lunes, 14 de mayo de 2012

Reformas tributarias en Chile y Francia


Publicado en El Mostrador 

http://www.elmostradormercados.cl/blogs/reformas-tributarias-en-chile-y-francia/

Una comparación entre las reformas tributarias que promueven, guardando todas las distancias y proporciones, Sebastián Piñera en Chile y François Hollande en Francia, es reveladora. Piñera avanza a una reforma tributaria con rasgos fuertemente regresivos, con la rebaja a los tramos altos del impuesto a la renta, al impuesto de timbres y estampillas y al impuesto específico a los combustibles, junto al crédito contra gastos privados en educación. Hollande, en cambio, en su programa presidencial llamado “60 compromisos”, busca reforzar la progresividad del sistema tributario francés, deteriorado luego de una década de gobiernos de derecha.
En primer lugar, Hollande se compromete a diferenciar la tasa del impuesto a las utilidades de las empresas en 35%, 30% y 15%, según su tamaño. Estamos lejos de la tasa de 20% mantenida por Piñera, cuya recaudación por lo demás constituye un crédito para el pago del impuesto a la renta de las personas, con lo que en definitiva transforma el pago del impuesto de primera categoría en un mero mecanismo recaudatorio del impuesto a las personas, contrariamente a la separación completa entre impuesto a las utilidades y a las rentas personales que existe en Estados Unidos y los países avanzados. Hoy, la tasa  normal en Francia es de 33,3 % para ventas superiores a 7,73 millones de euros, más 3,3% adicional cuando el impuesto supera 0,76 millones de euros y, temporalmente, otro 5% adicional para las empresas con ventas superiores a 250 millones de euros para los años 2011 a 2013. Para las empresas más pequeñas, con ventas inferiores a 7,73 millones de euros, existe una tasa de 15%, pero solo aplicable a los primeros 38 mil euros de utilidades.
Hollande propone además una nueva diferenciación de la tributación a las utilidades al plantear aumentar en 15% el impuesto a las utilidades de los bancos. Las sobreganancias oligopólicas de las que suele beneficiarse la banca justifican ampliamente una medida de este tipo, que en Chile en todo caso superan ampliamente los límites de lo razonable (por sobre 25% en la última década)  y nada se hace al respecto, ni en esta ni anteriores reformas.
Luego plantea Hollande que los ingresos personales provenientes del capital sean considerados como ingresos iguales a los del trabajo (por tanto sin exenciones ni tasas especiales como hoy ocurre con lo que se llama la Cotización Social Generalizada, un impuesto a la renta adicional que financia parte de la seguridad social establecido por Michel Rocard) para efectos de aplicar las tasas de un nuevo impuesto a la renta unificado. Estas son  tasas progresivas y diferenciadas que van desde 5,5% a partir de 5 964 euros anuales a 41% más allá de 70 830 euros anuales (para un soltero sin hijos, pues el ingreso se divide, con un tope, por el número de cargas).
Además, mientras en Chile Piñera plantea bajar la tasa marginal más alta de 40% a 36%,  Hollande se compromete a aumentar la progresividad del impuesto a la renta, agregando un nuevo tramo de 45% para los ingresos superiores a 150 000 euros, limitando las exenciones a no más de 10 mil euros de rebaja del impuesto al año y volviendo atrás en las rebajas pasadas sobre el impuesto a las grandes fortunas, impuesto establecido por Mitterrand en 1981. Y en la campaña planteó hacer tributar con una tasa de 75% los ingresos que excedan un millón de euros al año (lo que lleva a nada menos que 59% de los ingresos totales la tributación efectiva de los que ganan más de esa cifra), nivel de tasa marginal, dicho sea de paso, que existió en los países avanzados por décadas, incluido Estados Unidos,  pero que fue suprimido con la ola neoliberal a partir de los años setenta y ochenta. Así, los socialistas franceses avanzan en dirección contraria a lo que tanto se escucha en Chile, y no solo en la derecha, en materia de propuestas de “flat tax”, aquella idea de Milton Friedman orientada a quitarle toda progresividad al impuesto a la renta.
En efecto, ¿qué sentido tiene renunciar a una buena idea aplicada desde principios del siglo 20, y en Chile desde los años 1930, la de la tributación progresiva para que la desigualdad de ingresos se aminore? La lógica igualitaria en materia de tributos ha sido siempre diferenciar los impuestos para hacerlos progresivos, según el principio de equidad vertical (el que tiene más paga proporcionalmente más). En cambio, la reforma de Piñera rebaja las tasas del impuesto progresivo, con un único resultado: debilitar aún más la capacidad pública de corregir la desigualdad de ingresos en Chile, una de las más altas del mundo.

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