, al contrario. Lo que estamos pidiendo es una conducta política porque ellos son la mesa y deben actuar. Lo que hicimos fue manifestar nuestra disposición a, si hay concordancia para ello, hacer del PS una fuerza que se comprometa de manera muy real en la lucha contra la corrupción y el clientelismo, clientelismo que le reprochamos a la actual mesa. Esta se comportó completamente clientelista, pues buscó copar espacios del Estado, y se lo dijimos francamente, no para el bien colectivo sino que para ocupar posiciones y ese es el cuestionamiento que hemos dicho: Mire, no nos queremos quedar en críticas, sino que queremos generar una dinámica de cambio y lograr lazos comunes para tener un compromiso sólido en esta materia y por lo mismo trabajemos juntos. Pero le hemos dicho también a la mesa que le corresponde a ella tomar la iniciativa que crea pertinente, si es que están dispuestos a asumir estos compromisos.
-¿En definitiva, la mesa está evaluando o no la posibilidad de incluirlos a ustedes en la mesa?
-No porque nosotros no lo hemos planteado. Nuestro tema es que el partido se comprometa a una lucha fuerte contra la corrupción y si ese compromiso existe, estamos dispuestos a todos los gestos unitarios que se nos pidan.
-¿Pero en el comité central del PS se vio el tema?
-Lo principal es hacer primero los compromisos y después vemos cómo los cumplimos entre todos juntos. Nosotros estamos dispuestos a dar señales de unidad si es que el compromiso contra la corrupción es fuerte del PS. Y si eso no es así nosotros vamos a luchar sin restricción porque aquí está en juego el honor del PS y su historia.

jueves, noviembre 23, 2006

Una proposición

Proposición de Código de ética para los titulares de cargos públicos pertenecientes al Partido Socialista de Chile


1. Los titulares socialistas de cargos públicos serán ante todo leales a los intereses públicos definidos por las instituciones democráticas.
2. Los titulares socialistas de cargos públicos velarán por que los recursos públicos de que sean responsables se administren de la manera más eficaz y eficiente y desempeñarán sus obligaciones y funciones con integridad, conforme a las leyes y las normas administrativas.
3. Los titulares socialistas de cargos públicos serán diligentes, justos e imparciales en el desempeño de sus funciones y, en particular, en sus relaciones con el público. En ningún momento darán preferencia indebida ni discriminarán impropiamente a ningún grupo o individuo, ni abusarán de modo alguno del poder y la autoridad que les han sido conferidos.
4. Los titulares socialistas de cargos públicos no utilizarán su autoridad oficial para favorecer indebidamente intereses personales o económicos propios o de sus familias.
5. Los titulares socialistas de cargos públicos no utilizarán indebidamente en ningún momento dinero, bienes o servicios públicos o información adquirida en el cumplimiento o como resultado de sus funciones públicas para realizar actividades no relacionadas con sus tareas oficiales.
6. Los titulares socialistas de cargos públicos acatarán las disposiciones establecidas con arreglo a la ley o a las normas establecidas con miras a evitar que una vez que hayan dejado de desempeñar sus funciones públicas aprovechen indebidamente las ventajas de su antiguo cargo.
7. Ningún socialista podrá ejercer influencias ante las autoridades públicas en favor de intereses económicos privados y los titulares socialistas de cargos públicos deberán rechazarlas en todo momento y circunstancia.
8. Los titulares socialistas de cargos públicos deberán, en consonancia con su cargo, y conforme a lo permitido o exigido por la ley, cumplir los requisitos de declarar o revelar sus activos y pasivos personales, así como, de ser posible, los de sus cónyuges u otros familiares.
9. Los titulares socialistas de cargos públicos no solicitarán ni recibirán directa ni indirectamente ningún regalo u otros favores que puedan influir en el desempeño de sus funciones, en el cumplimiento de sus deberes o en su buen criterio.
10. Los asuntos de carácter confidencial con incidencia económica de que tengan conocimiento los titulares socialistas de cargos públicos se mantendrán en secreto a menos que la legislación o las necesidades de la justicia exijan lo contrario. Tales restricciones seguirán siendo válidas tras el abandono de la función pública.

El incumplimiento, calificado por el Tribunal Supremo, de cualquiera de estas normas estará sometido a lo establecido en el Artículo 7 letra d) del Estatuto.

martes, noviembre 07, 2006

Distinciones necesarias


La constatación por la Contraloría del uso incorrecto e ilegal de recursos en un organismo público y de irregularidades en las rendiciones de cuentas de algunos candidatos en las elecciones del año pasado vienen creando, al sumarse a episodios anteriores, un fuerte y en muchos sentido deprimente impacto mediático. Por momentos, pareciera que el país se derrumba bajo el peso de una corrupción generalizada. Al mismo tiempo, Chile aparece en el listado de Transparencia Internacional en la mejor posición de América Latina en materia de probidad y la número veinte en el mundo. ¿Con cual de las dos imágenes quedarse?
Existe un lamentable pero explicable interés de utilización partidista de los temas de corrupción, pero ya no solo de la oposición sino, lo que es menos entendible, al interior de la propia coalición de gobierno y también al interior de la derecha. Esto genera una profusión de acusaciones que no ayudan a separar la paja del trigo. A ello se suma la hipersensibilidad ciudadana sobre el tema, lo que habla de la persistencia de un rechazo genérico a la política, pero sobre todo habla muy bien de los valores cívicos imperantes en el país, que no tolera que sus autoridades públicas desvíen los recursos colectivos para fines particulares (personales o partidistas), ni el tráfico de influencias, ni el clientelismo. Es muy probable que la arbitrariedad reinante en el mundo de las actividades privadas, las abusos de poder que se originan en los privilegios que provienen del dinero, acrecienten, con justa razón, la demanda del ciudadano común por honestidad intachable en el uso de los recursos públicos. Pero siendo la lucha contra la corrupción como andar en bicicleta (si no se pedalea, la caída es inevitable), hay que pasar del justo alegato a la acción permanente y persistente.
Lo primero es lo primero: nadie puede garantizar que entre centenares de miles de funcionarios públicos, miles de directivos y centenares de responsables del uso de recursos fiscales o de la aplicación de regulaciones, no se produzcan actos de corrupción bajo el imperio de la codicia, como tampoco se puede garantizar que no ocurra lo mismo en el sector privado. Lo que si el gobierno puede y debe hacer es garantizar una actitud: perseguir sin demora y con todo el peso de la ley todo acto de desvío para fines particulares de los recursos de todos o bien de trato de privilegio a intereses privados a cambio de dinero o de favores presentes o futuros, grandes o pequeños, y cualquiera sea su motivación. Nunca debe haber excusa para conductas reñidas con el interés público.
Lo segundo es eliminar de raíz la excusa de la motivación política: aunque a los ciudadanos no siempre les guste reconocerlo, porque consideran ilegítimo el uso de recursos de todos para la actividad política, esta tiene un costo. De manera austera, ese costo debe ser cubierto por recursos públicos, y así evitar el pretexto para el desvío de recursos fiscales o el trato de favor a privados para financiar campañas. En esto se ha avanzado pero debe prohibirse el inexplicable aporte legal de empresas a la actividad política. El incumplimiento de estas normas debe llevar a la pérdida inmediata del cargo que se ejerce.
Lo tercero es seguir disminuyendo drásticamente las “oportunidades de corrupción”, en especial, como me tocó personalmente hacerlo con los fondos regionales y municipales, terminar con la asignación discrecional de recursos (sin reglas de asignación, sin concursos, sin decisiones colegiadas, sin rendición de cuentas y expresión de causa) y vigilar con extremo celo las licitaciones, las compras públicas, las autorizaciones de actividad privada, las fijaciones tarifarias. Se trata de terminar con el clientelismo, de pasar de la discrecionalidad a las reglas ¿Porqué no acudir cada vez más a la sociedad, estableciendo comités de usuarios habilitados, además de los organismos oficiales de control, para revisar procedimientos y decisiones? Junto a revalorizar la virtud cívica, reemplazada por el desembozado predominio nuevo riquista del afán de lucro, el mejor remedio es: muchos ojos mirando la actividad pública, aunque haya quienes consideren que se rigidiza la gestión de gobierno, o que se abren espacios para la antigua costumbre nacional de acusar sin fundamento. A la larga, se gana más de lo que se pierde.
Lo cuarto es asegurar la igualdad de acceso a los cargos profesionales de la administración, mediante concursos anónimos basados exclusivamente en el mérito, restringir drásticamente los cargos de confianza política (que en democracia deben existir, pero en la cima de la jerarquía junto a colaboradores directos, es decir no más de 300 posiciones directivas) y asegurar normas objetivas de promoción interna, con una cultura de la evaluación permanente de los recursos humanos, pero sin la arbitrariedad constituida por los miles de cargos a contrata y honorarios, que son la fuente del clientelismo de nuestra actual administración.
La oposición debiera entender que estos son temas a situar por encima del debate contingente, entregar ideas y prestar su apoyo para preservar lo que sigue siendo cierto: en Chile hay corrupción, pero esta es perseguida, socialmente castigada y constituye la excepción, no la regla.

viernes, octubre 13, 2006

Entrevista a Gonzalo Martner, La Segunda

Por Miriam Leiva
El economista Gonzalo Martner, de la Fundación Chile 21, desmenuzó la información que entrega la autoridad sobre el proceso y el proyecto como tal de elaboración del Presupuesto para el próximo año. Y, al igual que LyD, cree que falta transparencia e información en ciertas áreas relevantes para conocer si están gestionando bien los recursos públicos.
  • "Acá hay una continuidad muy clara en la idea de construir un Estado de bienestar. Siento que no se ha recalcado lo suficiente el incremento de 16% en salud, lo que además se traduce en más infraestructura; el derecho extendido a todas las personas que cumplen los requisitos para obtener una pensión asistencial. En protección social estuvo bien, en las cinco áreas en que se enfocó quedan bien parados, hay un hilo conductor".
  • "Echo de menos más imaginación en el tema del desempleo porque ni siquiera hablan de incrementar el seguro. Es cierto que mantener el Fondo para dar 100 mil empleos con apoyo público es una cifra muy grande, pero se mantiene la duda de si estos subsidios sirven para generar más trabajo o simplemente para formalizar situaciones contractuales". "Me habría gustado que se potenciara, por ejemplo, la ubicación de un sector que preste servicios, como monitores en los colegios, que permitiría integrar a las personas que llevan mucho tiempo cesantes. Me habría gustado algo más importante. Chile no puede conformarse con tasas de cesantía superiores a 5%".
  • "La idea de entregar una beca para educación superior por mérito al 5% de los mejores alumnos de todos los colegios es un elemento equitativo e incitativo muy fuerte, es muy positivo".
  • "Es relevante el crecimiento de los recursos para innovación en Conicyt de un 34%, porque se necesita más plata para investigación y desarrollo. Si bien sería bueno evaluar el funcionamiento de estos programas, porque siempre hay situaciones que mejorar, nadie duda que es necesario potenciar esta área".
  • "Hay mucha dispersión en programas de fomento a las pymes. En lo relacionado con el turismo se ve la focalización porque se potenciarán programas para atraer extranjeros y las vacaciones de la tercera edad (26%), lo que es adecuado porque la m