jueves, 3 de noviembre de 2016

Reajuste y presupuesto: error tras error

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Notable votación del 2 de noviembre en la Cámara en la que el ministro de Hacienda no logró un solo voto a favor del reajuste. Tienen razón los diputados, pues Valdés propuso, por primera vez desde 1990, estancar las remuneraciones reales de los trabajadores fiscales, mientras el país crecerá a 2%. Esto no tiene justificación alguna.
El gasto público crecerá en 2017 muy poco más que el PIB (el gobierno proyecta un incremento de 2,25%... en la ley de presupuestos), lo que es un error, con un déficit fiscal efectivo previsto de -3,3% del PIB. La inversión pública va a caer en un -2,6% (ya lo hará en un -0,5% en 2016) y las transferencias de capital un -5%, lo que implica un sacrificio adicional del potencial de crecimiento, agravado por la ausencia de políticas significativas de incremento del producto potencial, especialmente mediante un mayor y mejor gasto en Investigación y Desarrollo.
Un aumento del déficit fiscal a 4% del PIB, dadas las reservas fiscales disponibles, no provocaría ningún problema macroeconómico, sino que, al revés, estimularía el crecimiento y mejoraría la relación deuda pública/PIB en el mediano plazo.
Hemos llegado a un límite de la arrogancia y, a estas alturas, mero mesianismo, de algunos economistas ortodoxos, que suelen equivocarse en sus diagnósticos y más aún en sus recetas de política económica, pero que se permiten descalificar desde su incompetencia y ausencia de visión los planteamientos fundados de los que no concuerdan con ellos, como si fueran poseedores únicos de la verdad. Sin ir más lejos, estos economistas precipitaron a Chile inútilmente en recesiones en 1999 y 2009 al no hacer operar políticas contracíclicas pertinentes y a tiempo por dogmatismo ramplón puro y simple.
¿Es el país entero “populista” o no entiende el manejo de restricciones económicas, con excepción de la persona del ministro de Hacienda y sus acólitos de la cada vez más irrisoria tecnocracia gubernamental?