domingo, 4 de octubre de 2009

El Mercurio, Domingo 4 de Octubre de 2009

Gutenberg Martínez (DC), Andrés Allamand (RN) y Gonzalo Martner (PS) dimensionan el nuevo panorama político en Europa:

La crisis de la izquierda europea vista desde Chile

Apenas seis de los 27 estados de la Unión Europea tienen gobiernos de izquierda. La derecha controla países claves como Italia, Francia y Polonia. La victoria de Angela Merkel en Alemania es vista como un nuevo traspié para la socialdemocracia en el Viejo Continente.

Gonzalo Martner:

En las elecciones europeas de junio pasado se produjo un retroceso para los socialdemócratas, aunque no para otras expresiones de izquierda. Este se ha visto agravado por el peor resultado en décadas del SPD alemán el domingo 27 de septiembre, que resultó en su salida del gobierno, aunque aumentó el caudal del Partido de Izquierda. Los socialdemócratas sólo gobiernan hoy en el Reino Unido, España y Portugal, además de Noruega.

Este retroceso parece deberse en primer lugar a que algunos partidos socialdemócratas se diferencian poco del liberalismo social que han asumido los partidos de centro o de derecha en Europa. La socialdemocracia ha sido víctima de su propio éxito: sus propuestas de Estado social, de servicios públicos y de libertades civiles son asumidas por el resto del espectro político, y constituyen el núcleo del "modelo europeo". También lo han sido las políticas fiscales keynesianas frente a la crisis. No obstante, los socialdemócratas no han sabido o podido dar respuesta a los temores que resultan de la precariedad del trabajo en el contexto de la globalización, del envejecimiento demográfico y del aumento de la percepción de inseguridad urbana, que las derechas suelen asociar injustamente a la inmigración. Sus propuestas de más mano dura y rebajas de impuestos rinden frutos.

Pero no es tan cierto que Europa se haya movido a la derecha. Se ha movido a la abstención. La mayoría sigue pensando que las desigualdades son demasiado grandes y debieran aumentarse la progresividad fiscal, los derechos sociales y los laborales. Para Mario Soares, cabe "reformular el socialismo democrático -que en muchos casos se dejó 'colonizar' por el neoliberalismo-, dignificando el trabajo, profundizando en las políticas sociales y luchando con mayor seriedad en defensa del planeta, muy amenazado, y por la solidaridad entre los seres humanos, sin exclusiones". La resistencia del socialismo español, la reciente victoria del portugués y la próxima del griego pueden augurar un nuevo ciclo de expansión de las izquierdas en Europa, que están en plena reformulación frente a los desafíos de la crisis.

Las lecciones para Chile son, tal vez, las de que es necesario sumarse a este debate programático y tomar el toro por las astas: las fuerzas de orientación socialista democrática en Chile no pueden seguir dispersas en parroquias que se suman a agendas ajenas y a intereses de grupos de presión, en nombre de una "transversalidad" cada vez más espuria. Por ese camino, van a la división y al colapso. Debieran, más bien, unificarse en una federación amplia que aspire a representar a no menos de un tercio del país, sin romper su alianza con el centro, en base a su propia agenda de libertades y de gobierno social y ecológico de los mercados, sustentada en un Estado activo y una sociedad civil fuerte y participativa.

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