jueves, 5 de septiembre de 2013

Hacia un nuevo modelo

Columna publicada en La Tercera

EL SISTEMA político parece cerrarse cada vez más a la sociedad y aumentar la desconfianza en los ciudadanos, lo que éstos le devuelven con creces. No de otra manera se incuban las crisis; es decir, cuando las elites y el sistema político se divorcian de la sociedad. ¿Estaremos en presencia en Chile de un caso de lo que un autor francés del siglo 19 llamó “la traición de las elites”?
Los 16 autores que publicamos el libro Radiografía crítica al modelo chileno tratamos, al menos, de hacernos cargo de los problemas existentes. Ponemos de relieve que enfrentamos una creciente desafección frente a la actividad política tradicional y un amplio cuestionamiento ciudadano a aspectos fundamentales del modelo vigente, como es la grave situación del sistema educacional, la desprotección laboral y social y el deterioro del medioambiente. El ritmo de crecimiento económico pierde dinamismo y no existen políticas para transitar hacia un modelo intensivo en conocimiento que aumente la complejidad de la estructura económica, mientras permanece una distribución del ingreso extremadamente desigual. El destino de Chile sigue sujeto, en buena medida, a la extracción de recursos naturales, y además, se permite que las enormes  rentas obtenidas en esta área desde 2003 -unos US$ 8 mil millones por año en promedio- vayan sólo parcialmente en beneficio del país.
Se necesitan nuevas políticas públicas que configuren una estrategia de desarrollo que ponga en congruencia el proceso económico con los derechos y la calidad de vida de los ciudadanos, y con la responsabilidad con las futuras generaciones. Esto significa “cambiar de modelo”, es decir, cambiar tanto de enfoque analítico sobre el crecimiento y el desarrollo como de prioridades de la acción gubernamental. La profesionalización de las políticas públicas no consiste en la parcelización de la gestión pública en base a recitar verdades supuestamente consagradas de aplicación universal y no sujetas a la evaluación periódica y rigurosa de la evidencia disponible, sino en reforzar las capacidades de aprender de la complejidad de los procesos y de las relaciones causales constatadas en las diversas experiencias de cambio.
El libro propone romper con la ortodoxia que impide una adecuada elaboración de juicios de hecho sobre la evolución de la economía, la sociedad y el Estado, para evitar persistir en cegueras que nos llevan a callejones sin salida. Y también propone construir una democracia económica y social, y un Estado de bienestar adaptado a la sociedad chilena, aunque suene poco acorde con las  ideas dominantes que en todo privilegian la mercantilización de la vida social. 
La búsqueda acrítica de eficiencia y optimización económica no debe tener prioridad por sobre la promoción y consolidación de  los derechos fundamentales de las personas. Por ello, los mercados, es decir, la interacción descentralizada entre agentes económicos a través del sistema de precios, deben ser regulados y guiados, y en algunas esferas, especialmente en la provisión de bienes públicos, directamente sustituidos por la acción colectiva gubernamental y social. Se trata de seguir impulsando un proceso de ruptura intelectual y moral con las visiones interesadas en mantener el statu quo que no ha permitido a Chile crecer suficientemente ni bien.