sábado, 27 de septiembre de 2008

Lecciones de una crisis

Desde 2007 apareció una nueva expresión, la “crisis subprime”, que podría haber quedado para uso de los iniciados en el debate económico nacional, cuya pobreza intelectual desde que predomina el simplismo neoliberal incluye la del lenguaje: ¿se habrá fijado el lector que ya no se dice “materias primas”, sino “commodities” o “distribución” sino “retail”, términos que son sin embargo perfectamente claros en nuestro noble castellano? Pero sobrevino el derrumbe financiero en Estados Unidos y la mentada crisis entró en la historia. No es para menos: fracaso de los mercados financieros desregulados; bancos hipotecarios y compañías de seguro en quiebra y nacionalizados en el paraíso del libremercado; colapso de la banca de inversión de Wall Street; quiebra de un gran banco de depósito y compra pública de “activos tóxicos” de difícil recuperación a razón de 6% del PIB, con el congreso sometido al chantaje de aprobar plenos poderes o asumir la paralización del crédito y la recesión generalizada al estilo de la crisis de 1929.
Después de años de religión de mercado, vuelve a aparecer una evidencia incómoda para el pensamiento dominante: el capitalismo y las crisis financieras periódicas (bursátiles, cambiarias, bancarias) van de la mano. El valor de un activo financiero depende de la evaluación de un flujo de ingresos futuros expuesto a una gran variabilidad e incertidumbre. Y tomar riesgos con recursos propios o de los demás es la esencia del capitalismo motivado por el lucro, que ha demostrado ser el sistema económico más dinámico pero a la vez el más inestable, depredador y concentrador de ingresos. Así lo confirma la historia desde la crisis de las bulbas de tulipas de 1634, la de la South Sea Company de 1720, las ocho creadas por las guerras europeas entre 1713 et 1820 y así sucesivamente. El capitalismo entró en crisis muchas veces, como predijo Marx, pero fue capaz de recuperarse. E incluso de tener épocas de oro, como el de la posguerra, gracias en buena medida a las ideas de Keynes para superar el equilibrio de subempleo. La crisis del sistema de tipos de cambio fijo en 1971 y el estancamiento con inflación de los años setenta fueron superados mediante la globalización acelerada. La eclosión de las nuevas tecnologías de la información le dio una nueva vitalidad al capitalismo, con la innovación y la “destrucción creativa” de Schumpeter trasladando los recursos hacia sus usos más productivos. Pero siempre con una piedra en el zapato: desde 1970, según Caprio y Klingebiel (2003), han ocurrido 117 crisis bancarias sistémicas en 93 países. Los estudios econométricos muestran que la liberalización interna aumenta la probabilidad de una crisis bancaria, la que aumenta todavía más cuando se combina con liberalización financiera externa.
Estados Unidos vivió hasta 2007 un período de prosperidad, acompañado de un ahorro mundial en expansión y energía barata. Pero se preparaba la crisis, con préstamos hipotecarios a millones de hogares de ingresos inestables, una política monetaria expansiva y bancos que ampliaron su endeudamiento respecto al capital propio. La banca diluyó el riesgo en títulos que mezclan activos de distinto riesgo. Además, los fondos especulativos se multiplicaron, incluyendo coberturas de riesgos en la cuerda floja permanente. Esta mezcla explosiva estalló al aumentar los impagos hipotecarios y caer el precio de las viviendas, con un déficit de capitalización bancaria a medida que cayeron los precios de los activos físicos con los que se especuló hasta el infinito.
¿Y cómo estamos por casa? Para empezar, con fuertes pérdidas de los fondos de pensiones y una incertidumbre generalizada sobre el valor de las pensiones futuras. Esto no se quiso corregir en la reforma reciente, que introdujo mayores márgenes de inversión fuera de Chile en vez de mayor seguridad mediante la vieja pero imperturbable receta bismarckiana de basar una parte de las pensiones en el reparto. Se supone que nuestra supervisión bancaria es suficiente: crucemos los dedos. Mientras, una parte de los chilenos se apresta a preferir como presidente a una persona, Sebastián Piñera, que ha hecho su fortuna con los mismos métodos que provocaron la debacle actual y que ha sido multado por obtener ganancias indebidas. Todo un caso de moral pública a disposición de los ciudadanos. Sus eventuales seguidores harían bien en escuchar al presidente francés, Nicolas Sarkozy, que ha llamado a “sacar las conclusiones de la crisis para que no se reproduzca", sobre la base de la “ética del esfuerzo y del trabajo” y “regulando los sistemas de remuneración de los directivos y operadores financieros para acabar con los abusos", pues, concluye, "el laissez-faire se ha terminado, el mercado todopoderoso que siempre tiene razón, se ha terminado”.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Entrevista en El Mostrador

5 de Septiembre de 2008. El Mostrador

Gonzalo Martner y su diagnóstico del oficialismo
''El PS se ha transformado en una maquinaria clientelística''
El ex presidente de la colectividad se toma un tiempo en su oficina de director de la carrera de Gerencia Pública en la Usach para hablar de política. Con la calma de la vida universitaria hace un crudo pronóstico de la Concertación y de su partido. Sobre éste último dice que se ha convertido “en una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado”. Su conclusión es aún más drástica: ‘’el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución’’.

Por Pablo Basadre G.



El ex presidente del Partido Socialista, economista y actual director del magíster en Gerencia Pública de la Universidad de Santiago, Gonzalo Matner, dice estar más cómodo alejado de la política contingente. Y a pesar de que reconoce su gusto por la vida intelectual y universitaria, accedió a conversar con El Mostrador.cl sobre los procesos que ha vivido su partido en el último tiempo y de la gestión política del gobierno de Bachelet. Matner asegura que uno de los peores errores cometidos por la Concertación es haber cerrado las puertas al senador Adolfo Zaldívar y al ex PPD, Fernando Flores, entre otras cosas.

-¿Cómo ve a la Concertación hoy?

-La Concertación ha hecho grandes cosas. Reestableció la convivencia democrática y saldó cuentas con las grandes heridas de Chile de la mejor manera posible que es corregir las violaciones a los DD.HH. Lentamente o imperfectamente, como quieras, pero con mucha consistencia. También hay avances sociales muy importantes. Dicho eso, lo que tiene que venir por delante es la capacidad de que las fuerzas políticas le ofrezcan al país una dirección hacia la cual caminar. El problema es que hoy sólo se ofrece una sola alternativa: sigan votando por nosotros para que sigamos gobernando.

-¿Cuál sería la novedad del último tiempo?

-En el último tiempo, lo único nuevo fue la Presidenta Bachelet, porque ahí ofrecimos una novedad profunda. En el escenario actual, Ricardo Lagos fue Presidente, Frei lo mismo y José Miguel Insulza fue ministro al igual que Soledad Alvear. Los cuatro son muy respetables y capaces, pero no es algo nuevo.

El clientelismo del PS

-¿Qué cree que se agotó en estos años?

-Se agotó la política de los consensos con la derecha y al interior de la Concertación. Entramos en una especie de centrismo blando, neoliberal en lo económico y conservador en lo cultural. Eso es lo que los chilenos ya no tienen ganas de seguir escuchando. Y no hay ánimo de hacer la discusión. Por lo tanto, se ha optado por las vías autoritarias. Y se dice: no son leales los que plantean opciones alternativas.

-¿Cómo ve a los partidos actualmente?

-Veo a una DC mejor que el mundo progresista de la Concertación. Tiene liderazgos claros, una presidenta de partido que todo el mundo sabe a qué atenerse con ella al igual que con el ex presidente Frei. Pero, actualmente, en el progresismo de la Concertación no se cumplen condiciones esenciales para armar una fuerza política: no se ve un proyecto que permita cohesionar a quienes son parte de una corriente política y al mismo tiempo proyectar en el tiempo un nuevo esfuerzo, porque hacer política es hacer un esfuerzo para cambiar las cosas.

-¿Tampoco visualiza a un líder que pueda encarnar algo nuevo ?

-El ex presidente Lagos se plantea asimismo como líder nacional, más allá de las corrientes políticas. Sobre Insulza, que tiene un gran talento y que le ha prestado grandes servicios a Chile, no sabemos a qué atenernos en cuanto a lo que piensa como proyecto de país. A eso se suman unos dirigentes partidarios que han transformado al PS -no quiero referirme al PPD porque no es mi partido, pero creo que hay algo parecido- en una maquinaria clientelística y de federaciones de caciques, sin proyecto y sin voluntad mayor de convocar a nadie.

-¿En qué se ha convertido entonces el PS?

-En una maquinaria cada vez más eficaz para colocar gente en los puntos neurálgicos del aparato del Estado, además de ser un partido del que no se sabe lo que piensa sobre el país y su futuro. Por tanto, la impresión que tengo es que el sector progresista de la Concertación está en una etapa terminal y de práctica disolución.

-¿El clientelismo o la federaciones de caciques de las que habla, las refleja en algún cargo en especial?

-No es un tema de personas, sino que de prácticas políticas. Las instancias deliberativas del PS discuten básicamente sobre el control interno del partido para obtener control o posibilidad de control de tal o cual aspiración de participar en el aparato del Estado. No sé, sinceramente, qué es lo que junta políticamente a los actuales líderes de tendencias que son mayoría en el partido. Y tengo la sospecha que los vincula más que nada la común voluntad de ser parte de la dirección para tener influencias sobre el aparato del Estado. En resumen, lo que fue el PRI mexicano es su minuto.

Manejo político y económico

-¿Cómo ha visto el gobierno en términos de gestión política, sobre todo con el manejo del Transantiago?

-Tengo la mejor opinión de Cortázar, que ha hecho una tarea titánica, pero como todo ser humano tiene límites y esos límites están dados por el contexto político. No sé cómo se produjo la validación de los quiebres de la DC y del PPD conducentes, en ambos casos, a la pérdida de la mayoría en la Cámara y en el Senado. No entiendo cómo se dejó avanzar esa situación hasta esos límites. Me resulta incomprensible que se entienda que fue algo necesario y hasta digno de aplauso.

-¿Cree que se debería haber continuado conversando con Zaldívar y Flores?

-Cuando se ha tenido la voluntad expresa de quebrar las mayorías existentes, de expulsar de la propia coalición a quienes, entre otras cosas, daban las mayorías suficientes, entonces uno no puede venir a quejarse y decir: sabe, no tengo la mayoría en el Parlamento. Creo que se ha actuado con una miopía impresionante. Por supuesto que se debería haber continuado hablando con ellos. Adolfo sigue siendo el mismo que antes y si antes fue posible trabajar con él, por qué no ahora. Flores fue ministro del presidente Allende, fue del MAPU y militante del PPD durante décadas, entonces no entiendo por qué ahora no se puede trabajar con él. Puede ser difícil, pero si estamos en una coalición amplia con un asunto práctico de por medio, donde ellos aseguran una mayoría y no contar con ellos significa perder esa mayoría, no lo entiendo.

¿Cuál es su evaluación del manejo económico del ministro Velasco?

-Velasco es el único de los ministros de Hacienda de la Concertación, incluso contradiciendo lo que está escrito en el programa de gobierno, que ha declarado que no va a hacer reformas tributarias durante su ejercicio. El ministro Foxley realizó una importante reforma tributaria, el ministro Aninat e Eyzaguirre también. Pero Velasco sólo se ha dedicado a eliminar impuestos de las personas más pudientes. Incluso llegó al punto de plantear una fórmula, a propósito de la depreciación acelerada, que iba implicar un incremento extremadamente significativo de los ingresos de las personas más ricas de Chile, un regalo completamente innecesario. Más de cien millones de dólares se dedicaron a disminuir los impuestos a los cheques, algo que no es exactamente el tipo de actividad que involucra a las personas más pobres de Chile. Velasco es Expansiva y todos sabemos que ellos no creen en un Estado que fortalezca la protección social. Velasco se ha caracterizado por no querer escuchar a nadie.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

20 años no es nada

Ayer, mirando La Nación en Internet, me encuentro con el artículo que reproduzco más abajo. Por supuesto, la primera reacción es de nostalgia. Pero tal vez vale la pena agregar algunas precisiones. El asunto del recuento paralelo de los votos nació de la idea que, dado el desgaste de la estrategia de desobediencia civil iniciada en 1983 mediante las protestas, valía la pena intentar ganarle el plebiscito de 1988 a Pinochet. El escenario no era el mejor (posibilidad de fraude, ausencia de garantías) pero muchos pensamos en ese momento que podíamos controlar o por lo menos dificultar fuertemente esa posibilidad de fraude. Después de todo, los filipinos y los uruguayos habían logrado algo parecido. El cuadro político estaba algo confuso, los socialistas "renovados" nos habíamos salido de la Alianza Democrática para buscar una alianza más amplia, y a nuestra izquierda parte del PS, el PC y el FPMR intentaban una estrategia insurreccional (que muchos considerábamos tal vez legítima pero inconducente y errada).
Se armó hacia 1986 el Comité de Elecciones Libres, con gente de la DC y de la izquierda no comunista y en ese contexto un "Comité Técnico", con Genaro Arriagada a la cabeza, que después fue formalizado con apoyo institucional al crearse la Concertación el 2 de febrero de 1988. Nos pusimos a trabajar un grupo más bien reducido sobre los aspectos prácticos del plebiscito y Genaro supo crear un ambiente creativo, despartidizado pero con representatividad partidaria (yo mismo era de la dirección del PS que dirigía Núñez), reuniendo talentos variados para con discreción preparar una estrategia coherente de enfrentamiento de la dictadura en las urnas. Esto sonaba bastante audaz en el contexto de la época y (casi) todos nos miraban con completo escepticismo y algo, en ocasiones, de sorna por lo "iluso" del intento.
Un día, en la Editorial Aconcagua donde Genaro tenía sus oficinas me dice a la pasada: ¿porqué no te haces cargo del control de la votación? Yo lo miré con cara de sorpresa y creo haberle dicho algo así como que no tenía ni la menor idea de como se podía hacer eso, pero me contestó que se necesitaba alguien del equipo que habíamos formado que empujara el tema. Así es que acepté, un tanto inquieto. Con mis 30 años y después de los variados y en ocasiones bastante azarosos avatares vividos desde el año 1972 en que me involucré en política (luchas estudiantiles, golpe, exilio, retorno, protestas, construcción de alianzas amplias) no me pareció tan imposible y en todo caso había que intentarlo. Es cierto que tampoco éramos muchos en la izquierda los que estabámos en la estrategia de comenzar a derrotar a la dictadura en el plebiscito. En mi partido me apoyaron en el tema (dicho sea de paso, después de mi militancia en el MIR y mi posterior etapa de independiente socialista, era al PS dirigido por Núñez y después por Arrate al que yo había entrado en 1985, pues -aunque yo estuve en el origen del PPD y revisé con un equipo una a una las fichas del nuevo partido legal para que no fueran rechazadas y las llevé físicamente al servicio electoral- el PPD era solo para muchos de nosotros instrumental, aunque la historia, esa imprevisible, después dijera otra cosa...) .
Y me instalé en las oficinas de la Editorial Aconcagua y más tarde en las del Comando del NO en Alameda con Lastarria. Me acerqué a los jóvenes de la FECH de entonces, encabezados por Germán Quintana, que era DC, y a gente de todos los colores para armar un equipo a la altura de las circunstancias y la complejidad de la tarea (llegamos a contar en la madrugada del 5 al 6 de octubre el 80% de los votos y más tarde casi la totalidad de los votos, gracias al despliegue de miles de apoderados y enlaces por todo Chile...). Es cierto que la DC quiso armar luego un trabajo propio de partido, y yo mismo propuse que no nos complicáramos e inventamos aquello de la línea N y la línea O, en la idea que se complementaran. En nuestra línea trabajó gente de todos los partidos, con el apoyo tácito de la propia directiva DC, lo que yo siempre agradecí porque fue una expresión de confianza.
En el diseño efectivamente nos ayudó Glenn Cowan y parte del equipo de la consultora Sawyer&Miller, ligados al Partido Demócrata norteamericano, que nos trasladaron su amplia experiencia en estas lides, lo que se agradeció muchísimo, pero básicamente lo hicieron jóvenes ingenieros chilenos encabezados por Germán Quintana, Didier de Saint Pierre, Hernán Saavedra, Maurice Saintard, Carlos Alvarez, Aldo Signorelli, Guillermo Díaz y decenas de profesionales, como Alberto Urquiza, Enrique Dávila, Marcelo Leseigneur, Jorge Navarrete, Joaquín Vial y tantos otros que hicieron un trabajo enorme en un muy breve período de tiempo para recolectar, procesar y analizar millones de votos distribuidos en 22 mil mesas, y a los que la democracia chilena debe mucho en un momento que fue crítico para reencaminar la historia del país por una senda más civilizada.



La Nación, 2 de septiembre de 2008

A 20 AÑOS DEL PLEBISCITO: Cómo se montó la red paralela de cómputos

El control del comando opositor

El economista entonces PPD Gonzalo Martner estuvo a cargo de una de las líneas a través de las cuales la oposición vigiló voto a voto la limpieza del plebiscito de 1988.

El Comando del No informó el modo a través del cual controlaría los resultados del plebiscito de sucesión programado para el 5 de octubre. El diseño considera la movilización de 80 mil personas entre apoderados de mesa, de locales de votación y encargados de transmitir y transportar los datos. El sistema se pondría en operaciones a las 6 de la mañana del 5 y tuvo dos responsables técnicos: el DC Eric Campaña y el PPD Gonzalo Martner. Cada uno de ellos administró una línea de información independiente, una red se conoció como "N" y la otra se identificó como "O".

Campaña estuvo a cargo de la línea de la DC y Martner de la montada por el PPD y el Partido Humanista. Éstos son los tres partidos opositores legalizados y, por tanto, los que tenían derecho a poner veedores en los recintos de votación. La idea básica del comando fue vigilar las cifras en el origen, es decir, mesa a mesa.

Los informes de votos de estas unidades se llevaron a formularios especiales y se recopilaban en oficinas comunales. Cada 40 mesas escrutadas se levantaba un acta que a su vez se trasladaba a un centro de cómputos provincial. Desde este nivel intermedio los datos se transmitían a Santiago a un computador central. Por razones de seguridad, los núcleos de acopio -51 en todo el país- se ubicaron en casas y oficinas secretas. Para transferir las cifras se utilizaron telefax, télex, teléfonos y radios. Una vez que los datos se consolidaron, eran comunicados al secretario ejecutivo del Comando del No, Genaro Arriagada, y al vocero del mismo, el presidente de la DC, Patricio Aylwin.

Después del plebiscito se filtró que la decisión de controlar cada mesa de votación -lo que implicó más de 40 mil voluntarios repartidos por todo el país- derivó de una sugerencia del norteamericano Glenn Cowan, ligado al Nacional Democratic Institute, quien explicó al llamado equipo técnico del No que los fraudes normalmente se cometen en los centros de acopio controlados por la autoridad político-administrativa y no en las unidades mínimas, que son las mesas, y que por tanto son imposibles de manipular debido a que el escrutinio es abierto.

Cowan les dijo a sus oyentes que debían llevar un conteo propio a través de sistematizar la votación de cada una de las mesas, para que este cómputo lo pudieran oponer al Gobierno si éste entregaba resultados fraudulentos. Debido a esta recomendación, el Comando del No optó por la vigilancia rigurosa del proceso a partir de la unidad-mesa.

martes, 2 de septiembre de 2008

Las instituciones y la necesidad de innovar

Las cada vez más complejas sociedades modernas están inmersas en procesos de cambios constantes. Las instituciones políticas son con frecuencia más rígidas que las sociedades, por lo que suelen permanecer en estado de obsolescencia por períodos prolongados. ¿No estará esto ocurriendo hoy en Chile en muchas áreas, obstaculizando su desarrollo, es decir su capacidad de expandir las libertades, la igualdad de derechos y oportunidades y la prosperidad y solidaridad colectivas?
La confusión sobre los proyectos de los unos y los otros, el doble discurso, el pragmatismo sin visión, han ido creando un mal clima en el país, que no tiene claridad sobre cuales son sus opciones y por tanto se desinteresa de la búsqueda del interés general. A este estado de cosas no es ajena la mala calidad de las instituciones.
Un buen funcionamiento global del país necesita, como la respiración humana del oxígeno, de instituciones políticas y administrativas dinámicas. Estas lo son cuando se constituyen en nexos constructivos entre las opciones individuales, la provisión de bienes públicos y la construcción de proyectos colectivos.
Para que una moderna articulación entre poder administrativo, economía y sociedad facilite la innovación y la competitividad y que estas sean soportes sólidos de una mayor prosperidad justamente distribuida, las democracias pluralistas deben admitir el carácter estructurante del conflicto y del debate. Para una visión antigua y traumada esto pudiera aparecer como factor de desestabilización. La estabilidad democrática se obtiene con la legitimación de la representación de intereses particulares o colectivos contradictorios, no con su represión o negación, y con mecanismos fluidos y transparentes de deliberación sobre su pertinencia, seguidos de procedimientos de decisión mayoritaria legítima sobre las opciones en presencia. Por supuesto, esto no excluye cautelar como corresponde los derechos de las minorías, y especialmente su derecho a transformarse en mayoría, razón por la cual períodos de gobierno de cuatro años no son necesariamente malos para la dinámica política.
Los sistemas de representación y de separación de poderes deben proteger el pluralismo, aunque no paralizar la acción colectiva, como es el caso hoy: el “empate binominal” no permite orientar a Chile hacia ningún proyecto colectivo coherente, de uno u otro signo, que no sea una especie de centrismo blando inconducente. En muchos aspectos el ejecutivo se paraliza por la ausencia de mayoría parlamentaria y su programa de gobierno es un papel sin valor, que no compromete a nadie a hacer nada. Para que el parlamento juegue un rol mayor en la orientación de las políticas públicas, además de la fiscalización de su ejecución, no debe ser un factor de entrampamiento para unas u otras opciones políticas, sino estar en sintonía con la voluntad del país. Esto requiere de un sistema electoral coherente con ella. ¿Porqué no avanzar a un sistema electoral mayoritario como el existente en muchas democracias maduras? Esto no debe implicar renunciar a incluir una representación no decisiva de las minorías políticas significativas, sino dejar atrás el actual sistema de empate, fuente de parálisis, de desincentivo a la innovación y de alejamiento de la opinión pública de su principal institución representativa, de la que hoy casi nada nuevo o significativo puede surgir que no sea la obstrucción. No es de extrañar entonces que su prestigio no sea el más alentador, pues la opinión pública se ha hecho una opinión del parlamento como una institución parasitaria y no como el lugar en el que se contribuye a mejorar el presente y se representan, en un contexto de debate, sus proyectos de futuro.
Mejorar las instituciones incluye otros temas. Cabe mencionar al menos dos. En primer lugar, el espacio institucional regional y local debe tener más autonomía en los asuntos que le competen: la crisis del sistema de transporte metropolitano gestionado por el gobierno central es paradigmático al respecto. No se conoce democracia moderna alguna que entregue el manejo del transporte urbano de cada una de sus ciudades, incluyendo la capital, a una autoridad del gobierno central. Es sorprendente como el debate sobre el tema no incluya la creación urgente de los gobiernos metropolitanos (que tuvimos ocasión de proponer en... 1991 y que fue rechazado como tantas otras cosas por la derecha en el parlamento). Las regiones deben poder ocuparse de sus asuntos propios con autoridades propias, eligiéndolas por ejemplo al mismo tiempo que las autoridades municipales, y estas deben tener más facultades y a la par más escrutinio público sobre sus acciones y más cercanía con sus ciudadanos.
A la vez, no existen razones para no establecer –como quedó comprometido por lo demás con la Unión Europea- mecanismos profesionales, periódicos y amplios de concertación entre gobierno, trabajadores, usuarios y empresarios para deliberar sobre las opciones de política pública en materia económico-social, complementando el trabajo del gobierno y el parlamento e institucionalizando la representación razonada de intereses. E
n Chile nos estamos acostumbrando a los estallidos sociales parciales, a los que se otorga respuestas cada vez más clientelares, sin una visión sobre la orientación hacia la cual el país se dirige y sin coherencia de conjunto. Es este tal vez el momento, al iniciarse un período electoral que durará poco más de un año continuo, en el que algunos temas de fondo puedan ser discutidos.