miércoles, 30 de octubre de 2013

Entrevista en revista COSAS

La visión de Gonzalo Martner es clara: Bachelet ganó la primaria y con ello triunfaron sus ideas de reformas y de nueva Constitución. Además, ve a la derecha fracturada completamente y por mucho tiempo más.
Por: Ignacio Ossa / Fotos: Ronny Belmar
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Hace rato que Gonzalo Martner es un observador de la política. Sus años en la primera línea están en el pasado, lo que no quiere decir que su opinión haya quedado guardada en el cajón de los recuerdos. Para nada. Cada vez que habla, aflora su análisis crítico hacia lo que fue el fin de la Concertación y sus partidos políticos. Se mantiene como socialista y no dejará de serlo, pero de todas maneras no pierde oportunidad para mostrar su descontento hacia las autoridades del PS y el rol que éste juega en la política de hoy, donde Martner le atribuye la mayoría del crédito por un lado a la figura de Michelle Bachelet y, por otro, a los movimientos sociales. Desde su punto de vista, son estos últimos los que han pavimentado el camino para que la centroizquierda retorne al poder luego de los cuatro años de Piñera en La Moneda.
Con unas encuestas demoledoras, Martner se aventura a analizar lo que sería un próximo gobierno de Bachelet, donde el escenario internacional podría ser un factor “bien poco agradable”, dada la situación europea complicada, con Estados Unidos mejorando en lo económico, pero con problemas políticos, y con China creciendo menos. “La situación no va a ser tan holgada, pero tampoco será como la crisis de 2009”, comenta. En cuanto a la situación interna, ve a la sociedad civil más estructurada y la autorrepresentación de intereses en niveles muy superiores que hace cuatro años, lo que califica como una paradoja para el gobierno de Piñera. “Va a ser complicado gobernar pero, al mismo tiempo, positivo. Lo que me preocupa es un sistema de partidos y de representación política tradicional muy destrozado. La democracia sin partidos sólidos entra en problemas”.
–No hay duda de la popularidad de Michelle Bachelet en la gente ni de su arrastre electoral demostrado en las primarias. ¿Por qué no es ella la líder que ordene los partidos y genere las condiciones para llevar adelante esa visión clara, como la que plantea usted?
–Poner orden en los partidos supone una potestad que nadie tiene. Los partidos están en transformación. Esta Nueva Mayoría hoy incluye al Partido Comunista y a la DC que fueron grandes contendores en la Guerra Fría chilena, que fue muy dura. Eso es un acierto de Michelle Bachelet. Si quieres una expresión de esta nueva etapa, se refleja en eso. La DC ha tenido una evolución compleja y no encuentra un espacio en la etapa pos Guerra Fría. El PS ha perdido su capacidad de articulación, el PPD es una suma de figuras sin un proyecto político y el PRSD no se sabe en qué lógica se sitúa. La campaña de Gómez fue muy a la izquierda, pero hoy apoya a Soledad Alvear. Es una realidad incoherente e inadecuada la que viven los partidos. Por esto es que quizás Michelle Bachelet prefiere vincularse directamente con la opinión pública. 
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–¿Cuál es el pronóstico para un gobierno que no tiene partidos ordenados y un Parlamento que puede no estar alineado con el Ejecutivo?
–Ese es un desafío no sólo para el Presidente, sino para los políticos y la sociedad en su conjunto. Los 40 años del golpe y los 25 del “No” han permitido hacer una retrospectiva interesante, pero junto con mejorar el vínculo con el pasado, tenemos que avanzar. Nadie tiene la razón, pero hay que crear un mensaje. Yo le creo cuando Bachelet dice que los principales problemas en Chile son la desigualdad y que se debe atacar el origen. Cuando dice nueva Constitución, está en lo correcto, no se puede avanzar sin nuevas instituciones. Hay que hacer un reforma educacional y tributaria, está bien esa línea. Hay que mejorar el sistema de pensiones y las Isapres. La creación de sentido de esto es el factor que impulsa el liderazgo de Bachelet y a la vez puede ser el puente con los partidos y los parlamentarios. Hay que tener una agenda y no dejarse llevar por el día a día.
–¿No hay autocomplacencia de los partidos al saber que Bachelet tiene la elección fácil y ellos con su foto se suman a este impulso, sin hacer cambios de fondo en sus políticas partidistas?
–Es un diagnóstico correcto. Los partidos no hicieron nunca un balance serio del porqué se perdió la elección presidencial pasada. Tampoco se hizo una reflexión seria sobre los desafíos de la sociedad, por lo que están en el límite de la destrucción. No les interesa mejorar sus métodos. Me impresiona que el PS haya roto todo vínculo con el movimiento estudiantil. Cuando escuché al presidente de mi partido decir que Bachelet no necesitaba comandos juveniles… está completamente equivocado. Uno necesita vínculos con las aspiraciones de los jóvenes. No veo diálogo con los ambientalistas y los regionalistas. Tampoco están abiertos con las opciones sexuales. No veo diálogos. Si Bachelet logra poner una agenda de transformación de la sociedad y establecer un método para vincularse con las nuevas expresiones de la sociedad civil, podría recomponerse el sistema político.
–Asamblea Constituyente, reforma tributaria y educacional fueron los ejes que planteó Bachelet al llegar. ¿Por qué se ha ido diluyendo ese mensaje?
–Creo que el punto es muy simple: hay un desacuerdo entre los que creen que se debe hacer una Asamblea Constituyente y los que prefieren un par de reformas. En política, si se es democrático, hay que apelar a los ciudadanos. Eso se hizo en las primarias, donde compitieron todas las expresiones y ganó el planteamiento de Bachelet. Y cuando se gana con el 70 por ciento de los votos uno supone que se valida esa opción y los que no estén de acuerdo tendrían que mirar los números. Los ciudadanos se pronunciaron.
–Los ciudadanos se aburrieron de aceptar esas prácticas donde, aunque ganen en las urnas, los partidos los bypasean.
–Entiendo que eso quedó resuelto con las primarias, por lo que no entiendo la presión mediática y subterránea de los perdedores que no se resignan a estos cambios. ¿Quieren ganar por secretaría lo que no ganaron en la cancha electoral?
–Pero de alguna manera ya están ganando por secretaría, ya que la Asamblea Constituyente ha perdido fuerza.
–Hay que ser justos y decir que ella nunca lo planteó como única opción. Pero ha habido un retroceso.
–¿Qué pasaría con la Nueva Mayoría si se quedan sólo con un par de reformas y no se profundiza como ha sido prometido?
–Esa es la historia de la Concertación. Los que tuvimos posiciones de izquierda dentro de este arco iris fuimos perdiendo; los autoflagelantes fuimos derrotados. Se comenzó a señalizar para un lado y a doblar para el otro. A formular planteamientos y a hacer lo contrario, y terminaron con políticas conservadoras. Por eso entramos en crisis y por eso las primarias fueron importantes. Si a Velasco no le gusta la Asamblea Constituyente, resulta que perdió y no tiene pito que tocar. Si hubiese tenido un 50 por ciento, te creo, pero no lo tuvo y problema resuelto.
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La derecha fracturada
–¿Qué le ha pareció la experiencia de la derecha como gobierno democrático?
–Estos cuatro años han transcurrido con mucha mayor continuidad política de lo que uno podría haber pensado. La figura de Sebastián Piñera no es la misma de Jovino Novoa. Aquí no gobernó la derecha dura. El ministro de Hacienda Felipe Larraín no es Sergio de Castro y lo que hemos tenido es una gestión política sin fuertes aristas como las que la derecha ha tenido tradicionalmente, en especial durante la transformación económica de la dictadura. Cuando Sebastián Piñera puso el eje de sus promesas no en hacer cosas, sino que hacerlas mejor, probablemente generó la propia palanca para su descrédito y final fracaso. No en el sentido que el país se esté cayendo a pedazos, sino en su baja popularidad. La idea de gestionar el país eficientemente, como en el sector privado, fracasó rotundamente. Hay que mantener ponderaciones y pensar que ésta no fue una derecha catastrófica. Piñera no escuchó en 2011 a los movimientos estudiantiles y sociales, de lo contrario podría haber sostenido su gobierno y haber encaminado a la derecha.
–¿Piñera estuvo preso de la derecha conservadora? Porque recién al final del mandato hizo un real desmarque del pinochetismo.
–Consideremos que es normal que una persona que dirige una derecha que emerge del pinochetismo y con un origen antidemocrático, tenga que considerar a ese sector. Es parte de la democracia. Pero la conversación debería haber sido sencilla por parte de Piñera: ¿Vamos a representar a los dueños de la universidades que han ganado de manera ilegítima o vamos a defender una educación democrática e inclusiva? Eso le faltó. No es un tema de desmarque, sino de liderazgo político, que su ministro del Interior llamó la Nueva Derecha, pero que el resultado fue acallarlo y terminó en Defensa.
–Pero ahora lo están reflotando.
–Pero es muy tarde.
–¿Cree que hoy el referente para la derecha sea Sebastián Piñera y no Pinochet?
–No. No lo es para la UDI, que es el principal partido político de Chile. Detrás de eso hay una sociología, el mundo popular conservador, y es importante en Chile, pero ha ido bajando y cada vez se desconecta más de las evoluciones de la sociedad. Lo que vamos a tener es una derecha fracturada. Ya hay diputados de la UDI que han dicho públicamente que no volverán a votar por Piñera. No veo cómo se solucionaría esto, lo que da paso a una evolución democrática y progresista de la sociedad chilena. La derecha en estos cuatro años se desgastó y va a estar fuera mucho tiempo.
–¿Con esta fractura de la derecha existe una posibilidad de que el sector conservador quede aislado y la nueva derecha se acerque al centro y pueda llegar a un entendimiento con la centroizquierda?
–No nos olvidemos que Sebastián Piñera invitó formalmente a la DC para que fuera parte de su gobierno. Piñera perseguía mañana, tarde y noche a Ignacio Walker para procurar un acercamiento político. Incluso Jaime Ravinet aceptó ser parte del gabinete. Si lo vuelven a intentar va a pasar lo mismo. La DC, luego de la dictadura, es un partido que no puede tolerar, por muy conveniente que pueda ser, un maridaje político con la derecha, porque hay una distancia grande en la concepción democrática de la sociedad.
–¿Ni siquiera con esta fractura y nueva derecha desapegada de Pinochet, que pide perdón, que condena a un sector de cómplices pasivos, que condena las violaciones a los derechos humanos…?
–En el terreno de las conjeturas y eso supondría una reestructuración del sistema político, pero no sé si el señor Carlos Larraín sería parte de esta nueva derecha y resulta que es el presidente del partido del Presidente de la República. Luego hay que tener un interlocutor que esté dispuesto. La DC y RN pactaron por el binominal y eso terminó en cero. No veo eso en corto plazo. Lo que veo es una derecha más minoritaria que nunca y un centro desconectado. También debe recomponerse una izquierda que no se subordine al conservadurismo. La recomposición política vendrá de los movimientos sociales, no creo que venga desde mi partido.