sábado, 24 de septiembre de 2011

El teorema de la casa en el lago y los posibles nuevos consensos


Un teorema es un enunciado cuya exactitud se puede demostrar a través de un razonamiento lógico a partir de axiomas. Arturo Fontaine, director del Centro de Estudios Públicos, comentando el reciente libro de Patricio Meller sobre educación, muy interesante por lo demás, discrepa de su afirmación central, enunciando lo que sugiero llamemos el Teorema de la Casa en el Lago: “En este punto tengo una discrepancia frontal con Patricio Meller. A mi juicio, el lucro importa y mucho. A mi juicio, no debiera estar permitido en instituciones educacionales que reciben subsidios del Estado. Entre hacer un laboratorio de física o hacerse una casa en el lago, ¿qué escogerá nuestro empresario, dueño de universidad? Entre tener una proporción razonable de alumnos por profesor y aumentar los alumnos al máximo para aprovechar economías de escala, ¿no escogerá lo último? Entre pagar arriendos y servicios necesarios y a un costo de mercado y multiplicar servicios innecesarios y pagar más arriendo del de mercado siendo dueño de las empresas que prestan dichos servicios y de los edificios que se arrienda él mismo, ¿no tenderá a escoger lo último? (en http://ciperchile.cl/2011/09/14/el-lucro-si-importa/). 
El razonamiento de Arturo Fontaine es de una fuerte lógica y carece de ambigüedad. Aunque a priori pudiera adjudicarse a otras corrientes ideológicas,  proviene de quien dirige el principal centro de pensamiento conservador del país, que se distingue con frecuencia  por la calidad de sus trabajos y cierta apertura intelectual. 
Permítaseme cometer la falta de modestia de autocitarme, pero es necesario frente a los que a uno le reprochan sistemáticamente: ¿por qué no lo dijo antes? En 2007 sostuve en mi libro Remodelar el Modelo una idea semejante: “no deberá distraerse ningún recurso público al ámbito de la educación comercial y concentrar los recursos adicionales de los que el país disponga en la tarea de hacer de la educación pública una educación de excelencia e igualadora de las oportunidades”.
 ¿Estarán entonces emergiendo en nuestra sociedad nuevos consensos, distintos de la vulgata neoliberal que a tantos, presumo, nos tiene tan aburridos desde hace tanto tiempo? En efecto, la palabra consenso se desprestigió desde que se asimiló por algunos, en los alrededores de 1990, a la idea de la adscripción a posturas de derecha, muchas veces con la fe del converso, por quienes sostenían en el pasado otras diferentes. El espíritu crítico, el gran legado del siglo de las luces, y la deliberación, el gran legado democrático, son indispensables para animar las ciencias y la innovación, pero además para cimentar la convivencia civilizada en el género humano que, sabemos, es capaz de lo mejor pero también de lo peor en la materia. Pero además los consensos son necesarios, especialmente si son resultado de la crítica y la deliberación, y por tanto llegan a tener fundamentos racionales, para establecer reglas del juego básicas respetadas por todos, incluyendo la vigencia de libertades fundamentales de las que debe disponer todo ser humano y de solidaridades indispensables para la vida en común.  
Así, la idea de que en la educación lucrar con recursos públicos – retirar utilidades del servicio educativo en beneficio personal- no tiene justificación moral, en tanto transferir recursos de todos a unos pocos no parece ser posible de asimilar a ninguna idea de justicia, ni práctica, en tanto nadie está en condiciones de demostrar razonablemente que conduce a mayor eficiencia en la función educativa, no es una que solo esté en boca de supuestos exagerados jóvenes radicalizados que se han tomado las calles de nuestras ciudades. Es una idea racional que fue puesta en la esfera pública por los jóvenes movilizados de 2011 –lo que tendremos que agradecerles como un hito histórico, especialmente por los que quisimos pero no fuimos capaces de hacerlo antes- y que tiene fundamentos intelectuales y valóricos muy sólidos. Los suficientes para persistir en proponerla como un nuevo consenso que emane de la crítica y la deliberación racional desde la izquierda, el centro y la derecha. Un nuevo consenso para mejorar el presente y el futuro de nuestro país.