jueves, 14 de noviembre de 2013

Chile y los cambios en China

Columna en El Mostrador

Con un nuevo equipo dirigente, bajo el mando de Xi Jinping, el III Pleno del 18 Comité Central del PC de China ha optado por mantener la continuidad del esquema de centralización política y se abocará a nuevas reformas económicas en materia de mercado de tierras y urbanización (en 2013 la distribución urbano-rural de la población alcanzó el 50%) y de mercado financiero, apuntando a ampliar el consumo de 1.300 millones de chinos. Los dirigentes chinos han señalado que estas reformas serán tal vez tan importantes como las de 1978 y 1993, decisivas para la apertura con Deng Xiaoping y el desarrollo de la “economía socialista de mercado” con Jiang Zeming. Habrá un menor énfasis en las exportaciones y en la inversión en infraestructura, que ha alcanzado proporciones inéditas en la historia económica y cambiado la faz de China, fuertemente estimulada con el plan anticrisis de 2008, el mayor del mundo con un 7% del PIB. Se apuntará a un crecimiento que dejará de ser de 10% anual como en los últimos treinta años y se ubicará en un rango del orden de 7-8% anual en la próxima década, como ya ha ocurrido en 2013.

La diferencia es que en 1980, con su 2% de participación en la economía mundial, un crecimiento de 10% en China era menos importante que una expansión de 1% en Estados Unidos. Con el 16% del PIB mundial a paridad de poder de compra en 2014, China estará cerca de alcanzar el 19% de Estados Unidos y el 18% de la Unión Europea, lo que ocurrirá en todo caso antes de 2020. Con el de India, explicará el 50% del crecimiento global en los próximos años. Un ejemplo del actual impacto mundial de China en los mercados de bienes: se han vendido cien millones de smartphones hasta el tercer trimestre de 2013, con un mercado que crece en un 64 % al año y representa el 39 % del total mundial.

En el mediano y largo plazo, la gran interrogante es si el nuevo crecimiento chino, más moderado y centrado en el consumo, permitirá sostener los precios de los bienes primarios que han configurado una suerte de “sino-dependencia” latinoamericana, involucrando a nuestro cobre, el mineral de hierro brasileño y la soja argentina.

¿Qué se puede esperar de la desaceleración China para Chile, con su 0,4% de la economía mundial y el hecho de ser el país más lejano de China en el planeta? El impacto se produce especialmente a través del precio del cobre, producto que representa la mayor exportación del país en términos agregados (54% en 2012) y una buena parte de los ingresos tributarios (el 11%, es decir, un 1,9% del PIB en 2014). Se puede aventurar que la reestructuración del crecimiento chino no será desfavorable para Chile. Consignemos que China compró el 34% de nuestro cobre en 2012, contra un 23% en 2007, antes de iniciarse la actual crisis global, mientras representa globalmente el 21% del comercio exterior chileno. El precio del cobre ha estado en 2013 en un nivel algo inferior al previo a la crisis de 2008-2009. Pero China ha estado importando más cobre y empujando el precio desde su nivel más bajo de junio, en el contexto de mejores cifras domésticas para el tercer trimestre que las esperadas y un fuerte incremento de su producción industrial, disminuyendo los temores y estimulando el mercado cuprífero y también el de mineral de hierro. El gasto en infraestructura se mantiene con nuevas líneas de metro, centrales eléctricas y refinerías de petróleo, e incorpora importantes cantidades de cobre y acero, lo que lleva a prever un crecimiento de la demanda en los próximos dos años, aunque también se prevé aumentos de producción.

En el mediano y largo plazo, la gran interrogante es si el nuevo crecimiento chino, más moderado y centrado en el consumo, permitirá sostener los precios de los bienes primarios que han configurado una suerte de “sino-dependencia” latinoamericana, involucrando a nuestro cobre, el mineral de hierro brasileño y la soja argentina. La respuesta puede estar en el desafío de la urbanización china y pasa por mantener un fuerte ritmo de inversión, pero no en las industrias excedentarias y contaminantes como hasta ahora, sino estimulando la manufactura y los servicios modernos y la infraestructura en las zonas menos desarrolladas del oeste chino, lo que supone estabilizar el endeudamiento de los gobiernos locales y transferir importantes recursos a proyectos de gestión eléctrica, sistemas de transporte y tratamiento de aguas, cuidados de salud y protección ambiental. China tiene hoy cerca de 90 ciudades de más de un millón de habitantes, las que llegarán a unas 200 hacia 2030, y tendrá de 10 a 12 megaciudades de más de 15-20 millones en 2025. Para Richard Dodds, director de McKinsey Global Institute, “la urbanización y la transformación de China está ocurriendo a 100 veces la escala de Reino Unido, el primer país en urbanizarse e industrializarse y alrededor de 10 veces su velocidad… de manera que la revolución industrial china tiene 1.000 veces el impulso que la revolución industrial británica”. En la próxima década, cerca de 200 millones de habitantes rurales se trasladarán a trabajos urbanos. Para estimular el consumo, China necesita acomodar mucha más gente en sus ciudades, cuya construcción de infraestructuras consume metales y entre ellos cobre.

Así, no se espera desmedros en materia de venta de nuestra principal materia prima a precios remuneradores, cuyo retorno para el país a través del fortalecimiento de Codelco y de royalties más sustanciales aplicables a la minería privada debe ser revisado. Nuestro país cuenta con un Tratado de Libre Comercio con China desde 2006, que ha llevado el número de productos chilenos exportados a ese país de 290 en 2005 a 506 en 2012, donde destacan las frutas, con una impresionante tasa de crecimiento promedio anual de 83% desde 2005, con un aumento total de exportaciones de 22% anual. En el contexto latinoamericano, Perú también ha firmado un acuerdo de libre comercio con China, mientras los países de Mercosur, más fuertes industrialmente, se mantienen reticentes en la materia. Chile debe mantener un enfoque latinoamericano en su relación con China y no sólo centrado en la Alianza del Pacífico (junto a México, Colombia y Perú) y favorecer un Foro China-América Latina para tratar los temas de interés mutuo, que serán cada vez más importantes para el futuro de Chile y del continente.