viernes, 15 de noviembre de 2013

Entrevista en el Diario Financiero.

Si Matthei pierde “sería una derrota del gobierno, una sanción”

- ¿De acuerdo al estudio la sociedad ha cambiado mucho?


- En la Universidad de Santiago queremos investigar la distancia entre las élites y la opinión pública. Lo que se constata en esta primera encuesta es que la gente quiere reformar la sociedad y lo que tenemos como imagen es una sociedad bastante distinta de sus élites.

- ¿Y esa sociedad se ve interpretada por los candidatos?
- Hay una buena parte de la gente que no se siente identificada y se abstiene. Michelle Bachelet manifiesta una mayor preferencia respecto al resto y da la impresión que sus planteamientos parece que conectan muy bien con las aspiraciones de los ciudadanos.

- ¿Cuál es su pronóstico para el domingo?

- Nunca he ido a un casino. Todos sabemos que esto va a depender mucho del nivel de abstención del mundo popular de derecha o conservador que si estima que las opciones de Matthei o Parisi son bajas, se va a quedar en casa. Eso pudiera dar una opción de ganar en primera vuelta para Michelle Bachelet.

- Se ha dicho que esta podría ser la peor derrota para la derecha en muchos años…

- Creo que sí, sobre todo porque está gobernando. Entonces es la derrota de un gobierno y, por lo tanto, una sanción.

- ¿Ese escenario cómo afectará al futuro gobierno?

- Creo que la sociedad chilena no debe seguir en la lógica del empate. Si uno tiene una convicción sobre Constitución, educación, desigualdad y reforma tributaria, llévelas adelante y mientras más débiles estén los que están en contra, mejor.

¿Qué viene después de la campaña presidencial?

Columna en La Tercera

Al terminar la campaña presidencial, el balance principal parece ser el que las perspectivas de continuidad del actual gobierno terminaron de colapsar. Se discute si Michelle Bachelet ganará en primera o en segunda vuelta. En el segundo caso, el margen sería mayor que en primera vuelta, lo que no ayudaría a mitigar el problema en que se encuentran envueltas las fuerzas de gobierno. En esta línea de reflexión, se puede afirmar que el gobierno de Sebastián Piñera habrá sido una suerte de accidente histórico, a partir del fuerte desgaste de 20 años de Concertación, que quedó sin otra perspectiva que ofrecer su continuidad en la administración, lo que no entusiasmó a nadie,como era previsible.

Aquello de renovarse o morir no fue una lección aprendida. Esto dio lugar a que una mayoría se configurase ocasionalmente para darle una oportunidad a otra opción de gobierno. Hecha la prueba, parecen volver ciertas constantes o reafirmarse perspectivas de futuro en otra dirección que la que ofrece la actual coalición de gobierno, más allá de los comentarios que puedan hacerse sobre la coherencia de su acción, que ha sido sorprendentemente baja.

Se puede conjeturar que la sociedad chilena no es conservadora ni comparte los valores de la derecha y eso es lo que estaría determinando el resultado electoral previsible, más que la gestión específica de Sebastián Piñera en el gobierno o los déficits de la campaña oficialista. Para despejar este tipo de interrogantes, en la Universidad de Santiago (con Ipsos) preguntamos a fines de octubre a una muestra representativa de chilenos y chilenas mayores de 18 años sobre una serie de valores sociales. Un 68% considera que Chile es un país “muy desigual”. La desigualdad es atribuida a “diferencias de educación” (51%) o al“origen social o familiar” (un 39%). Una mayoría (52%) opina que el funcionamiento actual de la sociedad chilena no contribuye a disminuir las desigualdades sociales de origen o bien que, más aún, las agrava (33%).

De manera abrumadora, una mayoría (70%) opina que hay que “reformar de manera importante” la sociedad. Los que además quieren “cambiarla totalmente” son más (18%) que los que creen que hay que “hacerle cambios menores” o “dejarla como está” (12%). Los factores que podrían ser constitutivos de un mundo mejor más mencionados son“igualdad”, “respeto por el otro”, “trabajo”, “seguridad” y “respeto por los derechos humanos”, lejos por sobre la “responsabilidad individual” o la “autoridad”. Los de “justicia” e “igualdad” son los conceptos más importantes para los ciudadanos. Se observa además una opinión abrumadoramente mayoritaria a favor de la gestión pública de los servicios básicos y de la salud, las pensiones y la educación. Existe también una opinión ampliamente mayoritaria en favor de que los recursos naturales (el cobre, el litio, el agua, la energía) sean exclusivamente de propiedad estatal. Un 33% está a favor del matrimonio igualitario y otro 31% está a favor del Acuerdo de Vida en Pareja. Sólo un 25% se opone a alguna de éstas fórmulas y sólo un 14% se opone a cualquier forma de aborto. Así, no parece haber mucha duda sobre los valores que prevalecen en la sociedad chilena: definitivamente no son los tradicionales del mundo conservador.

Las principales preocupaciones de los ciudadanos sobre el devenir del país son las desigualdades sociales, el sistema educativo y el de salud, mientras sus principales preocupaciones personales son la educación de sus hijos y la delincuencia. En estos temas, al cabo de cuatro años, la coalición gobernante parece tener poco que decir, sobre todo frente a una mayoría de chilenos que sostiene que estos problemas deben enfrentarse con cambios sustanciales de las políticas vigentes. Además, en todas las áreas consultadas, la mayoría cree que el mejoramiento de la calidad del servicio no justifica el lucro en su prestación, mientras acepta un aumento de los impuestos para financiar la educación gratuita, reformar el sistema de salud y de previsión social y aumentar las ayudas a los más necesitados.

No parece ser entonces un tema de expectativas creadas por ofertas maximalistas lo que estaría volcando la opinión ciudadana a favor de Michelle Bachelet. Son los valores y aspiraciones presentes en la sociedad los que han encontrado en ella una mejor respuesta, o en todo caso la más viable y seria, entre una oferta bastante amplia y variada. No obstante, la palabra la tienen los electores. Si se confirma lo señalado por las encuestas, la ex presidenta deberá enfrentar el desafío de trabajar sus prioridades en las distintas áreas y conformar sus equipos para ponerse, desde el gobierno, al frente de las fuertes aspiraciones de cambio de la mayoría de los ciudadanos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Chile y los cambios en China

Columna en El Mostrador

Con un nuevo equipo dirigente, bajo el mando de Xi Jinping, el III Pleno del 18 Comité Central del PC de China ha optado por mantener la continuidad del esquema de centralización política y se abocará a nuevas reformas económicas en materia de mercado de tierras y urbanización (en 2013 la distribución urbano-rural de la población alcanzó el 50%) y de mercado financiero, apuntando a ampliar el consumo de 1.300 millones de chinos. Los dirigentes chinos han señalado que estas reformas serán tal vez tan importantes como las de 1978 y 1993, decisivas para la apertura con Deng Xiaoping y el desarrollo de la “economía socialista de mercado” con Jiang Zeming. Habrá un menor énfasis en las exportaciones y en la inversión en infraestructura, que ha alcanzado proporciones inéditas en la historia económica y cambiado la faz de China, fuertemente estimulada con el plan anticrisis de 2008, el mayor del mundo con un 7% del PIB. Se apuntará a un crecimiento que dejará de ser de 10% anual como en los últimos treinta años y se ubicará en un rango del orden de 7-8% anual en la próxima década, como ya ha ocurrido en 2013.

La diferencia es que en 1980, con su 2% de participación en la economía mundial, un crecimiento de 10% en China era menos importante que una expansión de 1% en Estados Unidos. Con el 16% del PIB mundial a paridad de poder de compra en 2014, China estará cerca de alcanzar el 19% de Estados Unidos y el 18% de la Unión Europea, lo que ocurrirá en todo caso antes de 2020. Con el de India, explicará el 50% del crecimiento global en los próximos años. Un ejemplo del actual impacto mundial de China en los mercados de bienes: se han vendido cien millones de smartphones hasta el tercer trimestre de 2013, con un mercado que crece en un 64 % al año y representa el 39 % del total mundial.

En el mediano y largo plazo, la gran interrogante es si el nuevo crecimiento chino, más moderado y centrado en el consumo, permitirá sostener los precios de los bienes primarios que han configurado una suerte de “sino-dependencia” latinoamericana, involucrando a nuestro cobre, el mineral de hierro brasileño y la soja argentina.

¿Qué se puede esperar de la desaceleración China para Chile, con su 0,4% de la economía mundial y el hecho de ser el país más lejano de China en el planeta? El impacto se produce especialmente a través del precio del cobre, producto que representa la mayor exportación del país en términos agregados (54% en 2012) y una buena parte de los ingresos tributarios (el 11%, es decir, un 1,9% del PIB en 2014). Se puede aventurar que la reestructuración del crecimiento chino no será desfavorable para Chile. Consignemos que China compró el 34% de nuestro cobre en 2012, contra un 23% en 2007, antes de iniciarse la actual crisis global, mientras representa globalmente el 21% del comercio exterior chileno. El precio del cobre ha estado en 2013 en un nivel algo inferior al previo a la crisis de 2008-2009. Pero China ha estado importando más cobre y empujando el precio desde su nivel más bajo de junio, en el contexto de mejores cifras domésticas para el tercer trimestre que las esperadas y un fuerte incremento de su producción industrial, disminuyendo los temores y estimulando el mercado cuprífero y también el de mineral de hierro. El gasto en infraestructura se mantiene con nuevas líneas de metro, centrales eléctricas y refinerías de petróleo, e incorpora importantes cantidades de cobre y acero, lo que lleva a prever un crecimiento de la demanda en los próximos dos años, aunque también se prevé aumentos de producción.

En el mediano y largo plazo, la gran interrogante es si el nuevo crecimiento chino, más moderado y centrado en el consumo, permitirá sostener los precios de los bienes primarios que han configurado una suerte de “sino-dependencia” latinoamericana, involucrando a nuestro cobre, el mineral de hierro brasileño y la soja argentina. La respuesta puede estar en el desafío de la urbanización china y pasa por mantener un fuerte ritmo de inversión, pero no en las industrias excedentarias y contaminantes como hasta ahora, sino estimulando la manufactura y los servicios modernos y la infraestructura en las zonas menos desarrolladas del oeste chino, lo que supone estabilizar el endeudamiento de los gobiernos locales y transferir importantes recursos a proyectos de gestión eléctrica, sistemas de transporte y tratamiento de aguas, cuidados de salud y protección ambiental. China tiene hoy cerca de 90 ciudades de más de un millón de habitantes, las que llegarán a unas 200 hacia 2030, y tendrá de 10 a 12 megaciudades de más de 15-20 millones en 2025. Para Richard Dodds, director de McKinsey Global Institute, “la urbanización y la transformación de China está ocurriendo a 100 veces la escala de Reino Unido, el primer país en urbanizarse e industrializarse y alrededor de 10 veces su velocidad… de manera que la revolución industrial china tiene 1.000 veces el impulso que la revolución industrial británica”. En la próxima década, cerca de 200 millones de habitantes rurales se trasladarán a trabajos urbanos. Para estimular el consumo, China necesita acomodar mucha más gente en sus ciudades, cuya construcción de infraestructuras consume metales y entre ellos cobre.

Así, no se espera desmedros en materia de venta de nuestra principal materia prima a precios remuneradores, cuyo retorno para el país a través del fortalecimiento de Codelco y de royalties más sustanciales aplicables a la minería privada debe ser revisado. Nuestro país cuenta con un Tratado de Libre Comercio con China desde 2006, que ha llevado el número de productos chilenos exportados a ese país de 290 en 2005 a 506 en 2012, donde destacan las frutas, con una impresionante tasa de crecimiento promedio anual de 83% desde 2005, con un aumento total de exportaciones de 22% anual. En el contexto latinoamericano, Perú también ha firmado un acuerdo de libre comercio con China, mientras los países de Mercosur, más fuertes industrialmente, se mantienen reticentes en la materia. Chile debe mantener un enfoque latinoamericano en su relación con China y no sólo centrado en la Alianza del Pacífico (junto a México, Colombia y Perú) y favorecer un Foro China-América Latina para tratar los temas de interés mutuo, que serán cada vez más importantes para el futuro de Chile y del continente.