miércoles, 18 de marzo de 2015

Entrevista en Revista Cosas

De todos los actores políticos que salieron a fustigar el negocio de la empresa Caval, de propiedad de Natalia Compagnon, señora de Sebastián Dávalos, hijo de la Presidenta Bachelet, uno de los que llegó más lejos fue Gonzalo Martner. Este economista socialista, ex subsecretario general de la Presidencia y ex timonel del PS, no se quedó en la crítica frente al escándalo que sacudió a La Moneda, sino que presentó una petición para que, como militantes que son, Dávalos y Compagnon fueran pasados al Tribunal Supremo de su partido. Y, tras renunciar ambos, insiste en el pronunciamiento de esa entidad.
Recién llegado de sus vacaciones en el sur, lo primero que hizo Martner fue materializar ese trámite. Para él, no hay tiempo que perder y es vital dar una señal contundente de que el PS no avala ese tipo de conductas.

¿Le pareció adecuada la declaración de la Presidenta sobre el caso de su hijo?
Como le tengo mucho afecto, vi que era una situación muy complicada en lo personal, pero ella dijo que iba a cumplir con su deber, más allá de lo difícil de la situación y del dolor que le había provocado, así es que me pareció una buena declaración.
¿No habría esperado que ahondara más en el tema y que aceptara más preguntas?
Ella sí aceptó preguntas, cosa que no había venido ocurriendo con otros personeros. Dijo lo principal, y lo principal es que ella no tenía noticias de esto y que se enteró por la prensa, lo cual evidentemente es un problema en sí mismo, si se quiere, pero creo que ésa es la realidad.
¿Sí? ¿Cree que ella dijo la verdad?
Absolutamente.
¿Y es razonable que una mamá no sepa que un hijo y su señora están pidiendo un crédito por 6 mil 500 millones de pesos, teniendo una pyme de sólo 6 millones?
–Dada la moderna relación entre madres e hijos, uno no puede pronunciarse en estas cosas (se ríe). Yo le creo a ella, sí.
¿La Presidenta estará consciente del nivel del daño que este episodio le ha causado?
Por lo que vi en su actitud gestual, sí. Estaba muy afectada.
¿Y qué le pareció la explicación de AndrónicoLuksic, controlador del Banco de Chile?
Un tanto curiosa porque se hace a los empleados del banco. Debiera hacerse a la opinión pública. Estamos hablando de la persona más rica de Chile. Con esa responsabilidad debiera haberse dirigido a los ciudadanos también, mediante mecanismos de transparencia, respondiendo apreguntas de la prensa. Por lo demás, él es dueño de un medio de comunicación, que es otro tema enorme… Según versiones de prensa, la persona más rica de Chile solicita la presencia del hijo de la Presidenta. Eso ya es una tremenda incorrección, y una grave equivocación de parte de Dávalos haber aceptado asistir a esa reunión.
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SEGÚN EL DIRIGENTE DEL PS, ANTE LO OCURRIDO CON DÁVALOS Y EL FINANCIAMIENTO ILEGAL DE CAMPAÑAS, SE DEBIERA CONVOCAR A UN PLEBISCITO CON MIRAS A UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE QUE RESTITUYA LA LEGITIMIDAD DEL RÉGIMEN DEMOCRÁTICO.
Dice Luksic que él no se percató de las repercusiones que podía tener ese trámite.
Los dueños de Chile, como decía Vicente Huidobro, suelen no darse cuenta de sus actos, porque se creen dueños de Chile. Y, desgraciadamente, en algún sentido lo son.
Pero, ¿cree que él dijo la verdad?
Creo que dijo la verdad, pero una verdad grave.
Dadas las explicaciones de Bachelet y Luksic, ¿“caso cerrado”, como dice la Doctora Polo?
O sea, manifiestamente no. Hay fiscales actuando en este tema que al parecer van a interrogar a estas personas.
Pero respecto de las responsabilidades políticas…
Desde el punto de vista de las responsabilidades políticas, Dávalos renunció al cargo que ostentaba. Y yo, junto a otras personas, solicitamos al Tribunal Supremo del PS que analice la situación. Aunque ahora ellos renunciaron a su militancia, el TS debe pronunciarse.
¿Qué lo animó a hacer esa petición?
Mi ánimo no es perseguir a nadie. Esto es muy incómodo y enojoso. Pero la declaración de Dávalos y de sus abogados a mi entender reivindica la especulación inmobiliaria, mediando acciones de órganos públicos. No es correcto para nadie, y desde luego tampoco para un militante socialista, hacer operaciones de este tipo, donde no hay creación de riqueza ni agregación de valor; lo que hay es simplemente especulación inmobiliaria y enriquecimiento personal mediante acciones sobre el sistema público. La justicia verá si eso, además de incorrecto, es ilegal.
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“UN PARLAMENTARIO FINANCIADO CON RECURSOS ILEGÍTIMOS SIMPLEMENTE NO TIENE LA LEGITIMIDAD PARA EJERCER EL CARGO Y DEBE PERDERLO, DANDO PASO A UNA ELECCIÓN COMPLEMENTARIA. NADIE PUEDE REPRESENTAR A OTRO CHILENO EN BASE A UNA ILEGALIDAD”, DICE GONZALO MARTNER.

¿Habrá voluntad en el PS de seguir adelante hasta el final con este tema? Acabo de escuchar unas declaraciones bastante vehementes –como suele hacerlas por lo demás– del presidente del partido, Osvaldo Andrade. Espero y confío que así sea, aunque he confiado muchas veces en él y no he tenido reciprocidad. Pero espero una actitud partidaria consistente con algo muy simple: la probidad pública es un valor esencial a mantener en la república y desde luego para los socialistas. Ningún socialista puede hacer como que es normal usar el aparato público para enriquecerse personalmente. Ni tampoco es normal financiar actividad política mediante actividades ilícitas, como es el caso de Christian Urízar. El PS no ha dicho una sola palabra respecto a un parlamentario que en principio va a ser subjefe de su bancada de diputados, y que está imputado por fraude al Fisco. Eso a mí me genera un rechazo muy profundo.
Su postura, ¿está influida por el hecho de estar aspirando a la presidencia del PS?
Yo no estoy planteando esto hoy por algún oportunismo o porque haya una elección interna en el PS. Hace 10 años generó escándalo una declaración mía cuestionando el tipo de prácticas que el sistema político chileno, incluyendo a socialistas, estaba tomando como algo normal. Para mí, esto no tiene que ver siquiera con el proyecto político que el socialismo encarna – nuestros ideales de justicia, igualdad y libertad–, sino que como simple ciudadano no quisiera ver a nuestro país envuelto en la corrupción, como ya ha pasado en otros países.
¿En el PS se relajaron los estándares éticos?
Totalmente.
¿Es el poder lo que produce eso?
Según el antiguo dicho, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Eso es verdad. Yo pertenecí al ala del PS que en su época era denominada de manera peyorativa como moderada o socialdemócrata, porque creía que debíamos transformarnos en un partido de gobierno, que representase a esa parte de la sociedad que aspiraba a transformaciones igualitarias, en un contexto democrático y con capacidad de gobierno, es decir, formando cuadros para incidir en la realidad cotidiana de las personas, no manteniéndose sólo en una retórica genérica de un eventual paraíso sobre la tierra que nunca llega. Para mi generación es muy doloroso ver que eso se transformó desgraciadamente en un pragmatismo absoluto, consistente en llegar al gobierno para obtener granjerías. Y a eso se ha sumado últimamente el financiamiento irregular de campañas.
¿Cómo debiera actuar a partir de ahora el gobierno ante el caso Dávalos?
En cuanto a un eventual tráfico de influencias y negociación incompatible, es la justicia la que debe actuar. En el terreno político hay que abordar el tema del financiamiento. La ley autoriza a las empresas a otorgar recursos a los candidatos de su preferencia –algo en lo que estoy en total desacuerdo–, pero ahora la fiscalía ha encontrado a decenas de dirigentes políticos que recurrieron en 2010 a financiamiento ilegal de las empresas para sus campañas. Entiendo que eso estaría prescrito porque ha pasado más de un año sin alegaciones ante el Servicio Electoral. Sin embargo, cabe una pregunta sobre la legitimidad del actual Parlamento.
¿Es qué sentido está en duda la legitimidad del Parlamento?
En el sentido de que –si se hace la lista con lo que ya se sabe– hay una cantidad considerable de parlamentarios cuestionados, y a ellos podrían sumarse otros, porque es el sistema el que está establecido así. Hay un conjunto de empresas que financia la política y –como vimos en el caso Penta y de la UDI– para su beneficio. El presidente de la UDI actúa a favor de la Isapre de Penta, grupo del cual es socio. Ahí hay un primer problema que debiera solucionarse con una ley de corto plazo que establezca sanciones muy duras. Esto debe traducirse en que quien sea financiado con recursos ilegítimos, simplemente no tiene la legitimidad para ejercer el cargo y debe perderlo, dando paso a una elección complementaria. Nadie puede representar a otro chileno en base a una ilegalidad. Ese es el principio.
¿Esa es la situación que se da hoy?
Absolutamente.
Y qué se puede hacer frente a eso. ¿Disolver el Parlamento?
La Presidenta debiera mandar al Parlamento un proyecto más completo que el ya enviado, que establezca la total incompatibilidad entre la política y los negocios y la consiguiente pérdida del escaño. Personalmente creo que un proyecto así no va a avanzar mucho con el actual Poder Legislativo, porque es evidentede corrupción entre política y negocios. Que el presidente de la UDI –socio directo de personas que han estafado al Fisco– no haya dado un paso al costado, es inconcebible. Es evidente que esa gente, y se agregarán a lo mejor otros, no está dispuesta a legislar.
“EN LAS REPÚBLICAS EN FORMA NADIE EJERCE UN CARGO PORQUE ES PARIENTE DE ALGUIEN. ESO ES CLIENTELISMO PURO Y SIMPLE”, DICE MARTNER.

¿Por lo tanto?
El tema de la Asamblea Constituyente aquí emerge con claridad. Se nos ha dicho a muchos, incluso en el Partido Socialista, que eso es fumar opio, que es una irresponsabilidad, porque no habría crisis que lo justificara... Pero la crisis está. El tema del financiamiento de las campañas y de las acciones incorrectas desde el Estado y con privados pone en cuestión la legitimidad de la democracia. Los que luchamos para que Chile volviera a tener un régimen de libertades, no podemos quedarnos impasibles ante una pérdida de legitimidad brutal frente del régimen democrático. Si la democracia va a ser así, le encuentro toda la razón a que los jóvenes no quieran participar de esto, lo que augura un futuro negro para Chile.
“La Presidenta debiera llamar a consultas al sistema político y proponer que, mediante un plebiscito –autorizado por el Parlamento, porque yo creo en las cosas institucionales–,, pregunte a los chilenos si quieren un proceso de Asamblea Constituyente, que no es el caos, como algunos dicen, sino el proceso más ordenado que haya concebido la democracia para volver a refundar… Se dice ¡pero cómo quieren refundar Chile! ¡Sí, yo quiero refundar Chile! Empezando por su democracia”.
¿Cree que quienes antes no estaban convencidos de una Asamblea Constituyente, ahora sí lo van a estar?
Muchos deben seguir convencidos de que no hay que hacerla. Yo estoy convencido de que sí es necesaria. La idea es que este procedimiento tenga una lógica que sea representativa y de búsqueda de máximos acuerdos. Pero cuando una minoría no quiere aceptar las reglas del juego democrático –que implica que las mayorías son las que mandan, respetando a las minorías–, bueno, se llegará hasta donde se pueda en esa búsqueda de consensos, y el espacio para eso es una Asamblea Constituyente, con representantes distintos de los que hoy ejercen el poder, porque está en cuestión su legitimidad. Han sido elegidos haciendo trampa. Muchos, no todos…
Para usted es inconcebible que el presidente de la UDI no haya renunciado. ¿No corresponde exigir lo mismo al presidente del PS por el caso Caval, en que hay socialistas involucrados?
La diferencia es que el presidente de la UDI tiene una sociedad con Pablo Wagner, a nombre de la cual se emitieron boletas para que una empresa del sector minero financiase al subsecretario de Minería. Osvaldo Andrade no tiene nada que ver en lo personal con algo semejante.
Muchos se preguntan si Sebastián Dávalos debió ser nombrado en ese cargo.
Yo personalmente lo he dicho y mucha gente me critica porque parece una crítica a la Presidenta… Yo voté por ella, apoyo a su gobierno y apoyo sus reformas, pero ésa me pareció una mala decisión simplemente. Es un resabio del Cema Chile y de algo que se originó en el gobierno de González Videla. En las repúblicas en forma nadie ejerce un cargo porque es pariente de alguien. Eso es clientelismo puro y simple.
¿Es la oportunidad de terminar con esa institución de la Primera Dama?
Por supuesto.
“NO ES UN TEMA DE EMPATE”
Para que se restablezca la confianza pública, ¿en qué debiera terminar el caso Dávalos?
La prensa correctamente lo ha llamado caso Caval. Creo que no es un asunto respecto a personas. Esto debiera terminar en que, por un lado, se produzca este cambio drástico en la situación de las fundaciones y de la dirección sociocultural de la Presidencia. En el caso específico de los terrenos de Machalí, la justicia dirá si hubo o no información privilegiada o negociación incompatible.
Muchos homologan el caso Dávalos con el caso Penta. ¿Es ése un enfoque justo?
No es justa la homologación ni es justo negar que hay un problema en el caso Dávalos. Este no es un problema de empates más o empates menos. Lo que tenemos es un sistema político cooptado en buena medida por el dinero y por la influencia de las grandes empresas, y a su vez una cultura de búsqueda de la ganancia monetaria sin escrúpulos, mediante todos los medios. Por tanto, lo que corresponde es que haya la capacidad de actuar para eliminar las oportunidades de corrupción y, a la vez, en cada ocasión en que haya una acción incorrecta, establecer máximas sanciones. Otros países lo han logrado. Para usted, ¿lo ocurrido con Dávalos se inscribe en el ámbito de la corrupción?
La corrupción se define técnicamente como el desvío de bienes públicos para fines particulares. En ese sentido, técnicamente no es un acto de corrupción, sí es un acto que está investigando la fiscalía por eventual tráfico de influencias, uso de información privilegiada y negociación incompatible. Por lo tanto, específicamente no es que alguien se esté metiendo plata pública en el bolsillo, sino que se está usando entidades públicas y la influencia eventual sobre entidades públicas para enriquecerse personalmente. No es exactamente lo mismo, pero en castellano… se parecen.