jueves, 5 de abril de 2007

Un regalo innecesario



El tercer paquete de medidas del actual Ministro de Hacienda incluye la depreciación instantánea de activos por dos años. Esta modificación resultará en una menor recaudación tributaria durante los años 2008-2010 de 540 millones de dólares. En comparación, el costo del reajuste de las pensiones más bajas realizado en 2006 fue de 181 millones de dólares al año y el gasto previsto en el proyecto de ley de reforma previsional es de 81 millones en 2008, 302 millones en 2009 y 492 millones de dólares en 2010, mientras el de la ley de subvención preferencial es de 305 millones al año. Este empujón tributario a las empresas que invierten es entonces de alto costo en el corto plazo en comparación a las principales iniciativas sociales del gobierno. Las presiones para la mantención del mecanismo más allá de lo previsto serán probablemente muy altas.
El efecto de la depreciación instantánea dependerá de cuánto incida el menor pago de tributos en la rentabilidad global de los proyectos de inversión de las empresas. Si incide poco, como es lo más probable, las empresas seguirán con el cronograma inicial y con un incremento de rentabilidad en el corto plazo. Una observación somera a las utilidades de las sociedades anónimas en 2005 y 2006 revela que este no es precisamente un problema para la economía chilena.
El problema que enfrenta la autoridad económica es una brusca desaceleración de la inversión en 2006, la que venía sosteniendo tasas de crecimiento especialmente elevadas y contribuyendo al crecimiento agregado de modo decisivo en 2004 y 2005. A la inversa, el freno brusco de la inversión –pasando de tasas de dos dígitos a tasas de un dígito- incidió en el débil crecimiento de 2006. Lo más probable es que ese proceso se haya debido a una renovación generalizada de maquinarias y capital fijo por el grueso de las actividades productivas, luego de un largo período de recuperación de sus ventas y producción. La inversión tiene un ciclo que le es propio y que no se verá alterado de modo importante por la mecánica de la depreciación inmediata.
El argumento de un eventual efecto multiplicador de la aceleración de las inversiones en la economía (que se argumenta en este caso compensaría entre 70% y 80% de su efecto neto), se parece mucho al de los adeptos de la llamada “curva de Laffer” (las rebajas de impuestos reactivan la economía permitiendo recaudar más impuestos) que ha inspirado a diversas administraciones conservadoras en EE.UU. Su resultado ha sido un estruendoso fracaso y el más alto déficit fiscal de la historia.
Será la inversión minera y energética la principal beneficiada por este mecanismo fiscal. Esto se ve refrendado por la información sobre los principales proyectos de inversión en curso: los proyectos mineros El Morro (US$ 1.380 MM); Pascua (US$ 1.301 MM); Desarrollo Los Bronces (US$ 761); Proyecto Gaby (US$ 706 MM) y Mina Esperanza (US$ 695 MM); las centrales hidroeléctricas Energía Austral (US$ 700MM) y Río Puelo (US$ 650 MM); las líneas de transmisión de XI región a la Zona Central (US$ 614 MM), entre los más importantes.
En el caso de la actividad minera, lo más probable es que no se modifiquen mucho los calendarios de inversión, pues están sujetos a restricciones técnicas, y que la depreciación instantánea constituya un regalo en el corto plazo a unas pocas grandes empresas y en el largo un crédito subsidiado sin justificación económica. Este beneficio fiscal va directamente en la orientación contraria a la aplicación del royalty desde el punto de vista recaudatorio. En el caso energético, es también muy poco probable que haya modificaciones en el calendario de inversiones.
Se trata de un regalo tributario que apunta a apurar los proyectos en carpeta para 2007 y 2008, con poca probabilidad de lograrlo, y no a mejorar el desempeño de la inversión en el largo plazo, dada la duración de la medida, ni pretende transformar en rentables proyectos que no lo eran. Se trata de una medida muy cara e inútil, que contrasta con la ausencia de financiamiento de tantas otras prioridades.
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Ilustración: Trabajo en vidrio de Cecilia Martner